Despuês de tomarse dos tazas medianas de cafê, allende que cada una atiborrada
de azûcar, Cratino se fue a su apartamento para cumplir con el cometido de atender a
Juliette. Las nueve de la mañana marcaban las agujas de un pequeño reloj que cuelga
en la pared de la cocina, mas al no tener tanto sueño como para priorizar el descanso,
o la posiciôn horizontal en el sofâ, pûseme a fregar todo lo que estaba sucio en el fre-
gadero y escuchando la radio, que mâs puede la madre de cuasi todas las cosas, o sea,
la costumbre, que la mismîsima Maya. La emisiôn que oigo es siempre la misma, lo
que no solamente dêbese a la repeticiôn de temas de grupos de mi preferencia desde
los años del gimnasio, sino que asimismo por la difusiôn que le da a las canciones de
los trovadores tanto senectos como jôvenes, siendo uno de êstos Forligen, el conspi-
cuo guitarrista mâs por la complejidad de sus textos que por su virtuosismo, empero
que aun asî tiene sus seguidores, y que yo revelarîa ser uno de êstos aunque realmen-
te no sea un asiduo del bar nocturno. Y hablando de êl ponen un tema con este tîtulo
interesante: movimiento sin moverse, motivo por el cual yo subî un poco el volumen
para escucharlo mejor. A la vez que lo oîa ocurriêronseme disîmiles tîtulos, lo que es
calaña indudable no de mucha o poca fantasîa sino mâs bien de que no es imposible
darle a la misma sûmula de palabras mâs de una denominaciôn u ônoma. Seguido a
la correspondiente selecciôn quedême con este tîtulo: el ir no yendo, y el que amên
dije en voz alta.
---Kosmos, el ir no yendo? Cômo se entiende eso?
---Vaya susto que me has dado, Aspasia. Te dilucido ora mismo, no despuês o mâs
tarde. Quiere decir que el traslado de un punto a otro hâcese con el pensamiento no
con los pies.
---Acabo de entender. Y quê te hizo pensar en esto?
---La canciôn que oîa de Forligen y con el tîtulo movimiento sin moverse. Y a quê
hora se fue Esmeralda?
---No se fue, se quedô y aûn duerme. Y tû dormiste bien en el sofâ?
---No he dormido aûn.
---Cômo que no? Y por quê, por carencia de sueño?
---Porque estuve con Cratino en el bar nocturno.
---Nosotras ni nos enteramos porque no salimos mâs del cuarto. Me preparas cafê?
---La cafetera grande o la pequeña?
---La grande, aunque no sê cuândo se levanta Esmeralda.
---Aspasia, y si abandona la cama mâs tarde no puede calentar el cafê?
---No sê si le gusta calentarlo.
---Escucha. Yo hago cafê en la grande, y si no le gusta calentarlo que lo haga de nuevo.
---Estâ bien. Me voy a la ducha.
Por lo que acâbame de decir de que no levantâronse mâs queda ostensible que
no enterâronse de que estaba cerrada con llave la puerta del cuarto, por lo que entonces
puedo suspirar, quedar exento de la obligaciôn de tener que explicarles el porquê de ha-
ber hecho una cosa como la que hicimos Cratino y yo. Mas esta tranquilidad no pasô de
durar unos pocos minutos, porque al acordarme de que no quitê la llave de la cerradura
de la puerta del cuarto, cômo no pensar en la posibilidad de que Aspasia la hubiese vis-
to y hacerse la que no la vio? De ser asî ya no habîa escape, mas si no? En fin, que por
Aspasia estar en la ducha es el momento tempestivo, quê no mejor que ir al cuarto en
vez de pensar?
Esmeralda dormîa boca arriba y con las piernas abiertas, por lo que la contempla-
ciôn de la canasta de las deidades podîa ser completa, empero como de fijarse la mirada
en este centro mayûsculo de placer pudiera traer como consecuencia o la irresistible ten-
taciôn o el hechizo, mi forma de observarlo fue somera y râpida, allende que sin dejar y
de tener en cuenta que el objetivo de mi presencia en el cuarto no era otro que el de sa-
car la llave de la cerradura, del orificio de êsta donde la dejê metida. De tal guisa Esme-
lada despertôse, despuês de tener la llave metida en el bolsillo, y se cubrîô con la sâba-
bana su especiosa desnudez, y digo de tal suerte porque seguido a lo anterior entrô As-
pasia en el cuarto, amên que [para el beneficio doble de mis ôculos] a toda flor.
---Kosmos, ya estâ hecho el cafê?
Con esta pregunta no quedôme otro elixir que el de decir una mentira, porque no
podîa amplificarle que aûn no lo habîa hecho por tener que venir al cuarto.
---Aspasia, tengo que darte una mala noticia: el cafê se acabô, y ya estaba por bajar a
comprarlo.
----Pues ve a comprarlo, que tû sabes que me pongo insoportable de no tomarlo sobre
todo despuês de levantarme.
Antes de salir aprovecho la oportunidad para volver a poner la llave dentro del
cenicero encima de la zapatera, adentro de la circularidad donde siempre estâ, porque
de facto, y como dîjele a Cratino, nunca la usamos. Cualquiera pudiera preguntarse: Y
si Aspasia va a la cocina y descubre la mentira al observar que hay cafê en la lata don-
de guârdase? Impepinable que es una mîrifica pregunta, una de quien bien piensa, ana-
liza o examina, pero sucede que Aspasia no es una chica de esas que por dudas a todo
trance hace un control, una investigaciôn o pesquisa; pero ademâs, que asimismo es
una maravillosa pregunta, por quê tendrîa que dudar ella de la inteligible no-verdad
que dîjele, [aun careciendo de un motivo para entrar en un estado de inseguridad]?
--Kosmos, a dos pesos con cincuenta centavos subiô el precio del paquete de cafê. Lo
compras?
--"Soportar y abstenerse", una divisa estoica. Pôngalo encima del mostrador que llêvo-
melo.
---Aquî lo tienes, Kosmos.
Dos cosas totalmente diferentes, pero cada una con su cosa: estando a toda flor
es imposible la mentira; arropado con el grosor de la tela, posible la mentira por anto-
nomasia universal.
---Kosmos, haz el cafê, y deja de mirarnos en busca de alguna diferencia.
---Aspasia, sabes a cuânto subiô el precio del paquete de cafê?
---Cômo saberlo si no lo comprô?
---A dos con cincuenta.
---Y cuânto costaba antes?
---La mitad.
---Y es tan significativa la diferencia?
---Aspasia, si medio millôn de personas compran a dos con cincuenta, a cuâl sûmula
llêgase?
---A una bastante alta.
---Êsa es la res, êsa!! Entonces no trâtase de que sea significativa, sino que mâs bien
que la diferencia es garante de un tremendîsimo capital.
---Tû y tus câlculos matemâticos.
---Câspita, quê vivan los pitagôricos!! Mas no por la comida, que yo no soy vegetaria-
no.
---Kosmos, estâ claro que no es por la comida.
---Seguro que no estâ oscuro?
---Kosmos, acabarâs de hacer el estimulante cafê?
---El cafê no es difîcil hacerlo.
---Ya, como que acomodas con la intenciôn de hacerme pensar en uno de tus favoritos
epîmones: sôlo lo difîcil es estimulante.
---Aplausos, Aspasia, a-plau-sos!! Hago el cafê que ya estâ molido.
---Al fin, Kosmos, al fin!
Si preguntâranme el porquê quedarîa en mutismo porque de facto ignôrolo total-
mente, mas lo cierto es que fue el estudio reciente de arqueologîa lo primero que aga-
rraron mis manos al sentarme frente a la mesa de mi estudio, empero despuês que se
fueron Aspasia y Esmeralda. De que el estudio sea reciente no quiere decir que es ga-
rante de la nitidez de las imâgenes, algo debido a la calidad de la impresiôn, y por lo
mismo tuve que sacar de la gaveta la lupa mâs grande de las tres que tengo, la que al
no usarla muy frecuentemente de su cristal apoderâbase el polvo. Seguido al asperja-
miento con agua y secado con papel de periôdico comencê a observar con mi ôculo
derecho. Ostensiblemente que al tener mâs cercanas a mi retina las imâgenes de las
medidas marcadas podîan definirse un poco mejor, y sobre las partes del terreno que
segûn los especialistas era donde estaban enterrados los restos de una inveterada cul-
tura aûn sin identificaciôn. De algo interesante sucederme fue la reminiscencia sobre
el diseño grâfico--como la maestra que impartîa esta materia era una rubia jamâs fal-
tê a sus clases---, creyendo que oportuna por tener que ver con mesuras, acotaciones,
etc..., y como tal con la justa posiciôn de la regla al esbozar los ya ni sê cuântos dibu-
jos en hojas inmensas que tuve que hacer, amên que sobre una mesa inclinada y sen-
tado en una silla alta, lo que traduce el hecho de que mis piernas quedaran colgando.
Fue mi primera experiencia de que las piernas quedaran asî: en el aire o separadas y
del piso, mas por lo mismo con facilidad para moverlas de izquierda a derecha y vi-
ceversa; hacia delante no por tener la mesa inclinada un tablôn que llegaba hasta el
suelo; hacia atrâs tampoco por los dos tubos de hierro entrecruzados en la base de la
silla, o sea, que tanto la mesa como la silla moverlas costaba trabajo. [Al respecto]
una proposiciôn escolaria (con buena intenciôn verbal) amplificaba lo siguiente: ha-
ce falta un hombre fornido para el hurto de ciertas cosas.
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