Seguido a yo poner la bandeja encima de la mesa de la sala con las cinco tazas, un
pomo de cristal mediano con cuadritos de azûcar y la cafetera, Aspasia fue la primera
en asir êsta. Despuês de llenar su taza hasta la mitad, amên de dejar caer en su interior
cuatro cuadritos de azûcar, deja saber inteligiblemente que por ser para ella un aguza-
miento imprescindible las simientes del cafeto molidas no podîa esperar ni tan siquiera
unos segundos. Yo que la conozco de cerquita, de donde cuêntase hasta lo mâs causan-
te de verecundia a continuaciôn de un sofocamiento beneficiante, o sea, de la cama, sî
que puedo saber sin laguna alguna que mâs bien trâtase de la poca paciencia que le ca-
racteriza que del susodicho aguzamiento. Dicho con otra verba: justificô lo que carac-
terîzale con un decir que millones de criaturas podrîan creer, no refutarîan ni con la in-
tenciôn de llamar la atenciôn en un momento justo y con la persona adecuada. Pregûn-
tome lo imposible: cômo estuviese su semblante de tener frente a sus ôculos nada mâs
y nada menos que una monografîa sobre la "filosofîa de la espera"?
---Kosmos, quê tû estarâs pensando, quê?
---Aspasia, pienso en uno de los epîmones de mi novelôn: ataraxia que engendra ver-
borrea circunspecta.
---Y a quê se debe que lo pienses?
---La costumbre es la madre de cuasi todos los vicios.
---O sea, que se debe al vicio de pensar ocasionado por la costumbre.
---Êsa es la res, êsa!!
---La costumbre es la madre de cuasi todos los vicios. Kosmos, sabes quê? Que estoy
totalmente de acuerdo con tu epîmone.
---Sista, choquemos las tazas por estarlo.
---Cômo que un brindis con tazas de cafê?
---Aristarco, y cuâl es la razôn de que no?
---La falta de costumbre.
---Quê, Sista, que entonces no tengo el vicio de brindar con tazas de cafê?
---Solamente dije la falta de costumbre, y como tal no repetî una parte del epîmone de
Kosmos.
---Saliô el sol, luego hay luz: silogismo de dos proposiciones: entimema.
---Silogismo, Kosmos?
---Despuês te explico, mâs tarde, Aristarco.
El hog age que dije seguidamente fue mâs bien como un imperativo para mî mis-
mo, el que en realidad no hacîa falta como automandato obligatorio mas que sî como
una forma de impeler a los presentes, empero como ninguno hizo la pregunta que es-
peraba estarîa de mâs volverlo a repetir. Aspasia, la que al estar un poco ya familiari-
zada con mi novelôn conoce el porquê del utilizamiento repetido de mis ûltimas pala-
bras en el diâlogo, sî que mirôme con extrañeza como queriêndome decir que el hog
age jamâs lo habîa leîdo seguido a êstas, mas cuidando de que su mirar no fuese des-
cubierto, porque de ser detectado por el otro darîa pâbulo de hacer esta pregunta lô-
gica : Aspasia, por quê miras asî a Kosmos? Entrando en materia con profundidad ba-
rroca, o sea, la que saca a relucir los pincelamientos mâs cargados de florescencias
con complejidades, dirîa que convertido el hog age en un acto exento de un pensar
anticipado participa con soltura en una singularidad ôntica que por cuestiones voliti-
vas mantiene la sensatez activa---que algunas veces asimismo la sorna significa que
el sujeto pudiera apellidarse propincuo en el manejo tanto de aplicaciones como de
estrategias---y en funciôn de eludir entrecruzamientos de paso acosantes en un espa-
cio donde la verba ludica.
Mas como en este espacio pudieran suceder mâs de una cosa, pasô que Esme-
ralda deja saber sin tapujo ninguno que los ônomas de los jefes de la tribu germâni-
ca resultâbanle de su agrado por ser de personas que son militares, algo que râpido
fue la razôn de que yo hiciêrame la siguiente pregunta: y si verdaderamente sus pa-
labras son ciertas, por quê nunca mencionô el ônoma de su padre durante el tiempo
en que aûn yo desconocîa a êste?
---Esmeralda, y de cuâles nombre se trata?
---Aristarco, el de Atabân, Flacius Ilyrucus, Pandolfo Colunnecio y Dolfopân Co-
lunnecio.
---Kosmos, con eso del segundo o el otro sistema te refieres al mundo de los muer-
tos?
---Êsa es la res, Esmeralda, êsa!
---Cômo que ese mundo? Esmeralda, y cômo es que te resultan de tu agrado tales
nombres de personas militares que estân del otro lado?
---Aristarco, todo lo que sea de mi agrado lo es sin que me importe el dônde estê.
---Creo, Esmeralda, que buena que es tu memoria para recordar nombres.
---Aspasia, no creas mucho lo que estâs creyendo, que en realidad los recuerdo de-
bido a que los acabo de leer.
---Pues sabes quê? Que a mî muchas veces se me olvidan las cosas aun acabadas de
leer.
---No me digas, verdad? Y cômo es posible eso?
---Esmeralda, como mismo te dije una cosa te digo otra: olvido mâs de una vez lo
reciente leîdo, pero recuerdo con facilidad lo que leî hace tiempo.
---Aspasia, y cuândo hace que leîste estos ônomas?
---Y a quê se debe la pregunta, Kosmos? Quieres comprobar si me contradigo?
---Câspita!! Aspasia, hay que comprobar si de verdad uno sabe lo que dice o si uno
dice lo que sabe.
---Kosmos, y acaso no es lo mismo, lo que dicho de forma diferente?
---Aristraco, analiza, piensa...medita, que hay una diferencia.
---Kosmos, yo solamente reconocî la memoria de Esmeralda, mas no dije nada rela-
tivo a no recordar tales nombres, de hecho sî dije que recordaba con facilidad...
---No lo repitas.
---Tû pidiendo eso, un amante de la repeticiôn? Quiên se contradice aquî?
---Preguntaste bien, Aspasia. Quê respondes, Kosmos?
---Aristarco, que Aspasia provôcame porque quiere entrar en liza, en colisiôn verbal.
---No me digas, verdad, Kosmos?
---Punto a la raya y que continûe la letra!
Y continuô con el albriciar Sista no sobre alguna idea însita de ella, sino sobre un
vicio de su madre Matilde Ronco Espinoza acarreado por la progenitora de cuasi todas
las cosas, o sea, la costumbre. Libre de circunloquios clara que mi frase resonancia de-
jôle, y la que como tal fue el motivo de este informar de ella. Ostensiblemente que yo
ignoraba la susodicha vibraciôn de sonido, mas que no que para proyectar en nosotros
su desacuerdo con el vicio de aquêlla, estar en contra que como consecuencia pudiera
conducir o al desdeñamiento o a lo desagradable, verbi gratia, retomô mi sentencia pa-
ra tener un apoyo del cual valerse para justificar su fin.
Aristarco, que no trâtase de un anatema que pudiera engendrar alguna duda o in-
certidumbre, saca a puesto, a colocaciôn el rechazo de su padrastro (Teôfilo) por este
vicio, aversiôn que pudiera ser la causa del rompimiento de la relaciôn de êste con la
madre de Sista. Allende agrega que mâs de una vez dîjole su padrastro que hiciera to-
do lo posible por eludir contraer el vicio, aunque sin jamâs dilucidarle concretamente
cômo hacer posible un evitar que de facto es imposible.
---Cômo, Aristarco, cômo hacer posible un eludir que de facto es imposible?
---Kosmos, si a ti que te encanta el anâlisis, el examen y el profundizar, me haces esta
pregunta...
---Aristarco, no es que no tenga la respuesta, sino que mâs bien fue una pregunta que
hîcete con la intenciôn de sacarte una explicaciôn, la verba revelante que deja calaña
de conocimiento.
---Kosmos, por quê mejor no explicas tû?
---Sista, de verdad que quieres oir la explicaciôn?
---Ya sê, Aspasia, el porquê de tu pregunta, pero recuerda que bien conocî las explica-
ciones de êl, asî que no me causarîan dolor de cabeza. Explica, Kosmos, explica.
---Câspita Sista!! Que entonces lo siguiente: Kosmos hog age: explica.
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