Dienstag, 23. April 2024

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       A continuaciôn de cumplir con el hog age, no ya como un soldado del ejêrcito de la

verba sino como un participante en un diâlogo al que pidiôsele que explicara, agarrê los

prismâticos y me fui al balcôn. Si en el Tien mâs una estrella exhibîa su desnuda candi-

dez; la Luna, la que por ser la hermana de Febo atrâeme doblemente, su mîmesis aûn no

del  todo redonda o circular, empero con basta luz como revelarle a un vecino la presen-

cia  en una terraza de dos  criaturas que se tocan y se besan exentas del pensamiento en

las dimensiones del tiempo, aunque sî plenamente conscientes de lo beneficioso que ha-

cen y del todo concentradas en la parte que visitan con sus resbalosas manos. Quê decir

de sus miradas que por impepinable correspondencia penetran con soltura allî donde so-

bresalen lo dador y lo diamantino, lo mayûsculo acicateante? Creyendo cien por ciento

que de seguir haciêndome este tipo de pregunta terminarîa embrollado en mi propia vo-

râgine, remolino de agua de jaez cupidoso, apaguê el circuito que activa las interrogati-

vas y pusê frente a mis dos ôculos mis queridos prismâticos. 

         Cuanto es puesto para escrutar fue la causa de que un sentimiento tuviera sin que

por su clasificaciôn fuese digno de ponerle guirnalda o corona, empero una ordenaciôn

mîa que no la de una ciencia con prefijo y sufijo aqueos: taxonomîa. Con êl la observa-

ciôn con atenciôn de la sûmula arquitectônica de la ciudadela podîa hacerse sin estar al

tanto ni de la hora que es ni de la querella mâs reciente que tûvose, y mucho menos de

la carne que comerîase mañana que por estar en el congelador hay que sacarla para que

se desolidifique del frîo que la pone dura. Una de las construcciones mâs sobresalientes,

allende que iluminada por unos ingentes farolones [que por su luz atraîan a unos bichos

minûsculos voladores], era la catedral barroca; aunque otra el edîculo donde vive Crati-

no  encima del karakorum, pero  con la diferencia de que a êste ningûn farolôn exterior

alumbrâbalo, lo que  traduce que no pude ver los detalles de su fachada. Por tal motivo

volvî a dirigir los prismâticos hacia la catedral barroca, mas no antes de observar rapidi-

to  la ventana del cuarto de Cratino, por lo que  no cûpome duda de que êste estaba dur-

miendo  que si no en funciôn de lo cupidoso con Juliette, ya que mi amigo sôlo pasa la

cortina al estar en una de estas dos cosas.

         Como en la nocturna nacen los grandes, como dijo el magno Alejandro, un decir

que  saliô a puesto, a colocaciôn en mi novelôn, serîa lôgico pensar que para los suso-

dichos venidos al mundo ni la oscuridad, ni la calma, ni el mutismo representan proble-

ma alguno, y que como tal pasan suntuosamente las horas en que no impera la luz apo-

lînea. Empero un lôgico pensar no para el magno, el que mâs preocupado por la prôxi-

ma conquista en parasangas del mundo nunca analizô (o tuvo en cuenta) la relevancia 

que  tienen otras cosas  que forman parte asimismo del orbe, y que por relaciôn serîan

menesteres para la criatura que sale de una barriga y entra a la circularidad terrestre en 

un horario en el que el dîa estâ en su vejez. [Alejandro fue tan magno que hasta trâjole

un cocodrilo a el oriundo de Estagira, segûn revela una pintura que recientemente vi].

       Y hablando de pintura--vaya, que mâs causalidad quedarîase corta; se creerîa mas

que no vislumbra-- observo una sumamente grande colgando de la parte derecha de la

catedral barroca, la que no causôme asombro mas que sî la consideraciôn de que fuese

una novedad, porque en realidad jamâs vi ni tan siquiera un serpetîn colgando ni aden-

tro ni afuera de la catedral. Como la ûnica manera rauda de saber el porquê de que col-

gase la pintura era llamando a Diopeites, mas lo que de facto no podîa hacer porque êl

acuêstase temprano y como tal la llamada resultarîale una tremenda pejiguera, tendrîa

que  de momento olvidarme de lo que querîa saber, que a la postre y al cabo caracterî-

zame  la paciencia, una virtud que tienen en potencia los nacidos en la nocturna. Mâs

acâ  de lo terruño que mâs allâ de lo  que desconozco  pudiera decir indubitablemente

que los que poseen esta virtud tienen un gran tesoro, o sea, tienen lo diamantino, una

clasificaciôn repetidîsima en mi novelôn, aunque asimismo en varias de mis composi-

ciones poiêsicas  mâs cerca de un fulgir que de lo empañado u opaco, que no al ñudo

es el brillar (o el resplandecer) ---aunque en lo complejo es mâs difîcil de detectar no

quiere decir que no sea dejante de esa satisfacciôn menester que sustenta--lo que mâs

interêsale a un vate, porque  con êl la imago frente a los ojos de un mirante impônese

sobresaliente, dando  igual si  acarreando su atracciôn o su rechazo, dos posibles hu-

manos  que a raîz de un contemplar o entran en funciôn o salen al escenario del mun-

do.






  


 







   


 



  



 


 


 

        





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