Donnerstag, 27. Juni 2024

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          Lo que dijo Aristarco no creîselo del todo, amên que a pesar de decirlo no dejô de

mirar a Sista con el fin de observar cômo êsta mirâbame a mî, cômo con fijeza sus ôcu-

los medio  claros lumbraban mi semblante como un faro alejandrino, aun no siendo del

todo de noche. En realidad no sê lo que êl verdaderamente entendiô, aunque de facto lo

que dije no fue tan inextricable como para necesitar de un conocimiento avanzado para

comprenderlo, pero como algunas veces he notado que ni aun asî calaña deja de disfru-

te por la amplificaciôn de mi verba no es de extrañar que lo que escuchô no hâyale que-

dado inteligible. Esto por un lado; por el otro, que asimismo dentro de un esquema fun-

cional  debo de tenerlo en  cuenta y como tal no  desaprovecho, Aristarco en una criatu-

ra con tendencia a la suspicacia, por lo que a fortiori tiene un (buen/ indefectible) moti-

vo tanto para desconfiar como para sospechar, que si no para perderse en su propio pen-

samiento por carecer de la certeza que sobre el pucho serîa dadora de un frescor mental,

de la posibilidad de salir incôlume de un conflicto en la conciencia, o del embate de ês-

ta atiborrada de sombras [que apellido yo] galimâticas. Son habas contadas de que mu-

tismo guardê de este anâlisis, pero mâs por sensatez que por temor a enfrentar una tem-

pestiva defensa, ademâs de que carecerîa esta protecciôn de la vigorosidad sobresalien-

te con la que tendrîa mi interlocutor la ventaja de entrar en liza sin oponencias pernicio-

sas, que si no poco viciadas  por la potencia de la costumbre, de ese ethos que (impepi-

nable) monotonous sustenta a la conducta, que le da a êsta crecimiento y desarrollo no 

tan superlativos, que sî lo que escenifica lo representativo/condicionado de la rutina. 

      Al terminar Aristarco de comerse el pedazo de panetela pregûntame si yo estaba in-

formado de alguna novedad, respondiêndole que la mâs reciente era la relaciôn cupido-

sa  entre Caspar y Esmeralda, pero como  desconocîa a aquêl le expliquê someramente

no  sôlo de quiên tratâbase sino que asimismo donde lo conocî: en el restaurante de las

langostas. Sorprendiôle que dilucidârale sin dejar muestra de celosîa, pero fue Aspasia

la  que dîjôle claramente que lo  hubo entre Esmeralda y yo no tenîa mucha relevancia

como  para que yo  cayera en un estado como el susodicho, agregando que ella lo tomô

como una aventura y como tal jamâs pasarîa de ser una experiencia pasajera con una de

sus dos amigas. En realidad sê que en lo atinente a su mentalidad Aspasia nunca pudie-

ra  ser conservativa, solamente  que algunas veces no eyecta una actitud coherente con 

su libertinaje, algo que a mî no me molesta mas que sî têngolo bien presente, porque si

una de las cosas que mâs hinchan mi pensar es precisamente la que tiene ver con lo que

no es conexo, consecuente o lôgico, o dicho de otra manera o de forma pincelada: cuan-

do una linealidad expresiva sâlese de su curso relacionado sucede en mi testa el ampula-

miento de una abstracciôn: el de la mîmesis ocupante de espacio.

---Y no me han dicho cômo me quedô la panetela?

---Excelente, Sista! Que no se te olvide darme la receta y apuntarme, paso por paso, cô-

mo se hace.

---Ahora mismo lo hago, Aspasia, pero necesito tinta y papel.

---Sista, penetra en mi estudio, donde la tinta no falta y el papel sobra.

---Cômo no creerte, Kosmos, lo que acabas de decir? Voy a tu estudio.

---Age, Sista, age!!

          Acopas suena el timbre de la puerta, por lo que me pregunta Sista si podîa abrirla.

Seguido a concederle el beneplâcito pôngome en funciôn de atisbar para saber quiên era 

la criatura que llegaba a mi apartamento. Al percibir que era Juliette miro a Cratino y dî-

gole: 

---Ciêrrase el cîrculo con una numeral par.

---Te explicas, Kosmos?

---Que llegô Juliette y entonces somos seîs.

---Vaya sorpresa, no la esperaba.

---Cratino, para todos es una sorpresa.

        En lo que Sista va a mi estudio, Juliette viene al balcôn y saca de su bolsa una caji-

ta de mûsica, de la que dice haberla acabado de comprar a un vendedor ambulante. Des-

puês  de acomodar su tafanario encima de las piernas de Cratino, lo que recordôme una

escena de mi novelôn en la que hablo de Plutôn agarrando a Proserpina, ingiere un peda-

zo de panetela que diole Aspasia, y a continuaciôn cuenta que tal vendedor habîale dicho

que  fue expulsado de su trabajo como portero en el restaurante de las langostas, motivo

por el cual vendîa las cajitas de mûsica para ganarse el peculio, aunque sin dejarle saber

de dônde las sacaba. A raîz de estas palabras raudamente amplifiquê que este portero no

era otro que un conocido del chofer del general, y al que conocî el dîa que fui con Dasid

a este restaurante, aunque asimismo el mismo dîa que conocî a Caspar.

---Sî, Kosmos, te repites, que ya dijiste que a Caspar lo conociste allî.

---Cratino, que tû sabes que la repeticiôn encântame.

---La repeticiôn te hechiza?

---Puedo reîrme, Cratino?

---Mira, Aspasia, aquî estâ todo escrito.

---Gracias, Sista, gracias!! En algûn momento la harê.

---Puedo darle cuerda a la cajita?

---Claro, dâsela!!

---De inmediato, Aspasia.

         En lo que escuchâbamos la melodîa sucediô algo del todo inesperado: Metôn, y

desde su balcôn, deja saber que la melodîa recordâbale su infancia por ser precisamen-

te  la misma que su abuelo tatareaba cuando trabajaba en su taller de carpinterîa, y se-

guido a estas palabras mândame una foto de êste metida en una cesta de junco amarra-

da con una cuerda gruesa. Mâs por la cesta que por la foto es que acuêrdome del bardo

Taliesin, el que segûn una leyenda celta de muy pequeño fue encontrado flotando den-

tro de una cesta como êsta. Al decirle lo anterior a Metôn, allende de agregar que sale

a puesto, a colocaciôn en mi novelôn, êl  comunîcame que la tienda donde adquiriô la

cesta es justamente una que vende cosas de Irlanda, solamente cosas de este paîs, nada

mâs. amên que a un precio môdico, algo no muy habitual que digamos, dîceme êl, por

la venta al extranjero, o sea, por la exportaciôn. Maravillôme que dijêrame que si que-

rîa  yo podîa quedarme con la cesta, que regalâbamela, que al fin y al cabo no pegaba

con las ideas sugeridas por una decoradora de interiores que no hace mucho estuvo en

su apartamento. Sobre el pucho dîjele que sî, que quedâbame con ella, y que por su dâ-

diva dâbale las muchitantas gracias. Al canto dîceme que de nada, pero que antes de y

poseerla  debe recuperar la foto de su abuelo. Sin dilaciôn, entonces, puse la foto den-

tro de la cesta, y en lo que êl la subîa barrûntele que el ônoma de la decoradora es Ar-

der Porseñas.

---Kosmos, y cômo tû sabes su nombre?

---Metôn, porque yo fui quien abriôle la puerta del edificio y dîjele que usted vivîa en

el apartamento encima del mîo.

---Ah, eso, tû no pierdes oportunidades. Ya tengo la foto, asî que te mando la cesta.

---Buenas noches, Metôn.

---Igual te digo, Kosmos, y a tus amistades. Y mira, por atenciôn, a tus manos va la ces-

ta.

         Por observar la cesta con cierta fijeza, Aspasia dîceme que por lo que ella leyô en

la cuarta parte de mi novelôn el frutero de junco fue mirado por mî de la misma manera,

y que al atisbarlo yo dije que recordâbame a un bardo del que no recuerda su nombre.

---Taliesin, Aspasia, êste es el ônoma de êl.

---Ah, Taliesin.

---Y recuerdas dônde fue que mirê el frutero por primera vez?

---En la ciudad del ocio y en casa de Sunev, no?

---Êsa es la res! Pero sabes una cosa? Es interesante cômo te recuerdas de una cosa y de 

la otra no.

---Por quê dices interesante?

---Porque en una misma escena hâblase tanto del frutero como del bardo, o dicho dife-

rente, de otra manera: hâblase del bardo por mi contemplaciôn del frutero en una esce-

na.

---Pues sabes quê? Que no recordê el nombre del bardo, y se acabô, y punto a...

---La raya y que continuê la letra?

---Gracioso, simpâtico. Ya sê que êste es otro de tus epîmones favoritos.

---Kosmos, y no era el frutero de madera de junco.

---Câspita, Cratino, que exactivizas. Exacto, y como lo acabas de decir. Cien por ciento

correcto: el frutero de madera de junco.

---Vengan acâ, y acaso con ya decir junto no es suficiente?

---Ostensible que lo es, Sista, mas entre mi amigo y yo la relaciôn con la verba es...

---Cuasi orgâsmica, kosmos?

---Quiero aclarar que soy un buen lector, pero mi atingencia con la verba no es tan asî.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Cratino, que...

---Sî, Kosmos, ya sê lo que dirâs, pero no lo digas.

---Una relaciôn con la verba cuasi orgâmisca! Jamâs oî decir algo asî.

---Juliette, siempre hay una primera vez para escuchar algo.

---Entonces, Kosmos, pasa la primera vez.

---Pasa tanto como suceso como movilidad.

---Movilidad, Kosmos?

---Te aconsejo, Juliette, que es mejor que te olvides de la pregunta.

---Y por quê, Cratino?

---Porque por la explicaciôn que te darîa Kosmos tendrâs dolor de cabeza.

---Juliette, te aconsejarîa lo mismo.

---Verdad, Aspasia?

---Sî, Juliette, verdad. Y, Kosmos, ya empecê a leer la quinta y ûltima parte de tu

novelôn: Kôsmythos y Ateriana. Me gusta el gato Lah, del cazador, y por dos ra-

zones: la primera, por ser demasiado traviso; la segunda, por su relaciôn amisto-

sa con el ratôn.

---Kosmos, de esta parte leî poquitîsimo.

---Ya sê, Cratino, ya sê.

---Kôsmythos y Ateriana? Quiênes son, Kosmos?

---Sista, Kôsmythos es el hijo de mi hijo Kosmithôs; Ateriana, la hija de mi hija

la campesina.

---Ya, nieto y nieta.

---Êsa es la res!! Juliette, dêjote saber que Ateriana tiene en la mejilla izquierda un

lunar.

---Kosmos, y por quê me lo dices?

---Porque tû tienes uno en la mejilla derecha.

---Ah, por eso. Estâ bien.

---Kosmos, verdad que sôlo se lo dijiste por eso, que no con el objetivo de revelar el

significado de tener un lunar en cualesquiera de las mejillas, y segûn las enseñanzas

celtas?

---Se nota que mi amiga Aspasia te conoce muy bien, Kosmos.

---Y yo, Juliette, lo conozco mucho mâs bien que ella.

---Cratino, y a tî quiên te preguntô?

---Aspasia, que no es una respuesta sino algo que es real. Acaso no es asî?

---Y por quê me preguntas algo que tû sabes?

---Aquî ya no trâtase del gato y del ratôn, sino mâs bien del perro y el gato.

---Kosmos, que no has respondido mi pregunta.

---Câspita!! Sî, Aspasia, lo que dîjele a Juliette...

---Te conozco bacalao!!

---Aspasia, no lo conozco muy bien como tû, mas por lo poco que lo conozco supe

que no carecîa su decir de un propôsito concreto.

---Cômo no creerte, Juliette?

---Kosmos, dos contra uno, asî que te sacan ventaja.

---Tû crees, Sista, que sâcanmela? Cômo van a sacar algo que nunca estuvo adentro?

---Adentro de quê?

---La respuesta dêjosela a tu magîn.






 









 


 






 














 




















  

            

 




      








 






  



  









 






  





  







  

Montag, 24. Juni 2024

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 (cinco horas despuês)

        Despuês de contarle a Aspasia lo de la visita a Aristofôn, lo de la calabaza y lo de 

una  parte que fue el motivo de que êl hiciera creer que sucumbiô por causa del ataque 

de  un jabalî salvaje, llegan a mi apartamento Aristarco y Sista, y trayendo êsta una pa-

netela de calabaza hecha por ella misma y cubierta con un papel de aluminio, pero co-

mo  a Aspasia encântale la calabaza empezô a brincar de alegrîa. Sista entonces le pre-

gunta  si querîa la receta, agregando que es una panetela muy fâcil de hacer amên que

râpido, siendo la  respuesta  que sî, mas que apuntârale en un papel cômo hacîase, por-

que  en realidad jamâs atreviôse a hacer una. A continuaciôn las dos se van a la  cocina 

para  introducir en la  panetela el cuchillo que picarîala justamente en cinco pedazos, y 

nosotros salimos al balcôn con el têlos de entrar en verba, ya que hacîa  tiempo que no 

conversâbamos con Aristarco, el atrapado por el basilo de Koch.

       Un pneuma con destacado vigor llegaba al balcôn, razôn por la cual la flama de la

fosforera apagôse mâs de una vez, mas como yo insisto en lo que quiero lograr pude y

prender el cigarro. Al canto con soltura empieza a hablar Aristarco, siendo lo primero

que  cuenta que su padrastro Teôfilo, el de la razôn ganada, enterôse de la relaciôn co-

menzada entre Matilde Ronco Espinoza y Dasid, el chofer del general, la que al pare-

cer causôle una desilusiôn tremenda, porque nunca hubiese esperado de Matilde, a pe-

sar de haberla conocido muy poco, que dejârase acariciar y tocar por las manos de un

conductor que agarran el timôn del auto de un general; mas lo segundo la negaciôn de

Sista  en participar en la posible boda de su madre con un hombre que no caîale ni en

un  veinte porciento bien, ademâs de parecerle ridîculo y exagerado por traer cada no-

che un regalo para las dos, que bueno es lo bueno pero no [...]. 

---O sea, Aristarco, que tanto tu padrastro como Sista dejan calaña de no aceptaciôn.

---Asî es, Kosmos. 

---Aristarco, y cômo supo tu padrastro lo de la relaciôn?

---Eso no lo sê, Cratino.

---Y tû crees que Sista le haya cogido cariño a tu padrastro por haber sido novio de su

madre?

---De eso nunca hemos hablado, jamâs hemos tenido una conversaciôn sobre eso.

---Aristarco, yo que conozco coralinamente a Sista, te pudiera decir que no es una chi-

ca de mucho contar, de verba revelativa, de sacar a puesto, a colocaciôn cosas familia-

res que puedan interpretarse de alguna u otra manera.

---Tienes razôn, Kosmos, ya me he dado cuenta de eso. En general, y para que hable,

necesita algunas veces un impulso, un aliciente para que mueva su lengua.

---Êsa es la res!

---Lo contrario de Arder Porseñas.

---Asî, entonces, Cratino, su fueran amigas tendrîan una amistad bastantemente com-

pensada, no?

---Eso creo, Aristarco, pero bastantemente compensada en lo referente a que si una ne-

cesita un impulso para que mueva su lengua a la otra hay de pararle la velocidad para 

que deje de mover su lengua.

---Te entendî, Cratino, te entendi

---A mi no pareciôme eso, porque hoy en la mañana cuando hablê con Arder de veloci-

dad ninguna, mâs bien su lengua moviô normal.

---Kosmos, porque Arder te vio por primera vez. Ya tû verâs en el futuro cuando te vea

la segunda, notarâs la diferencia.

---Esto es una novedad, no?

---Pues sî, Aristarco, y una que jamâs esperê.

---Cratino, y cômo es que Kosmos hablô con ella?

---Que te responda Kosmos. 

---Aristarco, porque me encontrê con ella en la puerta del edificio, ya que al ser decora-

dora de interiores visitarîa a Metôn para sugerirle ideas sobre como ornamentar su nue-

vo apartamento encima del mîo, mas como Cratino durmiô aquî, en el sofâ, yo dîjeselo

a ella por si querîa hablar con êl.

---Entiendo. Y Cratino, te deberîa hacer la segunda pregunta?

---Aristarco, quedamos como amigos, nada mâs. Por quê me miras asî, no me crees?

---Y cômo es esa mirada de no creencia, porque no tengo un espejo?

---Tû sabes, Aristarco, tû sabes.

---Si lo supiera no te lo preguntara.

---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!!

---Sî, Kosmos, cômo no saber el motivo de los aplausos.

---Y lo que sâbese no pregûntase.

---Giramos en el mismo cîrculo, o en funciôn el vicio de la misma vuelta.

---En funciôn el vicio de la misma vuelta. Te quedô regio, Cratino.

---Lo dirâs, Kosmos, por el ritmo, no?

---Tû sabes que para mî tanto el ritmo como la melodîa...

---Deja, Kosmos, deja la repeticiôn.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!

---El epîmone celebêrrimo, el de mayor resonancia.

---Y olvidêmoslo, que llega la panetela de calabaza picadita en cinco partes.

---Kosmos, para que tû digas eso tienes que estar famêlico.

---Câspita!! Quiên mejor que tû para decir lo que has dicho, para no fallar con tu

verba amplificada.

        Al estar ingiriendo los cinco el pedazo de panetela correspondiente, y debido a

la pregunta que hîzome Sista de que si yo podîa hablar un poco de la calabaza, em-

pecê diciendo que cultîvase desde hace mâs de siete mil años, y que tanto para la ci-

vilizaciôn azteca como para la maya, verbi gratia, era una dieta relevante; si en algu-

nos  paîses de Asia utilîzase  como decoraciôn en el año nuevo lunar, ya que se cree 

que  aporta tanto  buena  salud como prosperidad, en algunos paîses ârabes descolla 

con el nombre de un dulce de ella: halawet el Jibn. En lo atinente a tipos, la calaba-

za  espagueti puêdese cocinar y seguido separar sus hebras como si fuesen espague-

tis, y la  calabaza butternut es ideal  para sopas y purês. En otras variedades aprovê-

chase  la câscara para elaborar recipientes, instrumentos musicales e incluso mâsca-

ras, Y para terminar, que si no la extensiôn de la amplificaciôn serîa de una sûmula

de horas, los extractos de este fruto [versâtil y nutritivo] ûsanse en productos de cui-

dado de la piel debido a propiedades hidratantes y rejuvenecedoras.

--Gracias, Kosmos, por tus palabras.

--De nada, Sista, que en dos años me conociste lo basto como para saber que mi re-

laciôn con la palabra es cuasi orgâsmica.

--Sin lugar a dudas, Kosmos, no se me ha olvidado.

--Kosmos, de no ser mi amigo me pondrîa celoso.

--Aristarco, la celosîa hace periclitar la salud del mor; es un tôsigo que mata piano

piano.

--Alguien con experiencia de una materia inveterada.

--Êsa es la res, Cratino.







 


     










 



























 





         

  

Mittwoch, 19. Juni 2024

76

       Como no pudimos eludir pasar por el cementerio del Cerâmico, porque por el cami-

no que arrumbamos nuestros pasos a uno de los lugares de la ciudad que lleva es a êste,

empiêzame a hablar Cratino sobre el segundo sistema, el que en mi novelôn ludica tre-

mendîsimo rol, y no sôlo por sacar a relucir la transformaciôn de los personajes salien-

tes del primer sistema sino asimismo por eyectar otra forma de llevar êstos el mundo a

partir  de una comprensiôn mâs cupular, o sea, exenta del todo de convenciones y coto-

rreos por conveniencia, de hipocresîa y sombras perniciosas, verbi gratia. Que êl no ha-

ya leîdo el novelôn completo no quiere decir que equivôquese al hablar de este sistema,

porque  de facto siempre es el mismo, funciona de la misma manera, y como tal lo que

pudiera decir sobre êl por mî no serîa ni rechazado ni refutado. De lo ûnico que sî estâ

poco  informado es de los ônomas de todas las criaturas que dejan este mundo para pa-

sar al otro, mas como no trâtase de hacer una lista con la cantidad justa de los nombres

de los fenecidos da igual. En lo que yo dilucidâbale sobre la corte del progenitor de Ca-

sandra, cual funciôn no es otra que la de acoger a los llegantes al segundo sistema que

traîa de la frontera de Irsû el coche del vetturino Solger, allende que concomitado êste

por el pavo real, el que cambiaba de posiciôn de acuerdo a la direcciôn que tomaba es-

te medio de transporte, la voz de Yelas resuena como trueno de Jûpiter, por lo que tuve

que decirle a Cratino que al parecer no îbamos a llegar nunca a casa de Aristofôn, por-

que al parecer el dîa de hoy es de encuentros acopas.

---La voz de usted, Yelas, como que bien conôcese en el Olimpo.

---Ya sê, Kosmos, que de tenerla la tengo fuerte. Espero no haberte asustado al llamar-

te, pero debîa decirte una cosa y te la digo ahora; una que es lamentable.

---Amplifîquela, Yelas, amplifîquela!!

---La fiesta del general de momento no se hace.

---Câspita!! Y a quê dêbese que no hâgase?

---Eso no lo sê, Kosmos. Lô ûnico que sê es que êl me dijo que lo llamara en dos se-

manas, y que no podîa hablar mucho porque estaba ocupado con las cosas de la acade-

mia.

---Tenemos que esperar, entonces, por el relajo y el goce, dos componentes bâsicos y

de cualesquier fiestas.

---Asî es, Kosmos, pero espera que me desasosiega.

---Esta espera o la espera como tal?

---Lo segundo, Kosmos.

---Cômo, que un sepulturero desasosiêguese por ella?

---Sabes quê? Es inevitable a pesar del oficio que tengo.

---Insôlito y paradôgico!!

---Tû crees, Kosmos?

---Creo no, Yelas, estoy seguro.

---Si estâs seguro lo estâs tû, no yo. Ah, sabes con quiên me encontrê no hace mucho?

---Con quiên, Yelas?

---Con el chofer del general.

---Encuentro causal o programado?

---Ninguno de los dos, asî por asî.

---Y quê tal el encuentro?

---No tenîa mucho tiempo, por lo que fue rapidito, y me contô, en lo que bebîamos lo

que cada cual tomô, que habîa visto de nuevo a una mujer que invitôlo a unos traguitos

en el restaurante de las langostas, pero que en esta oportunidad no pudo disfrutar de la

invitaciôn porque el general lo llamô.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!

---A quê dêbese tu expresiôn?

---A que esa mujer es Matilde Ronco Espinoza.

---Y cômo tû sabes que es ella?

---Yelas, porque yo estaba con Dasid en el restaurante ese mismo dîa de la invitaciôn.

---No me digas, verdad? Y quiên es esa mujer?

---La progenitora de Sista, una chica que fue novia mîa.

---Interesante!!

---Por quê interesante?

---Por cosas de este mundo que pasan, suceden, tienen lugar, sitio... puesto.

---Interesante lo que usted acaba de decir.

---Pero la cosa no termina aquî, Kosmos.

---Y quê mâs hay, Yelas?

---Que despuês de verla la invitô a un paseo con el auto del general, y quê tû crees 

que pasô en el auto?

---Repâmpanos!! Que hundiose la corneta en la canasta de los dioses!

---Dijo el incesante amante de la metâfora.

---Yelas, erastes sempiterno de ella.

---Pero ademâs, Kosmos, empezaron una relaciôn, aunque segûn me dijo Dasid, na-

da de casamiento.

---Por lo que Matilde Ronco Espinoza no tendrâ la posibilidad de tener la nacionali-

dad irlandesa.

---No sabîa que Dasid es oriundo de allî. Y estarîa Matilde interesada en tenerla? 

---Eso no lo sê, mas por ley correspôndele.

---Tienes razôn, no lo pensê, o mejor dicho, no lo tuve en cuenta antes de hacerte la

pregunta. Kosmos, recibî un papel oficial que dice que la excavaciôn comienza den-

tro de tres meses, asî que el ruido que tendrê que soportar va a ser tremendo.

---Yelas, y por la excavaciôn su casa no peligra?

---Hablê con el abogado sobre este tema, y me dijo que en el caso de que fuera asî la

ciudad me devuelve la misma cantidad de dinero que paguê por la vivienda porque 

de hecho no es mi culpa, ademâs de no existir hasta el momento ningûn aviso, y por

parte de la ciudad, de que la casa serîa destruida por la misma razôn.

---Parêceme, por parte de la ciudad, algo muy correcto y justo, mas esto es una cosa:

otra, que cumpla con lo justo y correcto.

---Cômo, Kosmos, me quieres poner a pensar, engendrar la duda?

---Ostensible que no, Yelas, sôlo que como conozco esta ciudad, como la palma de mi

mano, no es intempestivo lo que acabo de decir, por no decirle que dîjelo por una sû-

mula de problemas que he escuchado.

---Bueno, Kosmos, si una cosa o la otra hay que esperar.

---Aun desasosegândose, Yelas?

---Y quê otra cosa puedo hacer, Kosmos?

---No tômeselo muy a pecho, Yelas, que en realidad utilicê lo mismo que usted dijo, y

con el propôsito de saber si usted no contradecîase.

---Un buen mêtodo, Kosmos, porque entre tantas palabras uno puede perderse, olvidar

lo dicho.

---Y no solamente eso, Yelas, que puêdole asegurar que entre tantas palabras suceden

no dos, sino mâs cosas, mas para no entrar en complicaciones mejor no las amplifico.

---Estâ bien, no lo hagas. Cratino, disculpa que no te dejamos hablar, pero...

---No tiene que disculparse, Yelas, que hablo conmigo mismo cuando escucho.

---Interesante!! Y quê tienen planificado hacer ahora?

---Visitar a un conocido. Por quê pregunta?

---Porque de no tener nada que ustedes hacer îbales a pedir que me acompañaran a dar

una vuelta por este cementerio, que por recorrerlo tantas veces solo ya me aburre.

---Deplorable que no lo podamos concomitar, Yelas, tal vez otro dîa.

---Entiendo, Kosmos, entiendo. Pues que tengan una visita agradable.

---Muchitantas gracias, Yelas!

         Al mirar Cratino su reloj dejâme saber que ya eran las once y media de la maña-

na. Para sacarle provecho a lo anterior, y pensando en mis queridos celtas, dîjele que

como resultado de una sumatoria el punto, como sîmbolo, de ponderamiento que en-

cuêntrase en el centro de la rueda de la medicina celta pasa por mi mente, que asimis-

mo lo completo de la creaciôn.

---Sî, Kosmos, sobre esto he leîdo algo, pero no lo aplico tanto como tû. Si sumamos

1+1+3+0=5, y el cinco significa lo que pasa por tu mente.

---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!!

---En tu novelôn esto descolla varias veces.

---Êsa es la res, êsa!! De mâs estâ decirte el porquê de que descolle.

---De mâs êsta, Kosmos. 

---Mas barrûntame, Cratino: por quê me dijiste la hora, acaso tienes algo que hacer y

que no me has dicho?

---Se te olvidô una cosa.

---Amplifica de cuâl trâtase, amplifîcala!!

---De que en tu novelôn, y preciamente a las once y media de la mañana, su majestad

Dido, aunque no siempre, tirâbase en los pulvinares para disfrutar de sus manjares, y

alguna que otra vez de su conditum...quê?

----Paradoxum. Pues sabes quê, Cratino, no es que olvidôseme, sino que cuando me

distraigo, converso, entro en verba...

----Disculpa que te interrumpa, Kosmos, pero ese auto que estâ allî, y en el que al pa-

recer se van a montar dos carrusianas, no es el del general?

----Câspita!! Êsa es la res, Cratino, ese mismo es. Cômo, que el general quiere denu-

dar las frutas de la câscara que cûbrelas? 

---Bueno, Kosmos, es general pero tambiên hombre, o sea, que no puede eludir la 

funciôn de la testosterona.

---Indubitable, Cratino, es una funciôn con la cual hay que cumplir, mas nunca pen-

sê que el general estuviera embrollado a este tipo de red: la de la prostituciôn.

---Pero, Kosmos, podemos estar seguros de que el general estâ dentro del auto?

---Claro que no, Cratino, porque con esos cristales negros cômo podemos estarlo.

---Entonces estamos infiriendo.

---Mas, Cratino, no debemos acercarnos al auto, que a la postre y al cabo si no estâ

adentro el general sî que Dasid, porque ese vehîculo no lo maneja otro chofer, y al

vernos êste quedarîamos como testigos.

---Y quê si somos testigos, que tanto el general como Dasid nos conocen, y como

tal no somos unos desconocidos para que ellos tomen ciertas y determinadas precau-

ciones, o la medida correspondiente para que no suceda un escândalo?

---Tienes razôn, Cratino, mas aun asî crêeme que es mejor que no lo seamos, porque

ninguno de los dos sabemos quê puede pasar mañana.

---Que lo ûnico que perdura es el cambio.

---Exactamente por eso, Cratino.

---Kosmos, y tû crees que esto tenga algo que ver con la suspensiôn de la fiesta del

general, algo que sucediô asî de repente, de sûbito?

----No sê quê tiene que ver una cosa con la otra, porque la fiesta de facto no era hoy.

----Sabes, para mî estâ un poco lagunoso, ininteligible....nublado.

----Son resonantes adjetivizaciones, Cratino.

----Quê tû quieres decir con eso, Kosmos, que son adjetivizaciones que estân en mî

y porque resuenan son las que mâs râpido encuentro...?

----Cratino, no te compliques demasiado, que tû mismo serîas el causante de tu pro-

pio fastidio de testa.

----Mira quiên habla de complicaciones.

----Cratino, no serîa mejor seguir nuestro camino hasta llegar a casa de Aristofôn?

----Sîgâmoslo, Kosmos, sigâmoslo!! Pero sabes quê? Que aunque lo sigamos no sê

por quê me parece una cosa: que nunca vamos a llegar.

----Interesante!! Mas aun asî quedarse uno estâtico no serîa el adecuado solvento y

contra lo que parece, una cosa aparecida, el culmen de una gestaciôn sin esperma.

----El culmen de una gestaciôn sin esperma? En fin, que solamente sabes tû lo que

dices metaforizado.


















  




 














 


















 











































 




























  








     

Montag, 17. Juni 2024

75

       (dos dîas despuês)


          La revelaciôn de Cratino, de que por motivo de ya haberse acostumbrado al cuer-

po juvenil de Juliette no quiso nuevamente, o mejor dicho, no quiso por segunda vez te- 

ner relaciôn con Arder Porseñas, su primerîsimo amor, encontrêla un poco insôlita, por-

que si de juventud trâtase êsta es solamente dos años mayor que aquêlla. Yo mejor pen-

sarîa  en otra cosa: que mâs  bien tiene que ver con la diferencia del carâcter, amên que

bastante  grande, empero aun asî para un buen domador ningûn carâcter resultarîale in-

dômito, queriendo decir con un buen domador uno con experiencia, paciencia y pericia

con el manejo del lâtigo. [Cômo no acordarme de una verba nietzscheana referida con-

cretamente  a la fusta?-- allende que tremendamente fragorosa]. Quedarîa por hacerme

una simple y lôgica pregunta: Por quê sin pregunta ninguna esta revelaciôn? La pudie-

ra  responder  cortamente: Por la amistad, pero Cratino no tuvo en cuenta, algo que no 

es  imposible [porque lo ûnico que perdura es el cambio], aunque no tengamos acceso

a  lo que estâ  escrito  como anankê que tôcanos, que si yo convirtiêrame en su enemi-

go el gallo que cantarîa serîa otro exento tanto de las plumas primarias (las de las alas

y las de la cola para el vuelo y el ponderamiento) como de las del cortorno ( las que y 

proporcionan  protecciôn contra los alimentos que asimismo aislamiento). A continua-

ciôn  de su revelaciôn dêjame saber que no quiere decir que por no querer volver con 

ella la amistad cercana dejara de existir, y que por lo mismo diêronse los dos el nûme-

ro de telêfono, pero que con un beso no la despidiô porque bien sabîa yo de una inve-

terada cosa: que êl sôlo besa a una fêmina cuando tiene intimidad.

---Denudar la fruta de la câscara que la cubre.

---Eso mismo, Kosmos, que, verbi gratia, cuântas frutas en tu novelôn quedaron sin

câscara?

---Una res con la otra: de haber en mi novelôn mâs de un tragaldabas...

---Deja, que ya sê lo que sigue relleno de glotologîa.

---Suntuosa ciencia, Cratino.

---Totalmente de acuerdo.

---Nitimur in retitum!!

---A la fruta, Kosmos?

---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!! Êsa es la res!!

---Ambos soldados somos del ejêrcito de la verba.

---Y punto a la raya y que continûe la letra: la de estos soldados.

          Mas al acordarse Cratino de que yo habîale dicho que visitarîa a Aristofôn sin

precisar el cuândo, lo que traduce que pudiera ser en cualquier momento, ocûrresele

la idea de pasar por su casa, la que a mî no pareciôme mala porque asî cumplirîa con

mi palabra, pero para estar seguro de que llegarîamos sin perdernos a su vivienda me

pregunta si habîame aprendido de memoria su direcciôn, pregunta que diome pâbulo

de risa, porque cômo pudo hacêrmela (precisamente) êl [conociêndome como me co-

nose ] sabiendo que aprenderme las cosas de memoria es algo ( infalible desde hace 

ya  una sûmula de años) que  mantiene en un estado de ôrdago mi nemôsine, y como

tal funciona maravillosamente.

---Kosmos, ya sê que tu risa es debido a la pregunta que te hice, pero sabes quê?

---Amplifîcalo, Cratino, am-pli-fî-ca-lo.

---Que ya estâ hecha, y como tal es indeleble.

---Cratino, algunas veces me desilusionas con tu verba.

---Verdad? Eso nunca me lo dijiste.

---Estâ dicho ya.

---O sea, que es lo que quieres que te diga, no se puede borrar.

---Ya no lo quiero.

---Por quê?

---Porque lo que dîcese ya no se quiere porque dîjose.

---Contra, Kosmos, contra. Entonces no digo mâs nada para seguirlo queriendo.

---Fino desplazamiento de la verborrea circunspecta!

---Sin ataraxia que la engendre?

---Reconôzcome a mî mismo en tu claro, inteligible decir.

---No, no puede ser.

---Cômo que no puede ser?

---No me refiero a tu decir, sino a dos criaturas de las que ya no podemos escapar.

---Y cuâles son?

---Mira hacia allâ, hacia la izquierda.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Las vendedoras inseparables!

         Helade traîa puesto un vestido anaranjado que descollaba como luz de semâforo;

Efîaltes uno azul con una cinta amarilla en la parte inferior de mediano grosor. Al diri-

girse las dos hacia nosotros, lo que pareciôme una payasada tremenda, êsta saltaba co-

mo cualesquier animales quemados por el rabo; aquêlla, y como si conociêranos sufi-

cientemente  como para hacerse la confianzuda con soltura, abrîa los brazos y repetîa

nuestros  ônomas en voz alta, razôn por la cual Cratino mîrame y pregûntame: 

--Quê tû crees, Kosmos, se habrân vuelto locas, enloquecieron? 

---Creo, Cratino, que lo que pâsales es que quieren llamar la atenciôn a todo trance, o

sobresalir para ser miradas, algo tîpico de la conducta  egocentrista, aunque en algunos 

casos de megalomanîa: tomar la grandeza como un acto libre de manifestaciôn exagera-

da. 

       Ya frente a nosotros dîcenos Helade:

---Quê alegrîa verlos de nuevo juntos, lo que es muestra de una amistad indestructible.

---Sus palabras son tan ciertas como el vestido que resalta frente a nuestras retinas.

---Kosmos, cômo no resaltarîa un color como êste?

---Y el mîo no?

---Asimismo, Efîaltes, mas no tanto como el de ella.

---Gracias por tu sinceridad, Kosmos.

---Mi sinceridad es una parte de lo que llamo exactivizar.

---Ya sabemos que tu hablar profundiza, Kosmos.

---Câspita!! Quê bien que sêpanlo.

---Y a ti, Cratino, cômo te va con Juliette?

---Y cômo usted lo sabe, Helade?

---Ay!! Si tû supieras lo que nosotros sabemos quedarîas con la boca abierta. Ya te pu-

siste al dîa despuês de siete años sin novia?

---Increîble que usted se acuerde de la cantidad de años. Sî, Helade, ya me puse al dîa.

---Entonces no serîas uno de nuestros mejores compradores de nuestros productos.

---Asî es, Efîaltes, no lo serîa.

---Y en lo atinente a ellos, quê tal la venta?

---Kosmos, cada dîa aparecen mâs hombres con problemas de fecundaciôn, por lo que

reforzarla en para ellos de suma importancia.

---Entiendo, Helade, por su respuesta, que la venta va de maravilla, mirîfica.

---Entiendes muy bien! Bueno, cômo no entender tû asî. Sabes, y saliendo del tema, la-

mentamos mucho el fallecimiento del zapatero Cliôn. Te acuerdas de nuestro encuentro

en su zapaterîa?

---Me acuerdo como si fuera hoy.

---Y cômo estâ Aspasia, que fue como una hija para Cliôn?

---Estâ muy bien, Helade, y continûa tocando el chelo en la plaza de la catedral barroca.

---Sî, ya sê que lo toca ahî, pero como estamos en lugares opuestos nunca la vemos.

---Sabemos, Kosmos, de que Yelas comprô la casa de Cliôn.

---Asî es, Efîaltes, y yo, y con la ayuda de un vecino, pûselo en contacto con un aboga-

do.

---Sî!!, pero esa casa estâ en el terreno de posible excavaciôn.

---Câspita!! Verdad que ustedes saben bastante.

---Kosmos, ya se lo dije a Cratino.

---Dîjoselo, Helade, mas que yo como que repîtolo, que la repeticiôn es para mî impor-

tante.

---Y quê hacen ahora, pasean o van a algûn lugar especîfico?

---Vamos a visitar a un conocido, uno con avanzada edad, y ya estamos atrasados.

---Entiendo, Kosmos. Entonces hasta la prôxima.

---Hasta êsta, Helade.






 


















































 

      








     










   




    

   

Sonntag, 16. Juni 2024

74 (cont)

       Como sabîa que la criatura que tocaba el timbre no podîa ser otra que Arder Porse-

nâs, y por lo que habîamos quedado no hacîa mucho, aunque en realidad no habîa pasa-

do  la hora que, segûn ella, necesitaba para cumplir con su trabajo de decoradora de in-

teriores, ocupême yo mismo de abrir la puerta. Al verme lo primero que dîjome fue que

en realidad la decoraciôn que deseaba Metôn era tan simple que con tan sôlo media ho-

ra bastaba para proponerle unas pocas ideas de ornamentaciôn, allende de que por esta

simpleza consideraba ella que no hacia falta ayuda de un profesional en este oficio, pe-

ro  como el peculio es suyo, y por lo  mismo debe saber en quê gâstalo, de êl es sôlo la

decisiôn de pagar lo que vêngale en ganas. Empero en lo que ella amplificaba su verba,

Cratino pregûntame con quiên yo hablaba, porque la voz que êl oîa êrale del todo cono-

cida, respondiêndole  yo que tapârase los  ôculos por tratarse de una sorpresa. Sobre el 

pucho pedîle a Arder que penetrara en mi apartamento, peticiôn que hîcele con una se-

ña con la mano, mas a su vez dîjele al oîdo que parârase delante de Cratino. Posiciona-

da  ya frente êl lo mirô de arriba a abajo, por lo que diome la impresiôn de que un ûni-

co o gayo recuerdo llegâbale a su testa, ya que la forma en que lo observaba no indica-

ba  otra cosa, no era calaña de nada de jaez negativo. Terminada su contemplaciôn la-

deô su cabeza hacîa el lado izquierdo, donde yo estaba, y seguido la movîo de arriba a 

abajo, deîctico clarîsimo de que ya podîa decirle a Cratino que destapârase los ôculos.

Y entonces dice êste:

---No, no puede ser. Increîble. Parece un sueño. Arder Porseñas delante de mî.

---Quê alegrîa verte de nuevo, Cratino, aunque te confieso que tuve que pensarlo.

---Quê fue lo que tuviste que pensar?

---Venir al apartamento de Kosmos, quien me informô que tû dormîas aquî.

---No entiendo nada. Me pueden explicar? Kosmos, quê me dices?

---Indefectible serâ la explicaciôn, amigo mîo, mas antes quiero presentarle a Arder a

Aspasia.

---Mucho gusto, Aspasia, encantada de conocerte.

---Igual te digo, Arder. Dime: tomas cafê o prefieres tê?

---Por la mañana prefiero cafê.

---Muy bien!! Preparo la cafetera.

---Gracias, Aspasia!!

         


    






















 





Donnerstag, 13. Juni 2024

74

          A las (justamente) siete de la mañana despiêrtame la melodîa de una cajita de mû-

sica  a la que Aspasia  diole cuerda por la razôn de no poder dormir mâs. Seguido a pre-

guntarle  de dônde la habîa sacado, ella respôndeme que dadivôsela Juliette, añadiendo

que la melodîa pertenecîa a una parte de la apabullante composiciôn wagneriana El ani-

llo de los nibelungos. Al terminarse la cuerda revêlame el porquê de este regalo: porque

Juliette no quiso seguir teniendo el recuerdo del primer novio que tuvo cada vez que mi-

raba  la cajita. Analizando la  cuestiôn a mi manera, examinândola rapiditamente, tengo

en cuenta dos posibilidades: o por ser el primero fue el causante de la perdida de su vir-

ginidad, o no lo fue y como tal la desilusionô, mas cualquiera de estas dos son suficien-

te motivo como para no continuar teniendo el recuerdo de êl? 

---Kosmos, quê estâs pensando?

---Nada relevante como para que acarree resonancia.

---No sê por quê me mientes, pero como estoy cuasi acabada de levantar un bledo tu y

mentira me importa.

---Câspita!! Te importa un Amaranthus retroflexus!! Y dime, Aspasia: por quê no me di-

jiste anoche lo del regalo?

---Porque se me olvidô. Y eso que Cratino duerme en el sofâ?

---Y cômo tû lo sabes?

---Porque cuando busquê mi mochila en la sala, donde estaba la cajita, lo vi. Y menos

mal que estâ tapado con una colcha.

---Entiendo, Aspasia, te captê sûbito. Allende del calor de la colcha el tuyo, asî que duer-

me Cratino con dos calores.

---Como que entonces duerme bien, no?

---Êsa es la res, êsa!!

---Me voy al baño.

---A acicalarte el calor de los calores?

---Te encanta buscarme la lengua.

---Vaya parte que nunca se me pierde!

---Escucha, deja de intentar excitarme y ve a la cocina a prepararme el desayuno.

---Faltan los huevos, los que te gustan.

---Pues ve a comprarlos para que no me falten.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que yo mismo me embarquê.

Al avîo, Kosmos, al avîo!!

           Antes de abrir la puerta de mi edificio veo que una chica pimpantemente arro-

pada buscaba un ônoma en la lista que deja saber sobre los habitantes de êste. Le pre-

gunto  al salir si podîa ayudarla en algo, respondiêndome que buscaba a una persona

llamada Metôn, mas como la lista estaba un poco borrosa leerla costâbale trabajo. Le

informo sobre el pucho que la criatura que busca vive en el cuarto piso y en el aparta-

mento con la numeral doce. A continuaciôn de darme las gracias, y no solamente por

lo  acabado de decirle sino asimismo por aguantar la puerta, percâtome de una intere-

sante cosa: del nombre que sobresalîa en la credencial que colgaba de su blusa: Arder

Porseñas. Al darse cuenta de que miraba la credencial con cierta fijeza pregûntame lo

siguiente: 

---Pudieras decirme por quê miras mi credencial de la manera que lo haces?

---Porque yo sê que tu fuiste novia de Cratino, mi buen amigo del pre.

---No me digas, verdad? Sî, pero de esa relaciôn hace ya siete años.

---Asimismo lo sê. 

---Y cômo estâ êl? Quê es de su vida?

---Êl estâ super bien, y vive de la herencia que dejâronle sus progenitores. Empero lo

que te voy a decir a lo mejor te deja con la boca abierta.

---Antes de decîrmelo, dime tu nombre.

---Mi ônoma es Kosmos.

---Bueno, Kosmos, que me vas a decir?

---Que Cratino estâ durmiendo en mi apartamento.

---Vaya cosas de la vida!! 

---Cômo yo no saber de tales cosas? Y puêdese saber, Arder, el porquê de que busques

a Metôn?

---Porque trabajo como decorado de interiores, y êl me contacto por mi pâgina de inter-

net.

---Sî, ya sê que mudôse al apartameto que estâ encima del mîo.

---Como que pudiera entender que son buenos vecinos, no?

---Êsa es la res, Arder, êsa!! Y dime: te gustarîa ver a Cratino?

---No estoy segura, Kosmos, y como tal tendrîa que pensarlo.

---Hâgamos una cosa.

---Cuâl?

---Cuânto tiempo necesitas para hacer tu trabajo como decoradora?

---No creo que mâs de una hora, ya que solamente sugiero ideas de acuerdo a la carac-

terîstica de la vivienda. Por quê preguntas?

---Escucha. Yo voy a comprar huevos para mi novia, lo que no llêvame mucho tiempo,

con lo que quiero decirte que estarê en mi apartamento para abrirte la puerta, en el caso

de que despuês de pensarlo quieras ver a Cratino; en el caso de que no, lo que quedarîa

claro de tû no tocar el timbre, solamente dirîale que encontrême contigo y el porquê de

tu presencia en este edificio.

---Lo pensarê, Kosmos, lo pensarê.

---Mirîfico!! Espero entonces, Arder Porseñas. 

          De regreso con los huevos los saquê del cartôn y pûselos en un plato hondo. As-

pasia no podîa entender el porquê de que yo los mîrara sin pestañear (o con los parpa-

dos inmôviles), razôn por la cual amplifique lo siguiente: 

En mi novelôn aparece mâs de una vez el huevo, uno de los sîmbolos mâs relevantes.

De acuerdo con la Bahvricha Upanishad, la temible/solitaria/vitalizadora deidad Dur-

gâ puso el huevo del mundo, Otra, con apariencia de paloma, puso un huevo de plata.

Los druidas tenîan un huevo rojo al que onomaban glain y del que decîan que fue por

la magna diosa madre puesto. Los gemelos côsmicos, sîmbolo de toda la humanidad,

son representados con la numeral 69, cifra que dibuja el contorno de sus cuerpos aco-

modados dentro del cascarôn armônico, que es la entrada a la vida material. En la ver-

siôn Huen-tien (cielo) del gran registro cosmogônico chino [titulado Libro de los mon-

tes y de los mares (Chan-hai-king)], afîrmase que la totalidad del universo es un colo-

sal huevo (lo que despuês demostrô Einstein). Respecto a los arquetipos, el del huevo

es  de capital relevancia  en todo el mundo y estâ profundamente implantado en la at-

môsfera  que constituye el inconsciente colectivo, por lo cual soñar con huevos tiene 

implicaciones  relacionadas con el futuro a medio y largo plazo, mas que estâ ya ges-

tândose.

---Kosmos, me has dejado con la boca abierta, y a su vez sin ganas de comerme uno.

       A continuaciôn Cratino despiêrtase y lo primero que nos dice es que soñô con un

huevo.

---Y de cuâl color el huevo, blanco, rojo o negro?

---Blanco. Por quê la pregunta, Kosmos?

---Te explico despuês, mâs tarde, que la respuesta serîa larga y onerosa.

---Cratino, si supieras de lo que hablaba Kosmos.

---De quê, Aspasia?

---De huevos, y por la explicaciôn que me dio se me quitaron las ganas de ingerirlos.

---Y debido a quê la explicaciôn?

---A estos huevos que me comprô, y cûbrete, que con los seis que hay en el plato la 

sumatoria es suficiente.

---Oh, disculpa, que no me di cuenta de la exhibiciôn.

---Insensata colcha!

---Pudiera decirse, Kosmos.

---Alcahueta!!

---Cômo que alcahueta, Aspasia, por quê?

---Porque apoyaste la frase indebida de Kosmos.

---Kosmos, quê dices?

---Que ni tan siquiera es una frase, y si indebida o no es una consideraciôn.

---Pero, Kosmos, la consideraciôn es mîa, no?

---Aspasia, lo que sâbese pregûntase?

---Sî sî, ya sê, la repeticiôn de la misma pregunta.

---Es menester la pregunta que repîtese.

---Menester es êsta solamente para ti.

---Tengo ganas de una tortilla.

---Verdad que la tienes, Cratino?

---Sî que la tengo, Aspasia.

---Kosmos, y de quê/por quê te rîes?

---Nada de importancia como para que engendre resonancia.

        Y hablando de resonacia suena el timbre de la puerta.











 


















 




 


































   



 




         



















Freitag, 7. Juni 2024

73

      Seguido a la dilucidaciôn exacta, en el momento preciso y con la persona adecuada,

o sea, Cratino, Aspasia penetra en mi estudio con el propôsito de que yo aclarârale sûbi-

tamente dos cosas: la primera, la frase amplificada por mi tîo en la pâgina 919 de mi no-

velôn; la segunda, quê querîa decir la palabra Iatrikôn y tâ metâ tâ physikâ. Empecê di-

ciêndole que Iatrikôn en lengua aquea significa mêdico (igual que la palabra arquîatra),

y que tâ metâ tâ physikâ es metafîsica. En lo atinente a la frase (sin el impulso atrabilia-

rio de un padeciente de iracundia, o dominado por lo compulsivo, que engendra espeluz-

namiento exento de control) dîjele que volviera a leer la pâgina con parsimonia, que no 

somera o raudamente porque perderîa de vista los cosiatos y relevantes detalles que son

la basa de su composiciôn, empero que de leerla de esta manera y quedarse o en al aire

o en las nubes ostensiblemente que darîale yo el claramiento por ella pedido. Entonces,

y  sin proyectar algûn  mohîn en su semblante y sin decirme cualesquiera de esas cosas

que  dîceme cuando valora una situaciôn desde su punto de vista, saliô del estudio y re-

greso a sentarse en su mueble favorito: el sofâ.

---Contra, Kosmos, no serîa mâs fâcil que le explicaras que hacerla volver a leer la pâ-

gina?

---Cratino, es que gustarîame que aprendiera a entender por ella misma, que no por lo

yo explîcole, que de acostumbrarse va a padecer de un vicio; pero, que lo acabas de es-

cuchar con tus propios oîdos, de no entender explicarîale.

---Aludes a que la costumbre es la madre de cuasi todos los vicios?

---Êsa es la res, Cratino, êsa!!

---Sabes quê encaja tambiên?

---Amplifîcalo, Cratino.

---Que sôlo lo difîcil es...

---Eso, porque es cierto porque es imposible.

---La repeticiôn, Kosmos, de tus epîmones.

---Cratino, me acabas de dar cuerda por haber sido tû el primero en mencionar uno de 

êstos mîo, no?

---Es cierto no porque sea imposible, sino por que lo acabo de hacer.

---Aplausos por el jueguito, a-plau-sos!!

---Suena como cañonazo esa frase de tu tîo.

---Tu consideraciôn (o valoraciôn) metaforizada es la adecuada: suena fuerte, aunque

de irme por la canal poiêsica dirîa lo siguiente: suena tenora.

---Regresando al tema que nos ocupa, te dijo algo Aristofôn sobre su cabaña en el bos-

que de los liberales?

---Cratino, que yo sê que la cabaña allî estâ.

---Puesa sabes quê? Que me contagiê de la repeticiôn.

---Encântame lo que has dicho! Un contagio de ella te convierte en parcionero de una y

de mis ideas lûdicas. Sobre la cabaña no hablê con êl mucho; aunque eso sî, que de facto 

la jeta no miente, al mencionârsela una proyecciôn de taciturnidad saliô a relucir en el es-

pejo del alma.

---Elegante eso de que una proyecciôn de taciturnidad saliô a relucir....

---Cômo asombrarme por tu sensibilidad que es digna del erastes de los libros, de un y

buen lector como tû?

---Pero, Kosmos, lo bueno es lo mejor?

---Una pregunta interesante; dirîa que de contertulios; como que tiene un componente

superlativo para pasar a perîstasis.

----De acuerdo, pero te revelo que no se me ocurriô, sino que la leî en alguno de mis li-

bros, y no me preguntes cuâl porque...

---Cratino, que conozco esa forma de olvido cuando la cantidad de libros que tiênese es

mayûscula.

----Ah, entonces tû tambiên olvidas, no?

---Con la diferencia que no tanto como tû, mas sî que olvido.

---Kosmos, y sobre la visita a Aristofôn, de verdad que vas a ir a su casa?

---Sî Cratino, mas no sê cuândo. Por quê preguntas?

---Porque me gustarîa ir contigo.

---Estâs interesado en saber algo de la alcheringa, del pasado de tu progenitor Teôfilo,

el de la razôn perdida?

---De êl y de Dinora, la amante de la aurora.

---Cômo que de Dinora, la querida de tu padre? A no ser que por comparaciôn con tu

madre quieras saber algo especîfico o determinado.

---No sê, Kosmos, no sê, pero hay algo que quiero saber sin saber quê.

---Cômo que quieres saber sin saber quê? No me acabas de responder que del pasado

de ambos saber quieres algo? 

---Ya sê que suena disparatoso o contradictorio, y no me vengas con socratidades, que

puedo imaginarme, porque te conozco, lo que pudieras decirme.

---Yo sôlo sê que no sê nada!!

---Y me lo dices?

---Puêdome reîr, Cratino, me das el beneplâcito para entrar en risa?

      Pero como Cratino sabe que esta pregunta estâ de mâs la ignorô totalmente, allen-

de de saber que forma parte de un lûdico que aun sin novelôn es posible, que no falta-

rîa mâs por una cuestiôn ôntica que por atraer la atenciôn de un interlocutor, que cono-

ciêndome  como conôceme muy que bien que estâ consciente que yo nadita tengo que

ver con el egocentrismo como tampoco con el [onomado por la psicologîa] trastorno e

histriônico de la personalidad. Una cuestiôn ôntica mîa; pertenêceme y nadie arrebâta-

mela; nunca cesa su funciôn, mas aun asî reconozco que no todo el mundo la tolera, la

soporta o aguanta. Hasta cierto punto esta cuestiôn puede analogarse con un estado ca-

racterizado por (la) intensa y mantenida luminarias, y que como tal pudiêrasele consi-

derar como un estado-estrella, o mejor dicho, pudiêralo considerar asî, porque genera-

lizar muy poquitîsimas veces ha dejado de traer como consecuencia una contingencia,

la que precisamente el que piensa (o un Penseur) tratarîa de eludir: no es mejor el be-

neficioso  asombro que el no  tenerlo  por impedirlo un riesgo? Ademâs: no son estos

dos incompatibles? 

---Quê, Kosmos, te dio la risa algo que pensar?

---Câspita Cratino!!, que padezco de un asombro por tu pregunta.

---Ah sî? Bueno, y segûn tû, el asombro mantiene abierta la puerta del saber. Escucha.

Kosmos, escucha, que Aspasia ronca.

        Si de repeticiôn trâtase la cosa, es la res que Aspasia quedôse coralinamente dor-

mida con las piernas abiertas, por lo que dîjele a Cratino que no mirârala con destaca-

da fijeza no fuera a ser que una mîmesis tan seductiva fuese la causante de que insom-

nio padeciera, revelândome êl que si por eso la carencia de sueño serîa posible jamâs

hubiese  dormido desde que estâ con Juliette. Por quê? Porque êsta se queda dormida

de la misma manera.  

---Vaya privilegio el que nos ha tocado. Me ayudas a cargarla para llevarla al cuarto?

---Por cual parte la agarro, Kosmos, por las piernas o por los brazos?

---Decide tû que estarîa de acuerdo yo.

---Kosmos, de cuâl decisiôn se trata?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! 

---A quê se debe tu epîmone?

---A que estabas roncando, Aspasia.

---Estaba, Kosmos, lo acabas de decir. Quê estaban ustedes mirando, se puede saber?

---Aspasia, sôlo te îbamos a cargar para llevarte al cuarto.

---Verdad que sôlo eso, Kosmos? Quisiera creerte. En fin, que me voy a la cama.

---Age, Aspasia, age!!

           Al cerrar la puerta del cuarto Aspasia, que como ya dije una vez jamâs sin lla-

ve, pedîle a Cratino que concomitârame al balcôn. Estando en êste lo primero que ha-

go es prender uno de los dos cigarros que quedaban en la cajetilla que en el restauran-

te comprê. Aunque Cratino no fuma no resûltale pejigueroso oliscar el humillo del ci-

garro, el que a su vez mira desaparecer en el espacio como si tratârase de un acto mâ-

gico sin que intervenga un taumaturgo. De algo llamarle la atenciôn no fue otra cosa

que  la abertura del paraguas en la nocturna, y la que precisamente impedîa que llega-

se  al balcôn la luz de la Luna, el ampo de su proyecciôn estimulante. Al respecto hâ-

ceme  una  pregunta que respondîle de forma corta, respuesta con la que no quedô sa-

tisfecho, segûn dejôme saber, empero como al observar la luna y agregarle a esta pa-

labra  una ere al final, allende de  mencionar la palabra lunar mâs de una vez, no pre-

guntôme  mâs nada sobre la abertura susodicha. Sigue la res con su claramiento de y

el  porquê de este agregamiento: por el lunar que tiene Juliette en la parte derecha de

del  semblante, el que de facto encântale y por lo mismo bêsalo y tôcalo como si fue-

se  una obra de la naturaleza de gran valor minûscula. Mas si no tanto por esta razôn

que sî por lo creativo que logrê al escribir mi novelôn, cômo no acordarme de Ateria-

na, y  especîficamente por tener ella asimismo un lunar, empero en su caso en la par-

te izquierda de su jeta. Tal vez inconscientemente, a la zaga del telôn estaba en plena

actividad una enseñanza celta, y la que deîcticamente apunta hacia una significaciôn,

amên que una con tremendîsima vigencia: la inestabilidad? Con esta (digamos) reso-

nancia acopas, pudiera dejar para mâs tarde el convertir en pavesa el ûltimo cigarillo

que quedaba en la cajetilla?

---Kosmos, que a esta hora no podrâs comprar otra cajetilla de cigarros.

---Cratino, que esperar para el que tiene paciencia nada perjudica; y êsta, que espero

no lo hayas olvidado, es una de las mâs relevantes y conspicuas virtudes de las doce 

onomadas por el estagirita.

---Cômo olvidar al înclito del Liceo?

---Êsa es la res, Cratino, êsa!

---Kosmos, me das el beneplâcito para quedarme a dormir?

---Câspita!! Vaya pregunta que me haces. El sofâ es todito tuyo.
















     













 











 



  







































        



Dienstag, 4. Juni 2024

72

       La sensibilidad de los miembros raudo compruêbase con un rozamiento, lo que yo

onomo sôlo de una manera: cultura universal, y la que a su vez participa en el jolgorio

del mundo de lo cupidoso exenta en la intimidad de la acritud de una lengua padecien-

te de mordacidad, o de la ridiculez de una verba apellidada deleznable. Pasa que la par-

ticipaciôn en una fiesta de este jaez nada tiene que ver ni con la crîtica austera ni con la

labia que dirîmese fâcilmente, que de facto lo que en un estado natural estâ lo que indu-

dablemente  menestera es otra cosa, otra dadorîa con mâs relevancia, aunque asimismo 

un efecto: el de la  risa que con vigor cautiva, pero como todo efecto tiene su causa sin 

dilaciôn la revelo.   

       La misma mîmesis, la de siempre que Aspasia eyecta al penetrar en la cocina, y de-

bido  a su natural  caluroso estado; como si êste, como  hontanar del que salen las ideas

mâs atrapantes y fecundativas, imperara sin corona o guirnalda. Pudiera dejar yo calaña

de desdên al observar el susodicho estado? Tendrîa el valor (el coraje o la valentîa) de y

olvidarme de la anunciada sensibilidad de los correspondientes miembros que compruê-

base (sobre el pucho) con la fricciôn? Ni serîa una ilusiôn, lo que traduce que nada ten-

drîa  que pagar por ella, por lo que huelga decir que no pagarîa el doble por tener que

olvidarla. Es claro y sencillamente un gusto, que si no un producto producido por la ve-

hemencia, por un componente humano, demasiado humano (verba de Nietzsche) que y

por ser indefectible desenrrolla sus serpentines, o fundamêntase con uno de mis epîmo-

nes favoritos: Precisiones indispensables y apreciaciones imprescindibles desentrañan-

do  la madeja  por la punta mâs resonante: nada que parêzcasele que tûmbesele por no

ser de materia confiable. La madeja de Aspasia espera por mis manos tesoreras, las de

ningûn interês para Sigfrido por no ser de nibelungos.

      Cuarenta y cinco minutos despuês llega Cratino. Al preguntarle yo el porquê de la

palidez de su semblante---que me haya recordado la pêrdida del color la vez en la que

Sista  desplomôse ante mis brazos por un bajôn de presiôn mâs dêbese a una cuestiôn

muy personal que a otra cosa--, êl entregôme un sobre y dîjome que lo abriera. Al can-

to cumplî  con lo que dîjome, y sacando de êste la mitad de una hoja leî lo que en êsta

estaba escrito: 

Nunca supe que mi amigo Teôfilo, el de la razôn perdida, tenîa un hijo, pero como ya

no puedo preguntarle por quê me lo oculto te lo pregunto a ti, Cratino. Mi direcciôn

estâ escrita en la parte de atrâs de la hoja. Un saludo, y mi nombre es Aristofôn. 

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, Cratino!! Si tû supieras...

---Si yo supiera quê, Kosmos?

---Que con este personaje, y con tres de sus amigos, encontrême anoche.

---Kosmos, tû me estâs fastidiando, no? Cômo te vas a encontrar con un muerto?

---Pues no, Cratino, no estâ muerto sino vivo y hasta juega al dominô. Mas sabes quê?

Que contradîcese Aristofôn. Por quê? Porque êl mismo dîjome que ni a ti dijêrate que

vivîa.

---Tû me vas a tener que dar una dilucidaciôn al respecto.

---Impepinablemente que sî, amigo mîo. Êsa es la res!! Lo que sî no sê cômo êl supo tu

direcciôn, porque yo no se la di.

---Quê tal, Cratino, cômo estâs?

---Recuperândome de un mal presentimiento, Aspasia.

---Cômo, y por quê uno asî?

---Por esto escrito por Aristofôn, 

---Ah. Pero a mî tambiên me resultô increîble al decirme Kosmos de que vivîa. Ya co-

miste?

---Sî sî!! Juliette me dejô comida preparada.

---Y no te dijo Juliette que anoche estuvo en el bar nocturno con Esmeralda?

---Supe, Aspasia , que iba con ella a ese bar. Por quê preguntaste?

---Porque ella vio a Aristôfôn, y a los amigos que lo acompañaban.

---Eso dîjeselo yo, Cratino.

---Asî es, Cratino, Kosmos me lo acaba cuasi de decir.

---Cratino, en realidad Juliette lo vio, mas no supo quiên es êl, de quiên trâtase, asî que

lo habrâ tomado como uno mâs que va al bar nocturno que nada tiene que ver con el fa-

randulerismo.

---Entiendo, Kosmos, entiendo.

---Bueno, me voy a leer un rato, que me falta poco para terminar la cuarta parte.

---Que disfrutes la lectura, Aspasia.

---Gracias, Cratino!

---Cratino, tû y yo a mi estudio, que allende de la dilucidaciôn te hablarê de Caspar, un

nuevo conocido y que estuvo conmigo anoche en el bar.

---De acuerdo, Kosmos, vamos a tu estudio.






































Sonntag, 2. Juni 2024

71

        Una semana despuês dêjame clara y corta la noticia Metôn de que mudôse para el

apartamento  encima del mîo, razôn por la cual no pude de dejar de amplificar esta lo-

cuciôn  adverbial latina: mutatis mutandis. Por  ser el ûnico vecino simpâtico, sincero,

un poco vicioso y fiel a la nocturna, cômo  responderle que no a su pregunta de que si

podîa preparle un cafê fuertecito y sin azûcar? Estando en la cocina, y al lado mîo tan

erecto  como la mismîsima hasta clavada en el lugar donde los ciento ocho jueces (los

centunviros) celebraban  sus reuniones, dîceme que habîa visto desde su balcôn el pa-

raguas que yo puse en mi balcôn en funciôn de que no llegaran a una parte de êste los

rayos apolîneos. Si nada que ver con la endopatîa, sino que mâs bien con la manîa de

remitirse a algo utilizando inteligible circunloquio, comienza a hablar sobre la mirîfi-

ca  alta Engadina y de lo que  repîtese sin que puêdase evitar por no depender de uno

mismo, de una  causativa ôntica. Al canto dime cuenta de que por sus ôculos penetrô

lo escrito en la parte de arriba del paraguas: El eterno retorno de las cosas. Seguido a

reîrnos hasta cuasi perder la respiraciôn, porque en realidad Nietzsche supo de un lû-

dico  sempiterno  en lo existencial, dilucidêle sobre este tema de este artîfice, [el que

empezô  por la filologîa y terminô mal], y dêjele saber dônde hallê el paraguas que y

asimismo que su propietario (Teôfilo, el de la razôn ganada) me lo dadivô. En lo ati-

nente a este sujeto êl no sabîa nada, empero su ônoma recordôle a un cliente del ban-

co con el mismo nombre y boxeador.

      Aspasia, la que llegô tan fresca como las flores de abril y coruscante como un y

diamante egipcio, no dilacionô en coger una taza mediana y llenarla de cafê. Como

cuando quiere hace siempre lo mismo, lo repite como para buscarme la lengua, que

haya saludado a Metôn primero que a mî no era de extrañarme, que a tenor de un or-

den de las cifras el resultado mantiêne igual; y el que yo, que como ya sâbese que y

para  sacarle provecho somêtolo a una sumatoria indefectible, pondrîale flores para

rendirle el mâs excelso honor, si es que puedo utilizar este rimbombante adjetivo en

este  caso que fluye (o fluyente). Interesada  en saber sobre los  representantes de la

gerontocracia del barrio cercano a la catedral barroca, y de los que hablâronle Esme-

ralda y Juliette, las que pasaron a saludarla cuando tocaba el chelo, hâceme dos pre-

guntas: dônde  los habîa conocido y por quê despuês de conocerlos los invitê al bar

nocturno?

 ---Verdaderamente que tienes una tremenda relaciôn con el juego, de lo que sale la

causalidad que los hayas conocido jugando dominô.

----Mâs o menos por ahî asî es la res, Aspasia.

----Mâs o menos, Kosmos? Estâ bien. Y lo de la invitaciôn quê?

----Que no te dijeron a cabalidad tus amigas al respecto, porque de facto yo no los 

invitê, sino mâs bien que hablê del bar al hacerme Aristofôn una pregunta. Y dime:

te contô Esmeralda sobre Caspar?

----Sî sî, ya estoy enterada de que tiene una relaciôn con êl, y que gracias a ti lo co-

nociô. Bueno, me voy a duchar.

----Al avîo, Aspasia, al-a-vî-o!!

----Eso, kosmos, eso mismo.

         Considerô Metôn tempestivo decirme que por la edad que êl tiene bien que asi-

mismo pudiera ser un representante de la gerontocracia, uno mâs de los que exhiben

su senilidad por callejones, calles, avenidas y barrios disîmiles de la ciudad, mas con

la diferencia de que por tener un capital conspicuo pudiera tener el privilegio de y en

su senectud gastar todo el peculio que diêrale la gana sin restricciones o preocupacio-

nes, sin asir un bolîgrafo para sacar cuentas con el propôsito de tener un control de la

paupêrrima pensiôn con la que tendrîa que llegar al fin del mes; empero yo, que sî la

cuenta saco en otra direcciôn y con un ûnico objetivo, dirîa que ya es un privilegiado

al tener el capital que posee, o sea, que la diferencia radica en tener o no tener. 

---Kosmos , te recuerdas que perdî una parte considerable de mi capital cuando cam-

biô la moneda?

---Câspita, Metôn, que usted dejômelo saber en la puerta de mi apartamento. 

---Excelente memoria que tienes.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Yo no tengo un capital empe-

ro sî suntuosa nemôsine. Por quê hîzome usted la pregunta?

---Porque de no haber perdido esa parte ahora tuviera mâs capital.

---Repâmpanos!! Y acaso el actual que tiene no es basto?

---Se nota que tû no tienes capital, porque de tenerlo râpido me hubieras entendido.

---Metôn, usted sabe que muchitantas de mis preguntas hâgolas con el têlos de medir

mâs de una cosa, que si no con el de saber la riqueza expresiva de un interlocutor...

----La riqueza êsa? 

----Metôn, la dilucidaciôn es un poco compleja, y como tal pudiêrale acarrear fastidio

de testa.

----Me alegra saber que me cuidas, que no quieres causarme algo desagradable. Y di-

me Kosmos: cunândo puedo echarle un vistazo a tu novelôn?

---En cuanto lo termine de leer Aspasia sobre el pucho avîsole.

---Espero, Kosmos, que lo que me sobra es tiempo.

---Y acaso todos los pensionados no dirîan lo mismo?

---Eso no lo sê.

---Entonces usted conoce, domina, sabe algo.

---Y por lo mismo te digo que te acordaste de Sôcrates.

---Aplausos, Metôn, a-plau-sos!! Dîgole que si le es menester una ayuda estoy dispues-

to a ofrecêrsela.

---Y bien que me viene, porque el reguero que hay en mi apartamento es tremendîsimo,

ademâs que los muebles que tengo todos son pesados.

---Lo que traduce que son muebles antiguos.

---Asî es, Kosmos. Gracias anticipadas!! Y cuândo puedes ayudarme?

---Metôn, a mî el tiempo me sobra como a usted; pero hay una cosa, que por fundamen-

tal debe saberla porque si no no pudiera ayudarlo, debe usted avisarme con tiempo para

yo saber el dîa y la hora, porque precisamente como sôbrame el tiempo me voy a cual-

quier parte sin que el tiempo sea pre-ocupaciôn mental.

---De acuerdo, Kosmos, harê lo que debo hacer para encontrarte aquî. Ah, y sabes sî el

abogado se contactô con Yelas?

---Êsa es la res, Metôn, y hasta ya tiene Yelas la propiedad de la casa que perteneciô al 

zapatero Cliôn.

---Quê bien!! Me alegro por Yelas. Lamentablemente ya tengo que irme, que de "tener"

trabajo tengo bastante. Gracias por el cafê, y te aviso con tiempo.

---De nada, Metôn, y hasta entonces.








































 





 




      







 





199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...