Donnerstag, 27. Juni 2024

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          Lo que dijo Aristarco no creîselo del todo, amên que a pesar de decirlo no dejô de

mirar a Sista con el fin de observar cômo êsta mirâbame a mî, cômo con fijeza sus ôcu-

los medio  claros lumbraban mi semblante como un faro alejandrino, aun no siendo del

todo de noche. En realidad no sê lo que êl verdaderamente entendiô, aunque de facto lo

que dije no fue tan inextricable como para necesitar de un conocimiento avanzado para

comprenderlo, pero como algunas veces he notado que ni aun asî calaña deja de disfru-

te por la amplificaciôn de mi verba no es de extrañar que lo que escuchô no hâyale que-

dado inteligible. Esto por un lado; por el otro, que asimismo dentro de un esquema fun-

cional  debo de tenerlo en  cuenta y como tal no  desaprovecho, Aristarco en una criatu-

ra con tendencia a la suspicacia, por lo que a fortiori tiene un (buen/ indefectible) moti-

vo tanto para desconfiar como para sospechar, que si no para perderse en su propio pen-

samiento por carecer de la certeza que sobre el pucho serîa dadora de un frescor mental,

de la posibilidad de salir incôlume de un conflicto en la conciencia, o del embate de ês-

ta atiborrada de sombras [que apellido yo] galimâticas. Son habas contadas de que mu-

tismo guardê de este anâlisis, pero mâs por sensatez que por temor a enfrentar una tem-

pestiva defensa, ademâs de que carecerîa esta protecciôn de la vigorosidad sobresalien-

te con la que tendrîa mi interlocutor la ventaja de entrar en liza sin oponencias pernicio-

sas, que si no poco viciadas  por la potencia de la costumbre, de ese ethos que (impepi-

nable) monotonous sustenta a la conducta, que le da a êsta crecimiento y desarrollo no 

tan superlativos, que sî lo que escenifica lo representativo/condicionado de la rutina. 

      Al terminar Aristarco de comerse el pedazo de panetela pregûntame si yo estaba in-

formado de alguna novedad, respondiêndole que la mâs reciente era la relaciôn cupido-

sa  entre Caspar y Esmeralda, pero como  desconocîa a aquêl le expliquê someramente

no  sôlo de quiên tratâbase sino que asimismo donde lo conocî: en el restaurante de las

langostas. Sorprendiôle que dilucidârale sin dejar muestra de celosîa, pero fue Aspasia

la  que dîjôle claramente que lo  hubo entre Esmeralda y yo no tenîa mucha relevancia

como  para que yo  cayera en un estado como el susodicho, agregando que ella lo tomô

como una aventura y como tal jamâs pasarîa de ser una experiencia pasajera con una de

sus dos amigas. En realidad sê que en lo atinente a su mentalidad Aspasia nunca pudie-

ra  ser conservativa, solamente  que algunas veces no eyecta una actitud coherente con 

su libertinaje, algo que a mî no me molesta mas que sî têngolo bien presente, porque si

una de las cosas que mâs hinchan mi pensar es precisamente la que tiene ver con lo que

no es conexo, consecuente o lôgico, o dicho de otra manera o de forma pincelada: cuan-

do una linealidad expresiva sâlese de su curso relacionado sucede en mi testa el ampula-

miento de una abstracciôn: el de la mîmesis ocupante de espacio.

---Y no me han dicho cômo me quedô la panetela?

---Excelente, Sista! Que no se te olvide darme la receta y apuntarme, paso por paso, cô-

mo se hace.

---Ahora mismo lo hago, Aspasia, pero necesito tinta y papel.

---Sista, penetra en mi estudio, donde la tinta no falta y el papel sobra.

---Cômo no creerte, Kosmos, lo que acabas de decir? Voy a tu estudio.

---Age, Sista, age!!

          Acopas suena el timbre de la puerta, por lo que me pregunta Sista si podîa abrirla.

Seguido a concederle el beneplâcito pôngome en funciôn de atisbar para saber quiên era 

la criatura que llegaba a mi apartamento. Al percibir que era Juliette miro a Cratino y dî-

gole: 

---Ciêrrase el cîrculo con una numeral par.

---Te explicas, Kosmos?

---Que llegô Juliette y entonces somos seîs.

---Vaya sorpresa, no la esperaba.

---Cratino, para todos es una sorpresa.

        En lo que Sista va a mi estudio, Juliette viene al balcôn y saca de su bolsa una caji-

ta de mûsica, de la que dice haberla acabado de comprar a un vendedor ambulante. Des-

puês  de acomodar su tafanario encima de las piernas de Cratino, lo que recordôme una

escena de mi novelôn en la que hablo de Plutôn agarrando a Proserpina, ingiere un peda-

zo de panetela que diole Aspasia, y a continuaciôn cuenta que tal vendedor habîale dicho

que  fue expulsado de su trabajo como portero en el restaurante de las langostas, motivo

por el cual vendîa las cajitas de mûsica para ganarse el peculio, aunque sin dejarle saber

de dônde las sacaba. A raîz de estas palabras raudamente amplifiquê que este portero no

era otro que un conocido del chofer del general, y al que conocî el dîa que fui con Dasid

a este restaurante, aunque asimismo el mismo dîa que conocî a Caspar.

---Sî, Kosmos, te repites, que ya dijiste que a Caspar lo conociste allî.

---Cratino, que tû sabes que la repeticiôn encântame.

---La repeticiôn te hechiza?

---Puedo reîrme, Cratino?

---Mira, Aspasia, aquî estâ todo escrito.

---Gracias, Sista, gracias!! En algûn momento la harê.

---Puedo darle cuerda a la cajita?

---Claro, dâsela!!

---De inmediato, Aspasia.

         En lo que escuchâbamos la melodîa sucediô algo del todo inesperado: Metôn, y

desde su balcôn, deja saber que la melodîa recordâbale su infancia por ser precisamen-

te  la misma que su abuelo tatareaba cuando trabajaba en su taller de carpinterîa, y se-

guido a estas palabras mândame una foto de êste metida en una cesta de junco amarra-

da con una cuerda gruesa. Mâs por la cesta que por la foto es que acuêrdome del bardo

Taliesin, el que segûn una leyenda celta de muy pequeño fue encontrado flotando den-

tro de una cesta como êsta. Al decirle lo anterior a Metôn, allende de agregar que sale

a puesto, a colocaciôn en mi novelôn, êl  comunîcame que la tienda donde adquiriô la

cesta es justamente una que vende cosas de Irlanda, solamente cosas de este paîs, nada

mâs. amên que a un precio môdico, algo no muy habitual que digamos, dîceme êl, por

la venta al extranjero, o sea, por la exportaciôn. Maravillôme que dijêrame que si que-

rîa  yo podîa quedarme con la cesta, que regalâbamela, que al fin y al cabo no pegaba

con las ideas sugeridas por una decoradora de interiores que no hace mucho estuvo en

su apartamento. Sobre el pucho dîjele que sî, que quedâbame con ella, y que por su dâ-

diva dâbale las muchitantas gracias. Al canto dîceme que de nada, pero que antes de y

poseerla  debe recuperar la foto de su abuelo. Sin dilaciôn, entonces, puse la foto den-

tro de la cesta, y en lo que êl la subîa barrûntele que el ônoma de la decoradora es Ar-

der Porseñas.

---Kosmos, y cômo tû sabes su nombre?

---Metôn, porque yo fui quien abriôle la puerta del edificio y dîjele que usted vivîa en

el apartamento encima del mîo.

---Ah, eso, tû no pierdes oportunidades. Ya tengo la foto, asî que te mando la cesta.

---Buenas noches, Metôn.

---Igual te digo, Kosmos, y a tus amistades. Y mira, por atenciôn, a tus manos va la ces-

ta.

         Por observar la cesta con cierta fijeza, Aspasia dîceme que por lo que ella leyô en

la cuarta parte de mi novelôn el frutero de junco fue mirado por mî de la misma manera,

y que al atisbarlo yo dije que recordâbame a un bardo del que no recuerda su nombre.

---Taliesin, Aspasia, êste es el ônoma de êl.

---Ah, Taliesin.

---Y recuerdas dônde fue que mirê el frutero por primera vez?

---En la ciudad del ocio y en casa de Sunev, no?

---Êsa es la res! Pero sabes una cosa? Es interesante cômo te recuerdas de una cosa y de 

la otra no.

---Por quê dices interesante?

---Porque en una misma escena hâblase tanto del frutero como del bardo, o dicho dife-

rente, de otra manera: hâblase del bardo por mi contemplaciôn del frutero en una esce-

na.

---Pues sabes quê? Que no recordê el nombre del bardo, y se acabô, y punto a...

---La raya y que continuê la letra?

---Gracioso, simpâtico. Ya sê que êste es otro de tus epîmones favoritos.

---Kosmos, y no era el frutero de madera de junco.

---Câspita, Cratino, que exactivizas. Exacto, y como lo acabas de decir. Cien por ciento

correcto: el frutero de madera de junco.

---Vengan acâ, y acaso con ya decir junto no es suficiente?

---Ostensible que lo es, Sista, mas entre mi amigo y yo la relaciôn con la verba es...

---Cuasi orgâsmica, kosmos?

---Quiero aclarar que soy un buen lector, pero mi atingencia con la verba no es tan asî.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Cratino, que...

---Sî, Kosmos, ya sê lo que dirâs, pero no lo digas.

---Una relaciôn con la verba cuasi orgâmisca! Jamâs oî decir algo asî.

---Juliette, siempre hay una primera vez para escuchar algo.

---Entonces, Kosmos, pasa la primera vez.

---Pasa tanto como suceso como movilidad.

---Movilidad, Kosmos?

---Te aconsejo, Juliette, que es mejor que te olvides de la pregunta.

---Y por quê, Cratino?

---Porque por la explicaciôn que te darîa Kosmos tendrâs dolor de cabeza.

---Juliette, te aconsejarîa lo mismo.

---Verdad, Aspasia?

---Sî, Juliette, verdad. Y, Kosmos, ya empecê a leer la quinta y ûltima parte de tu

novelôn: Kôsmythos y Ateriana. Me gusta el gato Lah, del cazador, y por dos ra-

zones: la primera, por ser demasiado traviso; la segunda, por su relaciôn amisto-

sa con el ratôn.

---Kosmos, de esta parte leî poquitîsimo.

---Ya sê, Cratino, ya sê.

---Kôsmythos y Ateriana? Quiênes son, Kosmos?

---Sista, Kôsmythos es el hijo de mi hijo Kosmithôs; Ateriana, la hija de mi hija

la campesina.

---Ya, nieto y nieta.

---Êsa es la res!! Juliette, dêjote saber que Ateriana tiene en la mejilla izquierda un

lunar.

---Kosmos, y por quê me lo dices?

---Porque tû tienes uno en la mejilla derecha.

---Ah, por eso. Estâ bien.

---Kosmos, verdad que sôlo se lo dijiste por eso, que no con el objetivo de revelar el

significado de tener un lunar en cualesquiera de las mejillas, y segûn las enseñanzas

celtas?

---Se nota que mi amiga Aspasia te conoce muy bien, Kosmos.

---Y yo, Juliette, lo conozco mucho mâs bien que ella.

---Cratino, y a tî quiên te preguntô?

---Aspasia, que no es una respuesta sino algo que es real. Acaso no es asî?

---Y por quê me preguntas algo que tû sabes?

---Aquî ya no trâtase del gato y del ratôn, sino mâs bien del perro y el gato.

---Kosmos, que no has respondido mi pregunta.

---Câspita!! Sî, Aspasia, lo que dîjele a Juliette...

---Te conozco bacalao!!

---Aspasia, no lo conozco muy bien como tû, mas por lo poco que lo conozco supe

que no carecîa su decir de un propôsito concreto.

---Cômo no creerte, Juliette?

---Kosmos, dos contra uno, asî que te sacan ventaja.

---Tû crees, Sista, que sâcanmela? Cômo van a sacar algo que nunca estuvo adentro?

---Adentro de quê?

---La respuesta dêjosela a tu magîn.






 









 


 






 














 




















  

            

 




      








 






  



  









 






  





  







  

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