Como no pudimos eludir pasar por el cementerio del Cerâmico, porque por el cami-
no que arrumbamos nuestros pasos a uno de los lugares de la ciudad que lleva es a êste,
empiêzame a hablar Cratino sobre el segundo sistema, el que en mi novelôn ludica tre-
mendîsimo rol, y no sôlo por sacar a relucir la transformaciôn de los personajes salien-
tes del primer sistema sino asimismo por eyectar otra forma de llevar êstos el mundo a
partir de una comprensiôn mâs cupular, o sea, exenta del todo de convenciones y coto-
rreos por conveniencia, de hipocresîa y sombras perniciosas, verbi gratia. Que êl no ha-
ya leîdo el novelôn completo no quiere decir que equivôquese al hablar de este sistema,
porque de facto siempre es el mismo, funciona de la misma manera, y como tal lo que
pudiera decir sobre êl por mî no serîa ni rechazado ni refutado. De lo ûnico que sî estâ
poco informado es de los ônomas de todas las criaturas que dejan este mundo para pa-
sar al otro, mas como no trâtase de hacer una lista con la cantidad justa de los nombres
de los fenecidos da igual. En lo que yo dilucidâbale sobre la corte del progenitor de Ca-
sandra, cual funciôn no es otra que la de acoger a los llegantes al segundo sistema que
traîa de la frontera de Irsû el coche del vetturino Solger, allende que concomitado êste
por el pavo real, el que cambiaba de posiciôn de acuerdo a la direcciôn que tomaba es-
te medio de transporte, la voz de Yelas resuena como trueno de Jûpiter, por lo que tuve
que decirle a Cratino que al parecer no îbamos a llegar nunca a casa de Aristofôn, por-
que al parecer el dîa de hoy es de encuentros acopas.
---La voz de usted, Yelas, como que bien conôcese en el Olimpo.
---Ya sê, Kosmos, que de tenerla la tengo fuerte. Espero no haberte asustado al llamar-
te, pero debîa decirte una cosa y te la digo ahora; una que es lamentable.
---Amplifîquela, Yelas, amplifîquela!!
---La fiesta del general de momento no se hace.
---Câspita!! Y a quê dêbese que no hâgase?
---Eso no lo sê, Kosmos. Lô ûnico que sê es que êl me dijo que lo llamara en dos se-
manas, y que no podîa hablar mucho porque estaba ocupado con las cosas de la acade-
mia.
---Tenemos que esperar, entonces, por el relajo y el goce, dos componentes bâsicos y
de cualesquier fiestas.
---Asî es, Kosmos, pero espera que me desasosiega.
---Esta espera o la espera como tal?
---Lo segundo, Kosmos.
---Cômo, que un sepulturero desasosiêguese por ella?
---Sabes quê? Es inevitable a pesar del oficio que tengo.
---Insôlito y paradôgico!!
---Tû crees, Kosmos?
---Creo no, Yelas, estoy seguro.
---Si estâs seguro lo estâs tû, no yo. Ah, sabes con quiên me encontrê no hace mucho?
---Con quiên, Yelas?
---Con el chofer del general.
---Encuentro causal o programado?
---Ninguno de los dos, asî por asî.
---Y quê tal el encuentro?
---No tenîa mucho tiempo, por lo que fue rapidito, y me contô, en lo que bebîamos lo
que cada cual tomô, que habîa visto de nuevo a una mujer que invitôlo a unos traguitos
en el restaurante de las langostas, pero que en esta oportunidad no pudo disfrutar de la
invitaciôn porque el general lo llamô.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!
---A quê dêbese tu expresiôn?
---A que esa mujer es Matilde Ronco Espinoza.
---Y cômo tû sabes que es ella?
---Yelas, porque yo estaba con Dasid en el restaurante ese mismo dîa de la invitaciôn.
---No me digas, verdad? Y quiên es esa mujer?
---La progenitora de Sista, una chica que fue novia mîa.
---Interesante!!
---Por quê interesante?
---Por cosas de este mundo que pasan, suceden, tienen lugar, sitio... puesto.
---Interesante lo que usted acaba de decir.
---Pero la cosa no termina aquî, Kosmos.
---Y quê mâs hay, Yelas?
---Que despuês de verla la invitô a un paseo con el auto del general, y quê tû crees
que pasô en el auto?
---Repâmpanos!! Que hundiose la corneta en la canasta de los dioses!
---Dijo el incesante amante de la metâfora.
---Yelas, erastes sempiterno de ella.
---Pero ademâs, Kosmos, empezaron una relaciôn, aunque segûn me dijo Dasid, na-
da de casamiento.
---Por lo que Matilde Ronco Espinoza no tendrâ la posibilidad de tener la nacionali-
dad irlandesa.
---No sabîa que Dasid es oriundo de allî. Y estarîa Matilde interesada en tenerla?
---Eso no lo sê, mas por ley correspôndele.
---Tienes razôn, no lo pensê, o mejor dicho, no lo tuve en cuenta antes de hacerte la
pregunta. Kosmos, recibî un papel oficial que dice que la excavaciôn comienza den-
tro de tres meses, asî que el ruido que tendrê que soportar va a ser tremendo.
---Yelas, y por la excavaciôn su casa no peligra?
---Hablê con el abogado sobre este tema, y me dijo que en el caso de que fuera asî la
ciudad me devuelve la misma cantidad de dinero que paguê por la vivienda porque
de hecho no es mi culpa, ademâs de no existir hasta el momento ningûn aviso, y por
parte de la ciudad, de que la casa serîa destruida por la misma razôn.
---Parêceme, por parte de la ciudad, algo muy correcto y justo, mas esto es una cosa:
otra, que cumpla con lo justo y correcto.
---Cômo, Kosmos, me quieres poner a pensar, engendrar la duda?
---Ostensible que no, Yelas, sôlo que como conozco esta ciudad, como la palma de mi
mano, no es intempestivo lo que acabo de decir, por no decirle que dîjelo por una sû-
mula de problemas que he escuchado.
---Bueno, Kosmos, si una cosa o la otra hay que esperar.
---Aun desasosegândose, Yelas?
---Y quê otra cosa puedo hacer, Kosmos?
---No tômeselo muy a pecho, Yelas, que en realidad utilicê lo mismo que usted dijo, y
con el propôsito de saber si usted no contradecîase.
---Un buen mêtodo, Kosmos, porque entre tantas palabras uno puede perderse, olvidar
lo dicho.
---Y no solamente eso, Yelas, que puêdole asegurar que entre tantas palabras suceden
no dos, sino mâs cosas, mas para no entrar en complicaciones mejor no las amplifico.
---Estâ bien, no lo hagas. Cratino, disculpa que no te dejamos hablar, pero...
---No tiene que disculparse, Yelas, que hablo conmigo mismo cuando escucho.
---Interesante!! Y quê tienen planificado hacer ahora?
---Visitar a un conocido. Por quê pregunta?
---Porque de no tener nada que ustedes hacer îbales a pedir que me acompañaran a dar
una vuelta por este cementerio, que por recorrerlo tantas veces solo ya me aburre.
---Deplorable que no lo podamos concomitar, Yelas, tal vez otro dîa.
---Entiendo, Kosmos, entiendo. Pues que tengan una visita agradable.
---Muchitantas gracias, Yelas!
Al mirar Cratino su reloj dejâme saber que ya eran las once y media de la maña-
na. Para sacarle provecho a lo anterior, y pensando en mis queridos celtas, dîjele que
como resultado de una sumatoria el punto, como sîmbolo, de ponderamiento que en-
cuêntrase en el centro de la rueda de la medicina celta pasa por mi mente, que asimis-
mo lo completo de la creaciôn.
---Sî, Kosmos, sobre esto he leîdo algo, pero no lo aplico tanto como tû. Si sumamos
1+1+3+0=5, y el cinco significa lo que pasa por tu mente.
---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!!
---En tu novelôn esto descolla varias veces.
---Êsa es la res, êsa!! De mâs estâ decirte el porquê de que descolle.
---De mâs êsta, Kosmos.
---Mas barrûntame, Cratino: por quê me dijiste la hora, acaso tienes algo que hacer y
que no me has dicho?
---Se te olvidô una cosa.
---Amplifica de cuâl trâtase, amplifîcala!!
---De que en tu novelôn, y preciamente a las once y media de la mañana, su majestad
Dido, aunque no siempre, tirâbase en los pulvinares para disfrutar de sus manjares, y
alguna que otra vez de su conditum...quê?
----Paradoxum. Pues sabes quê, Cratino, no es que olvidôseme, sino que cuando me
distraigo, converso, entro en verba...
----Disculpa que te interrumpa, Kosmos, pero ese auto que estâ allî, y en el que al pa-
recer se van a montar dos carrusianas, no es el del general?
----Câspita!! Êsa es la res, Cratino, ese mismo es. Cômo, que el general quiere denu-
dar las frutas de la câscara que cûbrelas?
---Bueno, Kosmos, es general pero tambiên hombre, o sea, que no puede eludir la
funciôn de la testosterona.
---Indubitable, Cratino, es una funciôn con la cual hay que cumplir, mas nunca pen-
sê que el general estuviera embrollado a este tipo de red: la de la prostituciôn.
---Pero, Kosmos, podemos estar seguros de que el general estâ dentro del auto?
---Claro que no, Cratino, porque con esos cristales negros cômo podemos estarlo.
---Entonces estamos infiriendo.
---Mas, Cratino, no debemos acercarnos al auto, que a la postre y al cabo si no estâ
adentro el general sî que Dasid, porque ese vehîculo no lo maneja otro chofer, y al
vernos êste quedarîamos como testigos.
---Y quê si somos testigos, que tanto el general como Dasid nos conocen, y como
tal no somos unos desconocidos para que ellos tomen ciertas y determinadas precau-
ciones, o la medida correspondiente para que no suceda un escândalo?
---Tienes razôn, Cratino, mas aun asî crêeme que es mejor que no lo seamos, porque
ninguno de los dos sabemos quê puede pasar mañana.
---Que lo ûnico que perdura es el cambio.
---Exactamente por eso, Cratino.
---Kosmos, y tû crees que esto tenga algo que ver con la suspensiôn de la fiesta del
general, algo que sucediô asî de repente, de sûbito?
----No sê quê tiene que ver una cosa con la otra, porque la fiesta de facto no era hoy.
----Sabes, para mî estâ un poco lagunoso, ininteligible....nublado.
----Son resonantes adjetivizaciones, Cratino.
----Quê tû quieres decir con eso, Kosmos, que son adjetivizaciones que estân en mî
y porque resuenan son las que mâs râpido encuentro...?
----Cratino, no te compliques demasiado, que tû mismo serîas el causante de tu pro-
pio fastidio de testa.
----Mira quiên habla de complicaciones.
----Cratino, no serîa mejor seguir nuestro camino hasta llegar a casa de Aristofôn?
----Sîgâmoslo, Kosmos, sigâmoslo!! Pero sabes quê? Que aunque lo sigamos no sê
por quê me parece una cosa: que nunca vamos a llegar.
----Interesante!! Mas aun asî quedarse uno estâtico no serîa el adecuado solvento y
contra lo que parece, una cosa aparecida, el culmen de una gestaciôn sin esperma.
----El culmen de una gestaciôn sin esperma? En fin, que solamente sabes tû lo que
dices metaforizado.
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