(cinco horas despuês)
Despuês de contarle a Aspasia lo de la visita a Aristofôn, lo de la calabaza y lo de
una parte que fue el motivo de que êl hiciera creer que sucumbiô por causa del ataque
de un jabalî salvaje, llegan a mi apartamento Aristarco y Sista, y trayendo êsta una pa-
netela de calabaza hecha por ella misma y cubierta con un papel de aluminio, pero co-
mo a Aspasia encântale la calabaza empezô a brincar de alegrîa. Sista entonces le pre-
gunta si querîa la receta, agregando que es una panetela muy fâcil de hacer amên que
râpido, siendo la respuesta que sî, mas que apuntârale en un papel cômo hacîase, por-
que en realidad jamâs atreviôse a hacer una. A continuaciôn las dos se van a la cocina
para introducir en la panetela el cuchillo que picarîala justamente en cinco pedazos, y
nosotros salimos al balcôn con el têlos de entrar en verba, ya que hacîa tiempo que no
conversâbamos con Aristarco, el atrapado por el basilo de Koch.
Un pneuma con destacado vigor llegaba al balcôn, razôn por la cual la flama de la
fosforera apagôse mâs de una vez, mas como yo insisto en lo que quiero lograr pude y
prender el cigarro. Al canto con soltura empieza a hablar Aristarco, siendo lo primero
que cuenta que su padrastro Teôfilo, el de la razôn ganada, enterôse de la relaciôn co-
menzada entre Matilde Ronco Espinoza y Dasid, el chofer del general, la que al pare-
cer causôle una desilusiôn tremenda, porque nunca hubiese esperado de Matilde, a pe-
sar de haberla conocido muy poco, que dejârase acariciar y tocar por las manos de un
conductor que agarran el timôn del auto de un general; mas lo segundo la negaciôn de
Sista en participar en la posible boda de su madre con un hombre que no caîale ni en
un veinte porciento bien, ademâs de parecerle ridîculo y exagerado por traer cada no-
che un regalo para las dos, que bueno es lo bueno pero no [...].
---O sea, Aristarco, que tanto tu padrastro como Sista dejan calaña de no aceptaciôn.
---Asî es, Kosmos.
---Aristarco, y cômo supo tu padrastro lo de la relaciôn?
---Eso no lo sê, Cratino.
---Y tû crees que Sista le haya cogido cariño a tu padrastro por haber sido novio de su
madre?
---De eso nunca hemos hablado, jamâs hemos tenido una conversaciôn sobre eso.
---Aristarco, yo que conozco coralinamente a Sista, te pudiera decir que no es una chi-
ca de mucho contar, de verba revelativa, de sacar a puesto, a colocaciôn cosas familia-
res que puedan interpretarse de alguna u otra manera.
---Tienes razôn, Kosmos, ya me he dado cuenta de eso. En general, y para que hable,
necesita algunas veces un impulso, un aliciente para que mueva su lengua.
---Êsa es la res!
---Lo contrario de Arder Porseñas.
---Asî, entonces, Cratino, su fueran amigas tendrîan una amistad bastantemente com-
pensada, no?
---Eso creo, Aristarco, pero bastantemente compensada en lo referente a que si una ne-
cesita un impulso para que mueva su lengua a la otra hay de pararle la velocidad para
que deje de mover su lengua.
---Te entendî, Cratino, te entendi
---A mi no pareciôme eso, porque hoy en la mañana cuando hablê con Arder de veloci-
dad ninguna, mâs bien su lengua moviô normal.
---Kosmos, porque Arder te vio por primera vez. Ya tû verâs en el futuro cuando te vea
la segunda, notarâs la diferencia.
---Esto es una novedad, no?
---Pues sî, Aristarco, y una que jamâs esperê.
---Cratino, y cômo es que Kosmos hablô con ella?
---Que te responda Kosmos.
---Aristarco, porque me encontrê con ella en la puerta del edificio, ya que al ser decora-
dora de interiores visitarîa a Metôn para sugerirle ideas sobre como ornamentar su nue-
vo apartamento encima del mîo, mas como Cratino durmiô aquî, en el sofâ, yo dîjeselo
a ella por si querîa hablar con êl.
---Entiendo. Y Cratino, te deberîa hacer la segunda pregunta?
---Aristarco, quedamos como amigos, nada mâs. Por quê me miras asî, no me crees?
---Y cômo es esa mirada de no creencia, porque no tengo un espejo?
---Tû sabes, Aristarco, tû sabes.
---Si lo supiera no te lo preguntara.
---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!!
---Sî, Kosmos, cômo no saber el motivo de los aplausos.
---Y lo que sâbese no pregûntase.
---Giramos en el mismo cîrculo, o en funciôn el vicio de la misma vuelta.
---En funciôn el vicio de la misma vuelta. Te quedô regio, Cratino.
---Lo dirâs, Kosmos, por el ritmo, no?
---Tû sabes que para mî tanto el ritmo como la melodîa...
---Deja, Kosmos, deja la repeticiôn.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!
---El epîmone celebêrrimo, el de mayor resonancia.
---Y olvidêmoslo, que llega la panetela de calabaza picadita en cinco partes.
---Kosmos, para que tû digas eso tienes que estar famêlico.
---Câspita!! Quiên mejor que tû para decir lo que has dicho, para no fallar con tu
verba amplificada.
Al estar ingiriendo los cinco el pedazo de panetela correspondiente, y debido a
la pregunta que hîzome Sista de que si yo podîa hablar un poco de la calabaza, em-
pecê diciendo que cultîvase desde hace mâs de siete mil años, y que tanto para la ci-
vilizaciôn azteca como para la maya, verbi gratia, era una dieta relevante; si en algu-
nos paîses de Asia utilîzase como decoraciôn en el año nuevo lunar, ya que se cree
que aporta tanto buena salud como prosperidad, en algunos paîses ârabes descolla
con el nombre de un dulce de ella: halawet el Jibn. En lo atinente a tipos, la calaba-
za espagueti puêdese cocinar y seguido separar sus hebras como si fuesen espague-
tis, y la calabaza butternut es ideal para sopas y purês. En otras variedades aprovê-
chase la câscara para elaborar recipientes, instrumentos musicales e incluso mâsca-
ras, Y para terminar, que si no la extensiôn de la amplificaciôn serîa de una sûmula
de horas, los extractos de este fruto [versâtil y nutritivo] ûsanse en productos de cui-
dado de la piel debido a propiedades hidratantes y rejuvenecedoras.
--Gracias, Kosmos, por tus palabras.
--De nada, Sista, que en dos años me conociste lo basto como para saber que mi re-
laciôn con la palabra es cuasi orgâsmica.
--Sin lugar a dudas, Kosmos, no se me ha olvidado.
--Kosmos, de no ser mi amigo me pondrîa celoso.
--Aristarco, la celosîa hace periclitar la salud del mor; es un tôsigo que mata piano
piano.
--Alguien con experiencia de una materia inveterada.
--Êsa es la res, Cratino.
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