La sensibilidad de los miembros raudo compruêbase con un rozamiento, lo que yo
onomo sôlo de una manera: cultura universal, y la que a su vez participa en el jolgorio
del mundo de lo cupidoso exenta en la intimidad de la acritud de una lengua padecien-
te de mordacidad, o de la ridiculez de una verba apellidada deleznable. Pasa que la par-
ticipaciôn en una fiesta de este jaez nada tiene que ver ni con la crîtica austera ni con la
labia que dirîmese fâcilmente, que de facto lo que en un estado natural estâ lo que indu-
dablemente menestera es otra cosa, otra dadorîa con mâs relevancia, aunque asimismo
un efecto: el de la risa que con vigor cautiva, pero como todo efecto tiene su causa sin
dilaciôn la revelo.
La misma mîmesis, la de siempre que Aspasia eyecta al penetrar en la cocina, y de-
bido a su natural caluroso estado; como si êste, como hontanar del que salen las ideas
mâs atrapantes y fecundativas, imperara sin corona o guirnalda. Pudiera dejar yo calaña
de desdên al observar el susodicho estado? Tendrîa el valor (el coraje o la valentîa) de y
olvidarme de la anunciada sensibilidad de los correspondientes miembros que compruê-
base (sobre el pucho) con la fricciôn? Ni serîa una ilusiôn, lo que traduce que nada ten-
drîa que pagar por ella, por lo que huelga decir que no pagarîa el doble por tener que
olvidarla. Es claro y sencillamente un gusto, que si no un producto producido por la ve-
hemencia, por un componente humano, demasiado humano (verba de Nietzsche) que y
por ser indefectible desenrrolla sus serpentines, o fundamêntase con uno de mis epîmo-
nes favoritos: Precisiones indispensables y apreciaciones imprescindibles desentrañan-
do la madeja por la punta mâs resonante: nada que parêzcasele que tûmbesele por no
ser de materia confiable. La madeja de Aspasia espera por mis manos tesoreras, las de
ningûn interês para Sigfrido por no ser de nibelungos.
Cuarenta y cinco minutos despuês llega Cratino. Al preguntarle yo el porquê de la
palidez de su semblante---que me haya recordado la pêrdida del color la vez en la que
Sista desplomôse ante mis brazos por un bajôn de presiôn mâs dêbese a una cuestiôn
muy personal que a otra cosa--, êl entregôme un sobre y dîjome que lo abriera. Al can-
to cumplî con lo que dîjome, y sacando de êste la mitad de una hoja leî lo que en êsta
estaba escrito:
Nunca supe que mi amigo Teôfilo, el de la razôn perdida, tenîa un hijo, pero como ya
no puedo preguntarle por quê me lo oculto te lo pregunto a ti, Cratino. Mi direcciôn
estâ escrita en la parte de atrâs de la hoja. Un saludo, y mi nombre es Aristofôn.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, Cratino!! Si tû supieras...
---Si yo supiera quê, Kosmos?
---Que con este personaje, y con tres de sus amigos, encontrême anoche.
---Kosmos, tû me estâs fastidiando, no? Cômo te vas a encontrar con un muerto?
---Pues no, Cratino, no estâ muerto sino vivo y hasta juega al dominô. Mas sabes quê?
Que contradîcese Aristofôn. Por quê? Porque êl mismo dîjome que ni a ti dijêrate que
vivîa.
---Tû me vas a tener que dar una dilucidaciôn al respecto.
---Impepinablemente que sî, amigo mîo. Êsa es la res!! Lo que sî no sê cômo êl supo tu
direcciôn, porque yo no se la di.
---Quê tal, Cratino, cômo estâs?
---Recuperândome de un mal presentimiento, Aspasia.
---Cômo, y por quê uno asî?
---Por esto escrito por Aristofôn,
---Ah. Pero a mî tambiên me resultô increîble al decirme Kosmos de que vivîa. Ya co-
miste?
---Sî sî!! Juliette me dejô comida preparada.
---Y no te dijo Juliette que anoche estuvo en el bar nocturno con Esmeralda?
---Supe, Aspasia , que iba con ella a ese bar. Por quê preguntaste?
---Porque ella vio a Aristôfôn, y a los amigos que lo acompañaban.
---Eso dîjeselo yo, Cratino.
---Asî es, Cratino, Kosmos me lo acaba cuasi de decir.
---Cratino, en realidad Juliette lo vio, mas no supo quiên es êl, de quiên trâtase, asî que
lo habrâ tomado como uno mâs que va al bar nocturno que nada tiene que ver con el fa-
randulerismo.
---Entiendo, Kosmos, entiendo.
---Bueno, me voy a leer un rato, que me falta poco para terminar la cuarta parte.
---Que disfrutes la lectura, Aspasia.
---Gracias, Cratino!
---Cratino, tû y yo a mi estudio, que allende de la dilucidaciôn te hablarê de Caspar, un
nuevo conocido y que estuvo conmigo anoche en el bar.
---De acuerdo, Kosmos, vamos a tu estudio.
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