Freitag, 7. Juni 2024

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      Seguido a la dilucidaciôn exacta, en el momento preciso y con la persona adecuada,

o sea, Cratino, Aspasia penetra en mi estudio con el propôsito de que yo aclarârale sûbi-

tamente dos cosas: la primera, la frase amplificada por mi tîo en la pâgina 919 de mi no-

velôn; la segunda, quê querîa decir la palabra Iatrikôn y tâ metâ tâ physikâ. Empecê di-

ciêndole que Iatrikôn en lengua aquea significa mêdico (igual que la palabra arquîatra),

y que tâ metâ tâ physikâ es metafîsica. En lo atinente a la frase (sin el impulso atrabilia-

rio de un padeciente de iracundia, o dominado por lo compulsivo, que engendra espeluz-

namiento exento de control) dîjele que volviera a leer la pâgina con parsimonia, que no 

somera o raudamente porque perderîa de vista los cosiatos y relevantes detalles que son

la basa de su composiciôn, empero que de leerla de esta manera y quedarse o en al aire

o en las nubes ostensiblemente que darîale yo el claramiento por ella pedido. Entonces,

y  sin proyectar algûn  mohîn en su semblante y sin decirme cualesquiera de esas cosas

que  dîceme cuando valora una situaciôn desde su punto de vista, saliô del estudio y re-

greso a sentarse en su mueble favorito: el sofâ.

---Contra, Kosmos, no serîa mâs fâcil que le explicaras que hacerla volver a leer la pâ-

gina?

---Cratino, es que gustarîame que aprendiera a entender por ella misma, que no por lo

yo explîcole, que de acostumbrarse va a padecer de un vicio; pero, que lo acabas de es-

cuchar con tus propios oîdos, de no entender explicarîale.

---Aludes a que la costumbre es la madre de cuasi todos los vicios?

---Êsa es la res, Cratino, êsa!!

---Sabes quê encaja tambiên?

---Amplifîcalo, Cratino.

---Que sôlo lo difîcil es...

---Eso, porque es cierto porque es imposible.

---La repeticiôn, Kosmos, de tus epîmones.

---Cratino, me acabas de dar cuerda por haber sido tû el primero en mencionar uno de 

êstos mîo, no?

---Es cierto no porque sea imposible, sino por que lo acabo de hacer.

---Aplausos por el jueguito, a-plau-sos!!

---Suena como cañonazo esa frase de tu tîo.

---Tu consideraciôn (o valoraciôn) metaforizada es la adecuada: suena fuerte, aunque

de irme por la canal poiêsica dirîa lo siguiente: suena tenora.

---Regresando al tema que nos ocupa, te dijo algo Aristofôn sobre su cabaña en el bos-

que de los liberales?

---Cratino, que yo sê que la cabaña allî estâ.

---Puesa sabes quê? Que me contagiê de la repeticiôn.

---Encântame lo que has dicho! Un contagio de ella te convierte en parcionero de una y

de mis ideas lûdicas. Sobre la cabaña no hablê con êl mucho; aunque eso sî, que de facto 

la jeta no miente, al mencionârsela una proyecciôn de taciturnidad saliô a relucir en el es-

pejo del alma.

---Elegante eso de que una proyecciôn de taciturnidad saliô a relucir....

---Cômo asombrarme por tu sensibilidad que es digna del erastes de los libros, de un y

buen lector como tû?

---Pero, Kosmos, lo bueno es lo mejor?

---Una pregunta interesante; dirîa que de contertulios; como que tiene un componente

superlativo para pasar a perîstasis.

----De acuerdo, pero te revelo que no se me ocurriô, sino que la leî en alguno de mis li-

bros, y no me preguntes cuâl porque...

---Cratino, que conozco esa forma de olvido cuando la cantidad de libros que tiênese es

mayûscula.

----Ah, entonces tû tambiên olvidas, no?

---Con la diferencia que no tanto como tû, mas sî que olvido.

---Kosmos, y sobre la visita a Aristofôn, de verdad que vas a ir a su casa?

---Sî Cratino, mas no sê cuândo. Por quê preguntas?

---Porque me gustarîa ir contigo.

---Estâs interesado en saber algo de la alcheringa, del pasado de tu progenitor Teôfilo,

el de la razôn perdida?

---De êl y de Dinora, la amante de la aurora.

---Cômo que de Dinora, la querida de tu padre? A no ser que por comparaciôn con tu

madre quieras saber algo especîfico o determinado.

---No sê, Kosmos, no sê, pero hay algo que quiero saber sin saber quê.

---Cômo que quieres saber sin saber quê? No me acabas de responder que del pasado

de ambos saber quieres algo? 

---Ya sê que suena disparatoso o contradictorio, y no me vengas con socratidades, que

puedo imaginarme, porque te conozco, lo que pudieras decirme.

---Yo sôlo sê que no sê nada!!

---Y me lo dices?

---Puêdome reîr, Cratino, me das el beneplâcito para entrar en risa?

      Pero como Cratino sabe que esta pregunta estâ de mâs la ignorô totalmente, allen-

de de saber que forma parte de un lûdico que aun sin novelôn es posible, que no falta-

rîa mâs por una cuestiôn ôntica que por atraer la atenciôn de un interlocutor, que cono-

ciêndome  como conôceme muy que bien que estâ consciente que yo nadita tengo que

ver con el egocentrismo como tampoco con el [onomado por la psicologîa] trastorno e

histriônico de la personalidad. Una cuestiôn ôntica mîa; pertenêceme y nadie arrebâta-

mela; nunca cesa su funciôn, mas aun asî reconozco que no todo el mundo la tolera, la

soporta o aguanta. Hasta cierto punto esta cuestiôn puede analogarse con un estado ca-

racterizado por (la) intensa y mantenida luminarias, y que como tal pudiêrasele consi-

derar como un estado-estrella, o mejor dicho, pudiêralo considerar asî, porque genera-

lizar muy poquitîsimas veces ha dejado de traer como consecuencia una contingencia,

la que precisamente el que piensa (o un Penseur) tratarîa de eludir: no es mejor el be-

neficioso  asombro que el no  tenerlo  por impedirlo un riesgo? Ademâs: no son estos

dos incompatibles? 

---Quê, Kosmos, te dio la risa algo que pensar?

---Câspita Cratino!!, que padezco de un asombro por tu pregunta.

---Ah sî? Bueno, y segûn tû, el asombro mantiene abierta la puerta del saber. Escucha.

Kosmos, escucha, que Aspasia ronca.

        Si de repeticiôn trâtase la cosa, es la res que Aspasia quedôse coralinamente dor-

mida con las piernas abiertas, por lo que dîjele a Cratino que no mirârala con destaca-

da fijeza no fuera a ser que una mîmesis tan seductiva fuese la causante de que insom-

nio padeciera, revelândome êl que si por eso la carencia de sueño serîa posible jamâs

hubiese  dormido desde que estâ con Juliette. Por quê? Porque êsta se queda dormida

de la misma manera.  

---Vaya privilegio el que nos ha tocado. Me ayudas a cargarla para llevarla al cuarto?

---Por cual parte la agarro, Kosmos, por las piernas o por los brazos?

---Decide tû que estarîa de acuerdo yo.

---Kosmos, de cuâl decisiôn se trata?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! 

---A quê se debe tu epîmone?

---A que estabas roncando, Aspasia.

---Estaba, Kosmos, lo acabas de decir. Quê estaban ustedes mirando, se puede saber?

---Aspasia, sôlo te îbamos a cargar para llevarte al cuarto.

---Verdad que sôlo eso, Kosmos? Quisiera creerte. En fin, que me voy a la cama.

---Age, Aspasia, age!!

           Al cerrar la puerta del cuarto Aspasia, que como ya dije una vez jamâs sin lla-

ve, pedîle a Cratino que concomitârame al balcôn. Estando en êste lo primero que ha-

go es prender uno de los dos cigarros que quedaban en la cajetilla que en el restauran-

te comprê. Aunque Cratino no fuma no resûltale pejigueroso oliscar el humillo del ci-

garro, el que a su vez mira desaparecer en el espacio como si tratârase de un acto mâ-

gico sin que intervenga un taumaturgo. De algo llamarle la atenciôn no fue otra cosa

que  la abertura del paraguas en la nocturna, y la que precisamente impedîa que llega-

se  al balcôn la luz de la Luna, el ampo de su proyecciôn estimulante. Al respecto hâ-

ceme  una  pregunta que respondîle de forma corta, respuesta con la que no quedô sa-

tisfecho, segûn dejôme saber, empero como al observar la luna y agregarle a esta pa-

labra  una ere al final, allende de  mencionar la palabra lunar mâs de una vez, no pre-

guntôme  mâs nada sobre la abertura susodicha. Sigue la res con su claramiento de y

el  porquê de este agregamiento: por el lunar que tiene Juliette en la parte derecha de

del  semblante, el que de facto encântale y por lo mismo bêsalo y tôcalo como si fue-

se  una obra de la naturaleza de gran valor minûscula. Mas si no tanto por esta razôn

que sî por lo creativo que logrê al escribir mi novelôn, cômo no acordarme de Ateria-

na, y  especîficamente por tener ella asimismo un lunar, empero en su caso en la par-

te izquierda de su jeta. Tal vez inconscientemente, a la zaga del telôn estaba en plena

actividad una enseñanza celta, y la que deîcticamente apunta hacia una significaciôn,

amên que una con tremendîsima vigencia: la inestabilidad? Con esta (digamos) reso-

nancia acopas, pudiera dejar para mâs tarde el convertir en pavesa el ûltimo cigarillo

que quedaba en la cajetilla?

---Kosmos, que a esta hora no podrâs comprar otra cajetilla de cigarros.

---Cratino, que esperar para el que tiene paciencia nada perjudica; y êsta, que espero

no lo hayas olvidado, es una de las mâs relevantes y conspicuas virtudes de las doce 

onomadas por el estagirita.

---Cômo olvidar al înclito del Liceo?

---Êsa es la res, Cratino, êsa!

---Kosmos, me das el beneplâcito para quedarme a dormir?

---Câspita!! Vaya pregunta que me haces. El sofâ es todito tuyo.
















     













 











 



  







































        



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