A las (justamente) siete de la mañana despiêrtame la melodîa de una cajita de mû-
sica a la que Aspasia diole cuerda por la razôn de no poder dormir mâs. Seguido a pre-
guntarle de dônde la habîa sacado, ella respôndeme que dadivôsela Juliette, añadiendo
que la melodîa pertenecîa a una parte de la apabullante composiciôn wagneriana El ani-
llo de los nibelungos. Al terminarse la cuerda revêlame el porquê de este regalo: porque
Juliette no quiso seguir teniendo el recuerdo del primer novio que tuvo cada vez que mi-
raba la cajita. Analizando la cuestiôn a mi manera, examinândola rapiditamente, tengo
en cuenta dos posibilidades: o por ser el primero fue el causante de la perdida de su vir-
ginidad, o no lo fue y como tal la desilusionô, mas cualquiera de estas dos son suficien-
te motivo como para no continuar teniendo el recuerdo de êl?
---Kosmos, quê estâs pensando?
---Nada relevante como para que acarree resonancia.
---No sê por quê me mientes, pero como estoy cuasi acabada de levantar un bledo tu y
mentira me importa.
---Câspita!! Te importa un Amaranthus retroflexus!! Y dime, Aspasia: por quê no me di-
jiste anoche lo del regalo?
---Porque se me olvidô. Y eso que Cratino duerme en el sofâ?
---Y cômo tû lo sabes?
---Porque cuando busquê mi mochila en la sala, donde estaba la cajita, lo vi. Y menos
mal que estâ tapado con una colcha.
---Entiendo, Aspasia, te captê sûbito. Allende del calor de la colcha el tuyo, asî que duer-
me Cratino con dos calores.
---Como que entonces duerme bien, no?
---Êsa es la res, êsa!!
---Me voy al baño.
---A acicalarte el calor de los calores?
---Te encanta buscarme la lengua.
---Vaya parte que nunca se me pierde!
---Escucha, deja de intentar excitarme y ve a la cocina a prepararme el desayuno.
---Faltan los huevos, los que te gustan.
---Pues ve a comprarlos para que no me falten.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que yo mismo me embarquê.
Al avîo, Kosmos, al avîo!!
Antes de abrir la puerta de mi edificio veo que una chica pimpantemente arro-
pada buscaba un ônoma en la lista que deja saber sobre los habitantes de êste. Le pre-
gunto al salir si podîa ayudarla en algo, respondiêndome que buscaba a una persona
llamada Metôn, mas como la lista estaba un poco borrosa leerla costâbale trabajo. Le
informo sobre el pucho que la criatura que busca vive en el cuarto piso y en el aparta-
mento con la numeral doce. A continuaciôn de darme las gracias, y no solamente por
lo acabado de decirle sino asimismo por aguantar la puerta, percâtome de una intere-
sante cosa: del nombre que sobresalîa en la credencial que colgaba de su blusa: Arder
Porseñas. Al darse cuenta de que miraba la credencial con cierta fijeza pregûntame lo
siguiente:
---Pudieras decirme por quê miras mi credencial de la manera que lo haces?
---Porque yo sê que tu fuiste novia de Cratino, mi buen amigo del pre.
---No me digas, verdad? Sî, pero de esa relaciôn hace ya siete años.
---Asimismo lo sê.
---Y cômo estâ êl? Quê es de su vida?
---Êl estâ super bien, y vive de la herencia que dejâronle sus progenitores. Empero lo
que te voy a decir a lo mejor te deja con la boca abierta.
---Antes de decîrmelo, dime tu nombre.
---Mi ônoma es Kosmos.
---Bueno, Kosmos, que me vas a decir?
---Que Cratino estâ durmiendo en mi apartamento.
---Vaya cosas de la vida!!
---Cômo yo no saber de tales cosas? Y puêdese saber, Arder, el porquê de que busques
a Metôn?
---Porque trabajo como decorado de interiores, y êl me contacto por mi pâgina de inter-
net.
---Sî, ya sê que mudôse al apartameto que estâ encima del mîo.
---Como que pudiera entender que son buenos vecinos, no?
---Êsa es la res, Arder, êsa!! Y dime: te gustarîa ver a Cratino?
---No estoy segura, Kosmos, y como tal tendrîa que pensarlo.
---Hâgamos una cosa.
---Cuâl?
---Cuânto tiempo necesitas para hacer tu trabajo como decoradora?
---No creo que mâs de una hora, ya que solamente sugiero ideas de acuerdo a la carac-
terîstica de la vivienda. Por quê preguntas?
---Escucha. Yo voy a comprar huevos para mi novia, lo que no llêvame mucho tiempo,
con lo que quiero decirte que estarê en mi apartamento para abrirte la puerta, en el caso
de que despuês de pensarlo quieras ver a Cratino; en el caso de que no, lo que quedarîa
claro de tû no tocar el timbre, solamente dirîale que encontrême contigo y el porquê de
tu presencia en este edificio.
---Lo pensarê, Kosmos, lo pensarê.
---Mirîfico!! Espero entonces, Arder Porseñas.
De regreso con los huevos los saquê del cartôn y pûselos en un plato hondo. As-
pasia no podîa entender el porquê de que yo los mîrara sin pestañear (o con los parpa-
dos inmôviles), razôn por la cual amplifique lo siguiente:
En mi novelôn aparece mâs de una vez el huevo, uno de los sîmbolos mâs relevantes.
De acuerdo con la Bahvricha Upanishad, la temible/solitaria/vitalizadora deidad Dur-
gâ puso el huevo del mundo, Otra, con apariencia de paloma, puso un huevo de plata.
Los druidas tenîan un huevo rojo al que onomaban glain y del que decîan que fue por
la magna diosa madre puesto. Los gemelos côsmicos, sîmbolo de toda la humanidad,
son representados con la numeral 69, cifra que dibuja el contorno de sus cuerpos aco-
modados dentro del cascarôn armônico, que es la entrada a la vida material. En la ver-
siôn Huen-tien (cielo) del gran registro cosmogônico chino [titulado Libro de los mon-
tes y de los mares (Chan-hai-king)], afîrmase que la totalidad del universo es un colo-
sal huevo (lo que despuês demostrô Einstein). Respecto a los arquetipos, el del huevo
es de capital relevancia en todo el mundo y estâ profundamente implantado en la at-
môsfera que constituye el inconsciente colectivo, por lo cual soñar con huevos tiene
implicaciones relacionadas con el futuro a medio y largo plazo, mas que estâ ya ges-
tândose.
---Kosmos, me has dejado con la boca abierta, y a su vez sin ganas de comerme uno.
A continuaciôn Cratino despiêrtase y lo primero que nos dice es que soñô con un
huevo.
---Y de cuâl color el huevo, blanco, rojo o negro?
---Blanco. Por quê la pregunta, Kosmos?
---Te explico despuês, mâs tarde, que la respuesta serîa larga y onerosa.
---Cratino, si supieras de lo que hablaba Kosmos.
---De quê, Aspasia?
---De huevos, y por la explicaciôn que me dio se me quitaron las ganas de ingerirlos.
---Y debido a quê la explicaciôn?
---A estos huevos que me comprô, y cûbrete, que con los seis que hay en el plato la
sumatoria es suficiente.
---Oh, disculpa, que no me di cuenta de la exhibiciôn.
---Insensata colcha!
---Pudiera decirse, Kosmos.
---Alcahueta!!
---Cômo que alcahueta, Aspasia, por quê?
---Porque apoyaste la frase indebida de Kosmos.
---Kosmos, quê dices?
---Que ni tan siquiera es una frase, y si indebida o no es una consideraciôn.
---Pero, Kosmos, la consideraciôn es mîa, no?
---Aspasia, lo que sâbese pregûntase?
---Sî sî, ya sê, la repeticiôn de la misma pregunta.
---Es menester la pregunta que repîtese.
---Menester es êsta solamente para ti.
---Tengo ganas de una tortilla.
---Verdad que la tienes, Cratino?
---Sî que la tengo, Aspasia.
---Kosmos, y de quê/por quê te rîes?
---Nada de importancia como para que engendre resonancia.
Y hablando de resonacia suena el timbre de la puerta.
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