(dos dîas despuês)
La revelaciôn de Cratino, de que por motivo de ya haberse acostumbrado al cuer-
po juvenil de Juliette no quiso nuevamente, o mejor dicho, no quiso por segunda vez te-
ner relaciôn con Arder Porseñas, su primerîsimo amor, encontrêla un poco insôlita, por-
que si de juventud trâtase êsta es solamente dos años mayor que aquêlla. Yo mejor pen-
sarîa en otra cosa: que mâs bien tiene que ver con la diferencia del carâcter, amên que
bastante grande, empero aun asî para un buen domador ningûn carâcter resultarîale in-
dômito, queriendo decir con un buen domador uno con experiencia, paciencia y pericia
con el manejo del lâtigo. [Cômo no acordarme de una verba nietzscheana referida con-
cretamente a la fusta?-- allende que tremendamente fragorosa]. Quedarîa por hacerme
una simple y lôgica pregunta: Por quê sin pregunta ninguna esta revelaciôn? La pudie-
ra responder cortamente: Por la amistad, pero Cratino no tuvo en cuenta, algo que no
es imposible [porque lo ûnico que perdura es el cambio], aunque no tengamos acceso
a lo que estâ escrito como anankê que tôcanos, que si yo convirtiêrame en su enemi-
go el gallo que cantarîa serîa otro exento tanto de las plumas primarias (las de las alas
y las de la cola para el vuelo y el ponderamiento) como de las del cortorno ( las que y
proporcionan protecciôn contra los alimentos que asimismo aislamiento). A continua-
ciôn de su revelaciôn dêjame saber que no quiere decir que por no querer volver con
ella la amistad cercana dejara de existir, y que por lo mismo diêronse los dos el nûme-
ro de telêfono, pero que con un beso no la despidiô porque bien sabîa yo de una inve-
terada cosa: que êl sôlo besa a una fêmina cuando tiene intimidad.
---Denudar la fruta de la câscara que la cubre.
---Eso mismo, Kosmos, que, verbi gratia, cuântas frutas en tu novelôn quedaron sin
câscara?
---Una res con la otra: de haber en mi novelôn mâs de un tragaldabas...
---Deja, que ya sê lo que sigue relleno de glotologîa.
---Suntuosa ciencia, Cratino.
---Totalmente de acuerdo.
---Nitimur in retitum!!
---A la fruta, Kosmos?
---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!! Êsa es la res!!
---Ambos soldados somos del ejêrcito de la verba.
---Y punto a la raya y que continûe la letra: la de estos soldados.
Mas al acordarse Cratino de que yo habîale dicho que visitarîa a Aristofôn sin
precisar el cuândo, lo que traduce que pudiera ser en cualquier momento, ocûrresele
la idea de pasar por su casa, la que a mî no pareciôme mala porque asî cumplirîa con
mi palabra, pero para estar seguro de que llegarîamos sin perdernos a su vivienda me
pregunta si habîame aprendido de memoria su direcciôn, pregunta que diome pâbulo
de risa, porque cômo pudo hacêrmela (precisamente) êl [conociêndome como me co-
nose ] sabiendo que aprenderme las cosas de memoria es algo ( infalible desde hace
ya una sûmula de años) que mantiene en un estado de ôrdago mi nemôsine, y como
tal funciona maravillosamente.
---Kosmos, ya sê que tu risa es debido a la pregunta que te hice, pero sabes quê?
---Amplifîcalo, Cratino, am-pli-fî-ca-lo.
---Que ya estâ hecha, y como tal es indeleble.
---Cratino, algunas veces me desilusionas con tu verba.
---Verdad? Eso nunca me lo dijiste.
---Estâ dicho ya.
---O sea, que es lo que quieres que te diga, no se puede borrar.
---Ya no lo quiero.
---Por quê?
---Porque lo que dîcese ya no se quiere porque dîjose.
---Contra, Kosmos, contra. Entonces no digo mâs nada para seguirlo queriendo.
---Fino desplazamiento de la verborrea circunspecta!
---Sin ataraxia que la engendre?
---Reconôzcome a mî mismo en tu claro, inteligible decir.
---No, no puede ser.
---Cômo que no puede ser?
---No me refiero a tu decir, sino a dos criaturas de las que ya no podemos escapar.
---Y cuâles son?
---Mira hacia allâ, hacia la izquierda.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Las vendedoras inseparables!
Helade traîa puesto un vestido anaranjado que descollaba como luz de semâforo;
Efîaltes uno azul con una cinta amarilla en la parte inferior de mediano grosor. Al diri-
girse las dos hacia nosotros, lo que pareciôme una payasada tremenda, êsta saltaba co-
mo cualesquier animales quemados por el rabo; aquêlla, y como si conociêranos sufi-
cientemente como para hacerse la confianzuda con soltura, abrîa los brazos y repetîa
nuestros ônomas en voz alta, razôn por la cual Cratino mîrame y pregûntame:
--Quê tû crees, Kosmos, se habrân vuelto locas, enloquecieron?
---Creo, Cratino, que lo que pâsales es que quieren llamar la atenciôn a todo trance, o
sobresalir para ser miradas, algo tîpico de la conducta egocentrista, aunque en algunos
casos de megalomanîa: tomar la grandeza como un acto libre de manifestaciôn exagera-
da.
Ya frente a nosotros dîcenos Helade:
---Quê alegrîa verlos de nuevo juntos, lo que es muestra de una amistad indestructible.
---Sus palabras son tan ciertas como el vestido que resalta frente a nuestras retinas.
---Kosmos, cômo no resaltarîa un color como êste?
---Y el mîo no?
---Asimismo, Efîaltes, mas no tanto como el de ella.
---Gracias por tu sinceridad, Kosmos.
---Mi sinceridad es una parte de lo que llamo exactivizar.
---Ya sabemos que tu hablar profundiza, Kosmos.
---Câspita!! Quê bien que sêpanlo.
---Y a ti, Cratino, cômo te va con Juliette?
---Y cômo usted lo sabe, Helade?
---Ay!! Si tû supieras lo que nosotros sabemos quedarîas con la boca abierta. Ya te pu-
siste al dîa despuês de siete años sin novia?
---Increîble que usted se acuerde de la cantidad de años. Sî, Helade, ya me puse al dîa.
---Entonces no serîas uno de nuestros mejores compradores de nuestros productos.
---Asî es, Efîaltes, no lo serîa.
---Y en lo atinente a ellos, quê tal la venta?
---Kosmos, cada dîa aparecen mâs hombres con problemas de fecundaciôn, por lo que
reforzarla en para ellos de suma importancia.
---Entiendo, Helade, por su respuesta, que la venta va de maravilla, mirîfica.
---Entiendes muy bien! Bueno, cômo no entender tû asî. Sabes, y saliendo del tema, la-
mentamos mucho el fallecimiento del zapatero Cliôn. Te acuerdas de nuestro encuentro
en su zapaterîa?
---Me acuerdo como si fuera hoy.
---Y cômo estâ Aspasia, que fue como una hija para Cliôn?
---Estâ muy bien, Helade, y continûa tocando el chelo en la plaza de la catedral barroca.
---Sî, ya sê que lo toca ahî, pero como estamos en lugares opuestos nunca la vemos.
---Sabemos, Kosmos, de que Yelas comprô la casa de Cliôn.
---Asî es, Efîaltes, y yo, y con la ayuda de un vecino, pûselo en contacto con un aboga-
do.
---Sî!!, pero esa casa estâ en el terreno de posible excavaciôn.
---Câspita!! Verdad que ustedes saben bastante.
---Kosmos, ya se lo dije a Cratino.
---Dîjoselo, Helade, mas que yo como que repîtolo, que la repeticiôn es para mî impor-
tante.
---Y quê hacen ahora, pasean o van a algûn lugar especîfico?
---Vamos a visitar a un conocido, uno con avanzada edad, y ya estamos atrasados.
---Entiendo, Kosmos. Entonces hasta la prôxima.
---Hasta êsta, Helade.
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