Montag, 17. Juni 2024

75

       (dos dîas despuês)


          La revelaciôn de Cratino, de que por motivo de ya haberse acostumbrado al cuer-

po juvenil de Juliette no quiso nuevamente, o mejor dicho, no quiso por segunda vez te- 

ner relaciôn con Arder Porseñas, su primerîsimo amor, encontrêla un poco insôlita, por-

que si de juventud trâtase êsta es solamente dos años mayor que aquêlla. Yo mejor pen-

sarîa  en otra cosa: que mâs  bien tiene que ver con la diferencia del carâcter, amên que

bastante  grande, empero aun asî para un buen domador ningûn carâcter resultarîale in-

dômito, queriendo decir con un buen domador uno con experiencia, paciencia y pericia

con el manejo del lâtigo. [Cômo no acordarme de una verba nietzscheana referida con-

cretamente  a la fusta?-- allende que tremendamente fragorosa]. Quedarîa por hacerme

una simple y lôgica pregunta: Por quê sin pregunta ninguna esta revelaciôn? La pudie-

ra  responder  cortamente: Por la amistad, pero Cratino no tuvo en cuenta, algo que no 

es  imposible [porque lo ûnico que perdura es el cambio], aunque no tengamos acceso

a  lo que estâ  escrito  como anankê que tôcanos, que si yo convirtiêrame en su enemi-

go el gallo que cantarîa serîa otro exento tanto de las plumas primarias (las de las alas

y las de la cola para el vuelo y el ponderamiento) como de las del cortorno ( las que y 

proporcionan  protecciôn contra los alimentos que asimismo aislamiento). A continua-

ciôn  de su revelaciôn dêjame saber que no quiere decir que por no querer volver con 

ella la amistad cercana dejara de existir, y que por lo mismo diêronse los dos el nûme-

ro de telêfono, pero que con un beso no la despidiô porque bien sabîa yo de una inve-

terada cosa: que êl sôlo besa a una fêmina cuando tiene intimidad.

---Denudar la fruta de la câscara que la cubre.

---Eso mismo, Kosmos, que, verbi gratia, cuântas frutas en tu novelôn quedaron sin

câscara?

---Una res con la otra: de haber en mi novelôn mâs de un tragaldabas...

---Deja, que ya sê lo que sigue relleno de glotologîa.

---Suntuosa ciencia, Cratino.

---Totalmente de acuerdo.

---Nitimur in retitum!!

---A la fruta, Kosmos?

---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!! Êsa es la res!!

---Ambos soldados somos del ejêrcito de la verba.

---Y punto a la raya y que continûe la letra: la de estos soldados.

          Mas al acordarse Cratino de que yo habîale dicho que visitarîa a Aristofôn sin

precisar el cuândo, lo que traduce que pudiera ser en cualquier momento, ocûrresele

la idea de pasar por su casa, la que a mî no pareciôme mala porque asî cumplirîa con

mi palabra, pero para estar seguro de que llegarîamos sin perdernos a su vivienda me

pregunta si habîame aprendido de memoria su direcciôn, pregunta que diome pâbulo

de risa, porque cômo pudo hacêrmela (precisamente) êl [conociêndome como me co-

nose ] sabiendo que aprenderme las cosas de memoria es algo ( infalible desde hace 

ya  una sûmula de años) que  mantiene en un estado de ôrdago mi nemôsine, y como

tal funciona maravillosamente.

---Kosmos, ya sê que tu risa es debido a la pregunta que te hice, pero sabes quê?

---Amplifîcalo, Cratino, am-pli-fî-ca-lo.

---Que ya estâ hecha, y como tal es indeleble.

---Cratino, algunas veces me desilusionas con tu verba.

---Verdad? Eso nunca me lo dijiste.

---Estâ dicho ya.

---O sea, que es lo que quieres que te diga, no se puede borrar.

---Ya no lo quiero.

---Por quê?

---Porque lo que dîcese ya no se quiere porque dîjose.

---Contra, Kosmos, contra. Entonces no digo mâs nada para seguirlo queriendo.

---Fino desplazamiento de la verborrea circunspecta!

---Sin ataraxia que la engendre?

---Reconôzcome a mî mismo en tu claro, inteligible decir.

---No, no puede ser.

---Cômo que no puede ser?

---No me refiero a tu decir, sino a dos criaturas de las que ya no podemos escapar.

---Y cuâles son?

---Mira hacia allâ, hacia la izquierda.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Las vendedoras inseparables!

         Helade traîa puesto un vestido anaranjado que descollaba como luz de semâforo;

Efîaltes uno azul con una cinta amarilla en la parte inferior de mediano grosor. Al diri-

girse las dos hacia nosotros, lo que pareciôme una payasada tremenda, êsta saltaba co-

mo cualesquier animales quemados por el rabo; aquêlla, y como si conociêranos sufi-

cientemente  como para hacerse la confianzuda con soltura, abrîa los brazos y repetîa

nuestros  ônomas en voz alta, razôn por la cual Cratino mîrame y pregûntame: 

--Quê tû crees, Kosmos, se habrân vuelto locas, enloquecieron? 

---Creo, Cratino, que lo que pâsales es que quieren llamar la atenciôn a todo trance, o

sobresalir para ser miradas, algo tîpico de la conducta  egocentrista, aunque en algunos 

casos de megalomanîa: tomar la grandeza como un acto libre de manifestaciôn exagera-

da. 

       Ya frente a nosotros dîcenos Helade:

---Quê alegrîa verlos de nuevo juntos, lo que es muestra de una amistad indestructible.

---Sus palabras son tan ciertas como el vestido que resalta frente a nuestras retinas.

---Kosmos, cômo no resaltarîa un color como êste?

---Y el mîo no?

---Asimismo, Efîaltes, mas no tanto como el de ella.

---Gracias por tu sinceridad, Kosmos.

---Mi sinceridad es una parte de lo que llamo exactivizar.

---Ya sabemos que tu hablar profundiza, Kosmos.

---Câspita!! Quê bien que sêpanlo.

---Y a ti, Cratino, cômo te va con Juliette?

---Y cômo usted lo sabe, Helade?

---Ay!! Si tû supieras lo que nosotros sabemos quedarîas con la boca abierta. Ya te pu-

siste al dîa despuês de siete años sin novia?

---Increîble que usted se acuerde de la cantidad de años. Sî, Helade, ya me puse al dîa.

---Entonces no serîas uno de nuestros mejores compradores de nuestros productos.

---Asî es, Efîaltes, no lo serîa.

---Y en lo atinente a ellos, quê tal la venta?

---Kosmos, cada dîa aparecen mâs hombres con problemas de fecundaciôn, por lo que

reforzarla en para ellos de suma importancia.

---Entiendo, Helade, por su respuesta, que la venta va de maravilla, mirîfica.

---Entiendes muy bien! Bueno, cômo no entender tû asî. Sabes, y saliendo del tema, la-

mentamos mucho el fallecimiento del zapatero Cliôn. Te acuerdas de nuestro encuentro

en su zapaterîa?

---Me acuerdo como si fuera hoy.

---Y cômo estâ Aspasia, que fue como una hija para Cliôn?

---Estâ muy bien, Helade, y continûa tocando el chelo en la plaza de la catedral barroca.

---Sî, ya sê que lo toca ahî, pero como estamos en lugares opuestos nunca la vemos.

---Sabemos, Kosmos, de que Yelas comprô la casa de Cliôn.

---Asî es, Efîaltes, y yo, y con la ayuda de un vecino, pûselo en contacto con un aboga-

do.

---Sî!!, pero esa casa estâ en el terreno de posible excavaciôn.

---Câspita!! Verdad que ustedes saben bastante.

---Kosmos, ya se lo dije a Cratino.

---Dîjoselo, Helade, mas que yo como que repîtolo, que la repeticiôn es para mî impor-

tante.

---Y quê hacen ahora, pasean o van a algûn lugar especîfico?

---Vamos a visitar a un conocido, uno con avanzada edad, y ya estamos atrasados.

---Entiendo, Kosmos. Entonces hasta la prôxima.

---Hasta êsta, Helade.






 


















































 

      








     










   




    

   

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...