Dienstag, 26. November 2024

113.

       Y tan pronto como los oîdos de Metôn ya no podîan estar al alcance de una inte-

rrogaciôn, Cratino  pregûntame si no estaba interesado en saber quê fue (realmente)

lo  que preguntô Aristofôn de mî, respondiêndole que dâbame igual por no acarrear

resonancia al tratarse seguro de una pregunta habitual/comûn/tempestiva, como ver-

bi gratia: Estâ bien Kosmos? Cômo le va? Quê hace? A pesar de ser mi buen amigo,

Cratino, y aun siendo un lector de ôrdago, aûn no ha aprendido a sostener con firme-

za  el timôn de su propia barca, o a ser el capîtan de êsta exento de una sensibilidad

encumbrada por los no tan cercanos a un conocimiento de categorîa mayor, de lim-

pieza  total  de lo que sobra, estâ de mâs y rimbomba por un esquema establecido y

apodîctico, y  el que por  lo mismo entra a ludicar un rol peyorativo para el que dis-   

fruta  lo favorable  a partir de su separaciôn del nûcleo costumbrista, que asimismo

sin cambio por beneficiar o a la falacia o a la engañifa.

---Kosmos, me parece que debes leer esta nota de Aspasia, que no desdeñarla.

---Cratino, dice lo siguiente: Kosmos, querido mîo, llego mâs tarde, y debido a que

me encuentro con Esmeralda y Juliette. Besos, tu piel de hoy.

---Besos, tu piel de hoy. Como que Aspasia se convirtiô en poetisa?

---Cratino, de vez en cuando ella tiene sus lumbramientos, erupciôn de su magîn.

---Erupciôn de su magîn. Estrellada de ti cândida pincelada!

---Cratino, abro la puerta y pasa.

             Media hora despuês regresa Caspar con lo que pedîle de favor que fuera a

comprar: la botella de ron, A raîz de dârmela dejôme saber que costô quince pesos,

y como le di veinte, porque como yo solamente tomo vino rojo desconozco el pre-

cio  de esta bebida, entregôme un billete de cinco pesos dobladito a la mitad, cala-

ña  de que no es una  criatura estafadora y algo que valoro muchitanto, y como tal

en  êl puedo  confiar. Empero al ser Cratino quien necesitaba echarle unas goticas

de  ron al tê de tisana sobre el pucho le di la botella, y seguido dîjele que ocupâra-

se êl mismo de preparar la infusiôn. Mientras que cumplîa con lo anterior, Caspar

barrûntame de que Cristina, la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn,

segûn yo, tratôlo  de una manera tan dulce que pudiera compararla con su mismî-

sima progenitora, con la diferencia estêtica de que Cristina se ve un poquitîn mâs

senil por las arrugas que salen a relucir en su semblante. En realidad yo jamâs vi

a Cristina, porque  nunca he  penetrado en su negocio, empero sî varias veces he

observado esa bombilla incandescente lumbrando su ônoma, por lo que a mi ma-

nera  de pensar y ornamentar las  pinceladas dîjele una a Caspar que nadita tiene

que  ver con la susodicha Cristina. Por la razôn de que êl no quiso saber quê qui-

se decir yo con la pincelada dicha no fue menester la pertinente/correspondiente/

adecuada dilucidaciôn, continuando la conversa entre ambos sobre el tema de la

transmisiôn a distancia, y motivo por el cual hîzome esta pregunta:

---Kosmos, y dônde estâ el libro que dijiste me prestabas?

---En mi estudio. Voy a buscarlo.

          Encontrarlo no fue cosa fâcil, porque por la sûmula ingente de libros que

tengo, amên que sin la debida organizaciôn, el hallazgo tôrnase difîcil, lo que e

implica una paciencia tremenda, mas como êsta es una virtud que (digamos) ca-

racterîzame pudiera estar horas con esta actividad de bûsqueda y rescate. Segui-

do  a quitarle el polvo se lo doy, pero quedême maravillado con lo primero que

hizo: ponerlo frente a su nariz y oliscarlo, algo que solamente hacen o los inve-

terados bibliotecarios o los lectores mâs descollantes por su perseverancia en la

lectura  un tiempo determinado cada dîa, aunque pudiera suceder de que olerlo

responda a un impulso inconsciente, mas esto serîa un caso muy especial, y co-

mo  tal analizarlo significarîa sacar a puesto, a colocaciôn una materia que des-

conoce, que no  domina êl, por lo que serîa mejor no entrar en ella porque ni a

trancas y barrancas pudiera comprenderla. En fin, que dejêlo en su fruiciôn de

olerlo, pero en lo que era testigo visual de su goce llega Aspasia y amplifica lo

siguiente:

---Anulado mi encuentro con Esmeralda y Juliette, pero el almuerzo estâ asegu-

rado con estas dos pizzas.

       Al percatarse de la presencia de Cratino y de Caspar tiene en cuenta que el

tamaño de las pizzas no da suficientemente para satisfacer el estado famêlico de

cuatro bocas, mas al yo dejarle saber inteligiblemente de que no son cuatro sino

sôlo tres las bocas a ingerir, porque Cratino por su pejiguera estomacal no come-

rîa nada, ella queda convencida de que dos pizzas sî que pudieran saciar el esta-

do hambriento de tres criaturas; aunque, como una pre-cauciôn--un cautê nunca

estâ de mâs, es necesario y elude un cambio en el programa---, los trozos no de-

berîan ser muy grandes, lo que traduce que la precisiôn en el corte no puede pa-

sar  de una medida concreta/especîfica/justa.

---Kosmos, mejor asî, ya que no tienes que ponerte en funciôn de cocinero.

---Tû sabes, Cratino, que tal funciôn no desagrâdame.

---Pero kosmos, y si deseas cocinar, dejamos las pizzas para mâs tarde.

---Câspita, Aspasia!! No!! Ingerimos las pizzas ora.

---Ah, estâ bien. 

---Y dime: por quê lo de la anulaciôn del encuentro con Esmeralda y Juliette?

---Porque me escribiô Juliette que Esmeralda le mandô un mensaje diciêndole que

que tenîa un poco de fiebre y le dolîa el gaznate debido a un resfriado, 

---Y por quê escribiôle a Juliette y no a ti?

---Kosmos, quê sê yo. Dame acâ el cuchillo. 

---Aquî estâ. Cuidado con la punta.

---Y cômo cogiô el resfriado Esmeralda? La vi por la mañana y estaba saludable.

          Pero ostensible que Caspar no sabe que cuando encontrême con Esmeralda

bien temprano en la mañana ella no tenîa bien cubierto el pecho, y con la frialdad

que  habîa traîa puesta una blusita de tela finita y sus pêtalos exentos de la prenda

de vestir interior que los levanta, lo que pudiera ser el motivo de que refriârase.

---Kosmos, gracias por el libro! Te acabo de mandar la foto que me dijiste le tirara

a la chica.

---Verdad? Y de cuâl chica de trata, Caspar?

---Kosmos, dile tû.

---Aspasia, ya sê que me conoces, mas no es lo que tû piensas. Te quedarâs con

la boca abierta cuando dîgate quiên es.

---Dîmelo!

---La novia de Sista, a la que Matilde robôle el diario e hija de la difunta criada

que tuvo la fenecida madre de Esmeralda, y la que segûn Sista habîa desapareci-

do.

---Sista? Y no estaba detenida junto con su madre?

---Estaba. Me encontrê con ella hoy en la mañana; mejor dicho, ella encontrôse

conmigo cuando salî de comprar las legumbres y hortalizas.

---Y por quê no me lo habîas dicho?

---Aspasia, deja la funciôn histriônica-dramatizada, que tû sabes que cuando regre-

sê de hacer las compras ya te habîas ido, y ora es que te vuelvo a ver.

---Sî es cierto, pero dime: de no haber tenido lugar este diâlogo, que abriôse debi-

do a que dijo Caspar lo de la foto, me lo hubieras dicho?

---Claramente que sî. Y es mâs, dîgote mâs: me tomê un cafê con ella en el restau-

rante de las langostas, y aquî Caspar es testigo de que...

---Vaya testigo que tienes! No quiero saber mâs nada, Kosmos, nada mâs.

---En realidad no hay mâs, porque ella se fue a trabajar. Ya puêdese empezar a co-

mer?

---Sî, Kosmos, ya puêdese.

---Kosmos, y por quê le dijiste a Caspar que le tirara una foto a la chica?

---Cratino, porque quedôseme el môvil aquî en el apartamento.

---No me extraña tu pericia para responder ciertas preguntas.

---Aspasia, pericia ninguna, que de verdad quedôseme aquî.

---Ok, se te quedô, bien. Pero respôndeme: cuâl es tu interês en tener su foto, una

de ella.

---Aspasia, êsa no fue la intenciôn de mi pregunta.

---Cratino, câllate la boca, que no te preguntê a ti.

---Aspasia, sabes quê? Piensa lo que te dê la gana, que a la postre y al cabo es tu

[piel de hoy, como me dijiste, inocente] pensar, que sôlo puedo ser yo dueño de 

mis actos que no de los tuyos, asî que continûo ingiriendo pizza.

---Kosmos, disculpa este mal momento que fue creado por mi culpa.

---No tienes que disculparte, Caspar. Tranquilo, que la calma es fundamental. Y

dime, Cratino: aliviôsete un poco el malestar, la pejiguera estomacal?

---Sî, kosmos, un poco mejor. Gracias!! Y para demostrârtelo, pâsame un pedazo

de pizza, que me queda lejos la caja.

---Sin dilaciôn alguna!! Côgelo, aquî estâ. 

        Lo que sî no esperaba de Cratino era que fuese capaz de armar tremendîsimo

alboroto  por una parte del pedazo de pizza que al partirse escindiôse de êste y ca-

yôle en el pantalôn.

---No me miren asî, que las mâculas de grasa no las soporto.

---Cratino, mas es facilîsimo: un poco de agua, detergente y te quedarâ el pantalôn

impoluto, que no nuevo porque es imposible.

---Kosmos, como que me estâs fastidiando, no? Claro que es imposible.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Conociêndome como me

conoces me haces una pregunta intempestiva?

---Saben ustedes cuântas horas dura la feria?

---Caspar, hasta las cinco. Quê, te hace falta comprar alguna antigualla?

---No es para mî, Kosmos, sino para Esmeralda, porque como mañana es su cum-

pleaño quisiera regalarle algo antiguo, 

---Algo, mas no sabes quê, no?

---Exacto, Kosmos, no lo sê. Por quê la pregunta?

---Porque ya cuasi que son las tres de la tarde, y como la sûmula de antigüedades 

es tremenda, y tû no sabes quê a dadivar, es mejor que vayas a la feria lo mâs râ-

pido posible, y asî tienes dos horas para seleccionar con calma, exento de estrês

por el horario.

---Creo que tienes razôn.  

---Ahora me acordê de una cosa.

---De cuâl Cratino? Amplifîcala!!

---De que Juliette me hablô de que le gustarîa poner en el cuarto, y a cada lado de

la cama, dos candelabros de piso.

---Como los que habîan en el baûl que venderîanse en el Estrecho de España y en

donde el leñador de Britania encerrô a la campesina?

---Cômo, Kosmos, comô?

---Caspar, Kosmos habla de su novelôn, o mejor dicho, de una escena de êste.

---Ah. Gracias, Cratino, por tu explicaciôn. Entonces vienes conmigo a la feria?

---Sî sî, voy contigo. Y tû quê, Kosmos, vienes o no?

---Pêgome al cortejo minûsculo!!

---O sea, minûsculo porque no es el de Baco, no?

---Êsa es la res, Cratino!

---Y a mî no me pregunten, que me quedo.

---Aspasia, no me vayas a decir que estâs enfadada.

---Kosmos, lo que te dirîa es que estoy cansada, por lo que necesito dormir algo,

un poco.

---Entonces a la feria. Age en plural.




















 



 







 




















  
















 




 




  






 




  


















  

Samstag, 23. November 2024

112

         Insôlitamente en [un espacio de tiempo de] pocos minutos la caîda de la nieve

fue cogiendo vigor y, por lo mismo, cômo dejar de tener yo ese estado que apellîda-

se de jovialidad?, empero que no llegaba a ser extremo por el motivo siguiente: por

el pneuma inconstante de un vientecillo del oeste y por el cual penetraban los copos

en mis ôculos, motivo que segûn Caspar es una tonterîa, empero para eludir enfren-

tarme con êl con el filo de la verba dîjele que tenîa todita la razôn. Entonces me mi-

rô  con cierta extrañeza porque sabe que yo cuasi nunca quêdome en mutismo, que

por la mînima cosa no dilaciono en soltar un discurso o pinceladas que pudieran en-

gendrar asombro, empero como sonô el telêfono dirigiô su mirada a êste y hasta se 

apartô un poco para responder, por lo que pensê que quien llamaba no era otra cria-

tura  que Esmeralda. Con el têlos de no dejarlo atrâs quedême parado como una es-

taca, y con esta posiciôn comencê a observar cômo el susodicho pneuma quitâbale

a  las ramas de un fresno la poca cantidad de nieve que tenîan encima, las que des-

puês de este soplo moviânse libremente al compâs de êste. Tratando de buscarle un

porquê  al pensar en este instante concreta/especîficamente en Esmeralda, pareciô-

me la razôn que por parangôn metaforizado yo pudiera compararme con una de las

ramas ya liberadas de un peso que pudiera perjudicarlas, o que las estaba (de facto)

perjudicando, pero in casu, en el mîo, las ramas de mi conciencia y debido a un pe-

sado  pensar que  representaba una preocupaciôn: que Esmeralda en cualquier mo-

mento dijêrame que yo la habîa embarazado, mas como ya sê que posiblemente las 

pîldoras que toma son anticonceptivas las ramas de mi conciencia quedan exentas,

y como tal muêvense con soltura. 

---Kosmos, sabes una cosa? Que voy a tener que empezar a creer que un tema pue-

de ser transmitido a distancia.

---Câspita!! Y de cuâl tema trâtase? Amplifîcalo!!

---El del embarazo!

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! 

---Sabes quiên me llamô? Esmeralda, y para decirme nada mâs y nada menos al-

go sobre lo que estuvimos hablando: las pîldoras, y que son anticonceptivas. Quê 

alivio, porque ya no tengo que preguntarle.

---Alivio por lo que acabas de decir, pero, Caspar, y algo que no te preguntê cuan-

do hablamos sobre el tema, no te gustarîa ser padre?

---Sinceramente te responderîa que no he pensado si sî o si no. Y dime tû: te gusta-

rîa a tî?

---Caspar, yo sôlo lo fui como personaje de mi novelôn, o sea, que fuera de êste no

lo serîa, amên que confiêsote que no hâceme falta pensarlo porque estoy seguro to-

talmente.

---Kosmos, y si Aspasia queda embarazada, y quiere tener su retoño, quê tû le di-

rîas, que aborte?

---No dirîale que interrumpa su embarazo, sino mâs bien que si quiere/desea tener

su retoño que olvîdese de mî.

---Verdad que le dirîas eso? 

---Êsa es la res!! Eso dirîale sin cavilaciôn ninguna.

---Kosmos, y a tî te ha pasado esto: que estês hablando sobre algo con alguien y

que alguien te llame y te hable sobre lo que tû hablaste con ese alguien?

---Amigo mîo, si lo deseas te presto un libro para que te informes, que lo que te

acaba de pasar no es nada nuevo en este mundo.

---Me gustarîa aprender, pero por el trabajo que tengo no tengo mucho tiempo pa-

ra leer.

---Caspar, aunque no lo tengas por lo menos un pârrafo puedes leer cada dîa, mas

claro, estarîas mâs de seis meses leyendo un libro, mas el tiempo no importa sino

mâs bien es relevante que quieras aprender.

---Como te dije, que aprender me gustarîa. Y cuândo puedo pasar para que me des

el libro?

---Cuândo? Cuândo es una pregunta futurista que pudiera ralentizar el impulso de

querer aprender.

---Contra, Kosmos, que ya te dije que soy un simple camarero.

---Caspar, ahora mismo podemos ir a mi apartamento para darte el libro, y de paso

podemos almorzar, que comida hay basta.

---De acuerdo, Kosmos, de acuerdo.

       Diez minutos despuês, y faltando aproximadamente unos doscientos metros pa-

ra llegar a mi apartamento, pareciôme ver a la chica a la que Matilde robôle el diario

y sentada en  unos de los bancos rojos que recientemente pusieron en algunas partes

de la ciudad, allende que disfrutando de la caîda de la nieve, presencia que me resul-

tô crîptica porque la misma Sista dîjome que habîa desaparecido. Por esta razôn elu-

dî acercarme al banco para entrar en verba con ella, no fuera a hacer que esto se tra-

tara de una celada, de una trampa de la autoridad y con un propôsito determinadîsi-

mo. Ostensiblemente que no dîjele nada a Caspar, porque de êste decîrselo a Esme-

ralda y êsta comunicârselo al general la posibilidad de que la chica terminara o per-

seguida  por Matilde o por el general no queda descartada, ya que ambos al estar in-

teresados en el diario, el que aûn tiene la autoridad mas que por derecho pertenêce-

le  a la chica, la que de  facto no posêelo porque la creen desaparecida, harîan todo

lo posible por quedarse con êl. 

      Al llegar a mi edificio Cratino estaba parado frente a la puerta como un fiel ma-

meluco. A continuaciôn de saludarnos pregûntele si deseaba almorzar con nosotros,

mas como segûn êl su estômago no estaba en buen estado como para atiborrarlo de

comida preferîa mejor no ingerir nada, si acaso tomar un tê de tisana con unas goti-

cas  de alguna bebida con grado mayûsculo de alcohol, bebida que amên beneficia-

rîale por otra cosa: por calentar su cuerpo cuasi congelado, ya que hacîa mâs de la

sûmula de veinte minutos que estaba parado delante de la susodicha puerta, lo que

de facto me extrañô porque Aspasia ya deberîa haber regresado una hora antes. En

fin, y como aûn quedâbame algo de peculio de los doscientos pesos que diome Me-

tôn, pedîle de favor a Caspar que fuera a comprar una botella de ron al negocio de

Cristina, la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn.

---Kosmos, y dônde estâ ese negocio de Cristina?

---Caspar, aquî en la esquina a la izquierda. Despuês de cincuenta metros verâs un

callejôn. Cuando salgas de êste a la derecha, e inmediatamente a la izquierda debi-

do a que la cuadra es corta. A continuaciôn recto ciento cincuenta metros, medida

justîsima, o sea, ni mâs ni menos, donde descolla el ônoma Cristina lumbrado con 

bombilla incandescente.

---Bueno, Kosmos, si no toco el timbre es que me perdî.

---No te vas a perder. Tû regresas.

---Bien. Entonces hasta ahorita.

---Kosmos, y cômo sabes de la inclinaciôn de Cristina?

---Câspita Cratino!! Tû preguntândome eso?

---Ah, entonces es una invenciôn tuya?

---Êsa es la res!! Vamos arriba?

---Vamos, kosmos, vamos!!

           Y yendo hacia arriba vuêlvome a encontrar con Metôn en la escalera, mas co-

mo lo contrario/opuesto al parecer hoy tenîa que suceder sin dilaciôn dîgole:

---Metôn, si por la mañana usted subîa y yo bajaba; ora, al mediodîa, yo subo y usted

baja.

---No te habîa dicho que a lo mejor nos volvîamos a ver en la escalera?

---Cômo olvidarlo, si su decir cuasi que estâ fresco.

---Y dime, Kosmos: te alcanzaron los doscientos pesos?

---Câspita!! Que si no hubiese sido por usted, Metôn, la invitaciôn a almorzar que le

acabo de hacer acâ a mi buen amigo Cratino, y a Caspar, que fue en busca de una bo-

tella de ron, no serîa posible.

---Por lo que entiendo que comida tienes suficiente.

---Êsa es la res, Metôn.

---Y cômo tû estâs, Cratino, el hijo del difunto cliente de mi banco, de Teôfilo, el de

la razôn perdida?

---Gracias por preguntar, Metôn. Normalmente estoy super bien, mas ahora tengo y

una pejiguera estomacal sin saber que fue lo que ingerî que la causô.

---Y tû, con esa pejiguera, aceptaste la invitaciôn que te hizo kosmos?

---No, Metôn, no, ya le dije que no almorzarîa, y que solamente tomarîa un tê de ti-

sana con un poco de ron.

---Remedio santo, muchacho!! A mî el tê me encanta, como al tîo de Kosmos. 

---Y hablando de êl estâ desaparecido. Kosmos, sabes algo?

---No, Cratino, no sê nada.

---Y si le pasô algo y no pudo avisarte?

---No lo creo, y sabes por quê?, porque no es la primera vez que dejo de verlo por

un tiempo, que ausêntase por unas semanas, que esfûmase, etc.

---Ya te dije, Kosmos,  que cuando lo vieras lo saludaras de mi parte.

---Sî, Metôn, sî, eso le dirê cuando lo vea.

---Perfecto!! Ah, y antes de que se me olvide, o mejor dicho, de que se me siga olvi-

dando, porque de hecho hoy te he visto dos veces y no te lo dije, sabes quien me pre-

guntô por ti?

---Quiên, Metôn, quiên?

---Aristofôn!

---Eso quiere decir que usted reuniôse con el grupo, no?

---Eh? Kosmos, quiere decir o que tû no le caîste mal o que diose cuenta de que por

tu saber te ha considerado/valorado un interlocutor con el que se puede hablar de/so-

bre todo.

---Cratino, Metôn solamente tiene contacto con Aristofôn cuando jûntanse los inte-

grantes del grupo que financiarân el museo.

---Asî es, Cratino, kosmos estâ claro. Bueno, los tengo que dejar, que ahora el que

va de compras soy yo. Que la pasen bien. Y, Cratino, pronta mejorîa.

---Gracias, Metôn, gracias!



































 



 




   




   

















 
















 






   




     

Mittwoch, 20. November 2024

111

       Cumpliendo con el cometido [de ser como siempre he sido cuando trâtase del te-

ma] de la puntualidad, presente estuve en el centro de la plaza de la catedral barroca

en el horario acordado con Caspar, mas como êl no aparecîa la ûnica manera de (a lo

mejor) saber dônde estaba era llamândolo, empero como mi môvil quedôseme en mi

apartamento la ûnica posibilidad de comunicaciôn era con el môvil de Aspasia. En lo

que dirigîame al lugar donde ella ganâse la propina menester tocando su chelo acopas

sucede algo: interpônese  en mi direcciôn Helade, y con una sonrisa tremenda acêrca-

seme y dîceme:  

--Kosmos, ya no te pueden quedar dudas de una cosa que te dije hace tiempo: que Ma-

tilde Ronco Espinoza es una ladrona.

--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Y cômo usted sûpolo?

--Acaso se te olvidô que nosotras, y como vendedoras, escuchamos en este lugar una

buena cantidad de cosas que pasan en esta ciudad? Este sitio es como un periôdico: se

oyen noticias de todo tipo y no muy pocas en cada provincia.

--Câspita!! Vaya analogîa la de usted! Quisiera decirle, con una verba inteligible, que

dudar, como una forma pinacular de conducir a la pesquisa con el pensamiento, es pa-

ra mî significante y, como tal, indefectible.

--Kosmos, no me acabas de decir lo de la verba inteligible? 

--Y acaso no acabo de cumplir con ella?

--Verdad, Kosmos, verdad?

--Discûlpeme usted, Helade, mas este diâlogo no puede alongarse porque tengo algo

urgente que hacer. Desêole un especioso dîa y hasta la prôxima.

        A pesar de no ser mentira lo que acabo de decir, aun no siendo la palabra urgen-

te verdaderamente menester, Helade como que mirôme no muy convencida, lo que y

traduce que entendiô mi verba como una justificaciôn para no continuar intercambian-

do palabras, empero de tal guisa dio media vuelta y regreso a su puesto de trabajo en

la  puerta  principal de la catedral barroca. Liberado de su presencia respirê profunda- 

mente, una ganancia de aire saludable para los pulmones que no pude disfrutar del to-

do por tener que atender a Caspar posicionado a la zaga de mî.

---Kosmos, disculpa la tardanza, pero por cuestiones de trabajo se me hizo imposible

llegar puntual, que sê que tû eres un reloj.

---Êsa es la res, Caspar, mas sabes una cosa: has llegado tarde, sî, algo indeleble, pe-

ro ora que estâs aquî ya no tengo que ir adonde toca el chelo Aspasia.

---Kosmos, te explicas?

---Escucha. Como quedôseme al môvil en mi apartamento la ûnica posibilidad de co-

municarme contigo era con el môvil de Aspasia, pero para llegar adonde estâ ella no

puedo eludir quitar del camino esa masa de gente que tû ves, lo que significa atrave-

sarla pidiendo beneplâcito para pasar y mâs de una vez disculpas.

---Kosmos, y necesariamente tienes que atravesarla?

---Caspar, que si no la atravieso el viaje es mâs largo.

---El viaje? Bueno, tû sabrâs de tus cosas.

---Y la cosa tuya quê?

---Te refieres a lo de Esmeralda?

---A cuâl otra cosa referirîame que no fuera esta cosa tuya y por la que estamos aquî?

---Pues oye, que la cosa es la siguiente: Esmeralda toma unas pîldoras que no me ha

dicho que las toma, y lo sê porque sin que ella supiera que escondido la estaba obser-

vando.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! 

---Por quê lo dices?

---Dime tû: sabes si ella no quiere ser madre?

---No, de tal tema no hemos hablado, hasta el momento no se ha tocado. Espera. Tû

crees que sean pîldoras anticonceptivas?

---Es posible, Caspar, es posible. Mas puedes, como si fuese una misiôn secreta, sa-

ber quê tipo de pîldoras son, no? Si ya la observaste escondido, asimismo subrepti-

ciamente....

---Pero pasa una cosa: las pîldoras las guarda en la gaveta de su mesita de noche y 

la llave no sê dônde estâ.

---Caspar, tienes un imân?

---No tengo, pero se puede comprar. Pero tû crees que tengo tiempo para ese traba-

jo? 

---Caspar, quien quiere puede, no?

---Sî, Kosmos, ya sê, pero pasar el imân por no sê cuântas partes....a no ser en la no-

che, pero corro el riesgo de ser descubierto por el general.

---Cômo? A no ser que la llave estê fuera del cuarto de ustedes, lo que no creo, y co-

mo tal la que sî te pudiera descubrir es Esmeralda.

---Kosmos, y mejor no serîa preguntarle a Esmeralda, no dônde guarda la llave sino

para que son las pîldoras?

---Aplausos, Caspar, a-plau-sos!! O cuando las cosas complîcanse se busca lo senci-

llo o cuando no satisface lo sencillo se buscan las cosas complejas.

---Contra, Kosmos, que tan solamente soy un simple camarero.

---Entonces, simple camarero, le preguntas?

---Sî, Kosmos, le preguntarê, y asî no tendrê que hacer nada mâs a escondidas. Pe-

ro si le pregunto y no responde, o me responde y dice una mentira, quê puedo hacer?

---En cualquiera de los dos casos mantener el control absoluto de la emociôn por ser

êsta  la causante o de decir algo que carece de permanencia o de teatrializar un com-

portamiento con el cual tanto el ensalzamiento como la disposiciôn falsa de aceptar

ciertas cosas son posibles. De facto existe un remedio, que seguro tû has oîdo, y que

contra lo que acâbote de decir es definitiva/tantîsimamente efectivo: liberarse de las 

emociones, y no sôlo de las negativas sino que asimismo de las positivas.

---Si tû que sabes un montôn/burujôn/pila de cosas lo dices...

---Caspar, el saber es algo bueno, mas êste pastichado con la experiencia es algo me-

jor.

---De la experiencia tambiên se saca un saber sin pastiche ninguno.

---Êsta es una suntuosa perîstasis para un discurso que de momento es intempestivo.

Escucha. La emociôn es algo asî como un momento efîmero de liberaciôn y partici-

paciôn....

---Participaciôn? En quê?

---En un estado que carece de base sôlida, y como tal su apoyo es endeble. Sabes

cômo pudieras comprenderlo mejor?

---Cômo?

---Acordândote de algûn momento en que alguien dîjote algo por cuestiones de la

emociôn y lo que verdaderamente hizo despuês de no tener êsta.

---Bueno, ahora no me acuerdo de nada.

---Dîjete acordândote, mas no que fuera ora.

---Entonces tratarê de acodarme despuês.

---Êsa es la res!! Mâs tarde!

---Ah, y a propôsito de acordarse uno de algo, sabes de lo que me acabo de acordar?

---Amplifîcalo, Caspar, am.pli-fî-ca-lo!

---De lo que me dijo Esmeralda sobre una de las cuatro chicas que su padre, el gene-

ral, contratô para su fiesta y con el fin de atender a los invitados.

---Cômo no acordarme bien de ella: Anabel! Y quê te dijo Esmeralda?

---Que tanto tû, como Cratino, hablaban con ella con cierta soltura.

---Con cierta soltura? Y quê tû entiendes por con cierta soltura?

---Kosmos, a mî no me interesa entender eso, solamente te dije lo que me dijo Es-

meralda, la que sî sabrâ el porquê de su decir con cierta soltura.

---Sospecho que Esmeralda quiso lograr algo con este decir.

---Tû crees? Quê?

---Tendrîa que ponerme a pensar con detenimiento, pensar que es imposible con el

cacareo que nos rodea, que esta plaza parece un gallinero que atrae a disîmiles len-

guas, sobre todo forâneas.

---Vaya comparaciôn que se te ocurre: un gallinero, como que me da risa.

---Y vaya palabra que has sacado a puesto, a colocaciôn: risa!

---Sî! Una de tus favoritas, no?

---Êsa es la res!

---Cômo? Comienza a nevar?

---Al fin!! Aunque segûn el pronôstico nevarîa mañana, pero yo contento de que sea

ora.

---Contento? Entonces te gusta la nieve?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Vaya pregunta.

---Por casualidad tienes una sombrilla en tu bolsa?

---Indefectible, Caspar, indefectible mas no contra la nieve sino contra la lluvia.

---Pues prêstamela, que no soporto copos frîos en mi testa.

---Aquî la tienes, es toda tuya.

---Gracias!! Pero dime, Kosmos: mejor que quedarnos aquî parados podemos cami-

nar, para que circule la sangre?

---Age en plural, Caspar, age!!





























































 




 














   

Montag, 18. November 2024

110.

          Como a Sista le encantan las corrientes naturales de agua pidiôme que tomâra-

mos el cafê en la pequeña terraza que tiene el restaurante de las langostas con vista a 

un rîo que carece de nombre, mas como asimismo a mî encântanme de acuerdo estu-

ve totalmente. De tal guisa Caspar trabajaba, por lo que en vez de hacer la cola pene-

tramos  en el restaurante por la puerta de la cocina, empero al decirle Sista que sola-

mente  tomarîamos un cafê en la terraza, êl se nos quedô mirando un tanto perplejo,

mas no por lo acabado de salir por la boca de Sista sino que mâs bien por otro moti-

vo: por el  de la temperatura de Diciembre que tanto seca la piel como los labios, y 

por la que precisamente la terraza estaba completamente huera, sin presencia ôntica

ninguna, ausencia  de criaturas que ni a Sista ni a mî perjudica; al contrario, porque

a menos espacio ocupado mâs luz, viênenos (maravillosamente) de maravilla, como

anillo  al dedo, amên que  otra cosa que benefîcianos: la de poder escoger a gusto la

mesa que nos dê la gana, exenta de la informaciôn de que estâ reservada por un de-

terminado cliente. Pura ventaja de los amantes del susodicho mes, los que por el he-

cho de no ser muchitantos pueden contarse con los dedos, aunque segûn el barrunte

de Caspar no ha tenido que servir a ninguno en ninguno de los horarios que hasta el

momento  êl ha trabajado, durante el  tiempo que ha ganado un salario con el oficio 

de  camarero. Tres minutos  despuês de esta inteligible de-claraciôn trâjonos el cafê

y concomitado con un cuadradito de chocolate del lado izquierdo del platico que so-

porta  el peso de la cândida taza sin descollante marca, o mejor dicho, sin tener acu-

ñada  su procedencia de fabricaciôn con minûsculas letras, por lo que yo pensê que

fue hecha por una mano de obra clandestina, pensar que no amplifiquê por ser (cla-

ramente) de jaez intempestivo, porque quê interêsale a Caspar de dônde viene la su-

sodicha  taza? No es su trabajo llenarla y posicionarla en la mesa frente a la mirada

del que/la que beberâ el cafê?   

          En lo atinente al diario revêlame Sista que no solamente tratâbase de la rela-

ciôn del general con Matilde, sino que ademâs de cosas intimîsimas y detalladas, y

de las que supo la criada por contârselas Matilde con la intenciôn de causarle pro-

blemas  al general una vez publicado el diario, mas como yo no entendîa el porquê

de  que Matilde quisiera perjudicar a Francis despuês de haber tenido con êl un go-

ce, esa  fruiciôn de jaez secreto, hîcele  la correspondiente pregunta, respondiêndo-

me  Sista que por  cuestiôn de venganza, ya que no pudo soportar que el general la 

dejara por otra fêmina en el preciso momento en que el vînculo amoroso comenza-

ba a florecer, a coger vigorosidad, a echar sus frutos. Esto ûltimo causôme curiosi-

dad, porque  de facto el general estaba casado, allende que con una dama que tam-

biên  estuvo con Matilde, y entonces, cômo es que Matilde vêngase por celosîa sa-

biendo del estatus de Francis? Aclârame Sista que por esta misma razôn es que su

madre no dio calaña de celos ya que disfrutaba del mismo cuerpo que tocaba el ge-

neral. Este claramiento no convenciôme del todo porque parêceme que en este em-

brollo hay algo mâs que lo que acaba de entrar por mis oîdos, empero para no pro-

fundizar en un tema tan personalîsimo/privado como el fluyente interesême en sa-

ber  el porquê de que Sista informârale a Matilde sobre el diario a raîz de hablarle

de êste la hija de la criada, la que amên de no saber el propôsito por el cual su ma-

dre lo escribiô es la novia de Sista. Kosmos, dîceme Sista, simplemente porque es

mi  madre y quise que lo supiera, sin saber, claro estâ, que ya ella sabîa. Pero ase-

gûrote una cosa: no me pasô por la testa decîrselo con el fin de que se lo robara de

la bolsa a mi novia, que lo del hurto fue idea de mi madre.

---Sî, Sista, la idea no fue tuya, mas tû participaste, allende de que te vi con mis 

prismâticos desde el balcôn de mi apartamento.

---No me digas? Verdad que me viste? Y cômo fue posible si tû no lo sabîas?

---Esto sî que llâmolo una casualidad, porque cogî los prismâticos (solamente) pa-

ra observar si en la manifestaciôn habîa alguna criatura conocida.

---Vaya quê casualidad!! Sabes, Aristarco no quiere saber mâs nada de mî.

---Sî, ya lo sê, porque anoche estuvo con nosotros en el apartamento. Sista, Aristar-

co no es una criatura que entiende de eso, este triângulo escapa de su comprensiôn.

Barrûntote que el general estâ super preocupadîsimo con eso del diario.

---Bueno, su preocupaciôn serâ eterna, y sabes por quê?, porque como la que lo es-

cribiô fue la criada que ya falleciô le pertenece a su hija, segûn una ley vigente, pe-

ro como mi novia, la hija de la criada fenecida, ha desaparecido, el diario se queda

en la estaciôn hasta que ella aparezca.

---Sista, y tienes una idea del porquê haya desaparecido?

---No, Kosmos, no la tengo, Es todo un misterio. No entiendo nada, porque ella da-

ba una suma bastante considerable de dinero a cualquiera que haya sido testigo vi-

sual del hurto, lo que quiere decir que...

---Câspita!! Hubiêrame ganado una sûmula de peculio representativa.

---Cômo? Nos denunciarîas tû a nosotras?

---Ostensiblemente que no, que estaba ludicando. Segûn Dasid, el chofer del general, 

la madre de la chica, y antes de sucumbir, le dio el diario y dîjole que lo llevara siem-

pre en su bolsa como recuerdo.

---Eso lo supo Dasid por oîrlo en la estaciôn. Sabes que no comprendo? Cômo el ge-

neral hizo todo lo posible por sacarnos de la estaciôn; sin embargo, lo que me parece

contradictorio, êl, y  como  me dijiste tû, estâ  preocupadîsimo por lo que hay escrito 

en ese diario que le dijo mi madre a la criada?

---Serâ porque le da mâs relevancia a lo escrito que a la venganza. Sabes lo que me da

pâbulo de pensar? Quê le interesa a la policîa la existencia întima de tres criaturas?

---Kosmos, se complicô el asunto al decir mi madre lo de la venganza, por lo que la 

policîa lo tomô como algo que pudiera tener otras consecuencias, porque si mi proge-

tinora se vengô con letras tambiên pudiera vengarse de otra manera.

---Y si pudiera vengarse de otra manera por quê la dejaron ir?

---Porque no la pueden dejar arrestada por un hipotêtico, por una posibilidad futura.

El motivo existe pero no la prueba. Cômo probar algo que aûn no ha sucedido?

---Una mirîfica pregunta! Y dime: cômo terminô en realidad la cosa?

---Nos pusieron una multa que pagarâ el general?

---Câspita!! Cômo que la pagarâ êl?

---Êl mismo dijo que la pagarîa, pero mensualmente durante seis meses. Y en fin, ya

tengo que irme al trabajo. Salûdame a Aspasia y hasta la prôxima.

---Le digo, y buena jornada.

           Y poquitîsimo tiempo despuês de haberse ido Sista viene Caspar a recoger las 

dos tazas y con una bandeja que no era de plata. Como quedâbanle solamente treinta

minutos para terminar el turno de trabajo pregûntame si podîa esperarlo para dar una

vuelta y contarme algo respecto a Esmeralda, y de paso saber mi opiniôn, mas como

llevaba conmigo las legumbres y hortalizas y aûn faltâbanme por comprar otros sus-

tentos, dîjele que en media hora esperâbalo en el mismîsimo centro de la plaza de la 

catedral barroca.






















 


  


 



 




 







   

Mittwoch, 13. November 2024

109

          Media hora despuês, y en lo que escribîa en la cocina lo que deberîa comprar

de sustentos para la semana, Aspasia revêlame un onîrico que tuvo y que fue la cau-

sa de que despertârase diez minutos antes de que sonara el despertador: Esmeralda

quitaba  el famoso candil de terracota de encima de una columna truncada para po-

nerlo  en otra con mâs dimensiôn, mas subida en una escalera que yo habîale facili-

tado. Interesante  que precisamente haya sido Esmeralda la que apareciô, pero pre-

guntême quê tiene que ver la escalera dentro de este onîrico, a no ser que tratândo-

se  de una metaforizaciôn haya un viraje de la significante (un cambio de altura) y

con el fin de destacar la palabra ganada que no la perdida. Claramente que callarîa-

se mi boca, que no dirîale a Aspasia sobre mi encuentro con Esmeralda, pero tuve

que raudamente hacerle esta pregunta:

---Por quê este onîrico fue el motivo de tu despertar?

---Kosmos, en realidad no es un un onîrico horrendo/espantoso, pero sî un poco ra-

ro: Esmeralda, el famoso candil y la escalera, Sabes cuâl puede ser la conexiôn?

---Escucha. Lo del famoso candil significa, en lenguaje masônico, la palabra perdi-

da; lo de la escalera, que no pertenece a ningûn lenguaje, tiene que ver con un cam-

bio de altura, o sea, que quîtase el candil de una columna cortada/disminuida y pô-

nese en otra de tamaño mayor.

---Ah eso, pero por quê es Esmeralda la que hace el cambio? Pudiera haber una co-

herencia  si Esmeralda tuviera algo que ver con la masonerîa, pero como no lo tie-

ne....

---Aspasia, los onîricos no son coherentes; tienen un lenguaje metafôrico.

---Sabes quê? Me voy a la ducha, pero antes dime: por quê te levantaste tan tem-

prano?

---Câspita!! Porque no pude dormir mâs.

---Que tû no pudiste dormir mâs? Estâ bien. A la ducha!

---Dêjote el cafê preparado para cuando salgas de la mojadera, que me voy.

---Te vas? Adônde?

---A comprar comida, lo que nos metemos en la boca que es garante de....

---De eso, Kosmos, de eso!! Nos vemos entonces mâs tarde.

---Êsa es la res!!

           Antes de salir de compra echêle un vistazo a mi cartera con el fin de saber

la cantidad de peculio que tenîa, razôn por la cual tuve que reîrme porque con tan

sôlo diez pesos no puêdese pagar todo lo que hacîa falta. Como ya no podîa sacar

mâs dinero de mi cuenta, porque mi tarjeta de banco es limitada, sôlo quedâbame

por hacer una cosa: abrir la cartera de Aspasia y apoderarme de por lo menos cien

pesos, los  que les devolverîa al comenzar el prôximo vez, mas sin decirle ora na-

nada. Por quê? Porque si entro al baño para pedirle un prêstamo monetario indu-

bitable que la compra harîala otro dîa. Dirîjome entonces al cuarto, y cuando revi-

so su cartera soy testigo visual de una rerum deplorable: dentro habîan solamente 

quince  pesos, por lo que en un periquete pensê que era muchitanto mejor pedirle 

prestado peculio a Metôn, el que de facto una vez dejôme saber que cuando hiciê-

rame falta cualquier cosa que contara con êl, que coger esos quince pesos, ya que 

la tarjeta de Aspasia asimismo es limitada. Puesto en funciôn de lo anterior arrum-

bô mis pasos al apartamento de Metôn, empero por cuestiones que mâs tienen que 

ver  con lo inextricable  que con lo  onomado causalidad êl abriô la puerta sin que 

yo tocara el timbre. 

--Contra, Kosmos, que hoy parece, por un programa oculto, que deberîamos en-

contrarnos dos veces.

--Hasta ora sî, Metôn, mas de tratarse del programa susodicho no pudiera ser que

nos encontremos de nuevo en cualesquier momentos posibles de las veinte y cua-

tro horas?

--No es imposible, Kosmos, no lo es. Y, ya leîste el periôdico?

--Aûn no Metôn, mâs tarde.

--Ah, estâ bien. Y eso que subiste a visitarme?

--Metôn, resûltame verecundioso decirlo, mas no puedo silenciarlo porque si no no

lo pudiera saber.

--Verecundioso? Esto es muy propio tuyo, no?

--Êsa es la res, Metôn, que usted sabe/domina/conoce que mi lûdico con la verba es

indefectible.

--Cômo olvidarlo. A ver, de quê se trata?

--De que me es menester una cantidad por lo menos de cien pesos para comprar la

comida de la semana. Sabe usted, mi tarjeta de banco es limitada y como tal...

--Kosmos, no hace falta que me digas, que soy un banquero pensionado. Mira, aquî

tienes doscientos pesos.

--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Muchitantas gracias, Metôn!

Y quede usted seguro de una res: empezando el prôximo mes se los devuelvo.

--Te agradezco tu puntualidad/seriedad, pero te digo lo siguiente: no hace falta que

me los devuelvas, porque la cantidad de dinero que tengo es mâs que basta para vi- 

vir los años que me quedan. No has pensado en que quien no tiene dinero quiere te-

nerlo y que quien lo tiene quiere gastarlo?

--Tal vez una cosa lôgica, Metôn, mas pasa mâs que quien tiene peculio desea tener

mâs. Es usted una excepciôn.

--Serâ eso, Kosmos. Se te olvidô que te dije una vez...

--Metôn, por lo que dîjome es que estoy aquî.

--Muy bien!! Te deseo una buena compra, que no tengas que pensar en no comprar

lo caro porque no te llega el dinero. Ah, y quê tal tu tîo, cômo estâ êl, el amante del

tê?

--Hace rato que no lo veo, que no pasa, que no aparece.

--Bueno, y si lo ves, salûdalo de mi parte.

--Asî lo harê, Metôn. Y muchitantas gracias por su ayuda!

--De nada, Kosmos, de nada! Que tengas un buen dîa.

--Igual usted, Metôn.

           De decîrselo a cualquiera claramente que no lo creerîa o pensarîa que yo esta-

rîa exagerando, pero como hacîa rato que no dejaba caer doscientos pesos en el bol-

sillo derecho del pantalôn que cuasi siempre pôngome, allende que un tanto descolo-

rido por la cantidad de veces que lo he lavado, como que sentîa un peso dentro de êl

que analogâbase mâs con el de las hojas de aquella libreta de conducta---cada cadete

de la academia militar tenîa una, y de acuerdo a la sûmula de indisciplinas que escri-

bîanse  dependîa la categorîa del castigo a recibir; cuantas veces yo quedême sin pa-

se, porque  mi libreta  estaba atiborrada de las susodichas indisciplinas, es un indele-

ble paradigma de mi rebeldîa inveterada---que con las cuadriculadas de un cuaderno

acadêmico. Empero  la cosa no quêdase aquî: como toda analogîa engendra el resur-

gir  de una imago concreta, y esta imago, a su vez, le da funciôn a la nemôsine, diri-

gî mi  mirada hacia  el Karakorum, lugar donde precisamente estâ la academia mili-

tar. Inmediatamente una plêtora de recuerdos fue la causante de que pensara en una

gran cantidad de cosas que hice, siendo una ellas la que considero la mâs perniciosa

para  la salud: recoger  cabos de cigarro del piso, porque por aquel entonces con las

poquitîsimas  monedas que tenîa no podîa darme el lujo de comprar una cajetilla de

cigarro, aun teniendo un precio que apellîdase môdico. Cômo no alcanzar una jovia-

lidad  cuando de vez en cuando el sargento Juarez regalâbame un cigarro? Y en fin,

que dejê de mirar hacia arriba para poder entrar por la puerta del pequeño mercado

de legumbres y hortalizas, resultândome una tremendîsima novedad que el propieta-

rio oriundo de China hiciêrame esta pregunta, porque êl nunca me ha preguntado ni

tan siquiera en quê podrîa ayudarme:

---Kosmos, quê tû hacîas debajo de mi toldo previo al cantar del gallo y con una chi-

ca?

        Al responderle que eso no incumbîale a êl por formar parte de mi privada exis-

tencia, amên de agregar que no habîa ningûn cartel que dijera que estaba vedado po-

sicionarse verticalmente debajo de su toldo, mîrome con cierto desdên y sûbito dejô-

me saber el precio de lo que habîa comprado: diez pesos. Sin dilaciôn paguê con una

soltura tremenda y salî sin mirar atrâs. Y vaya, otra novedad: el encuentro frontal na-

da mâs y nada menos que con Sista.

---Kosmos, acabo de salir de la estaciôn de policîa. 

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Y Matilde quê?

---La soltaron tambiên y estâ en casa. Tienes tiempo para tomarte un cafê?

---Câspita!! Tiempo es lo que sôbrame.

---Perfecto!! Entro a trabajar en una hora, tiempo mâs que suficiente para contarte.

---Êsa es la res, Sista. Age!!









 




  




  









 


















 








   



   













    


 

Montag, 11. November 2024

108

       Al salir de mi edificio no dilacionô Esmeralda en chiflarme con el fin de que cru-

zara la calle con el fin de ambos posicionarnos verticalmente debajo de un toldo [de

fabricaciôn asiâtica y tan senecto/inveterado que en cualquier momento pudiera caer-

le encima a cualquiera de los consumidores] y de un pequeño mercado de legumbres

y hortalizas  que cuasi nunca recoge el propietario oriundo de Tsingtao, quedândome

claro que el porquê de que fuese debajo de êl tenîa que ver con una sola cosa sensata:

con la de no ser vistos por Aspasia en el caso de que mirara por la ventana. Despuês

de saludarnos, de  que ella dijêrame, y dândome  unos golpecitos en el hombro dere-

cho, que parecîa mentira que la ûltima vez que me vio fue en la fiesta que hizo Fran-

sis, lo  que traduce que no sabîa mâs nada de mi desde hacîa un buen rato, que si no 

desde  aquel  entonces, llamôme la atenciôn lo turgente que estaban sus pêtalos, pe-

ro en lo que mirâbaselos ella agârrame la mano derecha y dîceme sin tapujo alguno 

que eran los mismos pêtalos que yo conozco, toquê y apretê. A continuaciôn prende

un  cigarro, y al volver a apoderarse de la verba para amplificar una palabra que ha-

bîale faltado sacar a puesto, a colocaciôn, yo pedîle que no la dijera, porque con las

tres aquellas que ya escuchê como que empezaba a erizarme. Al ser pavesa la mitad

del  cigarro lleva ella la conversa al tema por el cual vino a verme: la preocupaciôn

por su padre. 

---Kosmos, noto que mi padre estâ un poco raro, come poco y no duerme mucho.

---Entonces, Esmeralda, aûn no te has mudado?

---Asî es, Kosmos, aûn no.

---Y cuâl es la razôn de todo eso? No es normal que Francis estê asî.

---Estâs enterado de lo del caso de hurto de Matilde y Sista?

---Câspita!! Fui testigo visual, allende que con prismâticos y desde mi balcôn, del

susodicho robo.

---Cômo? Verdad? Êsta no es una de tus ocurrencias para mortificarme.

---No, Esmeralda, no es una de las mîas, mas ora sigue amplificando tû. Dime: por

quê me preguntaste si estaba enterado?

---Escucha. Segûn me dijo mi padre, aunque sin decirme quiên se lo dijo, lo que le

robô Matilde a la chica fue un diario, y en êste hay escrito cosas que tienen que ver

con mi difunta madre, con sus salidas solamente nocturnas y con êl mismo.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Un diario? Continûa diluci-

dando.

---El caso es que Matilde tuvo un romance con mi padre y tambiên con mi madre,

motivo por el que mi progenitora saliera sôlo en la noche. Pero sabes de quiên era el

diario? De la criada que tuvo mi madre.

---Y cômo supo la criada sobre eso?

---Eso no lo sê, pero como la criada no fue ni bien tratada por mis progenitores ni 

bien pagada por mi madre, decidiô escribir ese diario para despuês vendêrselo a un 

periôdico, mas pasô que tuvo una enfermedad que afectô sus pulmones y antes de 

morir se lo dio a su hija sin decirle el porquê ni el para quê lo escribiô, mas si le pi-

diô que lo llevara siempre en su bolsa como recuerdo.

---Esmeralda, y cômo supo Matilde que el diario estaba en la bolsa de esta chica?

---Porque la chica le contô a Sista, sin saber que era la hija de Matilde, sobre el su-

sodicho diario, siendo entonces que Sista le informa a su madre y êsta decide hur-

tar el diario, ademâs que la chica trabajô en la misma oficina de turismo que Sista.

---Câspita! Esto como que parece un episodio de una serie policiaca. Y cuândo su-

cumbiô la criada?

--- Hace cinco años.

---Repâmpanos!! De no haberle hablado Sista a Matilde del diario ostensiblemente

que no hubiese pasado nada. Sabes, dêjame sorprendido Sista con el cambio que ha

dado, porque  jamâs la atingencia con su madre llegô ni tan siquiera al punto de ser

regular.

---Bueno, Kosmos, y tû realmente fuiste testigo de que la atingencia fuese asî, de

que haya Sista verdaderamente cambiado? 

---En fin, que ya lo hecho estâ hecho. Y referente al general puedo entender que por 

problemas de reputaciôn estê como estâ, mas con la posiciôn que tiene no pudiera 

apoderarse de ese diario y quemarlo?

---Y tû crees que de poderlo hacer estuviera como estâ?

---En realidad la bi-sexualidad no es nada nuevo en este mundo, mas nunca ni tan si-

quiera sospechê de que fuera bi-sexual Matilde, empero hay una cosa.

---Cuâl, Kosmos?

---Que Matilde, y a pesar de ser bi-sexual, no lo acepta, o mejor dicho, no quiere y

que lo sepan.

---Estâ clarîsimo, porque si no por quê apoderarse del diario robândolo, pero actual-

mente ya no es que la bixesualidad no es nada nuevo [...], sino que es algo tan nor-

mal que...

---Êsa es la res, Esmeralda, sê como terminarâ tu verba, mas dime: por quê vienes a 

contarme esto tan temprano en la mañana? Allende, otra cosa: por quê vuelves a ha-

cer algo que ya dîjete que no hicieras por ser contingente: tirarme piedrecitas a la 

ventana.

---Kosmos, y por quê tû bajaste? Oye: por quê mejor no me dejas que tu colcha me 

caliente a estarme haciendo preguntas de ese tipo?

---Como que alcanzo altura al calentarte con mi colcha y a la vez contemplar tus pê-

talos turgentes.

---Sî, Kosmos, y te vuelvo a dar golpecitos en el mismo hombro. 

---Ora es mejor porque estoy mâs cerca. Y, Esmeralda, dijiste que la chica trabajô 

en la misma oficina de turismo.

---Sî que lo dije, y?

---Que si trabajô ya no trabaja ahî, y entonces dônde trabaja?

---Eso no lo sê. Ah, y antes de que se me olvidê, me puedes ayudar con la mudanza?

---Câspita!! Vaya pregunta!! Claro que sî. Y cuândo serîa?

---Espero por la semana de vacaciones que tiene Caspar, y entonces te informo.

---Age, Esmeralda, age!! Dale de mi parte recuerdos a Caspar.

---Le digo, gracias!! Ya creo que me voy yendo, que se me cierran los ojos.

---Ya crees que te vas yendo. Menos mal que lo crees y no que estâs segura.

---Si ya, quê si no que tu risa? Chao, un beso, y de la forma que quieras decirlo, di-

le a Aspasia que la quiero.

---Y no le vas a comprar flores?

---Ahora la que se rîe soy yo. Me voy. Adiôs!! Te llamo.

               De regreso, vuelta, retorno a mi apartamento quedême mirando un buzôn

que estaba abierto y atiborrado de periôdicos, cartas, publicidad, y en medio de es-

ta sûmula  descollaba un papel  de color amarillo con letras rojas, por lo que impe-

pinable  entonces la siguiente cosa: que la persona a la que pertenecîa este buzôn o 

estaba de vacaciones o solamente una vez por semana ocupâbase de recoger lo que 

habîa dentro de êl sin cerrarlo. El ônoma de la persona era Rodolfo Prieto, un nom-

bre  que hasta el momento desconocîa mas que parêceme el de una criatura de una 

senecta generaciôn, de una en la que resonaban ese tipo de nombres que encajan en 

identidades  que  con el  campo (o con la campesinidad) identifîcanse, como Teodo-

ro, Jacinto, Venancio, (del latîn Venantius [cazador]), verbi  gratia. Como  a la pos-

tre y al cabo  estaba interesado  en saber de quê tratâbase lo escrito con letras rojas 

en el susodicho papel lo halo con muchitanto cuidado, como si trayera hacia mî al-

go que por relevancia deberîa sacarlo de donde estâ teniendo en cuenta la atenciôn 

y el  esmero menesteres. Completamente  afuera leo como una especie de no acep-

taciôn  que de no hacerle caso, ignorarla o desdeñarla pudiera convertirse/transfor-

marse en un posible problema: fin  con la iniciativa de vedar tener relaciones mûl-

tiples y orientadas de disîmiles maneras. Una iniciativa de este jaez no es muestra

de que a quien ocurriôsele conviênele mantener un sistema sin movimiento, estâti-

co, exento de la posibilidad de participar en la abertura actual del mundo? No son

los  tiempos  aquellos en que sôlo una rosa habîa en el jardîn. Atreverîame a decir

que ni aun asî la rosa fue siempre la misma, a no ser que quien la mirô jamâs acep-

tô que pudiera ser diferente, distinta de lo que eyectaba desde su centralidad. Y ha-

blando de centralidad debo volver a poner el papel en la que estaba.

      




    









 

  

 
































 


















 

 

 



Donnerstag, 7. November 2024

107

      Mas como concentrême tanto en el compendio pasaron dos horas sin mirar el reloj

que  cuelga encima de la puerta de mi estudio, tiempo suficiente como para que Aspa-

sia estuviera totalmente dormida, mas aun asî fui al cuarto sin escender ni tan siquiera

la  luz cosiata de una vela. Al  penetrar en el cuarto y escucharla roncar, cômo no que-

dar  completamente seguro de que su sueño no era superficial? Pero como lo que pen-

sê hacerle quedarîa grabado en una pequeña câmara digital que guardo en el escapara-

te, allende  que en su caja original, abrî la puerta  de êste mas con algo de parsimonia

con  el fin de eludir el sonido de las bisagras. Al coger la câmara y apretar el botonci-

to que la enciende percâtome de una cosa: que faltâbale carga, motivo por el cual fui

en busca del cargador, pero deplorablemente no lo encontrê donde deberîa estar: jus-

tamente en la segunda gaveta del susodicho escaparate y donde deposito por costum-

bre, como si fuese un buzôn elêctrico, todos los cables posibles/ habidos y por haber.

[Tuvo  razôn Aspasia con lo que dîjome una vez: Kosmos, esta gaveta parece un ce-

menterio de cables]. Quedândome no otra opciôn que hacer el video con el môvil fui

a mi  estudio en busca de êl, pero sin darme cuenta, y al apoyar mi mano derecha en 

la pared, tumbe un cuadro de mediano tamaño que protege del polvo una foto de As-

pasia con su bikini azul con fecha de tirada escrita con tinta roja. De tal guisa que al

caer no hizo demasido estrêpito, porque en vez de chocar contra el piso cayô encima

de mi pie izquierdo y como tal el cristal no se rompiô, ya que de ser un cuadro muy

significativo para Aspasia la rotura del cristal darîale pâbulo de amplificar su discur-

so con un porciento de iracundia. Non plus ultra de siete minutos volvî a penetrar en

el cuarto con el môvil listo para hacer el video, y al quitarle a Aspasia la sâbana que

cubrîa su cuerpo a toda flor, con ese ampo tan atractivo/seductivo que incîtame, ella

abre sus ôculos y sin dilaciôn dîceme: 

---Kosmos, la caîda del cuadro me despertô.

---No fue mi intenciôn despertarte, mas como estaba todo oscuro no me di cuenta de

donde puse la mano.

---Como que me parece o que me ibas a tirar una foto o hacer un video.

---Lo segundo, Aspasia, no lo primero. Y dime: sabes dônde estâ el cargador de mi

câmara digital?

---Y por quê saber eso si tû eres el dueño de la câmara?

---No sê, tal vez lo viste, verbi gratia, en algûn lugar del apartamento.

---Ya buscaste en la gaveta donde tienes ese montôn de cables?

---Ya lo busquê y no lo encontrê y por eso te preguntê.

---Contra, se unieron tres palabras que terminen con la vocal e.

---Êsa es la res!!

---No, no lo he visto en ninguna parte. 

---Todo aparece cuando dejas de buscarlo. Pero, Kosmos, si buscabas el cargador era

porque utilizarîas la câmara digital, no?

---Aspasia, y para quê si no buscarlo?

---Kosmos, que actualmente esa câmara digital que tû tienes casi ni se usa. Cuândo

fue que la utilizaste por ûltima vez? 

---Hace tanto quu ni me acuerdo. Ora que me preguntas, cômo pudiera esperar yo de

la câmara que estuviese cargada?

---Mira, sabes quê? Desvîstete, ven a la cama y abrâzame.

---Sobre el pucho hago todo eso!!

           Y vaya malestar que comencê a sentir en el centro de las transformaciones se-

guido  a decirme Aspasia estas palabras aniquiladoras de un estado febril: que con el 

abrazo y el estar yo pegado a su cuerpo posicionado de lado hacia la izquierda podîa 

dormirse maravillosamente. Acordândome de la sentencia que dijo Nietzsche: frente

a la necesidad todo ideal es una ilusiôn, quedôme clarîsimo que, y a pesar de haber-

me  dicho lo que dîjome, carecîa de la necesidad de entrar en contacto con lo que es-

tâ en medio de algo que a su vez proporciona un cambio efîmero, a no ser que yo hâ-

yame ido un poco lejos y como tal entendî su verba incorrectamente. Con el têlos de

eludir  el bullicio en el silencio, o sea, el ruido a causa de una sûmula de pensamien-

tos, tratê de hacer todo lo posible por quedarme dormido, lo que no traduce que a to-

do trance. Pero interesante algo pasô: la necesidad convirtiôse en un hecho que no y

de  jouissance sino semântico de Esmeralda: al yo asomarme a la ventana, y debido

nuevamente a las piedrecitas que chocaron contra êsta, dejôme saber Esmeralda que

apremîabale  hablar conmigo por una gran preocupaciôn que tenîa no por Caspar si-

no por su padre, el general Francisco Sotolongo Almendrades. A esta hora y con es-

ta  noticia, pensê yo, empero como a ella no puedo negarle escucharla cubrîme con

una colcha y bajê lo mâs raudo posible. En lo que bajaba encuêntrome en la escale-

ra  con Metôn, quiên  pregûntame quê hacia yo despierto tan temprano, a las seis y 

media  de la mañana, por lo que sacando la cuenta tuve que haber dormido poquîsi-

mo. Con  el propôsito de no revelar que esperâbame Esmeralda, respondîle que co-

mo no tenîa sueño iba al buzôn en busca del periôdico, reaccionando êl  con la pro-

yecciôn de un mohîn, mas de tal guisa no preguntôme mâs nada y deseôme que tu-

viera un buen dîa.


 

 



  











 






















 

Sonntag, 3. November 2024

106

         Al regresar a mi estudio Aspasia conversaba con Aristarco, ya que al no poder ce-

rrar  los ôculos por  carencia de sueño  preferîa levantarse a quedarse en la cama dando

una sûmula de vueltas. A pesar de encantarme la repeticiôn resultôme conveniente que

estuviesen  los dos presentes, ya  que asî no tendrîa que decir dos veces la misma cosa:

que  quien llamô fue el general. Despuês de yo amplificar lo dicho por êste, y en lo ati-

nente a quien era la progenitora de la chica a la que robôle Matilde, lo primero que As-

pasia pregûntame es lo siguiente:

---Kosmos, y esa criada que tuvo la difunta esposa del general aûn vive?

---Câspita Aspasia!! Quê sê yo de eso? Olvidôsete que dîjete que dîjome Yelas que la 

madre de Esmeralda fue cremada hace diez años?

---Quê? Cuândo me lo dijiste? Pero en el caso de que se me haya olvidado, quê tiene

que ver lo que te preguntê con lo que te dijo Yelas?

---Aspasia, analiza, piensa, medita. Si a la edad que tenîa la criada sûmansele estos

diez años, tû crees que estê aûn viva?

---La cosa a saber serîa cuântos años tenîa diez años atrâs.

---Que no deben ser pocos porque de facto tiene una hija.

---Aristarco, y acaso no pudo tenerla con poca edad? Es imposible?

---No lo es, Aspasia, no lo es. Y Kosmos, Yelas te dijo si la susodicha criada, y despuês

del fallecimiento de la madre de Esmeralda, siguiô trabajando en la casa del general?

---Yo tengo una pregunta para ustedes dos: por quê el interês de saber algo de la susodi-

cha criada?

---Interês, Kosmos? Ninguno, Sôlo que se me ocurriô la pregunta inicial que te hice.

---Aspasia, mejor creerte que discutir. Sabes quiên puede saber lo que tû quieres saber?

Esmeralda, asî que puedes preguntarle a ella.

---Te acabo de decir que fue una pregunta que se me ocurriô, asî que no hace falta que

le pregunte a ella. Por cierto, hace rato que no la veo.

---La ûltima vez que la vi fue en la fiesta del general.

---Se nota que la relaciôn con Caspar le va bien. Ya se abrâ mudado?

---O se estâ mudando? Cualquiera de las dos preguntas son posibles.

---Cômo que se muda? Y eso?

---Aristarco, porque al general no le cae bien Caspar.

---Y para dônde se muda?

---Para una vivienda que estâ detrâs y a una cuadra de la catedral barroca.

---No me digas, verdad? 

---Aristarco, y a quê dêbese la pregunta?

---Porque el alquiler en esa zona es bastante alto.

---Y tû no crees que eso es una cosa de ella y de Caspar?

---Sî, kosmos, cierto, no es un problema mîo.

---Êsa es la res! Ni de nosotros tampoco.

---Ya creo que me voy retirando, que me ha entrado sueño. 

---Crees o estâs seguro?

---Kosmos, hasta la prôxima, que de seguirte el jueguito amanezco aquî.

---Buen dormir, Aristarco.

---Aspasia, gracias!!

           Siete minutos despuês de ido Aristarco vuelve a sonar el timbre de mi telêfo-

no, motivo por el cuâl pregûntame Aspasia quiên pudiera ser el que llamaba cuasi a

las dos y media de la madrugada, respondiêndole yo que cômo saberlo sin coger el

telêfono, por lo que dîceme con un tono imperativo: côgelo para que sepas de quiên

se trata. Al responder a la llamada como que no supe quê decir por la pregunta que

hîzome Isabela: Kosmos, por fin  hablaste con Forligen? Con la intenciôn de cubrir

un poco mi silencio en lo atinente a la pregunta, y mutismo que a la postre y al cabo

no dura mucho, empiezo por saludarla y saber de su estado con esta tîpica pregunta:

Quê tal, cômo estâs? Al dejarme saber ella que un poco taciturna debido a la ausen-

cia de Forligen, por no tenerlo cercano a su cuerpo, a sus manos, sobre el pucho re-

cordême  de un aforismo de  Nietzsche y que dîjele afirmativamente: un par de es-

pectâculos poderosos son a menudo suficientes para curar a una persona enamora-

da!! A continuaciôn de suspirar profundamente me da las gracias, empero sin com-

plicaciôn  verbal agrega que sintiêndose como sentîase no estaba para espectâculo

ninguno, siendo  entonces cuando doy  con una respuesta  creîble para su pregunta 

inicial: Isabela, aûn no he hablado con êl, lo que dêbese a que he estado ocupadîsi-

mo con la lectura de mi novelôn antes de entregârselo a un editor, pero no te preo-

cupes que en cuanto pueda hablarê con Forligen. De nuevo me da las gracias y sin

añadir mâs nada cuelga.

---Mira que eres mentiroso, estâs hecho un profesional de la mentira.

---Aspasia, la mentira es de facto el elixir ideal en contra de la mala memoria.

---Sî estâ bien. Cômo no! Ahora justifîcate, pero te digo una cosa: el dîa que me di-

gas una a mî prepârate.

---Câspita! Que ya te he dicho unas cuantas mentiras.

---Quê? Cômo? Repite!!

---Que es una mentira lo que dîjete de las mentiras dichas.

---Ah bueno. Y dime: de dônde tiene Isabela tu nûmero?

---Se lo di en la fiesta del general y se lo aprendiô de memoria.

---Espero que esto sea verdad que no otra cosa por la que lo tiene.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Tû celosa? No pêgate, no va

contigo, no encaja en tu naturaleza, no es agua de tu asperjar.

---No es agua de tu asperjar! Te quedô bonito.

---Bueno quê, nos vamos a la cama?

---Me gustarîa que te quedaras dormida.

---Quê te pasa por tu testa hacerme?

---Dîgotelo cuando te levantes.

---De acuerdo.

         Y sin mirar hacia atrâs dirigiôse al cuarto silbando la melodîa de la cajita de mû-

sica que dadivôle Juliette, allende que a toda flor por haberse quitado en la sala su ba-

ta transparente, motivo por el cual quedême mirândola hasta que penetrô en el dormi-

torio. Con el têlos de no quedarme dormido durante la hora y media que mâs o menos

deberîa  esperar para que Aspasia durmiêrase profundamente, aunque pudiera ser posi-

ble  que con una hora no estuviera consciente de nada, fui a la cocina y calentê un po-

co de cafê que quedaba en el termo, hermêtico utensilio hueco donde Aspasia por cos-

tumbre echa hasta la mâs mînima cantidad que sobrô en la cafetera del polvo que pro-

viene de las simientes del cafeto, y seguido pûseme a leer en mi estudio un interesante

compendio sobre la existencia patêtica/miserable de un pensador excêntrico, marginal,

de  talante libertino y vigorosas convicciones aristocrâticas, amên que un lûcido intêr-

prete de Nietzsche e introductor de Freud en Francia: Georges Palante. En lo atinente,

sobre todo, a que fuera un lûcido intêrprete del artîfice que dijo: Ich bin kein Mensch.

Ich bin Dimanit (Yo no soy un hombre. Yo soy Dinamita), no es de extrañar que el ar-

tîfice  que  escribiô el resumen sea nada mâs y nada menos que uno que por ôntica ra-

zôn (o por preferencias que no menesteran ser subrayadas/solapadas/ ornamentadas/)

habla de Nietzsche repetidamente y con deleite: Michel Onfray. Por extensiôn no lle-

varîame este compendio a pensar en la bella y la bestia, sino mâs concreta/especîfica/

justamente en la bella y el monstruo, y el porquê queda tan claro como la mismîsima

clara del huevo: porque Palante, y por causa de una enfermedad endocrina, tuvo una

terrible deformaciôn de sus extremidades, pero aun asî la bella ( su esposa, una inve-

terada  prostituta [carrusiana]) cumpliô con su co-metido de fêmina allî donde las ex-

tensiones corporales descollaban debido al detrimento susodicho.   



 



  










 




 



 












 









 







 



















  



 












  

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...