Mas como concentrême tanto en el compendio pasaron dos horas sin mirar el reloj
que cuelga encima de la puerta de mi estudio, tiempo suficiente como para que Aspa-
sia estuviera totalmente dormida, mas aun asî fui al cuarto sin escender ni tan siquiera
la luz cosiata de una vela. Al penetrar en el cuarto y escucharla roncar, cômo no que-
dar completamente seguro de que su sueño no era superficial? Pero como lo que pen-
sê hacerle quedarîa grabado en una pequeña câmara digital que guardo en el escapara-
te, allende que en su caja original, abrî la puerta de êste mas con algo de parsimonia
con el fin de eludir el sonido de las bisagras. Al coger la câmara y apretar el botonci-
to que la enciende percâtome de una cosa: que faltâbale carga, motivo por el cual fui
en busca del cargador, pero deplorablemente no lo encontrê donde deberîa estar: jus-
tamente en la segunda gaveta del susodicho escaparate y donde deposito por costum-
bre, como si fuese un buzôn elêctrico, todos los cables posibles/ habidos y por haber.
[Tuvo razôn Aspasia con lo que dîjome una vez: Kosmos, esta gaveta parece un ce-
menterio de cables]. Quedândome no otra opciôn que hacer el video con el môvil fui
a mi estudio en busca de êl, pero sin darme cuenta, y al apoyar mi mano derecha en
la pared, tumbe un cuadro de mediano tamaño que protege del polvo una foto de As-
pasia con su bikini azul con fecha de tirada escrita con tinta roja. De tal guisa que al
caer no hizo demasido estrêpito, porque en vez de chocar contra el piso cayô encima
de mi pie izquierdo y como tal el cristal no se rompiô, ya que de ser un cuadro muy
significativo para Aspasia la rotura del cristal darîale pâbulo de amplificar su discur-
so con un porciento de iracundia. Non plus ultra de siete minutos volvî a penetrar en
el cuarto con el môvil listo para hacer el video, y al quitarle a Aspasia la sâbana que
cubrîa su cuerpo a toda flor, con ese ampo tan atractivo/seductivo que incîtame, ella
abre sus ôculos y sin dilaciôn dîceme:
---Kosmos, la caîda del cuadro me despertô.
---No fue mi intenciôn despertarte, mas como estaba todo oscuro no me di cuenta de
donde puse la mano.
---Como que me parece o que me ibas a tirar una foto o hacer un video.
---Lo segundo, Aspasia, no lo primero. Y dime: sabes dônde estâ el cargador de mi
câmara digital?
---Y por quê saber eso si tû eres el dueño de la câmara?
---No sê, tal vez lo viste, verbi gratia, en algûn lugar del apartamento.
---Ya buscaste en la gaveta donde tienes ese montôn de cables?
---Ya lo busquê y no lo encontrê y por eso te preguntê.
---Contra, se unieron tres palabras que terminen con la vocal e.
---Êsa es la res!!
---No, no lo he visto en ninguna parte.
---Todo aparece cuando dejas de buscarlo. Pero, Kosmos, si buscabas el cargador era
porque utilizarîas la câmara digital, no?
---Aspasia, y para quê si no buscarlo?
---Kosmos, que actualmente esa câmara digital que tû tienes casi ni se usa. Cuândo
fue que la utilizaste por ûltima vez?
---Hace tanto quu ni me acuerdo. Ora que me preguntas, cômo pudiera esperar yo de
la câmara que estuviese cargada?
---Mira, sabes quê? Desvîstete, ven a la cama y abrâzame.
---Sobre el pucho hago todo eso!!
Y vaya malestar que comencê a sentir en el centro de las transformaciones se-
guido a decirme Aspasia estas palabras aniquiladoras de un estado febril: que con el
abrazo y el estar yo pegado a su cuerpo posicionado de lado hacia la izquierda podîa
dormirse maravillosamente. Acordândome de la sentencia que dijo Nietzsche: frente
a la necesidad todo ideal es una ilusiôn, quedôme clarîsimo que, y a pesar de haber-
me dicho lo que dîjome, carecîa de la necesidad de entrar en contacto con lo que es-
tâ en medio de algo que a su vez proporciona un cambio efîmero, a no ser que yo hâ-
yame ido un poco lejos y como tal entendî su verba incorrectamente. Con el têlos de
eludir el bullicio en el silencio, o sea, el ruido a causa de una sûmula de pensamien-
tos, tratê de hacer todo lo posible por quedarme dormido, lo que no traduce que a to-
do trance. Pero interesante algo pasô: la necesidad convirtiôse en un hecho que no y
de jouissance sino semântico de Esmeralda: al yo asomarme a la ventana, y debido
nuevamente a las piedrecitas que chocaron contra êsta, dejôme saber Esmeralda que
apremîabale hablar conmigo por una gran preocupaciôn que tenîa no por Caspar si-
no por su padre, el general Francisco Sotolongo Almendrades. A esta hora y con es-
ta noticia, pensê yo, empero como a ella no puedo negarle escucharla cubrîme con
una colcha y bajê lo mâs raudo posible. En lo que bajaba encuêntrome en la escale-
ra con Metôn, quiên pregûntame quê hacia yo despierto tan temprano, a las seis y
media de la mañana, por lo que sacando la cuenta tuve que haber dormido poquîsi-
mo. Con el propôsito de no revelar que esperâbame Esmeralda, respondîle que co-
mo no tenîa sueño iba al buzôn en busca del periôdico, reaccionando êl con la pro-
yecciôn de un mohîn, mas de tal guisa no preguntôme mâs nada y deseôme que tu-
viera un buen dîa.
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