Insôlitamente en [un espacio de tiempo de] pocos minutos la caîda de la nieve
fue cogiendo vigor y, por lo mismo, cômo dejar de tener yo ese estado que apellîda-
se de jovialidad?, empero que no llegaba a ser extremo por el motivo siguiente: por
el pneuma inconstante de un vientecillo del oeste y por el cual penetraban los copos
en mis ôculos, motivo que segûn Caspar es una tonterîa, empero para eludir enfren-
tarme con êl con el filo de la verba dîjele que tenîa todita la razôn. Entonces me mi-
rô con cierta extrañeza porque sabe que yo cuasi nunca quêdome en mutismo, que
por la mînima cosa no dilaciono en soltar un discurso o pinceladas que pudieran en-
gendrar asombro, empero como sonô el telêfono dirigiô su mirada a êste y hasta se
apartô un poco para responder, por lo que pensê que quien llamaba no era otra cria-
tura que Esmeralda. Con el têlos de no dejarlo atrâs quedême parado como una es-
taca, y con esta posiciôn comencê a observar cômo el susodicho pneuma quitâbale
a las ramas de un fresno la poca cantidad de nieve que tenîan encima, las que des-
puês de este soplo moviânse libremente al compâs de êste. Tratando de buscarle un
porquê al pensar en este instante concreta/especîficamente en Esmeralda, pareciô-
me la razôn que por parangôn metaforizado yo pudiera compararme con una de las
ramas ya liberadas de un peso que pudiera perjudicarlas, o que las estaba (de facto)
perjudicando, pero in casu, en el mîo, las ramas de mi conciencia y debido a un pe-
sado pensar que representaba una preocupaciôn: que Esmeralda en cualquier mo-
mento dijêrame que yo la habîa embarazado, mas como ya sê que posiblemente las
pîldoras que toma son anticonceptivas las ramas de mi conciencia quedan exentas,
y como tal muêvense con soltura.
---Kosmos, sabes una cosa? Que voy a tener que empezar a creer que un tema pue-
de ser transmitido a distancia.
---Câspita!! Y de cuâl tema trâtase? Amplifîcalo!!
---El del embarazo!
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!
---Sabes quiên me llamô? Esmeralda, y para decirme nada mâs y nada menos al-
go sobre lo que estuvimos hablando: las pîldoras, y que son anticonceptivas. Quê
alivio, porque ya no tengo que preguntarle.
---Alivio por lo que acabas de decir, pero, Caspar, y algo que no te preguntê cuan-
do hablamos sobre el tema, no te gustarîa ser padre?
---Sinceramente te responderîa que no he pensado si sî o si no. Y dime tû: te gusta-
rîa a tî?
---Caspar, yo sôlo lo fui como personaje de mi novelôn, o sea, que fuera de êste no
lo serîa, amên que confiêsote que no hâceme falta pensarlo porque estoy seguro to-
talmente.
---Kosmos, y si Aspasia queda embarazada, y quiere tener su retoño, quê tû le di-
rîas, que aborte?
---No dirîale que interrumpa su embarazo, sino mâs bien que si quiere/desea tener
su retoño que olvîdese de mî.
---Verdad que le dirîas eso?
---Êsa es la res!! Eso dirîale sin cavilaciôn ninguna.
---Kosmos, y a tî te ha pasado esto: que estês hablando sobre algo con alguien y
que alguien te llame y te hable sobre lo que tû hablaste con ese alguien?
---Amigo mîo, si lo deseas te presto un libro para que te informes, que lo que te
acaba de pasar no es nada nuevo en este mundo.
---Me gustarîa aprender, pero por el trabajo que tengo no tengo mucho tiempo pa-
ra leer.
---Caspar, aunque no lo tengas por lo menos un pârrafo puedes leer cada dîa, mas
claro, estarîas mâs de seis meses leyendo un libro, mas el tiempo no importa sino
mâs bien es relevante que quieras aprender.
---Como te dije, que aprender me gustarîa. Y cuândo puedo pasar para que me des
el libro?
---Cuândo? Cuândo es una pregunta futurista que pudiera ralentizar el impulso de
querer aprender.
---Contra, Kosmos, que ya te dije que soy un simple camarero.
---Caspar, ahora mismo podemos ir a mi apartamento para darte el libro, y de paso
podemos almorzar, que comida hay basta.
---De acuerdo, Kosmos, de acuerdo.
Diez minutos despuês, y faltando aproximadamente unos doscientos metros pa-
ra llegar a mi apartamento, pareciôme ver a la chica a la que Matilde robôle el diario
y sentada en unos de los bancos rojos que recientemente pusieron en algunas partes
de la ciudad, allende que disfrutando de la caîda de la nieve, presencia que me resul-
tô crîptica porque la misma Sista dîjome que habîa desaparecido. Por esta razôn elu-
dî acercarme al banco para entrar en verba con ella, no fuera a hacer que esto se tra-
tara de una celada, de una trampa de la autoridad y con un propôsito determinadîsi-
mo. Ostensiblemente que no dîjele nada a Caspar, porque de êste decîrselo a Esme-
ralda y êsta comunicârselo al general la posibilidad de que la chica terminara o per-
seguida por Matilde o por el general no queda descartada, ya que ambos al estar in-
teresados en el diario, el que aûn tiene la autoridad mas que por derecho pertenêce-
le a la chica, la que de facto no posêelo porque la creen desaparecida, harîan todo
lo posible por quedarse con êl.
Al llegar a mi edificio Cratino estaba parado frente a la puerta como un fiel ma-
meluco. A continuaciôn de saludarnos pregûntele si deseaba almorzar con nosotros,
mas como segûn êl su estômago no estaba en buen estado como para atiborrarlo de
comida preferîa mejor no ingerir nada, si acaso tomar un tê de tisana con unas goti-
cas de alguna bebida con grado mayûsculo de alcohol, bebida que amên beneficia-
rîale por otra cosa: por calentar su cuerpo cuasi congelado, ya que hacîa mâs de la
sûmula de veinte minutos que estaba parado delante de la susodicha puerta, lo que
de facto me extrañô porque Aspasia ya deberîa haber regresado una hora antes. En
fin, y como aûn quedâbame algo de peculio de los doscientos pesos que diome Me-
tôn, pedîle de favor a Caspar que fuera a comprar una botella de ron al negocio de
Cristina, la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn.
---Kosmos, y dônde estâ ese negocio de Cristina?
---Caspar, aquî en la esquina a la izquierda. Despuês de cincuenta metros verâs un
callejôn. Cuando salgas de êste a la derecha, e inmediatamente a la izquierda debi-
do a que la cuadra es corta. A continuaciôn recto ciento cincuenta metros, medida
justîsima, o sea, ni mâs ni menos, donde descolla el ônoma Cristina lumbrado con
bombilla incandescente.
---Bueno, Kosmos, si no toco el timbre es que me perdî.
---No te vas a perder. Tû regresas.
---Bien. Entonces hasta ahorita.
---Kosmos, y cômo sabes de la inclinaciôn de Cristina?
---Câspita Cratino!! Tû preguntândome eso?
---Ah, entonces es una invenciôn tuya?
---Êsa es la res!! Vamos arriba?
---Vamos, kosmos, vamos!!
Y yendo hacia arriba vuêlvome a encontrar con Metôn en la escalera, mas co-
mo lo contrario/opuesto al parecer hoy tenîa que suceder sin dilaciôn dîgole:
---Metôn, si por la mañana usted subîa y yo bajaba; ora, al mediodîa, yo subo y usted
baja.
---No te habîa dicho que a lo mejor nos volvîamos a ver en la escalera?
---Cômo olvidarlo, si su decir cuasi que estâ fresco.
---Y dime, Kosmos: te alcanzaron los doscientos pesos?
---Câspita!! Que si no hubiese sido por usted, Metôn, la invitaciôn a almorzar que le
acabo de hacer acâ a mi buen amigo Cratino, y a Caspar, que fue en busca de una bo-
tella de ron, no serîa posible.
---Por lo que entiendo que comida tienes suficiente.
---Êsa es la res, Metôn.
---Y cômo tû estâs, Cratino, el hijo del difunto cliente de mi banco, de Teôfilo, el de
la razôn perdida?
---Gracias por preguntar, Metôn. Normalmente estoy super bien, mas ahora tengo y
una pejiguera estomacal sin saber que fue lo que ingerî que la causô.
---Y tû, con esa pejiguera, aceptaste la invitaciôn que te hizo kosmos?
---No, Metôn, no, ya le dije que no almorzarîa, y que solamente tomarîa un tê de ti-
sana con un poco de ron.
---Remedio santo, muchacho!! A mî el tê me encanta, como al tîo de Kosmos.
---Y hablando de êl estâ desaparecido. Kosmos, sabes algo?
---No, Cratino, no sê nada.
---Y si le pasô algo y no pudo avisarte?
---No lo creo, y sabes por quê?, porque no es la primera vez que dejo de verlo por
un tiempo, que ausêntase por unas semanas, que esfûmase, etc.
---Ya te dije, Kosmos, que cuando lo vieras lo saludaras de mi parte.
---Sî, Metôn, sî, eso le dirê cuando lo vea.
---Perfecto!! Ah, y antes de que se me olvide, o mejor dicho, de que se me siga olvi-
dando, porque de hecho hoy te he visto dos veces y no te lo dije, sabes quien me pre-
guntô por ti?
---Quiên, Metôn, quiên?
---Aristofôn!
---Eso quiere decir que usted reuniôse con el grupo, no?
---Eh? Kosmos, quiere decir o que tû no le caîste mal o que diose cuenta de que por
tu saber te ha considerado/valorado un interlocutor con el que se puede hablar de/so-
bre todo.
---Cratino, Metôn solamente tiene contacto con Aristofôn cuando jûntanse los inte-
grantes del grupo que financiarân el museo.
---Asî es, Cratino, kosmos estâ claro. Bueno, los tengo que dejar, que ahora el que
va de compras soy yo. Que la pasen bien. Y, Cratino, pronta mejorîa.
---Gracias, Metôn, gracias!
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