Al salir de mi edificio no dilacionô Esmeralda en chiflarme con el fin de que cru-
zara la calle con el fin de ambos posicionarnos verticalmente debajo de un toldo [de
fabricaciôn asiâtica y tan senecto/inveterado que en cualquier momento pudiera caer-
le encima a cualquiera de los consumidores] y de un pequeño mercado de legumbres
y hortalizas que cuasi nunca recoge el propietario oriundo de Tsingtao, quedândome
claro que el porquê de que fuese debajo de êl tenîa que ver con una sola cosa sensata:
con la de no ser vistos por Aspasia en el caso de que mirara por la ventana. Despuês
de saludarnos, de que ella dijêrame, y dândome unos golpecitos en el hombro dere-
cho, que parecîa mentira que la ûltima vez que me vio fue en la fiesta que hizo Fran-
sis, lo que traduce que no sabîa mâs nada de mi desde hacîa un buen rato, que si no
desde aquel entonces, llamôme la atenciôn lo turgente que estaban sus pêtalos, pe-
ro en lo que mirâbaselos ella agârrame la mano derecha y dîceme sin tapujo alguno
que eran los mismos pêtalos que yo conozco, toquê y apretê. A continuaciôn prende
un cigarro, y al volver a apoderarse de la verba para amplificar una palabra que ha-
bîale faltado sacar a puesto, a colocaciôn, yo pedîle que no la dijera, porque con las
tres aquellas que ya escuchê como que empezaba a erizarme. Al ser pavesa la mitad
del cigarro lleva ella la conversa al tema por el cual vino a verme: la preocupaciôn
por su padre.
---Kosmos, noto que mi padre estâ un poco raro, come poco y no duerme mucho.
---Entonces, Esmeralda, aûn no te has mudado?
---Asî es, Kosmos, aûn no.
---Y cuâl es la razôn de todo eso? No es normal que Francis estê asî.
---Estâs enterado de lo del caso de hurto de Matilde y Sista?
---Câspita!! Fui testigo visual, allende que con prismâticos y desde mi balcôn, del
susodicho robo.
---Cômo? Verdad? Êsta no es una de tus ocurrencias para mortificarme.
---No, Esmeralda, no es una de las mîas, mas ora sigue amplificando tû. Dime: por
quê me preguntaste si estaba enterado?
---Escucha. Segûn me dijo mi padre, aunque sin decirme quiên se lo dijo, lo que le
robô Matilde a la chica fue un diario, y en êste hay escrito cosas que tienen que ver
con mi difunta madre, con sus salidas solamente nocturnas y con êl mismo.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Un diario? Continûa diluci-
dando.
---El caso es que Matilde tuvo un romance con mi padre y tambiên con mi madre,
motivo por el que mi progenitora saliera sôlo en la noche. Pero sabes de quiên era el
diario? De la criada que tuvo mi madre.
---Y cômo supo la criada sobre eso?
---Eso no lo sê, pero como la criada no fue ni bien tratada por mis progenitores ni
bien pagada por mi madre, decidiô escribir ese diario para despuês vendêrselo a un
periôdico, mas pasô que tuvo una enfermedad que afectô sus pulmones y antes de
morir se lo dio a su hija sin decirle el porquê ni el para quê lo escribiô, mas si le pi-
diô que lo llevara siempre en su bolsa como recuerdo.
---Esmeralda, y cômo supo Matilde que el diario estaba en la bolsa de esta chica?
---Porque la chica le contô a Sista, sin saber que era la hija de Matilde, sobre el su-
sodicho diario, siendo entonces que Sista le informa a su madre y êsta decide hur-
tar el diario, ademâs que la chica trabajô en la misma oficina de turismo que Sista.
---Câspita! Esto como que parece un episodio de una serie policiaca. Y cuândo su-
cumbiô la criada?
--- Hace cinco años.
---Repâmpanos!! De no haberle hablado Sista a Matilde del diario ostensiblemente
que no hubiese pasado nada. Sabes, dêjame sorprendido Sista con el cambio que ha
dado, porque jamâs la atingencia con su madre llegô ni tan siquiera al punto de ser
regular.
---Bueno, Kosmos, y tû realmente fuiste testigo de que la atingencia fuese asî, de
que haya Sista verdaderamente cambiado?
---En fin, que ya lo hecho estâ hecho. Y referente al general puedo entender que por
problemas de reputaciôn estê como estâ, mas con la posiciôn que tiene no pudiera
apoderarse de ese diario y quemarlo?
---Y tû crees que de poderlo hacer estuviera como estâ?
---En realidad la bi-sexualidad no es nada nuevo en este mundo, mas nunca ni tan si-
quiera sospechê de que fuera bi-sexual Matilde, empero hay una cosa.
---Cuâl, Kosmos?
---Que Matilde, y a pesar de ser bi-sexual, no lo acepta, o mejor dicho, no quiere y
que lo sepan.
---Estâ clarîsimo, porque si no por quê apoderarse del diario robândolo, pero actual-
mente ya no es que la bixesualidad no es nada nuevo [...], sino que es algo tan nor-
mal que...
---Êsa es la res, Esmeralda, sê como terminarâ tu verba, mas dime: por quê vienes a
contarme esto tan temprano en la mañana? Allende, otra cosa: por quê vuelves a ha-
cer algo que ya dîjete que no hicieras por ser contingente: tirarme piedrecitas a la
ventana.
---Kosmos, y por quê tû bajaste? Oye: por quê mejor no me dejas que tu colcha me
caliente a estarme haciendo preguntas de ese tipo?
---Como que alcanzo altura al calentarte con mi colcha y a la vez contemplar tus pê-
talos turgentes.
---Sî, Kosmos, y te vuelvo a dar golpecitos en el mismo hombro.
---Ora es mejor porque estoy mâs cerca. Y, Esmeralda, dijiste que la chica trabajô
en la misma oficina de turismo.
---Sî que lo dije, y?
---Que si trabajô ya no trabaja ahî, y entonces dônde trabaja?
---Eso no lo sê. Ah, y antes de que se me olvidê, me puedes ayudar con la mudanza?
---Câspita!! Vaya pregunta!! Claro que sî. Y cuândo serîa?
---Espero por la semana de vacaciones que tiene Caspar, y entonces te informo.
---Age, Esmeralda, age!! Dale de mi parte recuerdos a Caspar.
---Le digo, gracias!! Ya creo que me voy yendo, que se me cierran los ojos.
---Ya crees que te vas yendo. Menos mal que lo crees y no que estâs segura.
---Si ya, quê si no que tu risa? Chao, un beso, y de la forma que quieras decirlo, di-
le a Aspasia que la quiero.
---Y no le vas a comprar flores?
---Ahora la que se rîe soy yo. Me voy. Adiôs!! Te llamo.
De regreso, vuelta, retorno a mi apartamento quedême mirando un buzôn
que estaba abierto y atiborrado de periôdicos, cartas, publicidad, y en medio de es-
ta sûmula descollaba un papel de color amarillo con letras rojas, por lo que impe-
pinable entonces la siguiente cosa: que la persona a la que pertenecîa este buzôn o
estaba de vacaciones o solamente una vez por semana ocupâbase de recoger lo que
habîa dentro de êl sin cerrarlo. El ônoma de la persona era Rodolfo Prieto, un nom-
bre que hasta el momento desconocîa mas que parêceme el de una criatura de una
senecta generaciôn, de una en la que resonaban ese tipo de nombres que encajan en
identidades que con el campo (o con la campesinidad) identifîcanse, como Teodo-
ro, Jacinto, Venancio, (del latîn Venantius [cazador]), verbi gratia. Como a la pos-
tre y al cabo estaba interesado en saber de quê tratâbase lo escrito con letras rojas
en el susodicho papel lo halo con muchitanto cuidado, como si trayera hacia mî al-
go que por relevancia deberîa sacarlo de donde estâ teniendo en cuenta la atenciôn
y el esmero menesteres. Completamente afuera leo como una especie de no acep-
taciôn que de no hacerle caso, ignorarla o desdeñarla pudiera convertirse/transfor-
marse en un posible problema: fin con la iniciativa de vedar tener relaciones mûl-
tiples y orientadas de disîmiles maneras. Una iniciativa de este jaez no es muestra
de que a quien ocurriôsele conviênele mantener un sistema sin movimiento, estâti-
co, exento de la posibilidad de participar en la abertura actual del mundo? No son
los tiempos aquellos en que sôlo una rosa habîa en el jardîn. Atreverîame a decir
que ni aun asî la rosa fue siempre la misma, a no ser que quien la mirô jamâs acep-
tô que pudiera ser diferente, distinta de lo que eyectaba desde su centralidad. Y ha-
blando de centralidad debo volver a poner el papel en la que estaba.
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