Cumpliendo con el cometido [de ser como siempre he sido cuando trâtase del te-
ma] de la puntualidad, presente estuve en el centro de la plaza de la catedral barroca
en el horario acordado con Caspar, mas como êl no aparecîa la ûnica manera de (a lo
mejor) saber dônde estaba era llamândolo, empero como mi môvil quedôseme en mi
apartamento la ûnica posibilidad de comunicaciôn era con el môvil de Aspasia. En lo
que dirigîame al lugar donde ella ganâse la propina menester tocando su chelo acopas
sucede algo: interpônese en mi direcciôn Helade, y con una sonrisa tremenda acêrca-
seme y dîceme:
--Kosmos, ya no te pueden quedar dudas de una cosa que te dije hace tiempo: que Ma-
tilde Ronco Espinoza es una ladrona.
--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Y cômo usted sûpolo?
--Acaso se te olvidô que nosotras, y como vendedoras, escuchamos en este lugar una
buena cantidad de cosas que pasan en esta ciudad? Este sitio es como un periôdico: se
oyen noticias de todo tipo y no muy pocas en cada provincia.
--Câspita!! Vaya analogîa la de usted! Quisiera decirle, con una verba inteligible, que
dudar, como una forma pinacular de conducir a la pesquisa con el pensamiento, es pa-
ra mî significante y, como tal, indefectible.
--Kosmos, no me acabas de decir lo de la verba inteligible?
--Y acaso no acabo de cumplir con ella?
--Verdad, Kosmos, verdad?
--Discûlpeme usted, Helade, mas este diâlogo no puede alongarse porque tengo algo
urgente que hacer. Desêole un especioso dîa y hasta la prôxima.
A pesar de no ser mentira lo que acabo de decir, aun no siendo la palabra urgen-
te verdaderamente menester, Helade como que mirôme no muy convencida, lo que y
traduce que entendiô mi verba como una justificaciôn para no continuar intercambian-
do palabras, empero de tal guisa dio media vuelta y regreso a su puesto de trabajo en
la puerta principal de la catedral barroca. Liberado de su presencia respirê profunda-
mente, una ganancia de aire saludable para los pulmones que no pude disfrutar del to-
do por tener que atender a Caspar posicionado a la zaga de mî.
---Kosmos, disculpa la tardanza, pero por cuestiones de trabajo se me hizo imposible
llegar puntual, que sê que tû eres un reloj.
---Êsa es la res, Caspar, mas sabes una cosa: has llegado tarde, sî, algo indeleble, pe-
ro ora que estâs aquî ya no tengo que ir adonde toca el chelo Aspasia.
---Kosmos, te explicas?
---Escucha. Como quedôseme al môvil en mi apartamento la ûnica posibilidad de co-
municarme contigo era con el môvil de Aspasia, pero para llegar adonde estâ ella no
puedo eludir quitar del camino esa masa de gente que tû ves, lo que significa atrave-
sarla pidiendo beneplâcito para pasar y mâs de una vez disculpas.
---Kosmos, y necesariamente tienes que atravesarla?
---Caspar, que si no la atravieso el viaje es mâs largo.
---El viaje? Bueno, tû sabrâs de tus cosas.
---Y la cosa tuya quê?
---Te refieres a lo de Esmeralda?
---A cuâl otra cosa referirîame que no fuera esta cosa tuya y por la que estamos aquî?
---Pues oye, que la cosa es la siguiente: Esmeralda toma unas pîldoras que no me ha
dicho que las toma, y lo sê porque sin que ella supiera que escondido la estaba obser-
vando.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!
---Por quê lo dices?
---Dime tû: sabes si ella no quiere ser madre?
---No, de tal tema no hemos hablado, hasta el momento no se ha tocado. Espera. Tû
crees que sean pîldoras anticonceptivas?
---Es posible, Caspar, es posible. Mas puedes, como si fuese una misiôn secreta, sa-
ber quê tipo de pîldoras son, no? Si ya la observaste escondido, asimismo subrepti-
ciamente....
---Pero pasa una cosa: las pîldoras las guarda en la gaveta de su mesita de noche y
la llave no sê dônde estâ.
---Caspar, tienes un imân?
---No tengo, pero se puede comprar. Pero tû crees que tengo tiempo para ese traba-
jo?
---Caspar, quien quiere puede, no?
---Sî, Kosmos, ya sê, pero pasar el imân por no sê cuântas partes....a no ser en la no-
che, pero corro el riesgo de ser descubierto por el general.
---Cômo? A no ser que la llave estê fuera del cuarto de ustedes, lo que no creo, y co-
mo tal la que sî te pudiera descubrir es Esmeralda.
---Kosmos, y mejor no serîa preguntarle a Esmeralda, no dônde guarda la llave sino
para que son las pîldoras?
---Aplausos, Caspar, a-plau-sos!! O cuando las cosas complîcanse se busca lo senci-
llo o cuando no satisface lo sencillo se buscan las cosas complejas.
---Contra, Kosmos, que tan solamente soy un simple camarero.
---Entonces, simple camarero, le preguntas?
---Sî, Kosmos, le preguntarê, y asî no tendrê que hacer nada mâs a escondidas. Pe-
ro si le pregunto y no responde, o me responde y dice una mentira, quê puedo hacer?
---En cualquiera de los dos casos mantener el control absoluto de la emociôn por ser
êsta la causante o de decir algo que carece de permanencia o de teatrializar un com-
portamiento con el cual tanto el ensalzamiento como la disposiciôn falsa de aceptar
ciertas cosas son posibles. De facto existe un remedio, que seguro tû has oîdo, y que
contra lo que acâbote de decir es definitiva/tantîsimamente efectivo: liberarse de las
emociones, y no sôlo de las negativas sino que asimismo de las positivas.
---Si tû que sabes un montôn/burujôn/pila de cosas lo dices...
---Caspar, el saber es algo bueno, mas êste pastichado con la experiencia es algo me-
jor.
---De la experiencia tambiên se saca un saber sin pastiche ninguno.
---Êsta es una suntuosa perîstasis para un discurso que de momento es intempestivo.
Escucha. La emociôn es algo asî como un momento efîmero de liberaciôn y partici-
paciôn....
---Participaciôn? En quê?
---En un estado que carece de base sôlida, y como tal su apoyo es endeble. Sabes
cômo pudieras comprenderlo mejor?
---Cômo?
---Acordândote de algûn momento en que alguien dîjote algo por cuestiones de la
emociôn y lo que verdaderamente hizo despuês de no tener êsta.
---Bueno, ahora no me acuerdo de nada.
---Dîjete acordândote, mas no que fuera ora.
---Entonces tratarê de acodarme despuês.
---Êsa es la res!! Mâs tarde!
---Ah, y a propôsito de acordarse uno de algo, sabes de lo que me acabo de acordar?
---Amplifîcalo, Caspar, am.pli-fî-ca-lo!
---De lo que me dijo Esmeralda sobre una de las cuatro chicas que su padre, el gene-
ral, contratô para su fiesta y con el fin de atender a los invitados.
---Cômo no acordarme bien de ella: Anabel! Y quê te dijo Esmeralda?
---Que tanto tû, como Cratino, hablaban con ella con cierta soltura.
---Con cierta soltura? Y quê tû entiendes por con cierta soltura?
---Kosmos, a mî no me interesa entender eso, solamente te dije lo que me dijo Es-
meralda, la que sî sabrâ el porquê de su decir con cierta soltura.
---Sospecho que Esmeralda quiso lograr algo con este decir.
---Tû crees? Quê?
---Tendrîa que ponerme a pensar con detenimiento, pensar que es imposible con el
cacareo que nos rodea, que esta plaza parece un gallinero que atrae a disîmiles len-
guas, sobre todo forâneas.
---Vaya comparaciôn que se te ocurre: un gallinero, como que me da risa.
---Y vaya palabra que has sacado a puesto, a colocaciôn: risa!
---Sî! Una de tus favoritas, no?
---Êsa es la res!
---Cômo? Comienza a nevar?
---Al fin!! Aunque segûn el pronôstico nevarîa mañana, pero yo contento de que sea
ora.
---Contento? Entonces te gusta la nieve?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Vaya pregunta.
---Por casualidad tienes una sombrilla en tu bolsa?
---Indefectible, Caspar, indefectible mas no contra la nieve sino contra la lluvia.
---Pues prêstamela, que no soporto copos frîos en mi testa.
---Aquî la tienes, es toda tuya.
---Gracias!! Pero dime, Kosmos: mejor que quedarnos aquî parados podemos cami-
nar, para que circule la sangre?
---Age en plural, Caspar, age!!
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