Y despuês/a continuaciôn del punto final de mi explicaciôn, Aristogitôn saca a
puesto, a colocaciôn una afirmaciôn que Feliciano no captô, pero que yo sî sin duda
de ningûn tipo: nichts wie weg hier!! La no comprensiôn de êste, cômo no servirme
de aliciente para volver a apoderarme de la verba?, no ya esta segunda vez para cla-
rar/informar (sobre) algo, sino para dejar la correspondiente/adecuada/indefectible
traducciôn, empero como pasô que Aristogitôn la tradujo quedême con las ganas de
traducir.
---Sî!, estâ bien, Aristogitôn, pero por quê nada como irse de aquî?
---Feliciano, porque aquî estâ Kosmos, el que explica algo con tanta complejidad y
extensiôn, y por lo mismo no vale la pena quedarse donde uno estâ.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!
---Eso mismo, Kosmos, eso mismo!
---Demasiadîsimo austero que es usted conmigo, Aristogitôn.
---Aristogitôn, me parece que kosmos tiene razôn.
---Feliciano, y di la verdad, no la mentira para quedar bien con êl, tû entendiste al-
go de lo que explicô referente al porquê de ser el seleccionado para ser el guardiân
del futuro museo?
---No, Aristogitôn, no entendî nada, pero y quê? Quê importa entender o no si de y
todas maneras Kosmos tendrâ ese trabajo?
---Y punto a la raya y que continûe la letra!
---Kosmos, tû dices esto por la defensa de Feliciano, o por su complicidad/alcahue-
terîa?
---Lo digo porque al enfrentarse ustedes dos seguro que hay mâs que decir a conti-
nuaciôn del punto a la raya.
---Mâs que decir? Quê dices? Sabes, lo que dije lo cumplo.
---Nichts wie weh hier?
---Exacto, correcto!!
---Creo que estâs exagerando, viejo amigo mîo, que no es para tanto.
---Feliciano, tû no me conoces de ayer, sabes cômo soy para ciertas cosas, no?
---Lo tengo bien claro, pero, acaso, no puedes hacer una excepciôn?
---Hacerla no puedo. No! Quê va! Que si la hago no me sentirîa bien.
---Deplorable que el final no haya sido feliz.
---El final de quê, Kosmos?
---Aristogitôn, de la conversa entre nos. Con este antecedente, la prôxima vez que
lo vea no presêntome voluntariamente.
---Kosmos, te puedes presentar asî, pero ya con el conocimiento de que frente a mî
deberîas explicar sencillamente.
---Aristogitôn, esa cuerda no pertenece a mi guitarra.
---Queda dicho que no te presentarâs. Bueno, que tengas un buen dîa, que me voy.
---Aûn no creo que te vayas.
---Feliciano, ya no estoy. Nos vemos en otro momento.
Y entonces se fue. Sin dilaciôn dîjele a Feliciano que sorprendiôme la actitud
de Aristogitôn, que jamâs de êl esperaba una como êsta, porque de facto cuando lo
conocî en la nocturna, y dialogamos los dos, parecîa otra criatura, o sea, mâs tole-
rable y conformista, lo que no quiere decir que estoica, que aferrada y apegada a
un esquema o patrôn de comportamiento que entra en funciôn a partir de una cosa
concreta/especîfica/determinada: la dilucidaciôn mîa.
---Kosmos, pero te puedo asegurar que no es una mala persona. Que tenga impul-
sos de vez en cuando ya es otra cosa, pero, y como fuiste testigo de êsta....
---Feliciano, agradêzcole la coloridad expositiva de su verba, empero puede usted
quedar seguro que no necesîtola, no hâceme falta para llegar a un convencimiento.
---Y cuâl es el convencimiento?
---Dêjole saber que no lo comparto, porque al ser mîo quêdase para mî solamente.
---Siento haberte hecho una pregunta delicada.
---No tiene por quê sentirlo, no lo sienta.
---Me gustarîa invitarte a tomar algo, pero no creo que sea posible porque...
---Porque quedê con mis amigos en encontrarme con ellos en la feria.
---Bueno, en otro momento serâ. Hasta entonces.
---Hasta êste, Feliciano, hasta êste.
A pesar de la verba de Aristogitôn, yo creo que no solamente fue por su no en-
tendimiento que hâyase molestado, sino que allende, y por una cuestiôn autosugesti-
va, êl ya tenîa la sombra de algo con pudiencia que le acarreô un estado determinado
de conducta, o de proceder de consuno con êste. A la postre y al cabo su forma/mane-
ra de salir de la conversa, y poniendo como justificaciôn la complejidad de mi verba,
de importarme no impôrtame mucho, mas de tener en cuenta lo que dije fue mâs bien
por no olvidar ciertas cosas aprendidas que sî tienen para mî muchitantîsima relevan-
cia. Notoria diferencia con Feliciano, el que tampoco entendiô mi dilucidaciôn, pero
aun asî no dejô calaña de pejiguera por no comprenderla, lo que traduce que por care-
cer de algûn motivo interior imperante mantuvo su ponderamiento emocional, un me-
nester equilibrio. Pegarîale a esto un aforismo del înclito (estoico) Lucio Anneo Sêne-
ca, mas como camino solo en direcciôn a la feria, para quê sacarlo a puesto, a coloca-
ciôn si no puede escucharlo nadie?
Al llegar a la feria, con quiên conversaban Cratino y Aristarco? Nada mâs y nada
menos que con la chica que habîamos visto y llevando en su testa la guirnalda de Lau-
rel, razôn por la cual dîceme Aristarco que lo que êl habîa dado por misterioso no era
otra cosa que un simple y llano juego que propûsose la chica para que pensâramos en
ella despuês de haberla visto como cada uno de nosotros la vio, algo que dejôme sa-
ber a poca distancia de separaciôn con ella, lo que entendî como una forma de sensa-
tez, incluso no siendo êsta la preferida de Aristarco, A continuaciôn de este barrunte,
Aristarco y yo vamos adônde estâ Cratino y la chica, y sin circunloquios y ambages
Aristarco presêntamela. Al oîr ella ni ônoma lo considerô interesante, amên que nada
comûn por la resonancia que deja al decirlo en voz alta, verba que me imantô por su
pimpancia colorida y rarîsima de escuchar en la lenguajerîa actual; pero al yo escu-
char el suyo, como si tratârase de una dulzura que seduce al paladar en un banquete
imposible por el tiempo en que vivimos, sobre el pucho apareciô una jovialidad vigo-
rosa.
---Kosmos, y a quê se debe que ni nombre, muy lejos del tuyo, te cause esta alegrîa?
---Rosamunda, por esto: por significar, etimolôgicamente, del latîn germanizado, ro-
sa protectora.
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