Volviendo al movimiento, o sea, saliendo de la inmovilidad, empero sin dejar hue-
huellas Cratino y yo, continuamos yendo hacia el lugar al que îbamos: al karakorum,
macizo montañoso donde eyecta su inveterada construcciôn el edîculo donde Cratino
habita. Pudiêramos ya haber llegado si no hubiera aparecido el progenitor de Aspasia,
Rodolfo Prieto Martînez, ônoma del psicôlogo que acabamos de saber, pero como to-
do tiene su razôn de ser, su justificaciôn de acuerdo a un plan/programa desconocido,
no solamente habrîa que decir que lo que sucede conviene, sino que asimismo que lo
que pasa acarrea la demora, dilaciôn que pudieta traer consecuencias mayûsculas de
haber tenido lugar en otro kairos. Allende de lo que acabo de decir, diome pâbulo de
pensar este encuentro acopas que seguido a una subrepticia conspiraciôn entre hija y
padre aquêlla convenciera a êste de que espiârame tan pronto como viêrame en la ca-
lle, trasladarme de un punto otro con mis compinches cumpliendo con alguna activi-
dad sin importar su jaez. Por esta razôn, una con peso y resonancia, es que empiezo
a dudar de lo que dîjome Rodolfo: de que Rosamunda era la hija de la difunta Simae-
ta, aun asegurândome êl que sabîalo porque Rosamunda fue su paciente durante seis
meses en su consulta privada, algo posible de creer por el oficio que tiene, pero a su
vez este mismo trabajo de telôn puede servir para ocultar/tapar/ esconder/ solapar la
verdad en sî, como es, como tal.
---Kosmos, tanto lo poco como lo mucho no son saludables, y tû tienes mucha imagi-
naciôn. Se te olvidô la justa medida?
---Câspita, Cratino, repâmpanos!! Convertido tû en peripatêtico?
---Cômo? No me cambio de buen lector para caminar por el perîpeto.
---Y punto a la raya y que continûe la letra.
---Y no mâs letra seguido al punto porque ya dije la letra que era.
---Verdad que tû crees que lo que dije es producto de mi magîn?
---Kosmos, quê sentido tiene eso de que Rodolfo te espîe, si de hecho tû no estâs en
nada.
---Cratino, tû sabes que Aspasia sî sabe que yo he estado en algo, o que he estado en
lo que estuve, asî que no es imaginaciôn mi verba.
---Sabes quê? Sîgamos caminando.
---Age en plural, age!!
Cuando llegamos a su apartamento, Cratino extrañôse por la ausencia de Julie-
tte, mas cuando llevô la bolsa al cuarto con las veinte cajitas de mûsica encontrô en-
cima de su almohada una nota que decîa lo siguiente: no me esperes para comer que
Esmeralda me invitô a cenar. Nos vemos mâs tarde.
---Kosmos, esto sî que es una novedad, y me alegro tantîsimo de que ambas vuelvan
a ser amigas, o mejor dicho, que se hayan reconciliado.
---Cratino, y cuândo ocurriô la reconciliaciôn?
---Tiene que haber sido hoy, a no ser que en otro momento y Juliette no me lo dijo.
---Sabes quê? Apostarîa contigo diez pesos a que fue hoy, porque por quê no te lo di-
rîa.
---Solamente diez pesos? Dêjate de bobadas y dime: estâs famêlico?
---Y muchitanto!
---Dêjame ver quê hay en el frîo.
---Al avîo, Cratino, al avîo!
---Te informo: la mitad de un pollo y unas papas que estân erectas.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Unas papas que estân erectas.
Y desde cuândo las papas jorôbanse?
---Las embadurno de aceite para que pierdan....eso?
---El solvento mâs propicio y râpido.
---Y el pollo, lo comemos frîo?
---Para mî es igual, no sê para ti.
---A mî me da lo mismo.
---Pues es igualdad de condiciones....
---No empieces a transformar viejas sentencias con el fin de salirte con las tuyas.
---Puêdome reîr, Cratino?
---Claro que sî, pero simultâneamente con tu risa pon sobre la mesa cubiertos y pla-
tos, y no me preguntes dônde estân porque los tienes frente a tu vista, al alcance fron-
tal de tu mirada.
Puesto lo menester para comenzar con el âgape nos sentamos a comer, y casi se-
guido empezaron a sonar unos cañonazos provenientes de la academia militar, empe-
ro como los cañones apuntan hacia el bosque de los liberales, una reciente posiciôn
de la que hablôme el general hace ya un tiempo, cômo no lamentarme por los posi-
bles orificios en la tierra y escindimientos de algunas raîces de su ârbol?
---Kosmos, se comenta que hay (previsto) un plan de destrucciôn del bosque, lo sa-
bîas?
---Esto no, mas sî supe del cambio de posiciôn de los cañones por boca del mismîsi-
mo Francisco Sotolongo Almendrades, y el dîa que tû y yo comimos con êl en el res-
taurante de langostas.
---Ah sî? Y cuândo te lo dijo, porque no escuchê nada?
---Cuando nos encontramos en el baño.
---Increîble la buena relaciôn que haz hecho con Francis, con un general.
---Ni yo mismo la creo, un alêrgico a las charreteras, mas como no es imposible la
aprovecho por los beneficios que reporta. No te olvides de que no es vivir, sino saber
vivir, que si no aprender a vivir con lo que la vida te va dando y quitando.
Una hora despuês, y exactamente a las nueve de la nocturna, cesaron los cañona-
zos. En lo que fregaba Cratino los platos y cubiertos que utilizamos, yo salî al balcôn
no solamente para fumarme un cigarro, sino que asimismo para atisbar tanto la acade-
mia como el bosque de los liberales. Si la vista de la academia recordôme los senec-
tos tiempos cuando marchaba con botas en el ingente polîgono y hacîa en êste gimna-
sia matutina, la del bosque de los liberales despertôme la imaginaciôn con la que pu-
de tener esta imago: la de Rosamunda a toda flor dejândose poner la guirnalda de lau-
rel por un personaje mîtico. Entonces, y en funciôn de vate, comencê a buscar las mâs
cercanas palabras con el têlos de vestir la imago, algo que no logrê del todo por el mo-
tivo siguiente: por el de la pregunta que hîzome Cratino de que si tenîa ganas de cami-
nar un rato por el susodicho bosque.
---Câspita, Cratino! Que tû no sepas la respuesta serîa totalmente insôlito.
---Kosmos, sê que te encanta este bosque, pero cômo saber si tienes ganas o no de....
---Amigo mîo, esta vez nada de punto a la raya y que continûe la letra, que lo que en
sî, como tal necesitamos ora no es mâs verba despuês del punto sino hacer.
----Sabes quê? Que ahora pega mâs que nunca tu decir age en plural, age!
----Êsa es la res!! Mas antes de salir agarra una linterna, no vaya a ser que nos demos
un trastazo contra el suelo de caer en alguno de los huecos dejados por los cañonazos.
----Bien pensado, pero me parece mejor una linterna por cabeza.
----A mî tambiên.
----Voy por ellas, por las dos, por una para tî y otra para mî.
----Acabarâs de irlas a buscar, Cratino?
Y regresô con ambas cinco minutos despuês, porque como las pilas estaban gas-
tadas tuvo que cambiarlas por unas nuevas; pero, y donde radica la demora, hallar las
nuevas no fuele fâcil dentro de la sûmula de cosas acumuladas dentro de un pequeño
cuarto, y desde las mâs minûsculas hasta las mâs grandes.
---Entonces, Cratino, podemos partir?
---Sî, kosmos, sî! Nos largamos de una vez, y no por todas, porque êsta no es la ûltima.
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