De tal guisa para nosotros ninguno de los cañonazos afectô la parte delantera del
bosque, siendo asî que podîamos entrar en êste sin ôbice/escollo alguno. Inmediata-
mente encendimos las linternas, y seguido dîceme Cratino que êl irîa delante y que
yo lo siguiera, decir con el que estuve totalmente de acuerdo porque asî eludirîa una
tremendîsima responsabilidad: la de estar concentrado y cien por ciento al tanto de lo
que iba apareciendo. Como la luna estaba tapada por una sûmula de nubes la noctur-
na era mâs oscura/prieta, razôn por la cual pudiera empezar a llover en cualquier mo-
mento. Despuês de caminar aproximadamente unos trescientos metros, Cratino avîsa-
me del primer orificio al alcance de la luz de su linterna, por lo que la obligatoria ne-
cesidad de desviarnos hacia la izquierda o hacia la derecha habîa que tenerla muy se-
riamente en cuenta, porque de seguir recto/directo caerîamos en el susodicho agujero
en la tierra. Sin pregunta alguna, porque êl sabe que la izquierda no me agrada/gusta,
no es de mi preferencia, lo que leyô mâs de una vez en mi novelôn, Cratino se fue por
la derecha, mas para recordarle un detalle que para mî es relevante, que celebro tanto
con bombo como con platillo, dîjele lo siguiente:
---Cratino, la derecha acoge mâs a los que tienen los ôculos abiertos que a los que tie-
nen un letargo/sopor buscado con el fin de escapar de algo.
Claramente que como êl no podîa entretenerse, por la responsabilidad que tenîa,
no sacô a puesto, a colocaciôn la verba, sôlo dejô de caminar unos segundos, empero
sin dejar de dirigir hacia el frente la luz de la linterna. A continuaciôn de este cosiato
tiempo, un fenômeno que yo apellidê crîptico, comienza el embate de un pneuma vi-
goroso, empero que a su vez favorable porque poco a poco fuese llevando la sûmula
de nubes que impediânle al astro de la inspiraciôn (o a la hermana de Febo) descollar
con su encanto. Un rato despûes, y ya estando el Tien completamente limpio, la cân-
dida luz de arriba unîase con la de las linternas abajo, beneficiante iluminaciôn como
para coronarla simbôlicamente. Por sentir un ruido que no podîa saberse si de perso-
nas o de algûn animal, Cratino agâchase y apaga la linterna, pidiêndome a mî que hi-
ciera lo mismo. Durante los minutos que estuvimos sin luz y cuasi pegados a la tierra,
êl se acordô del lobo, de la bestia un tanto acostumbrada a lo social, lo suficiente pa-
ra acarrearle una preocupaciôn, aun sabiendo que el lupus jamâs nos atacô; al contra-
rio, con nosotros portôse sin dejar calaña ni de agresividad ni de autodefensa. Si aca-
so por una dadorîa por nosotros desconocida, y una de jaez estimulante, el ruido no
sintiôse mâs, pero sî una voz conocida, la que no era otra que la de Esmeralda, por lo
que nos quedô como posible que con quien hablaba ella era con Juliette y, entonces,
nos volvimos a poner en posiciôn vertical y encendimos las linternas.
A primera vista pudiera decirse que las fêminas habîan compartido un instante de
placer, que no de jaez venusiano sino ritualizado, pero por lo que nos contô Esmeral-
da era mâs bien por diversiôn que por otra cosa, y claramente debido a la cantidad de
alcohol que tomaron en la cena. En realidad este tipo de diversiôn jamâs la habîa es-
cuchado: la de bailar encima de un bulto de ramas secas, empero lo que explica nîti-
damente el porquê del ruido oîdo. Al preguntar Cratino quê habîan comido, responde
Juliette que lo mismo que en el refrigerador estaba frîo, pero con la diferencia de que
en el restaurante el pollo era completo y las papas no estaban erectas. A continuaciôn
dêjanos saber Juliette que cuando llegaron al bosque salîa de êste una chica que nun-
ca vio y con una guirnalda en la cabeza, decir que me asombrô por la imago que tuve
al observar el bosque con los prismâticos.
---Kosmos, y por quê te pones la mano en la boca?
---Juliette, el porquê no es relevante para ti, mas te revelo el nombre de esa chica: Ro-
samunda!
---Ah, entonces la conoces?
---No solamente yo, sino asimismo Cratino y Aristarco.
---Y dônde la conocieron?
---En la feria de los viernes.
---Sabes de quiên es hija?
---Cômo saberlo, Cratino, si ni tan siquiera sabîa quiên era ella?
---Es la hija de la difunta Simaeta.
---Y se puede saber quiên es Simaeta?
---Kosmos, le explicas?
---Allâ voy!! Escucha, Juliette. A la señora Simaeta la conocî de cuando mi tîo llevâ-
bame a la plaza de la catedral barroca siendo yo pequeño.
---Y por quê te llevaba allî y no a un parque, por ejemplo?
---Juliette, porque en la catedral barroca se volvieron a encontrar mis progenitores
fenecidos, o sea, que mi progenitor era hermano de mi tîo, en fin, una cuestiôn de fa-
milia, siendo êsta la razôn por la que mi novelôn termina, precisamente, con este en-
cuentro.
---Dijiste siendo pequeño. Cuântos años tenîas?
---La sûmula de años llegaba a seis.
---Pero, kosmos, revela lo que te dijo un dîa Simaeta, lo que es interesante e impre-
sionante.
---Y tû lo sabes, Cratino?
---Juliette, y que ya lo sabes, Kosmos y yo somos amigos desde...
---Sî sî, ya sê. Y quê te dijo, Kosmos?
---Estas letras textuales: tu mirada eyecta una ingente fantasîa, asî que no la desapro-
veches y desarrôllala.
---Y sabes si esta Simaeta tenîa algûn poder oculto?
---Sôlo sê que era maestra de una materia inveterada y siempre vestîa de rojo, y su
ûltimo esposo fue hipodamô, un arquitecto de cementerios, de facto fue quien hizo
el plano de construcciôn del cementerio del Cerâmico.
---Interesante matrimonio!! Y Rosamunda tiene novio?
---Juliette, y por quê la pregunta? No me vayas a decir que estâs celosa.
---No se trata de celos, Cratino, sino de curiosidad.
---Pues te respondo que sî, y uno que tû conoces.
---Ah sî? Quiên?
---Aristarco!!
---No me digas, verdad?
---Y amor a primera vista, y hasta le regalô una flor que Rosamunda pûsose en medio
del pecho.
---Bueno, quê otro mejor lugar, para una mujer, para colocarse una flor.
---Porque se queda parada?
---No exactamente por eso, Cratino, quê mal pensado que eres!
---Encantôme tu pregunta, Cratino.
---Kosmos, cômo no creer que te encantô?
---Esmeralda, de cuâl bando formas parte?
---Bando, Juliette? Quê va! Sôlo que conozco lo suficiente bien a Kosmos y, entonces,
cômo no creerle.
---Êsa es la res, Esmeralda!!
---Juliette, te va a encantar la sorpresa que dejê en el cuarto metida en una bolsa.
---Sorpresa, Cratino? Te agradezco que hayas pensado en mî, pero tû sabes perfecta-
mente que no soy amante de las sorpresas, asî que dime ahora mismo quê es.
---Tus veinte cajitas de mûsica.
---Verdad que las encontraste? Y cômo?
---Mirando todas las tiendas de la feria de los viernes.
---Ven acâ, querido mîo, que te doy un beso.
---Me lo das en la casa, que como mismo a ti no te gustan las sorpresas...
---A ti no te gusta que te besen en pûblico, ya sê.
---Cômo, Juliette, que tû vendiste tus cajitas? Increîble!!
---Asî fue, Esmeralda, porque me hacîa falta dinero.
---No entiendo, porque Cratino tiene una herencia y....
---Sî!!, pero no me gusta depender de êl. Podemos cambiar la conversaciôn? A ver.
quê podemos hacer ahora?
---Dar una vuelta por el bosque.
---Perfecto, Esmeralda, que por la vuelta es que estamos, con las linternas, tanto êl
como yo aquî, en este bosque de los liberales.
---Maravilloso, Kosmos! A dar la vuelta, y si les parece bien vamos a la cabaña.
---En el caso de que no hâyanla destruido los cañonazos.
---Ah, kosmos, y referente a êstos, a quê se debieron?
---Caminemos y te dilucido, que caminando la verba fluye mejor.
---De acuerdo! Puedo cogerte del brazo?
---Mas del derecho.
---Y por quê no del izquierdo? Alguna diferencia?
---Asimismo dilucîdotela yendo a lo que aûn no hemos caminado.
---Yendo a lo que aûn no hemos caminado! Muy propio de tî. Estâ bien, poeta, mi
querido y estimulante poeta.
---Como que parêceme que la cosa con Caspar no funciona bien, tiene sus fallos y
divergencias insostenibles o insoportables.
---Kosmos, y desde cuândo tû has tenido en cuenta a Caspar?
---Y tû sî lo has tenido en cuenta, Esmeralda?
---Cômo, Juliette, nos acabamos de reconciliar y me traicionas?
---No es traiciôn, sino la verdad.
---Dejen la palabra felonîa para otro dîa.
---Por quê, Kosmos, porque tû traicionas a Aspasia, y la palabra traiciôn te pesa en
la conciencia?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Cratino, puedes ocuparte de
la lengua suelta de Juliette, se la puedes tranquilizar, dejar inmôvil?
---Kosmos, eso es imposible, porque como sabes los besos en pûblico no me gustan.
---Risas, Cratino, y mûltiples!!, que como esperaba esta respuesta hîcete la pregunta.
---Entonces sabîas algo, porque quien espera algo concreto sabe, y por lo mismo has
traicionado una inveterada sentencia: lo ûnico que sê es que no sê nada.
---Mîrifica verba, amigo mîo! A-plau-sos!!
---Dejarân la filosofîa para cuando estên ustedes dos solos?
---Esmeralda, a raîz de esta pregunta hacemos mutismo, dejamos de mover la lengua.
---Gracias, Kosmos, muchas gracias!!
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