Mas sucediô que Rosamunda no diole muchitanta relevancia a la revelaciôn etimo-
lôgica de su ônoma: rosa protectora, pero que sî a la flor que dadivôle Aristarco, la que
ella cogiô con la mano izquierda y colocôsela en medio del pecho, como si la flor fue-
se un sustituyente de....o un recuerdo simbôlico con tremenda resonancia, y como tal
atizador de la flama que mâs encanta o hechiza. En realidad esta concatenaciôn întima
pudiera sacar a Aristarco del hueco en que metiôse seguido a dejarlo Sista, empero que
no por esto, y hasta el momento, nunca lo vi padecer de un estado pusilânime, aunque
sî un poco molesto y con rescoldo por su valoraciôn mâscula de que êsta dirimiô la re-
laciôn por causa de una fêmina, o sea, por Irene, lo demostrante de que êl pasa por al-
to/no tiene en cuenta que en el mundo actual este viraje (o cambio de bando) es tan in-
defectible y cierto que llega a ser increîble. Sorprendiôme que Aristarco, pero sin las
rodillas poner en el suelo, pidiêrale a Rosamunda besarle la mano con la que agarrô la
flor, solicitud que ella aceptô sin ningûn tipo de reclamaciôn o condiciôn, pero que sî
clarando que quien besa la mano de una fêmina que porta en su testa una guirnalda de
laurel estâ comprometido con ella si no sempiternamente por lo menos por largo tiem-
po, a su servicio incluso sacrificando los algos mâs decollantes y el tiempo destinado
a un estimulante solaz--sobre todo por esto ûltimo, queda indubitable el porquê de yo
no entrar en atingencia con una chica portadora de tal guirnalda?--Pocos minutos des-
puês, y funcionando como un intercambio, Rosamunda pônela a Aristarco la guirnal-
da de laurel, reaccionando êste con una sonrisa que parecîa mayestâtica, e inmediata-
mente se van los dos de la feria sin tener en cuenta nuestra presencia, o sea, que lar-
gâronse sin despedirse, sin un adiôs.
En lo atinente a este inveterado y usadîsimo dicho: el amor ciega, en este momen-
to es mâs real que nunca, mâs tiene vigencia, porque incluso estado Cratino y yo de-
lante de ellos se fueron como si no nos hubieran visto, o como si la ceguedad del mor
oscureciêrales los ojos. Ahora bien, si la ataraxia engendra verborrea circunspecta la
carencia de ecuanimidad acarrea la ausencia de la palabra, empero acaso es garante
el mor de serenidad o templanza?
----Kosmos, taxativamente estoy de acuerdo con lo que dijiste del dicho, pero no te
apoyo en esto ûltimo que dijiste. Eso de que la ataraxia engendra verborrea circuns-
pecta aparece varias veces en tu novelôn; pudiera considerarse como uno de tus des-
tacados epîmones, pero lo que sigue primera vez que escûcholo.
---Cratino, tû mejor que nadie sabes o que mezclo o que improviso, que si no que sa-
cô de abajo de la manga una pincelada acopas.
----Lo que es lo mismo a decir que se te acaba de ocurrir ahora, no?
----Pudiera decirse asî, no estâ muy lontano tu decir.
----Kosmos, quê tû crees de esto: si el amor curara la tuberculosis, Aristarco queda-
rîa para siempre sano.
----Creo, Aristarco, que todo lo que dîgase para rendirle tributo a la verba es para mî
siempre bienvenido, igual si cierto o no, posible o imposible, claro u opaco, etc.
----Cômo no saber la relaciôn entre la verba y tû. Ah, encontrê al comprador que com-
prô las veinte cajitas de mûsica de Juliette.
----Suntuoso!! Y por fin quê vas a hacer?
----Ya se te olvidô el porquê de que estemos aquî?
---Claro que no, pero puedes haber cambiado de idea, no?
---No no, nada de cambio, que sê que cuando vuelva a ver sus cajitas tendrâ una ale-
grîa Juliette.
----Entonces, al avîo. A comprarlas! Y, dônde estâ ese comprador?
----No muy lejos de aqui, a siete metros.
----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!
----Otro de tus epîmones! Y por quê?
----Porque la numeral siete persîgueme.
----Te persigue o es la numeral tuya favorita?
----Câspita, Cratino!
----Ya ya, ya sê, fue una pregunta tonta. Me acompañas a comprarlas?
----Êsa es la res!! Diez por testa!!
----Ni que pesaran tanto.
----Entonces una bolsa.
----Mucho mejor. y mâs segura la transportaciôn.....
----De aquî al Karakorum!
----Sî, kosmos, de aquî a allî.
Tuvimos la suerte de que el señor era una criatura con sentimiento (o con al-
go de sensibilidad), porque a pesar de estar recogiendo sus antiguallas nos vendiô
las cajitas de mûsica al decirle Cratino la relevancia que tenîan para su novia. Cla-
ramente que el precio no era el mismo al que pagô por comprarlas, una constante
en el mundo de la compra y venta, mas como Cratino vive de la herencia que dejâ-
ronle sus progenitores lo pagô sin necesidad de negociarlo, de regatearlo. Pero de
tener en cuenta una cosa habrîa que reconocer una significante: que estaba comple-
ta la colecciôn que logrô tener Juliette de las veinte cajitas, algo que analizado dos
veces pondrîa en primer lugar el factor fortuna-destino, porque con el tiempo que
llevaba a la vista de todas las personas asiduas a la feria no fue comprada. Empero
allende del sentimiento y sensibilidad del vendedor agrêgase otro beneficio que de
sopetôn darîanos pâbulo de no pasar por alto otra opiniôn positiva sobre êl: el de y
no haber tenido que pagar la bolsa con la que transportarîamos la colecciôn. Y en
fin, que con êsta dentro de la bolsa dimos media vuelta con el objetivo indeleble
de encaminar nuestros pasos en direcciôn al karakorum.
Sin sacar a puesto, a colocaciôn algûn detalle o aliciente engendradores de un
diâlogo dador, Cratino y yo caminâbamos exentos del uso de la verba y contem-
plando cuasi la llegada del crepûsculo como los pitagôricos la aurora, empero que
no en el sentido de una observaciôn matematizada, sino mâs bien en lo referente
a un atisbamiento conforme a su propia proyecciôn, a su sui generis caracteristi-
ca. Non plus ultra de (aproximadamente) trescientos metros antes de llegar adon-
de îbamos, escuchamos una voz a la zaga de nosotros, la que de facto fue la cau-
sa de nuestro parar en seco, y pronunciando ni ônoma:
---Kosmos, la chica con la que hablaste en la feria no es otra que la hija de la di-
funta Simaeta.
Sobre el pucho di media vuelta, con el têlos especîfico/concreto de ver el sem-
blante de la criatura que amplificaba mi nombre, mas que al no reconocerla vime
en la necesidad de hacer esta pregunta:
----Y se puede saber quiên es usted, cômo sabe cômo llâmome?
----Kosmos, soy el padre de Aspasia, el psicôlogo. Se te olvidô que te conozco
del dîa, y en la catedral barroca, en que Aristarco tratô de tirarse de la linterna?
----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Pero usted ha envejeci-
do de una manera considerable y, entonces, cômo podrîa saber que tratâbase del
progenitor de mi novia?
----Lamentable que asî sea, pero el tiempo no perdona.
----Lo ineluctable, lo imposible. Y cômo usted sabe que la chica es la hija de la
difunta Simaeta?
----Porque fue mi paciente.
----Câspita! Entoces, estâ fuera de rosca?
----No exactamente, sino que mâs bien necesitô una terapia. No necesariamente
hay que estar fuera de rosca, como dices tû, para recibir una ayuda profesional.
----Y dîgame usted: por quê infôrmame al respecto?
----Kosmos, porque tû estâs con mi hija, y no quisiera que la cambiaras por una,
otra chica con problemas psicolôgicos.
----Va usted demasiado de prisa, porque yo no he pensado en ningûn cambio.
----Estâ bien saberlo, pero te digo una cosa: esa chica tiene una tremenda pericia
para hacer creer lo que no es, aunque tambiên, y cuando se lo propone, es una ex-
celente manipuladora, que mira que la conocî lo suficiente durante el tiempo que
hizo la terapia.
----Y yo dîgole, señor, porque como no he hecho terapia con usted me desconoce,
que si de pericia y manipulaciôn trâtase, esa Rosamunda estâ perdida conmigo.
----Kosmos, y si entendî bien, tû me quieres decir que...
----Êsa es la res!! Que yo sê que usted no me entendiô mal, que si el gallo canto es
por el buen manejo de su garganta.
----Ahora puedo comprobar lo que ya hace un tiempo dîjome Aspasia: que ademâs
de escritor eras poeta.
----Aspasia dîjome que habîaselo dicho, no hasta el Apolo de hoy.
----Y te causa alguna molestia que no te lo dijera?
----Señor, intenta usted analizarme, sacar conclusiôn/educir, tener un conocimiento
primario de mi persona?
----Se nota que estâs preparado, que tienes conocimiento, que no es fâcil tratar de ha-
cer algo sin que no te des cuenta.
----Si usted supiera la cantidad de libros que he leîdo...Pero señor, puêdeme revelar
su ônoma, que tampoco, y hasta hoy, Aspasia me lo ha dicho?
----Me llamo Rodolfo Prieto Martînez.
----Muchitantas gracias, Rodolfo!
----Y tû eres Cratino, no? Que tambiên estabas en la linterna el dîa en que Aristarco
tratô de suicidarse.
----Asî es, Rodolfo, soy Cratino.
----Y si puedo preguntar, quê hay en esa bolsa?
----Veinte cajitas de mûsica que acabo de comprar en la feria y para mi novia.
----Eso estâ bien, que la novia, la mujer y la querida son importantes.
----Êsta, precisamente, es la trîada perfecta: novia/mujer/querida, mas que funciona
paulatinamente.
----Te explicas, kosmos?
----Primero la novia; despuês la mujer, y por ûltimo la querida.
----Kosmos, y acaso la querida no puede estar en medio de la novia y la mujer?
----Câspita!! No dirimirîase la trîada, sôlo que tiene otro orden.
----Satisfecho con la respuesta.
----La cuestiôn de estar satisfecho adquiere otra connotaciôn en la jerga cupidosa.
----Pero no es esa jerga la que ahora fluye. Oh no, caî en la trampa! Acabo de ser
testigo de tu pericia, kosmos. Considero a mi hija, porque seguro que en mâs de
una trampa cayô. Les dejo saber que en breve tengo un paciente, asî que debo re-
gresar a la consulta. Que tengan una buena noche.
----La mismitica para usted, Rodolfo.
----Gracias, Kosmos. Ah, y dile a Aspasia que me llame, que hace rato que no ha-
blo con ella.
----Se lo dirê, Rodolfo, le dejarê saber su verba, quede seguro.
----Perfecto, kosmos, perfecto!
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