Donnerstag, 19. Juni 2025

160

                        (una semana despuês)      


     El motivo de la invitaciôn a cenar que hîzole Aspasia a sus padres no es otro que

el  siguiente: por cumplir  treinta y cinco años de casados. Como Aspasia acôsala un

tremendo nerviosismo de no hacer las cosas con basto tiempo empezô seis horas an-

tes de las ocho de la nocturna no solamente con el trabajo de la cocina, sino tambiên

con  el referente a la decoraciôn de la mesa, la que âbrese y da para seis comensales

en  esta posiciôn: cuatro a ambos lados y dos en los extremos. Empero allende  de lo  

que dije pônese un poco  agresiva y medianamente insoportable en el caso de no po-

der lograr lo que pensô hacer, siendo por esto que cualesquier sugerencias o cambios 

de ideas de mi parte ni ludican ningûn rol ni funcionan como aliciente. Mas pasa al-

go indeleble: por  muchitanto que quiera hacerlo todo ella es imposible que puêdalo,

y la  prueba de lo que acabo de decir estâ aquî: en que pidiôme que fuera a comprar

un ramo de flores para ponerlas en un florero en medio de la mesa.

---Aspasia, olvidôsete que no tenemos un florero tan grande?

---Entonces no sabes lo que tienes que hacer?

---Aquî sî sê que sê algo: ir a comprarlo. Al avîo, Kosmos, al avîo!!

      Las flores de la casa Rigueti son las mâs caras de la ciudad; las de la casa Ostar-

gôn ni muy caras ni muy baratas, mas por preferencia y conveniencia quêdome con

êsta, la que amên de ser mâs grande tiene un personal de blondines especiosas y no

estâ muy lejos, o sea, y con otra verba, resûltame tanto beneficiosa para mis ôculos

como para mi bolsillo. Y precisamente por estar cerca en siete minutos lleguê, y sin

dilaciôn  preguntôme una de las blondines para quê tipo de celebraciôn eran las flo-

res  que comprarîa, respondiêndole  yo inteligiblemente  que para un aniversario de

matrimonio, por  lo que inmediatamente ella dîjome que cualesquiera de los ramos

que habîan  pasaban bien con esta celebraciôn, empero que por cuestiones de gusto

la selecciôn quedaba de mi parte. Seguido a darle las gracias, y claramente a echar-

le una miradita de arriba a abajo, pûseme en funciôn de escoger/elegir el ramo. En

lo que hacîa esta tarea difîcil, que cuasi siempre acarrêame una dificultad, y con ês-

ta la decisiôn demôrase, observo que una chica joven, y que tenîa un hermoso cabe-

llo  suelto, regaba los  ramos, pero como estaba de espalda no podîa contemplar su

semblante, algo que diome igual porque el intento de conquista no era mi objetivo.

Un rato despuês, y estando en la caja para pagar el ramo, la chica acêrcase y hâce-

me esta pregunta:

---Kosmos, no te acuerdas de mî, que no creo que no me recuerdas porque no hace

mucho nos conocimos?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de ls brezos!! Rosamunda! Disculpa que

no te haya saludado, pero como estabas de espalda y con el cabello suelto no te re-

conocî.

---Es creîble, porque cuando me viste con la guirnalda de laurel lo tenîa recogido.

Y este ramo de flores para quiên es, para tu novia?

---No no, es para ponerlo en el centro de la mesa debido al aniversario de matrimo-

nio de los progenitores de mi novia. 

---Ah, pero êste es un ramo bastante grande. Tienes un buen florero?

---Menos mal que me lo preguntas, porque se me habîa olvidado lo del florero. Se

puede comprar aquî?

---Kosmos, olvîdate de comprarlo, que sî en esta casa las flores no son tan caras

como las que vende la casa Rigoti, los floreros sî que son carîsimos.

---Espero que no sea al revês.

---No entiendo.

---Que en la casa Rigoti los floreros son mâs baratos que aquî.

---No no, al revês no es.

---Câspita!! Y entonces dônde lo puedo comprar?

---Olvîdate de comprarlo, que te presto uno, pero con la condiciôn de que no olvi-

des devolvêrmelo, que me buscarîa un problema.

---Verdad que me prestas uno?

---Quê, no me crees?

---No trâtase de eso, sino de que me conociste hace poco como para confiar en mî.

---Kosmos, aceptas el prêstamo o no?

---Repâmpanos!! Es mejor un prêstamo que soltar peculio.

---Por supuesto! Mira, paga el ramo de flores y espêrame en la parte trasera de la ca-

sa, que en cinco minutos termino de trabajar.

        Y ni mâs ni menos: cinco minutos despûes, pero envuelto con papel de regalo,

Rosamunda me entrega el florero. Con el fin de saber cuândo devolvêrselo pregûn-

tole:

---Hasta cuândo lo puedo tener?

---Todo el fin de semana, porque como la casa no abre nadie darîase cuenta de su

falta. Y dime: tienes tiempo para tomar algo?

---Sî que têngolo, mas en el caso de que no lo tuviera no rechazarîa tu invitaciôn.

---Y por quê no?

---Porque me prestaste el florero.

---Ya, entiendo.

           A pesar de estar un poco lejos, lo que significa que hay que caminar cuasi de

quince a veinte minutos, logrê  convencer a  Rosamunda  de ir al  cafê La ilusiôn, el 

que estâ, como ya sâbese, en la avenida Clasinteparia. Estando ya en êste lo primero  

que pregûntame un camarero, despuês de concomitarnos hasta la mesa, es que  si yo 

querîa  poner el ramo de flores en agua, mas al responderle que no era necerario por-

que mi estancia no serîa larga, êl sacô a puesto, a colocaciôn la verba que por antono-

masia es la adecuada/correcta/tempestiva para eludir la molestia del cliente: como us-

ted desee, mas como Rosamunda tiene mâs conocimiento de flores que yo dejôme sa-

ber que a pesar de la estancia ser corta vendrîale bien al ramo meterlo en agua. A raîz

de  estas  palabras quitêle al  florero el papel de regalo  que cubrîalo, siendo entonces

que el camarero sin dilaciôn dîceme que llenarîalo un poco mâs de la mitad de agua y

que  volvîa lo mâs  raudo posible. Al regresar con la misiôn cumplida puso el florero

en medio de la mesa, y yo inmediatamente introduje el ramo. A continuaciôn nos pre-

guntô  que tomarîamos, pero como Rosamunda fue la que invitôme preguntêle si po-

dîa pedir un cafê triple.

---Claro que sî, Kosmos. Cômo no? Que en el caso de que el cafê te quite el sueño el

perjudicado eres tû.


       Despuês del camarero apuntar en una libretica que para mî un cafê triple, Rosa-

munda dice que para ella un cafê sencillo, sin nada y un vaso mediano de agua con

gas, pedido que sûbito dejô claramente escrito aquêl en la libretica.

---Muy bien!! Alles Klar!! Regreso tan râpido como un tiro de flecha.

        Y en lo que fue por el pedido, Rosamunda pregûntame que era eso de alles klar.

---Rosamunda, quiere decir todo claro.

---Y quê idioma es, Kosmos?

---Alemân!

---Verdad que alemân? Vaya recuerdo que me llega!

---Recuerdo de quê, Rosamunda?

---De mi madre fallecida.

---De Simaeta.

---Quê? Cômo tû sabes eso? 

---Lo supe porque el progenitor de mi novia, un psicôlogo con consulta privada, no 

hace muchitanto dîjomelo, especîficamente el mismo dîa que nos conocimos tû y yo

en la feria de las antiguallas.

----Pues sabes quê? Que si tû por êl te enteraste de que Simaeta fue mi madre, me en-

terô por tî de que êl es el padre de tu novia.

----Êsa es la res!! Ya te revelarê lo que dîjome tu difunta madre cuando yo tenîa seis

años.

----Increîble!!

       Disculpen que los interrumpa, pero aquî estâ el cafê sencillo y el vaso mediano

de agua con gas para la señorita, y el triple para el señor, Espero que lo disfruten.

---Gracias, Emilio, gracias!! 

---Ah, una fêmina que observa sin ser observada observando

---Por quê lo dice, Emilio?

---Porque no te vi cuando miraste ni nombre escrito en esta chapa sujeta al bolsillo.

---De hecho soy râpida observando. Mi nombre es Rosamunda, y êl es Kosmos.

---Un gusto en conocerlos, pero me van a tener que disculpar, porque debo atender

otras mesas.

---Por supuesto. 

---Espero que pasen otro dîa por aquî. 

---No es imposible, Emilio, no lo es. Un gusto tambiên en conocerlo.

---Gracias, Rosamunda!. Bueno, los espero de nuevo por acâ. Hasta entonces. Ah,

y no olviden el florero y el ramo de flores. 
















 








       











 


























 






























  

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...