Freitag, 20. August 2021

La cazuela de Vitelio (868)

       El tîo de Kosmos no dejôse arrastrar, como el follaje de Octubre por el pneu-

ma de un cêfiro?, sino que mâs bien no quedô convencido de que el rol destacado

ludique un posible de la indiscernibilidad, allî  en la imago de la ruta bifurcante y

que su casa indica arropada por Kosmos. Empero como tan bien conocîa a êste y

asimismo su metodismo ( o su tâctica) para desarrollar sus ideas cupulares, prefi-

riô no entrar en liza ni paulatinamente ni de sopetôn, no siendo esto, aun asî, na-

da  garante de que no apareciera la tempestiva pregunta, la que no pudo Kosmos

eludir dada a su entrada en dudas y sospechas de que su tîo en algo estaba, algo 

facilitado o que propiciô una sûmula de gestos que fuêronse acumulando, sin que

la cantidad, por consecuencia, terminase o diera como resultado descollantes y en

el semblante mohines; menos que compungidos, una derivante dado a un proceso

que pudiera transformar lo escuchado en sustancia mâs flagelante, expuestos a la

tijera de la crîtica, si no que a la de la polemizaciôn, dos de las formas mâs cortan-

tes y tîpicas de la Kosmona.

----Ahôganse los oponentes y salen a flote los esgrimistas?

----Cômo, y a quê se debe la pregunta, Kosmos?----pregunta el tîo de êste.

----De lascar en masa jamonera, mas en el mutismo, saldrîan las partes para un sî

o un no estar de acuerdo, o de consuno con un programa fundamental [....] pero y

un afirmativo o un negativo no dejan de tener lo que contraria a una direcciôn....

----Y los esgrimistas quê?

----No buscarîase, a raîz del bullicio en el silencio, eyectar la punta y pinchar al

otro?

----Izando la (con)fusiôn entre dos bullicios?

----Utilizando un tîtulo novelado mezclado con un aportativo tutelar?

----Quê usted cree, didâscalos, quê?---indaga Kosmos que pide: a ver, barrûnteme,

a ver, que si no rîome.

----Ay, esa risa tuya: tiro de esquife!!---afirma el tîo de Kosmos.

----Câspita!!, que al parecer seguimos con los bullicios.

----Que no han sido engendrados ni por el artesano ni por el constructor...

----Ya veo que usted provôcame, didâscalos, nôtolo, percîbolo...

----Entonces no te asombras, y de ahî que....

----Sigo en el curso, yendo y quitando plumas.

----Pensê que responderîas: punto a la raya y que continûe la letra.

----De lo que piênsase a lo que dîcese, quê usted cree cenutrio?--pregunta Kosmos.

----Que por cenutrio no puedo responder.

----Y risas del didâscalos filosôfico y de Kosmos.

----Pero, Kosmos, quitândole plumas a quê?

----Al gallo que canta por tenerlas pintadas---respôndele Kosmos a su tîo.

----Y por quê se las quitas, si le mantienen el calor?

----Precisamente por eso!!, ya creo que me captaste.

----Ah, entonces el gallo lo que necesita es frîo, no?

----Êsa es la res!!, caliente, caliente!!

----Empezamos por una cosa y terminamos por otra---dice Asonis.

----Otro mejor paradigma posible serîa de la imago de la ruta bifurcante que su y

casa indica, Asonis?

----Me parece que no, Kosmos, no.

----Kosmos, y a cuâl "hombre vas a tirarle el gallo desplumado como si fuese y

una respuesta"?----pregunta irônicamente el didâscalos filosôfico.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, didâscalos, que acâbame

de recordar a usted al kûon de los kûones, al descollante y paradigma supremo.

----Eureka!!, que tu nemôsine falla veces pocas.

----Vaya perogrullada: tremenda!!---afirma Kosmos y rîe.

       

        Simultâneamente  arriba a palacio el corcel asturiano trayendo en su lomo al

jinete  Kosmithôs, incôlume ademâs al desafiar una buena cantidad de huecos en

el camino profundos, los que saltô, como si fuese Pegaso, aunque a ciencia cierta

o especîficamente no tuviese alas. Mas cômo de las honduras pudiese salir airoso,

sin daño de ningûn tipo, al no ser por el arreo dominado por el jînete? Sea como y

fuere, el caso es que al penetrar Kosmithôs en la corte aûn estaban en los pulvina-

res las fêminas Sunev, la campesina y Dido. Êstas llevaban horas conversando, por

lo que era de esperarse que tuvieran un cansancio semântico, un que de momento 

nada mâs que decir, razôn por la cual Kosmithôs, al percatarse del cansancio suso-

dicho, aliciente del que adhiriêronse aquêllas para de nuevo darle movimiento a sus

lenguas, sacô a puesto, a colocaciôn el conjuro que habîa escrito, allende que el en-

cuentro con el alquimista; y seguido, lo que êste habîale dicho, y en lo atinente pre-

cisamente a repetir el conjuro en voz alta como si tratârase de un pregôn.  

---Kosmithôs, respecto a lo que te dijo el alquimista tiene todîsima la razôn, porque

una imploraciôn o un rogamiento tienen sus consecuencias, y mâs aûn cuando la in-

vocaciôn no precisa lo que se quiere atraer, por eso el alquimista encontrô la analo-

gîa con un pregôn, ya que êste no estâ exclusivamente dirigido a nadie, de lo que y

sale que cualquiera pudiera acercarse a la cesta, y lo que no quiere decir que con la 

intenciôn ûnicamente de (sôlo) comprar lo que estâ en venta---dice Dido.

----Por lo que me dices, entonces, el llegante vendrîa con el propôsito de robarse la

cesta, no?----pregunta Kosmithôs.

----Êse es el hecho, pero en realidad no es êste como tal, sino el problema que le y

causa al pregonero, ya que se quedô huero de peculio. 

----Dido, toda una transposiciôn que me parece elegante, por lo que no me extraña

de que su hijo, Kosmos, transponga como transpone---suelta Sunev.

----Eso no es nada nuevo, Sunev, porque ya sabes, porque me has oîdo decirlo, que

desde que estaba en mi barrigôn, Kosmos ya tenîa cercanîa, por las lecturas que de

mî escuchaba, con ciertos y determinados textos ricos en transposiciones; lo que y

eso sî, que es lo que marca la diferencia entre nos, las transposiciones de êl, las lo-

gradas y las que va logrando son de îndole complejas, y fîjate si es asî, que hasta y

los mismos contertulios cuasi siempre se ven en aprietos a la hora del desciframien-

to, lo que obliga e impone el uso de la hermenêutica.

----Hablando de mi padre, sabes que estâ escribiendo un novelôn, el que ya estâ un

tanto avanzado; va por la mitad----dîcele Kosmithôs a Dido.

----Me entero ahora por ti, sî, ahora. Y cuâl es el tîtulo?

----El bullicio en el silencio.

----No me asombra un tîtulo como êse pensado por tu padre. Y de quê trata?

----Eso pregûntaselo a êl, a êl mismo.

----Ven acâ, y de dônde tû sacaste ese conjuro, porque que yo sepa tû no eres aman-

te de eso?----pregunta la campesina.

---Mi hermana, te respondo que precisamente de algunas cosas que tiene escritas mi

padre, de ahî lo saquê.

----Y kosmos lo sabe?

----Aûn no se lo he dicho, ya se lo dirê.

----Pues sabes quê, prepârate para el discurso, que te lo buscaste gratuito---dice Dido.

----Y quê puedo hacer entonces, no decîrselo?

----Esa respuesta sôlo la encuentras tû, no yo.

----Es que si no se lo digo, ya lo saben cuatro personas....

----Nosotras no somos chismosas, quê va!!----afirma Sunev.

----Yo no dije eso---dice Kosmithôs.

----No directamente.

----Y risas de Kosmithôs.

-----Bueno, dime, no estâs hambriento, que comida aquî no falta?---pregunta Dido.

----Que no estoy famêlico [....] tres quênices para mi barriga, eso.

----Ah, ya percibo mejoras en tu vocabulario, enriquecimiento de êste, muy bien.

----Quê si no que mejorar obligatoriamente, si palabras llueven en la Kosmona, êsta

estâ atiborrada de ellas.

----Deberîas agradecerle a la Kosmona tal mejoramiento. Pero en fin, come algo, ya

que primero el sustento y despuês las palabras, sin aquêl no tendrîas fuerza para ha-

blar. Asî que ingiere, Kosmithôs, ingiere!!

----Allâ voy, por quê me llamas...

----Vaya, uno de los epîmones favorito de tu padre, retôrica figura.


     Unos minutos despuês, y ya retiradas a sus aposentos la campesina y Sunev, Di-

do como que asûstase al percibir la presencia de su padre, Bole, sentado a su lado y

en uno de los pulvinares, algo que no hubiese podido suceder de no haber leîdo ella

el conjuro para sî.

----Y por quê tû miras para ahî tan fijamente?---pregunta Kosmithôs.

----Yo no estoy mirando, sino esperando que acabes de comer.

----Seguro?

----Sî, Kosmithôs, sî, seguro---dice Dido quitando la mirada.

















































  


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