Freitag, 27. August 2021

La cazuela de Vitelio (871)

       Con la imago de la ruta bifurcante que su casa indica, la direccional que

prevalece es la que permite un potencial escênico, que las piezas en el table-

ro muêvanse en un tiempo vasto; aunque eso sî, que por antonomasia pareci-

do serîa a una divisiôn de momentos dentro de un panorama que tanto inclu-

ye posibilidades reproductivas como representaciones que al mezclarse aca-

rrean una sûmula destacada de conjugaciones hipotêticas, lo que subraya co-

mo tal que la cantidad de un tambiên ser llegarîa a formar parte de una colo-

ridad exclusiva a partir de un desarrollo o enfoque pôstumo, de vista perder-

se no dêbense los entrelazamientos que existen entre distancias, como si fue-

sen fibras textiles que entretejidas favoren la dureza de la cuerda, la que pre-

cisamente e invisible une dos puntos o si no que sirve de puente a las piezas

movibles en el tablero, pero que ya tienen una casa.

      Sabinsqui actor, con placer y suprema disposiciôn, utiliza las piezas co-

mo si fuesen trebejos siempre a su alcance; no abandona la ruta de la que se

parla, siendo entonces el movimiento el factor fundamental que exîmelo de

mantenerse atado a una condicional precisa, de conservar una cadena engar-

zada con eslabones primarios, de escolerizar las cupulosas înclitas dadorîas

con una lluvia de fundamentaciones desgastadas, de servirse (sôlo) de innu-

merables funcionales para atonizar el chispazo de varias melodîas sin algûn

tipo de orquesta; y en fin, que de facto hay un ponderamiento que puede lo-

grarse sin tanta parafernalia explicativa, extrae de cualquier parte lo que sû-

bito dale deleite redoblando su funciôn con diamantina permanencia.

     Conjugaciones hipotêticas: un ser por pasar. Y entonces unas forâneas y

acopas palabras oyêronse fuera del camarote con la numeral siete, pero no

provenîan de la voz sino de una voz desconocida para Sabinsqui: galikâ y

anglikâ, las que respondîan como tal a una combinaciôn armônica. Dispô-

nese entonces Sabinsqui a descorrer el cerrojo de la puerta, y es testigo sin

dilaciôn  de la presencia del eunuco Posides, el que traîa en su mano dere-

cha una bandeja con una copa de alquermes, sin necesidad de sobrecargar-

la con quermes (colorante rojizo que muy bien conocîan las âcraticas), y a

su lado Cornelia portando en una cajita los arilos del Taxus, mas con el fin

de utilizarlos como si fuesen dados en un juego improvisado, 

----Venga acâ, señor, usted es el nuevo Ganimedes al servicio de este navîo,

aunque no parezca haber sido raptado?----pregunta Sabinsqui.

----No, yo solamente soy el eunuco Posides, y que por delicadeza del capi-

tân orcivo le traigo esta copa de alquermes---dice y entrega la copa.

----Alquermes, algo tan suave [....] un licor?

----Atenciôn con lo que dice que puede arrepentirse,

----Y esta fêmina que le acompaña quiên es?----fisga Sabinsqui.

----Mi nombre es Cornelia, asî me llamo,

----Cornelia?, ese nombre me dice algo, sî, cômo no.

----Ya sê que todo es posible, señor, ya lo sê.

----Pero pasen, pasen, que en este camarote son incesantes las visitas, al pa-

recer----dice Sabinsqui.

----Por sus frescas palabras parece que ya usted no estuvo solo, no?---indaga

el eunuco Posides.

----Exacto! El vetturino Solger y el pavo real no hace mucho aparecieron.

----Ah, los viejos conocidos y permanentes: conductor y protector, el dûo de

la eternidad---acentûa Cornelia a la vez que tira los arilos del Taxus sobre una

mesita.

----Y eso quê cosa es, tambiên forma parte de la delicadeza del capitân orcivo?

----No, señor, no!!, son arilos de tejo, y con los que vamos a jugar un juego sin

ningûn tipo de reglas.

----Otro juego dentro del juego, o sea, un juegazo?

----Aûn no lo sê por no jugarlo, pero empecemos.

----De acuerdo, de acuerdo!!---afirma Sabinsqui prestândose para ocuparse de

la primera tirada.



















 





      




 

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...