Samstag, 24. September 2022

La cazuela de Vitelio (1051)

     De retomar tu verba Kosmos, dice el didâscalos filosôfico, eso de la mîmesis

apellidada ideal por ser garante de una sûmula de posibilidades que satisfacen y

ciertos y determinados deseos, me recuerda una senecta sapiencia que fue de mi

agrado siempre en los tiempos de mi formaciôn como didâscalos. Algunas rele-

vantes e imperecederas monografîas la sacaban a relucir no solamente como un

paradigma de conocimiento supremo, sino que a su vez por seducir a cualquiera

con un vocabulario simple y con precisiôn enfocado. En lo atinente a la figura y

a la imago esta senecta sapiencia las utilizaba demasiado, algo que resultaba su-

mamente beneficioso, y sobre todo en êpocas en que lo preponderante era la pa-

labra, ya  fuera dicha con modulaciôn y ritmo que con austeridad discursiva, se-

veridad  que nunca se improvisaba sino que mâs bien no quedaba exenta del es-

tudio tempestivo previo a ser lanzada a la masa padeciente de una algazara con

repeticiôn, y debido a la costumbre de no esconder la jovialidad estrepitosa a y

raîz de terminar un agente con facundia de remover conciencias y corazones.


----Didâscalos, es que los paradigmas de conocimiento supremo algunas veces

son mâs funcionales negando la palabra y afirmando la mîmesis, por quê?, por-

que sôlo asî existe la posibilidad de vestirla a partir de que el magîn entra y en

funciôn, hontanar  que empolla lo que no es producto de la manipulaciôn, lo y

que  llamo yo "el agente indômito", de ahî que no caiga en la celada de la fala-

cia coloreada o mascarada.


      Mas al no quedar satisfecho con lo anterior dicho, no quêdale otra cosa que

hacer a Kosmos que la de alongar su discurso, y seguido a decirse êl mismo su

epîmone muy repetido ûltimamente: punto a la raya y que continûe la letra. Si-

gue, entonces, que su alargamiento de la verba dejô saber a los contertulios del

nuevo pastiche, uno que mezclaba la idea del ojo asomante con el agente indô-

mito, el volver a mirar con el mirar de la imaginaciôn, el indomable.

       Habrîa que ver que en lo atinente a lo indômito, una palabra înclita que no

siempre causa la misma reacciôn en quien la oye, reacciôn que pudiera ser cla-

ramente revelada por medio de aplausos o eyectando una sonrisa que le da otro

aspecto al semblante, Vercingetôrix recuêrdase de un inveterado conflicto y en

parasangas  irlandesas, y con el cual fue posible que no entraran en vigencia y

una sûmula de regulaciones propuestas por las autoridades correspondientes y

con el debido beneplâcito de la criatura mayestâtica que llevaba la corona por

aquellos  tiempos de enfrentamientos  continuos entre varias tribus de jaez sal-

vaje.

----Regresa usted, Vercingetôrix, al mismo punto del que partîô, irrefutable y

paradigma de que su disciplina es fiel a la forma de movimiento dentro de la

figura sîmbôlica que descolla en la instituciôn.

---Bueno, didâscalos, le dirîa mâs bien que es por cuestiones de costumbre o

que si no de vicio.

---Câspita, Vercingetorix, que tanto la costumbre engendra el vicio como que

el vicio la costumbre---señala Kosmos.

----Ya no se dijo una vez que la costumbre es la madre de todos los vicios?

----Dîjose y quêdase dicho, Asonis; y entonces, por indeleble, mantendrâse

perpetuo el decir.

----No olvidar que "lo ûnico que perdura es el cambio"

----Didâscalos, cômo olvidar al no claro de Êfeso, aunque por oscuro cuasi

que no vêase---suelta Kosmos y rîe.

----Hace falta un farol en pleno dîa---ironiza el didâscalos filosôfico.

----Quê, verîase entonces mejor cômo defeca el cînico frente por frente a la

Acrôpolis?

----Ya tu falta de respeto sobrepasa la porquerîa.

----Que los justos son mansos, cômo llegar tan lejos.

----Entonces, los justos no pudieran ser indômitos?, o mejor dicho, lo afirmo,

para que no me digan que lo que se sabe no se pregunta.

----Êsa es la res, êsa!!---afirma Kosmos que pregûntale al soldado Argos: es-

tâ usted de acuerdo con que los justos son mansos?

----Quê sê yo, Kosmos, que no me he dedicado a realizar un estudio de los y

justos.

----Ya crêole que no haya hecho una monografîa, mas por su experiencia co-

mo soldado quê pudiera amplificar?

---Que pudieran convertirse en mansos todos aquellos que pasan por el casti-

go del fuste.

----Cômo, y usted es un soldado de recorrido o un verdugo?---fisga el didâs-

calos filosôfico.

----Didâscalos, crêame lo que le digo, que por disciplina militar hay cosas

que no puedo decir.

----Debe existir el mutismo para que algunas cosas sigan siendo posibles.

----Algo como eso, Kosmos, parecido---reconoce Argos.

----Dentro de tales cosas, Kosmos, el bullicio?

----Temîganes, tal posible es magno de la cosa.


        Inesperadamente los relinchos continuos del caballo de Argos es el mo-

tivo por el que êste dîcele a los contertulios:

----Discûlpenme ustedes, mas debo salir a ver quê pasa, que mi caballo sôlo

relincha incesantemente por cuestiones muy especîficas.

----Yo voy con usted, que me interesa saber el porquê relicha---dice Kosmi-

thôs.


     Dos minutos despuês divisa Kosmithôs a Kalîas y entonces le pregunta:


----Y quê usted hace con la mula del didâscalos filosôfico?

----No me digas nada, que si supieras el trabajo que me ha costado traerla y

hasta aquî...

----Traerla?

----Al parecer se escapô del potrero y estaba perdida. Y este caballo de quiên

es?

----Es mîo, señor, mejor dicho, es el caballo que utilizo para hacer la guardia

de recorrido---dice el soldado Argos.

----Kosmithôs, puedes decirle al didâscalos que venga, que êl es el ûnico que

puede tranquilizar a la mula?

----Voy a buscarlo, voy.












































 




     

Dienstag, 20. September 2022

La cazuela de Vitelio (1050)

     Llegô a tal punto de concentraciôn, como si el espejo de dos caras hubiese

pegado a sus ôculos sempiternamente, que la distinciôn entre realidad y fanta-

sîa mâs nunca fue posible de forma clara, algo que traduce que Sabinsqui que-

dôse padeciendo una para siempre confusiôn, segûn cuenta el artîfice de "El

bullicio en el silencio". Mas sin embargo, algo que parecerîa asombroso para

alguien con mâs preferencia por lo concreto que por lo engendrado por el ma-

gîn, Sabinsqui de tal confusiôn sacaba cosas tan vivas e insôlitas que su pade-

cimiento pasaba desapercibido, inadvertido totalmente hasta para esos doctos

acadêmicos con medallas o galardones, aunque no necesariamente famosos y

por tales cosas, lo que sî tal vez onomados en las câtedras mâs conspicuas de

alguna desconocida sede de enseñanza. Habrîa que agregar, por ser asimismo

relevante por razones simbiôticas, que la presencia de Meli en el espejo suso-

dicho contribuyô a que la mirada de Sabinsqui perdiêrase sobre el pucho una

vez que el deleite fue penetrando por sus retinas, y placer mâs debido a la in-

deleble beldad de la etera de Masalia que a otra cosa, que a otro detalle iman-

tador, que a otro empollamiento concienzudo que adelântase en pensar mîme-

sis seductivas. A fortiori no dejô sin examen, sin anâlisis Sabinsqui la increî-

ble  analogîa existente entre Meli y su querida amida Dina, algo que no justi-

fica del todo la simbiosis mas que sî fue un factor influyente indubitablemen-

te, o algo asî como un empeñôn jovial de manos ocultas sabedoras de lo que

hacîan, lo que pudiera interpretarse como una acciôn en funciôn de dar o de

ofrecer  un solvento contra el ponderamiento que falta, impepinable compo-

nente de un todo garante de bienestar, del embullo pertinente y del aliciente

inesperado. Quedôle ostensible a Sabinsqui que la confusiôn aportâbale una

ventaja, mas no obstante quiso visitar a un especialista para conocer su pro-

fesional opiniôn, por lo que entonces hizo una cita con êste lo mâs râpido y

que pudo.

    El especialista Cleobulo era tan famoso como las pirâmides de Egipto; no

estaba su consulta tan lejos de la casa de Sabinsqui, aunque tampoco caracte-

rizâbase por su limpieza y organizaciôn, lo que no quiere decir que fueran y

pocos los pacientes que tenîa. Eran las diez de la mañana de un dîa acosado

por una ventisca brutal, y por lo tanto los habitantes de la ciudad sôlo salîan

de sus casas a comprar lo necesario, nada de banalidades o cosas parecidas.

Dentro de la cuadratura de la consulta estaba la hija del especialista, una fê-

mina  tan bonita como Meli y Dina, empero que por edad mâs joven que ês-

tas; de tamaño no era muy grande y su temperamento era flemâtico, no sien-

do de extrañar entonces que prefiriera el descanso y no la actividad, como y

tampoco que sus amigas mâs de una vez acusâranla de vegetar mâs que de 

vivir, acusaciôn que no es incierta pero que a la postre y al cabo nada trans-

forma ni cambia. Si fue a la consulta de su padre no era con el propôsito de

consultarse, sino  mâs bien el de hacer un poco de organizaciôn y limpieza,

dos cosas que realizaba con destacada pericia y suma rapidez. En lo que en-

tregâbase a tales dos actividades suena el timbre de la puerta, y al canto oye

la voz de su padre que dice: Êse seguro que es Sabinsqui, ve a recibirlo y no

te demores en traêrmelo aquî; y no te enamores, que por conocer tu tempera-

mento podrîas entrar en relaciôn cupidosa con alguien que, asimismo, gûsta-

le vivir en el solaz.

        Una hora despuês del anâlisis tempestivo que facilitô la conversa entre

el especialista Creobulo y Sabinsqui, aquêl llegô a la conclusiôn de que y la

confusiôn de Sabinsqui aûn no estaba en un estado (o categorîa) tan grave y

como calificarla de perniciosa. Mas a pesar de lo anterior, y sobre todo y en

el caso de que empezaran (a)parecer onîricos ingratos, plûmbeos, o que de-

sagradables hasta el punto de que la estancia en la cama no pasara de una y

hora, Cleobulo aconsejô la toma de un medicamento elaborado con las raî-

ces de elêboro, elixir medicinal que hasta el momento habîa dejado resulta-

dos mirîficos en quienes ya la habîan consumido, y que por ser cuasi una y

novedad en Bedriaco su costo no era môdico. 

---Pero, Cleobulo, no entiendo una cosa---dice Sabinsqui.

---Cuâl es la cosa que no entiendes?

---Por lo que segûn sê el elêboro es contra la locura, no?

---Asî es, Sabinsqui, asî es, pero lo que no sabes es que estudios recientes

comprobaron que puede utilizarse como remedio contra otras cosas.

---Ignoraba totalmente esos estudios recientes. Y dîgame, Cleobulo, el me-

dicamento se puede comprar libremente?

---Mira, aquî tienes la receta---dice Cleobulo a la vez que la entrega.

---Y por quê la receta es tan grande?, parece en vez de êsta un diploma.

----Por ciertas exigencias reglamentarias de la salud pûblica de Bedriaco.

----Exigencias reglamentarias, verdad?

----No sabîa tampoco eso, me acabo de enterar.

----No, si se nota que tû andas por el limbo, total fuera de lo que sucede y

actualmente, de frecuentar lugares pûblicos y de pasar por lo angosto de 

los callejones.

----Y que ganarîa yo con enterarme de lo que actualmente sucede?

----Que quê ganarîas?

----Sî, lo acabo de preguntar.

----Que estuvieras al dîa y supieras de las exigencias reglamentarias.

----Ah, porque se comentan a fanegadas?

----A fanegadas comentar una cosa?, me parece que no es la locuciôn jus-

ta.

---Es que si lo comentan muchos es una cosa opulente que sale de las len-

guas de unos cuantos; como tal es una cantidad aunque no sea precisa y la

cifra.

----No hay duda de que la palabra y tû tienen buena relaciôn.

----Le confieso que mi primer juguete fue un libro. Segûn mi madre, algo

que me contô al contar yo con cinco años, en vez de jugar con los libros 

los ponîa en el suelo y los miraba, hasta que aprendî a leer y los destroza-

ba con la vista.

----Destrozabas?, espero que lo digas con el sentido de que de leerlos con

profundidad entonces...

----Sî sî, no hace falta que usted siga, que ya me comprendiô. Sabe usted,

Cleobulo, yo capto râpido.

----Lo acabo de captar. Mira, Sabinsqui, te presento a mi hija, y su nom-

bre es Vestalia de Pêlope.

----Mucho gusto, Vestalia, un placer conocerte y, no te digo mi nombre,

porque ya sabes cuâl es.

----Lo mismo te digo, Sabinsqui, lo mismo---dice Vestalia.

----Te puedo preguntar una cosa, Vestalia?

----Sî claro, pregunta.

----Acaso tu nombre es una derivaciôn del nombre Vesta?

----Asî es, Sabinsqui, mi nombre procede de esa derivaciôn.

----Escucha, Sabinsqui. La idea de tal nombre fue mîa, y se me ocurriô por

yo conocer a dos vestales que viven en la ciudad del ocio, allende de que y

cuando fui joven era un amante de ellas--dilucida Cleobulo.

----A que seguro que son Cornelia y Rubria.

----Y cômo tû sabes eso?, increîble.

----Porque a Cornelia hace un año la vi a travês de un espejo de dos caras,

y ella misma comentô sobre Rubria.

----Quê, a travês de un espejo?, no serâ lo que acabas (de)cir producto de

tu confusiôn?

----Oh no, nada de eso, aunque eso sî, la vi pero no podîa tocarla.

----Bueno, la viste a travês de un espejo y no de una cortina, y por donde

sî la mano puede penetrar.

----Sî, ya sê, mas yo sôlo quise revelar la antigualla reflejante, porque si 

de reflejos se trata pueden ser posibles asimismo en otros objetos. 

----Me infundes miedo con eso del espejo, y fîjate si es asî, que mientras

menos tiempo estê frente a êl mucho mejor--dice Vestalia.

---Raro escuchar decir a una fêmina eso, mas como dice el dicho: toda re-

gla tiene su excepciôn. Si me dejan explicar el porquê del espejo dilucido

con gusto---dice Sabinsqui.

----Te oîmos, Sabinsqui, te oîmos---dice Cleobulo.


















































  

 







 




Mittwoch, 14. September 2022

La cazuela de Vitelio (1049)

(versiôn)        


         Por extensiôn agrego, o saco a puesto, a colocaciôn, dice Kosmos, que a

pesar  de mantenernos girando dentro de una figura simbôlica, mîmesis apelli-

dad ideal por ser garante de una sûmula de posibilidades que satisfacen ciertos

y determinados deseos, como asimismo que por ser dadoras de lo que flagran-

temente necesîtase [para lograr una diversidad tanto de perîstasis como de rele-

vantes polêmicas] pudieran favorecer al mecanismo de repeticiôn propiciândo-

le lo sustentativo (y lo sustantivado) para que no quede huero, el "dic cur hic"  

quêdanos sin pre-ocupaciôn, ya que jamâs perdemos de vista ese  "dônde nos 

encontramos", el baricentro de los florecimientos o la sede de las tildantes ex-

clusivas, allende que el lugar para el pastiche (o para la fusiôn) de los compo-

nentes  bifurcados y los fragmentos esparcidos por todo un mundillo de dado-

rîas  infinitas, que si no caracterizado por esa prolijalidad de verba con la que

de facto cuestionamos hasta el Cupido de Cauno; in casu, ostensible estâ, que

Biblis sea traîda por alguna lengua y puesta en medio de la susodicha simbôli-

ca mîmesis: como una oriflama que flamea sin estar expuesta (de tal guisa) al

filo de *atropos?

----Kosmos, y dônde radica la diferencia entre el Cupido de Cauno y el de Vo-

luptas?, que a la postre y al cabo resume la ûnica y misma cosa: ta erotika.

----Câspita, didâscalos!!, que tan sôlo fue un paradigma...

----Didâscalos, que Kosmos es un amante de los verbi gratia (s)---interrumpe

el tîo de Kosmos.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que lo dicho por mî

llêgate como aliciente, y segurîsimo estoy que para amplificar lo que dijo muy

acertadamente Ovidio: militat omnis amans. Êsa es la res, no?--pregunta Kos-

mos.

----Êsa es la misma, no otra.

----Quê, la kosmona menestera una Diôtima para que deje el solvento tempes-

tivo?

----Y por quê no el masculino, un flamen, didâscalos?----pregunta Kosmos.

----Porque se hablaba de fêminas, por lo que entonces no es el kairos adecua-

do para nombrar el alormorfo de "la".

----Y risas de Kosmos.

----Alomorfo!!, una palabra muy poco utilizada en dic cur hic---dice el vate.

----Vate, ha sacâdole usted provecho a mi serio ludere---destaca Kosmos.

----Verdad, Kosmos, tu serio ludere, verdad?

----Y punto a la raya y que continûe la letra!!

---- En direcciôn a lo morfo?

----Didâscalos, mirîficamente encantado con su pregunta por seria y original,

sui gêneris.

----Eureka Kosmos!!, y entonces, cuâl serîa el sufijo de la forma?

----Gênesis!!, para que no carezca la verba de su embrionario desarrollo.

----La que desde temprano se le cambian los pañales?

----Conditio sine qua non!! para que mantêngase limpia.

----Ex praecognitis et praeconcessis!!----afirma el tîo de Kosmos.

----Câspita!!, que llegue a puesto, a colocaciôn el prôximo razonamiento.

----Procedente de, Kosmos?---fisga el didâscalos filosôfico.

----Y risas de Kosmos.


        Curiosamente, y en lo atinente a "procedente de", inesperadamente llega

a la Kosmona el soldado Argos. Kosmos al verlo, al divisarlo penetrar por la y

puerta eyectô una sonrisa, porque sabîa que en algûn momento tempestivo iba

a ser testigo de su presencia en la instituciôn, aunque no fuese exactamente pa-

ra revelar el encuentro de algo especîfico en la explanada cercana al barrio de

los Sigilarios [en la que hacîanse combates de gladiadores en los tiempos y de

su majestad Vologeso], y lugar donde sucumbiô el escultor Kifisodoto.

----Vengo de un lado que no es la corte, porque hoy es mi dîa de descanso, pe-

ro el caballo que monto sî es el mismo con el que hago la guardia de recorrido,

por lo que no tendrîa que decir que muy bien pudiera ser identificado por y el

magister equitum---dice Argos y la vez que saluda a los contertulios.

---No preocûpese usted por la identificaciôn, que con tan solamente amplificar

la verba adecuada a mi madre, cualesquier problemas acarreados por el magis-

ter equitum raudo resuêlvense---clara Kosmos.

----Aun asî, Kosmos, y por sî acaso, cabalgo por las zonas mâs intrincadas de

Bedriaco, que si no por entre los herbazales mâs crecidos.

----Esos herbazales muy bien que los conozco, aunque tambiên el corcel astu-

riano.

----Entonces tû debes ser Kosmithôs, no?

----Y cômo usted sabe ni nombre, si es primera vez que lo veo?

----Porque el ûnico que monta ese corcel eres tû.

----Contra, cierto, no habîa pensado en eso.

----Câspita!!, ya terminaste de interrumpir?---pregunta Kosmos.

----Acaba de finalizar, de ponerle punto final---responde Kosmithôs y rîe.

----De usted, y si lo quiêrelo, es toda la sensatez, mas no aplîquela en todo y

su cien por ciento porque la pondrîa en prâctica por exceso--dice Kosmos.

----Quiên si no tû para hablar de esa manera, pero sabes quê (...) prefiero el

exceso al defecto---acentûa Argos.

----Se nota que usted estâ informado sobre ciertas cosas---dice el didâscalos

filosôfico.

----Y cômo no, señor, si siempre estoy de recorrido, y asî escucho unas cuan-

tas cosas.

----Ahora usted acaba (de)jar saber que tienes buenos oîdos.

----Argos, le presento al didâscalos filosôfico---dice Kosmos.

----Un placer conocerlo, didâscalos---dice Argos.

----El placountes es mîo, porque es mâs fâcil que un soldado conozca a un

filosôsofo que un filôsofo a un soldado.

----Nunca escuchê algo parecido, didâscalos, nunca.

----Siempre hay una primera vez; y no siempre, por primera, llega râpido.

----Y quê tiene que ver la primera vez con la velocidad?

----Kosmos, que ya eso pudiera convertirse en perîstasis---dice el didâscalos.

----Como si usted no conociera la intenciôn implîcita que descansa en el in-

terior de alguna de mis preguntas de superficie.

----Y cuâl pregunta no es de superficie?---fisga Argos.

----Acaso la que uno se hace para sî mismo no es de profundidad?

----Acabo de entender, didâscalos---deja saber Argos.

----Argos, y dônde usted vive, en cuâl lugar de Bedriaco estâ su casa?

----Kosmos, debo decirte que la casa pertenece a un viejo amigo de mi pa-

dre, y que jugaba a los dados en el puerto en los tiempos de Vologeso; fue

cuasi como un hermano para mi padre, y vivo con êl no hace mucho.

----Amplifique el ônoma del amigo de su progenitor, amplifîquelo!

----Gaye Macinas, asî se llama.

----Cômo? Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, el que tu-

vo de concubina a Konfuza...

----La dueña del pajarraco!!---afirma Kosmithôs.

----Pajarraco no, sino guacamayo polîcromo----rectifica el didâscalos filosô-

fico.

----No se dijo una vez aquî, que ese Gaye Macinas fue el controlador y del

puerto en los tiempos de esa majestad?---pregunta Temîganes de Alejandrîa.

----Y por quê usted no me barruntô sobre eso al conocerlo en la explanada?

----Porque no me preguntaste dônde vivîa, Kosmos---responde Argos.

----Y cômo es que habitas con êl hace poco?

----Una historia larga de contar, y que al fin y al cabo carece de importancia.

----Y por quê usted se fue a vivir con êl, si los soldados bâtaros tienen buen 

techo en palacio?---fisga Kosmithôs.

----Eso es cierto, Kosmithôs, pero esos soldados no tienen adônde ir; carecen

de familia, de parientes, y es por eso que allî se han quedado.

----Desconocîa ese dato.

----Y quê tal la atingencia con ese Gaye Macinas, no abûrrese usted en su ca-

sa?---pregunta Kosmos.

----No, porque sôlo voy a dormir, y êl se queda solo jugando a los dados.

----Lo que traduce que no ha perdido el invetarado ethos de ludicar con ellos,

no?, aunque en su habitâculo y no en el puerto.

----Asî es, Kosmos, asî---responde Argos.

----Argos, si usted prefiêrelo, estâ de acuerdo o considêralo oportuno, puede

quedarse entre nosotros y participar junto a nos en las polêmicas y los discur-

sos.

----De acuerdo, Kosmos, que como ya dije, hoy es mi dîa de descanso.

----Êsa es la res!! Entonces acomode su tafanario, pôngase cômodo y escuche

con los buenos oîdos que usted tiene, lo imprescindible para la participaciôn.

----Y si tiene alguna duda no pregunte, que eso causa mâs dudas aûn---dice y

el didâscalos filosôfico.

----Y quê hago entonces, didâscalos?---pregunta Argos.

----Siga escuchando, que no hay cosa mejor como solvento contra la duda.

----Age, Argos, age!!---afirma Kosmos.
























































 




















 




 

Montag, 12. September 2022

La cazuela de Vitelio (1048)

     Fue gracias a la repeticiôn que aprendiôse la divisa, y la que fue posible por

estar encima del corcel asturiano y no en la kosmona, ya que aquî cuesta traba-

jo y concentraciôn lograr la fijeza de la verba por estar expuesta al perpetuo lû-

dico de los contertulios, lo que implica que estê incesantemente sometida a pa-

sar por la lengua de êstos tanto con rapidez como con variedad. Empero, y por

estar ya seguro de amplificarla, completamente convencido de que no se equi-

vocarîa  al decirla, es que Kosmithôs al llegar a la instituciôn lo primero que y

hace es amplificarla, pero ya traducida. Y entonces ôyese:

---- Quien no comprenda que aprenda o se calle.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que quin non intelli-

gi aut discat aut taceat.

----Me la quitaste de la boca al ser mâs râpido---deja saber el tîo de Kosmos.

----Te acuerdas tû dônde la leîste?---pregûntale Kosmithôs a Kosmos.

----Câspita!!, preguntarme a mî lo que preguntaste....

----Y acaso no se te puede olvidar algo?

----Kosmithôs, que tu padre tiene una nemôsine elefantina---recuerda el didâs-

calos filosôfico.

----A la postre y al cabo, y para no entrar en esgrimas semânticas, la leî en el

pasadizo y grabada en una piedra de esteatita---dice Kosmos.

----Pero, Kosmithôs, a quê se debe la amplificaciôn de la divisa?--- pregunta

el tîo de Kosmos.

----A que la leî en el laboratorio del alquimista y me la aprendî de memoria

en lo que regresaba para acâ con el corcel asturiano.

----Le echaste una miradita a mi querida acêmila, sabes cômo estâ?

----Didâscalos, su acêmila cuasi siempre proyecta lo mismo en su semblante,

por lo que es difîcil saber cômo estâ---responde Kosmithôs.

----Cômo que es difîcil saberlo si lo mismo cuasi proyecta en su semblante 

siempre (....) difîcil serîa si cambiase lo que eyecta, no?

----Si usted me va a empezar a mortificar le digo lo siguiente: jovialidad, a su

manera, es lo que proyecta.

----Ves que es fâcil, te das cuenta de que no es difîcil?

----Mondo lirondo que curioso me pongo!! Y quê fuiste a hacer al laboratorio

de Epîdea de Acopios?---pregunta Kosmos.

----Todo tiene un motivo, no?

----Claro que sî, Kosmithôs, todo lo tiene. A ver, cuâl es?

----Didâscalos, usted asimismo curioso?

----Eso a mi materia pertenece que, si no lo soy, no serîa filôsofo.

----Êste es el motivo: que me dijera el alquimista sobre el experimento tôxico

que hizo, lo que supe por el leñador de Britania. Ah, otra cosa: muriô la oveja

Capricho.

----Punto a la raya y que continûe la letra!!---afirma Kosmos.

----Y sigue de esta manera. Referente al experimento, lo que me confesô y el

mismo alquimista algo asî desilusionado, no dejô ningûn resultado positivo, y

entonces considera que lo hizo por gusto, y la causa de que muriera Capricho

se debe a que oliscô la tierra con la que habîan tapado el orificio abierto, con

el fin de echar en êste las pavesas quedantes del experimento susodicho---- y

dice Kosmithôs.

----Insôlito muchitantamente!!

----Por quê muchitantamente insôlito?

----Porque el experimento no dejô ningûn resultado, mas las pavesas acarrea-

ron el fenecimiento de la oveja, lo que es como decir: las cenizas del cigarro

queman, empero el cigarro encendido no.

----Quê es eso, Kosmos, un paradigma forzado, verbi gratia?---pregunta y el

tîo de Kosmos.

----"No vemos las cosas como son, sino que las vemos como somos".

----Verlas?, in casu entenderlas, y entonces...

----No entendemos las cosas como son, sino que las entendemos como somos.

----Correcta la amplificaciôn!!

----Amplificaciôn!! Sabe usted una cosa?---pregunta el didâscalos filosôfico.

----Por intuiciôn no doy con la cosa; por acertar con un decir relativo o con-

vincente, no puedo responder ausente la pregunta; entonces, didâscalos, cuâl

es la cosa?---pregunta el tîo de Kosmos.

----Que de los argumentos comunes al mâs familiar de los discursos de exhi-

biciôn es la amplificaciôn.

----En lo atinente a los tipos de discursos quiên mejor que el înclito estagiri-

ta para hablar de ellos con soltura repasada.

----Eureka Kosmos!!, que razôn no te falta.

----Êsa es la res, didâscalos, que de faltarme harîa todo lo posible por tener-

la.

----Y quê significa hacer todo lo posible por tenerla, formar los embrollos y

que te deleitan?---indaga Temîganes de Alejandrîa.

----Algo anâlogo a eso, a lo que usted pregunta, Temîganes, pero acaso ya

usted no sabe que lo que sâbese no pregûntase?

----No sabîa que era semejante, por eso la pregunta.

----Cômo que usted no lo sabîa, sabiendo usted mismo que es arcaica su y

presencia en la Kosmona?---pregunta el didâscalos filosôfico.

----Quê didâscalos, por arcaica significa que deberîa conocer bien a Kos-

mos?

----No acaba (de)cir usted que Kosmos forma embrollos que lo deleitan? Y

acaso de tales embrollos sabe alguien que no conozca a Kosmos?

----Claro que no!!, pero precisamente yo dije de los embrollos no de la ana-

logîa.

----Ora el formador de embrollos es usted, o el que gira dentro de un cîrcu-

lo vicioso...

-----Hasta que vâyase de testa contra el comienzo de donde partiôse--agre-

ga Kosmos.

----Cômo Kosmos, cômo?

----Temîganes, acaso el girar dentro de tal figura no conduce al punto de

partida?, que no trâtase de caminar en lînea recta.

----Eso no lo tuve en cuenta previo al lanzamiento del añadido tuyo.

----Al lanzamiento del añadido mîo (....) ni que fuera êste o una flecha o

una lanza.

----Tû dices cosas de las que dices algunas veces que son una forma y de

decir, no?

----Câspita, Temîganes, que no parece real que usted no me conozca.

----Una inversiôn de la forma de conocer, entonces parece mentira que y

alguien encuentre identificaciôn cognitiva---suelta el didâscalos filosôfico.

----Quê suntuosidad expresiva, didâscalos!!, encântame la susodicha inver-

siôn---acentûa Kosmos.

----Mas aun asî seguimos en el cîrculo---dice el didâscalos filosôfico.

----Y risas de Kosmos que agrega: entonces mantenêmosnos girando.

----Parece que no soy yo solamente el que gira---dice Temîganes de Alejan-

drîa.

----Ya empieza usted ha tener algo en cuenta: todos giramos!!

----Eso parece, didâscalos, por lo que no me extraña que me sienta un poco

mareado.

----Taxativamente es una posible consecuencia---dice Kosmos.

----Pues como yo no comprendo me callo---dice Kosmithôs.

----De regreso a la divisa?---fisga Kosmos.

----Lo que se sabe se pregunta?

----Y risas generales.













 





















 



































Freitag, 9. September 2022

La cazuela de Vitelio (1047)

        Empero en lo que esperaba que regresara el alquimista a su laboratorio, no

hizo otra cosa Kosmithôs que quitarle del lomo al corcel asturiano un repugnan-

te tâbano, pero algo que hizo a continuaciôn de que del cuadrûpedo bajârase ne-

cesariamente su hermana la campesina y de quitar la albarda, y con el propôsito

de  tener mâs espacio para realizar lo hacedero, lo que no significa que de poder

hacerse  no implique alguna dificultad, incluso teniendo êl mismo algo de expe-

riencia y de pericia en esta cuestiôn. En realidad pudiera decirse que ya habîa y

dado calaña de molestia el corcel asturiano, pero como pudo soportarla durante

el tiempo que estuvo bajo el mando del arreo, no fue apremiante dedicarle aten-

ciôn a raîz de una parada acopas en medio de la distancia calculada que separa

un punto del otro.

       Cônstale a la campesina, la que para no verse acosada por la pudiencia del

tedio entretûvose en dar giros, vueltas incesantes en derredor del corcel, la pa-

ciencia que habîa alcanzado su hermano, y no tanto el hacer lo que hacîa como

tenîa que ser o a cabalidad. Y quiên mejor que ella para quedarle cierto el insô-

lito logro de Kosmithôs, y el que unos años atrâs con tan sôlo pensar que aplas-

taba a una mosca quedaba tan desesperado, que darle un solvento contra y este

estado significaba si no una tarea ardua un discurso basado en sapiencia senec-

ta; venido êste, claro estâ, de las criaturas con mâs conocimiento, y que lo mis-

mo pudieran ser de la familia que de fuera de la corte; empero que compinches

asimismo, pero serîa una exclusividad, un regio acercamiento efîmero.

        Sorpresivamente, en el instante menos esperado y en el espacio al raso, la

voz del alquimista acarrea dos cosas: que Kosmithôs brinque por susto y que la

campesina quede estâtica.

----Si su voz fuese mâs fina mi bombeo no se hubiera acelerado--dîcele Kosmi-

thôs al alquimista a su vez que lo saluda dândole unos golpecitos en el brazo y

derecho.

---Yo no digo nada, porque su voz me ha dejado sin movimiento---dice la cam-

pesina.

----No sê por quê me parece que los hermanos exageran, pero bienvenidos am-

bos a mi laboratorio angosto---dice el alquimista algo sonriente.


       Dentro del laboratorio llâmale la atenciôn a Kosmithôs la siguiente divisa:

Quin non intelligi aut discat aut taceat, allende de ser la misma leîda por su y

padre  en el pasadizo [construido por su majestad Vologeso y secreto por cues-

tiones de seguridad] y grabada en una piedra de esteatita.

----Por quê te has fijado tanto en esa frase, acaso es tambiên un conjuro como

el que dijiste cuando enterrâbamos a la oveja Capricho?---pregunta la campesi-

na.

----No, êsta no es un conjuro...

----Sino una divisa----dice el alquimista.

----Pero que fue blanco râpido de mis ojos no por ser una divisa, sino porque

es la misma que Kosmos leyô en el pasadizo secreto---dice Kosmithos.

----Un pasadizo secreto, dônde?---pregunta la campesina.

----En el bosque cercano a Albula, allî.

----Y cômo tû sabes de ese pasadizo?

----Porque yo estaba el dîa en que el cazador nos condujo hasta la puerta del

pasadizo...

----Nos condujo?

----Sî, porque êramos tres los presentes: Mi padre, Kalîas y yo.

----Ese pasadizo conducîa a la corte de Vologeso, y dentro tenîa unas piedras

de esteatitas, las que son bastantes resistentes a cualesquier tipos de cinceles.

Mas sabes una cosa, Kosmithôs?

----Cuâl, alquimista, cuâl?

----Que ya el pasadizo dejô de ser secreto.

----Si conducîa a esa corte, entonces funcionaba el pasadizo como un camino

de escape, no?---fisga la campesina.

---Una pregunta fâcil de responder, cômo quê si no: una angosta construcciôn

para la fuga del rey---dice el alquimista.

----Dice mi padre que tiene su misterio, su enigma---dice Kosmithôs que agre-

da: aunque tambiên que se encontrô con dos personajes rarîsimos: un turilupi-

no y un begardo.

----Por lo que no es de extrañar que tenga el pasadizo su enigma, su misterio,

como dijo tu padre.

----A mi me suena como cuentos de hadas---dice la campesina.

----Pues de hacer puedes una cosa: penetra en el pasadizo, que ya dejô de ser

secreto mas que no enigmâtico---dice Kosmithôs.

----Por lo que dije no quise decir que me entregarîa a esa aventura. Claro que

no penetrô en êl, quê va!!, ni trastornada lo hago.

----Sabes que esos dos personajes son mâgicos, Kosmithôs?

----De la magia verba usted, alquimista?

----De quê si no, Kosmithôs, que la alquimia tiene algo de magia, mas con la

diferencia que deja resultados prâcticos. Ah, y por cierto y antes de que se me

olvide, necesito algo de alcohol: puedes facilitârmelo, como la ûltima vez?

----No creo que haya problemas; mas en el caso de que sî, porque ignoro cô-

mo estâ la reserva y de acuerdo a esto es que podrâ estar mâs controlado, se y

lo harîa saber tan râpido como pueda.

----Estâ bien, Kosmithôs, me dices entonces.

----Y dîgame, alquimista, cuâl fue el experimento que usted hizo?

----Y cômo tû sabes que lo hice, Kosmithôs?

----Porque me lo revelô el leñador de Britania cuando enterrâbamos a la ove-

ja Capricho.

----No!!, muriô la oveja, cuândo?

----Dos dîas despuês de haber olido lo que olîo.

---Yo estaba en el momento en que lo hizo al lado de la tienda de campaña del

saltimbanqui. Lamento lo de la oveja, mi pesar, que hasta pudiera sentirme y

culpable. 

----No se sienta usted asî, alquimista, que usted no echô las pavesas en el hue-

con alguna intenciôn, simplemente fue un accidente, sôlo eso---acentûa la cam-

pesina.

----Gracias por tus palabras, pero aun asî...

----Y entonces, alquimista, de quê experimento se trata?

---Kosmithôs, te dirîa que no tiene importancia, porque de facto el experimen-

to no dejô ningûn resultado, sôlo eso, pavesas. En fin, tiempo perdido ademâs

de exponerme a riesgos.

----Y tal exponerse no es siempre posible en un laboratorio de alquimia?

----Muchas veces, mas no siempre.

----De alquimia no comprendo nada, asî que como tal no puedo decir nada.

----Sabes que estâs muy cerca de lo que dice la divisa?

----No lo sabîa, alquimista, lo dije sin saberlo. Y quê dice la divisa?

----"El que no comprenda que aprenda o se calle"





































 




     

Dienstag, 6. September 2022

La cazuela de Vitelio (1046)

      No supo el porquê de que inesperadamente el corcel asturiano insistiera en

ladear su testa hacia la latitud este, cuando normalmente su querido cuadrûpe-

do jamâs dio calaña de perseverar con la intenciôn de ser conducido por y una

conductual  especîfica, pero el caso es que Kosmithôs asiô el arreo; y sin pen-  

sarlo  dos veces, no fuera a ser que el corcel por venganza parârase en dos pa-

tas y diera unos cuantos relinchos, puso en marcha a la bestia hacia donde in-

clinaba su cabeza. Siete minutos despuês divisa Kosmithôs una cosa, la que a 

saber no es otra que la siguiente:  la actividad con la que cumplîan su herma-

na (la campesina) y el leñador de Britania. A raîz de lo anterior, y tan ostensi-

ble  como que si es de dîa entonces lumbra Apolo, entendiô Kosmithôs sûbi-

tamente el porquê de la insistencia del corcel asturiano; mas con lo que sî no

dio fue con la respuesta a la pregunta crîptica de que cômo supo el corcel de     

lo que hacîan aquêllos, porque ni tan siquiera ambos mantuvieron jamâs con

el corcel una buena atingencia, lo que hasta cierto punto pudiera dilucidar la

cercanîa  fundamental, y con  êsta el conocer que engendra una determinada

sensibilidad que a su vez despierta un interês, y con el cual las relaciones se

llevan de forma mâs amena y conspicua. Indeleble es la cosa de que la cam-

pesina  mâs de una vez sentôse en la albarda de la bestia, mas êste dejar su 

tafanario  sobre la montura no es basto como para que el cuadrûpedo siênta-

se atraîdo por ella; aunque de verla la reconociera con sus ôculos que de fac-

to ningûn parche solaparîalos completamente. En el caso del leñador de Bri-

tania pudiera decirse que fue visto asimismo por el corcel mas sobre todo y

en la granja, lo que tambiên implica la misma consecuencia: no es suficien-

te para ocasionar la fascinaciôn de la bestia.

---Y cômo tû supiste que yo estaba aquî, porque yo no le dije a nadie nada?

Quê, eres adivino?---indaga la campesina.

----Si te lo digo no me vas a creer, que hasta yo mismo quedê con asombro

por el ladear la testa del corcel con insistencia---dice Kosmithôs.

----Te explicas, Kosmithôs?----pregunta el leñador de Britania.

----Paso a dilucidaciôn. Una vez que me trepê en la albarda vi que el corcel

inclinaba su cabeza hacia el este, hacia esta latitud, algo sumanente extrañî-

simo en êl, asî que fue êl quien me trajo hasta aquî; quien supo que ustedes

estaban aquî.

----Increîble, increîble!!----afirma la campesina.

----Ya te lo habîa anunciado. 

----Mira, Kosmithôs, reconoces a esta oveja?-----pregunta el leñador de Bri-

tania.

----Claro que sî!!, Capricho, ella misma, y de quê muriô?

----De oliscar tierra con cierta toxicidad al lado de la tienda de campaña del

saltimbanqui por culpa del alquimista---responde el leñador de Britania.

----Cômo?, eso parece un pincelamiento de mi padre.

----Espero que te refieras a la forma (de)cirlo, no?

----A eso, leñador, a eso. Y por quê, precisamente, la sepultan aquî?

----Mira hacia la derecha, y dime quê ves?

----El aprisco, el a-pris-co, eso!! Quê hay con êl?

----Que decidî enterrarla cerca de êl por ser un lugar que le encantaba.

----Y cuândo muriô?, porque el color que tiene revela que no sucumbiô ha-

ce pocas horas.

----Y quê tû sabes de eso, o desde cuândo lo sabes?---fisga la campesina.

----Le robo libros a mi padre y me entero de cosas.

----Decîa un gran poeta, que robar libros no es hurto.

----Y quê poeta es êse, leñador?

----Ah, eso sî no sê (....) lo escuchê alguna vez ya ni me acuerdo dônde.

----No serîa posible que lo sepa nuestro padre, Kosmithôs?----pregunta la

campesina.

----Imposible no es, pero no posible hasta ahora...

----No posible hasta ahora?

----Saberlo, saberlo porque no estâ aquî, por lo que no puêdesele preguntar.

----Ya estâs igualito que los contertulios, o sea, armando lîos verbales---dice

la campesina.

----Y acaso no soy uno de ellos?, lo que con menos asistencia a las clases y

menos presencia en los discursos---dice Kosmithôs y rîe.

----Como ahora, por ejemplo, no?

----No allâ, sino que estoy aquî.

----A ver, Kosmithôs, que ya el hueco estâ listo, coge a Capricho por las pa-

tas traseras, que yo agarrô las del frente.

-----Que si no se va de testa al precipitarse en el hueco.

----Un poco mâs de seriedad en un momento tan triste---pide la campesina.

----Listo, ya estâ bien posicionada...

----Para el descanso eterno, leñador?---pregunta Kosmithôs.

----Asî es, Kosmithôs.

----Puedo empezar yo a tirarle tierra encima?---pregunta la campesina.

----Si asî lo deseas (...) mira, aquî estâ la pala---dice el leñador de Britania.

----Carmina vel possunt deducere lunam.

----Quê es eso, Kosmithôs?---pregunta la campesina.

----Un conjuro que me dijo el alquimista que no dijera en voz alta.

----Y por quê entonces lo dices?

----Para ver el efecto.

----No juegues con esas cosas, Kosmithôs; no son para jugar---anuncia el le-

ñador de Britania y que a su vez le dice a la campesina: dame la pala que yo

termino de echar la tierra.

----Kosmithôs, y quê haces despuês, regresas a palacio?----pregunta la cam-

pesina.

----Regresar a palacio?, si acabo de salir.

----Y entonces, quê vas a hacer?

-----Se me ocurre pasar por el laboratorio del alquimista, y de paso le pedi-

rê detalles de lo sucedido.

-----Puedo ir contigo, que necesito un paseo?

----Claro que sî!!, cômo no?

----Si ya lo desean se pueden ir, que yo me ocupo del resto que hay que ha-

cer.

----Me gustarîa quedarme un rato mâs, pero no puedo con esta tristeza que

me domina---confiesa la campesina.

----Entonces vâmonos si te domina la tristeza---dice kosmithôs que agrega:

que el viento se lleva a êsta.

----No eran las palabras las que el viento se llevaba?

----Y acaso no es la tristeza una palabra?

----Ajâ!!, que bien que te la sacô----reconoce el leñador de Britania.

----Vâmonos, kosmithôs, vâmonos!!---pide la campesina.

----Pues al corcel que nos mira ancioso, y hasta la prôxima, leñador.

----Hasta la prôxima, Kosmithôs.


       Sin dilaciôn entonces, lo que no significa que tuviese prisa, sino que y

mâs  bien para  sacarle sumo provecho al tiempo, Kosmithôs vuelve a aga-

rrar el arreo y pone al corcel asturiano en direcciôn al laboratorio del alqui-

mista. Empero antes de llegar a êste, la campesina tuvo la reminiscencia de 

aquellos tiempos en que resultâbale un tanto acicateante el hecho de trepar-

se  en la albarda  y dejarse llevar por la fantasîa de Kosmithôs, aunque êsta

no fuese tan grande como para soltar un grito al cielo con algo de duraciôn

o quedar hechizada. Mas a su vez, al mismo tiempo por lo que recuerda no

puede eludir que pase por su testa la palabra "incesto", aunque en realidad

por aquel entonces ambos no sabîan que eran hermanos; pero aun asî la pa-

labra, por lo que significa, o causa inquietud o engendra resonancia. De tal

guisa que de momento un pneuma tocô su semblante, la campesina pudo y

respirar profundo; y con este respirar, tempestivo y favoreciente, el recuer-

do dejô de tener funciôn, atracciôn y pudiencia eyectiva. A continuaciôn y

escucha  la campesina que dice Kosmithôs: Ya estamos frente a frente a la

puerta del laboratorio del alquimista, pero extrañândole al jinete que estu-

viese  del todo la puerta cerrada, y por lo que entonces supo que no estaba

el alquimista en su puesto de trabajo.

----Y dônde tû crees que pueda estar el alquimista?---pregunta la campesi-

na.

----Vaya pregunta que me haces!!, quê sê yo. Hacemos una cosa.

----Cuâl, Kosmithôs?

----Esperar unos minutos, y si entonces no llega nos vamos: de acuerdo?

----De acuerdo, sî, de acuerdo.






   

































 

























 







Sonntag, 4. September 2022

La cazuela de Vitelio (1045)

     Dos dîas despuês llêgale a la campesina el barrunte deprorable de la muer-

te  de la oveja  Capricho, mas por medio de una esquela escrita por el leñador

de Britania enviada a palacio, y en la que asimismo revelaba el motivo del y

fenecimiento. Ipso facto la campesina arrumba sus pasos a la granja, finca de

campo donde ella creciô y mantuvo la creencia falsa de que su progenitor era

el leñador de Britania, Al llegar a la granja encontrôse a êste llorando en el y

aprisco, lugar donde mejor disfrutaba la oveja susodicha del solaz imprescin-

dible, y no sôlo en momentos de frîa temporada sino en cualesquiera de otra

estaciôn anual. Mas antes de formular la primera pregunta, la menester o que

si no la fundamental, la campesina hizo un recorrido por todo el aprisco, em-

pero para recordar aquellos tiempos que sacaba a pasear a las ovejas ponien- 

do siempre frente al grupo de êstas a la acabada de sucumbir, como si fuese 

una  suntuosa guîa por conocer muy bien los pastizales exentos de la presen-

cia de las vacas. Non plus ultra de diez minutos el recorrido llegô a su Ende,

siendo este el instante en que, entonces, preguntôle al leñador de Britania:

----Pero cômo fue posible que Capricho llegara justa y exactamente a ese y

hueco con las pavesas del experimento tôxico?

----Esa pregunta me la hice varias veces, pero quê importa ya encontrar la

respuesta, ya que de facto de quê sirve---responde el leñador de Britania a

su vez que secândose los ojos con la tela de la camisa.

----Claro que con hallar la respuesta no se le devuelve la vida a Capricho,

pero para mî es importante formular las preguntas, que de no hacerlo serîa

un tanto problema.

----Problema, por quê?

----Porque volverîan una y otra vez (a)parecer durante la noche estando en

la cama.

----Y a eso tû le llamas problema?

----Tû como siempre haciêndome preguntas que me molestan: siempre fue

asî, no?

----Tû crees que ahora es el momento para entrar en discusiôn?

----Se puede hablar sin discutir, no?

----Hablar sin discutir contigo no es una tarea fâcil, que mira que conozco

bien tu carâcter.

----Lo conoces bien, verdad?

----Abre bien los oîdos que te digo una cosa: No estoy de buen humor para

tolerar tus nimiedades, que ni siendo madre maduras, asî que es mejor que

me respondas esto: Me ayudas a enterrar a Capricho?

-----Aunque no me hubieses pedido la ayuda participarîa en su entierro, y

cômo no, si quien se ocupô siempre de las ovejas fui yo durante todo y el

tiempo que pasê aquî en la granja.

----Ahora si has dicho algo que es pura verdad.

----Y dônde la piensas enterrar?

----No muy lejos de aquî del aprisco.

----Y cuândo?

-----Cômo que y cuândo?, ahora mismo, asî que espêrame aquî que voy a

buscar una pala.

-----De acuerdo, si lo que me sobra es tiempo.

----Y tu responsabilidad de madre quê?

-----A quê viene esa interrogativa ahora?

-----A que cômo es que te va a sobrar tiempo ya siendo madre.

-----Sabes quê?, que mejor es que vayas a buscar la pala, que ningûn dere-

cho tienes de dudar de lo que digo, y mucho menos cuestionarlo.

-----Y sî, mejor que vaya por el utensilio, que tu insolencia es de hierro.


      Simultâneamente, y en palacio, Ateriana embadurnâbase de tierra cerca 

de donde estaban las plantas de Rubria  (el jazmîn de Arabia, la hierbaluisa

y el trêbol de cuatro hojas), mas seguido a perdêrsele de vista un insecto co-

leôptero negro, y el que al parecer resultâbale un beneficio subir y bajar por

por el jazmîn de Arabia y por la hierbaluisa. Teariôn, y encargado de ocupar-

se de Ateriana durante la ausencia de la campesina, pensaba que el porquê y

de que el escarabajo negro trepara por las plantas sin acarrearles ningûn da-

ño debîase a una posible cosa: la del aroma que ambas desprenden, aunque 

tambiên pudiera ser por motivo de su edad, lo que traduce que por senecto

su interês ya no serîa otro que el (de)dicarse antes de que terminase su exis-

tencia a relacionarse con las plantas susodichas; y no por casualidad, porque

de facto no sôlo las conocîa perfectamente, sino que asimismo siendo mâs y 

joven las habîa picado brutalmente, algo que le consta a Rubria por haber y

tenido ella misma que atenderlas con mâs frecuencia y con mâs amor; y no

solamente, por costumbre, una vez por semana. Al dejar Teariôn de pensar,

Ateriana estaba ya tan embarrada de tierra que êrale menester un sûbito aci-

calamiento, por lo tanto aquêl la levantô del suelo; y, poniêndosela entre sus

brazos, cargôla con el objetivo de llevarla al cuarto. Mas antes de llegar y a

êste encuêntrase con Rubria, y quien le hace la siguiente pregunta:

----Y por quê tu hija estâ tan maculada de tierra?

-----Porque jugaba cerca de tus plantas despuês que perdiô de vista a un es-

carabajo, el mismo que subîa y bajaba por dos de las susodichas plantas.

----Cômo, un escarabajo de nuevo?

----Uno de nuevo; no serâ el mismo de siempre, pero mâs viejo?

----No puede ser el mismo, porque êse al que te refieres ya yo una vez lo ma-

tê; era de color oscuro.

----El que acabo de ver tambiên tenîa ese color.

----Es que normalmente los de esta zona tienen ese color, mas eso no quiere

decir que sea el mismo.

----Y yo que pensê que sî.

----Entonces, por lo que me dijiste, no le causô daño a las plantas.

----Asî es, por lo que yo interpretê que se sentîa bien con el aroma de las y

plantas.

----Bueno, si de interpretaciôn se trata...

----Es igual, que mi interpretaciôn no es importante. Y disculpa que te deje,

pero debo limpiar a esta criatura, que si la campesina la ve asî me ganarîa y

de gratis un discurso.

-----Puedo entender, porque yo soy madre. Sî, de acuerdo, limpia a tu hija.

----Te puedo pedir algo?

----Seguro que se trata de que no le diga a la campesina de que vi a tu hija y

manchada de tierra, no?

----Eso es, eso!!

----Queda tranquilo, que no dirê ni comentarê nada con nadie.

----Gracias, Rubria, gracias.

----De nada, Teariôn, de nada.






















 















 


















Freitag, 2. September 2022

La cazuela de Vitelio (1044)

     Percibe entonces el alquimista, mas a raîz de una ligera observaciôn hecha

con cierta sorna, lo que traduce que sin que diêrase cuenta el saltimbanqui, de

que la parte frontal de la tienda no estaba posicionada hacia el norte, lo que y

diole pâbulo de pensar de que el saltimbanqui no estaba interesado en la con-

templaciôn de paisajes montañosos, como tampoco en la coloridad verde que

descolla  de êstos cuando impera el verano y siêntense mâs plûmbeas y adus-

tas las dadorîas apolîneas, a su vez que pejiguerosas por engendrar cansancio.

De haberse alongado este pensar serîa posible llegar a una conclusiôn, lo que

vendrîa a ser el culmen de un proceso analîtico, empero como el alquimista a 

la postre y al cabo sôlo entregâbase a coralinos exâmenes en su querido labo-

ratorio, mâs bien concentrô su atenciôn en sus manos puestas cercanas a la y

flama atizada con un fuelle de jaez arcaico.

----Quê le parece la flama, alquimista, suficiente para calentar sus frîas ma-

nos?---pregunta el saltimbanqui a la vez que acercaba a la flama un jarro re-

pleto de agua.

----Le hago saber a usted, saltimbanqui, que a mî tanto una flama pequeña

como una grande son de mi gusto, porque son el corpus del fuego, un elem-

to que me encanta y que cuasi siempre me concomita.

----Por su respuesta entiendo que la flama es basta, no?

----Sî, asî es. Pero dîgame, saltimbanqui: de dônde usted saco el fuelle, que

es una antigualla?

----Es una de mis funciones por el mundo me lo encontrê tirado en una mon-

taña de cosas viejas; no funcionaba bien y tuve que mandarlo a reparar.

----Y no estâ en venta, que a mi me interesa?

----Con los pocos sestercios que yo gano no me vendo yo porque no puedo.

A ver, cuânto me da por êl?

----Pida usted por esa boca que yo doy con mi mano.

----Pues dêjeme pensarlo y despuês le digo: de acuerdo?

----Completamente!!

----Lamentablemente lo ûnico que tengo para brindarle es una infusiôn que

como usted ve estoy preparando.

----Pues deme una taza, aunque yo siempre tomo cuatro.

----Esto es al revês del dicho: no quiêrese una taza y tiênense tres.

----A decir verdad no creo en dichos sino en hechos, por lo que no serîa de

extrañar que sea alquimista.

----Le dejo saber que la infusiôn es con hojas de thymus vulgaris.

---Me da igual que yo siempre estoy despierto, y como tal ninguna hoja me

duerme. 

    

      Media hora despuês sôlo quedaba en el recipiente un resto de infusiôn, y

como tal no era basto para llenar una taza, razôn por la cual recuerda el sal-

timbanqui el lûdico del côtabo, mas no por haber participado alguna vez en

êste sino mâs bien por lo que consistîa [allende de ser muy conocido en los

banquetes], y que a saber no es en otra cosa, que en la de arrojar lo quedan-

te de un total sobre un blanco determinado. 

----Lo de arrojar, saltimbanqui, es cierto, mas no infusiôn sino restos de vi-

no en la copa.

----Evidentemente que usted conoce tal lûdico, alquimista, pero no podrîa-

se sustituir el vino por los restos de infusiôn, que de todas maneras son res-

tos ambos?

-----Si de poder se trata, el que quiere puede.

----Mire usted quê curioso, ya que me habîa dicho que creîa en los hechos

y no en los dichos.

----El hecho de que se lo haya dicho no quiere decir que crea en êl, porque

de hecho se pudiera repetir lo que se sabe, algo que no es creer sino mâs y

bien volver a decir un dicho.

----Volverlo a decir?, si usted lo dijo una sola vez.

----Es una forma (de)cir que agrupa lo general.

---Que agrupa lo general? En fin, alquimista, que el que quiere puede, quie-

ro arrojar los restos de infusiôn sobre la tierra donde hicimos el hueco.

----Pues hâgalo, saltimbanqui, que es su querer.

----Pues espere unos minutos que en seguida regreso.


     Mas al salir de la tienda de campaña sucede una cosa inesperada: la oveja

Capricho oliscaba precisamente en el lugar donde estaba el hueco tapado, por

lo que pregûntase el saltimbanqui: Y esta oveja de dônde saliô? Siendo enton-

ces que escucha una voz cercana que responsa con cierta pudiencia: 

---Capricho, ya te he dicho que no se huelen superficies desconocidas, cuândo 

vas (a)prender?

----Señor, cômo es que usted regaña a una oveja?---pregunta el saltimbanqui a

la vez que acaricia a la oveja.

----Dêjeme eso a mî, que ella me entiende, aunque usted no lo crea.

----Y usted quiên es, señor, un pastor?

----Yo soy el leñador de Britania, y mi granja no estâ muy lejos de aquî.

----Bueno, y antes de que me pregunta, yo soy el saltimbanqui, y êsta es mi ca-

sa, una tienda de campaña.

----Entonces es usted miembro del circo, no?

----Asî es, leñador, asî es.

----Pero quê hace su oveja oliendo un lugar pernicioso? (....), sâquela inmedia-

tamente de ahî.

----Ah, es usted, alquimista. Y por quê el lugar es peligroso?

----Porque en el lugar que ella huele no hace mucho echamos unas pavesas pro-

venientes de un experimento tôxico.

----Echamos no, las echô usted---rectifica el saltimbanqui.

----Cômo? A ver, Capricho, sale de ahî, ven acâ---dice el leñador de Britania a

la vez que coge por el cuello a la oveja y la hala, pero sûbito pregunta: Y cuâl es

el porquê de que usted haya botado las pavesas ahî, alquimista?

----Eso se lo explico por el camino, que ya me voy para mi laboratorio.

----Verdad que ya usted se va, alquimista?---pregunta el saltimbanqui.

----Asî es, porque me llama el trabajo. Gracias por la infusiôn, y si acaso nos ve-

remos en otro momento.

----Y el fuelle quê, se le olvidô que me lo compraba?

----Y acaso ya pensaste el precio?

----Mire, es êste---dice el saltimbanqui dejândolo saber con los dedos de las ma-

nos.

----Cinco sestercios?, mire, aquî tiene---dice el alquimista una vez que extrajo y

del bolsillo el peculio.

----Gracias por la compra, alquimista, gracias!!

----Cinco sestercios, tan caro?---pregunta el leñador de Britania.

----Sabe usted cuântos años tiene este fuelle?---pregunta el saltimbanqui.

----Se nota que es viejîsimo, mas aun asî...

----Bueno, leñador, en todo caso quien deberîa quejarse es el alquimista, no?

----Estâ bien, leñador, estâ bien---dice el alquimista.

----Si usted lo cree asî...

----Entonces, nos vamos?

----Sî, alquimista, sî!---afirma el leñador de Britania.

----Adiôs entonces a los dos, adiôs!!---dice el saltimbanqui.

----Adiôs, saltimbanqui, y buena suerte en la cuerda---dice el alquimista.


































 


















  

Donnerstag, 1. September 2022

La cazuela de Vitelio (1043)

     Finalmente el saltimbanqui llega a su destino, o sea, a su tienda de campaña.

Una vez dentro de êsta---segûn la normalidad con el uso de las viviendas portâ-

tiles de lona en la localidad de Bedriaco, la posiciôn de la parte delantera de ês-

tas  deberîa dirigirse hacia el norte, por la sencilla razôn de facilitar esta latitud

una mejor contemplaciôn del paisaje montañoso, y el que a su vez se caracteri-

zaba  por la pudiencia del color verde en los meses mâs calurosos del año----lo

primero que hizo fue juntar trozos de madera, empero con el propôsito concre-

to de hacer fuego para poner a hervir agua e introducir en êsta unas cuantas ho-

jas delgadas del thymus vulgaris. Entregado a esta actividad detecta una creci-

da sombra a travês de la lona de la parte izquierda de la tienda de campaña, ra-

zôn por la cual abandona por un instante lo que estaba haciendo para salir a in-

dagar a quiên pertenecîa la susodicha sombra.

     Una hora antes encontrôse Epîdea de Acopios con el arquîatra Golemo. La

cercanîa de ambas criaturas sucediô especîficamente en el momento en que y

êsta  sacaba de la cesta la sûmula de plantas desarraigadas en la entrada de su

casa; y aquêlla, que al parecer prisa tenîa por deshacerse de unas pavesas que

echô en una redoma, pasaba levantando polvo como un guerrero al arrastrar y

sus coturnos.

---Señor alquimista a quê dêbese su apuro que le ocasiona sofocaciôn?

---Ah, Golemo, no sabîa que êsta era su casa, que de saberlo me hubiese dete-

nido para dejarle un saludo. 

----Sî!, êsta es mi casa en los arrabales de Bedriaco, razôn por la cual por es-

ta zona pasan pocos ciudadanos. Y dîgame, alquimista: quê hay dentro de esa

redoma?

----Las pavesas de un experimento que hice sumamente tôxico con polvo de

azufre.

----Y dônde usted las botarâ entonces?

----Eso es lo que no sê, algo por lo que estoy nervioso y me engendra la pri-

sa.

----Pudiera ser que yo resuêlvale su problema, pero antes dîgame algo.

----Haga usted la pregunta, Golemo.

----Lo tôxico es menos si se entierra?

----Cômo, enterrar lo tôxico, cômo es eso?

----Mire usted, alquimista. Acabo (de)sarraigar estas plantas, y como tal en el

lugar que estaban hay huecos, los que me parecen ideales para verter las pave-

sas.

----Ah, eso. En este caso lo que pasarîa es que lo tôxico impedirîa que otra y

planta creciese. Y dônde estâ esos huecos?

----No muy lejos de la tienda de campaña del saltimbanqui. Sabe usted dônde

estâ la tienda?

----Eso no lo sê, pero pregunto. 

----El saltimbanqui sabe dônde estân los huecos, porque no hace mucho le di

una planta para solucionar sus pesadillas.

----Pues tales huecos me vienen de maravilla. Gracias por la ayuda, gracias!!

----De nada, Alquimista, de nada!! Y ya sabe dônde estâ mi casa, por si algûn

dîa desea visitarme.

----Lo voy a tener en cuenta, Golemo, no lo olvidarê. Y ahora me voy, que ya

conoce usted que...

----Deje, alquimista, deje, y vaya a lo que tiene que hacer.

 

    Al salir como un disparo de flecha de la tienda el saltimbanqui, el alquimis-

ta recibe un susto tremendo, lo que a su vez acarrea que êste suelte de sus ma-

nos la redoma con las pavesas.

---No, no puede ser, esto sî que es pernicioso. Sabe usted lo que habîa en esta

redoma?---pregunta el alquimista.

----No me interesa saber eso, mas sî quiên es usted, y quê hace aquî.

----Me dijo el arquîatra Golemo que tû sabîas el lugar donde estaban los hue-

cos dejados por el desarraigamiento de las plantas. Eres tû el saltimbanqui, no?

----Sî!, soy yo el saltimbanqui. Y cômo dio con mi tienda?

----Preguntando, haciendo la pregunta adecuada.

----Bueno, estâ bien, pero quiên es usted?

----Soy alquimista, y mi nombre es Epîdea de Acopios.

----Pero vaya, alquimista, la sombra que usted engendra; parecîa reflejada en

la lona la de una persona gigante.

----Pues la realidad es una sola y no cambia tamaños.

----Y dîgame: quê es lo habîa en la redoma?

----Me dijiste que no querîas saberlo, no?

----Rectifico, que no me interesaba saber eso.

----Te revelo que pavesas de un experimento tôxico.

----Cômo? Y ahora quê hacemos, porque aquî no hay ningûn hueco.

----Que quê hacemos?

----Lo acabo de preguntar.

----Abrir un hueco aquî mismo, y echar dentro las pavesas.

----De acuerdo, pero con quê abrimos el hueco?

----Con las manos, porque tu pregunta ya revela que no tienes nada para y

abrirlo.

----Bueno, manos a la obra que para luego es tarde.


     Seguido a la abertura del hueco, de echar las pavesas dentro y de volverlo 

a tapar con la misma tierra sacada, pregunta lo siguiente el alquimista:

----Tienes algo para calentar mis manos, que las siento frîas?

----Tengo el menor remedio contra la frialdad: el fuego!!

----Y dônde estâ la madera, que no la veo?

----Venga conmigo adentro de la tienda y la verâ. Venga usted, alquimista.
































 














 




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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...