De retomar tu verba Kosmos, dice el didâscalos filosôfico, eso de la mîmesis
apellidada ideal por ser garante de una sûmula de posibilidades que satisfacen y
ciertos y determinados deseos, me recuerda una senecta sapiencia que fue de mi
agrado siempre en los tiempos de mi formaciôn como didâscalos. Algunas rele-
vantes e imperecederas monografîas la sacaban a relucir no solamente como un
paradigma de conocimiento supremo, sino que a su vez por seducir a cualquiera
con un vocabulario simple y con precisiôn enfocado. En lo atinente a la figura y
a la imago esta senecta sapiencia las utilizaba demasiado, algo que resultaba su-
mamente beneficioso, y sobre todo en êpocas en que lo preponderante era la pa-
labra, ya fuera dicha con modulaciôn y ritmo que con austeridad discursiva, se-
veridad que nunca se improvisaba sino que mâs bien no quedaba exenta del es-
tudio tempestivo previo a ser lanzada a la masa padeciente de una algazara con
repeticiôn, y debido a la costumbre de no esconder la jovialidad estrepitosa a y
raîz de terminar un agente con facundia de remover conciencias y corazones.
----Didâscalos, es que los paradigmas de conocimiento supremo algunas veces
son mâs funcionales negando la palabra y afirmando la mîmesis, por quê?, por-
que sôlo asî existe la posibilidad de vestirla a partir de que el magîn entra y en
funciôn, hontanar que empolla lo que no es producto de la manipulaciôn, lo y
que llamo yo "el agente indômito", de ahî que no caiga en la celada de la fala-
cia coloreada o mascarada.
Mas al no quedar satisfecho con lo anterior dicho, no quêdale otra cosa que
hacer a Kosmos que la de alongar su discurso, y seguido a decirse êl mismo su
epîmone muy repetido ûltimamente: punto a la raya y que continûe la letra. Si-
gue, entonces, que su alargamiento de la verba dejô saber a los contertulios del
nuevo pastiche, uno que mezclaba la idea del ojo asomante con el agente indô-
mito, el volver a mirar con el mirar de la imaginaciôn, el indomable.
Habrîa que ver que en lo atinente a lo indômito, una palabra înclita que no
siempre causa la misma reacciôn en quien la oye, reacciôn que pudiera ser cla-
ramente revelada por medio de aplausos o eyectando una sonrisa que le da otro
aspecto al semblante, Vercingetôrix recuêrdase de un inveterado conflicto y en
parasangas irlandesas, y con el cual fue posible que no entraran en vigencia y
una sûmula de regulaciones propuestas por las autoridades correspondientes y
con el debido beneplâcito de la criatura mayestâtica que llevaba la corona por
aquellos tiempos de enfrentamientos continuos entre varias tribus de jaez sal-
vaje.
----Regresa usted, Vercingetôrix, al mismo punto del que partîô, irrefutable y
paradigma de que su disciplina es fiel a la forma de movimiento dentro de la
figura sîmbôlica que descolla en la instituciôn.
---Bueno, didâscalos, le dirîa mâs bien que es por cuestiones de costumbre o
que si no de vicio.
---Câspita, Vercingetorix, que tanto la costumbre engendra el vicio como que
el vicio la costumbre---señala Kosmos.
----Ya no se dijo una vez que la costumbre es la madre de todos los vicios?
----Dîjose y quêdase dicho, Asonis; y entonces, por indeleble, mantendrâse
perpetuo el decir.
----No olvidar que "lo ûnico que perdura es el cambio"
----Didâscalos, cômo olvidar al no claro de Êfeso, aunque por oscuro cuasi
que no vêase---suelta Kosmos y rîe.
----Hace falta un farol en pleno dîa---ironiza el didâscalos filosôfico.
----Quê, verîase entonces mejor cômo defeca el cînico frente por frente a la
Acrôpolis?
----Ya tu falta de respeto sobrepasa la porquerîa.
----Que los justos son mansos, cômo llegar tan lejos.
----Entonces, los justos no pudieran ser indômitos?, o mejor dicho, lo afirmo,
para que no me digan que lo que se sabe no se pregunta.
----Êsa es la res, êsa!!---afirma Kosmos que pregûntale al soldado Argos: es-
tâ usted de acuerdo con que los justos son mansos?
----Quê sê yo, Kosmos, que no me he dedicado a realizar un estudio de los y
justos.
----Ya crêole que no haya hecho una monografîa, mas por su experiencia co-
mo soldado quê pudiera amplificar?
---Que pudieran convertirse en mansos todos aquellos que pasan por el casti-
go del fuste.
----Cômo, y usted es un soldado de recorrido o un verdugo?---fisga el didâs-
calos filosôfico.
----Didâscalos, crêame lo que le digo, que por disciplina militar hay cosas
que no puedo decir.
----Debe existir el mutismo para que algunas cosas sigan siendo posibles.
----Algo como eso, Kosmos, parecido---reconoce Argos.
----Dentro de tales cosas, Kosmos, el bullicio?
----Temîganes, tal posible es magno de la cosa.
Inesperadamente los relinchos continuos del caballo de Argos es el mo-
tivo por el que êste dîcele a los contertulios:
----Discûlpenme ustedes, mas debo salir a ver quê pasa, que mi caballo sôlo
relincha incesantemente por cuestiones muy especîficas.
----Yo voy con usted, que me interesa saber el porquê relicha---dice Kosmi-
thôs.
Dos minutos despuês divisa Kosmithôs a Kalîas y entonces le pregunta:
----Y quê usted hace con la mula del didâscalos filosôfico?
----No me digas nada, que si supieras el trabajo que me ha costado traerla y
hasta aquî...
----Traerla?
----Al parecer se escapô del potrero y estaba perdida. Y este caballo de quiên
es?
----Es mîo, señor, mejor dicho, es el caballo que utilizo para hacer la guardia
de recorrido---dice el soldado Argos.
----Kosmithôs, puedes decirle al didâscalos que venga, que êl es el ûnico que
puede tranquilizar a la mula?
----Voy a buscarlo, voy.