Samstag, 24. September 2022

La cazuela de Vitelio (1051)

     De retomar tu verba Kosmos, dice el didâscalos filosôfico, eso de la mîmesis

apellidada ideal por ser garante de una sûmula de posibilidades que satisfacen y

ciertos y determinados deseos, me recuerda una senecta sapiencia que fue de mi

agrado siempre en los tiempos de mi formaciôn como didâscalos. Algunas rele-

vantes e imperecederas monografîas la sacaban a relucir no solamente como un

paradigma de conocimiento supremo, sino que a su vez por seducir a cualquiera

con un vocabulario simple y con precisiôn enfocado. En lo atinente a la figura y

a la imago esta senecta sapiencia las utilizaba demasiado, algo que resultaba su-

mamente beneficioso, y sobre todo en êpocas en que lo preponderante era la pa-

labra, ya  fuera dicha con modulaciôn y ritmo que con austeridad discursiva, se-

veridad  que nunca se improvisaba sino que mâs bien no quedaba exenta del es-

tudio tempestivo previo a ser lanzada a la masa padeciente de una algazara con

repeticiôn, y debido a la costumbre de no esconder la jovialidad estrepitosa a y

raîz de terminar un agente con facundia de remover conciencias y corazones.


----Didâscalos, es que los paradigmas de conocimiento supremo algunas veces

son mâs funcionales negando la palabra y afirmando la mîmesis, por quê?, por-

que sôlo asî existe la posibilidad de vestirla a partir de que el magîn entra y en

funciôn, hontanar  que empolla lo que no es producto de la manipulaciôn, lo y

que  llamo yo "el agente indômito", de ahî que no caiga en la celada de la fala-

cia coloreada o mascarada.


      Mas al no quedar satisfecho con lo anterior dicho, no quêdale otra cosa que

hacer a Kosmos que la de alongar su discurso, y seguido a decirse êl mismo su

epîmone muy repetido ûltimamente: punto a la raya y que continûe la letra. Si-

gue, entonces, que su alargamiento de la verba dejô saber a los contertulios del

nuevo pastiche, uno que mezclaba la idea del ojo asomante con el agente indô-

mito, el volver a mirar con el mirar de la imaginaciôn, el indomable.

       Habrîa que ver que en lo atinente a lo indômito, una palabra înclita que no

siempre causa la misma reacciôn en quien la oye, reacciôn que pudiera ser cla-

ramente revelada por medio de aplausos o eyectando una sonrisa que le da otro

aspecto al semblante, Vercingetôrix recuêrdase de un inveterado conflicto y en

parasangas  irlandesas, y con el cual fue posible que no entraran en vigencia y

una sûmula de regulaciones propuestas por las autoridades correspondientes y

con el debido beneplâcito de la criatura mayestâtica que llevaba la corona por

aquellos  tiempos de enfrentamientos  continuos entre varias tribus de jaez sal-

vaje.

----Regresa usted, Vercingetôrix, al mismo punto del que partîô, irrefutable y

paradigma de que su disciplina es fiel a la forma de movimiento dentro de la

figura sîmbôlica que descolla en la instituciôn.

---Bueno, didâscalos, le dirîa mâs bien que es por cuestiones de costumbre o

que si no de vicio.

---Câspita, Vercingetorix, que tanto la costumbre engendra el vicio como que

el vicio la costumbre---señala Kosmos.

----Ya no se dijo una vez que la costumbre es la madre de todos los vicios?

----Dîjose y quêdase dicho, Asonis; y entonces, por indeleble, mantendrâse

perpetuo el decir.

----No olvidar que "lo ûnico que perdura es el cambio"

----Didâscalos, cômo olvidar al no claro de Êfeso, aunque por oscuro cuasi

que no vêase---suelta Kosmos y rîe.

----Hace falta un farol en pleno dîa---ironiza el didâscalos filosôfico.

----Quê, verîase entonces mejor cômo defeca el cînico frente por frente a la

Acrôpolis?

----Ya tu falta de respeto sobrepasa la porquerîa.

----Que los justos son mansos, cômo llegar tan lejos.

----Entonces, los justos no pudieran ser indômitos?, o mejor dicho, lo afirmo,

para que no me digan que lo que se sabe no se pregunta.

----Êsa es la res, êsa!!---afirma Kosmos que pregûntale al soldado Argos: es-

tâ usted de acuerdo con que los justos son mansos?

----Quê sê yo, Kosmos, que no me he dedicado a realizar un estudio de los y

justos.

----Ya crêole que no haya hecho una monografîa, mas por su experiencia co-

mo soldado quê pudiera amplificar?

---Que pudieran convertirse en mansos todos aquellos que pasan por el casti-

go del fuste.

----Cômo, y usted es un soldado de recorrido o un verdugo?---fisga el didâs-

calos filosôfico.

----Didâscalos, crêame lo que le digo, que por disciplina militar hay cosas

que no puedo decir.

----Debe existir el mutismo para que algunas cosas sigan siendo posibles.

----Algo como eso, Kosmos, parecido---reconoce Argos.

----Dentro de tales cosas, Kosmos, el bullicio?

----Temîganes, tal posible es magno de la cosa.


        Inesperadamente los relinchos continuos del caballo de Argos es el mo-

tivo por el que êste dîcele a los contertulios:

----Discûlpenme ustedes, mas debo salir a ver quê pasa, que mi caballo sôlo

relincha incesantemente por cuestiones muy especîficas.

----Yo voy con usted, que me interesa saber el porquê relicha---dice Kosmi-

thôs.


     Dos minutos despuês divisa Kosmithôs a Kalîas y entonces le pregunta:


----Y quê usted hace con la mula del didâscalos filosôfico?

----No me digas nada, que si supieras el trabajo que me ha costado traerla y

hasta aquî...

----Traerla?

----Al parecer se escapô del potrero y estaba perdida. Y este caballo de quiên

es?

----Es mîo, señor, mejor dicho, es el caballo que utilizo para hacer la guardia

de recorrido---dice el soldado Argos.

----Kosmithôs, puedes decirle al didâscalos que venga, que êl es el ûnico que

puede tranquilizar a la mula?

----Voy a buscarlo, voy.












































 




     

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