Donnerstag, 1. September 2022

La cazuela de Vitelio (1043)

     Finalmente el saltimbanqui llega a su destino, o sea, a su tienda de campaña.

Una vez dentro de êsta---segûn la normalidad con el uso de las viviendas portâ-

tiles de lona en la localidad de Bedriaco, la posiciôn de la parte delantera de ês-

tas  deberîa dirigirse hacia el norte, por la sencilla razôn de facilitar esta latitud

una mejor contemplaciôn del paisaje montañoso, y el que a su vez se caracteri-

zaba  por la pudiencia del color verde en los meses mâs calurosos del año----lo

primero que hizo fue juntar trozos de madera, empero con el propôsito concre-

to de hacer fuego para poner a hervir agua e introducir en êsta unas cuantas ho-

jas delgadas del thymus vulgaris. Entregado a esta actividad detecta una creci-

da sombra a travês de la lona de la parte izquierda de la tienda de campaña, ra-

zôn por la cual abandona por un instante lo que estaba haciendo para salir a in-

dagar a quiên pertenecîa la susodicha sombra.

     Una hora antes encontrôse Epîdea de Acopios con el arquîatra Golemo. La

cercanîa de ambas criaturas sucediô especîficamente en el momento en que y

êsta  sacaba de la cesta la sûmula de plantas desarraigadas en la entrada de su

casa; y aquêlla, que al parecer prisa tenîa por deshacerse de unas pavesas que

echô en una redoma, pasaba levantando polvo como un guerrero al arrastrar y

sus coturnos.

---Señor alquimista a quê dêbese su apuro que le ocasiona sofocaciôn?

---Ah, Golemo, no sabîa que êsta era su casa, que de saberlo me hubiese dete-

nido para dejarle un saludo. 

----Sî!, êsta es mi casa en los arrabales de Bedriaco, razôn por la cual por es-

ta zona pasan pocos ciudadanos. Y dîgame, alquimista: quê hay dentro de esa

redoma?

----Las pavesas de un experimento que hice sumamente tôxico con polvo de

azufre.

----Y dônde usted las botarâ entonces?

----Eso es lo que no sê, algo por lo que estoy nervioso y me engendra la pri-

sa.

----Pudiera ser que yo resuêlvale su problema, pero antes dîgame algo.

----Haga usted la pregunta, Golemo.

----Lo tôxico es menos si se entierra?

----Cômo, enterrar lo tôxico, cômo es eso?

----Mire usted, alquimista. Acabo (de)sarraigar estas plantas, y como tal en el

lugar que estaban hay huecos, los que me parecen ideales para verter las pave-

sas.

----Ah, eso. En este caso lo que pasarîa es que lo tôxico impedirîa que otra y

planta creciese. Y dônde estâ esos huecos?

----No muy lejos de la tienda de campaña del saltimbanqui. Sabe usted dônde

estâ la tienda?

----Eso no lo sê, pero pregunto. 

----El saltimbanqui sabe dônde estân los huecos, porque no hace mucho le di

una planta para solucionar sus pesadillas.

----Pues tales huecos me vienen de maravilla. Gracias por la ayuda, gracias!!

----De nada, Alquimista, de nada!! Y ya sabe dônde estâ mi casa, por si algûn

dîa desea visitarme.

----Lo voy a tener en cuenta, Golemo, no lo olvidarê. Y ahora me voy, que ya

conoce usted que...

----Deje, alquimista, deje, y vaya a lo que tiene que hacer.

 

    Al salir como un disparo de flecha de la tienda el saltimbanqui, el alquimis-

ta recibe un susto tremendo, lo que a su vez acarrea que êste suelte de sus ma-

nos la redoma con las pavesas.

---No, no puede ser, esto sî que es pernicioso. Sabe usted lo que habîa en esta

redoma?---pregunta el alquimista.

----No me interesa saber eso, mas sî quiên es usted, y quê hace aquî.

----Me dijo el arquîatra Golemo que tû sabîas el lugar donde estaban los hue-

cos dejados por el desarraigamiento de las plantas. Eres tû el saltimbanqui, no?

----Sî!, soy yo el saltimbanqui. Y cômo dio con mi tienda?

----Preguntando, haciendo la pregunta adecuada.

----Bueno, estâ bien, pero quiên es usted?

----Soy alquimista, y mi nombre es Epîdea de Acopios.

----Pero vaya, alquimista, la sombra que usted engendra; parecîa reflejada en

la lona la de una persona gigante.

----Pues la realidad es una sola y no cambia tamaños.

----Y dîgame: quê es lo habîa en la redoma?

----Me dijiste que no querîas saberlo, no?

----Rectifico, que no me interesaba saber eso.

----Te revelo que pavesas de un experimento tôxico.

----Cômo? Y ahora quê hacemos, porque aquî no hay ningûn hueco.

----Que quê hacemos?

----Lo acabo de preguntar.

----Abrir un hueco aquî mismo, y echar dentro las pavesas.

----De acuerdo, pero con quê abrimos el hueco?

----Con las manos, porque tu pregunta ya revela que no tienes nada para y

abrirlo.

----Bueno, manos a la obra que para luego es tarde.


     Seguido a la abertura del hueco, de echar las pavesas dentro y de volverlo 

a tapar con la misma tierra sacada, pregunta lo siguiente el alquimista:

----Tienes algo para calentar mis manos, que las siento frîas?

----Tengo el menor remedio contra la frialdad: el fuego!!

----Y dônde estâ la madera, que no la veo?

----Venga conmigo adentro de la tienda y la verâ. Venga usted, alquimista.
































 














 




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