Finalmente el saltimbanqui llega a su destino, o sea, a su tienda de campaña.
Una vez dentro de êsta---segûn la normalidad con el uso de las viviendas portâ-
tiles de lona en la localidad de Bedriaco, la posiciôn de la parte delantera de ês-
tas deberîa dirigirse hacia el norte, por la sencilla razôn de facilitar esta latitud
una mejor contemplaciôn del paisaje montañoso, y el que a su vez se caracteri-
zaba por la pudiencia del color verde en los meses mâs calurosos del año----lo
primero que hizo fue juntar trozos de madera, empero con el propôsito concre-
to de hacer fuego para poner a hervir agua e introducir en êsta unas cuantas ho-
jas delgadas del thymus vulgaris. Entregado a esta actividad detecta una creci-
da sombra a travês de la lona de la parte izquierda de la tienda de campaña, ra-
zôn por la cual abandona por un instante lo que estaba haciendo para salir a in-
dagar a quiên pertenecîa la susodicha sombra.
Una hora antes encontrôse Epîdea de Acopios con el arquîatra Golemo. La
cercanîa de ambas criaturas sucediô especîficamente en el momento en que y
êsta sacaba de la cesta la sûmula de plantas desarraigadas en la entrada de su
casa; y aquêlla, que al parecer prisa tenîa por deshacerse de unas pavesas que
echô en una redoma, pasaba levantando polvo como un guerrero al arrastrar y
sus coturnos.
---Señor alquimista a quê dêbese su apuro que le ocasiona sofocaciôn?
---Ah, Golemo, no sabîa que êsta era su casa, que de saberlo me hubiese dete-
nido para dejarle un saludo.
----Sî!, êsta es mi casa en los arrabales de Bedriaco, razôn por la cual por es-
ta zona pasan pocos ciudadanos. Y dîgame, alquimista: quê hay dentro de esa
redoma?
----Las pavesas de un experimento que hice sumamente tôxico con polvo de
azufre.
----Y dônde usted las botarâ entonces?
----Eso es lo que no sê, algo por lo que estoy nervioso y me engendra la pri-
sa.
----Pudiera ser que yo resuêlvale su problema, pero antes dîgame algo.
----Haga usted la pregunta, Golemo.
----Lo tôxico es menos si se entierra?
----Cômo, enterrar lo tôxico, cômo es eso?
----Mire usted, alquimista. Acabo (de)sarraigar estas plantas, y como tal en el
lugar que estaban hay huecos, los que me parecen ideales para verter las pave-
sas.
----Ah, eso. En este caso lo que pasarîa es que lo tôxico impedirîa que otra y
planta creciese. Y dônde estâ esos huecos?
----No muy lejos de la tienda de campaña del saltimbanqui. Sabe usted dônde
estâ la tienda?
----Eso no lo sê, pero pregunto.
----El saltimbanqui sabe dônde estân los huecos, porque no hace mucho le di
una planta para solucionar sus pesadillas.
----Pues tales huecos me vienen de maravilla. Gracias por la ayuda, gracias!!
----De nada, Alquimista, de nada!! Y ya sabe dônde estâ mi casa, por si algûn
dîa desea visitarme.
----Lo voy a tener en cuenta, Golemo, no lo olvidarê. Y ahora me voy, que ya
conoce usted que...
----Deje, alquimista, deje, y vaya a lo que tiene que hacer.
Al salir como un disparo de flecha de la tienda el saltimbanqui, el alquimis-
ta recibe un susto tremendo, lo que a su vez acarrea que êste suelte de sus ma-
nos la redoma con las pavesas.
---No, no puede ser, esto sî que es pernicioso. Sabe usted lo que habîa en esta
redoma?---pregunta el alquimista.
----No me interesa saber eso, mas sî quiên es usted, y quê hace aquî.
----Me dijo el arquîatra Golemo que tû sabîas el lugar donde estaban los hue-
cos dejados por el desarraigamiento de las plantas. Eres tû el saltimbanqui, no?
----Sî!, soy yo el saltimbanqui. Y cômo dio con mi tienda?
----Preguntando, haciendo la pregunta adecuada.
----Bueno, estâ bien, pero quiên es usted?
----Soy alquimista, y mi nombre es Epîdea de Acopios.
----Pero vaya, alquimista, la sombra que usted engendra; parecîa reflejada en
la lona la de una persona gigante.
----Pues la realidad es una sola y no cambia tamaños.
----Y dîgame: quê es lo habîa en la redoma?
----Me dijiste que no querîas saberlo, no?
----Rectifico, que no me interesaba saber eso.
----Te revelo que pavesas de un experimento tôxico.
----Cômo? Y ahora quê hacemos, porque aquî no hay ningûn hueco.
----Que quê hacemos?
----Lo acabo de preguntar.
----Abrir un hueco aquî mismo, y echar dentro las pavesas.
----De acuerdo, pero con quê abrimos el hueco?
----Con las manos, porque tu pregunta ya revela que no tienes nada para y
abrirlo.
----Bueno, manos a la obra que para luego es tarde.
Seguido a la abertura del hueco, de echar las pavesas dentro y de volverlo
a tapar con la misma tierra sacada, pregunta lo siguiente el alquimista:
----Tienes algo para calentar mis manos, que las siento frîas?
----Tengo el menor remedio contra la frialdad: el fuego!!
----Y dônde estâ la madera, que no la veo?
----Venga conmigo adentro de la tienda y la verâ. Venga usted, alquimista.
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