Empero en lo que esperaba que regresara el alquimista a su laboratorio, no
hizo otra cosa Kosmithôs que quitarle del lomo al corcel asturiano un repugnan-
te tâbano, pero algo que hizo a continuaciôn de que del cuadrûpedo bajârase ne-
cesariamente su hermana la campesina y de quitar la albarda, y con el propôsito
de tener mâs espacio para realizar lo hacedero, lo que no significa que de poder
hacerse no implique alguna dificultad, incluso teniendo êl mismo algo de expe-
riencia y de pericia en esta cuestiôn. En realidad pudiera decirse que ya habîa y
dado calaña de molestia el corcel asturiano, pero como pudo soportarla durante
el tiempo que estuvo bajo el mando del arreo, no fue apremiante dedicarle aten-
ciôn a raîz de una parada acopas en medio de la distancia calculada que separa
un punto del otro.
Cônstale a la campesina, la que para no verse acosada por la pudiencia del
tedio entretûvose en dar giros, vueltas incesantes en derredor del corcel, la pa-
ciencia que habîa alcanzado su hermano, y no tanto el hacer lo que hacîa como
tenîa que ser o a cabalidad. Y quiên mejor que ella para quedarle cierto el insô-
lito logro de Kosmithôs, y el que unos años atrâs con tan sôlo pensar que aplas-
taba a una mosca quedaba tan desesperado, que darle un solvento contra y este
estado significaba si no una tarea ardua un discurso basado en sapiencia senec-
ta; venido êste, claro estâ, de las criaturas con mâs conocimiento, y que lo mis-
mo pudieran ser de la familia que de fuera de la corte; empero que compinches
asimismo, pero serîa una exclusividad, un regio acercamiento efîmero.
Sorpresivamente, en el instante menos esperado y en el espacio al raso, la
voz del alquimista acarrea dos cosas: que Kosmithôs brinque por susto y que la
campesina quede estâtica.
----Si su voz fuese mâs fina mi bombeo no se hubiera acelerado--dîcele Kosmi-
thôs al alquimista a su vez que lo saluda dândole unos golpecitos en el brazo y
derecho.
---Yo no digo nada, porque su voz me ha dejado sin movimiento---dice la cam-
pesina.
----No sê por quê me parece que los hermanos exageran, pero bienvenidos am-
bos a mi laboratorio angosto---dice el alquimista algo sonriente.
Dentro del laboratorio llâmale la atenciôn a Kosmithôs la siguiente divisa:
Quin non intelligi aut discat aut taceat, allende de ser la misma leîda por su y
padre en el pasadizo [construido por su majestad Vologeso y secreto por cues-
tiones de seguridad] y grabada en una piedra de esteatita.
----Por quê te has fijado tanto en esa frase, acaso es tambiên un conjuro como
el que dijiste cuando enterrâbamos a la oveja Capricho?---pregunta la campesi-
na.
----No, êsta no es un conjuro...
----Sino una divisa----dice el alquimista.
----Pero que fue blanco râpido de mis ojos no por ser una divisa, sino porque
es la misma que Kosmos leyô en el pasadizo secreto---dice Kosmithos.
----Un pasadizo secreto, dônde?---pregunta la campesina.
----En el bosque cercano a Albula, allî.
----Y cômo tû sabes de ese pasadizo?
----Porque yo estaba el dîa en que el cazador nos condujo hasta la puerta del
pasadizo...
----Nos condujo?
----Sî, porque êramos tres los presentes: Mi padre, Kalîas y yo.
----Ese pasadizo conducîa a la corte de Vologeso, y dentro tenîa unas piedras
de esteatitas, las que son bastantes resistentes a cualesquier tipos de cinceles.
Mas sabes una cosa, Kosmithôs?
----Cuâl, alquimista, cuâl?
----Que ya el pasadizo dejô de ser secreto.
----Si conducîa a esa corte, entonces funcionaba el pasadizo como un camino
de escape, no?---fisga la campesina.
---Una pregunta fâcil de responder, cômo quê si no: una angosta construcciôn
para la fuga del rey---dice el alquimista.
----Dice mi padre que tiene su misterio, su enigma---dice Kosmithôs que agre-
da: aunque tambiên que se encontrô con dos personajes rarîsimos: un turilupi-
no y un begardo.
----Por lo que no es de extrañar que tenga el pasadizo su enigma, su misterio,
como dijo tu padre.
----A mi me suena como cuentos de hadas---dice la campesina.
----Pues de hacer puedes una cosa: penetra en el pasadizo, que ya dejô de ser
secreto mas que no enigmâtico---dice Kosmithôs.
----Por lo que dije no quise decir que me entregarîa a esa aventura. Claro que
no penetrô en êl, quê va!!, ni trastornada lo hago.
----Sabes que esos dos personajes son mâgicos, Kosmithôs?
----De la magia verba usted, alquimista?
----De quê si no, Kosmithôs, que la alquimia tiene algo de magia, mas con la
diferencia que deja resultados prâcticos. Ah, y por cierto y antes de que se me
olvide, necesito algo de alcohol: puedes facilitârmelo, como la ûltima vez?
----No creo que haya problemas; mas en el caso de que sî, porque ignoro cô-
mo estâ la reserva y de acuerdo a esto es que podrâ estar mâs controlado, se y
lo harîa saber tan râpido como pueda.
----Estâ bien, Kosmithôs, me dices entonces.
----Y dîgame, alquimista, cuâl fue el experimento que usted hizo?
----Y cômo tû sabes que lo hice, Kosmithôs?
----Porque me lo revelô el leñador de Britania cuando enterrâbamos a la ove-
ja Capricho.
----No!!, muriô la oveja, cuândo?
----Dos dîas despuês de haber olido lo que olîo.
---Yo estaba en el momento en que lo hizo al lado de la tienda de campaña del
saltimbanqui. Lamento lo de la oveja, mi pesar, que hasta pudiera sentirme y
culpable.
----No se sienta usted asî, alquimista, que usted no echô las pavesas en el hue-
con alguna intenciôn, simplemente fue un accidente, sôlo eso---acentûa la cam-
pesina.
----Gracias por tus palabras, pero aun asî...
----Y entonces, alquimista, de quê experimento se trata?
---Kosmithôs, te dirîa que no tiene importancia, porque de facto el experimen-
to no dejô ningûn resultado, sôlo eso, pavesas. En fin, tiempo perdido ademâs
de exponerme a riesgos.
----Y tal exponerse no es siempre posible en un laboratorio de alquimia?
----Muchas veces, mas no siempre.
----De alquimia no comprendo nada, asî que como tal no puedo decir nada.
----Sabes que estâs muy cerca de lo que dice la divisa?
----No lo sabîa, alquimista, lo dije sin saberlo. Y quê dice la divisa?
----"El que no comprenda que aprenda o se calle"
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