Percibe entonces el alquimista, mas a raîz de una ligera observaciôn hecha
con cierta sorna, lo que traduce que sin que diêrase cuenta el saltimbanqui, de
que la parte frontal de la tienda no estaba posicionada hacia el norte, lo que y
diole pâbulo de pensar de que el saltimbanqui no estaba interesado en la con-
templaciôn de paisajes montañosos, como tampoco en la coloridad verde que
descolla de êstos cuando impera el verano y siêntense mâs plûmbeas y adus-
tas las dadorîas apolîneas, a su vez que pejiguerosas por engendrar cansancio.
De haberse alongado este pensar serîa posible llegar a una conclusiôn, lo que
vendrîa a ser el culmen de un proceso analîtico, empero como el alquimista a
la postre y al cabo sôlo entregâbase a coralinos exâmenes en su querido labo-
ratorio, mâs bien concentrô su atenciôn en sus manos puestas cercanas a la y
flama atizada con un fuelle de jaez arcaico.
----Quê le parece la flama, alquimista, suficiente para calentar sus frîas ma-
nos?---pregunta el saltimbanqui a la vez que acercaba a la flama un jarro re-
pleto de agua.
----Le hago saber a usted, saltimbanqui, que a mî tanto una flama pequeña
como una grande son de mi gusto, porque son el corpus del fuego, un elem-
to que me encanta y que cuasi siempre me concomita.
----Por su respuesta entiendo que la flama es basta, no?
----Sî, asî es. Pero dîgame, saltimbanqui: de dônde usted saco el fuelle, que
es una antigualla?
----Es una de mis funciones por el mundo me lo encontrê tirado en una mon-
taña de cosas viejas; no funcionaba bien y tuve que mandarlo a reparar.
----Y no estâ en venta, que a mi me interesa?
----Con los pocos sestercios que yo gano no me vendo yo porque no puedo.
A ver, cuânto me da por êl?
----Pida usted por esa boca que yo doy con mi mano.
----Pues dêjeme pensarlo y despuês le digo: de acuerdo?
----Completamente!!
----Lamentablemente lo ûnico que tengo para brindarle es una infusiôn que
como usted ve estoy preparando.
----Pues deme una taza, aunque yo siempre tomo cuatro.
----Esto es al revês del dicho: no quiêrese una taza y tiênense tres.
----A decir verdad no creo en dichos sino en hechos, por lo que no serîa de
extrañar que sea alquimista.
----Le dejo saber que la infusiôn es con hojas de thymus vulgaris.
---Me da igual que yo siempre estoy despierto, y como tal ninguna hoja me
duerme.
Media hora despuês sôlo quedaba en el recipiente un resto de infusiôn, y
como tal no era basto para llenar una taza, razôn por la cual recuerda el sal-
timbanqui el lûdico del côtabo, mas no por haber participado alguna vez en
êste sino mâs bien por lo que consistîa [allende de ser muy conocido en los
banquetes], y que a saber no es en otra cosa, que en la de arrojar lo quedan-
te de un total sobre un blanco determinado.
----Lo de arrojar, saltimbanqui, es cierto, mas no infusiôn sino restos de vi-
no en la copa.
----Evidentemente que usted conoce tal lûdico, alquimista, pero no podrîa-
se sustituir el vino por los restos de infusiôn, que de todas maneras son res-
tos ambos?
-----Si de poder se trata, el que quiere puede.
----Mire usted quê curioso, ya que me habîa dicho que creîa en los hechos
y no en los dichos.
----El hecho de que se lo haya dicho no quiere decir que crea en êl, porque
de hecho se pudiera repetir lo que se sabe, algo que no es creer sino mâs y
bien volver a decir un dicho.
----Volverlo a decir?, si usted lo dijo una sola vez.
----Es una forma (de)cir que agrupa lo general.
---Que agrupa lo general? En fin, alquimista, que el que quiere puede, quie-
ro arrojar los restos de infusiôn sobre la tierra donde hicimos el hueco.
----Pues hâgalo, saltimbanqui, que es su querer.
----Pues espere unos minutos que en seguida regreso.
Mas al salir de la tienda de campaña sucede una cosa inesperada: la oveja
Capricho oliscaba precisamente en el lugar donde estaba el hueco tapado, por
lo que pregûntase el saltimbanqui: Y esta oveja de dônde saliô? Siendo enton-
ces que escucha una voz cercana que responsa con cierta pudiencia:
---Capricho, ya te he dicho que no se huelen superficies desconocidas, cuândo
vas (a)prender?
----Señor, cômo es que usted regaña a una oveja?---pregunta el saltimbanqui a
la vez que acaricia a la oveja.
----Dêjeme eso a mî, que ella me entiende, aunque usted no lo crea.
----Y usted quiên es, señor, un pastor?
----Yo soy el leñador de Britania, y mi granja no estâ muy lejos de aquî.
----Bueno, y antes de que me pregunta, yo soy el saltimbanqui, y êsta es mi ca-
sa, una tienda de campaña.
----Entonces es usted miembro del circo, no?
----Asî es, leñador, asî es.
----Pero quê hace su oveja oliendo un lugar pernicioso? (....), sâquela inmedia-
tamente de ahî.
----Ah, es usted, alquimista. Y por quê el lugar es peligroso?
----Porque en el lugar que ella huele no hace mucho echamos unas pavesas pro-
venientes de un experimento tôxico.
----Echamos no, las echô usted---rectifica el saltimbanqui.
----Cômo? A ver, Capricho, sale de ahî, ven acâ---dice el leñador de Britania a
la vez que coge por el cuello a la oveja y la hala, pero sûbito pregunta: Y cuâl es
el porquê de que usted haya botado las pavesas ahî, alquimista?
----Eso se lo explico por el camino, que ya me voy para mi laboratorio.
----Verdad que ya usted se va, alquimista?---pregunta el saltimbanqui.
----Asî es, porque me llama el trabajo. Gracias por la infusiôn, y si acaso nos ve-
remos en otro momento.
----Y el fuelle quê, se le olvidô que me lo compraba?
----Y acaso ya pensaste el precio?
----Mire, es êste---dice el saltimbanqui dejândolo saber con los dedos de las ma-
nos.
----Cinco sestercios?, mire, aquî tiene---dice el alquimista una vez que extrajo y
del bolsillo el peculio.
----Gracias por la compra, alquimista, gracias!!
----Cinco sestercios, tan caro?---pregunta el leñador de Britania.
----Sabe usted cuântos años tiene este fuelle?---pregunta el saltimbanqui.
----Se nota que es viejîsimo, mas aun asî...
----Bueno, leñador, en todo caso quien deberîa quejarse es el alquimista, no?
----Estâ bien, leñador, estâ bien---dice el alquimista.
----Si usted lo cree asî...
----Entonces, nos vamos?
----Sî, alquimista, sî!---afirma el leñador de Britania.
----Adiôs entonces a los dos, adiôs!!---dice el saltimbanqui.
----Adiôs, saltimbanqui, y buena suerte en la cuerda---dice el alquimista.
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