Montag, 31. Oktober 2022

La cazuela de Vitelio (1060)

      Acopas, y seguido a encender la antorcha, comenzô a temblarle la mano

derecha, algo que diole pâbulo a Kosmithôs de tomar la decisiôn de si pene-

trar  o no en el pasadizo. Seguido al tempestivo pensar llegô a la resoluciôn

de  que no, y entonces, y en lo que apagaba la antorcha, regresa anunciando

el cazador, que no sôlo traîa el conejo cazado sino que asimismo un encon-

trado gato, razôn por la cuâl pregûntale Kosmithôs:

---Cazador, no serâ êste una copia del gato que encontrô Incitato?

---No, Kosmithôs, no, eso no es posible, aun pareciêndose este gato al en-

contrado por Incitato, el can que adorô tu padre.

---Tambiên se come gato, cazador?---pregunta el arquîatra Golemo.

---Golemo, yo solamente comerîa gato en el caso de no haber nada que in-

gerir; y aun asî, por querer demasiado a este animal, lo pensarîa dos veces.

---Y usted pudiera, cazador, pensar en momentos en que no hay nada que y

comer?, que precisamente son los momentos en que no hay ganas de pensar.

---Sabe usted una cosa, Golemo, que eso de que no hayan ganas depende y

de la reserva que uno tenga en el estômago, por no decir de la resistencia y

de los organismos a partir del ûltimo plato que fue vaciado con apetito.

---A partir del ûltimo plato que fue vaciado con apetito, suena bien eso ca-

zador, por lo que dirîa el vate que tiene buen ritmo---dice Kosmithôs.

---Cômo no va a decirlo el vate siendo vate?

---Y el gato, cazador, de dônde lo sacô?

---Golemo, se puso delante del conejo al yo poner la flecha en el arco...

---Y si se puso delante cômo es que entonces usted pudo disparar la flecha

sin atravesar al gato?

---Iba a decirlo pero usted me interrumpio.

---Dîgalo entonces, que no lo interrumpo.

---Se puso delante al yo poner la flecha en el arco, mas cuando apuntê se y

quitô.

----Como que el gato sabe quê es una flecha, no?

----Pregûnteselo usted al gato, a ver si le responde.

----Y risas de Kosmithôs que dice: a lo mejor se quitô para despuês regresar

y devorar el conejo cazado.

---No me digas, Kosmithôs, y desde cuândo los gatos comen conejo?

---Lo que no sabe usted, Golemo, es que sôlo son los gatos callejeros los y

que comen pescado; los educados no.

---Tû me estâs fastiando o es cierto lo que dices?

---Y retorno de la risa de Kosmithôs.

---Por lo que veo, Kosmithôs, no entraste en el pasadizo.

---Asî es cazador, me quedê afuera, y sabe usted por quê?, porque al prender

la antorcha sentî un temblor en la mano derecha.

---Êsa no es una muy buena señal, por lo que hiciste bien en quedarte afuera.

---Mira, Kosmithôs, aquî tengo, entre algunas otras plantas halladas, una real

amapola---dice el arquîatra Golemo.

---Y quê tiene que ver la amapola con mi temblor?

---Es todo un proceso, escucha: Su fama tiene que ver por su alto contenido

en alcaloide obtenido de la savia exudada a travês de incisiones hechas en y

su fruto; es una planta del gênero papaver, perteneciente a la familia papave-

racea, ademâs de que sonmiferum y de la que sale el opio. Ahora bien, los y

vahos opiâceos se recomiendan como anestêsicos...

---Adônde usted quiere llegar, Golemo?

---A decirte que de oler tales vahos no hubieras sentido el temblor por estar

bajo el efecto anestêsico.

---Este proceso vendrîale bien como tema a los contertulios.

---Ya lo acabas (de)cir, mas como no estamos en la Kosmona, olvidêmos-

nos del proceso, y como estamos aquî, en este bosque, hagamos fuego y ca-

lor con el conejo.

----Un momentico, que tengo que volver a encender la antorcha--dice Kos-

mithôs.

----Cazador, y quê piensa hacer con el gato?

----Me lo llevo para mi casa, Golemo, que es regia compañîa.


      Simultâneamente, y en la Kosmona, Kosmos explicaba, que Imhotep

aparece en una estatuilla en El bullicio en el silencio no sôlo por la corre-

laciôn que con êl tenîa el especialista Cleobulo, sino que asimismo por y

ser un erudito y polîmata egipcio, de ahî que la estatuilla estê encima de

la  mesa por êsta ser el mueble que por antonomasia esta hecho para po-

der  realizar una actividad concreta, especîfica al ocupar puesto tanto en 

una consulta como en un estudio; y que el espejo, y encima de la misma

mesa, como ya sâbese, ludicaba un rol secundario, mas que no por lo an-

terior menos relevante, ya que de facto activaba una conexiôn que a su y

vez hacîa posible que Sabinsqui encontrara el motivo de visitar a Corne-

lia en la ciudad del ocio, motivo que cogîô mâs fuerza al leer la esquela

que Cornelia escribiô a Vestalia de Pêlope y, sobre todo, con el propôsi-

to o la intenciôn de convercerla de que un estado de virginidad tenîa su

ganancia, aunque tambiên su pertinente compensaciôn por la deidad del 

fuego y del hogar.

---Kosmos, me parace tambiên, que "el que viene en paz", te viene de

maravilla por ser inventor y arquitecto.

---Didâscalos, que usted siempre me capta bien.

--Quê te parece esto: el inventor es un gran arquitecto, mas que tambiên

un arquitecto es un gran inventor.

---Câspita, didâscalos, que parêceme formidable, sumamente provechoso.

---Kosmos, aunque tambiên el câlculo, por haber sido tambiên matemâti-

co, aunque las preferencias tuyas, por esta materia, no sean las egipcias.

---No equivôcase usted, Temîganes, que el anâlisis numeral fascîname.

---Didâscalos, el que viene en paz: quiên es?

---Imutes!!

---Ante que pregunte usted, cenutrio, Imutes es otro onoma conocido de

Imhotep.

---Esto sî que es una novedad: que te hayas tomado tiempo para decirme

algo, Kosmos.

----Ya usted sabe que aquî mantiênese el lûdico del que salen dos funda-

mentales consecuencias: o la repeticiôn o la novedad.

----Kosmos, que me acabo de acordar, alguna vez me dijiste, y por lo que

te voy a decir te darâs cuenta que lo dicho por ti fue hace ya bastante tiem-

po, el templo de libitina te dejo como una imago de las Gemonias, por el

acceso escalonado al libro de los sucumbidos---dice Vercingetôrix.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que usted se ha

remontado a mi primer viaje a Apragôpolis.

---Cômo que el acceso escalonado al libro de los sucumbidos, quê quiere

decir eso, Kosmos?

---Asonis, la dilucidaciôn es compleja. No llega a ser una aporîa, no con

cretamente, mas no estâ muy lejos de êsta.

---Pensê que era una de tus metâforas---dice el tîo de Kosmos.

---Quê no serîa lo primero que pudiera pensarse?, mas no, no lo es, in ca-

su no es una metaforizaciôn.

---Vercingetôrix, que me asalta la duda, adônde usted quiso llegar con ese

acordarse?

----Didâscalos, es que conociendo como conozco a Kosmos, el que fue y

tambiên chati de un faraôn, o sea, del que se viene hablando, diseñô la pi-

râmide escalonada de Saqqara.

----Entonces usted cree que existe alguna asociaciôn en el magîn de Kos-

mos que funcionô como aliciente para engendrar una expresiôn que tiene

la palabra escalonado?

----No exactamente eso, didâscalos, sino que se le ocurriô a Kosmos sa

car a relucir a Imhotep, lo que en una estatuilla, al acordarse êl mismo y

de la frase formada.

----Vercingetôrix, en lontananza estâ su anâlisis; estâ en lejanîa hacia de-

trâs (...) que ni yo con la idea del ojo asomante---dice Kosmos.

----Lo que no quiere decir, Vercingetôrix, que su anâlisis carezca de lôgi-

ca, que siempre son posibles las asociaciones de Kosmos, las conforma-

ciones trabajadas, los despuntes cupulares, etc..

----Jûrolo por un pepino que asociaciôn no hubo.

----Por un pepino, Kosmos?

----Por eso, Temîganes, por eso!!

----Tû jurando por un pepino?, nunca te habîa escuchado jurar por êl.

----Siempre hay una vez para jurar por algo, aunque el juramento no se

mantenga.

----Cuasi que te rîes, Kosmos, cuasi.

----Y punto a la raya y que continûe la letra!!

----La letra o la risa semiempezada?

----Y risa completa de Kosmos.








































 






    

       

































 






Freitag, 28. Oktober 2022

La cazuela de Vitelio (1059)

       Al abandonar Sabinsqui la consulta del especialista Cleobulo decide diri-

gir sus pasos hacia el barrio de los Sigilarios, siendo la intenciôn no otra que

la de conocer al artista que hizo la estatuilla de Imhotep. Mas yendo hacia el

destino susodicho pasôle por su testa la idea de ir a la ciudad del ocio con el

objetivo  de visitar a Cornelia, algo que harîa sin decîrselo a nadie, ni tan si-

quiera a Vestalia de Pêlope, aunque asimismo para eludir tener que dar inne-

cesariamente una efîmera explicaciôn a raîz de la tempestiva formulada pre-

gunta dando igual por quiên. A medida que avanzaba, que dejaba detrâs a la

sûmula de unos cuantos metros sobre la superficie recta, lo que lôgicamente

traduce  que la distancia entre dos puntos oponentes reducîase con el ôntico

movimiento de las piernas, fue dândose cuenta de que la idea alcanzaba una

tremenda fuerza, lo que pudiera significar que la atingencia con Cornelia se-

rîa  buena, o que si no que la correspondencia entre ambos darîa los adecua-

dos frutos, mas ignorando aûn de êstos su jaez. Ya un tanto cerca del barrio

de los Sigilarios acopas encuêntrase con su amiga, la bautizada por êl como

Dina marca, siendo entonces que êsta pregûntale:

----Sabinsqui, quê haces por este lugar de Bedriaco; que tû no eres, que yo

sepa, de estar por aquî?

----Escucha, te cuento. En la consulta del especialista Cleobulo habîa enci-

ma de la mesa una estatuilla de Imhotep que fue hecha por un artista del y

barrio de los Sigilarios, y por la misma razôn a êste me dirijo para conocer

al artista.

----Tus palabras son aliciente para hacerte otra pregunta que no te voy y a

hacer.

----Lo que te agradezco, que quiên mejor que tû para saber que no soy muy

amante de las preguntas.

----Verdad que sî, quiên mejor que yo, pero tambiên Scarnia te conoce bien.

----Pero tû mâs que ella me conoces, no?

----Ni lo niego ni lo refuto. Te puedo acompañar?

----Si no tienes nada que hacer, y lo deseas, claro que acompañarme puedes,

cômo te pudiera decir que no?

----Cômo?, segûn tu manera (de)cirlo o de acuerdo a la forma de tu verba.

----Calidad en tu expresiôn afinada.

----Sî!!, que ya sê por ti que lo vulgar desafina. Pero dime, Sabinsqui: sabes

la direcciôn y nûmero de casa del artista que quieres conocer?

----No, no sê nada de eso, por lo que hay que preguntar.

----De acuerdo, y te puedo ayudar a preguntar, pero quê pregunto?

----Quiên en el barrio hace estatuillas?

----Pero, Sabinsqui, en tal barrio estatuillas hacen todos los artistas que...

----Bueno, quiên hizo una estatuilla de Imhotep?

----Entonces hacemos una cosa: yo pregunto por un lado; tû, por el otro del

barrio: estâ bien?

----Sî sî!!, me parece buena idea.


     De tal guisa, y lo que deberîasele agradecer a Fortuna, uno de los artistas

del barrio pasa en el momento en que Sabinsqui dice: bueno, quiên hizo una

estatuilla de Imhotep?, el que (casualmente?) sûbito reacciona seguido a ca-

minar dos metros y sin dilaciôn deja saber:

----El artista que ustedes buscan soy yo, y mi nombre es Euticô: quê desean

de mî, por quê me buscan?

----Vaya, que este mundo no es grande!! Tû le hiciste al especialista Cleobu-

lo una estatuilla de Imhopet, no? Bien. Pero dime: por quê esa estatuilla, es-

pecîficamente êsa; y no una, por paradigma, de Hermes?---pregunta Sabins-

qui.

----Porque Sabinsqui nada tiene que ver ni con mensajeros ni con protecto-

res de caminos, por eso.

----Seguro que por eso, y no porque el especialista padece de mala salud?

----Seguro!! Y dime: por quê te preocupa la salud del especialista, es êl y

un familiar tuyo o amigo cercano?

----Ni lo uno ni lo otro, porque es el padre de una chica que me ha gustado

mucho.

----Ah sî, no me digas, verdad?---pregunta Dina que agrega: y eso que yo

era tu amor eterno, cuerpo y belleza para siempre.

----No te lo tomes tan a pecho, que sôlo dije que me ha gustado mucho.

----Sabinsqui, y con eso no lo dices todo, no falta nada mâs que pasar a la

acciôn para ofrecer un beso, una caricia, un suspiro?

----Estâs pensando demasiado como mujer, con sumo embalamiento y de

forma compulsiva.

----A ver, a ver, a ver, por quê no vienen conmigo a mi casa, disfrutan de

mi trabajo artîstico y de paso tomamos unos tragos, el remedio mâs râpi-

do contra el tôsigo de Cupido oficialmente aceptado?

----Quê, el tôsigo de Cupido oficialmente aceptado?, nunca oî algo como

eso, nunca!!---dice Dina.

----Dina, vamos a casa de Euticô y te dilucido con mâs calma, mâs despa-

cio, sin apuro---pide Sabinsqui.

----Lo que menos ganas tengo es de oîrte, pero te oirê a ver quê me dices.

----Entonces vamos, que el resentimiento serâ menos---dice Euticô.


     Seguido al alteramiento de Dina llegô la calma, mas que sôlo fue posi-

ble a continuaciôn de una dilucidaciôn convincente dada por Sabinsqui y

en uno de los recintos de la casa de Euticô atiborrado de estatuillas. Deja-

ba  la verba de Sabinsqui saber, que si por un lado la hija del especialista

Cleobulo habîale gustado muchitanto; por el otro, el que parêcele a êl el

de mayor significancia para olvidarse de un compromiso, que era virgen,

estado que por acentuaciones reglamentarias estaba super protegido por

las  leyes de su majestad Vologeso, lo que no quiere decir que definitiva

y taxativamente estuviesen vedadas cualesquier tipos de relaciones cupi-

dosas, mas que sôlo eran posibles con el beneplâcito de los progenitores,

y especîficamente el del padre. 

      Al canto a lo anterior Dina revelô su absoluto desacuerdo, ya que por 

ser ella misma un paradigma destacadîsimo de liberalidad, allende que y 

nada  ignorado por las fêminas que la  conocîan lo suficientemente bien 

como para tenerlo en cuenta a la hora de formar  comentarios o chanchu-

llos  esquinados, no  podîa tolerar que sôlo el permiso del padre, un con-

sentimiento  que de seguir en el mundillo en cuestiôn darîa pâbulo a las 

fêminas en el mismo estado de fugarse por la ventana, decidiera sobre el 

gusto y querer individuales; a troche y moche  fuese un imperativo y sin 

derecho a refutaciôn; a no ser borrado; a no ser dirimido por la potencia 

de la voluntad o por la multiplicidad  de la iracundia, por no decir que y

 a ser desafiado por el lema: "yo hago lo que me da la gana porque mîo  

es el cuerpo", que a la postre y al cabo es el lema que por antonomasia

funciona sin detrimento desde la propia naturaleza.

----No me extrañan de ti tales palabras, y no careces de razôn, mas de-

plorablemente Vestalia de Pêlope estâ muy que lejos de la liberalidad:

es una muchacha que depende mucho de su padre, de ahî que puêdase

entender que su palabra siempre es tomada en cuenta, empollada y tal

vez despuês procesada de la forma que mejor se pueda, aun en los mo-

mentos de mâxima soledad o de funcional lirismo, o sea, los momentos

mâs precisos de justificaciones armonizadas.


















       



















 





















 

Dienstag, 25. Oktober 2022

La cazuela de Vitelio (1058)

     Previo al regreso de Kosmithôs a la Kosmona, mas no por otra cosa que por

haberse encontrado en medio del camino unas letras forâneas escritas en un pe-

dazo de papel a raîz de salir con el corcel asturiano y portando el crôtalo, el va-

te ocupâbase de una composiciôn escrita menos que de una synthesis exclusiva,

dedicaciôn a la que entregôse no mucho despuês de aplaudir lo dicho por Kos-

mos, decir que êl mismo dijo que activâbale su agente indômito. Empero si es-

ta vez sorprendiôse de algo, anonadamiento raro de suceder por estar êl mismo

ya un tanto curado de asombros provocados por lo raudo con que Apolo posibi-

lita la sûmula de verba menester, fue de lo pronto que logrô terminar la compo-

siciôn, allende de la justa medida que êsta tenîa, lo que traduce que en el aspec-

to referente a la extensiôn contaba con una que no hacîale falta ni un menos ni

un mâs. No fue preciso entonces ninguna peticiôn de lectura, ya que al quedar

poseîdo por una jovialidad sin dilaciôn agarrô el papel y leyô en voz alta:


Inmarcesible la flor edad que sale como oriflama

a izarse contributiva a un fin compadeciente),

y que no perjudica un viento con su pneuma

                                                         [austero,

imperativo y con pudiencia de sopetôn

                                                          [llegado,

y el que un comino le importa ludicar con los

pêtalos que eyectan diamantinos en el tiempo

                                                            [senilidad.


---Eureka vate!!, el agente indômito ha dejado su fruto...

---Y la cascada verborrêica su media cierta potencia.

---Gracias!! por la interrupciôn, Kosmos.

---De nada, didâscalos, que siempre es un placer----dice Kosmos y rîe.

---Media (...) media cierta potencia, Kosmos, verdad? Y cômo sabes tû

de la medida que desconoces?---indaga el vate.

---Y punto a la raya y que continûe la letra, vate.

---Escapas en el instante en el que te escucharîa mejor?

---Tal pregunta la conozco, êsa es la res, êsa!!

---Pero exactamente es la que tû conoces, Kosmos?---fisga el didâscalos.

---Didâscalos, sôlo dije que la conocîa...

---Se responde algo porque se desconoce?

---Porque conôcese respôndese, aunque no sea exactamente.

---Van a dejar el lûdico mayêutico?---pregunta Temîganes de Alejandrîa.

---Dejâmoslo, didâscalos, estâ usted de acuerdo?---pregunta Kosmos.

---Si!!, lo dejamos, pero sôlo en este instante, porque en la prôxima eterni-

dad se vuelve a poner vigente.


    Y entonces llega Kosmithôs y agitando el crôtalo.


---Caspita!!, que el paseo râpido lo diste---suelta Kosmos.

---De paseo nada, y miren lo que he encontrado en...

---A ver, Kosmithôs, dêjame ver ese pedazo de papel.

---Quiên mejor que usted, didâscalos, para que haga la traducciôn?, mire,

aquî se lo doy, es todo suyo---dice Kosmithôs entregando el pedazo de pa-

pel.

---Ahora entiendo el porquê de la agitaciôn del crôtalo: porque no entien-

des nada.

---Fue un acto incosciente, regalado por no sê quiên.

---Verdad que un acto inconsciente dadivado por no sabês quiên, verdad?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!. lea de una vez y

age, didâscalos, age!!---pide Kosmos.

---Haplokyua. Pseudokatona. Ho Sophos Stoicân enthyrrhemoneseî. Plen

toi oikeioîlogoi, kathekonthôs.

---Didâscalos, sigo tocando el crôtalo?

---A mî no me perjudica; al contrario, me llena con la resonancia aquea.

---Ostensiblemente que son letras helênicas, no, didâscalos?

---Asî es, Vercingetôrix, hellênika grammata legei!! 

---Disculpe usted que yo interrumpa, Vercingetôrix, pero tengo que decir

algo antes de que se me olvide---dice Kosmithôs.

---Amplifîcalo, amplificalo!!---afirma Kosmos.

---Que en derredor del pedazo de papel estaban estâs lentejuelas doradas.

---Lentejuelas doradas?, desconozco el ritual.

---Ritual, Vercingetôrix, se trata de eso?---pregunta Perrasiestes.

---Eso me parece, si no que otra cosa podrîa ser?

---A ver, Kosmithôs, deposîtalas aquî en mi mano.

----Y quê dices de ellas, Kosmos?---indaga Perrasiestes.

----Cenutrio, que me parecen hechas de gelatina galvânica y no de vinilo.

----Tû sabrâs lo que estâs diciendo, y no pregunto mâs para que no me co-

jan de entretenimiento.

----No queda descartada la posibilidad de que se trate de un ritual, mas la y

pregunta es: quiên aquî en Bedriaco pudiera escribir en griego y...

----Yo no fui, Kosmos, no tengo que ver nada con eso----dice el didâscalos

filosôfico.

----Espêrense un momentico, que pensândolo bien o profundizando en la y

cosa pudieran haber sido esos dos personajes que encontrê en el pasadizo:

 se acuerdan de êstos?

----El turilupino y el begardo!!

----Êsa es la res, didâscalos, êsa!!

----Pero si quieres saber si fueron ellos, tengo el corcel asturiano afuera ama-

rrado a un ârbol---dice Kosmithôs.

----Voy a tener en cuenta la invitaciôn para visitarlos--dice Kosmos a la vez y

que les da las lentejuelas a Kosmithôs.

---Si fuera yo venderîa esas lentejuelas.

---Yo no soy usted, Asonis, asî que me quedo con ellas.

---Pudieras hacer un torques y ponerlo como corona sobre la testa del tejôn.

---No me digas, Kosmos, verdad?, que tû sabes que tal testa la destruyô el y

gato.

----Kosmithôs, que tu padre cuasi siempre hace pruebas de memoria.

----Ya sê, didâscalos, pero aun asî...

----Aun asî quê, Kosmithôs?---pregunta Kosmos.

----Aun asî (...) que nada, que me voy con el corcel, el crôtalo y las lentejuelas.

----Y algunas risas.

----Aprovecha el paseo sobre la albarda del corcel--dice Kosmos.

----Y no hales las orejas, como si fuese mi mula---agrega el didâscalos filosô-

fico.


     Al abandonar la Kosmona y dejar a los contertulios ocupados en el corres-

pondiente anâlisis de las letras griegas escritas, Kosmithôs arrumba al cuadrû-

pedo  hacia el bosque cercano a Albula, sitio donde estaba el pasadizo, empe-

ro antes de llegar a êste muy discretamente penetra en palacio con el propôsi-

to de apoderarse de una antorcha, la facilitante de la imprescindible lumbre y

que dirime los prejuicios, segûn revela una confiable fuente de inveterada sa-

piencia. Non plus ultra de unos quince minutos, y ya estando cerquitica y del

susodicho bosque, escucha que alguien hâcele la siguiente pregunta: Adônde

vas  con esa  antorcha que aûn es de dîa? Vese entonces en la necesidad apre-

miante de halar el arreo y dirigirse hacia la direcciôn contraria, lugar desde y

donde fue hecha la pregunta. Al llegar a êste, contemplar un rostro que cono-

cido ofrecîale confianza, bâjase del corcel para dar la respuesta debida.

----Cazador, si tengo la antorcha es para entrar en el pasadizo.

----No me digas, y por quê en el pasadizo vas a entrar, Kosmithôs?

----Por curiosidad, cazador, por eso, ya que no hace mucho me encontrê y un

pedazo de papel escrito con letras griegas, las que segûn mi padre pudieran y

haber sido escritas o por el turilupino o por el begardo.

----Kosmithôs, esos personajes no existen....

----Cômo que no si los vio mi padre con sus ojos propios.

----El ûnico que los ha visto es êl, mâs nadie.

----Usted ha entrado en el pasadizo para asegurar que no existen, cazador?

----No!!, pero te lo repito: no existen!!

----De quê se trata, no existen quiênes o quê cosas?

----Y de dônde usted saliô, Golemo?---pregunta Kosmithôs.

----Cômo que de dônde salî?, de la barriga de mi madre...

----Claro, si no no tuviese tamaño, mas quise decir en este momento, ahora.

----No me viste por estar agachado a la zaga de ese ârbol recogiendo unas y

plantas medicinales.

----Golemo, segûn Kosmos, en el pasadizo estân un turilupino y un begardo:

los ha visto usted alguna vez?---pregunta el cazador.

----Y cômo si no existen?

----Ves, Kosmithôs, ves?

----Entonces quê, es un invento de mi padre, tambiên lo de la divisa grabada

en una piedra de esteatita?

----No!!, Kosmithôs, lo de la divisa sî es cierto, eso sî!!---responde el cazador.

----Pero, Kosmithôs, tû mismo puedes convercerte de que adentro no hay na-

die, puedes comprobarlo---dice el arquîatra Golemo.

----Ya no sê, ustedes me han dado quê pensar, me siento confuso y no sê si y

entrar o no.

----A ver, Kosmithôs, hacemos una cosa.

----Cuâl, cazador, cuâl?

----Yo me voy a cazar un conejo, Golemo seguirâ recolectando sus plantas y

asî te dejamos sôlo para que decidas si entrar o no. En media hora nos encon-

tramos aquî de nuevo, y de paso pasamos por el fuego al conejo que cazarê:

de acuerdo, Kosmithôs?

----Sî!!, de acuerdo, de acuerdo cazador.

----Muy bien, hasta entonces.































 





 


























 


























Samstag, 22. Oktober 2022

La cazuela de Vitelio (1057)

      Quince minutos despuês de la ûltima dialogizaciôn en la instituciôn, y debi-

do a su intranquilidad, la causante indubitablemente de que rara vez fuese larga 

su  estancia en la Kosmona, dêjale saber Kosmithôs a los contertulios de que se

largaba sobre el pucho en busca del corcel asturiano, y que de paso recogerîa el

crôtalo que estaba en su cuarto en la corte. Mas al pasar muy cerca de la casa y

de  Kalîas, el que no hacîa tanto abandonô la Kosmona, divisô a êste cumplien-

do  exactamente con el cometido de darle a su gallo la mazorca que debîale, al-

go que antes de salir de la Kosmona dijo sin ambages o circunloquios concisos,

y por lo cual su presencia en la mesa redonda no podîase alongar mâs, ademâs

de que de relevante no tenîa nada y de privilegiada mucho menos. Sigue la co-

sa con el acercamiento de Kosmithôs, el que ya estando posicionado a poquîsi-

ma distancia del lugar donde estaba el gallo dîcele a Kalîas:

---No hace tanto que lo vi y ahora mismo lo veo otra vez.

---Kosmithôs, te pudiera decir lo mismo, que la lengua no me falta, pero pasa

que no lo digo porque mi decir no estâ contaminado con la metodologîa expre-

siva habitual en la instituciôn.

---Mas lo que usted acaba (de)cir lo ha dicho de una manera que ni es munda-

na ni vulgar, como la expresividad de los contertulios, Kalîas.

---Quê me quieres decir, Kosmithôs, que yo no estoy exento del contagio?

---No cercanamente eso pero tampoco muy lejos.

---En fin, Kosmithôs, que de tal corteza tal rama, aunque êsta padezca de algo

de impaciencia.

---Cômo, quê usted acaba (de)cir?

---Dime mejor que no estoy equivocado.

---En quê no lo estâ, Kalîas?

---En que te diriges a palacio y seguro a buscar el corcel asturiano, no?

---Equivocado no estâ usted, no lo estâ!!, ademâs que para coger el crôtalo, que

su sonido me apaga un poco el fuego prendido por la verba de los contertulios.

---Y ûnicamente ella hace posible el comenzar (a)rder?

---Kalîas, estâ usted seguro de que su decir no estâ contaminado...

---No repitas mis mismas palabras; no quiero oîrlas de nuevo mas salidas de tu

boca: me entiendes?

---Vaya pregunta!!, si ya yo entiendo lo difîcil.

---Te das cuenta de que por ser fâcil no estâ contaminado mi decir?

---Reconozco el buen viraje que usted ha hecho, como el de una tortilla de al-

pistera por una mano hâbil.

---Y lo vuelco a decir: de tal corteza tal rama!!

---Aûn estâ en la segunda, que segûn el decir del dicho, a la tercera va la ven-

cida.

---No hay tercera ninguna, que yo conozco mis lîmites y desdeño los dichos.

---Verdad que usted los desdeña, Kalîas?

---Te asombra que los desdeñe?

---Es que segûn mi padre son prâcticos para reforzar o enriquecer un comen-

tario, un decir.

---Lo serân, mas yo no necesito enriquecer nada, si no que mâs bien darle de

comer a mi gallo, el que granos necesita.

---Al parecer lo de usted son los pares, los que utiliza teniendo en cuenta su

lîmite.

---A quê te refieres?

---A que ha utilizado dos veces el verbo necesitar: una de su parte; otra, de y

la del gallo.

---Vaya ocurrencia la tuya!!

---Cômo (...) no era la rama tal a la corteza?

---Cômo?, que se cumple la tercera vez, pero de tu parte invertida.

---Y risas de Kosmithôs que agrega: le confieso que es una metodologîa que

por repeticiôn se me ha pegado.

---Por repeticiôn que no por contaminaciôn?

---O la repeticiôn contamina o la contaminaciôn se repite.

---Me parece que son vâlidas, actuales y vigentes ambas en la Kosmona.

---Respecto a la repeticiôn, sabe usted la que hoy sucediô en la Kosmona?

---Sucediô cuando ya no estaba, no?

---Exacto!! Seguido a su ida la repeticiôn fue la de la hechicera Cerridwen.

---Y quiên es êsa?

---La que devorô un grano de arena transformada en gallina.

---Bueno, aquî frente a nosotros tenemos granos, pero de maîz, y un compo-

nente de la misma familia: un gallo!!

---Kalîas, no seremos nosotros, como personas, producto de alguna transfor-

maciôn?

---Y si fuera asî no crees que ya hubiêsemos devorado tanto a loa granos co-

mo al gallo?

---Entonces cree usted que harîamos lo mismo que la hechicera?

---Dime primero tû lo que crees, que despuês te digo lo que creo yo.

---El orden de los factores no altera el producto.

---Ahora el que se rîe soy yo: puedo?

---Tan acostumbrado a la contaminaciôn como a la risa: rîase!!

---Y a la repeticiôn?

---Tambiên!!, y tan bien que ya no me afecta. Bueno, Kalîas, voy por el cor-

cel asturiano y por el crôtalo.

---Ve, Kosmithôs, y hasta la prôxima.


      Dos horas despuês, y ya encima de la albarda del corcel asturiano y en su

poder el crôtalo, vese Kosmithôs en la necesidad de regresar sin dilaciôn a la

Kosmona, cosa debida a unas forâneas letras escritas en un papel que encon-

trôse en medio del camino, y el que resaltaba mâs frente a cualquier mirada

por tener en derredor unas lentejuelas doradas hechas  de gelatina galvânica 

y no de vinilo, las que ipso facto recogiô y las dejô caer en el orificio de uno

de  sus bolsillos. Respecto a las letras, las que deberîa traducir el didâscalos 

filosôfico, son las siguientes:


Haplokyua. Pseudokatôna. Ho sophos stoikân enthyrrhêmonêsei . Plên tôi

oikeiosîlogôi kathêkontôs.



      












































 

Mittwoch, 19. Oktober 2022

La cazuela de Vitelio (1056)

      Hasta cierto punto o teniendo en cuenta la extensiôn de lo medible, mas que

ambas cosas incluidas dentro de los cuatro posibles movimientos, Kosmos pasa

a dilucidar sobre la estatuilla de Imhopet, el porquê de que êsta estuviese preci-

samente  encima de la mesa del especialista Cleobulo menos que en otro sitio o

lugar de la consulta. Salen de sus palabras, que por contraposiciôn a lo crîptico

que fôrmase al mezclarse dos objetos  (el pequeño espejo circular regalado por

Cornelia  a Cleobulo y el torques de esmeraldas que Sabinsqui comprôle a Ves-

talia de Pêlope), la estatuilla representaba como un sîmbolo beneficioso con el

cual ponderar un ambiente un tanto recargado de una enigmâtica fusiôn, amên

que al que agrêgase la vestidura de lino de la criatura que trajo la esquela escri-

ta por Cornelia para Vestalia de Pêlope.

---Hasta aquî puede entenderse la fertilidad de tu magîn, como si fuese un jar-

din del que brotan las coloridades mâs amplias; pero, y aunque ya sabemos de

los cuatro movimientos, quê pinta una sucumbida en el futuro en el pasado de

una narraciôn que centra su eyectar en el personaje de Sabinsqui?

----Temîganes, es que tiene un ingente rol la cuestiôn del movimiento. Con ês-

te muchas cosas son posibles dentro del marco de lo no-velado, lo que traduce

entonces, que dada la facilidad de una substancia...

----Ousîa, dirîa el înclito de Estagira---interrumpe el didâscalos filosôfico que

dice: pero sigue, sigue que tan sôlo me sentî como poseîdo por un impulso.

----Câspita, didâscalos, que usted tiene basto conocimiento como para eludir y

 caer en lo compulsivo.

----Eureka!!, tienes razôn...

----Didâscalos, va a dejar que Kosmos siga amplificando?

----Eso iba a decir, Temîganes, pero usted me acaba de interrumpir. A ver, am-

plifica, Kosmos.

----Allâ voy, por quê me llama? Continûa la cosa, que dada la facilidad de una

substancia, o de la ousîa, como acaba (de)cir el didâscalos, de trasladarse sin y

cadena que la mantenga inmôvil, la movilidad de ella estâ exenta de ôbice al-

guno, por lo tanto lo mismo pudiera aparecer tanto en un despuês como en un

antes, sin descartar en el medio de las dos dimensiones oponentes, que de fac-

to es la dimensiôn donde nosotros estamos.

----A mî me parece, Kosmos, que muy convenientemente tales movimientos

satisfacen ciertas expectativas tuyas..

----Pero, Temîganes, cômo no asî, si precisamente el que escribe cuenta con

la posibilidad del pasar de algo, lo que de manera entelêquica.

----Ostensible que es de manera entelêquica, pero no es êste el punto al que

yo me referîa, sino que mâs bien al de hacer confluir querencias ônticas con

el fin de bifurcar el contenido de algo que, como real, hubiêrase deseado que

sucediese de otra forma.

----Esta de suya propiedad decoraciôn de la verba hâceme pensar en los cu-

pulares cantos, o con resonancia sobre la verja de un gallo con pintadas plu-

mas.

----La verja es la cûpula para un gallo porque a las campanas volar no pue-

de.

----Câspita, vate, siendo usted no câusame pejiguera su excurso----acentûa

Kosmos.

----Uno justificado porque el gallo se repite.

----Y risas de Kosmos que agrega: el que ya necesita de una nueva pintura,

 ya que por la repeticiôn ha îdose gastando la que tenîa.

----Ahora el que rîese soy yo, Kosmos.


       Este ambiente engendrado por Kosmos en El bullicio en el silencio le y

recordaba a Vercingetôrix al bardo Taliesin, pero mâs por la atenciôn logra-

da al cambiar las formas, las que como tal acarreaban la formulaciôn de va-

rias preguntas, que por ser el bardo mâs celebêrrimo y de gran renombre en

la cultura celta. Mas consciente estaba de que el entorno que llegaba por su

reminiscencia diferîa del de êste en la ubicaciôn del mismo lugar de donde

parten las formas, lo que traduce que en lo atinente a lo itinerante es notabî-

lîsima  la diferencia: las formas de Kosmos tienen fijeza de lugar (el segun-

do sistema); las de Taliesin carecen de un sitio fijo, por lo que tratândose y

de los espacios que llenan completamente ocupan en cualquier parte êstos,

que si no atibôrranlos.

----Câspita, Vercingetôrix, que vaya quê honorîfico anâlogo en la mitad de

un porciento con la hechicera Cerridwen, la que preparô en su marmita el

hechizo para su hijo Avagdu---dice Kosmos.

----El hechizo de la sabidurîa, del que ya hemos mâs de una vez hablado,

traîdo a colocaciôn, a puesto, como dices tû.

----Esa hechicera no fue la que devorô un grano de arena convertida y en

gallina?---pregunta Kosmithôs.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que nos has de-

jado con la lengua afuera al canto a la abertura de la boca---dice Kosmos.

----Al parecer continûan las reminiscencias----reconoce Vercingetôrix.

----Vercingetôrix, que resulta de jaez con-veniente la reminiscencia del otro

 en el instante en que por pujos un esforzarse domina.

----Kosmos, que decirlo mâs inteligible serîa imposible.

----Aplaudo el decir que activa mi agente indômito!!---afirma el vate.

----Vate, no le dê cuerda al reloj, que el gallo no pero que el pâjaro canta.

----Vercingetôrix, muchitantas gracias por la ataraxia que engendra verbo-

rrea circunspecta---amplifica Kosmos.

----Circunspecta?, pensê que metaforizada.

----Y acaso la metaforizaciôn ludica, Vercingetôrix.

----Una buena pregunta en este ambiente creado!

----Y risas de Kosmos.





























  



  












    

Montag, 17. Oktober 2022

La cazuela de Vitelio (1055)

      Al llegar a la consulta el magistrado y la criatura con la vestimenta de lino,

Sabinsqui deleitâbase mirando cômo colgaba del cuello de Vestalia el torques

de esmeraldas que le habîa comprado, aunque asimismo cômo crecîa su jovia-

lidad cada vez que tocâbaselo con la punta de los dedos, algo que demostraba

con  una bella sonrisa. A la vez que sucedîa lo anterior, Cleobulo traîa dos an-

tiguas  sillas que puso de  soslayo a su mesa, y sobre la que habîa un pequeño 

espejo  circular y una estatuilla de Imhotep. Êsta, y segûn lo que êl mismo re-

lô, fue hecha en el barrio de los Sigilarios; aquêl, y posicionado en la parte iz-

quierda de la mesa, fue un regalo de Cornelia, dâdiva que ya tenîa unos cuan-

tos años y a la que cuasi todos los dîas quitâbale el polvo. Al canto a estas pa-

labras, Sabinsqui desviô su mirada hacia el espejo, y quiên sabe si debido y a

un reflejo condicionado o a otra cosa con destacada significancia, la que lôgi-

camente funciona como un atrayente que mantiene activo un valor, que in ca-

su serîa de conceptualidad de un objeto a partir de lo que pudiera re-presentar

exento de grisallas.

---- Bienvenidos todos a mi consulta, la que nunca habîa estado tan llena co-

mo hoy; y siêntense, por favor, que eso de estar de pie es para soldados--dice

el especialista Cleobulo.

---Señor especialista, me maravilla que usted tenga una estatuilla de Imhotep;

emociônome al verla como cuando veo las pirâmides en el desierto.

----Como dudar de sus palabras llevando usted una vestidura de lino.

----Mire, especialista, aquî tengo una esquela que debo entregarle a usted, mas

escrita para su hija por Cornelia.

----Escrita para mî y la recibe mi padre?---pregunta Vestalia de Pêlope.

----Ya se te olvidô que cuando eras niña Cornelia fue una paciente mîa por al-

go de tiempo?----pregunta Cleobulo.

----No se me ha olvidado, mas aun asî...

----Asî aun no importa (...) mira, aquî la tienes, la esquela es tuya; côgela con

tus mismas manos.


      Seguido a coger la esquela, dirigirse a un sucucho y abrirla, Vestalia sûbi-

to empieza a leerla a la vez que tocâbase el torques de esmeraldas. Pero y sin

que fuese visto por los presentes, porque la manera de hacerlo fue a hurtadillas,

Sabinsqui vuelve a mirar a Vestalia, empero esta vez a travês del espejo, resul-

tando  esta forma de proyecciôn muy disîmil de la primera, y no por la obstru-

cciôn creada por alguna mancha, sino por un efecto secundario en el cristal al

ser alcanzado por la lumbre de los rayos apolîneos que penetraban por la ven-

tana. 

      Vestalia, aun pensando lo contrario, dejôse llevar por la verba escrita y de

Cornelia,  la que enfatizaba sobre el hecho de mantenerse virgen, y aseguran-

do que tal estado tenîa sus ventajas, como que asimismo su relevancia, mas y

que deplorablemente poco tenida en cuenta por fêminas jôvenes, las que mâs

aprovechaban las ventajas por ser garantes de ciertas y determinadas cosillas

que flagrantemente resultaban imprescindibles en tiempos dominados por el

fervor  de una creencia o preponderantes  por el subrayamiento de la pudien-

cia idolâtrica, no ya decir que por la intimidaciôn de los progenitores que por

resonancia exigen mucho mâs de lo que por preferencia realmente es la cosa

que  ni cuestiona un pensamiento ni depende de la voluntad. Tambiên la ver-

ba escrita retocaba la palabra "atingencia" con el buen trazo de una lînea cor-

ta debajo de êsta, pero la relaciôn existente de culto entre la criatura que en-

tregô la esquela y la misma Cornelia, empero sin que este retocamiento fue-

se para la lectora algo para no perder de vista o para procesarlo entelêquica-

mente a raîz del tempestivo tener en cuenta.

       Diez minutos despuês de haber abandonado el sucucho y de arrumbar

Vestalia sus pasos a otra posiciôn dentro de la cuadratura de la consulta, la

que ni grande ni pequeña aûn estaba ocupada por las mismas personas, per-

cibe Sabinsqui que la esquela cae al suelo al ser alcanzada por un inespera-

do  pneuma que penetrô por la ventana. No demorô entonces en pasar al y

correspondiente  acto, y caracterizado por un desplazamiento de izquierda 

a derecha realizado con excelente pericia, como el de los guerreros aqueos

con dominio del terreno en las parasangas mâs înclitas incluidas en las lo-

caciones donde sucedieron las guerras mêdicas. Al estar ya la esquela cer-

ca de su pie derecho pônele el zapato encima y espera el instante oportuno

para agacharse y cogerla, instante que fue posible media hora despuês. Ya

teniêndola en su poder guârdasela en el bolsillo izquierdo, y seguidamen-

te  pregûntale a Cleobulo dônde estaba el baño del consultorio. Dada ipso

facto  la respuesta dirîgise a êl, y  despuês de asegurarse de que el cerrojo

de la  puerta estuviese pasado lee la esquela. Al enterarse de que êsta la y

habîa  escrito Cornelia quedô como poseîdo por una confusiôn tremenda,

por  un belebele de jaez mayor, porque al preguntarse cômo puede una y

que estâ en el segundo sistema escribir una carta, allende de haber sido y

vista por êl mismo a travês del espejo de dos caras en el camarote con la

numeral siete, cômo escapar a una desconcertante situaciôn, a un, dirîase,

mareo cupular sin campanas que lo anuncien. En fin, y para eludir sensa-

tamente el crecimiento de la confusiôn, vuelve a meterse la esquela en el

mismo  bolsillo, descorre el  cerrojo, y yendo hacia el mismo sitio donde

habîala cogido la deja caer.

----Alguien sabe dônde estâ la esquela, que ha desaparecido de mi vista?

----Mira, Vestalia, estâ en el suelo---responde Sabinsqui.

----Quê raro, cômo pudo llegar tan bajo?

----Me dejas decirte una cosa?---pregunta la criatura que llevaba la vesti-

dura de lino.

----Diga usted, señor, diga!!

----Deja de tocarte ese torques de esmeraldas, dêjalo sin el empollamien-

to engendrado por la punta de los dedos.

---Señor, sus palabras parecen como para conducir a iniciados por cami-

nos desconocidos.

----Iniciados, en cuâl culto?---pregunta Sabinsqui.

----Les advierto que ciertas preguntas pueden tener determinadas conse-

cuencias, asî que pongan cautê en lo que preguntan.

----No me extraña que usted lleve esa vestidura de lino---dice el magistra-

do.

----Por quê mejor no acariciamos la estatuilla de Imhotep, no les parece y

lo mâs adecuado que cabe en este momento?---pregunta el especialista.

----Muy ocasional su pregunta, Cleobulo, muy...

----Muy de que usted, que trajo la esquela, no lo vea de otra manera por-

que ya sabe a lo que estamos exponiêndonos en un pedazo de tiempo po-

sible.

----Aquî estâ sucediendo algo insôlito, que proviene de un mâs allâ, no?

----Vestalia, que ya te advertî: cautê, cautê!!



















 


 






 




  

















  


Sonntag, 16. Oktober 2022

La cazuela de Vitelio (1054)

      Antes de tocar a la puerta de la consulta del especialista Cleobulo, y con el 

têlos indubitable de tener una conversa con êste sobre el relevante asunto rela-

cionado con el beneplâcito pertinente que harîa posible la atingencia con y su

hija aûn en estado virgen, Sabinsqui pasa por una tienda que vendîa ûnicamen-

te prendas de valor. Seguido a la parsimônica selecciôn y de acuerdo a la justa

cantidad de monedas que pudo meterse en un bolsillo, cantidad que considera-

blemente redujo la sûmula de sestercios que como herencia dejôle su tîo, deci-

de comprar un mîrifico torques de esmeralda. A raîz de la compra dase cuenta

de la ingente transformaciôn ocurrida en el semblante del vendedor, como y si

los sestercios hubiesen resultado el solvento contra la proyecciôn de una dudo-

sa jeta, o la medicina garante de un cambio de actitud êtica frente a los desco-

nocidos clientes que dejaban una parte de su peculio a un vendedor tambiên y

para ellos desconocido. 

----Usted ha hecho una buena selecciôn, y ha tenido suerte...

----Suerte dice usted?---pregunta Sabinsqui que pregunta: y por quê?

----Porque este torques de esmeralda es el ûnico que tengo, no hay otro ejem-

plar como êste; quiere que se lo envuelva con un lujoso papel que a usted le

va a salir gratis?

----Y menos mal, que he pagado por el torques una nada môdica suma.

----Mire, ya estâ listo, y aquî tiene su compra protegida del polvo. Espero y

verlo de nuevo, que clientes como usted siempre son bienvenidos...

----Cômo no van a ser bienvenidos los que le dejan grandes sumas de sester-

cios. Yo no creo que vuelva a pasar por aquî, asî que lo de bienvenido dîgase-

lo a otro. Adiôs!!


       Cinco minutos despuês de haberse ido Sabinsqui llegan a la tienda el ma-

gistrado y una persona rara y extranjera, forânea con oriundez de Egipto con

una vestidura de lino, allende que cuasi acabada de arribar con el navîo a Be-

driaco. Al canto del sonido del sonajero que colgaba de la parte derecha de la

puerta, el vendedor ubîcase en la precisa posiciôn desde la cual daba por cos-

tumbre  el adecuado saludo y la que  facilitâbale una contemplaciôn absoluta 

de las criaturas que ocupaban espacio en la cuadratura de su negocio.

----Bienvenidos a este humilde negocio, puedo ayudarlos en algo, buscan al-

go especîfico?---pregunta el vendedor a su vez que pone las dos manos enci-

ma del mostrador.

----En realidad no venimos a comprar nada, sino que estamos aquî para saber

si usted, amên de vender, asimismo compra prendas de valor---dice el magis-

trado.

---Quisiera que supiera usted, que referente a comprar tiene que ser una pren-

da muy exclusiva, o una muy especial.

----Observe, señor, que se trata de un torques de esmeralda, por lo que me pa-

rece que exclusivo es, no crees usted?

----Magistrado, usted conoce esta persona?---indaga el vendedor.

----Puedo asegurarle que puede confiar, no es una criatura que engaña.

----Si usted lo dice (...) y por quê usted tiene puesta esa vestidura de lino?

----No creo que deba responder a esa pregunta, señor, y si estâ tratando de po-

ner en prâctica una muy vieja estrategia me dice, que ya tengo suficiente expe-

riencia como para perder mi tiempo miserablemente escuchando arcaicas per-

suasiones.

----Persuasiôn dice usted?

----A ver, si estâ interesado en comprar el torques dîgame de una vez que sî o

que no.

----Cuânto usted pide por êl?

----Doscientos sestercios!!

----Ciento cincuenta y cinco le doy, no mâs.

----De acuerdo, de acuerdo!!

----Mire, aquî tiene.

----Y usted tiene tantos sestercios en el bolsillo?---pregunta el magistrado.

----Es que me acaba de comprar Sabinsqui un torques tambiên de esmeralda.

----No me diga, verdad?, mire usted quê casualidad, que hace no mucho ha-

blê con Sabinsqui, el que al parecer se enamorô de Vestalia de Pêlope...

----La hija del especialista Cleobulo, pero esa niña no es virgen?

----Êse fue el tema de la conversaciôn, precisamente êse.

----Entonces usted conoce al especialista Cleobulo, señor?

----Alguna que otra vez êl ha pasado por aquî, mas nunca ha comprado nada,

por quê pregunta?

----Porque traigo una esquela escrita por Cornelia y dirigida a su hija.

----Cornelia, quiên es êsa?

----Una vestal que vive en la ciudad del ocio.

----Una vestal?, en fin, que me importa un comino. Pero, magistrado, usted no

sabe dônde estâ la consulta de Cleobulo?

----Claro que lo sê, por quê pregunta?

----No se preocupe, señor, que si preguntê fue por preguntar, menos que con la

intenciôn de que usted entregara la carta, entrega que debo hacer yo personal-

mente.

----Como que êse es el motivo de su presencia en Bedriaco, no?

----Asî es, magistrado, asî es!

----Estancia que aprovechô para vender el torques, no?---fisga el vendedor.

----Tambiên es asî.

----Bueno quê, ya nos podemos ir a la consulta de Cleobulo para que usted dê

la esquela?

----Para luego es tarde, aunque el camino no desaparezca.

----No creen ustedes que el torques que comprô Sabinsqui es para la hija y del

especialista?---pregunta el vendedor.

----Tiene su lôgica si estâ enamorado, no?

----Pudiera tenerla, magistrado (...) pero Sabinsqui de dônde habrâ sacado el y

dinero, de dônde?

----Pero vendedor, lo que le interesa a usted es que le paguen, igual de dônde

hâyase sacado el dinero.

----Tiene usted razôn, magistrado, no me incumbe estar al tanto del hontanar

de ingresos de Sabinsqui.

----Correcto!! , que tal concernir si acaso es de la policia, o de la autoridad y

que haga una pesquisa. Y nos vamos.

----Tengan ambos un buen dîa---dice el vendedor.

----No le digo lo mismo a usted, porque usted ya lo ha tenido, vendedor.

----Cômo, magistrado, cômo?

----Vendiô caro y comprô barato el mismo torques, no?

----Gajes del oficio, gajes de êl.

----Adiôs, vendedor!!

----Y a ustedes!!




























































Dienstag, 11. Oktober 2022

La cazuela de Vitelio (1053)

     El estado cerrado de la canasta de los dioses era una de esas mîmesis idea-

les utilizadas por Kosmos, amên de ser garante de proporcionar una sûmula de

posibilidades que satisfacen ciertos y determinados deseos, los que procesados

por el agente indômito descollan por alcanzar una coloridad tremenda. De vol-

ver a retomar lo de las mîmesis el didâscalos filosôfico, de traerlas de nuevo a 

puesto, a colocaciôn, o de recurrir otra vez a ellas exento totalmente de reparo,

mâs bien dêbese a lo que reciente dejô saber Kosmos sobre un capîtulo de "El

bullicio  en el silencio", y cosa que hizo una vez que abandonô la Kosmona el

soldado de recorrido Argos. Trâtase del capîtulo en el que Sabinsqui inespera-

damente conoce a la hija del especialista Cleobulo, enamôrase sûbitamente de

ella, empero como era virgen el hecho de pasar ipso facto a la acciôn no era y

compatible con el concepto de libertad, ya que por muy libre que fuese el per-

sonaje central de la novela no era basto como para escapar a la austeridad de

lo legislativo, y la que a su vez protegîa a las fêminas en estado que apellîda-

se de virginidad.

----El estado cerrado de la canasta de los dioses, verdad, Kosmos?

----Cenutrio, utilice su agente indômito que para eso lo tiene, la natura se lo

ha dado---responde Kosmos.

----Usted no acaba de aprender, Perrasiestes, le cuesta trabajo...

----Didâscalos, pero si yo sôlo hice una pregunta.

----Êsa es la res problema, que usted hace preguntas banales---dice Kosmos.

----Preguntas triviales, para que se oiga mâs acadêmico---agrega el didâsca-

los filosôfico.

----Banales, triviales, verdad que son asî?

----Asî son, Perrasiestes, son asî---responde el didâscalos filosôfico.

----Perrasiestes, respôndame usted con sinceridad: en un estado cerrado, sea

ya el de la canasta de las deidades o el de una pechina por estar repleta de al-

gas, pudiera suceder alguna penetraciôn?

----Bueno, cerrado es lo contrario de abierto, y entonces no, Kosmos.

----Vaya perogrullada, mas no macularê su respuesta con una impoluta de y

mis reflexiones.

----Lo que te agradezco, que despuês soy yo el que queda tupido.

----Tupido dice usted, Perrasiestes? Venga acâ, se siente usted como una tu-

berîa u otra cosa con algûn tipo de cavidad?---indaga del didâscalos filosôfi-

co.

----Y risas de Kosmos.

----Claro que no me siento como nada de eso, y si lo dije fue porque se me 

ocurriô, nada mâs---responde Perrasiestes.


      Mas Kalîas, que por haber sido lacayo en la corte de Vologeso muy que

bien sabîa de las leyes puestas por êste, viose en la necesidad de intervenir,

mas que menos que para participar de la dialogizaciôn para hacer enfâsis y

en lo siguiente, y dirigido a Kosmos:

----Fueron tiempos los de Vologeso muy estimados por lo legislativo, y si

alguien te lo puede asegurar quiên mejor que yo.

----Câspita, Kalîas, que no podrîa dudar de usted que estuvo cerca de tal e

inveterada majestad; o mejor dicho, que una falta expresiva me duele mu-

chitanto, no podrîa dudas de sus palabras, aunque ciertamente dicho, de no

existir usted no podrîan ser pronunciadas êstas---dice Kosmos.

----No  tan bien como  los contertulios, Kosmos, pero conociêndote como

te conozco no voy a darte la oportunidad de que me cojas para tu jueguito.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, Kalîas!!, que y en

esta eternidad usted estâ siendo injusto conmigo, estoy siendo maltratado

por su imaginaciôn o por su paranoia. 

----Ni obsesiôn ni manîa, Kosmos, que ya sê de tu metodologîa.

---Hace usted muy bien en no dejarse coger, Kalîas, no sea valiente y man-

tenga su negaciôn, que la palabra de Kosmos al combate invita---dice y el

tîo de Kosmos.

----Cômo dijo usted, que no sea valiente?

----Acaso los valientes rechazan el enfrentamiento, la colisiôn?

----Todo no valiente puede tener larga duraciôn. Kalîas es un no valiente.

----Por lo que llegarê a otros mâs años, didâscalos?

----Ha entendido usted, Kalîas, el silogismo. Eureka!!

----Didâscalos, aunque no sea contertulio sê lo que es un silogismo.

----Entonces quê, Kalîas es un cobarde?----pregunta Temîganes de Alejan-

drîa.

----No necesariamente por lo opuesto, por sacar a la luz un antônimo...

----Didâscalos, le agradezco la defensa, pero yo quisiera dejar claro que no

estoy aquî para participar en las conversaciones de ustedes---acentûa Kalîas.

----Previo a su partida, a su retorno a su casa, Kalîas, pudiêrale hacer la ûl-

tima pregunta?

----La ûltima?, si tû no me has hecho ninguna, Kosmos.

----Nôtase que tiene usted buena memoria, que estâ al tanto, que no se ha y

perdido dentro de este laberinto semântico. Entonces, Kalîas, la primera.

----Y que no sea muy larga, que me encantan las preguntas cortas.

----Cuântas preguntas hizôle usted al soldado de recorrido Argos?

----Y cômo tû sabes eso, si cuando se las hice tû estabas aqui adentro?

----El ojo es tan relevante como la posiciôn.

----Mientras mâs pregunte mâs se expone a ser atrapado por los brazos del

lûdico semântico---advierte el tîo de Kosmos.

----Ya van dos veces que êresle infiel al lûdico de la Kosmona; a la tercera

va la vencida---dice Kosmos.

----Kosmos, olvîdate de la respuesta, que fue por algo personal la razôn de

yo haber hecho las preguntas---dice Kalîas.

----Sâlvase usted por carecer la Kosmona de leyes, que si no ya hubiese si-

do procesado---amplifica Kosmos y rîe.

---Contertulios, ya me voy, que le debo una mazorca de maîz al gallo.

----Kalîas, un sustento en espiga densa?---pregunta Kosmos.

----Eso, Kosmos, eso!!


     Tres minutos despuês de haber salido de la instituciôn Kalîas, pregûnta-

le Kosmithôs al didâscalos filosôfico:

----Y por fin pudo usted devolverle la tranquilidad a su mula?

----Sôlo hay una manera de lograrlo.

----Y cuâl es?

----Darle de comer en tiras la câscara de la manzana.


























  





 


























 






 

  

Samstag, 8. Oktober 2022

La cazuela de Vitelio ( 1052)

      La resonancia que deja un pensar en el cuerpo es como la de un tambor de

hojalata tocado en una caverna, leîa Sabinsqui en un liber con alcheringa des-

tacada. Tal pincelada dejôlo un tanto estupefacto, y entonces no quedô exento

de la tempestiva pregunta que clararîa el porquê del asombro: Por quê la pin-

celada me ha dejado atônito? Hasta cierto punto, y como ya se ha apuntado y

en la verborrea de la Kosmona, lo que sâbese no pregûntase, mas a pesar de

lo anterior Sabinsqui quedaba muy en lontananza de todo ese ambiente insti-

tucional, por lo que sigue, entonces, que las afirmaciones fundacionales poco

tenîan que ver con êl, no queriendo decir por poco que en "El bullicio en el

silencio" escapara del magîn de su artîfice como medio que enlaza dos tiem-

pos que confluyen con un fin repasado, y el que a su vez sustenta al incesan-

te lûdico de jaez circunspecto. Sobre el pucho a la pregunta encontrô la justa

o convincente  respuesta Sabinsqui: por el onîrico tenido con su amiga queri-

dîsima y bautizada por êl (como) Dina marca, allende que suntuoso por eyec-

tar la imago de êsta a toda flor, por lo que no es de extrañar que al canto del  

onîrico en todito el cuerpo de Sabinsqui la resonancia de un pensar fuese un

posible causal con parangôn.

     Mas habrîa que decir que Vestalia de Pêlope, la hija del especialista Cleo-

bulo, quedô como ingente deleite en los ôculos de Sabinsqui, mayûsculo pla-

cer que êste supo muy que bien valorar, y hasta tener en cuenta durante todo

el trayecto que separa su casa de la del especialista, que cubre una distancia

no muy larga o el tramo oponente entre un punto y otro. Ostensible entonces

que  entre A y B  resaltô uno de los factores mâs influyentes a la hora de una

decisiôn tomar: de si vale la pena o no lanzarse a una aventura a pesar de ser

una persona totalmente desconocida. En realidad, a ciencia cierta Sabinsqui

podrîa  dar un prôximo paso obviando lo referente a conocer o no, pero esta

vez contaba con un dato delicado que sabîa no podîa pasar por alto: la virgi-

nidad de Vestalia de Pêlope, y la que convierte una verba poiêsica en lo que

sigue: el estado cerrado de la canasta de los dioses. 

    Por cuestiones de leyes tal estado no estaba exento de la correspondiente

sentencia, allende que a raîz de êsta agregâbasele la nada môdica multa, y la 

que deberîa pagarse en el plazo de una semana, algo cuasi imposible por ra-

zones  del salario, empero que para Sabinsqui no era un problema por tener

el  privilegio de  contar con la herencia dejada por su tîo, la que un poco cre-

ciô  con el peculio  ganado en el  tiempo que fue actor trâgico y con el de su

trabajo en la condiciôn de mancebo. Pero pasaba una cosa, amên que inclui-

da en lo legislativo: a partir del momento que tuviêrase problema con las le-

yes serîan quitadas todas las propiedades, como que asimismo cualesquier y

tipos de herencia, lo que traduce que mâs relevante resultaba eludir el tener

problema con la ley que el hecho de poseer una herencia, algo que sî dejaba

con preocupaciôn a Sabinsqui muchitanto.

    Casualmente, y lo que pasô dos dîas despuês, Sabinsqui encuêntrase en la

calle con un magistrado, kairôs que entonces aprovechô para acercarse a êl

y muy respetuosamente preguntarle: 

----Me puede usted informar con certeza como funciona la ley en los casos

de las fêminas que son vîrgenes?

----Y por quê tû estâs interesado en saberlo, acaso te fuiste a la cama con y

una virgen?

----No señor, claro que no, pero si le preguntê no significa que no sepa algo

al respecto, mas que lo sê de oîdas, de una forma general...

----La general es la forma de la ley, nada de particulares.

----Voy aprendiendo de sus palabras; pero mire, que tanto mi corazôn late

como que mi intuiciôn me dice que debo pasar a la acciôn, la cosa es que y

no hace mucho conocî a la hija del especialista Cleobulo...

----Ah, la bellîsima Vestalia de Pêlope.

----Usted la conoce, magistrado?

----A ella no sino a su padre, al especialista, mas sabes una cosa?, ya me pue-

do imaginar lo que estâ sucediendo: te enamoraste de ella.

----No exactamente es enamoramiento, mas que sî atracciôn a primera vista.

----Y eso no es acaso enamoramiento, enganche ineludible por la trampa y de

Cupido?

----Por la trampa dice usted?

----Eso fue lo que dije.

----Bueno, si usted lo considera asî...

----A ver, concretamente que quieres saber?

----Que si hay o no una excepciôn en la ley...

----Con las leyes no funciona la excepciôn, que ya dije que su forma es general.

----No se me ha olvidado (...), a ver, me explico. Imagînese, o hipotetice el he-

cho de que yo le quito la virginidad a la hija del especialista. Bien, hasta aquî y

todo claro...

----Y bueno, dônde estâ lo oscuro?

----Segûn lo escuchado de la ley, uno no puede pagar la multa, porque a raîz y

del hecho de dormir con una virgen quîtanse las propiedades y la herencia de

dinero. Por lo que yo le pregunto: no pudiera haber una consideraciôn y permi-

tir que se pague sin ser uno sentenciado?

----Tal consideraciôn no existe en la ley, pero de la parte de los progenitores si

autorizan la relaciôn, la ley no se mete.

----Verdad, magistrado, verdad? Entonces debo hablar con el especialista, no?

----Es necesaria la pregunta?

----Disculpe usted, magistrado, pero cuando me embullo hago preguntas inne-

cesarias.

----Sôlo los virtuosos no las hacen.

----Lejos que estoy yo de ser uno de tales.

----El embullo es un impulso, y los virtuosos no se impulsan, mas que si los

compulsivos.

----Como le dije no hace mucho, que aprendo de sus palabras.

----Bueno...

----Mi nombre es Sabinsqui, magistrado, Sabinsqui.

----Bueno, Sabinsqui, ahora debo irme que me espera un proceso. Te deseo y

suerte, y que el especialista dê el beneplâcito que te vendrâ beneficioso.

----Gracias por darme una luz, magistrado, gracias!! y por desearme suerte.

----De nada, Sabinsqui, de nada, que no forma parte de mi trabajo.

----Cômo?

----Olvîdalo, que pensaba en voz alta. Y me voy.

----Adiôs, magistrado, adiôs!!



























 















 




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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...