Freitag, 28. Oktober 2022

La cazuela de Vitelio (1059)

       Al abandonar Sabinsqui la consulta del especialista Cleobulo decide diri-

gir sus pasos hacia el barrio de los Sigilarios, siendo la intenciôn no otra que

la de conocer al artista que hizo la estatuilla de Imhotep. Mas yendo hacia el

destino susodicho pasôle por su testa la idea de ir a la ciudad del ocio con el

objetivo  de visitar a Cornelia, algo que harîa sin decîrselo a nadie, ni tan si-

quiera a Vestalia de Pêlope, aunque asimismo para eludir tener que dar inne-

cesariamente una efîmera explicaciôn a raîz de la tempestiva formulada pre-

gunta dando igual por quiên. A medida que avanzaba, que dejaba detrâs a la

sûmula de unos cuantos metros sobre la superficie recta, lo que lôgicamente

traduce  que la distancia entre dos puntos oponentes reducîase con el ôntico

movimiento de las piernas, fue dândose cuenta de que la idea alcanzaba una

tremenda fuerza, lo que pudiera significar que la atingencia con Cornelia se-

rîa  buena, o que si no que la correspondencia entre ambos darîa los adecua-

dos frutos, mas ignorando aûn de êstos su jaez. Ya un tanto cerca del barrio

de los Sigilarios acopas encuêntrase con su amiga, la bautizada por êl como

Dina marca, siendo entonces que êsta pregûntale:

----Sabinsqui, quê haces por este lugar de Bedriaco; que tû no eres, que yo

sepa, de estar por aquî?

----Escucha, te cuento. En la consulta del especialista Cleobulo habîa enci-

ma de la mesa una estatuilla de Imhotep que fue hecha por un artista del y

barrio de los Sigilarios, y por la misma razôn a êste me dirijo para conocer

al artista.

----Tus palabras son aliciente para hacerte otra pregunta que no te voy y a

hacer.

----Lo que te agradezco, que quiên mejor que tû para saber que no soy muy

amante de las preguntas.

----Verdad que sî, quiên mejor que yo, pero tambiên Scarnia te conoce bien.

----Pero tû mâs que ella me conoces, no?

----Ni lo niego ni lo refuto. Te puedo acompañar?

----Si no tienes nada que hacer, y lo deseas, claro que acompañarme puedes,

cômo te pudiera decir que no?

----Cômo?, segûn tu manera (de)cirlo o de acuerdo a la forma de tu verba.

----Calidad en tu expresiôn afinada.

----Sî!!, que ya sê por ti que lo vulgar desafina. Pero dime, Sabinsqui: sabes

la direcciôn y nûmero de casa del artista que quieres conocer?

----No, no sê nada de eso, por lo que hay que preguntar.

----De acuerdo, y te puedo ayudar a preguntar, pero quê pregunto?

----Quiên en el barrio hace estatuillas?

----Pero, Sabinsqui, en tal barrio estatuillas hacen todos los artistas que...

----Bueno, quiên hizo una estatuilla de Imhotep?

----Entonces hacemos una cosa: yo pregunto por un lado; tû, por el otro del

barrio: estâ bien?

----Sî sî!!, me parece buena idea.


     De tal guisa, y lo que deberîasele agradecer a Fortuna, uno de los artistas

del barrio pasa en el momento en que Sabinsqui dice: bueno, quiên hizo una

estatuilla de Imhotep?, el que (casualmente?) sûbito reacciona seguido a ca-

minar dos metros y sin dilaciôn deja saber:

----El artista que ustedes buscan soy yo, y mi nombre es Euticô: quê desean

de mî, por quê me buscan?

----Vaya, que este mundo no es grande!! Tû le hiciste al especialista Cleobu-

lo una estatuilla de Imhopet, no? Bien. Pero dime: por quê esa estatuilla, es-

pecîficamente êsa; y no una, por paradigma, de Hermes?---pregunta Sabins-

qui.

----Porque Sabinsqui nada tiene que ver ni con mensajeros ni con protecto-

res de caminos, por eso.

----Seguro que por eso, y no porque el especialista padece de mala salud?

----Seguro!! Y dime: por quê te preocupa la salud del especialista, es êl y

un familiar tuyo o amigo cercano?

----Ni lo uno ni lo otro, porque es el padre de una chica que me ha gustado

mucho.

----Ah sî, no me digas, verdad?---pregunta Dina que agrega: y eso que yo

era tu amor eterno, cuerpo y belleza para siempre.

----No te lo tomes tan a pecho, que sôlo dije que me ha gustado mucho.

----Sabinsqui, y con eso no lo dices todo, no falta nada mâs que pasar a la

acciôn para ofrecer un beso, una caricia, un suspiro?

----Estâs pensando demasiado como mujer, con sumo embalamiento y de

forma compulsiva.

----A ver, a ver, a ver, por quê no vienen conmigo a mi casa, disfrutan de

mi trabajo artîstico y de paso tomamos unos tragos, el remedio mâs râpi-

do contra el tôsigo de Cupido oficialmente aceptado?

----Quê, el tôsigo de Cupido oficialmente aceptado?, nunca oî algo como

eso, nunca!!---dice Dina.

----Dina, vamos a casa de Euticô y te dilucido con mâs calma, mâs despa-

cio, sin apuro---pide Sabinsqui.

----Lo que menos ganas tengo es de oîrte, pero te oirê a ver quê me dices.

----Entonces vamos, que el resentimiento serâ menos---dice Euticô.


     Seguido al alteramiento de Dina llegô la calma, mas que sôlo fue posi-

ble a continuaciôn de una dilucidaciôn convincente dada por Sabinsqui y

en uno de los recintos de la casa de Euticô atiborrado de estatuillas. Deja-

ba  la verba de Sabinsqui saber, que si por un lado la hija del especialista

Cleobulo habîale gustado muchitanto; por el otro, el que parêcele a êl el

de mayor significancia para olvidarse de un compromiso, que era virgen,

estado que por acentuaciones reglamentarias estaba super protegido por

las  leyes de su majestad Vologeso, lo que no quiere decir que definitiva

y taxativamente estuviesen vedadas cualesquier tipos de relaciones cupi-

dosas, mas que sôlo eran posibles con el beneplâcito de los progenitores,

y especîficamente el del padre. 

      Al canto a lo anterior Dina revelô su absoluto desacuerdo, ya que por 

ser ella misma un paradigma destacadîsimo de liberalidad, allende que y 

nada  ignorado por las fêminas que la  conocîan lo suficientemente bien 

como para tenerlo en cuenta a la hora de formar  comentarios o chanchu-

llos  esquinados, no  podîa tolerar que sôlo el permiso del padre, un con-

sentimiento  que de seguir en el mundillo en cuestiôn darîa pâbulo a las 

fêminas en el mismo estado de fugarse por la ventana, decidiera sobre el 

gusto y querer individuales; a troche y moche  fuese un imperativo y sin 

derecho a refutaciôn; a no ser borrado; a no ser dirimido por la potencia 

de la voluntad o por la multiplicidad  de la iracundia, por no decir que y

 a ser desafiado por el lema: "yo hago lo que me da la gana porque mîo  

es el cuerpo", que a la postre y al cabo es el lema que por antonomasia

funciona sin detrimento desde la propia naturaleza.

----No me extrañan de ti tales palabras, y no careces de razôn, mas de-

plorablemente Vestalia de Pêlope estâ muy que lejos de la liberalidad:

es una muchacha que depende mucho de su padre, de ahî que puêdase

entender que su palabra siempre es tomada en cuenta, empollada y tal

vez despuês procesada de la forma que mejor se pueda, aun en los mo-

mentos de mâxima soledad o de funcional lirismo, o sea, los momentos

mâs precisos de justificaciones armonizadas.


















       



















 





















 

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