Quince minutos despuês de la ûltima dialogizaciôn en la instituciôn, y debi-
do a su intranquilidad, la causante indubitablemente de que rara vez fuese larga
su estancia en la Kosmona, dêjale saber Kosmithôs a los contertulios de que se
largaba sobre el pucho en busca del corcel asturiano, y que de paso recogerîa el
crôtalo que estaba en su cuarto en la corte. Mas al pasar muy cerca de la casa y
de Kalîas, el que no hacîa tanto abandonô la Kosmona, divisô a êste cumplien-
do exactamente con el cometido de darle a su gallo la mazorca que debîale, al-
go que antes de salir de la Kosmona dijo sin ambages o circunloquios concisos,
y por lo cual su presencia en la mesa redonda no podîase alongar mâs, ademâs
de que de relevante no tenîa nada y de privilegiada mucho menos. Sigue la co-
sa con el acercamiento de Kosmithôs, el que ya estando posicionado a poquîsi-
ma distancia del lugar donde estaba el gallo dîcele a Kalîas:
---No hace tanto que lo vi y ahora mismo lo veo otra vez.
---Kosmithôs, te pudiera decir lo mismo, que la lengua no me falta, pero pasa
que no lo digo porque mi decir no estâ contaminado con la metodologîa expre-
siva habitual en la instituciôn.
---Mas lo que usted acaba (de)cir lo ha dicho de una manera que ni es munda-
na ni vulgar, como la expresividad de los contertulios, Kalîas.
---Quê me quieres decir, Kosmithôs, que yo no estoy exento del contagio?
---No cercanamente eso pero tampoco muy lejos.
---En fin, Kosmithôs, que de tal corteza tal rama, aunque êsta padezca de algo
de impaciencia.
---Cômo, quê usted acaba (de)cir?
---Dime mejor que no estoy equivocado.
---En quê no lo estâ, Kalîas?
---En que te diriges a palacio y seguro a buscar el corcel asturiano, no?
---Equivocado no estâ usted, no lo estâ!!, ademâs que para coger el crôtalo, que
su sonido me apaga un poco el fuego prendido por la verba de los contertulios.
---Y ûnicamente ella hace posible el comenzar (a)rder?
---Kalîas, estâ usted seguro de que su decir no estâ contaminado...
---No repitas mis mismas palabras; no quiero oîrlas de nuevo mas salidas de tu
boca: me entiendes?
---Vaya pregunta!!, si ya yo entiendo lo difîcil.
---Te das cuenta de que por ser fâcil no estâ contaminado mi decir?
---Reconozco el buen viraje que usted ha hecho, como el de una tortilla de al-
pistera por una mano hâbil.
---Y lo vuelco a decir: de tal corteza tal rama!!
---Aûn estâ en la segunda, que segûn el decir del dicho, a la tercera va la ven-
cida.
---No hay tercera ninguna, que yo conozco mis lîmites y desdeño los dichos.
---Verdad que usted los desdeña, Kalîas?
---Te asombra que los desdeñe?
---Es que segûn mi padre son prâcticos para reforzar o enriquecer un comen-
tario, un decir.
---Lo serân, mas yo no necesito enriquecer nada, si no que mâs bien darle de
comer a mi gallo, el que granos necesita.
---Al parecer lo de usted son los pares, los que utiliza teniendo en cuenta su
lîmite.
---A quê te refieres?
---A que ha utilizado dos veces el verbo necesitar: una de su parte; otra, de y
la del gallo.
---Vaya ocurrencia la tuya!!
---Cômo (...) no era la rama tal a la corteza?
---Cômo?, que se cumple la tercera vez, pero de tu parte invertida.
---Y risas de Kosmithôs que agrega: le confieso que es una metodologîa que
por repeticiôn se me ha pegado.
---Por repeticiôn que no por contaminaciôn?
---O la repeticiôn contamina o la contaminaciôn se repite.
---Me parece que son vâlidas, actuales y vigentes ambas en la Kosmona.
---Respecto a la repeticiôn, sabe usted la que hoy sucediô en la Kosmona?
---Sucediô cuando ya no estaba, no?
---Exacto!! Seguido a su ida la repeticiôn fue la de la hechicera Cerridwen.
---Y quiên es êsa?
---La que devorô un grano de arena transformada en gallina.
---Bueno, aquî frente a nosotros tenemos granos, pero de maîz, y un compo-
nente de la misma familia: un gallo!!
---Kalîas, no seremos nosotros, como personas, producto de alguna transfor-
maciôn?
---Y si fuera asî no crees que ya hubiêsemos devorado tanto a loa granos co-
mo al gallo?
---Entonces cree usted que harîamos lo mismo que la hechicera?
---Dime primero tû lo que crees, que despuês te digo lo que creo yo.
---El orden de los factores no altera el producto.
---Ahora el que se rîe soy yo: puedo?
---Tan acostumbrado a la contaminaciôn como a la risa: rîase!!
---Y a la repeticiôn?
---Tambiên!!, y tan bien que ya no me afecta. Bueno, Kalîas, voy por el cor-
cel asturiano y por el crôtalo.
---Ve, Kosmithôs, y hasta la prôxima.
Dos horas despuês, y ya encima de la albarda del corcel asturiano y en su
poder el crôtalo, vese Kosmithôs en la necesidad de regresar sin dilaciôn a la
Kosmona, cosa debida a unas forâneas letras escritas en un papel que encon-
trôse en medio del camino, y el que resaltaba mâs frente a cualquier mirada
por tener en derredor unas lentejuelas doradas hechas de gelatina galvânica
y no de vinilo, las que ipso facto recogiô y las dejô caer en el orificio de uno
de sus bolsillos. Respecto a las letras, las que deberîa traducir el didâscalos
filosôfico, son las siguientes:
Haplokyua. Pseudokatôna. Ho sophos stoikân enthyrrhêmonêsei . Plên tôi
oikeiosîlogôi kathêkontôs.
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