Samstag, 22. Oktober 2022

La cazuela de Vitelio (1057)

      Quince minutos despuês de la ûltima dialogizaciôn en la instituciôn, y debi-

do a su intranquilidad, la causante indubitablemente de que rara vez fuese larga 

su  estancia en la Kosmona, dêjale saber Kosmithôs a los contertulios de que se

largaba sobre el pucho en busca del corcel asturiano, y que de paso recogerîa el

crôtalo que estaba en su cuarto en la corte. Mas al pasar muy cerca de la casa y

de  Kalîas, el que no hacîa tanto abandonô la Kosmona, divisô a êste cumplien-

do  exactamente con el cometido de darle a su gallo la mazorca que debîale, al-

go que antes de salir de la Kosmona dijo sin ambages o circunloquios concisos,

y por lo cual su presencia en la mesa redonda no podîase alongar mâs, ademâs

de que de relevante no tenîa nada y de privilegiada mucho menos. Sigue la co-

sa con el acercamiento de Kosmithôs, el que ya estando posicionado a poquîsi-

ma distancia del lugar donde estaba el gallo dîcele a Kalîas:

---No hace tanto que lo vi y ahora mismo lo veo otra vez.

---Kosmithôs, te pudiera decir lo mismo, que la lengua no me falta, pero pasa

que no lo digo porque mi decir no estâ contaminado con la metodologîa expre-

siva habitual en la instituciôn.

---Mas lo que usted acaba (de)cir lo ha dicho de una manera que ni es munda-

na ni vulgar, como la expresividad de los contertulios, Kalîas.

---Quê me quieres decir, Kosmithôs, que yo no estoy exento del contagio?

---No cercanamente eso pero tampoco muy lejos.

---En fin, Kosmithôs, que de tal corteza tal rama, aunque êsta padezca de algo

de impaciencia.

---Cômo, quê usted acaba (de)cir?

---Dime mejor que no estoy equivocado.

---En quê no lo estâ, Kalîas?

---En que te diriges a palacio y seguro a buscar el corcel asturiano, no?

---Equivocado no estâ usted, no lo estâ!!, ademâs que para coger el crôtalo, que

su sonido me apaga un poco el fuego prendido por la verba de los contertulios.

---Y ûnicamente ella hace posible el comenzar (a)rder?

---Kalîas, estâ usted seguro de que su decir no estâ contaminado...

---No repitas mis mismas palabras; no quiero oîrlas de nuevo mas salidas de tu

boca: me entiendes?

---Vaya pregunta!!, si ya yo entiendo lo difîcil.

---Te das cuenta de que por ser fâcil no estâ contaminado mi decir?

---Reconozco el buen viraje que usted ha hecho, como el de una tortilla de al-

pistera por una mano hâbil.

---Y lo vuelco a decir: de tal corteza tal rama!!

---Aûn estâ en la segunda, que segûn el decir del dicho, a la tercera va la ven-

cida.

---No hay tercera ninguna, que yo conozco mis lîmites y desdeño los dichos.

---Verdad que usted los desdeña, Kalîas?

---Te asombra que los desdeñe?

---Es que segûn mi padre son prâcticos para reforzar o enriquecer un comen-

tario, un decir.

---Lo serân, mas yo no necesito enriquecer nada, si no que mâs bien darle de

comer a mi gallo, el que granos necesita.

---Al parecer lo de usted son los pares, los que utiliza teniendo en cuenta su

lîmite.

---A quê te refieres?

---A que ha utilizado dos veces el verbo necesitar: una de su parte; otra, de y

la del gallo.

---Vaya ocurrencia la tuya!!

---Cômo (...) no era la rama tal a la corteza?

---Cômo?, que se cumple la tercera vez, pero de tu parte invertida.

---Y risas de Kosmithôs que agrega: le confieso que es una metodologîa que

por repeticiôn se me ha pegado.

---Por repeticiôn que no por contaminaciôn?

---O la repeticiôn contamina o la contaminaciôn se repite.

---Me parece que son vâlidas, actuales y vigentes ambas en la Kosmona.

---Respecto a la repeticiôn, sabe usted la que hoy sucediô en la Kosmona?

---Sucediô cuando ya no estaba, no?

---Exacto!! Seguido a su ida la repeticiôn fue la de la hechicera Cerridwen.

---Y quiên es êsa?

---La que devorô un grano de arena transformada en gallina.

---Bueno, aquî frente a nosotros tenemos granos, pero de maîz, y un compo-

nente de la misma familia: un gallo!!

---Kalîas, no seremos nosotros, como personas, producto de alguna transfor-

maciôn?

---Y si fuera asî no crees que ya hubiêsemos devorado tanto a loa granos co-

mo al gallo?

---Entonces cree usted que harîamos lo mismo que la hechicera?

---Dime primero tû lo que crees, que despuês te digo lo que creo yo.

---El orden de los factores no altera el producto.

---Ahora el que se rîe soy yo: puedo?

---Tan acostumbrado a la contaminaciôn como a la risa: rîase!!

---Y a la repeticiôn?

---Tambiên!!, y tan bien que ya no me afecta. Bueno, Kalîas, voy por el cor-

cel asturiano y por el crôtalo.

---Ve, Kosmithôs, y hasta la prôxima.


      Dos horas despuês, y ya encima de la albarda del corcel asturiano y en su

poder el crôtalo, vese Kosmithôs en la necesidad de regresar sin dilaciôn a la

Kosmona, cosa debida a unas forâneas letras escritas en un papel que encon-

trôse en medio del camino, y el que resaltaba mâs frente a cualquier mirada

por tener en derredor unas lentejuelas doradas hechas  de gelatina galvânica 

y no de vinilo, las que ipso facto recogiô y las dejô caer en el orificio de uno

de  sus bolsillos. Respecto a las letras, las que deberîa traducir el didâscalos 

filosôfico, son las siguientes:


Haplokyua. Pseudokatôna. Ho sophos stoikân enthyrrhêmonêsei . Plên tôi

oikeiosîlogôi kathêkontôs.



      












































 

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