La resonancia que deja un pensar en el cuerpo es como la de un tambor de
hojalata tocado en una caverna, leîa Sabinsqui en un liber con alcheringa des-
tacada. Tal pincelada dejôlo un tanto estupefacto, y entonces no quedô exento
de la tempestiva pregunta que clararîa el porquê del asombro: Por quê la pin-
celada me ha dejado atônito? Hasta cierto punto, y como ya se ha apuntado y
en la verborrea de la Kosmona, lo que sâbese no pregûntase, mas a pesar de
lo anterior Sabinsqui quedaba muy en lontananza de todo ese ambiente insti-
tucional, por lo que sigue, entonces, que las afirmaciones fundacionales poco
tenîan que ver con êl, no queriendo decir por poco que en "El bullicio en el
silencio" escapara del magîn de su artîfice como medio que enlaza dos tiem-
pos que confluyen con un fin repasado, y el que a su vez sustenta al incesan-
te lûdico de jaez circunspecto. Sobre el pucho a la pregunta encontrô la justa
o convincente respuesta Sabinsqui: por el onîrico tenido con su amiga queri-
dîsima y bautizada por êl (como) Dina marca, allende que suntuoso por eyec-
tar la imago de êsta a toda flor, por lo que no es de extrañar que al canto del
onîrico en todito el cuerpo de Sabinsqui la resonancia de un pensar fuese un
posible causal con parangôn.
Mas habrîa que decir que Vestalia de Pêlope, la hija del especialista Cleo-
bulo, quedô como ingente deleite en los ôculos de Sabinsqui, mayûsculo pla-
cer que êste supo muy que bien valorar, y hasta tener en cuenta durante todo
el trayecto que separa su casa de la del especialista, que cubre una distancia
no muy larga o el tramo oponente entre un punto y otro. Ostensible entonces
que entre A y B resaltô uno de los factores mâs influyentes a la hora de una
decisiôn tomar: de si vale la pena o no lanzarse a una aventura a pesar de ser
una persona totalmente desconocida. En realidad, a ciencia cierta Sabinsqui
podrîa dar un prôximo paso obviando lo referente a conocer o no, pero esta
vez contaba con un dato delicado que sabîa no podîa pasar por alto: la virgi-
nidad de Vestalia de Pêlope, y la que convierte una verba poiêsica en lo que
sigue: el estado cerrado de la canasta de los dioses.
Por cuestiones de leyes tal estado no estaba exento de la correspondiente
sentencia, allende que a raîz de êsta agregâbasele la nada môdica multa, y la
que deberîa pagarse en el plazo de una semana, algo cuasi imposible por ra-
zones del salario, empero que para Sabinsqui no era un problema por tener
el privilegio de contar con la herencia dejada por su tîo, la que un poco cre-
ciô con el peculio ganado en el tiempo que fue actor trâgico y con el de su
trabajo en la condiciôn de mancebo. Pero pasaba una cosa, amên que inclui-
da en lo legislativo: a partir del momento que tuviêrase problema con las le-
yes serîan quitadas todas las propiedades, como que asimismo cualesquier y
tipos de herencia, lo que traduce que mâs relevante resultaba eludir el tener
problema con la ley que el hecho de poseer una herencia, algo que sî dejaba
con preocupaciôn a Sabinsqui muchitanto.
Casualmente, y lo que pasô dos dîas despuês, Sabinsqui encuêntrase en la
calle con un magistrado, kairôs que entonces aprovechô para acercarse a êl
y muy respetuosamente preguntarle:
----Me puede usted informar con certeza como funciona la ley en los casos
de las fêminas que son vîrgenes?
----Y por quê tû estâs interesado en saberlo, acaso te fuiste a la cama con y
una virgen?
----No señor, claro que no, pero si le preguntê no significa que no sepa algo
al respecto, mas que lo sê de oîdas, de una forma general...
----La general es la forma de la ley, nada de particulares.
----Voy aprendiendo de sus palabras; pero mire, que tanto mi corazôn late
como que mi intuiciôn me dice que debo pasar a la acciôn, la cosa es que y
no hace mucho conocî a la hija del especialista Cleobulo...
----Ah, la bellîsima Vestalia de Pêlope.
----Usted la conoce, magistrado?
----A ella no sino a su padre, al especialista, mas sabes una cosa?, ya me pue-
do imaginar lo que estâ sucediendo: te enamoraste de ella.
----No exactamente es enamoramiento, mas que sî atracciôn a primera vista.
----Y eso no es acaso enamoramiento, enganche ineludible por la trampa y de
Cupido?
----Por la trampa dice usted?
----Eso fue lo que dije.
----Bueno, si usted lo considera asî...
----A ver, concretamente que quieres saber?
----Que si hay o no una excepciôn en la ley...
----Con las leyes no funciona la excepciôn, que ya dije que su forma es general.
----No se me ha olvidado (...), a ver, me explico. Imagînese, o hipotetice el he-
cho de que yo le quito la virginidad a la hija del especialista. Bien, hasta aquî y
todo claro...
----Y bueno, dônde estâ lo oscuro?
----Segûn lo escuchado de la ley, uno no puede pagar la multa, porque a raîz y
del hecho de dormir con una virgen quîtanse las propiedades y la herencia de
dinero. Por lo que yo le pregunto: no pudiera haber una consideraciôn y permi-
tir que se pague sin ser uno sentenciado?
----Tal consideraciôn no existe en la ley, pero de la parte de los progenitores si
autorizan la relaciôn, la ley no se mete.
----Verdad, magistrado, verdad? Entonces debo hablar con el especialista, no?
----Es necesaria la pregunta?
----Disculpe usted, magistrado, pero cuando me embullo hago preguntas inne-
cesarias.
----Sôlo los virtuosos no las hacen.
----Lejos que estoy yo de ser uno de tales.
----El embullo es un impulso, y los virtuosos no se impulsan, mas que si los
compulsivos.
----Como le dije no hace mucho, que aprendo de sus palabras.
----Bueno...
----Mi nombre es Sabinsqui, magistrado, Sabinsqui.
----Bueno, Sabinsqui, ahora debo irme que me espera un proceso. Te deseo y
suerte, y que el especialista dê el beneplâcito que te vendrâ beneficioso.
----Gracias por darme una luz, magistrado, gracias!! y por desearme suerte.
----De nada, Sabinsqui, de nada, que no forma parte de mi trabajo.
----Cômo?
----Olvîdalo, que pensaba en voz alta. Y me voy.
----Adiôs, magistrado, adiôs!!
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