Antes de tocar a la puerta de la consulta del especialista Cleobulo, y con el
têlos indubitable de tener una conversa con êste sobre el relevante asunto rela-
cionado con el beneplâcito pertinente que harîa posible la atingencia con y su
hija aûn en estado virgen, Sabinsqui pasa por una tienda que vendîa ûnicamen-
te prendas de valor. Seguido a la parsimônica selecciôn y de acuerdo a la justa
cantidad de monedas que pudo meterse en un bolsillo, cantidad que considera-
blemente redujo la sûmula de sestercios que como herencia dejôle su tîo, deci-
de comprar un mîrifico torques de esmeralda. A raîz de la compra dase cuenta
de la ingente transformaciôn ocurrida en el semblante del vendedor, como y si
los sestercios hubiesen resultado el solvento contra la proyecciôn de una dudo-
sa jeta, o la medicina garante de un cambio de actitud êtica frente a los desco-
nocidos clientes que dejaban una parte de su peculio a un vendedor tambiên y
para ellos desconocido.
----Usted ha hecho una buena selecciôn, y ha tenido suerte...
----Suerte dice usted?---pregunta Sabinsqui que pregunta: y por quê?
----Porque este torques de esmeralda es el ûnico que tengo, no hay otro ejem-
plar como êste; quiere que se lo envuelva con un lujoso papel que a usted le
va a salir gratis?
----Y menos mal, que he pagado por el torques una nada môdica suma.
----Mire, ya estâ listo, y aquî tiene su compra protegida del polvo. Espero y
verlo de nuevo, que clientes como usted siempre son bienvenidos...
----Cômo no van a ser bienvenidos los que le dejan grandes sumas de sester-
cios. Yo no creo que vuelva a pasar por aquî, asî que lo de bienvenido dîgase-
lo a otro. Adiôs!!
Cinco minutos despuês de haberse ido Sabinsqui llegan a la tienda el ma-
gistrado y una persona rara y extranjera, forânea con oriundez de Egipto con
una vestidura de lino, allende que cuasi acabada de arribar con el navîo a Be-
driaco. Al canto del sonido del sonajero que colgaba de la parte derecha de la
puerta, el vendedor ubîcase en la precisa posiciôn desde la cual daba por cos-
tumbre el adecuado saludo y la que facilitâbale una contemplaciôn absoluta
de las criaturas que ocupaban espacio en la cuadratura de su negocio.
----Bienvenidos a este humilde negocio, puedo ayudarlos en algo, buscan al-
go especîfico?---pregunta el vendedor a su vez que pone las dos manos enci-
ma del mostrador.
----En realidad no venimos a comprar nada, sino que estamos aquî para saber
si usted, amên de vender, asimismo compra prendas de valor---dice el magis-
trado.
---Quisiera que supiera usted, que referente a comprar tiene que ser una pren-
da muy exclusiva, o una muy especial.
----Observe, señor, que se trata de un torques de esmeralda, por lo que me pa-
rece que exclusivo es, no crees usted?
----Magistrado, usted conoce esta persona?---indaga el vendedor.
----Puedo asegurarle que puede confiar, no es una criatura que engaña.
----Si usted lo dice (...) y por quê usted tiene puesta esa vestidura de lino?
----No creo que deba responder a esa pregunta, señor, y si estâ tratando de po-
ner en prâctica una muy vieja estrategia me dice, que ya tengo suficiente expe-
riencia como para perder mi tiempo miserablemente escuchando arcaicas per-
suasiones.
----Persuasiôn dice usted?
----A ver, si estâ interesado en comprar el torques dîgame de una vez que sî o
que no.
----Cuânto usted pide por êl?
----Doscientos sestercios!!
----Ciento cincuenta y cinco le doy, no mâs.
----De acuerdo, de acuerdo!!
----Mire, aquî tiene.
----Y usted tiene tantos sestercios en el bolsillo?---pregunta el magistrado.
----Es que me acaba de comprar Sabinsqui un torques tambiên de esmeralda.
----No me diga, verdad?, mire usted quê casualidad, que hace no mucho ha-
blê con Sabinsqui, el que al parecer se enamorô de Vestalia de Pêlope...
----La hija del especialista Cleobulo, pero esa niña no es virgen?
----Êse fue el tema de la conversaciôn, precisamente êse.
----Entonces usted conoce al especialista Cleobulo, señor?
----Alguna que otra vez êl ha pasado por aquî, mas nunca ha comprado nada,
por quê pregunta?
----Porque traigo una esquela escrita por Cornelia y dirigida a su hija.
----Cornelia, quiên es êsa?
----Una vestal que vive en la ciudad del ocio.
----Una vestal?, en fin, que me importa un comino. Pero, magistrado, usted no
sabe dônde estâ la consulta de Cleobulo?
----Claro que lo sê, por quê pregunta?
----No se preocupe, señor, que si preguntê fue por preguntar, menos que con la
intenciôn de que usted entregara la carta, entrega que debo hacer yo personal-
mente.
----Como que êse es el motivo de su presencia en Bedriaco, no?
----Asî es, magistrado, asî es!
----Estancia que aprovechô para vender el torques, no?---fisga el vendedor.
----Tambiên es asî.
----Bueno quê, ya nos podemos ir a la consulta de Cleobulo para que usted dê
la esquela?
----Para luego es tarde, aunque el camino no desaparezca.
----No creen ustedes que el torques que comprô Sabinsqui es para la hija y del
especialista?---pregunta el vendedor.
----Tiene su lôgica si estâ enamorado, no?
----Pudiera tenerla, magistrado (...) pero Sabinsqui de dônde habrâ sacado el y
dinero, de dônde?
----Pero vendedor, lo que le interesa a usted es que le paguen, igual de dônde
hâyase sacado el dinero.
----Tiene usted razôn, magistrado, no me incumbe estar al tanto del hontanar
de ingresos de Sabinsqui.
----Correcto!! , que tal concernir si acaso es de la policia, o de la autoridad y
que haga una pesquisa. Y nos vamos.
----Tengan ambos un buen dîa---dice el vendedor.
----No le digo lo mismo a usted, porque usted ya lo ha tenido, vendedor.
----Cômo, magistrado, cômo?
----Vendiô caro y comprô barato el mismo torques, no?
----Gajes del oficio, gajes de êl.
----Adiôs, vendedor!!
----Y a ustedes!!
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