Sonntag, 16. Oktober 2022

La cazuela de Vitelio (1054)

      Antes de tocar a la puerta de la consulta del especialista Cleobulo, y con el 

têlos indubitable de tener una conversa con êste sobre el relevante asunto rela-

cionado con el beneplâcito pertinente que harîa posible la atingencia con y su

hija aûn en estado virgen, Sabinsqui pasa por una tienda que vendîa ûnicamen-

te prendas de valor. Seguido a la parsimônica selecciôn y de acuerdo a la justa

cantidad de monedas que pudo meterse en un bolsillo, cantidad que considera-

blemente redujo la sûmula de sestercios que como herencia dejôle su tîo, deci-

de comprar un mîrifico torques de esmeralda. A raîz de la compra dase cuenta

de la ingente transformaciôn ocurrida en el semblante del vendedor, como y si

los sestercios hubiesen resultado el solvento contra la proyecciôn de una dudo-

sa jeta, o la medicina garante de un cambio de actitud êtica frente a los desco-

nocidos clientes que dejaban una parte de su peculio a un vendedor tambiên y

para ellos desconocido. 

----Usted ha hecho una buena selecciôn, y ha tenido suerte...

----Suerte dice usted?---pregunta Sabinsqui que pregunta: y por quê?

----Porque este torques de esmeralda es el ûnico que tengo, no hay otro ejem-

plar como êste; quiere que se lo envuelva con un lujoso papel que a usted le

va a salir gratis?

----Y menos mal, que he pagado por el torques una nada môdica suma.

----Mire, ya estâ listo, y aquî tiene su compra protegida del polvo. Espero y

verlo de nuevo, que clientes como usted siempre son bienvenidos...

----Cômo no van a ser bienvenidos los que le dejan grandes sumas de sester-

cios. Yo no creo que vuelva a pasar por aquî, asî que lo de bienvenido dîgase-

lo a otro. Adiôs!!


       Cinco minutos despuês de haberse ido Sabinsqui llegan a la tienda el ma-

gistrado y una persona rara y extranjera, forânea con oriundez de Egipto con

una vestidura de lino, allende que cuasi acabada de arribar con el navîo a Be-

driaco. Al canto del sonido del sonajero que colgaba de la parte derecha de la

puerta, el vendedor ubîcase en la precisa posiciôn desde la cual daba por cos-

tumbre  el adecuado saludo y la que  facilitâbale una contemplaciôn absoluta 

de las criaturas que ocupaban espacio en la cuadratura de su negocio.

----Bienvenidos a este humilde negocio, puedo ayudarlos en algo, buscan al-

go especîfico?---pregunta el vendedor a su vez que pone las dos manos enci-

ma del mostrador.

----En realidad no venimos a comprar nada, sino que estamos aquî para saber

si usted, amên de vender, asimismo compra prendas de valor---dice el magis-

trado.

---Quisiera que supiera usted, que referente a comprar tiene que ser una pren-

da muy exclusiva, o una muy especial.

----Observe, señor, que se trata de un torques de esmeralda, por lo que me pa-

rece que exclusivo es, no crees usted?

----Magistrado, usted conoce esta persona?---indaga el vendedor.

----Puedo asegurarle que puede confiar, no es una criatura que engaña.

----Si usted lo dice (...) y por quê usted tiene puesta esa vestidura de lino?

----No creo que deba responder a esa pregunta, señor, y si estâ tratando de po-

ner en prâctica una muy vieja estrategia me dice, que ya tengo suficiente expe-

riencia como para perder mi tiempo miserablemente escuchando arcaicas per-

suasiones.

----Persuasiôn dice usted?

----A ver, si estâ interesado en comprar el torques dîgame de una vez que sî o

que no.

----Cuânto usted pide por êl?

----Doscientos sestercios!!

----Ciento cincuenta y cinco le doy, no mâs.

----De acuerdo, de acuerdo!!

----Mire, aquî tiene.

----Y usted tiene tantos sestercios en el bolsillo?---pregunta el magistrado.

----Es que me acaba de comprar Sabinsqui un torques tambiên de esmeralda.

----No me diga, verdad?, mire usted quê casualidad, que hace no mucho ha-

blê con Sabinsqui, el que al parecer se enamorô de Vestalia de Pêlope...

----La hija del especialista Cleobulo, pero esa niña no es virgen?

----Êse fue el tema de la conversaciôn, precisamente êse.

----Entonces usted conoce al especialista Cleobulo, señor?

----Alguna que otra vez êl ha pasado por aquî, mas nunca ha comprado nada,

por quê pregunta?

----Porque traigo una esquela escrita por Cornelia y dirigida a su hija.

----Cornelia, quiên es êsa?

----Una vestal que vive en la ciudad del ocio.

----Una vestal?, en fin, que me importa un comino. Pero, magistrado, usted no

sabe dônde estâ la consulta de Cleobulo?

----Claro que lo sê, por quê pregunta?

----No se preocupe, señor, que si preguntê fue por preguntar, menos que con la

intenciôn de que usted entregara la carta, entrega que debo hacer yo personal-

mente.

----Como que êse es el motivo de su presencia en Bedriaco, no?

----Asî es, magistrado, asî es!

----Estancia que aprovechô para vender el torques, no?---fisga el vendedor.

----Tambiên es asî.

----Bueno quê, ya nos podemos ir a la consulta de Cleobulo para que usted dê

la esquela?

----Para luego es tarde, aunque el camino no desaparezca.

----No creen ustedes que el torques que comprô Sabinsqui es para la hija y del

especialista?---pregunta el vendedor.

----Tiene su lôgica si estâ enamorado, no?

----Pudiera tenerla, magistrado (...) pero Sabinsqui de dônde habrâ sacado el y

dinero, de dônde?

----Pero vendedor, lo que le interesa a usted es que le paguen, igual de dônde

hâyase sacado el dinero.

----Tiene usted razôn, magistrado, no me incumbe estar al tanto del hontanar

de ingresos de Sabinsqui.

----Correcto!! , que tal concernir si acaso es de la policia, o de la autoridad y

que haga una pesquisa. Y nos vamos.

----Tengan ambos un buen dîa---dice el vendedor.

----No le digo lo mismo a usted, porque usted ya lo ha tenido, vendedor.

----Cômo, magistrado, cômo?

----Vendiô caro y comprô barato el mismo torques, no?

----Gajes del oficio, gajes de êl.

----Adiôs, vendedor!!

----Y a ustedes!!




























































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