Dienstag, 29. November 2022

1070, 8, quinta parte.

      Aunque fuese [su funciôn ûnica o exclusiva la de] trasladar de un pun-

to a otro a los llegantes al segundo sistema, asimismo pudiera decirse que

no solamente el vetturino Solger sentîase plenamente conforme cada vez

que  con ello cumplîa, sino que asimismo porque dâbale la posibilidad de

guardar silencio, negar respuestas o no dar explicaciones a los siempre y

posibles  llegantes a la frontera de Irsû. A lo anterior ûnese la estimadîsi-

ma presencia del pavo real, entramado emplumado que, amên de propor-

cionarle  una coloridad al viaje sin parangôn, engendraba una de las mâs

especiosas y desinteresadas amistades entre dos disîmiles reinos, y ya no

tanto  por el hecho de ludicar un rol al posicionarse en la parte delantera

o  trasera del medio de transporte con pimpancia y lozanîa, con gayo pa-

so y soltura desafiando a los con mâs edades invertebrados con alargado

cuerpo y simetrîa bilateral, y que son, precisamente, los mâs laborales y

voraces en materia escatolôgica. Empero retomando la posibilidad suso-

dicha, ya que el vetturino esperaba que montârase en el coche Kifisodo-

to, el escultor, no resultô del agrado de êste que a su pregunta hecha no

diêrasele respuesta, algo que diole pâbulo de formular una segunda:

----Señor, si su silencio sigue siendo el causante de que yo me sienta y

como en un sueño del limbo, por quê entonces no me responde con las

manos o con una mueca?

----Debo cumplir con mi trabajo, no puedo salirme de su dadora posibi-

lidad, asî que sûbase al coche y olvîdese de las preguntas---responde el

vetturino Solger a la vez que agarra el arreo para tirar de êl.


     Media hora despuês arribaba el coche a la corte de Podacres, Un po-

co constipado por la frialdad que habîa dentro del medio de transporte,

el escultor Kifisodoto no reconocîa del todo ni a Temîsclates de Fugan-

villa ni a Mildecias de Bapullôn, como tampoco ni a los pintores Parra-

sio y Parresio, los primeros en darle la bienvenida. Cinco minutos des-

puês toma la palabra el pintor Parresio y dîcele al escultor:

----Nôtase que su semblante refleja un asombro, pero no se preocupe y

por êl que poco a poco ira desapareciendo.

----Verdad que usted percibe en mi rostro eso?---pregunta Kifisodoto.

----No tengo por quê engañarlo, lâstima que aquî no existan los espe-

jos, que nada mejor que ellos para dejar la prueba irrefutable.

----Y por quê no existen?

----Porque no hacen falta, ya que el narcisismo sôlo funciona en el sis-

tema que usted dejô.

----En realidad no son tan amante de los espejos, nunca lo fui. Pero sa-

ben ustedes una cosa?

----Kifisodoto no solo una, sino que sabemos varias, cantidades, saber

que es posible en este sistema----dice Temîsclates de Fuganvilla.

-----Es que en este sistema todo es posible, Kifisodoto, todito. Mas dî-

ganos: cuâl es la cosa?---agrega y pregunta Mildecias de Bapullôn.

-----Que me parece conocerlos de alguna parte, que sus rostros fami-

liares me resultan.

----Kifisodoto, no se moleste por lo que le dirê, pero respecto a lo que

usted acaba (de)cir cuando llegue el momento sabrâ de dônde nos co-

noce, pero lo sabrâ por usted mismo, por su memoria, por sus recuer-

dos.

----Cuândo llegue el momento? Cuâl momento es êse?

----Olvîdese de las preguntas, Kifisodoto, que aquî, si acaso, aparecen

solas las respuestas---clara Parresio.

----Se parecen ustedes a ese cochero que me trajo, el que guardô silen-

cio, me negô respuestas.

----No, pero nosotros no somos igual que êl; somos distintos; nos carac-

teriza la sensatez no por un oficio sino porque es necesaria, porque hay

que aprenderla.

----Y aprenderla para quê, si de todas maneras uno se busca problemas

aun ya aprendida?

----Usted acaba de llegar como para olvidar los problemas..

----Querrâs decir, Mildecias, para olvidar la palabra tal, no?

----Es cierto, Temîsclates, vale la rectificaciôn.

----Kifisidoto, aquî no existen los problemas, aunque todo sea posible,

sea asî---informa el pintor Parrasio.

----Cômo que no?, ni que ustedes fueran dioses.

----Kifisodoto le voy a decir una cosa que usted sî debe saber y para que

no tenga mâs asombro del normal por la llegada a un lugar desconocido,

con irremediable frialdad---dice Temîsclates de Fuganvilla.

----A ver, dîgala!!

----Si se le aparece en su cuarto el capitân orcivo, no lo tome por alguien

que viene a molestarlo o sacarlo de su descanso.

----El capitân orcivo, quiên es êse?

----El conductor mayor, el que impera sobre todos, el que aparece y desa-

parece sin dejar rastro alguno.

----El que impera no es el rey de esta corte?

----El padre de Casandra es tan sôlo un tîtere del capitân; no puede hacer

nada por el hecho de que lo manejen..

---Una estêtica de lo mayestâtico sin silla y sin corona---agrega Mildesias

de Bapullôn.

----Kifisodoto, no tiene usted hambre, no le apremian sustentos por estar

famêlico?---pregunta el pintor Parresio.

----Tan hambriento no estoy, pero no me vendrîa mal comer algo.

----Pues venga con nosotros, que ya cuasi es la hora de la cena.












































 





 


     

Sonntag, 27. November 2022

1069, 7, quinta parte.

     Una hora pasô y tuvo Kosmos dos efîmeras dialogizaciones: la prime-

ra con el cibiosactes; la segunda, y un poco mâs întima por ser de jaez fa-

miliar, con su madre Dido, y la que fue despertada por la resonancia inde-

fectible engendrada por la conversaciôn primera. Ya siendo entonces las

tres de la madrugada, y seguido a la salida del cuarto de la reina, Kosmos

encuêntrase  con Ateriana, la que llevando entre sus brazos al gato Lah y

con la intenciôn infante de empollarlo con su pecho, posiciônabase justa-

mente en medio de un pasillo. Râpido revela que no podîar dormir y por-

que precisamente el felino sentîase acosado por una intensa frialdad, ra-

zôn basta para que maullara incesantemente en vez de ronronear. Mas si

de  suceder una cosa acaeciô la basta como para que Kosmos tuviera sû-

bito la reminiscencia con el primer gato que perteneciô al taumaturgo, y

el  que ya sâbese que encontrô Incitato, empero por la razôn de la fijeza

con  la que el gato mirâbalo, oculaba su semblante sin dejar calaña de y

rechazo o señal de un posible salto de los brazos que calentâbanlo. 

----Al parecer le caîste bien a Lah---dice Ateriana.

----Eso parece, Ateriana, aunque te digo que caerle bien a un gato es y

cuestiôn de tiempo, no de segundos, a no ser que Lah sea una excepciôn,

y como tal un felino que râpido se amista, entra en amistad.

---Sabes que cuando me lo dio el cazador se quedô tranquilo, nada hizo

para no salir de la casa?

----Lo sê ahora que me lo dices, por lo que entonces puedo creer que tû

no le caîste mal.

----Pero dime una cosa: si a mî antes no me gustaban los gatos por quê

ahora sî?

----Hay cosas que pasan en la vida que simplemente pasan, es sencillo

aunque a su vez interesante.

----Mi madre pensô que no me gustaban porque tal vez era alêrgica sin

saberlo.

----De tu madre, que es mi hija, no me extraña su ignorancia, ya que al

decir una cosa como êsa da muestra de ella.

----Y por quê tû no supiste por un tiempo que mi madre era tu hija?

----Ateriana, êsa es una larga historia que entenderâs cuando seas mâs

grande; no te la explico ahora no por no hacerlo, sino por ser un tanto

compleja.

----Estâ bien, estâ bien, ya en algûn momento estarê mâs grande para

que me cuentes. Sabes que a Kôs Lah ya no lo soporta?

----Cômo soportarlo si le cae a caracolazos en los pulvinares.

----Segûn me dijo Kôs, lo hace para saber si el gato estâ acostado en

las almohadas , porque al ser del mismo color que êstas se confunde.

----Almohadas no, Ateriana, sino pulvinares, aunque la funciôn de y

ambos sea parecida: darle comodidad al cuerpo.

----Es que la palabra pulvinares no la acabo de aprender, ademâs que

se me parece a algo que tiene que ver con el polvo.

----Puedo entender el porquê de que te parezca, que yo no estoy muy

lejos de ese camino, oh no!!

----Tû viste alguna vez un gato dorado?

----No!!, hasta el momento ninguno.

----Y no es raro?

----No es cosa de rarezas sino de razas (...) de subespecies.

----Subespecie?

----Sî!!, algo que se divide grupalmente en especie. 

----Ah, eso.

----Por quê no intentas cerrar los ojos, que dormir es necesario?

----Pero para lograrlo vas a tener que cargar tû al gato, porque si se que-

da en mi cuarto serâ imposible.

----No hay problema, dâmelo acâ.

----Y tû quê vas a hacer?

----Hablar con Rubria sobre un sueño que tuve con ella.

----A esta hora hablar con Rubria?

----Deberîalo haberlo hecho desde hace una hora, mas me lo han impedi-

do dos y con êsta tres conversaciones.

----Y a ti que no te gusta hablar.

----Vaya fama que tengo: tremenda!!--dice Kosmos riendo y agarrando a

Lah.


















































 

Freitag, 25. November 2022

La cazuela de Vitelio (1067), 6.

       Non plus ultra de siete horas despuês, lo que traduce que precisamente

eran las dos de la madrugada, Kosmos pasa por palacio despuês de haberse

despedido del leñador de Britania y de Vercingetôrix, con quienes como ya

sâbese mantuvo una dialogizaciôn un tanto dadora, de tal guisa que menos

crîptica a pesar de haber tenido como perîstasis el duir. Mas si algo sucede

con tan sôlo traspasar el umbral de la puerta de palacio y penetrar en el es-

pacio de la corte caracterizado por la ineludible resonancia, es que el cibio-

sactes sâlele al paso, [lo que no significa otra cosa que interrumpir el pro-

ceso de avance con una presencia inesperada]  y para decirle lo siguiente:


---Como Kôs le tira caracoles al gato Lah, tû deberîas hablar con tu hijo lo 

mâs râpido posible para ponerlo al tanto de lo que estâ haciendo el hijo de

tu hijo en la segunda vigilia.

---Câspita!! cibiosactes, y quê resolverîa yo al hablar con Kosmithôs sobre

tan juguetôn asunto a no ser que el juego sea mâs juego aûn?

----Juego, verdad?, evidentemente se nota que no eres tû el que tiene que y

recoger los caracoles.

----Pero, cibiosactes, esa responsabilidad no es mîa sino de Kosmithôs, asî

que yo con eso no tengo que ver nada, na-di-ta. me escucha?

----Si no te escuchase tan cerca como te escucharîa de lejos.

----A pesar de que son las dos de la madrugada tiene usted deseos de sacar

a puesto, a colocaciôn una marranada semântica?, que en el caso de que sî 

tiene frente a usted a un incesante marranador.

----Marranador?, primera vez que oigo esa palabra.

----Y no miente usted al decir que es la primera vez porque acâbola de in-

ventar.

----Yo nunca miento, en todo caso soy mâs sincero por los recuerdos que

por mi propia naturaleza.

----Capto las alteraciones dosificadas de su modo de expresiôn, las que a

mi viênenme de maravilla, mirîficas o suntuosas, por no decir estelares o

cupulosas.

----Y quiên no mejor que tû para captarlas?

----Nadie con sôlo un ojo!!

----Cômo, que tû escuchas con los ojos?

----Allende de mirar con los oîdos!!, pero nôtase que usted no me captô.

----Y acaso es fâcil tal captaciôn?

----Êsa es una de mis ventajas: por quê yo soy tan difîcil?

----Pensê que serîa tu decir: por quê yo soy tan inteligente?

----Eso ya estâ dicho, cibiosactes; pertenece a un artîfice y al ûltimo de

sus libros.

----Y quiên es ese artîfice?

----Olvîdese de esa pregunta y respôndame êsta: Quê hace el gato Lah en

palacio?

----El cazador se lo prestô a Ateriana.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que gato presta-

do inconsciente preñado: la energîa del gato penetra hasta dejar un bulto

en la zona a la que no tiene acceso ni raciocinio ni el cogitans.

----Si tû lo dices...

----No sôlo lo digo, sino asimismo lo mantengo, lo sostengo y lo conten-

go con la verba.

----Y acaso se puede desprender?

----En todo caso podrîase salir de su casilla, pero si la verba sujêtalo...

----Eso pude captarlo, por eso la pregunta, aunque con un fallo en una y

palabra.

----Empero las preguntas puêdense corregir, no?

----Ni la enmiendo ni la arreglo de momento, que las correciones pudie-

ran ser aliciente para que tû sigas haciendo preguntas.

----Y risas de Kosmos.

----Pero sabes una cosa, Kosmos?, y una que me parece digna de men-

ciôn.

----Amplifique usted la acciôn de nombrar, amplifîquela!!

----Que Kôs tira los caracoles con el cochlear, lo mismo que hacîa y tu

hijo cuando pequeño, aunque no fuese a un gato.

----Y siempre usted ha estado presente para recogerlos.

----Quê, te mofas ahora de mî?

----Al contrario, todo en opuesta direcciôn a una mofa.

----Y dime, Kosmos: quê tû haces a estas horas en palacio?

----Porque tuve un sueño con Rubria de lo mâs interesante, y quisiera con-

târselo para que lo repita pero en vivo, aunque le haya dicho al leñador de

Britanîa que no se lo contarîa.

----Entre dicho y hecho hay un gran pertrecho.

----Cibiosactes, quîtele usted a la ûltima palabra el per, que si no ha falla-

do en el decir de otra palabra.

----Se lo quitarê inmediatamente!!

----Age, cibiosactes, age!!

----Se puede saber quê es lo que estâ pasando aquî?, que la conversa y de

ustedes resuena en todo palacio---pregunta Dido.

----Culpa de nosotros no es, sino de la resonancia que hay en la corte--di-

ce Kosmos.

----La despertamos, majestad?

----Cibiosactes, acaso soy un fantasma?

----Claro que no, majestad, la observo en carne y hueso.

----Y tû, Kosmos, ven acâ, que tenemos que hablar.

----Allâ voy, por quê me llamas?


        La desnudez de Dido cuando era joven, la que fue llevada a un cua-

dro por el pincel del sucumbido pintor Parresio en la ciudad del ocio, al-

go que traduce que la pintura cuenta con unos cuantos años de haber si-

do hecha, fue el motivo por el cual Dido dîjole a Kosmos que necesitaba

hablar con êl, menos que para barruntarle sobre la actividad nocturna en

la que entretenîase Kôs, algo ya del conocimiento de Kosmos por habêr-

selo dejado saber el cibiosactes, y nada mâs y nada menos que justamen-

te a las dos de la madrugada, hora en que Kosmos penetrô en palacio se-

guido a terminar la dialogizaciôn que sostuvo en la granja con el leñador

de Britania y Vercingetôrix. 

----Câspita!!, despuês de senecta te has convertido en una lujuriosa, o en

una exhibicionista indirectamente, o sea, a travês de un segundo plano?

---Un poco mâs de respecto, que soy tu madre. Si te hice subir aquî, a mi

cuarto, es para que me dijeras en cuâl otro lugar de este recinto pudiera 

colgar la pintura, que ya lleva una sûmula de años en el mismo lugar; ya

que yo sê, porque te traje al mundo, que tu mirada es buenîsima para de-

tectar ciertas cosas que no puedo percibir yo---dîcele Dido a Kosmos.

----Verdad que no puedes percibir un espacio vacîo en la pared?, que mi-

ra que aquî adentro no hay atiborramiento de cuadros .....

----Por eso mismo!!, porque hay demasiado vacîo, por eso.

----Entonces la nueva posiciôn serîa como un solvento contra lo huero en

cantidad donde descolla la nada.

----Tû crees que a esta hora, dos y veinte de la madrugada, yo estoy para

escuchar tus barbaridades semânticas?

----Quê?, que mis barbaridades sôlo pueden ser posibles en un horario y

determinado? Quê barbaridad, tremenda!!

----Kosmos, me vas (a)yudar o no?

----Dame unos minutos, que non plus ultra de êstos para dar con la prôxi-

ma colgadura del cuadro.

----Te los doy, concedidos!! 












 






  
















































 







Dienstag, 22. November 2022

La cazuela de Vitelio (1067), 5.

      El gato prestado por el cazador a Ateriana caminaba por encima de 

los pulvinares; en los momentos en que acostâbase podrîa no ser perci-

bido desde lejos, porque al ser su color de piel âurea, el mismo color y

de los nuevos cojines comprados por Dido y traîdos directamente des-

de Nemea, hacîase difîcil la distinciôn desde la distancia. Comparâbalo

el cibiosactes con el lêon de êsta misma regiôn, parangôn posible espe-

cîficamente mâs por tal color que por resultar un pernicio mortalîsimo

para  cualesquier hêroes que intentaran desafiarlo, empero que hasta y

un buen dîa que Heracles lo matô sin decirle nada a Onfalia, mutismo

que  eludirîa que êsta llegara a cogerle o un titânico cariño o una ficti-

cia apreciaciôn. Pero habrîa que decir, y como estrategia prâctica utili-

zada para saber desde lejos sî Lah estaba entre los pulvinares acostado,

que Kôs lanzaba seguida o incesantemente con el cochlear caracoles y

que sacaba de sus dos bolsillos; como si êstos, con su orificio, facilita-

ran el adecuado cargamento. Al tener un tremendîsimo êxito la susodi-

cha estrategia, porque tan sôlo con los primeros caracoles que golpeâ-

banle la testa Lah salîa corriendo, Kôs la repitiô cuasi siempre llegada

la segunda vigilia, momento en que la nocturna dejaba calaña indubi-

table de su oscura juventud. Con el pasar del tiempo no dudô el cibio-

sactes  en creer que nadie mâs tenîa que ver con el reguero de caraco-

les que Kôs; sin embargo, que la comprobaciôn en vivo de lo hacede-

ro a hurtadillas deja una especie de valoraciôn estimable por el que y

lleva a cabo un acto totalmente a escondidas, segûn el basamento de

una  filosofîa aprendida en Alejandrîa, que aunque no tenga constan-

te  aplicaciôn es  por su resonancia apreciada, una noche entregôse a

la actividad de vigilancia a raîz de terminar con su diario trabajo. 

      Dido ya habîase preguntado----el cibiosactes nunca habîale dicho

a la reina de la cantidad de caracoles que recogîa cada noche en y en

derredor de los pulvinares----por quê Kôs metîase una sûmula consi-

rable  de aquêllos en los bolsillos, y algo de lo que percatôse al final 

de la cena en el Triclînuim; sin embargo, allende de sentarse siempre

al  lado de Kôs, Sunev estaba completamente ajena a lo anteriormen-

te dicho, aunque no de que êste mantuviese vigente la misma costum-

bre de su padre cuando era niño, y con la que algunas veces cumplîa 

en el recinto susodicho y la vista de todos los presentes en êl. El dar-

se  cuenta (o la percepciôn) de la reina fue el motivo concreto por el

cual êsta propûsose vigilar a Kôs, seguirle los pasos y a la zaga de y

su sombra (pequeña mas no imperceptible) dejada a raîz del comien-

zo de la segunda vigilia. Pasada media hora, momento en el que Kôs

posiciônase  a unos  (aproximadamente) cinco metros de los dorados

pulvinares, divisa Dido que el cibiosactes escondîase justa y exacta-

mente detrâs de una de las columnas dôricas erigida de la parte dere-

cha de palacio, la parte que apellîdase opuesta por estar Dido en la e

izquierda. Sigue entonces que la reina, y poniendo sumamente cuida-

do en el traslado de una parte a la otra, va a unirse con el cibiosactes.

Êste, que ni se imaginaba que la reina iba a aparecer, ya que normal-

mente  a esa hora ya habîa traspasado el umbral de la puerta ingente

de su cuarto, al sentir un toque en la espalda empieza a gritar por el

susto efîmero padecido, ya que al ser un acêrrimo creyente en los la-

res  capitales pensô que alguno de êstos venîa a responsarlo por la y

actividad a la que entregâbase. Seguido pasa que entonces dîcele Di-

do:

----Mire que usted es exagerado, cibiosactes, que tampoco era para

tanto como para comenzar a gritar.

----Usted me disculpa, majestad, pero cômo iba a saber que era us-

ted?, que por costumbre ya estarîa en su cuarto a esta hora.

----Diariamente es asî, mas como vi que Kôs metîase una cantidad

tremenda de caracoles en los bolsillos quise saber con ellos quê ha-

cîa. Por alguna casualidad sabe usted algo de eso?

----No lo sê, mas lo sospecho y querîa comprobarlo.

----Y quê sospecha usted, cibiosactes?

----Que Kôs le dispara con el cochlear los caracoles al gato Lah.

----Y por quê Kôs hace eso?

----Eso no lo sê, majestad, lo ignoro, tendrîa usted que preguntârselo

a êl.

----Bueno, serâ en otro momento, porque con sus gritos Kôs abando-

nô la posiciôn en la que estaba.

----Lo siento tanto, majestad, pero como usted domina de que soy un

fanâtico creyente de los lares capitales pensê que el toque en la espal-

da...

----Deje deje, no me lo diga que puedo entenderlo, que yo en algûn y

momento de mi existencia pensê en algo parecido sin tener que nada

ver con fanatismo. Y ahora me voy que el sueño me llama.

----Buenas noches, majestad, buenas noches!!

----Lo mismo para usted, cibioscates.















  




 



 





   




 


 




 




Sonntag, 20. November 2022

La cazuela de Vitelio (1066, 4)

      La conversa empezada bajo la protecciôn de la sombra del tejo conti-

nûa en la granja del leñador de Britania, y por la razôn concreta de que al

viento  del sur uniôse otro del norte con un pneuma insoportable, y de tal

modo, forma y manera causante de la pertinente o la tempestiva pejigue-

ra sobre todo en el semblante. Un tanto ornamentada por la pincelada ver-

ba de Kosmos, empero no exactamente anâloga a la que por ethôs en la 

Kosmona repîtese salida de la lengua de êste, porque en lo atinente a lo 

expresivo  retocado  con recursos retôricos  el leñador de Britania no era 

el  interlocutor adecuado para salir incôlume del embate semântico de sî-

miles y metâforas que penetrarîa por sus oîdos con reciedumbre inexora-

ble, la conversa  fluîa con tremenda elegancia, pero hasta llegado el pro-

picio momento en que el leñador de Britania la interrumpe para amplifi-

car este barrunte taciturno:

----Siento una soledad insoportable en la granja sin la presencia de la y

oveja Capricho; no cesa ni aun con los años que han pasado; tiene mâs

fuerza de noche cuando impera el mutismo o cuando es la lluvia la que

le quita la aridez al suelo.

----Y cuântos años son, leñador?

----Ocho, Vercingetôrix, ocho años ya de su muerte.

----Y las otras ovejas que usted tenîa, leñador, no pudieran ser dadoras

de un entretenimiento?---pregunta Kosmos.

----Las vendî una semana despuês de la muerte de Capricho, porque y

cuando las miraba me recordaban a êsta, ademâs de que por aquel enton-

ces mi necesidad de peculio era bastante grande.

----Câspita, leñador!!, y por quê usted no hablô con mi madre, que usted

sabe que pudiera haber dâdole un prêstamo?

----No creas que no lo pensê, Kosmos, pero me resultaba preocupante y

una cosa: cômo iba a devolverle el prêstamo si por aquel entonces nadie

me compraba la madera. De dônde, entonces, pudiera sacar yo el dinero?

----Leñador, que todo tiene una soluciôn.

---Kosmos, me disculpas, pero en cuestiones de dinero, de deudas, no y

creo, nunca he creîdo en tales soluciones.

---Precisa-flagrante-impepinablemente no creerlo tiene su consecuencia.

----Leñador, y la campesina no hubiera podido ayudarlo con el dinero de

los candelabros que vendiô en el estrecho de España?

----Cômo, Vercingetôrix, usted cree que ella tiene aûn ese dinero, que y

me ayudarîa a mî, quien la metiô en un baûl con esos candelabros, y has-

ta tuvo que pasar por un secuestro en tal estrecho?

----Da calaña usted, leñador, de una especie de pesimismo al ponerle a

una pregunta el cômo, adverbio que de trasfondo cuenta con una disfra-

zada negaciôn.

----Ay, kosmos!!, como se nota que tû lo tienes todo, que no pasas tra-

bajo, que no te salen ampollas en las manos por agarrar durante varias

horas un pesado hacha para cortar troncos de ârboles.

----Leñador, que sôlo las Parcas saben el anankê que tejieron; dominan 

y saben un fin, una meta.

----Ni tû con tus teorîas ve vas a quitar la soledad que siento ni las Par-

cas tejiendo destinos tampoco.

----Nôtase que la soledad ha incrementâdole la actitud pesimista, la in-

cesante o continua inaceptabilidad, que si no la negaciôn.

----Leñador, y quê tal la actual situaciôn de compra de la madera?

----Vercingetôrix, estâ mucho mejor que antes, mas no por mejor deja

mucho para vivir.

----Pero por lo menos lo necesario?

----Lo necesario sôlo cubre.

----Y eso ya no es algo, aunque no sea mucho?

----Y algo necesario para satisfacer la necesidad---agrega Kosmos.

----La sacîa, indiscutiblemente---dice Vercingetôrix.

----Pero no todos tenemos las mismas necesidades----acentûa el leñador.

----Câspita!!, no todos las mismas mas no difieren las bâsicas.

----Las bâsicas se mencionan por primera vez, que se hablaba de lo nece-

sario, que no de las necesidades bâsicas.

----Capto que es buena su concrentraciôn, leñador.

----Kosmos, el hecho de que sienta una soledad insoportable no quiere y

decir que estê despistado, perdido entre palabras.

----Pudiera ser que al incrementarse el pesimismo...

---Pudiera ser nada, kosmos, me oyes?, nadita!!, asî que deja el hipotêtico 

que mi granja no es la Kosmona.

----Hipo-têtico!!

----Quê quieres decir, Kosmos, con esa separaciôn?

----Hipo de tetas!!

----Cômo que hipo de tetas, quê dices?

----Y risas de Vercingetôrix que dice: leñador, no se lo tome muy a pecho

que va derecho al juego Kosmos.


       Unos minutos despuês de haber escuchado lo ûltimo amplificado por

Vercingetôrix, ya que al estar siempre su magîn activo hasta la mâs cosia-

ta verba no quedarîa exenta del alcance pudiente de su imaginaciôn, Kos-

mos  procesa con la ayuda de êsta eso de que êl mismo "va derecho al lû-

dico". Como resultado de este proceso queda anulada la posibilidad de la

existencia de un punto fijo, y el que representa el centro de una cosa. Ha-

brîa  que pensar, entonces, que  quedarîa descartado el acceso cualitativo

superior a êste, lo que a su vez conlleva a no tener en cuenta la linealidad

de las mârgenes que permiten a los pasos el arrumbamiento direccional.

----Kosmos, yo que estoy acostumbrado a las expresiones de tu lengua y

a las complejidades que salen de tu imaginaciôn, necesito que me diluci-

des lo que acabas (de)cir---pide Vercingetôrix.

----Vercingetôrix, que aunque usted haya sido el que diome pâbulo de y

abrir la puerta, revêlole sobre el pucho, que lo que tuve en cuenta para y

procesar lo anterior fue la siguiente proposiciôn: Se accede mejor al cen-

tro de las cosas a travês de las mârgenes.

----Kosmos, y por quê te complicas tanto?---fisga el leñador de Britania.

----Êsa es una pregunta difîcil de responder, leñador, tantîsimamente de

tal jaez.

----Pareces un druida.

----Por quê, por tener los conocimientos del duir?

----A ti sî que no se te va ninguna!!

----Quê usted cree, Vercingetôrix?---pregunta Kosmos.

----Que como dices tû: punto a la raya y que continûe la letra.

----Allâ voy con la siguiente, con la prôxima despuês del punto, con la e

inmarcesible y, como tal, lozana.












  




 






















































   

Donnerstag, 17. November 2022

La cazuela de Vitelio (1065), 3

    Un dîa antes de las calendas, que tambiên de que visitase Kôs y Ateria-

na al cazador, conversan (casualmente?) protegidos por la sombra del tejo 

el leñador de Britania y Vercingetôrix.  Aquêl revelô, entre otras cosas, el

tedio que comenzô a padecer en la granja unos meses despuês del sucum-

bimiento de la oveja Capricho, y que recientemente habîa cortado con un

afiladîsimo  hacha un tronco de roble del que saldrîa la madera que paga-

rîa el cazador para mandar a hacer una hermosa mesa para cuatro comen-

sales, y la que segûn êl pondrîa en un sucucho de la cocina. Mas sucediô

que sûbitamente Vercingetôrix, y mâs por lo del roble que por lo del abu-

rrimiento, toma la palabra para decir lo siguiente:

---Sabe usted, leñador, que cada vez que escucho la palabra roble, el duir,

padezco de un estado compulsivo que me domina de arriba a abajo, ya y

que tal ârbol representa la sabidurîa del bosque; es el mâs sagrado para y

los druidas, de hecho podrîase traducir la palabra druida como "quien po-

see los conocimientos del roble. ademâs de significar duir "puerta", de y

ahî que el ârbol simboliza "el portal del conocimiento".

---He escuchado tambiên, Vercingetôrix, que muchos rituales druîdicos

se llevan a cabo en robledos sagrados, los que celêbranse alrededor del

veinte de Marzo.

----Debo decirle, leñador, que es cierto lo de los rituales druîdicos, pero

no que celêbranse en esa fecha, que mâs bien es la que señala la fiesta y

de Ostara y que tiene lugar con el equinoccio de Primavera, êpoca en la

que se venera a Cernunnos, señor de los animales y del bosque. Pudiera

existir aquî una confusiôn, o que si no un pastiche por la razôn de que y

al  estar el roble en el  bosque hâyase mezclado con el señor del bosque,

o algo parecido, en el caso de que no me haya explicado bien. Y otra co-

sa, antes de que se me olvide: el rey roble gobierna durante los meses y

de verano.

----Lo he entendido perfectamente, Vercingetôrix, no se preocupe.

---Es que no soy Kosmos como para honrar a la verba con palabras mâs

sofisticadas y precisas, o con una dilucidaciôn mâs elegante en conteni-

do y forma.

----Hablando de Kosmos, mire usted quiên viene por ahî.

----Allâ voy, por quê me llaman----dice Kosmos a tres metros del tejo.

----Y cômo supiste que estâbamos aquî?---pregunta Vercingetôrix.

----Câspita, Vercingetôrix, que ya sabe usted que lo ûnico que sê es que

no sê nada.

----Sî claro, un epîmone robado al padre de la mayêutica.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que en caso se

lo tomê prestado y pronto devuêlvoselo---dice Kosmos riendo y pregunta

raudo: cuâl es la perîstasis de la dialogizaciôn en curso?

----Perîstasis?, ni que estuviêramos en la Kosmona---dice el leñador.

----Hablâbamos, Kosmos, del duir---deja saber Vercingetôrix.

----Y punto a la raya y que continûe la letra, in casu por mî mismo. Abran

oîdos y escuchen esto: Carrizo, negro, puerta y audacia.

----Kosmos, pâjaro, color, significado adivinatorio y significado.

----Vaya quê manera de entenderse ustedes bien---dice el leñador de Brita-

nia.

----Producto del tiempo, del estar juntos, de compartir la misma mesa.

----Kosmos, redonda y no cuadrada---especifica Vercingetôrix.

----Precisamente por una mesa es que entrô en conversa el roble.

----Amplifique usted la dilucidaciôn, leñador, amplifîquela!!----pide Kos-

mos.

----Le contaba a Vercingetôrix, que recientemente cortê un tronco de roble

del que saldrîa la madera con la que el cazador harîa una mesa.

----El cazador haciendo mesas, ahora es carpintero?

----No, Kosmos, no, no la hace êl, sôlo compra la madera.

----Un mal enfoque, leñador, no queda exento de la posible consecuencia.

----Ya le advertî de la precisiôn con la que cuenta Kosmos para honrar a la

verba.

----Ya sê, Vercingetôrix, ya sê---dice el leñador de Britania.

----Y traîdo a puesto, a colocaciôn el cazador, saben una cosa?

----Dila antes de que la sospechemos---suelta Vercingetôrix.

----Que Kôs querîa visitar al cazador, y no para ver la mesa sino al gato Lah.

----Querîa, y ya no quiere?

----No, leñador, es que no sê si ya fue o no.

----Pero que nombre mas raro; nunca lo oî.

----Pudiera ser êsa la res, por no ser el ônoma comûn; de carecer de resonan-

cia en nuestro continente dêbese al poco caso que hâcesele a la Luna: es de y

extrañar que hayan tantos ciegos?

----Hemêra esti siempre para nuestros habitantes.

----Y desde cuândo habla usted griego, Vercingetôrix?

----Leñador, en la Kosmona se aprende a hablar otro idioma de gratis; o me-

jor dicho, se aprenden palabras de otra lengua.

----La exactitud, la justeza en el hablar es relevante---dice Kosmos.

----Que un mal enfoque tiene sus consecuencias.

----Êsa es la res, Leñador, êsa!!----afirma Kosmos.


       Mas seguido a un fragmentado anâlisis, educirîa Kosmos lo siguiente: si

el duir posee conocimientos, entonces el cazador tendrîa en la cocina, y espe-

cialmente en el sucucho donde pondrîa la mesa, el privilegio de contar con y

un rincôn con resonancia amên que con lumbre conspicua, lo que no traduce

que  con la tenencia de êstas, dos dadorîas con un ingente rol en el escenario

del mundo, fuese garante la transformaciôn del cazador en druida, la que a la

postre y al cabo ni tan siquiera hâcele falta, porque de facto al dominar la cu-

pulosa materia de la magia ya tiene la posibilidad de lograr êl mismo una sû-

mula de cambios en la circularidad existencial, de modificaciones [que si no 

de alteraciones] pudientes y beneficiosas engendrantes a su vez de efectos y

de  consecuencias, mediando la posible diferencia entre un taumaturgo y un 

druida, en que si êste aprovecha una sûmula de cambios para mantener el vi-

gor y la fricciôn de los componentes naturales; aquêl para brindar sorpresas

y dadivar  novedades tanto a un no iniciado como a un politeîsta, por no de-

cir a un pagano que apellîdase acêrrimo.  




  

















 






















     

Dienstag, 15. November 2022

1064, 2.

          Cinco años llevaba colgada la testa del tejôn, la que podîase ver sin 

ôbice de ningûn tipo desde uno de los sucuchos de la cocina de la casa del

cazador, rincôn seleccionado por êste para poner una de roble mesa espe-

ciosa y la que por su tamaño admitîa la sûmula de cuatro comensales; que

en el caso de crecer a cinco o a seis podrîa improvisarse. Precisamente, y

por la ausencia de algûn obstâculo que imposibilitârale a las retinas algûn

gozo o asombro visuales, es que Ateriana contempla la testa con suma fa-

cilidad, aunque un tanto impresionada por jamâs haber visto una disecada

ni tan siquiera en onîricos breves o largos. No podrîa ser otra la razôn que

êsta para hacerle ipso facto una pregunta al cazador:

----Y cômo es el proceso de disecaciôn, cuânto dura?

----Es un poco complejo explicar sobre la taxidermia, y en mi caso me re-

sulta aûn mâs difîcil por no hallar, para la explicaciôn, las palabras adecua-

das.

----Y tû, kôs, sabes algo sobre eso de la taxidermia?

----No, Ateriana, no!!, no he leîdo nada sobre eso hasta el momento, pero

saben una cosa?, apunto la palabrita.

----Mira, Kôs, aquî tienes tinta y papel.

----Gracias, cazador, gracias!! Sabe usted cazador lo que hubiera hecho y

mi abuelo con tal palabra en la Kosmona?

----No me extraña de Kosmos que despierte la participaciôn de los conter-

tulios con uno de sus premeditados haceres 

----Quê, Kôs, quê hubiera hecho?---fisga Ateriana.

----Hubiera dividido la palabra en dos, o sea, taxi-dermia.

----Y cuâl serîa la participaciôn de los contertulios en esta divisiôn?

----Abriendo una polêmica que tendrîa incluida la correspondiente signifi-

caciôn de ambas palabras.

----Y quê significan?

----Taxi: determinar o establecer el precio de algo; dermia: capa de piel.

----Parece un juego con la palabra.

----Pero, Kôs, tû tambiên como que participas, fuera de la kosmona, en el

juego que en êsta tiene lugar---dice el cazador.

----Explique el porquê de lo acabado (de)cir, cazador.

----Porque capa de piel es dermis, no dermia.

----Nos tomas como tus juguetes, Kôs?

----Ateriana, no es que yo juegue con ustedes, sino que mâs bien que uste-

des jueguen conmigo, pero como el cazador rompiô la posible jugarreta, el

juego no se dio.

----Bueno, que les parecen los champiñones, infantes?

----A mî me encantan, cazador; estân exquisitos---responde Ateriana que di-

ce: y Lah como que me mira para que le dê de comer.

----Ya ha comido bastante, asî que no le des nada, ni tan siquiera uno---dice

el cazador.

----Y yo dirîa que los probê, porque no los habîa probado, pero que no los y

pruebo mâs, porque me resultan una banalidad probarlos, ademâs de que no

saben a nada.

----Que no sepan a nada no quiere decir que no sean ricos en proteînas, Kôs.

----Bueno, cazador, rellênese de proteînas usted.

----Banalidad probarlos dices? Quê dices?---pregunta Ateriana.

----Ateriana, que cada lengua es un mundo y, en este mundo, hay mâs que

una billonada de lenguas.

----Por estadîsticas la cantidad o por inventos tuyos?

----Sî, Kôs, cômo sabes que hay mâs de una billonada?---fisga el cazador.

----Con esta pregunta usted se parece a mi abuelo; el que busca, hasta en la

mâs mînima cosa, el enanito verde, como si fuese un alquimista que levân-

tase temprano para cumplir con el intentar hallar.

---Aceptado como una metâfora que excitarîa mâs a Epîdea de Acopios que

a mî.

----Cazador, como una metâfora?

----Sî, Ateriana, "buscar hasta en la mâs mînima cosa el enanito verde"

----Me ha dicho mi padre, que ese Epîdea de Acopios fuma chicha otomana.

----Asî es, kôs, la fuma---dice el cazador.

----Y quiên es êse?---pregunta Ateriana.

----Un alquimista!!---afirma Kôs.

----Y de dônde tû lo conoces?

----No he dicho que lo conozco. Quê, no estâs concentrada en la conversa-

ciôn, en lo que se va diciendo?

----Es que la testa del tejôn me llama mucho mâs la atenciôn; cuando la mi-

ro me parece que me mira como si me conociese.

----Cazador, seguro que sôlo contienen proteînas los agaricus bisporus?

----Por quê preguntas eso, Kôs?---pregunta Ateriana.

----Yo sê por quê lo pregunta, Ateriana, mas le respondo: sî, sôlo proteînas

tienen, no otra cosa---dice el cazador.

----Ah, mira, Ateriana, ya llegaron los dos guardias bâtaros para recogernos

y llevarnos a palacio---dice Kôs.

----Y cômo sabîan que estâbamos aquî?

----Porque le dije al magister equitum que venîamos acâ.

----Y por quê se lo dijiste?

----Porque me pregunto adônde îbamos, que si no le digo no nos deja salir y

de palacio...

----Por seguridad serâ, no?

----Asî es, cazador, por eso y por responsabilidad, que si nos pasa algo Dido

lo expulsa de la corte.

----Cazador, me presta su gato por unos dîas, que de la costura no sôlo vive

una infante?---pregunta Ateriana.

----No puedo asegurarte cômo se sentirîa en un palacio, pero en el caso que

de muestra de rechazo me mandas a decir y lo voy a buscar. Y mira, llêvate

unos cuantos agaricus bisporus, que les fascinan a Lah.

----Gracias, cazador, gracias!!, que bueno que es usted.

----Y hasta la prôxima, cazador, hasta la prôxima vez.

----Hasta la prôxima, Kôs!!












































 





  










  

Freitag, 11. November 2022

La cazuela de Vitelio (1) Quinta parte: Kôsmythos (Kôs) y Ateriana.

    OCHO AÑOS DESPUÊS.


       Con el pasar del tiempo quedôse consumiendo el cazador, como hon-

tanar proteico, la dosis diaria de agaricus bisporus, sin quedar descartado

que influya la costumbre, la que allende de ser madre de unos cuantos vi-

cios, sean buenos o malos, criticados o ensalzados, compartidos o por ra-

zones de sensatez secretos, conserva la fijeza conocida de entramados ru-

tinarios o monôtonos, en el caso de que pudiêrase hablar de estructuras e

inmôviles con cierta y determinada cercanîa, y las que a su vez permîten-

le al cognoscente tener una conducta algo ponderada, menos que comple-

tamente equilibrada porque el sujeto que conoce de facto sabe que es im-

posible la perfecciôn, a no ser que vêala posible bajo el efecto efîmero de

un afrodisîaco ilusivo, el mismo que la verdad ocûpase de paulatinamen-

te dirimirlo, (de)rruirlo poco a poco con su presencia existencial. Agrega-

rîase que cada vez que consumîalos echâbale una miradita al gato, el que

ya un tanto crecido posicionâbase al frente de la mesa, mas sin mover ni

tan siquiera la cabeza, momento ideal o tempestivo para compararlo con

una pequeña estatua hecha en Egipto y onomada Lah, siendo este senec-

to nombre [comûn de la Luna] el que pûsole al felino, Empero con el pa-

sar del tiempo êste insôlitamente empezô a ingerir a fanegadas los cham-

piñones; comîaselos tan de prisa que en algûn momento pensô el cazador

que podrîase atorar, de tal guisa que hasta ora ni paso por un instante in-

grato ni por uno pernicioso, aunque tampoco por otro en el que periclita-

se su vida. Asimismo con el tiempo fue amigândose con un senil e intrê-

pido ratôn que salîa por la noche a comer cualquier cosa que encontrâra-

se, cualquier resto de sustento a su alcance, mas que nunca por un peda-

zo de queso porque de facto el cazador rechazaba los derivados lâcteos;

que si no, y para decirlo mejor, los destestaba, sin que a ciencia cierta o

realmente  a nadie le hubiese  (hubiêrale) revelado el porquê del aborre-

cimiento. El cazador, entonces, no oponîase a la atingencia amistosa en-

tre el ratôn y Lah; es mâs, y algo asimismo que sucedîa en plena noctur-

na, al sentirlos correr por cuasi toda la casa quedâbase en su cuarto para

no interrumpir lo que entre ellos serîa un juego ideal: el gato corriendo a

la zaga del ratôn o viceversa, lûdico que aproximdamente duraba de una

a hora y media, a excepciôn del fin de semana que alongâbase un poqui-

tico mâs, a saber, de una hora y media a dos, sin que el porquê de tal di-

ferencia ostensible quedârale, ya que a la postre y al cabo el juego siem-

pre era el mismo y en la misma casa, allende que protegido por una ma-

yûscula sombra, la que es garante de que una imago agrandece en la pa-

red, o de que una mîmesis ampûlese en los pintados ladrillos.  

      Mas dirîase que por el gato, no por el ratôn, es que Kôs hâcele una

visita al cazador un dîa despuês de las calendas, y precisamente este dîa

por el desdên que tenîale al comienzo del mes, amên que con la conco-

mitancia de Ateriana, la que traîa puesto un vestido hecho por ella mis-

ma y terminado recientemente. Fue con el pasar del tiempo que Ateria-

na comenzô a sentir amor por los gatos, que fue atreviêndose a acercar-

se a ellos y pasarle la mano, y bien que sabîalo Kôs, el que cuatro años

atrâs fue testigo del rechazo de aquêlla por los felinos, rechazo que co-

mo tal carecîa de alguna explicaciôn o del porquê para entenderlo, de y

una argumentaciôn lôgica a partir de un suceso empîrico que lo justifi-

cara, de ilusiones fragmentadas de la cuales podrîa extraerse la posibi-

lidad de verlo como elemento compositivo de una grisalla fantasmagô-

rica que obnubila a la conciencia o que de ella apodêrase, mas sin que

llegue  lo cegante y el hacerse dueño hasta un punto conflictivo donde

confluirîan  razones ya un tanto endebles, desprovistas de la lînea que

facilitarîales continuar dando certezas y verosimilitudes.

----Cômo, ustedes en mi casa?, vaya honor que me hacen los infantes!

----Cazador, es que ya supe por mi padre del crecimiento de Lah y de

que juega con un ratôn, lo que a mî no me interesa, mas que no dejo y

de reconocer que no es algo normal---dice Kôs.

----Tû padre estaba conmigo, estâbamos juntos el dîa en que yo me y

encontrê al gato, el que por aquel entonces no tenîa nombre..

----Cazador, fue el dîa en que mi padre se dirigîa al pasadizo, no?

----Asî es, Kôs, êse fue el dîa, êse!!---afirma el cazador que pregûntale

a Ateriana: Y dônde compraste ese vestido bonito?

----Comprarlo?, lo hice yo misma, cazador; es mi trabajo de cuasi dos

meses.

---Verdad que cuasi dos meses? No es demasiado tiempo para hacer un

vestido, Ateriana?

----Ni mucho ni poco, sino el que yo necesitê.

----Deberîa preguntarle, cazador, por la cantidad de pinchazos que se y

se dio en el dedo en esos dos meses---dice Kôs.

----A ver, muêstrame, ensêñame el dedo, Ateriana.

----Mire, aquî estâ, cazador, obsêrvelo.

----Pero si parece un colador en vez de un dedo. Cuântos dolores has te-

nido?

----Dolores ninguno, cazador, sôlo ardentîas, sôlo eso.

----Pero infantes, pasen adentro, si es que quieren ver al gato.

----Al parecer Lah quiere vernos a nosotros---dice Ateriana.

----Es raro que venga a recibir personas, que no es muy social que diga-

mos.

----Parece que tû le gustas, Ateriana, porque se te ha quedado mirando y

fijamente---dice Kôs.

----Puedo cargarlo, cazador?

----Lentamente, Ateriana, porque ademâs de antisocial es arisco.

---Dice mi abuelo, cazador, que huraño y no social son dos palabras muy

parecidas, cual diferencia mayor entre ellas es sôlo la cantidad de letras.

----Kôs, tu abuelo es un provocador; le encanta el juego, aunque con cier-

ta seriedad, y al que sîguele su hijo, o sea, tu padre.

----Pero tambiên es mi abuelo, porque la campesina es su hija.

----Ya sê, Ateriana, abuelo con la carga de dos nietos: los infantes presen-

tes!!---afirma el cazador que pregûntale a Kôs: Ya te contô tu padre sobre

la cabeza del tejôn por mi regalada?

----Que fue la primera cabeza que regalada recibiô..

----En realidad la ûnica y ûltima, porque no le regalê mâs ninguna, subra-

yo y claro.

----Y la que despuês de algunos años de regalada puso en el centro de la y

mesa redonda y la destrozô un gato.

----Parece que los gatos se repiten en Bedriaco---suelta Ateriana.

----Increîble que mi gato en tus manos ni proteste emitiendo un ronroneo.

----Cosas que pasan, cazador---dice Ateriana que revela: A mî no me gusta-

ban los gatos, hace un tiempo no.

----Mâs insôlito aûn, mâs crîptico!!

----Referente a enigmâtico, agregarîa algo.

----Quê, Kôs, quê?---pregunta el cazador.

----Que Lah ya coma champiñones.

----Sabes que yo supe de un perro que ingerîa boniatos?

----Boniatos en vez de huesos?

----Era esperada la pregunta, Ateriana; cualquiera la harîa.

----Por mis lecturas he sabido que no es enigmâtico, sino funcional.

----Funcional dices tû, has dicho?

----Sî, cazador, lo acabo (de)cir---responde Kôs.

----Y por quê es funcional?

----Porque mantiênele el boniato suave el pelo.

----Quê dices, verdad?---pregunta Ateriana.

----No he dicho una mentira, Ateriana, no!!

----No desean probar unos frescos agaricus bisporus que tengo, casi aca-

bados de recoger de la humedad del bosque?

----Nunca los he probado---dice Kôs.

----Sî!!, que a mî si me gustan.

----Pero te digo una cosa, Ateriana, y que no es otra que para comerlos y

con tranquilidad deberâs soltar a Lah, que si no te quitarâ los champiño-

nes de la mano.

----De acuerdo, cazador, de acuerdo.

----Entonces vâmonos a la mesa, donde comenzarâ el âgape de los agari-

cus bisporus.

----El âgape?

----Dêjame decir, que sê lo que digo, Kôs.



































































 

 









  


                                            

Freitag, 4. November 2022

La cazuela de Vitelio (1062)

      Resonante la noticia en la Kosmona del gato metido en la cesta; aunque 

no menos la de los agaricus bisporus que empezô a ingerir el cazador por y

razones concretas de carencia de proteîna. No harîa falta decir que en lo to-

cante a lo insoslayable sôlo una y ûnica voz es la encargada  (que si no la y

responsable) de conducir la verba de manera que no pierda su encajamien-

to en el serio ludere, la que seguido a una sofocaciôn expresiva y un lasca-

miento menester podrîa terminar su viaje satisfactoriamente en los en lon-

tananza  maderos propiedad de Portuno, dando igual que êste ignore total-

mente de dônde procede y cômo pudo llegar exenta de los pneumas que y

de facto impulsan. Fue la voz, entonces, que amplifica lo siguiente:

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que no harîa fal-

ta un gentilicio para sacar la trompeta y honorizar el arte de la cesterîa, el

que alcanzô su desarrollo y perfecciôn en el inveterado Egipto.

----Kosmos, el mismo lugar donde son muy queridos los gatos.

----O sea, que tienen tanto el gato como la cesta una que muy buena rela-

ciôn.

----Sin duda ni sospecha, didâscalos, êsa es la res, êsa.

----Este dato o detalle no lo tuve en cuenta.

----Y cômo, Kosmithôs, si mâs estabas al tanto de la carne del conejo que

del dato o del detalle.

----Contra, didâscalos, que usted me ha traicionado al decir lo que dijo que

le pedî no lo dijera---dice Kosmithôs.

----Entre nosotros no hay felonîa sino fraternidad.

----Lo fraternal entre comillas destacando el verbo---suelta Kosmos.

----El afecto perfecto que a nosotros perfecciona.

----Vate, que esta movidilla verbal suena como matraca china.

----Mejor como eso que como crôtalo.

----Si me quieres fastidiar dîmelo para empezarlo a tocar---anuncia Kosmi-

thôs mirando al vate.

----No deja, que te diste cuenta del fastidio.

----Kosmos, reconoces esto: Quien hace un cesto, hace ciento!!

----Didâscalos, una amplificaciôn alcheringosa aludiente a la variedad, no

al nûmero. Mas ora tôcame a mî, escuche. Tres años dura un cesto; tres y

cestos es la vida de un perro; nueve, la del caballo; veinticinco cestos vive

un hombre, y un elefante muere a los ochenta y un cesto, fenece, sucumbe

o acabôsele ser elefante. Por lo oîdo quê dîceme?

----Que el contar del tiempo por los campesinos de Oriente era por cestas,

no por años.

----Câspita!!, diez puntos por la respuesta.

----Esto me resulta cômico.

----Amplifique usted, Vercingetôrix, quê es lo que cômico resûltale.

----Kosmos, que el sumo sacerdote de la ciudad babilônica de Lagash utili-

zaba el cesto como corona.

----Utilizamiento tan ya senecto en el tiempo que muy pocos acuêrdanse.

----En un cestillo de mimbre blanco encerrô una deidad el corazôn palpitan-

te de joven enamorado Zaegro.

----Didâscalos, trae a puesto, a colocaciôn a la diosa de amores trâgicos..

----Que cuâl serîa, Kosmos?

----Didâscalos, puêdome reîr?

----Deja la risa y di cuâl es la diosa---pide Kosmithôs.

----Minerva, la dueña del estrîgido.

----No!!, quê dices?, es Atenea---dice el didâscalos filosôfico.

----En quê quedamos, la una o la otra?

----Ves el porquê de la posible justificaciôn de mi risa?

----Kosmos, y cuâl es el porquê, dîmelo, amplifîcalo!!

----Porque trâtase de la misma diosa: Atenea es Minerva y Minerva es Ate-

nea.

----Kosmithôs, es que Minerva es de la parte latina; Atenea, de la aquea.

----Gracias Didâscalos!!, usted tan servicial y bueno como siempre.

----De nada, Kosmithôs, de nada!!

----Yo aportô a la conversa lo referente a las procesiones de cestos mîsti-

cos.

----Temîganes, en honor a Baco y a Afrodita?

----Sî didâscalos, en honor a ellos.

----Suelte el aporte, Temiganes, mueva su lengua---dice Kosmos.

----Los cestôforos en las procesiones mîsticas y entendedores de los secre-

tos del amor desenfrenado...

----Temîganes, orgîas, vino y el amor de tal jaez.

----Sî, Kosmos, sî!!


     Al resultar basto, por lo menos hasta el momento, el tema del arte de la

cestrerîa, Kosmos revêlale a los contertulios sobre la relevancia que tenîa

un felino para el cazador, importancia de la que êl mismo podîa amplificar

con soltura y de la que sabe desde aquellos tiempos en que el cazador se y

ganaba  su peculio siendo taumaturgo y responsable de la indefectible dis-

ciplina en el navîo. 

----Fîjense ustedes, que el dîa en que Incitato encontrô al gato en el navîo,

fue un dîa de fiesta que durô cuasi hasta que el rosicler podîase contemplar

con ôculos afectados por el efecto del alcohol...

----Ôculos afectados por el efecto del alcohol, Kosmos?

----Recuerde usted, Asonis, que mi verba no debe entenderse taxativamen-

te, porque al salir a puesto, a colocaciôn, ya es la conclusiôn resumida de y

todo un trabajo semântico analîtico metaforizado.

----Tendrîa que ver, Asonis, que el alcohol sube a la testa, se posesiona de

êsta, y tras el efecto correspondiente la mirada no escapa de la consecuen-

cia pertinente, pero al estar la mirada en los ojos, êstos no quedan exentos

de un efecto y cual la causa es el alcohol---dilucida el didâscalos filosôfico.

----Vengan acâ, y no serîa mâs sencillo, menos complejo y fâcil decir que

el rosicler podîase comtemplar con borrachera?

----Cenutrio, que mâs de una vez he dîcholo, sôlo lo difîcil es acicateante.

----Cômo no saber que ya lo has dicho y mâs teniendo repeticiôn, mas y

aun asî no serîa posible el decir con sencillez, no complejo y no difîcil?

----Ese posible no es imposible mas tiene su costo como posibilidad, o y

como me gusta decir, como posibilitud.

----Tal te gusta decir nunca lo habîa oîdo.

----Una cosa es que no hâyalo oîdo; otra, que yo no hâyalo dicho, lo que 

eso sî, no con la misma repeticiôn conocida aquî como un mêtodo.

----No es un buen paradigma de palîndromo la que te gusta decir palabra.

----Vate, estâ usted penetrando conscientemente por la puerta de la casa

del repetido lûdico---dice Kosmos.

----Kosmos, porque en tal casa pueden suceder los alteramientos verba-

les, verbi gratia?

----Mas un palîndromo no es un alteramiento, vate.

----No del todo, Asonis, mas sî en algo es alterado---dice Kosmos.

----Y cuâl es ese algo, Kosmos?

----Asonis, que no es tan relevante como el gato para el taumaturgo--dice

el vate.

---A propôsito del gato, Kosmos, por quê fue Incitato el que lo encontrô y

no el taumaturgo?

----Esa pregunta responderîasela con magia mayor el taumaturgo, 

----Crees tû, Kosmos?---pregunta Asonis.

----Creer desde la creencia o desde la con-ciencia?---fisga el didâscalos fi-

losôfico.

---Una suntuosa pregunta por tratarse de polos opuestos---subraya Kosmos.

---A mî el polo me da igual---dice Asonis.

----Correcto decir "a mî", ya que tilda un derecho ôntico, lo que traduce la

separaciôn de lo general.

----Y creer desde al ateîsmo?---pregunta el tîo de Kosmos.

----Creer desde ahî, es posible?---pregunta Temîganes de Alejandrîa.

----Temîganes, y acaso el ateo no cree en su ateîsmo, lo que es su lugar?

----Cômo, el ateîsmo un lugar?

----Cenutrio le explico despuês, mâs tarde---dice Kosmos y rîe.

----Temîganes, hay un principio que es nûcleo de una conocida escuela

de pensamiento.

----De cuâl principio de trata, didâscalos?

----Me da usted el beneplâcito, didascalos, para sacar a puesto, a colocaciôn

el principio?

----Concedido el beneplâcito, Kosmos.

----Pues aquî el principio, Temîganes: Nada es realmente nada.

























































































 

Mittwoch, 2. November 2022

La cazuela de Vitelio (1061)

      Nada tuvo que ver Zaratustra con el hecho de que el gato por un momen-

to imitara la conducta de un parsi; nada que ver con que el felino [que se en-

contrô el cazador al estar en el asunto de la caza del conejo], sin ninguna re-

ticencia, pasara muy cerca del fuego y quemârase una parte del rabo, razôn

por la que saliô a gran velocidad corriendo y sin parar hasta llegar a Albula,

donde fue a buscarlo el cazador con una cesta de mimbre de mediano tama-

ño cubierta con una lona temperaturizada, y donde metîa los de su preferen-

cia agaricos bisporus ricos en proteînas. 

     Pero mientras que regresaba el cazador con el felino, Kosmithôs diose a

la tarea de poner en el fuego al conejo; o mejor dicho, diosele a hacer la su-

sodicha tarea, con la que muy bien cumplîa a pesar del trabajo que pasô en

atravesar al animal con un pincho, lo que traduce que exenta totalmente de

alguna de sus triquiñuelas posibles con el propôsito de eludir una actividad

que desconoce o que no domina.

---Te deberîamos pagar unos sestercios por la disciplina que vas teniendo y

en hacer lo que haces.

---Golemo, sestercios a mî, al nieto de Dido?; guârdelos para usted y que

los disfrute en su momento---dice Kosmithôs a la vez que le da una vuelta

al pincho.

----No conocîa esto tuyo del desinterês.

---No es eso, Golemo, es que no me hacen falta, ya que yo tengo de todo.

---Cômo creerse que careces, que te falta algo, pero aun asî no se deberîan

desdeñar las compensaciones; pero en fin, que es una cosa muy propia, si

no los quieres no te los damos.

----De acuerdo, Golemo, no me los den.

----Y dime, Kosmithôs: por quê no se asusta el corcel al ver un gato?

----Figûrse usted, Golemo, que la primera vez que vio a la mula del didâs-

calos filosôfico la miraba como si fuese un juguete, 

----Si asî mirô a la mula que es mâs grande que un gato cômo quê mirarîa

a êste?

----Como un selenita con rabo y bigotes!!

----Cada vez mâs te pareces a tu padre utilizando sîmiles.

----Cada vez mâs Golemo? Cuântos mâs hacen falta para que no haya mâs

ninguno?

----Quê, me preguntas por el lîmite de los mâs?

----Le pregunto por la cantidad no por el parôn.

----Y cômo voy a saber eso, Kosmithôs? Pero parôn, verdad?

----Acaso un lîmite no para el impulso, el avance de las cosas?

----Pensândolo bien tienes razôn en...

----Golemo, y quê pasa pensândolo mal?

----Que demorarîa mâs en decirte que tienes razôn.

----O sea, que tiene que ver con lo bien o lo mal que se piensa para...

----Kosmithôs, que yo no soy un contertulio sino que arquîatra.

----Y responder no puede todo el mundo igual lo que sea?

----No se trata de responder sino del mêtodo que se utiliza para obtener

la respuesta; y el tuyo, como acabo de comprobar, es de Kosmona.

----De Kosmona o de la Kosmona?

----Vas a seguir, Kosmithôs, vas a continuar con el mêtodo?, mejor no

pierdas de vista el conejo, que se puede achicharrar.

----Tiene usted la razôn: pensô usted mal o bien?

----Mira, Kosmithôs, quiên viene por ahî.

----El cazador con la cesta y el gato!

----Debajo del gato estân los agaricus bisporus.

----Los quê, cazador?---indaga Kosmithôs.

----Los champiñones, Kosmithôs, los champiñones.

----Pero si el gato estâ mojado, cômo los va a empollar en la cesta?

----Golemo, mojado no, hûmedo, porque ya lo sequê un poco.

----Ah, entonces no los calienta pero los beneficia





































 

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...