Aunque fuese [su funciôn ûnica o exclusiva la de] trasladar de un pun-
to a otro a los llegantes al segundo sistema, asimismo pudiera decirse que
no solamente el vetturino Solger sentîase plenamente conforme cada vez
que con ello cumplîa, sino que asimismo porque dâbale la posibilidad de
guardar silencio, negar respuestas o no dar explicaciones a los siempre y
posibles llegantes a la frontera de Irsû. A lo anterior ûnese la estimadîsi-
ma presencia del pavo real, entramado emplumado que, amên de propor-
cionarle una coloridad al viaje sin parangôn, engendraba una de las mâs
especiosas y desinteresadas amistades entre dos disîmiles reinos, y ya no
tanto por el hecho de ludicar un rol al posicionarse en la parte delantera
o trasera del medio de transporte con pimpancia y lozanîa, con gayo pa-
so y soltura desafiando a los con mâs edades invertebrados con alargado
cuerpo y simetrîa bilateral, y que son, precisamente, los mâs laborales y
voraces en materia escatolôgica. Empero retomando la posibilidad suso-
dicha, ya que el vetturino esperaba que montârase en el coche Kifisodo-
to, el escultor, no resultô del agrado de êste que a su pregunta hecha no
diêrasele respuesta, algo que diole pâbulo de formular una segunda:
----Señor, si su silencio sigue siendo el causante de que yo me sienta y
como en un sueño del limbo, por quê entonces no me responde con las
manos o con una mueca?
----Debo cumplir con mi trabajo, no puedo salirme de su dadora posibi-
lidad, asî que sûbase al coche y olvîdese de las preguntas---responde el
vetturino Solger a la vez que agarra el arreo para tirar de êl.
Media hora despuês arribaba el coche a la corte de Podacres, Un po-
co constipado por la frialdad que habîa dentro del medio de transporte,
el escultor Kifisodoto no reconocîa del todo ni a Temîsclates de Fugan-
villa ni a Mildecias de Bapullôn, como tampoco ni a los pintores Parra-
sio y Parresio, los primeros en darle la bienvenida. Cinco minutos des-
puês toma la palabra el pintor Parresio y dîcele al escultor:
----Nôtase que su semblante refleja un asombro, pero no se preocupe y
por êl que poco a poco ira desapareciendo.
----Verdad que usted percibe en mi rostro eso?---pregunta Kifisodoto.
----No tengo por quê engañarlo, lâstima que aquî no existan los espe-
jos, que nada mejor que ellos para dejar la prueba irrefutable.
----Y por quê no existen?
----Porque no hacen falta, ya que el narcisismo sôlo funciona en el sis-
tema que usted dejô.
----En realidad no son tan amante de los espejos, nunca lo fui. Pero sa-
ben ustedes una cosa?
----Kifisodoto no solo una, sino que sabemos varias, cantidades, saber
que es posible en este sistema----dice Temîsclates de Fuganvilla.
-----Es que en este sistema todo es posible, Kifisodoto, todito. Mas dî-
ganos: cuâl es la cosa?---agrega y pregunta Mildecias de Bapullôn.
-----Que me parece conocerlos de alguna parte, que sus rostros fami-
liares me resultan.
----Kifisodoto, no se moleste por lo que le dirê, pero respecto a lo que
usted acaba (de)cir cuando llegue el momento sabrâ de dônde nos co-
noce, pero lo sabrâ por usted mismo, por su memoria, por sus recuer-
dos.
----Cuândo llegue el momento? Cuâl momento es êse?
----Olvîdese de las preguntas, Kifisodoto, que aquî, si acaso, aparecen
solas las respuestas---clara Parresio.
----Se parecen ustedes a ese cochero que me trajo, el que guardô silen-
cio, me negô respuestas.
----No, pero nosotros no somos igual que êl; somos distintos; nos carac-
teriza la sensatez no por un oficio sino porque es necesaria, porque hay
que aprenderla.
----Y aprenderla para quê, si de todas maneras uno se busca problemas
aun ya aprendida?
----Usted acaba de llegar como para olvidar los problemas..
----Querrâs decir, Mildecias, para olvidar la palabra tal, no?
----Es cierto, Temîsclates, vale la rectificaciôn.
----Kifisidoto, aquî no existen los problemas, aunque todo sea posible,
sea asî---informa el pintor Parrasio.
----Cômo que no?, ni que ustedes fueran dioses.
----Kifisodoto le voy a decir una cosa que usted sî debe saber y para que
no tenga mâs asombro del normal por la llegada a un lugar desconocido,
con irremediable frialdad---dice Temîsclates de Fuganvilla.
----A ver, dîgala!!
----Si se le aparece en su cuarto el capitân orcivo, no lo tome por alguien
que viene a molestarlo o sacarlo de su descanso.
----El capitân orcivo, quiên es êse?
----El conductor mayor, el que impera sobre todos, el que aparece y desa-
parece sin dejar rastro alguno.
----El que impera no es el rey de esta corte?
----El padre de Casandra es tan sôlo un tîtere del capitân; no puede hacer
nada por el hecho de que lo manejen..
---Una estêtica de lo mayestâtico sin silla y sin corona---agrega Mildesias
de Bapullôn.
----Kifisodoto, no tiene usted hambre, no le apremian sustentos por estar
famêlico?---pregunta el pintor Parresio.
----Tan hambriento no estoy, pero no me vendrîa mal comer algo.
----Pues venga con nosotros, que ya cuasi es la hora de la cena.