Dienstag, 22. November 2022

La cazuela de Vitelio (1067), 5.

      El gato prestado por el cazador a Ateriana caminaba por encima de 

los pulvinares; en los momentos en que acostâbase podrîa no ser perci-

bido desde lejos, porque al ser su color de piel âurea, el mismo color y

de los nuevos cojines comprados por Dido y traîdos directamente des-

de Nemea, hacîase difîcil la distinciôn desde la distancia. Comparâbalo

el cibiosactes con el lêon de êsta misma regiôn, parangôn posible espe-

cîficamente mâs por tal color que por resultar un pernicio mortalîsimo

para  cualesquier hêroes que intentaran desafiarlo, empero que hasta y

un buen dîa que Heracles lo matô sin decirle nada a Onfalia, mutismo

que  eludirîa que êsta llegara a cogerle o un titânico cariño o una ficti-

cia apreciaciôn. Pero habrîa que decir, y como estrategia prâctica utili-

zada para saber desde lejos sî Lah estaba entre los pulvinares acostado,

que Kôs lanzaba seguida o incesantemente con el cochlear caracoles y

que sacaba de sus dos bolsillos; como si êstos, con su orificio, facilita-

ran el adecuado cargamento. Al tener un tremendîsimo êxito la susodi-

cha estrategia, porque tan sôlo con los primeros caracoles que golpeâ-

banle la testa Lah salîa corriendo, Kôs la repitiô cuasi siempre llegada

la segunda vigilia, momento en que la nocturna dejaba calaña indubi-

table de su oscura juventud. Con el pasar del tiempo no dudô el cibio-

sactes  en creer que nadie mâs tenîa que ver con el reguero de caraco-

les que Kôs; sin embargo, que la comprobaciôn en vivo de lo hacede-

ro a hurtadillas deja una especie de valoraciôn estimable por el que y

lleva a cabo un acto totalmente a escondidas, segûn el basamento de

una  filosofîa aprendida en Alejandrîa, que aunque no tenga constan-

te  aplicaciôn es  por su resonancia apreciada, una noche entregôse a

la actividad de vigilancia a raîz de terminar con su diario trabajo. 

      Dido ya habîase preguntado----el cibiosactes nunca habîale dicho

a la reina de la cantidad de caracoles que recogîa cada noche en y en

derredor de los pulvinares----por quê Kôs metîase una sûmula consi-

rable  de aquêllos en los bolsillos, y algo de lo que percatôse al final 

de la cena en el Triclînuim; sin embargo, allende de sentarse siempre

al  lado de Kôs, Sunev estaba completamente ajena a lo anteriormen-

te dicho, aunque no de que êste mantuviese vigente la misma costum-

bre de su padre cuando era niño, y con la que algunas veces cumplîa 

en el recinto susodicho y la vista de todos los presentes en êl. El dar-

se  cuenta (o la percepciôn) de la reina fue el motivo concreto por el

cual êsta propûsose vigilar a Kôs, seguirle los pasos y a la zaga de y

su sombra (pequeña mas no imperceptible) dejada a raîz del comien-

zo de la segunda vigilia. Pasada media hora, momento en el que Kôs

posiciônase  a unos  (aproximadamente) cinco metros de los dorados

pulvinares, divisa Dido que el cibiosactes escondîase justa y exacta-

mente detrâs de una de las columnas dôricas erigida de la parte dere-

cha de palacio, la parte que apellîdase opuesta por estar Dido en la e

izquierda. Sigue entonces que la reina, y poniendo sumamente cuida-

do en el traslado de una parte a la otra, va a unirse con el cibiosactes.

Êste, que ni se imaginaba que la reina iba a aparecer, ya que normal-

mente  a esa hora ya habîa traspasado el umbral de la puerta ingente

de su cuarto, al sentir un toque en la espalda empieza a gritar por el

susto efîmero padecido, ya que al ser un acêrrimo creyente en los la-

res  capitales pensô que alguno de êstos venîa a responsarlo por la y

actividad a la que entregâbase. Seguido pasa que entonces dîcele Di-

do:

----Mire que usted es exagerado, cibiosactes, que tampoco era para

tanto como para comenzar a gritar.

----Usted me disculpa, majestad, pero cômo iba a saber que era us-

ted?, que por costumbre ya estarîa en su cuarto a esta hora.

----Diariamente es asî, mas como vi que Kôs metîase una cantidad

tremenda de caracoles en los bolsillos quise saber con ellos quê ha-

cîa. Por alguna casualidad sabe usted algo de eso?

----No lo sê, mas lo sospecho y querîa comprobarlo.

----Y quê sospecha usted, cibiosactes?

----Que Kôs le dispara con el cochlear los caracoles al gato Lah.

----Y por quê Kôs hace eso?

----Eso no lo sê, majestad, lo ignoro, tendrîa usted que preguntârselo

a êl.

----Bueno, serâ en otro momento, porque con sus gritos Kôs abando-

nô la posiciôn en la que estaba.

----Lo siento tanto, majestad, pero como usted domina de que soy un

fanâtico creyente de los lares capitales pensê que el toque en la espal-

da...

----Deje deje, no me lo diga que puedo entenderlo, que yo en algûn y

momento de mi existencia pensê en algo parecido sin tener que nada

ver con fanatismo. Y ahora me voy que el sueño me llama.

----Buenas noches, majestad, buenas noches!!

----Lo mismo para usted, cibioscates.















  




 



 





   




 


 




 




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