La conversa empezada bajo la protecciôn de la sombra del tejo conti-
nûa en la granja del leñador de Britania, y por la razôn concreta de que al
viento del sur uniôse otro del norte con un pneuma insoportable, y de tal
modo, forma y manera causante de la pertinente o la tempestiva pejigue-
ra sobre todo en el semblante. Un tanto ornamentada por la pincelada ver-
ba de Kosmos, empero no exactamente anâloga a la que por ethôs en la
Kosmona repîtese salida de la lengua de êste, porque en lo atinente a lo
expresivo retocado con recursos retôricos el leñador de Britania no era
el interlocutor adecuado para salir incôlume del embate semântico de sî-
miles y metâforas que penetrarîa por sus oîdos con reciedumbre inexora-
ble, la conversa fluîa con tremenda elegancia, pero hasta llegado el pro-
picio momento en que el leñador de Britania la interrumpe para amplifi-
car este barrunte taciturno:
----Siento una soledad insoportable en la granja sin la presencia de la y
oveja Capricho; no cesa ni aun con los años que han pasado; tiene mâs
fuerza de noche cuando impera el mutismo o cuando es la lluvia la que
le quita la aridez al suelo.
----Y cuântos años son, leñador?
----Ocho, Vercingetôrix, ocho años ya de su muerte.
----Y las otras ovejas que usted tenîa, leñador, no pudieran ser dadoras
de un entretenimiento?---pregunta Kosmos.
----Las vendî una semana despuês de la muerte de Capricho, porque y
cuando las miraba me recordaban a êsta, ademâs de que por aquel enton-
ces mi necesidad de peculio era bastante grande.
----Câspita, leñador!!, y por quê usted no hablô con mi madre, que usted
sabe que pudiera haber dâdole un prêstamo?
----No creas que no lo pensê, Kosmos, pero me resultaba preocupante y
una cosa: cômo iba a devolverle el prêstamo si por aquel entonces nadie
me compraba la madera. De dônde, entonces, pudiera sacar yo el dinero?
----Leñador, que todo tiene una soluciôn.
---Kosmos, me disculpas, pero en cuestiones de dinero, de deudas, no y
creo, nunca he creîdo en tales soluciones.
---Precisa-flagrante-impepinablemente no creerlo tiene su consecuencia.
----Leñador, y la campesina no hubiera podido ayudarlo con el dinero de
los candelabros que vendiô en el estrecho de España?
----Cômo, Vercingetôrix, usted cree que ella tiene aûn ese dinero, que y
me ayudarîa a mî, quien la metiô en un baûl con esos candelabros, y has-
ta tuvo que pasar por un secuestro en tal estrecho?
----Da calaña usted, leñador, de una especie de pesimismo al ponerle a
una pregunta el cômo, adverbio que de trasfondo cuenta con una disfra-
zada negaciôn.
----Ay, kosmos!!, como se nota que tû lo tienes todo, que no pasas tra-
bajo, que no te salen ampollas en las manos por agarrar durante varias
horas un pesado hacha para cortar troncos de ârboles.
----Leñador, que sôlo las Parcas saben el anankê que tejieron; dominan
y saben un fin, una meta.
----Ni tû con tus teorîas ve vas a quitar la soledad que siento ni las Par-
cas tejiendo destinos tampoco.
----Nôtase que la soledad ha incrementâdole la actitud pesimista, la in-
cesante o continua inaceptabilidad, que si no la negaciôn.
----Leñador, y quê tal la actual situaciôn de compra de la madera?
----Vercingetôrix, estâ mucho mejor que antes, mas no por mejor deja
mucho para vivir.
----Pero por lo menos lo necesario?
----Lo necesario sôlo cubre.
----Y eso ya no es algo, aunque no sea mucho?
----Y algo necesario para satisfacer la necesidad---agrega Kosmos.
----La sacîa, indiscutiblemente---dice Vercingetôrix.
----Pero no todos tenemos las mismas necesidades----acentûa el leñador.
----Câspita!!, no todos las mismas mas no difieren las bâsicas.
----Las bâsicas se mencionan por primera vez, que se hablaba de lo nece-
sario, que no de las necesidades bâsicas.
----Capto que es buena su concrentraciôn, leñador.
----Kosmos, el hecho de que sienta una soledad insoportable no quiere y
decir que estê despistado, perdido entre palabras.
----Pudiera ser que al incrementarse el pesimismo...
---Pudiera ser nada, kosmos, me oyes?, nadita!!, asî que deja el hipotêtico
que mi granja no es la Kosmona.
----Hipo-têtico!!
----Quê quieres decir, Kosmos, con esa separaciôn?
----Hipo de tetas!!
----Cômo que hipo de tetas, quê dices?
----Y risas de Vercingetôrix que dice: leñador, no se lo tome muy a pecho
que va derecho al juego Kosmos.
Unos minutos despuês de haber escuchado lo ûltimo amplificado por
Vercingetôrix, ya que al estar siempre su magîn activo hasta la mâs cosia-
ta verba no quedarîa exenta del alcance pudiente de su imaginaciôn, Kos-
mos procesa con la ayuda de êsta eso de que êl mismo "va derecho al lû-
dico". Como resultado de este proceso queda anulada la posibilidad de la
existencia de un punto fijo, y el que representa el centro de una cosa. Ha-
brîa que pensar, entonces, que quedarîa descartado el acceso cualitativo
superior a êste, lo que a su vez conlleva a no tener en cuenta la linealidad
de las mârgenes que permiten a los pasos el arrumbamiento direccional.
----Kosmos, yo que estoy acostumbrado a las expresiones de tu lengua y
a las complejidades que salen de tu imaginaciôn, necesito que me diluci-
des lo que acabas (de)cir---pide Vercingetôrix.
----Vercingetôrix, que aunque usted haya sido el que diome pâbulo de y
abrir la puerta, revêlole sobre el pucho, que lo que tuve en cuenta para y
procesar lo anterior fue la siguiente proposiciôn: Se accede mejor al cen-
tro de las cosas a travês de las mârgenes.
----Kosmos, y por quê te complicas tanto?---fisga el leñador de Britania.
----Êsa es una pregunta difîcil de responder, leñador, tantîsimamente de
tal jaez.
----Pareces un druida.
----Por quê, por tener los conocimientos del duir?
----A ti sî que no se te va ninguna!!
----Quê usted cree, Vercingetôrix?---pregunta Kosmos.
----Que como dices tû: punto a la raya y que continûe la letra.
----Allâ voy con la siguiente, con la prôxima despuês del punto, con la e
inmarcesible y, como tal, lozana.
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