OCHO AÑOS DESPUÊS.
Con el pasar del tiempo quedôse consumiendo el cazador, como hon-
tanar proteico, la dosis diaria de agaricus bisporus, sin quedar descartado
que influya la costumbre, la que allende de ser madre de unos cuantos vi-
cios, sean buenos o malos, criticados o ensalzados, compartidos o por ra-
zones de sensatez secretos, conserva la fijeza conocida de entramados ru-
tinarios o monôtonos, en el caso de que pudiêrase hablar de estructuras e
inmôviles con cierta y determinada cercanîa, y las que a su vez permîten-
le al cognoscente tener una conducta algo ponderada, menos que comple-
tamente equilibrada porque el sujeto que conoce de facto sabe que es im-
posible la perfecciôn, a no ser que vêala posible bajo el efecto efîmero de
un afrodisîaco ilusivo, el mismo que la verdad ocûpase de paulatinamen-
te dirimirlo, (de)rruirlo poco a poco con su presencia existencial. Agrega-
rîase que cada vez que consumîalos echâbale una miradita al gato, el que
ya un tanto crecido posicionâbase al frente de la mesa, mas sin mover ni
tan siquiera la cabeza, momento ideal o tempestivo para compararlo con
una pequeña estatua hecha en Egipto y onomada Lah, siendo este senec-
to nombre [comûn de la Luna] el que pûsole al felino, Empero con el pa-
sar del tiempo êste insôlitamente empezô a ingerir a fanegadas los cham-
piñones; comîaselos tan de prisa que en algûn momento pensô el cazador
que podrîase atorar, de tal guisa que hasta ora ni paso por un instante in-
grato ni por uno pernicioso, aunque tampoco por otro en el que periclita-
se su vida. Asimismo con el tiempo fue amigândose con un senil e intrê-
pido ratôn que salîa por la noche a comer cualquier cosa que encontrâra-
se, cualquier resto de sustento a su alcance, mas que nunca por un peda-
zo de queso porque de facto el cazador rechazaba los derivados lâcteos;
que si no, y para decirlo mejor, los destestaba, sin que a ciencia cierta o
realmente a nadie le hubiese (hubiêrale) revelado el porquê del aborre-
cimiento. El cazador, entonces, no oponîase a la atingencia amistosa en-
tre el ratôn y Lah; es mâs, y algo asimismo que sucedîa en plena noctur-
na, al sentirlos correr por cuasi toda la casa quedâbase en su cuarto para
no interrumpir lo que entre ellos serîa un juego ideal: el gato corriendo a
la zaga del ratôn o viceversa, lûdico que aproximdamente duraba de una
a hora y media, a excepciôn del fin de semana que alongâbase un poqui-
tico mâs, a saber, de una hora y media a dos, sin que el porquê de tal di-
ferencia ostensible quedârale, ya que a la postre y al cabo el juego siem-
pre era el mismo y en la misma casa, allende que protegido por una ma-
yûscula sombra, la que es garante de que una imago agrandece en la pa-
red, o de que una mîmesis ampûlese en los pintados ladrillos.
Mas dirîase que por el gato, no por el ratôn, es que Kôs hâcele una
visita al cazador un dîa despuês de las calendas, y precisamente este dîa
por el desdên que tenîale al comienzo del mes, amên que con la conco-
mitancia de Ateriana, la que traîa puesto un vestido hecho por ella mis-
ma y terminado recientemente. Fue con el pasar del tiempo que Ateria-
na comenzô a sentir amor por los gatos, que fue atreviêndose a acercar-
se a ellos y pasarle la mano, y bien que sabîalo Kôs, el que cuatro años
atrâs fue testigo del rechazo de aquêlla por los felinos, rechazo que co-
mo tal carecîa de alguna explicaciôn o del porquê para entenderlo, de y
una argumentaciôn lôgica a partir de un suceso empîrico que lo justifi-
cara, de ilusiones fragmentadas de la cuales podrîa extraerse la posibi-
lidad de verlo como elemento compositivo de una grisalla fantasmagô-
rica que obnubila a la conciencia o que de ella apodêrase, mas sin que
llegue lo cegante y el hacerse dueño hasta un punto conflictivo donde
confluirîan razones ya un tanto endebles, desprovistas de la lînea que
facilitarîales continuar dando certezas y verosimilitudes.
----Cômo, ustedes en mi casa?, vaya honor que me hacen los infantes!
----Cazador, es que ya supe por mi padre del crecimiento de Lah y de
que juega con un ratôn, lo que a mî no me interesa, mas que no dejo y
de reconocer que no es algo normal---dice Kôs.
----Tû padre estaba conmigo, estâbamos juntos el dîa en que yo me y
encontrê al gato, el que por aquel entonces no tenîa nombre..
----Cazador, fue el dîa en que mi padre se dirigîa al pasadizo, no?
----Asî es, Kôs, êse fue el dîa, êse!!---afirma el cazador que pregûntale
a Ateriana: Y dônde compraste ese vestido bonito?
----Comprarlo?, lo hice yo misma, cazador; es mi trabajo de cuasi dos
meses.
---Verdad que cuasi dos meses? No es demasiado tiempo para hacer un
vestido, Ateriana?
----Ni mucho ni poco, sino el que yo necesitê.
----Deberîa preguntarle, cazador, por la cantidad de pinchazos que se y
se dio en el dedo en esos dos meses---dice Kôs.
----A ver, muêstrame, ensêñame el dedo, Ateriana.
----Mire, aquî estâ, cazador, obsêrvelo.
----Pero si parece un colador en vez de un dedo. Cuântos dolores has te-
nido?
----Dolores ninguno, cazador, sôlo ardentîas, sôlo eso.
----Pero infantes, pasen adentro, si es que quieren ver al gato.
----Al parecer Lah quiere vernos a nosotros---dice Ateriana.
----Es raro que venga a recibir personas, que no es muy social que diga-
mos.
----Parece que tû le gustas, Ateriana, porque se te ha quedado mirando y
fijamente---dice Kôs.
----Puedo cargarlo, cazador?
----Lentamente, Ateriana, porque ademâs de antisocial es arisco.
---Dice mi abuelo, cazador, que huraño y no social son dos palabras muy
parecidas, cual diferencia mayor entre ellas es sôlo la cantidad de letras.
----Kôs, tu abuelo es un provocador; le encanta el juego, aunque con cier-
ta seriedad, y al que sîguele su hijo, o sea, tu padre.
----Pero tambiên es mi abuelo, porque la campesina es su hija.
----Ya sê, Ateriana, abuelo con la carga de dos nietos: los infantes presen-
tes!!---afirma el cazador que pregûntale a Kôs: Ya te contô tu padre sobre
la cabeza del tejôn por mi regalada?
----Que fue la primera cabeza que regalada recibiô..
----En realidad la ûnica y ûltima, porque no le regalê mâs ninguna, subra-
yo y claro.
----Y la que despuês de algunos años de regalada puso en el centro de la y
mesa redonda y la destrozô un gato.
----Parece que los gatos se repiten en Bedriaco---suelta Ateriana.
----Increîble que mi gato en tus manos ni proteste emitiendo un ronroneo.
----Cosas que pasan, cazador---dice Ateriana que revela: A mî no me gusta-
ban los gatos, hace un tiempo no.
----Mâs insôlito aûn, mâs crîptico!!
----Referente a enigmâtico, agregarîa algo.
----Quê, Kôs, quê?---pregunta el cazador.
----Que Lah ya coma champiñones.
----Sabes que yo supe de un perro que ingerîa boniatos?
----Boniatos en vez de huesos?
----Era esperada la pregunta, Ateriana; cualquiera la harîa.
----Por mis lecturas he sabido que no es enigmâtico, sino funcional.
----Funcional dices tû, has dicho?
----Sî, cazador, lo acabo (de)cir---responde Kôs.
----Y por quê es funcional?
----Porque mantiênele el boniato suave el pelo.
----Quê dices, verdad?---pregunta Ateriana.
----No he dicho una mentira, Ateriana, no!!
----No desean probar unos frescos agaricus bisporus que tengo, casi aca-
bados de recoger de la humedad del bosque?
----Nunca los he probado---dice Kôs.
----Sî!!, que a mî si me gustan.
----Pero te digo una cosa, Ateriana, y que no es otra que para comerlos y
con tranquilidad deberâs soltar a Lah, que si no te quitarâ los champiño-
nes de la mano.
----De acuerdo, cazador, de acuerdo.
----Entonces vâmonos a la mesa, donde comenzarâ el âgape de los agari-
cus bisporus.
----El âgape?
----Dêjame decir, que sê lo que digo, Kôs.
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