Una hora pasô y tuvo Kosmos dos efîmeras dialogizaciones: la prime-
ra con el cibiosactes; la segunda, y un poco mâs întima por ser de jaez fa-
miliar, con su madre Dido, y la que fue despertada por la resonancia inde-
fectible engendrada por la conversaciôn primera. Ya siendo entonces las
tres de la madrugada, y seguido a la salida del cuarto de la reina, Kosmos
encuêntrase con Ateriana, la que llevando entre sus brazos al gato Lah y
con la intenciôn infante de empollarlo con su pecho, posiciônabase justa-
mente en medio de un pasillo. Râpido revela que no podîar dormir y por-
que precisamente el felino sentîase acosado por una intensa frialdad, ra-
zôn basta para que maullara incesantemente en vez de ronronear. Mas si
de suceder una cosa acaeciô la basta como para que Kosmos tuviera sû-
bito la reminiscencia con el primer gato que perteneciô al taumaturgo, y
el que ya sâbese que encontrô Incitato, empero por la razôn de la fijeza
con la que el gato mirâbalo, oculaba su semblante sin dejar calaña de y
rechazo o señal de un posible salto de los brazos que calentâbanlo.
----Al parecer le caîste bien a Lah---dice Ateriana.
----Eso parece, Ateriana, aunque te digo que caerle bien a un gato es y
cuestiôn de tiempo, no de segundos, a no ser que Lah sea una excepciôn,
y como tal un felino que râpido se amista, entra en amistad.
---Sabes que cuando me lo dio el cazador se quedô tranquilo, nada hizo
para no salir de la casa?
----Lo sê ahora que me lo dices, por lo que entonces puedo creer que tû
no le caîste mal.
----Pero dime una cosa: si a mî antes no me gustaban los gatos por quê
ahora sî?
----Hay cosas que pasan en la vida que simplemente pasan, es sencillo
aunque a su vez interesante.
----Mi madre pensô que no me gustaban porque tal vez era alêrgica sin
saberlo.
----De tu madre, que es mi hija, no me extraña su ignorancia, ya que al
decir una cosa como êsa da muestra de ella.
----Y por quê tû no supiste por un tiempo que mi madre era tu hija?
----Ateriana, êsa es una larga historia que entenderâs cuando seas mâs
grande; no te la explico ahora no por no hacerlo, sino por ser un tanto
compleja.
----Estâ bien, estâ bien, ya en algûn momento estarê mâs grande para
que me cuentes. Sabes que a Kôs Lah ya no lo soporta?
----Cômo soportarlo si le cae a caracolazos en los pulvinares.
----Segûn me dijo Kôs, lo hace para saber si el gato estâ acostado en
las almohadas , porque al ser del mismo color que êstas se confunde.
----Almohadas no, Ateriana, sino pulvinares, aunque la funciôn de y
ambos sea parecida: darle comodidad al cuerpo.
----Es que la palabra pulvinares no la acabo de aprender, ademâs que
se me parece a algo que tiene que ver con el polvo.
----Puedo entender el porquê de que te parezca, que yo no estoy muy
lejos de ese camino, oh no!!
----Tû viste alguna vez un gato dorado?
----No!!, hasta el momento ninguno.
----Y no es raro?
----No es cosa de rarezas sino de razas (...) de subespecies.
----Subespecie?
----Sî!!, algo que se divide grupalmente en especie.
----Ah, eso.
----Por quê no intentas cerrar los ojos, que dormir es necesario?
----Pero para lograrlo vas a tener que cargar tû al gato, porque si se que-
da en mi cuarto serâ imposible.
----No hay problema, dâmelo acâ.
----Y tû quê vas a hacer?
----Hablar con Rubria sobre un sueño que tuve con ella.
----A esta hora hablar con Rubria?
----Deberîalo haberlo hecho desde hace una hora, mas me lo han impedi-
do dos y con êsta tres conversaciones.
----Y a ti que no te gusta hablar.
----Vaya fama que tengo: tremenda!!--dice Kosmos riendo y agarrando a
Lah.
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