Donnerstag, 29. Juni 2023

1145, 86.

       Y en lo que la reina disfrutaba plenamente de su solaz, Malerei regre-

sa a la casa de los difuntos en el barrio de los Sigilarios, o sea, que retorna

al  mismo lugar donde hacîa unas horas fue arrestado por Argos, y con la e

intenciôn de seguir buscando lo que hacîale falta para su trabajo con las es-

tatuillas. Empero si algo resûltale del todo inesperado es que Antîmaco de 

Ocamitan, quien conversaba con Konfuza y a la vez pasâbale dulcemente

la mano derecha por la espalda, como si êsta fuese la parte del cuerpo con

la que de momento sentîase mâs a gusto al tocarla, lo llamase por su nom-

bre.

---Y cômo usted sabe mi nombre, si yo ni tan siquiera sê quiên es usted?

---Malerei, me onomo Antîmaco de Ocamitan, y ella es Konfuza, mi no-

via, y con la que vivo bajo el techo de esta casa con el nûmero 460...

---Antîmaco? Entonces es usted el tocador del crôtalo, no?

---Correcto!! Pero sabes una cosa, Malerei, a mi no me interesa saber por

quiên tû supiste que yo lo tocaba. Y escucha. Sê tu nombre por mi vecino

Gaye Macinas, y el que me contô lo de tu arresto hace unas horas.

---Su vecino? Dônde vive?

---En el 468.

---Antîmaco, cuando fui arrestado yo no vi a su vecino, aun a nadie...

---Te revelo una cosa: mi vecino fue controlador del navîo en los tiempos

de su majestad Vologeso; ademâs que juega a los dados con viejos amigos

de puerto hasta bien entrada la nocturna.

---No entiendo lo que usted me quiere decir, Antîmaco.

---Que sabe cômo mirar sin ser visto, algo que aprendiô cuando fue contro-

lador.

---De que lo sabe lo sabe, a mî no me cabe duda---dice Konfuza.

---O sea, señora, que usted estâ segura? Y por quê?---fisga Malerei.

---Porque yo fui concubina de êl hace ya unos cuantos años.

---Concubina, verdad?

---Como lo acabas de oîr.

---Podemos cambiar de tema?---pregunta Antîmaco de Ocamitan.

---Entonces, Antîmaco, su vecino le hizo una descripciôn mîa, porque si

no cômo usted iba a saber que yo era Malerei.

---Eso fue lo que pasô, y esto fue lo que me dijo: el arrestado por Argos,

y conducido a palacio por cuatro soldados de la guardia bâtara, se llama

Malerei, y seguido me dio tus caracterîsticas..

---Mis caracterîsticas?

---Quise decir el cômo aparentabas.

---Ya, ahora sî entiendo.

---Y por quê tû has regresado a la casa de los difuntos si fuiste arrestado?

---Señora, no lo fui por venir a esta casa, sino por algo que dije que no de-

bî decir (y) sobre la reina---dice Malerei.

---Y se puede saber quê dijiste?

---Quê chismosa, por quê te interesa saberlo?---pregunta Antîmaco de Oca-

mitan.

---Dêjame desarrollarme, preguntar...

---Señora, no puedo responder a su pregunta, porque le prometî a la reina

que no le dirîa a nadie lo que sê, asî que no me tome por un pesado o algo

parecido, que ya usted sabe el motivo por el cual debo guardar silencio.

---Pero Malerei, nosotros no nos irîamos de lengua, puedes confiar en no-

sotros.

---Tû no acabas de oîr lo que êl dijo?---pregunta Antîmaco de Ocamitan.

---Tû como siempre, metido en todo lo que no te importa---dice Konfuza

a la vez que separândose de Antîmaco para que dejara de tocarle la espal-

da.

---En fin, que las mujeres son complicadas. Y dime, Malerei, tienes tiem-

po para tomarte unos traguitos?---pregunta Antîmaco de Ocamitan.

---Yo soy un artista, Antîmaco, soy eso!!

---Con eso que tû quieres decir?

---Que de no tener tiempo lo invento.

---Entonces aceptas la invitaciôn?

---Sî, Antimaco, si!!

---De acuerdo, Pero debo preguntarte algo, para evitar molestia, o que te 

sientas incômodo.

---Pregunte, usted, Antîmaco.

---Te desagradan los guacamayos?

---Quê, tienen ustedes uno?

---Y polîcromo.

---Bueno, a decir verdad jamâs he visto un guacamayo, y menos polîcromo.

Quê, es peligroso?

---No no!! Pero ten presente que tienes que tener cuidado con lo que dices,

que lo que sî hace es repetir las cosas que oye.

---Tendrê cuidado, Antîmaco, lo tendrê.

---Muy bien!! Entonces vamos adentro, que mientras menos afuera mi veci-

no sabrîa no tanto de nosotros.


          Regresando a palacio, Dido, y al no poder dormir mâs de lo que por y

êthos dormîa a esa hora, levântase para incorporarse de nuevo a su rutina de

cada dîa en la sede mayestâtica. Al ver que Kôs no estaba a su lado, que ya

habîa salido del cuarto, como que asimismo que las hojas organizadas esta-

ban en el mismo lugar en que ella las dejô, pârase frente al espejo para con-

templarse el semblante, aunque tambiên para pasarse un cepillo por el cabe-

llo, siendo entonces cuando encuentra una pregunta de Kôs escrita con ma-

yûsculas letras: quê es Logos pathetikôs? Empero si algo recordô Dido fue-

ron los tiempos en que Kosmos entregâbase a sus primeras lecturas no sola-

mente con una que muy buena disposiciôn, sino que asimismo con la plena

convicciôn de que sôlo lo difîcil (aparte de ser acicateante) acarrea esa me-

nester  inquietud en el  pensar, algo que de facto es el indeleble motivo por

el  cual un sujeto  hace una serie de preguntas, y que en el caso de Kosmos

fue un hacer mâs de una vez por medio (o a travês) de papelitos por las ma-

nos engurrados que tiraba al suelo. Queda por ver si la susodicha menester

inquietud tendrâ vigorosidad en el pensar de Kôs, piensa Dido, pero por lo

menos el hacer una pregunta es calaña de su interês por conocer, o de acer-

carse a un saber con el cual lo existencial no serîa ni tan plûmbeo ni tan pe-

sado de llevar.

         Y habrîa que ver que antes de que Dido llegara a los pulvinares, algo

que serîa posible non plus ultra de unos pocos minutos, Kôs arrumbaba sus

pasos a la cocina, y con la intenciôn de hacerle al cibiosactes la misma pre-

gunta  que êl dejô escrita con letras mayûsculas. Faltândole tres metros pa-

ra llegar al lugar donde prepâranse los alimentos, huêlense de facto disîmi-

les aromas y cuasi siempre hay calor, es testigo visual directo de la abertu-

ra  de la puerta de êste, y por la  que en vez del cibiosactes sale el cocinero

de Irlanda agarrando por las patas traseras a un conejo sin cabeza.

---Cocinero, estâ en la cocina el cibiosactes?----pregunta Kôs mirando con

fijeza al conejo.

---Si supieras que hasta ahora ni ha entrado, por lo que entonces cômo ver-

lo podrîa. Deseas hablar con êl?

---Hablar no, sôlo hacerle una pregunta.

---De quê tipo, gastronômica, o sobre gastronomîa?

---Nada que ver la pregunta con la gastronomîa.

---Y se puede saber cuâl es la pregunta, Kôs?

---Quê es Logos pathetikôs?

---Yo no creo que la pregunta pueda responderla el cibiosactes...

---Por quê no, cocinero?

---Porque para êl es una lengua forânea, lo que significa que no es alejandri-

na.

---Cocinero, yo sê lo que es forâneo.

---Sabes dônde vas a escuchar la respuesta correcta?

---Respuesta correcta? Solamente aquî en Bedriaco hay un lugar donde las

respuestas son asî: en la Kosmona!!

---Correcto!! No es otro que êse el lugar correcto.

---Entonces voy a ese lugar.

---Y de dônde tû sacaste lo que quieres saber quê significa?

---De una sûmula de hojas escritas por mi abuelo.

---No me extraña que de ser por êl escritas hayas encontrado algo difîcil.

---A mî tampoco. Bueno, me voy a la Kosmona.

---Y yo vuelvo a entrar en la cocina, que este conejo debe estar listo lo mâs

râpido posible.

---Solamente un conejo para tantas lenguas?

---La ûnica lengua es la de la reina que desea un conejo como merienda.

---Me quedê dormido en su cuarto, y cuando me despertê ella dormîa a mi

lado.

---Sê que por costumbre ella descansa un poco a esta hora, mas no demora 

en aparecer para acomodarse en los pulvinares.

---Bueno, me voy.

---Adiôs, Kôs, adiôs!!


           Cinco minutos despuês el cibiosactes recibe a la reina en los pulvi-

nares, y êsta sûbito pregûntale:

---Cômo va el conejo que mandê a preparar?

---Ya debe estar siendo pasado por el fuego, majestad. Desea usted ingerir

algo antes?

---No no!! Espero el conejo.

---Mire, majestad, se le ha caîdo este papelito.

---Ah, el papelito donde Kôs me dejô escrita una pregunta. Gracias, cibio-

sactes.

---De nada, majestad, que forma parte de mi trabajo.

---Me parece que Kôs saliô mâs a su abuelo que a su padre.

---Perdôn, majestad, quê usted ha dicho?

---Que Kôs estâ tan interesado en saber como mi hijo cuando era pequeño.

En este papelito êl pregunta quê es el Logos pathêtikôs.

---Suena helênico, majestad, suena asî.

---Asî suena porque es asî: helênico!! Cibiosactes, de momento puede reti-

rarse.

---A su edicto, majestad, a su edicto!!







 



 




















 


























































 

Montag, 26. Juni 2023

1144, 85.

     (en palacio)


            El artista del barrio de los Sigilarios Malerei, el que recientemente

fue arrestado por Argos por haber dicho algo que hasta cierto punto perju-

dicaba la reputaciôn de su majestad Dido, esperaba a êsta bajo la infalible

vigilancia de un soldado bâtaro en el salôn de los recibimientos. Por razo-

nes  de seguridad deberîa  mantener su tafanario sobre la silla en que esta-

ba sentado, lo que traduce que no podîa pararse ni tan siquiera para estirar

las piernas, aunque no que no pudiera repantigarse con el têlos especîfico

de tener mayor comodidad, empero que de hacerlo deberîa dejar sûbito el

arrellanamiento una vez presente frente a êl la reina, lo que es lo mismiti-

co a decir; romper  con el estar a  gusto a raîz de adoptar una posiciôn de-

terminada. De tal guisa que lo ûnico que sî vedôsele fue mirar hacia atrâs,

prohibiciôn que dejôle bien clara dicha el soldado susodicho, podîa libre-

mente  mover la testa de izquierda a derecha las veces que quisiera; tam-

biên de arrib(a)bajo, aunque en el techo no hubiese fresco alguno ni tam-

poco alfombra sobre el ampo del mârmol. Y entonces, y en lo que obser-

vaba (a)mbos lados atiborrados de antiguallas, la voz imperativa del sol-

dado ordena raudo:

----Malerei, ahora usted sî debe pararse porque llega la reina, y no haga

ningûn falso movimiento que puede costarle la vida. Me ha entendido?

----Tan inteligible que me quedo inmôvil, como una estaca.


         Y como una estaca estuvo cuasi unos cinco minutos, y asî el breve

tiempo que Dido como mâximo utilizaba para dar vueltas en derredor de

los reos, una forma aplicada por ella con el propôsito de saber si el arres-

tado ponîase nervioso, o si por impaciencia formulaba algûn tipo de pre-

gunta revelante de lo necesario para tener informaciôn sobre ciertas y de-

terminadas cosas que son parte de la psicologîa del detenido, las que en

concretas y especîficas situaciones son mâs fâciles de detectar, de dar y

con ellas por la impresiôn (o impacto) que deja un mêtodo desconocido.

        Simultâneamente pasaba que Kôs penetra en el cuarto de Dido con

el objetivo de echarle un vistazo a una sûmula de hojas escritas por Kos-

mos, y en las que êste escribiô una gran parte de las ideas iniciales para

su novela "El bullicio en el silencio". De habêrsele despertado o la curi-

osidad o el interês dêbese concretamente a lo que contôle Dido sobre el

motivo por el cual Kosmos dâbale muchitanta relevancia a las ideas su-

sodichas, y las que êl mismo denominaba "las luminantes apolîneas en

preludio  cupular", denominaciôn con cierta complejidad para el enten-

dimiento  de Kôs, por lo que no es de extrañar que êste olvidârase y de

ella. Y entonces, y acomodado encima de la tremendîsima cama lujosa

de la reina, Kôs empieza a leer las hojas sin poder eludir el correspon- 

diente asombro, y no solamente por la cantidad de palabras desconoci-

das sino que asimismo por la pudiente fantasîa con la que el artîfice de 

la novela desarrollaba sus ideas tales. Pero ademâs, y por lo que es po-

sible un estupefacto aun mayor, una de las ideas era la del ojo asoman-

te mezclada con un têrmino jamâs escuchado: Logos pathetikôs, pasti-

che que amên que subrayado con una fuerte lînea oscura descollaba y

por  estar escrito con letras mayûsculas, y asî dando la impresiôn que

salîase de la hoja, o que chocaba con los ojos sin causar molestia algu-

na, un engorro temporal. Quince minutos despuês Kôs empieza a sen-

tir un cansancio en los ôculos, como si êstos quisieran raudo cerrarse,

irse tal vez con Morfeo aunque ignorando el lugar al que llegarîan, lo

que implica tanto lo acopas como lo contingente, dos componentes y

tempestivos de una secuencia en el tiempo posible con la que el suje-

to  tendrîa la posibilidad de improvisar, o de participar en una escena

donde  lo mismo lo inesperado constela que pasa (a)sado el pollo del

cuervo, corvato que por despiste acercôse a cazadores famêlicos. 

         Una hora despuês arrumba sus pasos Didos a su cuarto con la e

intenciôn de tener un efîmero solaz, algo que por costumbre hacîa ca-

da dîa y cuasi a la misma hora. Al abrir la puerta y ver a Kôs arriba y

de su cama profundamente dormido, allende que en medio de la sû-

mula  de hojas que en derredor de êl formaban una mîmesis circular,

trata  de hacer el menos ruido posible para eludir despertarlo. Como

la  cama era suficientemente grande quedaba un buen espacio para y

acostarse cômodamente, empero antes de poner su cuerpo horizontal

recoge todas las hojas y las organiza de acuerdo al nûmero que cada

una  tenîa en la parte inferior derecha, parte que de ôrdago fue siem-

pre la preferida por Kosmos para escribir un sîmbolo de valor, o sea,

la/una numeral. Al terminar con el trabajo anterior, el que ocupôle y

el tiempo de siete minutos, ya estaba lista la reina para dejar caer su

tamaño  en el colchôn, mas no antes de quitar un poco la sobrecama

para que su cuerpo tuviese contacto con la sâbana de seda. 





  








  



 



 




 




 










Freitag, 23. Juni 2023

1143, 84.

         Entonces el Bury, y seguido al toque en la mesa redonda con el que Te-

mîganes de Alejandrîa dejaba saber que de momento no participaba a cabali-

dad en la dialogizaciôn en curso, y no tanto por una cuestiôn de precariedad

de conocimiento sino mâs bien porque la fluencia semântica en puesto, en y

colocaciôn  parecîale exageradamente trivial, y por lo que asî o como tal in-

dubitablemente no resultâbale atractiva, levanta la mano con el propôsito de 

amplificar algo con menos banalidad, o sea, con mâs contenido y peso, em-

pero como el jaleo ya estaba cuasi en su apogeo tuvo que poner en prâctica

una actitud estoica, la que de facto harîale menos insoportable el esperar la

terminaciôn de la diversiôn bulliciosa. Non plus ultra de siete minutos me-

nos  que verdaderamente suceder la finalizaciôn completa de êsta, algo tan

difîcil de  creer como de buscarle el solvento para que la prôxima vez deje

de  tener un apellido como êse, sucede mâs bien una disminuciôn de su po-

tencialidad  jovializada, y con  la que los contertulios por ethôs mantienen

la vigencia del lûdico acicateante, siendo entonces el momento que dice el

Bury:

---La supresiôn transformadora de la exigencia estêtica es el medium de la

inteligibilidad, y las diversas partes de un escrito sôlo deben entenderse, a

su vez que leerse, en atingencia con el conjunto de la obra.

---Câspita Bury!!, que este brinco de sapo en una hoja de malanga, amên

que acopas, como que tiene que ver con un destacado excurso con el que

pretende usted conducirnos al desarrollo de otra perîstasis; empero dîgole

una cosa, que como cosa es la que es tempestiva, y como tal la que encaja,

pega y, si acaso, deja resonancia: lo de la supresiôn transformadora depen-

de la condiciôn relativa de un fundamento que impera, y lo del "principio

hermenêutico" sôlo tiene validez si (o en el caso) de hablarse de algûn tra-

bajo voluminoso con pâginas atiborradas, asî que su aspiraciôn ambiciosa 

ora como que quêdase sin efecto, que si no sin caso.

---Kosmos, dejo sentencia: quien dice mucho puede equivocarse.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, de dônde usted sa-

cô la sentencia, Bury?

---Bury, la pre-tensiôn engendra la exposiciôn de sentencias...

---Didâscalos, de sentencias que...

---Al parecer nadie conoce, Bury---interrumpe Kosmos.

---Me resultan ustedes bastante atrevidos. 

---Bury, conoce usted eso de que el asombro engendra continuidad?

---Claro que sî, Kosmos, y?

---Que el atrevimiento tambiên, porque al tener presente un interlocutor lo

que  êste significa, la  reacciôn que tendrîa es la de defensa o protecciôn, y

êstas, a su vez, acarrean un seguir de la palabra en funciôn o al servicio de 

tanto un basamento determinado como de una fundamentaciôn concisa, y 

funciôn y fundamentaciôn no son un motivo basto para que suceda un mo-

vimiento?

---Kosmos, no necesariamente tiene que ocurrir un movimiento por un mo-

tivo suficiente. Porque haya una causa tiene que haber un efecto?

---Yo dirîale sobre el pucho que sî!!

---Mira, verbi gratia: la planta que nace tendrîa siempre flores?

---A no ser que la arranquen o la desarraigue el pneuma de un viento deter-

minado, le responderîa que sî.

---Y arrancar y desarraigar no son cosas que pueden suceder?

---Dos cosas que porque las dije pueden pasar, 

---Pero si las dijiste es que entonces estarîas de acuerdo en que una causa 

puede interrumpîrsele su conexiôn con el efecto en el caso de ocurrir o un

fenômeno o una acciôn derruyente, no?

---Mâs que de estar de acuerdo o no trâtase de tener en cuenta un posible.

---Uno o dos?

---Cierto, in casu dos: el de arrancar y el de desarraigar!!

---Nos vamos entendiendo?

---Siempre y cuando no haya un fenômeno o una acciôn destructora sî.

---Y es posible el haber de tales cosas?

---Es cierto porque es imposible!!

---Eureka!! Esperaba tal respuesta---dice el didâscalos filosôfico.

---Ah, kosmos, el înclito antiker Quintus Septimius Florens.

---Êsa es la res, Bury, êsa!!

---Kosmos, dos cosas que porque las dijiste pueden pasar? 

---Cuâl es la prôxima pregunta, Venerabilis Inceptor?

---Es posible que haya otra?

---Pregûntame usted eso a mî que raudo capto?

---Y si no las dices no pueden pasar las dos cosas?

---Venerabilis, esta pregunta menestera una dilucidaciôn no complicada.

---Lo que me quieres decir que estamos en igualdad de condiciones?

---Causa, igualdad de condiciones; efecto, explicaciôn sencilla.

---Didâscalos, ni asombro ni atrevimiento---dice el Venerabilis Inceptor.

---Pero hay continuidad, no?

---Siempre y cuando no ocurran dos cosas...

---Que pudieran repetirse por una cuestiôn de costumbre o vicio en la y

Kosmona?---pregunta Kosmithôs.

---Y risas de Kosmos y del didâscalos filosôfico.


           Ostensible queda para los contertulios de que en general por una y

cuestiôn de costumbre o vicio la repeticiôn lûdica un rol relevadîsimo en

la Kosmona, aunque no tanto para Macco y el Bury por la razôn de llevar

ambos poquitîsimo tiempo en la instituciôn. A pesar de lo anterior podîa-

se  notar un  incremento de la participaciôn de ellos en la fiesta, aumento

que  al ser valorado por aquêllos sûmese parsimônicamente en el corpus

discursivo indefectible, y el que por repeticiôn enriquece la jerga de todi-

tos los dîas, lenguaje especîfico que de facto es la mismîsima cosa en sî,

la que como tal alêjase de lo tâcito por no ser dador êste de lo primordial

o menester, no por lo menos para los contertulios que tienen muchitanto

presente que la verba es el ser de rigor estâtico suntuosamente dador, ser

entonces inmôvil que maravillosamente da. Habrîa que ver que si por un

lado lo de la repeticiôn por costumbre o por vicio no quedaba tan clara y

para Macco y el Bury, y por la razôn que ya dîjose; por el otro, que igual

resulta importante porque no de un solo lado vive el hombre, tanto aquêl

como  êste ensalzaban el  trabajo de los contertulios al escindir êstos con

total convencimiento, a ultranza el fenômeno de la mîsmîsima cosa en sî,

separaciôn que a la postre y al cabo no es ningûn "mêrito" empero que sî 

una calaña destacada de profundizar en una materia hasta llegar a sus co-

rales, a sus componentes mâs en el fondo que acicatan por antonomasia.




  



 




 


























 









 












 

Montag, 19. Juni 2023

1142, 83.

           Mas si algo empieza a sospechar el tîo de Kosmos, y mâs sabiendo 

cuâl es el mêtodo de Kosmos para dejar saber algo indirectamente y, claro 

estâ, coloridamente o con ambages, no es otra cosa que la atinente a la po-

sibilidad de que a Cornelia hâyala fecundado Lamberti, lo que significarîa

entonces que Sabinsqui fue traicionado por su propio compinche, un tema

tan arcaico en el mundo y, como tal, ni asombra ni espeluzna, ni engendra 

la seriedad  ni la risa. Empero a pesar de lo anterior, y como algo en gene-

ral deplorable, la felonîa deja una resonancia que pudiera llegar a ser sem-

piterna, y asi la presencia de lo pejigueroso mantendrîase hasta el final de

un existencial vibrando en la conciencia. El secutor sabe de felonîa mejor

que nadie, ya que êl mismo la viviô en carne propia, aunque exactamente

no  la de un compinche, pero como el tiempo corre y pasa cortina hay co-

sas que pierden vigor. 

            

(Y preludio de la voz)


           Al existir una cadena causal, asimismo que una linealidad de facto-

res que enlazan y de con-secuencias que nudan, revelar una condiciôn, un

estado, o un señalamiento con el cual se abogan las confrontaciones espe-

cificamente  producidas por  dos oponencias de categorîa mayor, mâs que

implicaciôn en una situaciôn determinada significa salirse de êsta para de

facto evitar lo contingente, o sea, lo que pone en relaciôn a partir de [ si y

acaso una finalidad que es lo mâs relevante en cuestiones de toma y deja]

un posible que corresponde o de una complicidad que apoya, algo que ya

tiene la caracterîstica de una intenciôn paradôjica (contradictio) sumida y

del todo en una estructura con destacada resistencia, lo que traduce que y

con la basta capacidad de soportar semânticos embates, los golpes poten-

ciados o vigorosos engendrados por la lengua, por la fabril productora de

la fumbina por antonomasia tanto ambigua como perniciosa. 

        Y si de trabajar con el vocablo proveninete de raîces latinas "superâ-

vit", o que si no de tenerlo en cuenta aunque no sâquese a puesto, a colo-

caciôn en el momento tempestivo y con las personas adecuadas, no duda-

rîase de que estâ presente o incluido en el mêtodo de Kosmos, y sobre to-

do por ser dador de la opulencia de algo que considêrase ûtil o menester.

Dirîase, a su vez, que este mêtodo jamâs cambia, lo que nada tiene abso-

lutamente que ver con un fin o una intenciôn, sino con la mantenciôn de

un procedimiento (tanto exacto como funcional) que a la polêmica lleva

o  conduce; amên que expuesto a la oponencia y refutaciôn positivas de

los contertulios, dos componentes del corpus de la sapiencia que muy y

que bien benefician a êstos, posibilita un ponderamiento de las sûmulas

expresivas, empero que asimismo de las derivantes no del todo impolu-

tas como tampoco cien por ciento convincentes, preñadas por la certeza

o fecundadas  por un conocimiento trascendente, no ya decir que emba-

razadas  por lo fâlico verbal que erige su poder en dialogizaciones ince-

santes o continuas, en perîstasis que al derruir hasta el tronco mâs arrai-

gado izan oriflama y marcan terreno. 

---Y yo conozco tu mirada, êsa es la res, mas mâs por penetrar con vigor

en momentos determinados que por vieja---dîcele Kosmos a su tîo.

---Puedo creerte perfectamente.

---Entonces quieres creerme, porque el que quiere puede.

---Esta vez desvalidado total y completamente queda lo que acabas de

decir.

---En circunspecto o en broma lo de la desvalidez?

---Ni lo uno ni lo otro

---Entonces utriusque!!

---Pourquoi aller plus loin?

---Non plus ultra de ambos, de los dos incluso!!

---A ver si entendî. Pregunto.

---Todo su derecho, didâscalos, el que conduce a un bien-estar--dice Kos-

mos.

---No mâs allâ de dos adiciones enfâticas?

---Eso, didâscalos, mâs acâ de dos adverbios.

---Cômo que mâs acâ de dos adverbios? Quê es eso? Tienen êstos posiciôn

para estar aquî, allâ o acullà?--pregunta Kosmithôs.

---Câspita!!, que te faltaron tres: ahî, allî, acâ---dice Kosmos.

---Tû como siempre, negândome la respuesta.

---Negândotela? A mâs tardar la doy mâs tarde, despuês.

---Ah, kosmos, una loc. adv?---pregunta el didâscalos filosôfico.

---Como mâximo!!

---Y risas del didâscalos filosôfico que dice: el taumaturgo deberîas ser tû.

---Y por quê taumaturgo, didâscalos?---fisga Kosmithôs.

---Porque tu padre si no saca una de abajo de la manga la saca del zapato.

---Didâscalos, ora tôcame reîrme a mî---deja saber kosmos.

---Todo tu derecho que un bien(e)star es!!

---Como usted lo dice parece que la "e" estâ presionada por los lados dere-

cho e izquierdo.

---Pero como es una presiôn horizontal perjudica menos...

---Que la de arriba haci(a)bajo.

---O sea, que la vertical.

---Êsa es la res que es!!

---La cosa que es? Ven acâ, Kosmos, si ya es una cosa cômo es que, ademâs,

es? Es dos cosas dos veces?

---Vercingetôrix, esta pregunta encântame.

---Te fascina, te entusiasma?

---Me hechiza!!

---No si verdaderamente mâs fieles al juego que ustedes no existen---suelta

el Venerabilis Inceptor.

---Testigo directo va siendo usted de la marranada derivante---dice Kosmos.

---De la marranada?

---Êsa es la res!! 

---Ah, entonces la res ahora es una sola: pasô el embrujamiento?---pregunta

Vercingetôrix.

---Y risas de Kosmos.













 










 

















  





 


     





Donnerstag, 15. Juni 2023

1141, 82.

       Aplacado el farfulleo por la peticiôn de Kosmos y finalizado el relajo

engendrado por las risas, apodêrase de la verba Temîganes de Alejandrîa,
 
mas no con el propôsito de abrir una perîstasis determinada sino mâs bien

para saciar su ôntico deseo de saber cômo iba el desarrollo de " El bullicio

 en el silencio" del cual su artîfice hacîa rato (que) no hablaba. Y entonces

dice mirando a Kosmos:

----No sabemos mâs nada sobre el vestido rojo que llevaba Cornelia aque-

lla noche que la visitô Sabinsqui concomitado por su amiga Dina; si, por

ejemplo, fue  quitado o arrebatado del corpus de aquêlla con las manos o

con los dientes, ya que al tener tal color es muy raro que tan sôlo de ganas

de observarlo de arrib(a)bajo.

----Câspita Temîganes!!, dêjame usted atônito con su curiosidad, aunque 

su comienzo no haya sido en singular. Venga acâ, dîgame una cosa: inte-

rêsale verdaderamente el desarrollo o el vestido susodicho?

----Kosmos, y acaso no forma parte del desarrollo el vestido rojo?

----Parte forma de la verborrea de culto por la palabra hierâtica.

----Ah, la frase que una vez dijiste que no dijiste mâs. Ostensible que la y

verborrea que asî tû has calificado es (la) tuya, no?

----Acaba de cometer un delito semântico: la perogrullada!! De quiên si

no la tal asî calificada verborrea?

----Disculpen que interrumpa, mas un color asî es digno de una verborrea

de tal jaez---dice el Venerabilis Inceptor.

----Permîtese en la Kosmona decir asimismo: de una verborrea con tal ape-

llido, o apellidada asî---clara Kosmos.

----Pero jaez y apellido no son dos palabras muy diferentes?

----De facto que sî!!, mas en la Kosmona algunas diferencias obvîanse, no

inclûyense en el programa o simplemente quîtanseles vigencia.

----En dependencia a la coloridad del juego---agrega el didâscalos filosôfi-

co.
----Êsa es la res, êsa, didâscalos, muchitantas gracias por recordarlo---dice

Kosmos y riendo.

----Son las coloridades mejores las de los juegos institucionales---dice Bu-

ry.

----Empiêzase a excursar---dice el tîo de Kosmos.

----Excusar hace falta?

----Cenutrio, escuchar bien res magna est---amplifica Kosmos.

----Perrasiestes, dije excursar, no excusar---dice el tîo de Kosmos.

----Contra, pero se parecen las dos palabras, no?

----Previo al suceder del excurso habrîa que responder a una pregunta.

----Amplifîquela usted, Asonis, amplifîquela!!

----Kosmos, es la siguiente: se quitô o se arrebatô el vestido rojo?

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que es una di-

rigida pregunta a mî y usted mira a Temîganes de Alejandrîa.

----Y quê tiene que ver la mirada si ya estâ hecha la pregunta?

----Miren, y para que no me hagan otra vez la misma pregunta, Cornelia

lo dejô caer sobre una alfombra egipcia---deja saber Kosmos.

----Y cômo reaccionaron Sabinsqui y Dina?---pregunta Perrasiestes.

----Por lo que voy a decir sabrân la respuesta, que si no prodrîanse ima-

ginar cômo siguiô la res: las tres criaturas caracterizâbanse por tener una

fantasîa ingente.


          Pero antes de dar la posibilidad de que los contertulios, y de acuerdo

a lo que cada uno de êstos sacara del magîn, amplificaran con soltura al es-

tar exentos de algûn tipo de limitaciôn, Kosmos saca a puesto, a colocaciôn

a Lamberti de Valpolicella, el buen compinche de Sabinsqui, y a quiên êste

barruntô con detalles no sôlo sobre el vestido rojo sino que asimismo sobre

lo sucedido a raîz de que Cornelia quedârase a toda flor sobre la oriental al-

fombra egipcia, momento nada propicio para la continencia lujuriosa. Pasa-

da una semana, tiempo basto para pensar bien lo que quiêrese hacer, acopas

aparêcese Lamberti en casa de Cornelia, la que en el instante en que aquêl a

la puerta toca estaba dândose un baño, y razôn por la cual no puede sobre el 

pucho ir (a)brir aquêlla. Lamberti entonces piensa que Cornelia no estaba y

en la casa, pero como era una criatura sumamente curiosa entrêgase a la ac-

tividad de echarle un vistazo a todita la casa por fuera. Despuês de ser testi-

go visual de que la ûnica ventana que no tenîa la cortina pasada era la sexta,

amên  de (tener) su  cristal estar empañado por el vapor del agua, no câbele  

duda de que trâtase de la del baño. Sigue entonces la comprobaciôn de si es-

taba abierta o no. Al mismo tiempo percâtase Cornelia de lo anterior, empe-

ro  como ya  sâbese que era una fêmina con ingente fantasîa, lo que traduce

que a la hora de actuar tanto pudiera ser creativa como libêrrima, pasa râpi-

do a la acciôn y sale de la casa desnuda. 

---Señor, no hace falta que empuje la ventana, que si me quiere ver estoy y
 
frente a usted como quisiera verme---dice Cornelia modelando de soslayo.

---Quê mal que usted piensa de mî, que mi intenciôn no era otra que tocar

por aquî, porque toquê a la puerta y êsta no fue abierta. Pero igual lo que y 

usted piense, me da lo mismo. Le puedo pedir una cosa?--pregunta Lamber-

ti parândose frente a Cornelia.

----Quê me va a pedir, lo que todos los hombres?

----Todos no soy yo que soy Lamberti de Valpolicella.

----Y cuâl es su pedir, Lamberti?

----Se puede poner su vestido rojo?

----Verdaderamente sôlo quiere que me lo ponga?

----Asî es, Cornelia, no quiero mâs nada.

----Y cômo usted sabe cômo me llamo?

----Quê no se sabe en la ciudad del ocio, quê?


           Empero mâs por funcional que por contradictorio es que el didâsca-

los filosôfico cree que Lamberti utilizô el principio de la intenciôn paradô-

jica, algo que deja calaña de que el conocimiento de Lamberti no era înfi-

mo, porque para servirse o valerse de una cuasi estrategia eficaz o manipu-

ladora hay que contar con un cierto y determinado dominio que no garanti-

za una sûmula de nociones mînimas que regularmente no pasan de lo teôri-

co.

---Didâscalos, no voy a refutar lo que usted cree, pero sabe usted una cosa?

---Esperando estoy para oîrla, Kosmos.

---Êsta es la res: Cornelia realmente cubriôse su estado a toda flor con y el

vestido rojo.

----O sea, Kosmos, que el interior le quedô fresco; aunque asimismo atrac-

tivo en el caso de que abriêse las piernas al acostarse o sentarse sobre la al-

fombra egipcia, no?

----Temîganes, ya esto es parte de lo que sale de su magîn eyectado en ima-

go---dice Kosmos.

----Kosmos, y tu imago, como artîfice, cuâl es?---pregunta Asonis.

----Sî, responde, Kosmos, que tû eres el dueño tanto de Sabinsqui como de

Lamberti y Cornelia, aunque asimismo del resto del colectivo de "El bulli-

cio en el silencio"---pide Vercingetôrix.

----Câspita!! No sôlo una sino mâs de una imago pudo ser posible, mas me

quedê con êsta: Cornelia invita a Lamberti a tomarse unos tragos, pero co-

mo ella pâsase de copas se vuelve a duchar con el vestido rojo puesto.

----Por lo que entiendo es una imago de marcas, porque al mojarse el vesti-

do se pega al cuerpo y, entonces...

----Precisiôn, Vercingetôrix, precisiôn: no trâtase de una imago de marcas,

sino que de una que las hace posibles, que si no las justifica.

----Kosmos, entonces tû lo pensaste bien: sôlo el vestido y nada debajo pa-
 
ra cuando se pasara de copas Cornelia las marcas...

----Cenutrio, quiên es el artîfice?

----Kosmos, yo no lo soy!!

----Hace falta decir mâs?

----Quid multa?---pregunta el tîo de Kosmos.

----Horribili dictu!!---afirma Kosmos.

----Y risas del tîo de y Kosmos.

---Entonces, artîfice, cômo continuô la cosa a raîz de la observaciôn de Lam-

berti de las marcas?---indaga Vercingetôrix.

---De la siguiente manera: Lamberti quêdase dormido por asimismo pasarse

de copas---responde Kosmos.

---Contra, Kosmos, que si Lamberti te hubiese conocido te clavarîa en el pe-

cho un cuchillo por considerarte un artîfice sâdico.

----Y risas juntas.



































 



































 




 















































  
          

Sonntag, 11. Juni 2023

1140, 81

 (en la Kosmona)

     

           Lo paranomâsico, la analogîa fonêtica entre dos o mâs vocales, sea

ya por relaciôn etimolôgica que por semântica casual, llega a puesto, a co-

locaciôn a travês de esta nueva composiciôn breve del vate: 


Si la reja no es roja entonces toro no hay.

Si la tela como la vela no es blanca 

ponderamiento de pureza no hay).


        Empero como la inconformidad de Kosmos cuasi siempre es el moti-

vo conspicuo de no quedarse en mutismo, ipso facto mira al vate y enton-

ces amplifica:


Como como poco coco,

poco coco compro.


 ----Ah, kosmos, la colocaciôn cercana de dos o mâs parônimos?

-----Êsa es la res, vate, êsa!!

-----Eureka!! Una figura retôrica!!---afirma el didâscalos filosôfico.

-----Asimismo es la res, didâscalos, es la res tambiên. Vâlido y perpetuo

lo que ambos han dicho, dijeron o dejaron dicho.

-----Kosmos, tû saltas de una cosa a la otra aun debiêndome una diluci-

daciôn, la que dijiste dar mâs tarde, despuês?---pregunta Macco.

----Câspita Venerabilis Inceptor!! Entre en el lûdico que no es parano-

masia o entrêguese a êl para que tome a pecho menos un decir que muê-

vese, que no tiene âncora.

----Cômo, quê? Si tuviese âncora pudiêrase mover, trasladar su fijeza?

----Y lo repito: pasikata physin!!

----Ya sê, didâscalos, ya sê que de acuerdo con...

----Con eso que usted sabe y que ademâs es indeleble, Macco.

----Entêrate y recrêate!!

----Cenutrio!!

----Presente, Kosmos, presente!!

----Perrasiestes, hoy lo encuentro mâs cercano a lo que en fluencia suce-

de.

----Didâscalos, todo no tiene su momento, que si no todo en êste?

----Recuerde que no se pregunta lo que se sabe, Perrasiestes.

----Pregûntase usted cômo llâmase?

----Kosmos!! Sabes quê? No te respondo, me quedo en silencio total.

----Muy bien, Perrasiestes, estâ usted aprendiendo, ha dejado calaña de

que aprehende.

----Y risas de Kosmos.

----Didâscalos, ya dije que de momento guardo silencio---dice Perrasies-

tes.

----Usted dijo: me quedo en silencio, y no que "de momento"...

----Vaya, que les encanta provocar---dice el Bury.

----Pero no por eso somos injustos!!---afirma Kosmos.

----Kosmos, si hasta los justos provocan.

----Entonces tales justos ya no serîan mansos.

---Quê, Kosmos, quieres que hablemos de la sentencia que nuevamente 

cuelga despuês que ustedes la pusieron en su lugar?

----Kosmos, que en igualdad de condiciones la explicaciôn mâs sencilla

es la mâs probable---dice Macco.

----Explicaciôn? No acaba (de)cir el Bury que hablar, lo que en plural?

----Kosmos sigue la corriente que pertenece a occidente!!---afirma el di-

dâscalos filosôfico.

----Mâs por nequicia que por entulticia!!

----Vate, y usted no dice nada, que fue el culpable de esta dialogizaciôn?

----Vercingetôrix, me quedo como Perrasiestes.

----Cenutrio, cuenta usted con un aliado, empero mâs por prudencia que

por causa---amplifica Kosmos.

----Y la prudencia no pudiera ser la causa de guardar silencio?

----Temîganes, me coge usted para su juego, como uno de los trebejos de

êste?

----Yo me ofrezco a servir de mesa---dice el didâscalos filosôfico.

----Ni que usted fuera Platôn!!

----Kosmos, que mi espalda no es tan estrecha.

----Pôngala entonces, Aristocles, como base para las piezas.

----Didâscalos, mas la pondrîa por voluntad o por alcahueterîa?---indaga

el tîo de Kosmos.

----Por lo primero!!

----Entonces, volenti nihil difficile!!

----Aun asî, soportar el peso de los trebejos no es fâcil.

----Quê es esto, reductio ad absurdum?---pregunta Macco.

----Un petit fait!!, Venerabilis Inceptor, dentro de los mâs grandes sucesos.

----Kosmos!! Bueno, te perdono.

----Kalôs kai agathôs!! de su parte, Macco.

----Y punto a la raya y que continûe la letra!!---afirma Kosmos.


            Y la letra continûa, y aprovechando la oportunidad de haber dicho

Macco lo del reductio ad absurdum, con la amplificaciôn provocativa del 

Bury ---si toda provocaciôn es ya de por sî una especie de desafîo, provo-

car a los que provocan es un reto ya mayor---de que el libre albedrîo care-

ce totalmente del ser de rigor con el cual darîa calaña de estar muy que y

beneficiosamente  apoyado por lo que no puede ni obviarse ni sustituirse,

ni tachonarse ni pasar por alto, ya que como tal engendra el menester afe-

rente, la conducciôn conspicua o el posible que facilita el ir, el avance li-

bre de ôbices y de negatividades pernicosas.

         Habrîa que ver, a pesar de que râpido diose cuenta del incitamiento

a la irritaciôn, que la actitud del Venerabilis Inceptor Macco fue de recha-

zo, mas como estaba interesado en saber cuâl serîa la reacciôn de los con-

terlutios no dio a conocer aquêlla, lo que es lo mismo a decir: guardô mu-

tismo y quedôse en espera. Mas como los contertulios asimismo se perca-

taron de la provocaciôn, del reto al que tenîan que enfrentarse combatien-

do  con la espada de la verba, tambiên quedaron en silencio, lo que como

consecuencia trajo unos minutos exentos de la facundia o de la verborrea,

algo que pudiera considerarse una novedad en la Kosmona. Queda osten-

sible que en algûn momento el mutismo serîa dirimido, porque si no la y

novedad  llegarîa a categorîa de larga, algo aûn mâs insôlito en la institu-

ciôn. Pero la pregunta indefectible a hacer no podrîa ser otra que la que y

sigue: quiên serîa el primero en salir del silencio y entrar en verba? Pasa-

dos siete minutos, y ya no quedando ostensible sino atropellante, sucede

lo inesperado: todos los contertulios comienza a hablar a la vez, y, como

tal, no entiêndese nada. Y entonces dice Kosmos:

---Por el oro de las retamas y la purpura de los brezos!! Acabemos de una

vez y para siempre con este farfullo loco.

---Kosmos, si acabamos de empezar con êl---dice Kosmithôs.

---Y risas de los farfullantes.



   




 



  



 






 



   







 













































 


Donnerstag, 8. Juni 2023

1139, 80.

          Y precisamente, y en lo atinente al desorden, un artista del barrio de

los Sigilarios (dijo llamarse Malerei, mas es un ônoma falso) fue centro de

atenciôn de la guardia bâtara de recorrido, y en el momento en que hurga-

ba  en una montaña de mûltiples cosas erigida dentro de la casa con la nu-

meral 459, la que no tiene puerta y apellidada la de los difuntos.

----Y se puede saber, Malerei, quê usted busca especifica y concretamente 

a esta hora y con la ayuda de una lâmpara?---pregunta Argos.

---Antes de que dê la respuesta piense en no decir que "a un hombre", por-

que el hecho de que usted sea un artista no le da derecho a que se burle de

nosotros---advierte uno de los soldados.

---Jamâs me he burlado de nadie, y mucho menos de un soldado al servicio

de la reina; ademâs, que la sinceridad simpre es bienvenida, ni tan siquiera

me he burlado de mî mismo. Lo anterior como primero; como segundo, lo

que quisiera hallar son pedazos de hierro finos para hacer la base de las es-

tatuillas de barro.

---De barro y no de madera?---pregunta Argos.

---Ya sê que la fama de este barrio es por las de madera, como las que ha-

cîa, por ejemplo, Euticô, mas alguno de los artistas, como yo, las hacen de

barro; en realidad son muy pocos.

---Euticô?---pregunta el soldado.

---Sî!! Euticô!! Por quê pregunta, acaso usted lo conociô?

---Yo jamâs he conocido a un afortunado.

---Y por quê no precisamente a uno asî?---fisga Argos.

----Puedo entenderlo, ya que lo usted acaba (de)cir es por el significado y

del nombre---dice Malerei.

----Verdad que sî, que Euticô en lengua helênica significa afortunado.

----Asî es, correcto!!---afirma Malerei.

----Entonces estamos hablando del Euticô que viviô en esta casa, el que y

fue blanco de una sûmula de flechas, no?---pregunta Argos.

---Tambiên es correcto, asî es!!---vuelve (a)firmar Malerei.

----Vaya cosas que tiene la vida---dice el soldado.

----Quê usted quiere decir con eso?---pregunta Malerei.

----Que por el significado del nombre es afortunado, mas desafortunado y

por haber sido centro de flechas.

----Êsa es un consideraciôn que me resulta sumamente apretada; cuasi a la

fuerza pensada, ya que una cosa nada tiene que ver con la otra---dice Argos.

----Bueno, igual, que yo no vivo de consideraciones.

----Puedo preguntar algo?

----Cual es la pregunta, Malerei?---pregunta Argos.

----Saben ustedes cuândo le van a poner la puerta a esta casa?

----Cômo nosotros vamos a saber eso? El hecho que seamos soldados y de

su majestad no quiere decir que lo sepamos todo.

----Y cuânto tiempo lleva esta casa sin puerta?---pregunta el soldado.

----La respuesta la sabrâ usted mismo al mirar esta montaña de mûltiples

cosas. Mire, tenga la lâmpara---dice Malerei.

----O sea, que tantas cosas no se pueden acumular en poco tiempo, no?

----Argos, no hace falta la respuesta, ya te entendî---dice el soldado.

----Esta casa de los difuntos se ha convertido en un basurero.

----Y acaso tal basurero a usted no le conviene, Malerei?---pregunta y el

soldado.

----Hace falta dar la respuesta?

----Entonces creo que nos entendemos. Mire, tenga de vuelta su lâmpara.

----Pero saben ustedes una cosa? 

----Cuâl, Malerei, cuâl?----pregunta Argos.

----Que a esta casa no le ponen puerta y, sin embargo, la reina pagô una

sûmula determinada de monedas a Dolfopân por la propiedad de unas lo-

calidades en el extranjero.

----No sabemos de quê usted estâ hablando. Cômo usted cree que la rei-

na pueda hacer esto: invertir en el exterior y no en su propia localidad?

----Malerei, usted puede buscarse un problema de gratis, porque eso que

acaba (de)cir es algo sumamente delicado. 

----Argos, lo que yo dije lo saben aquî muchos artistas.

----Sabe usted una cosa, Malerei? Queda arrestado y serâ presentado a

la reina para que repita lo que dijo, ademâs que le tendrâ que decir uno

por uno de los nombres de los artistas que, segûn usted, lo saben. Y en-

tonces andando, que usted mismo se ha fastidiado su bûsqueda. Y espe-

ro que no trate de escapar si es que no quiere terminar como terminô y

Euticô.

---Y me permiten llevar la lâmpara?

---Sî, pero apagada, que los caballos se asustan.

---De acuerdo, la enciendo en otro momento.


       Y el momento para volver a encender la lâmpara llegô una hora des-

puês, siendo entonces cuando se da cuenta Malerei de adônde habîa sido

llevado por Argos: a la ergâstula. Pero esto fue posible saberlo, porque y

jamâs estuvo en un lugar como êste, al leer una inscripciôn que decîa: tû

eres un ergâstulo por eso estâs en la ergâstula. Ignorando completamente

que significaba ergâstulo, y mejor asî para eludir un sentimiento de vere-

cundia, siguiô echândole un vistazo a la cârcel con la ayuda de la lumbre,

y entonces vio dos cosas: una ventana pequeña a la que no podîase llegar

con las manos y unas argollas de donde pendîan unas cadenas no tan lar-

gas y oxidadas, y las que tenîan la funciôn de impedirles a los reos tanto

la  fuga como el movimiento libre dentro de la cuadratura, empero que y

funciôn que êl asimismo no sabîa, lo que no quiere decir que careciese y

de la mînima idea de para quê pudieran utilizarse, y por la cual para sî y

mismo  dîjose: menos mal que no me encadenaron. A continuaciôn, por-

que  ya no tenîa mâs nada que ver, apaga la lâmpara y se tira en el suelo

a dormir. Non plus ultra de unos pocos minutos, y aûn sin conciliar y el

sueño, algo debido tanto a la incomodidad como a la frialdad, siente en

sus pies la presencia de uno roedores que mordisquiâbanle el calzado e

incesantemente, razôn  por la cual levântase mâs râpido que Proserpina

de las piernas de Plutôn. Horrorizado por la presencia de aquêllos raudo

comenza a gritar como asimismo a pedir ayuda, siendo entonces que no

tan râpido viene uno de los soldados de guardia, y el que sin dilaciôn le

deja saber lo siguiente:

----Esos roedores son muy peligrosos por ser transmisores de una enfer-

medad extraña; han matado a mâs de un reo en cuestiones de minutos y

al estar dormidos.

----Y usted no puede cambiarme de ergâstula?

----No hay mâs ninguna. Asî que si no quiere morir antes de tiempo no

se duerma y vuelva a encender la lâmpara.

----Y hasta cuândo estoy arrestado?

----Hasta mañana, que la reina decidirâ el castigo que le corresponde a

usted. Buenas noches y mantêngase con los ojos abiertos.




  



 



  

















































Montag, 5. Juni 2023

1138, 79.

         De recorrido Argos, y amên que concomitado por cuatro soldados de

la guardia bâtara, divisa en la encrucijada a un jinete que acercâbase a gran

velocidad, razôn por la cual vese en la obligaciôn de hacer el control perti-

nente--si la confianza es buena el control es mucho mejor---, ya que en rea-

lidad ninguno de los habitantes de esta localidad que tienen caballos les es

caracterîstico  correr tanto, salvo Kosmithôs que de vez en cuando gûstale

cabalgar muy râpido al tener su tafanario sobre la albalda de su querido as-

turiano corcel. Al poner su caballo Argos en medio del camino, y de que a

la  izquierda y a la derecha de êste ubicâranse las bestias de los cuatro sol-

dados, la  posibilidad de escape quedaba bloqueada, a no ser que fuese po-

sible  la fuga al hacerse un cambio de direcciôn, empero algo que no suce-

diô porque  de facto el jinete que venîa a gran velocidad detuvo su caballo 

frente a los cinco cuadrûpedos que hacîan imposible el paso. Y entonces a

raîz de lo anterior pregunta Argos:

---Quiên es usted y por quê va tan de prisa con su caballo, cuâl es la razôn

de la velocidad a la que usted somete su cuadrûpedo?

----Mire usted, soldado. Yo soy un bructero que debe llegar a la ciudad del

ocio lo mâs râpido posible para entregarle a Dolfopân un pago que me aca-

ba de dar Dido en una bolsita. Mire, aquî estâ. Ve la bolsita?

----Ah, entonces usted se ha encontrado con su majestad---dice Argos que

a su vez hace una señal para que los soldados bajen sus armas.

----Asî es, acabo cuasi de abandonar palacio. 

----Mas sabe usted una cosa al verlo ahora de cerca?

----No, no la sê.

----Que usted se me parece mucho a Endimiôn.

----No tuve tiempo de fijarme en eso, si acaso compruebo lo que usted dice

cuando vea a Endimiôn en la ciudad del ocio.

----Y por quê en tal ciudad?

----Porque êl se fue con la tribu germânica; mejor dicho, se incorporô a êsta

por una propuesta de Dolfopân.

----Cômo, que un cocinero se mezcle con guerreros?

----La necesidad obliga, no?

----Asî es, mas aun asî habrîa que tener en cuenta otro factor moral...

----Factor moral al haber necesidad? Yo no estoy muy de acuerdo con tal fac-

tor.

----No muy pero sî algo, no?

----Sî!! Pero el algo es tan poco que cuasi no lo tengo.

----No me extraña que un bructero se exprese asî, saque a revelaciôn lo que

deberîa quedar en silencio por cuestiones de principio.

----Se nota claramente que usted es un soldado bâtaro. Pensamos diferente y

actuamos mâs desigual aûn. Cuâl es su nombre?

----Argos!!

----Un nombre interesante.

----Gracias!!

----Argos, le digo que debo continuar camino, y ya le dije el porquê.

----Puede usted irse. Y no sofoque demasiado a su bestia, que pudiera llegar

tarde a la ciudad del ocio si por velocidad êsta siêntese cansada.

----Crêame, Argos, yo sê cômo tratarla, que la conozco de tiempo. Adiôs y si 

acaso hasta la prôxima.

----Adiôs, bructero, adiôs!!, que no creo que una prôxima vez haya.


            Un rato despuês, y en la explanada cerca al barrio de los Sigilarios,

donde ya sâbese que hacîanse combates de gladiadores en tiempos de Volo-

geso, aunque asimismo el lugar donde Argos hallô el cadâver de Kifisodoto 

cinco meses atrâs, Argos observa que cuatro personas bailaban una especie

de danza aquea a la vez que hacîan un estrêpito que sobrepasaba el permiti-

do al comenzar la segunda vigilia. Razôn suficiente como para que fuesen

multados sobre todo por el ruido crecido que hacîan, son atracciôn rauda y

de esta guardia de recorrido, y motivo ineludible de que sin dilaciôn uno de

los soldados hiciêrales la siguiente pregunta al estar frente a ellos:

----No estaban ustedes en la taberna no hace mucho?

----Y cômo usted sabe que estuvimos allî?---pregunta Antîmaco de Ocami-

tan.

----No se acuerda usted de que al bructero fueron a buscarlos dos soldados?

----Cômo olvidarlo aunque estê pasado de copas, y?

----Que yo soy uno de los dos.

----Ah, eso, entonces, cômo no va a saberlo. Ya sê por quê lo sabe!!

----Pero cazador, usted en estado ebrio?---pregunta Argos.

----Y acaso los cazadores no se pueden emborrachar?

----Se conocen ustedes?---pregunta el mismo soldado.

----Sî!! y del cuasi terminado âgape en palacio---responde Argos que le y

pregunta a Evandro: y no es usted el reo que vino con la tribu germânica?

---El mismo!! Claro que no fui reo, no exactamente eso---dice Evandro de

Atella.

---Y ella quiên es?---pregunta Argos.

----Soy Konfuza, la novia de êl, de Antîmaco.

----No hace falta que lo señale y a la vez diga su nombre.

----Se nota que estoy borracha!!

----No quise decir eso.

----Es que si yo lo dije es porque cuando estoy lûcida ni lo nombro ni lo 

señalo.

----Eso a nosotros no nos interesa, Konfuza; somos responsables solamen-

te de mantener el orden y la disciplina de esta localidad.

----Que aburrida la vida como soldado!!

----Konfuza, mida sus palabras que si no pudiera tener su consecuencia: le

gustarîa pasar una horas arrestada por falta de respeto a la guardia de su y

majestad?

----No me vendrîa mal, asî salgo de mi monotonîa.

----Ahora sî quiero decirle que usted no estâ lûcida.

----Y ustedes pueden bailar sin mûsica?---pregunta el soldado.

----Usted nunca se ha emborrachado, soldado?---pregunta Antîmaco de Oca-

mitan.

----No tengo mucho tiempo para eso, no es muy larga la pausa que tenemos

en palacio como soldados de la guardia de su majestad.

----Miren, si quieren pueden quedarse en esta explanada todo el tiempo que

quieran, pero nada de estrêpito, si es que no quieren terminar arrestados.

----De acuerdo, Argos. Hacemos silencio y seguimos bailando---dice el ca-

zador.

----Muy bien!!--afirma Argos que dîcele a los soldados: nos vamos al barrio

de los Sigilarios.


       Pero tanto orden como disciplina eran dos palabras no muy del gusto de

los artistas del barrio de los Sigilarios, y precisamente por dos cosas: por ser

creativos y por mofarse de las normas institucionales, que mâs bien es y del

desorden de donde sacan lo que mâs necesitan y de una fuente ôntica lo mâs

justo que pudiêrales interesar por estar mucho mâs cerca de la propia natura-

leza, la que impepinablemente impera o da el edicto de lo que dêbese a caba-

lidad hacer, lo que en realidad es lo mâs relevante, y asî, de ser desdeñado o

ignorado, deplorablemente un crimen contra el potencial de uno mismo, lle-

varîa o conducirîa a la mâs gravîsima de las consecuencias. Ostensible que-

da  que [tal no muy del gusto de..] serîa sûbito motivo de la risa militar, sin

decir que la razôn ineludible de que los soldados de recorrido de la guardia

bâtara pasaran a la acciôn al escuchar tales cosas de la lengua de un artista;

aunque  eso sî, porque de haber testigos un arrestado tendrîa la posibilidad 

de  contar con un apoyo que (de facto?) beneficiarîale, la susodicha acciôn 

harîanla o en callejones intrincados o en los arrabales donde abundan y los

matorrales, que si no otras crecidas malezas, verbi gratia las zarzas.  








































 
















 







  

Samstag, 3. Juni 2023

1137, 78

  (en la Kosmona)


           A raîz de terminar de ingerir el pastel teñido con azafrân el venerabi-

lis Inceptor Macco y el Bury, Kosmos repite una pincelada de su invenciôn

reciente: lo rapsôdico que tiene que ver con los triâdico menos que con y lo

tîpico y tôpico de un fragmento triangulado por cuestiones de estêtica, crea-

ciôn colorida que en vez de ser el aliciente del cual partir para sacar a pues-

to, a colocaciôn una dadora polêmica, que si no el tempestivo discurso o la

verba improvisada con sus piruetas y ambages a fanegadas, engendrô sûbi-

to  un ingrato mutismo. Entonces, y al ser testigo directo de que la funciôn 

semântica dentro del lûdico habitual esta vez no dejaba sus frutos, los sus-

tentos  menesteres para el enrequecimiento de las mûltiples y fâcticas apor-

taciones de los contertulios, êl mismo prepârase para decir otra cosa, empe-

ro acopas llega Argos y en voz alta dice:

----Yo mismo me ocupe de la liberaciôn de Endimiôn, el que tuvo que defi-

nitivamente abandonar Bedriaco por edicto de la reina.

----Câspita, Argos, y usted no estaba sancionado, fuera de servicio?

----Estaba, Kosmos, lo que debo agradecerle a tu madre por hablar con el

magister equitum para que me quitara el castigo.

----Hablô la autoridad suprema, cômo no se lo van a quitar. Pero y por quê

mi madre liberô a Endimiôn?

----Algunas veces tu madre es difîcil de entender, mas hasta donde sê le de-

volviô la libertad por considerar que el tiempo que êl pasô en la ergâstula,

como reo en êsta, ya era suficiente. Pero ademâs sabes lo que hizo la reina?

----Amplifîquelo, Argos, amplifîquelo!!

----Le dio unas monedas para que se comprara el pasaje del navîo.

----Unas no son nada en parangôn con las que ella tiene que son montones.

----Eso no lo dudarîa nadie, Kosmos, pero yo lo que veo de su parte es su ac-

titud frente a un reo.

----Argos, que en este mundo todo tiene su truco, su engaño y su triquiñuela

repasada. Tû sabes cuânto recibîa Endimiôn trabajando para mi madre como

cocinero?

----Dîmelo tû que yo no lo sê.

----Ni yo tampoco. Pero quîsete decir con eso que quien maneja ingente sû-

mula de monedas sabe de facto como granjearse el afecto o la simpatîa y de

alguien, mas en el momento pertinente.

----Del todo no te capto bien, pero igual.

----Y cuâl fue la direcciôn por la que Endimiôn arrumbo sus pasos?

----La ignoro, totalmente no sê adônde se fue. Y estos señores quiênes son?

----El de la izquierda el Bury; el de la derecha, Macco, el venerabilis Incep-

tor.

----Dos nuevos contertulios?

----Dos participantes en los cursos que prôximamente comienzan que ya y

no son gratis.

----Un gusto, señores---dice Argos saludândolos como si fuesen generales.

----No se ponga usted tan recto que pudiera fastidiarse la columna---suelta

el Bury.

----Ni tan serio que pudiera dejar revelada la desigualdad de condiciôn, por

lo que la explicaciôn mâs sencilla dejarîa de ser la probable---dice Macco.

----Lo primero lo entendî mejor que lo segundo---dice Argos.

----Lo primero cuasi siempre es una base; lo segundo, lo que prosigue a par-

tir de un basamento considerativo o de un principio metodolôgico.

----De un pro-cedimiento---dice Kosmos.

----Difîcil de comprender a este señor---dice Argos mirando a Macco.

----Quê usted cree, didâscalos, en lo atinente a lo difîcil?

----Ya sê, Kosmos, mas esta vez no lo repito.

----Y risas de Kosmos que amplifica: la repeticiôn u ofusca o cansa.

----No me extraña que no abandones el ludicar y, sabes quê?, el que riêse

ahora soy yo.

----Age, didâscalos, age!!, que ya cuasi que termina mi cumpleaños.

----Vaya cumpleaños tuyo largo!! Cômo la vara asiâtica que es flexible?

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que si digo el

ônoma de tal vara en otro idioma serîa causa para la risa doble.

----Kosmos, y por quê dijiste que la repeticiôn u ofusca o cansa si precisa-

mente ella es...

----Contra cenutrio, contra que si no repâmpanos!!

----Perrasiestes, que ya no me caben dudas: a usted le gustan las trampas,

o que volitivamente se deja caer en êstas---dice el didâscalos filosôfico.

----Eso no es cierto didâscalos, es incierto.

----Vaya diferencia entre lo no cierto y lo incierto!!---afirma Kosmos.

----Me lo quitaste de la lengua, Kosmos, me lo arrebataste.

----Quê si no, didâscalos, que pensamos igual y a la misma vez?

----Del pensar simultâneo quê dicen los contertulios?---pregunta Macco.

----Quê van a decir si no lo tienen?

----Kosmos, entonces sôlo sucede en ustedes dos?

----Macco, y por quê usted no me pregunta a mî?

----Didâscalos, estâ usted celoso?

----Yo sôlo me pongo celoso con mi mula cuando mira a otro antropo como

si fuese su dueño.

----Vaya animal que es usted!!

----Bury, que "el hombre es un animal que piensa"----dice el didâscalos filo-

sôfico.

----Bienvenido el înclito del Liceo!!---afirma Kosmos.

----Eureka porque sea bien-venido.

----Y punto a la raya y que continûe la letra!!

----Cuando estemos con los brazos apoyados sobre la mesa redonda.

----Al avîo, a la mesa redonda!!

----Yo no, que me retiro porque empieza mi horario de recorrido. Asî que y

hasta la prôxima---dice Argos.

----Me trae un elêboro cuando termine?

----Kosmos, que a mî no me gustan las trampas.

----Y risas de Kosmos.


           Siete minutos despuês percâtase Kosmos de una descollante cosa: el

cambio en los semblantes de Macco y de Bury al êstos tocar la mesa redon-

da. Por ser la primera vez que es testigo de la susodicha cosa, y en vez y de

hacer la tempestiva pregunta, Kosmos quêdase observando con atenciôn el

cômo aquêllos acicateâbanse al hacer lo que hacîan, cômo el tocar la made-

ra dâbales lo menester para tener una transformaciôn acopas, una modifica-

ciôn de improviso basta como para tachonar o borrar una proyecciôn prece-

dente de la jeta, que si no el efecto dominante de una resonancia que engen-

dra en êsta un eyectar con menos potencia y mâs posibilidad de algûn codi-

ficado mohîn para un otro que o intrepreta o que examina de acuerdo al co-

nocimiento concreto del cual vâlese para sacar sus conclusiones relativas y

por lo mismo jamâs exentas de la refutaciôn pertinente, de la oposiciôn in-

defectible del que saca lascas o escucha bien, o del subrayamiento superla-

tivo de un pensar con el que estarîa de acuerdo la mismîsima Minerva, em-

pero estar que sôlo es posible de manera subrepticia.

---Kosmos, cuando tû observas con atenciôn es que a tensiôn quieres llevar

una cosa determinada: de cuâl se trata?---pregunta el didâscalos filosôfico.

---Câspira didâscalos!!, que si yo observo con atenciôn a los otros usted no

con atenciôn a mî?

---A cuâles de nosotros que somos los otros?

---No crêole que usted no sepa los otros cuâles son.

---Cômo saberlo si con atenciôn te observaba a ti?

---En realidad observaba de los otros sus manos.

---Y quê tienen las manos de esos otros que en realidad con atenciôn obser-

vas?

----Que al tocar la mesa redonda engendraron un cambio en el semblante.

----Entonces no sôlo observas con atenciôn las manos sino que asimismo las

jetas.

----Pero menos las jetas y mâs las manos!!

----Entonces, Kosmos, se trata de las manos y de las jestas de nosotros?

----Êsa es la res, êsa, Venerabilis Inceptor.

----Y cômo te diste cuenta del cambio?---pregunta el Bury.

----Porque observaba con atenciôn---responde Kosmos que pregunta: y se

puede saber el porquê de que ustedes toquen con sus manos la mesa redon-

da, que no se trata ni de un cofre ni de una mâgica lâmpara?

----Y cômo tocarla, con los pies?----fisga el Bury.

----Tal pregunta me gusta por ser vâlida en el juego que forma parte de la

fiesta---dice el didâscalos filosôfico.

----Didâscalos, que la ataraxia engendra verborrea circunspecta.

----Kosmos, y cuâl ataraxia es êsa, dônde estâ?---pregunta Macco.

----Despuês le explico, mâs tarde.

---Espero que mâs tarde des pues la explicaciôn.

---Age para mî mismo, age!!---afirma Kosmos y con risas.















 













  
































 




 















 









 

   

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...