Donnerstag, 29. Juni 2023

1145, 86.

       Y en lo que la reina disfrutaba plenamente de su solaz, Malerei regre-

sa a la casa de los difuntos en el barrio de los Sigilarios, o sea, que retorna

al  mismo lugar donde hacîa unas horas fue arrestado por Argos, y con la e

intenciôn de seguir buscando lo que hacîale falta para su trabajo con las es-

tatuillas. Empero si algo resûltale del todo inesperado es que Antîmaco de 

Ocamitan, quien conversaba con Konfuza y a la vez pasâbale dulcemente

la mano derecha por la espalda, como si êsta fuese la parte del cuerpo con

la que de momento sentîase mâs a gusto al tocarla, lo llamase por su nom-

bre.

---Y cômo usted sabe mi nombre, si yo ni tan siquiera sê quiên es usted?

---Malerei, me onomo Antîmaco de Ocamitan, y ella es Konfuza, mi no-

via, y con la que vivo bajo el techo de esta casa con el nûmero 460...

---Antîmaco? Entonces es usted el tocador del crôtalo, no?

---Correcto!! Pero sabes una cosa, Malerei, a mi no me interesa saber por

quiên tû supiste que yo lo tocaba. Y escucha. Sê tu nombre por mi vecino

Gaye Macinas, y el que me contô lo de tu arresto hace unas horas.

---Su vecino? Dônde vive?

---En el 468.

---Antîmaco, cuando fui arrestado yo no vi a su vecino, aun a nadie...

---Te revelo una cosa: mi vecino fue controlador del navîo en los tiempos

de su majestad Vologeso; ademâs que juega a los dados con viejos amigos

de puerto hasta bien entrada la nocturna.

---No entiendo lo que usted me quiere decir, Antîmaco.

---Que sabe cômo mirar sin ser visto, algo que aprendiô cuando fue contro-

lador.

---De que lo sabe lo sabe, a mî no me cabe duda---dice Konfuza.

---O sea, señora, que usted estâ segura? Y por quê?---fisga Malerei.

---Porque yo fui concubina de êl hace ya unos cuantos años.

---Concubina, verdad?

---Como lo acabas de oîr.

---Podemos cambiar de tema?---pregunta Antîmaco de Ocamitan.

---Entonces, Antîmaco, su vecino le hizo una descripciôn mîa, porque si

no cômo usted iba a saber que yo era Malerei.

---Eso fue lo que pasô, y esto fue lo que me dijo: el arrestado por Argos,

y conducido a palacio por cuatro soldados de la guardia bâtara, se llama

Malerei, y seguido me dio tus caracterîsticas..

---Mis caracterîsticas?

---Quise decir el cômo aparentabas.

---Ya, ahora sî entiendo.

---Y por quê tû has regresado a la casa de los difuntos si fuiste arrestado?

---Señora, no lo fui por venir a esta casa, sino por algo que dije que no de-

bî decir (y) sobre la reina---dice Malerei.

---Y se puede saber quê dijiste?

---Quê chismosa, por quê te interesa saberlo?---pregunta Antîmaco de Oca-

mitan.

---Dêjame desarrollarme, preguntar...

---Señora, no puedo responder a su pregunta, porque le prometî a la reina

que no le dirîa a nadie lo que sê, asî que no me tome por un pesado o algo

parecido, que ya usted sabe el motivo por el cual debo guardar silencio.

---Pero Malerei, nosotros no nos irîamos de lengua, puedes confiar en no-

sotros.

---Tû no acabas de oîr lo que êl dijo?---pregunta Antîmaco de Ocamitan.

---Tû como siempre, metido en todo lo que no te importa---dice Konfuza

a la vez que separândose de Antîmaco para que dejara de tocarle la espal-

da.

---En fin, que las mujeres son complicadas. Y dime, Malerei, tienes tiem-

po para tomarte unos traguitos?---pregunta Antîmaco de Ocamitan.

---Yo soy un artista, Antîmaco, soy eso!!

---Con eso que tû quieres decir?

---Que de no tener tiempo lo invento.

---Entonces aceptas la invitaciôn?

---Sî, Antimaco, si!!

---De acuerdo, Pero debo preguntarte algo, para evitar molestia, o que te 

sientas incômodo.

---Pregunte, usted, Antîmaco.

---Te desagradan los guacamayos?

---Quê, tienen ustedes uno?

---Y polîcromo.

---Bueno, a decir verdad jamâs he visto un guacamayo, y menos polîcromo.

Quê, es peligroso?

---No no!! Pero ten presente que tienes que tener cuidado con lo que dices,

que lo que sî hace es repetir las cosas que oye.

---Tendrê cuidado, Antîmaco, lo tendrê.

---Muy bien!! Entonces vamos adentro, que mientras menos afuera mi veci-

no sabrîa no tanto de nosotros.


          Regresando a palacio, Dido, y al no poder dormir mâs de lo que por y

êthos dormîa a esa hora, levântase para incorporarse de nuevo a su rutina de

cada dîa en la sede mayestâtica. Al ver que Kôs no estaba a su lado, que ya

habîa salido del cuarto, como que asimismo que las hojas organizadas esta-

ban en el mismo lugar en que ella las dejô, pârase frente al espejo para con-

templarse el semblante, aunque tambiên para pasarse un cepillo por el cabe-

llo, siendo entonces cuando encuentra una pregunta de Kôs escrita con ma-

yûsculas letras: quê es Logos pathetikôs? Empero si algo recordô Dido fue-

ron los tiempos en que Kosmos entregâbase a sus primeras lecturas no sola-

mente con una que muy buena disposiciôn, sino que asimismo con la plena

convicciôn de que sôlo lo difîcil (aparte de ser acicateante) acarrea esa me-

nester  inquietud en el  pensar, algo que de facto es el indeleble motivo por

el  cual un sujeto  hace una serie de preguntas, y que en el caso de Kosmos

fue un hacer mâs de una vez por medio (o a travês) de papelitos por las ma-

nos engurrados que tiraba al suelo. Queda por ver si la susodicha menester

inquietud tendrâ vigorosidad en el pensar de Kôs, piensa Dido, pero por lo

menos el hacer una pregunta es calaña de su interês por conocer, o de acer-

carse a un saber con el cual lo existencial no serîa ni tan plûmbeo ni tan pe-

sado de llevar.

         Y habrîa que ver que antes de que Dido llegara a los pulvinares, algo

que serîa posible non plus ultra de unos pocos minutos, Kôs arrumbaba sus

pasos a la cocina, y con la intenciôn de hacerle al cibiosactes la misma pre-

gunta  que êl dejô escrita con letras mayûsculas. Faltândole tres metros pa-

ra llegar al lugar donde prepâranse los alimentos, huêlense de facto disîmi-

les aromas y cuasi siempre hay calor, es testigo visual directo de la abertu-

ra  de la puerta de êste, y por la  que en vez del cibiosactes sale el cocinero

de Irlanda agarrando por las patas traseras a un conejo sin cabeza.

---Cocinero, estâ en la cocina el cibiosactes?----pregunta Kôs mirando con

fijeza al conejo.

---Si supieras que hasta ahora ni ha entrado, por lo que entonces cômo ver-

lo podrîa. Deseas hablar con êl?

---Hablar no, sôlo hacerle una pregunta.

---De quê tipo, gastronômica, o sobre gastronomîa?

---Nada que ver la pregunta con la gastronomîa.

---Y se puede saber cuâl es la pregunta, Kôs?

---Quê es Logos pathetikôs?

---Yo no creo que la pregunta pueda responderla el cibiosactes...

---Por quê no, cocinero?

---Porque para êl es una lengua forânea, lo que significa que no es alejandri-

na.

---Cocinero, yo sê lo que es forâneo.

---Sabes dônde vas a escuchar la respuesta correcta?

---Respuesta correcta? Solamente aquî en Bedriaco hay un lugar donde las

respuestas son asî: en la Kosmona!!

---Correcto!! No es otro que êse el lugar correcto.

---Entonces voy a ese lugar.

---Y de dônde tû sacaste lo que quieres saber quê significa?

---De una sûmula de hojas escritas por mi abuelo.

---No me extraña que de ser por êl escritas hayas encontrado algo difîcil.

---A mî tampoco. Bueno, me voy a la Kosmona.

---Y yo vuelvo a entrar en la cocina, que este conejo debe estar listo lo mâs

râpido posible.

---Solamente un conejo para tantas lenguas?

---La ûnica lengua es la de la reina que desea un conejo como merienda.

---Me quedê dormido en su cuarto, y cuando me despertê ella dormîa a mi

lado.

---Sê que por costumbre ella descansa un poco a esta hora, mas no demora 

en aparecer para acomodarse en los pulvinares.

---Bueno, me voy.

---Adiôs, Kôs, adiôs!!


           Cinco minutos despuês el cibiosactes recibe a la reina en los pulvi-

nares, y êsta sûbito pregûntale:

---Cômo va el conejo que mandê a preparar?

---Ya debe estar siendo pasado por el fuego, majestad. Desea usted ingerir

algo antes?

---No no!! Espero el conejo.

---Mire, majestad, se le ha caîdo este papelito.

---Ah, el papelito donde Kôs me dejô escrita una pregunta. Gracias, cibio-

sactes.

---De nada, majestad, que forma parte de mi trabajo.

---Me parece que Kôs saliô mâs a su abuelo que a su padre.

---Perdôn, majestad, quê usted ha dicho?

---Que Kôs estâ tan interesado en saber como mi hijo cuando era pequeño.

En este papelito êl pregunta quê es el Logos pathêtikôs.

---Suena helênico, majestad, suena asî.

---Asî suena porque es asî: helênico!! Cibiosactes, de momento puede reti-

rarse.

---A su edicto, majestad, a su edicto!!







 



 




















 


























































 

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...