engendrado por las risas, apodêrase de la verba Temîganes de Alejandrîa,
mas no con el propôsito de abrir una perîstasis determinada sino mâs bien
para saciar su ôntico deseo de saber cômo iba el desarrollo de " El bullicio
en el silencio" del cual su artîfice hacîa rato (que) no hablaba. Y entonces
dice mirando a Kosmos:
----No sabemos mâs nada sobre el vestido rojo que llevaba Cornelia aque-
lla noche que la visitô Sabinsqui concomitado por su amiga Dina; si, por
ejemplo, fue quitado o arrebatado del corpus de aquêlla con las manos o
con los dientes, ya que al tener tal color es muy raro que tan sôlo de ganas
de observarlo de arrib(a)bajo.
----Câspita Temîganes!!, dêjame usted atônito con su curiosidad, aunque
su comienzo no haya sido en singular. Venga acâ, dîgame una cosa: inte-
rêsale verdaderamente el desarrollo o el vestido susodicho?
----Kosmos, y acaso no forma parte del desarrollo el vestido rojo?
----Parte forma de la verborrea de culto por la palabra hierâtica.
----Ah, la frase que una vez dijiste que no dijiste mâs. Ostensible que la y
verborrea que asî tû has calificado es (la) tuya, no?
----Acaba de cometer un delito semântico: la perogrullada!! De quiên si
no la tal asî calificada verborrea?
----Disculpen que interrumpa, mas un color asî es digno de una verborrea
de tal jaez---dice el Venerabilis Inceptor.
----Permîtese en la Kosmona decir asimismo: de una verborrea con tal ape-
llido, o apellidada asî---clara Kosmos.
----Pero jaez y apellido no son dos palabras muy diferentes?
----De facto que sî!!, mas en la Kosmona algunas diferencias obvîanse, no
inclûyense en el programa o simplemente quîtanseles vigencia.
----En dependencia a la coloridad del juego---agrega el didâscalos filosôfi-
co.
----Êsa es la res, êsa, didâscalos, muchitantas gracias por recordarlo---dice
Kosmos y riendo.
----Son las coloridades mejores las de los juegos institucionales---dice Bu-
ry.
----Empiêzase a excursar---dice el tîo de Kosmos.
----Excusar hace falta?
----Cenutrio, escuchar bien res magna est---amplifica Kosmos.
----Perrasiestes, dije excursar, no excusar---dice el tîo de Kosmos.
----Contra, pero se parecen las dos palabras, no?
----Previo al suceder del excurso habrîa que responder a una pregunta.
----Amplifîquela usted, Asonis, amplifîquela!!
----Kosmos, es la siguiente: se quitô o se arrebatô el vestido rojo?
----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que es una di-
rigida pregunta a mî y usted mira a Temîganes de Alejandrîa.
----Y quê tiene que ver la mirada si ya estâ hecha la pregunta?
----Miren, y para que no me hagan otra vez la misma pregunta, Cornelia
lo dejô caer sobre una alfombra egipcia---deja saber Kosmos.
----Y cômo reaccionaron Sabinsqui y Dina?---pregunta Perrasiestes.
----Por lo que voy a decir sabrân la respuesta, que si no prodrîanse ima-
ginar cômo siguiô la res: las tres criaturas caracterizâbanse por tener una
fantasîa ingente.
Pero antes de dar la posibilidad de que los contertulios, y de acuerdo
a lo que cada uno de êstos sacara del magîn, amplificaran con soltura al es-
tar exentos de algûn tipo de limitaciôn, Kosmos saca a puesto, a colocaciôn
a Lamberti de Valpolicella, el buen compinche de Sabinsqui, y a quiên êste
barruntô con detalles no sôlo sobre el vestido rojo sino que asimismo sobre
lo sucedido a raîz de que Cornelia quedârase a toda flor sobre la oriental al-
fombra egipcia, momento nada propicio para la continencia lujuriosa. Pasa-
da una semana, tiempo basto para pensar bien lo que quiêrese hacer, acopas
aparêcese Lamberti en casa de Cornelia, la que en el instante en que aquêl a
la puerta toca estaba dândose un baño, y razôn por la cual no puede sobre el
pucho ir (a)brir aquêlla. Lamberti entonces piensa que Cornelia no estaba y
en la casa, pero como era una criatura sumamente curiosa entrêgase a la ac-
tividad de echarle un vistazo a todita la casa por fuera. Despuês de ser testi-
go visual de que la ûnica ventana que no tenîa la cortina pasada era la sexta,
amên de (tener) su cristal estar empañado por el vapor del agua, no câbele
duda de que trâtase de la del baño. Sigue entonces la comprobaciôn de si es-
taba abierta o no. Al mismo tiempo percâtase Cornelia de lo anterior, empe-
ro como ya sâbese que era una fêmina con ingente fantasîa, lo que traduce
que a la hora de actuar tanto pudiera ser creativa como libêrrima, pasa râpi-
do a la acciôn y sale de la casa desnuda.
---Señor, no hace falta que empuje la ventana, que si me quiere ver estoy y
frente a usted como quisiera verme---dice Cornelia modelando de soslayo.
---Quê mal que usted piensa de mî, que mi intenciôn no era otra que tocar
por aquî, porque toquê a la puerta y êsta no fue abierta. Pero igual lo que y
usted piense, me da lo mismo. Le puedo pedir una cosa?--pregunta Lamber-
ti parândose frente a Cornelia.
----Quê me va a pedir, lo que todos los hombres?
----Todos no soy yo que soy Lamberti de Valpolicella.
----Y cuâl es su pedir, Lamberti?
----Se puede poner su vestido rojo?
----Verdaderamente sôlo quiere que me lo ponga?
----Asî es, Cornelia, no quiero mâs nada.
----Y cômo usted sabe cômo me llamo?
----Quê no se sabe en la ciudad del ocio, quê?
Empero mâs por funcional que por contradictorio es que el didâsca-
los filosôfico cree que Lamberti utilizô el principio de la intenciôn paradô-
jica, algo que deja calaña de que el conocimiento de Lamberti no era înfi-
mo, porque para servirse o valerse de una cuasi estrategia eficaz o manipu-
ladora hay que contar con un cierto y determinado dominio que no garanti-
za una sûmula de nociones mînimas que regularmente no pasan de lo teôri-
co.
---Didâscalos, no voy a refutar lo que usted cree, pero sabe usted una cosa?
---Esperando estoy para oîrla, Kosmos.
---Êsta es la res: Cornelia realmente cubriôse su estado a toda flor con y el
vestido rojo.
----O sea, Kosmos, que el interior le quedô fresco; aunque asimismo atrac-
tivo en el caso de que abriêse las piernas al acostarse o sentarse sobre la al-
fombra egipcia, no?
----Temîganes, ya esto es parte de lo que sale de su magîn eyectado en ima-
go---dice Kosmos.
----Kosmos, y tu imago, como artîfice, cuâl es?---pregunta Asonis.
----Sî, responde, Kosmos, que tû eres el dueño tanto de Sabinsqui como de
Lamberti y Cornelia, aunque asimismo del resto del colectivo de "El bulli-
cio en el silencio"---pide Vercingetôrix.
----Câspita!! No sôlo una sino mâs de una imago pudo ser posible, mas me
quedê con êsta: Cornelia invita a Lamberti a tomarse unos tragos, pero co-
mo ella pâsase de copas se vuelve a duchar con el vestido rojo puesto.
----Por lo que entiendo es una imago de marcas, porque al mojarse el vesti-
do se pega al cuerpo y, entonces...
----Precisiôn, Vercingetôrix, precisiôn: no trâtase de una imago de marcas,
sino que de una que las hace posibles, que si no las justifica.
----Kosmos, entonces tû lo pensaste bien: sôlo el vestido y nada debajo pa-
ra cuando se pasara de copas Cornelia las marcas...
----Cenutrio, quiên es el artîfice?
----Kosmos, yo no lo soy!!
----Hace falta decir mâs?
----Quid multa?---pregunta el tîo de Kosmos.
----Horribili dictu!!---afirma Kosmos.
----Y risas del tîo de y Kosmos.
---Entonces, artîfice, cômo continuô la cosa a raîz de la observaciôn de Lam-
berti de las marcas?---indaga Vercingetôrix.
---De la siguiente manera: Lamberti quêdase dormido por asimismo pasarse
de copas---responde Kosmos.
---Contra, Kosmos, que si Lamberti te hubiese conocido te clavarîa en el pe-
cho un cuchillo por considerarte un artîfice sâdico.
----Y risas juntas.
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen