(en palacio)
El artista del barrio de los Sigilarios Malerei, el que recientemente
fue arrestado por Argos por haber dicho algo que hasta cierto punto perju-
dicaba la reputaciôn de su majestad Dido, esperaba a êsta bajo la infalible
vigilancia de un soldado bâtaro en el salôn de los recibimientos. Por razo-
nes de seguridad deberîa mantener su tafanario sobre la silla en que esta-
ba sentado, lo que traduce que no podîa pararse ni tan siquiera para estirar
las piernas, aunque no que no pudiera repantigarse con el têlos especîfico
de tener mayor comodidad, empero que de hacerlo deberîa dejar sûbito el
arrellanamiento una vez presente frente a êl la reina, lo que es lo mismiti-
co a decir; romper con el estar a gusto a raîz de adoptar una posiciôn de-
terminada. De tal guisa que lo ûnico que sî vedôsele fue mirar hacia atrâs,
prohibiciôn que dejôle bien clara dicha el soldado susodicho, podîa libre-
mente mover la testa de izquierda a derecha las veces que quisiera; tam-
biên de arrib(a)bajo, aunque en el techo no hubiese fresco alguno ni tam-
poco alfombra sobre el ampo del mârmol. Y entonces, y en lo que obser-
vaba (a)mbos lados atiborrados de antiguallas, la voz imperativa del sol-
dado ordena raudo:
----Malerei, ahora usted sî debe pararse porque llega la reina, y no haga
ningûn falso movimiento que puede costarle la vida. Me ha entendido?
----Tan inteligible que me quedo inmôvil, como una estaca.
Y como una estaca estuvo cuasi unos cinco minutos, y asî el breve
tiempo que Dido como mâximo utilizaba para dar vueltas en derredor de
los reos, una forma aplicada por ella con el propôsito de saber si el arres-
tado ponîase nervioso, o si por impaciencia formulaba algûn tipo de pre-
gunta revelante de lo necesario para tener informaciôn sobre ciertas y de-
terminadas cosas que son parte de la psicologîa del detenido, las que en
concretas y especîficas situaciones son mâs fâciles de detectar, de dar y
con ellas por la impresiôn (o impacto) que deja un mêtodo desconocido.
Simultâneamente pasaba que Kôs penetra en el cuarto de Dido con
el objetivo de echarle un vistazo a una sûmula de hojas escritas por Kos-
mos, y en las que êste escribiô una gran parte de las ideas iniciales para
su novela "El bullicio en el silencio". De habêrsele despertado o la curi-
osidad o el interês dêbese concretamente a lo que contôle Dido sobre el
motivo por el cual Kosmos dâbale muchitanta relevancia a las ideas su-
sodichas, y las que êl mismo denominaba "las luminantes apolîneas en
preludio cupular", denominaciôn con cierta complejidad para el enten-
dimiento de Kôs, por lo que no es de extrañar que êste olvidârase y de
ella. Y entonces, y acomodado encima de la tremendîsima cama lujosa
de la reina, Kôs empieza a leer las hojas sin poder eludir el correspon-
diente asombro, y no solamente por la cantidad de palabras desconoci-
das sino que asimismo por la pudiente fantasîa con la que el artîfice de
la novela desarrollaba sus ideas tales. Pero ademâs, y por lo que es po-
sible un estupefacto aun mayor, una de las ideas era la del ojo asoman-
te mezclada con un têrmino jamâs escuchado: Logos pathetikôs, pasti-
che que amên que subrayado con una fuerte lînea oscura descollaba y
por estar escrito con letras mayûsculas, y asî dando la impresiôn que
salîase de la hoja, o que chocaba con los ojos sin causar molestia algu-
na, un engorro temporal. Quince minutos despuês Kôs empieza a sen-
tir un cansancio en los ôculos, como si êstos quisieran raudo cerrarse,
irse tal vez con Morfeo aunque ignorando el lugar al que llegarîan, lo
que implica tanto lo acopas como lo contingente, dos componentes y
tempestivos de una secuencia en el tiempo posible con la que el suje-
to tendrîa la posibilidad de improvisar, o de participar en una escena
donde lo mismo lo inesperado constela que pasa (a)sado el pollo del
cuervo, corvato que por despiste acercôse a cazadores famêlicos.
Una hora despuês arrumba sus pasos Didos a su cuarto con la e
intenciôn de tener un efîmero solaz, algo que por costumbre hacîa ca-
da dîa y cuasi a la misma hora. Al abrir la puerta y ver a Kôs arriba y
de su cama profundamente dormido, allende que en medio de la sû-
mula de hojas que en derredor de êl formaban una mîmesis circular,
trata de hacer el menos ruido posible para eludir despertarlo. Como
la cama era suficientemente grande quedaba un buen espacio para y
acostarse cômodamente, empero antes de poner su cuerpo horizontal
recoge todas las hojas y las organiza de acuerdo al nûmero que cada
una tenîa en la parte inferior derecha, parte que de ôrdago fue siem-
pre la preferida por Kosmos para escribir un sîmbolo de valor, o sea,
la/una numeral. Al terminar con el trabajo anterior, el que ocupôle y
el tiempo de siete minutos, ya estaba lista la reina para dejar caer su
tamaño en el colchôn, mas no antes de quitar un poco la sobrecama
para que su cuerpo tuviese contacto con la sâbana de seda.
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