Freitag, 28. Februar 2025

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        Y en lo que Esmeralda fue (en busca) a buscar el pedazo de torta el imperio ju-

piteriano comienza a sobresalir en el cielo, y seguido a una sûmula de rayos y true-

nos empezô a caer una lluvia con pudiencia, razôn por la cual la fiesta de cumplea-

ños  continuarîa dentro de la nueva vivienda de Esmeralda. Cuando toditos los pre-

sentes ya estaban adentro, Esmeralda deja saber que sintiêranse todos como si estu-

vieran  en sus casas, mas como la vivienda no era tan grande para meter las treinta

sillas  que cada cual sentârase donde mejor pareciêrale, empero que eso sî, que los

que  prefieran sentarse en la alfombra del salôn que quîtense los zapatos con el fin

de no ensuciarla.  

       Verdaderamente la alfombra era una especiosa obra de arte que comprô Esme-

ralda en la feria de los viernes donde sôlo vêndense antiguallas, como ya sâbese, y

que  de tal guisa  vendiôsela un mercader amigo del general, lo que traduce que el

precio que pagô por ella no fue tan alto; sin embargo, y a pesar de las ventajas que

tiênense y los beneficios que benefician, contôme Caspar que aun con este precio

Esmeralda  intentô persuadir al mercader para que vendiêrasela mâs barata, empe-

ro  como êl estaba con ella el dîa de la compra dîjole que aprovechara la oportuni-

dad y que dejârase de ridiculeces, que si su progenitor fuese un carpintero hubiese

tenido que comprarla a un precio si no doble, triple. Asimismo dejôme saber sobre

la forma como la transportaron: cada uno con una bicicleta y los extremos de la al-

fombra  amarrados a la parilla, lo  que significa que las dos bicicletas debieron ser

conducidas a la misma velocidad, algo que solamente lôgrase con un estado de re-

lajamiento y tranquilidad absolutos.

      Atreverîame a decir que con este estado la motilidad es diferente, la capacidad

con la que mûevese una criatura es distinta a la que tiênese, verbi gratia, cuando el

estado  que prepondera es el del estrês o estresado, por lo que pudiera sobre el pu-

cho entenderse el porquê de los que prefirieron acomodar su tafanario encima de la 

alfombra llegaron a êsta sin dar calaña de nerviosismo o de angustia. La dadorîa de

Baco relaja y tranquiliza, y claramente sin llegar al exceso de su consumo, aunque

no  sê hasta quê punto  este pasarse del lîmite en esta fiesta sea imposible, quedân-

dome  por pensar que de existir la costumbre en ingerirla calcular con precisiôn la

desmesura  es nota de otro cantar. Sin caer en la cuestiôn de los esquemas, o de lo

esquematizado  como resultado de una  repeticiôn ajena, cômo es posible que die-

ran preferencia por la alfombra las dos fêminas que llegaron a la una? Esto fue co-

mo si la apariencia de clase en este instante dejara de pertenecerles, lo que traduce

un cambio de nivel destacadîsimo, un bajôn a la escala mâs servîl, mas en el senti-

do de serviciar a una postura mâs por los beneficios que ofrece que por la comodi-

dad  que estimula. Lo curioso fue que ambas sentâranse en una de las esquinas de

la alfombra mâs cercana a un cuadro con la pintura de un gallo, detalle que yo in-

terpretê como una atingencia de ellas con un sîmbolo [sempiterno para los invete-

rados aqueos] de erotismo. Pensândolo  mâs coralinamente, serîa de extrañar que 

el general, que asimismo le gustan los gallos, hâyalas invitado a la fiesta? En fin,

que  me va quedando inteligible que Francis no pasa por alto la cuestiôn de lo es-

pecîficamente simbiôtico, a partir de la dadorîa que ofrece, que no es lo histriôni-

co que participa efîmeramente en la katharsis de la tragedia.

       Y vaya causalidad que el general parârase frente a mî y dijêrame esta verba:

Kosmos, ese cuadro con la pintura del gallo me lo regalô un senecto compinche

pintor que se fue a vivir al extranjero, pero como mi hija no tenîa ningûn cuadro

que colgar en esta nueva vivienda se lo dadivê.

---Me entero ora, general, que a Esmeralda le gustan los gallos.

---No no, no es que le gusten, sino que mâs bien no soporta las paredes vacîas

y es indiferente a la imago que proyecte un cuadro.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Un cuadro es cuasi siem-

pre una relaciôn.

---Cômo no saberlo, Kosmos? Y tû cômo estâs? Cômo te lleva la vida?

---General, cuasi siempre estoy observando, y en lo atinente a cômo ella llêvame

carezco de querellas, êstas no tengo.

---Una forma muy tîpica de responder. No tengo dudas de que no hayas pasado por

alto, porque cuasi siempre estâs observando, la presencia de las dos fêminas senta-

das en la alfombra.

---Êsa es la res, general, y hasta ya lleguê, pudiera decirse, a una conclusiôn.

---Pudiera? No creo que lo hipotêtico sea empollado por ti.

---Entonces, puede decirse.

---Ahora sî!! Bueno, si ya puede decirse que llegaste a una conclusiôn puedes saber

lo que muchos aquî ignoran por no observar.

---Y no molêstale a usted que yo pueda saber?

---No me molesta porque conozco tu discreciôn, o mejor dicho, tu silencio. Lâstima

que no hayas continuado la relaciôn con Esmeralda, ya que siempre quise para ella

un mâsculo como tû.

---Ya sê, general, ya sê, mas como usted sabe que en este campo del mor perduran

los cambios mantenerse estâtico en êl es insôlito.

---Como que me siento retratado. Quê mejor paradigma de movimiento el sucedido

esta noche?

---Lo capto perfectamente, general, per-fec-ta-men-te!

---Se que estâs algo informado sobre el diario, pero como ya te dije que conozco tu

silencio no me preocupo. 

---General, têngole que decir una cosa, que como mismo usted confîa en mî; yo, en

usted.

---Que no te quepa la mînima duda. Quê cosa es?

---Que yo sê el paradero de Irene.

---Irene?

---General, Irene es el ônoma de la hija de la criada que escribiô el diario.

---No me digas, verdad? Y cômo sabes de ella si habîa desaparecido?

---Encontrême con ella el dîa de la nevada. Mas asimismo debo comunicarle que no

estâ de acuerdo en vender el diario, aun estando necesitada de peculio.

---Puedo entenderlo, porque el diario le pertenece a ella, pero podemos hacer una co-

sa: ir juntos a verla. Cuândo tienes tiempo?

---General, cuândo tiene tiempo usted?

---Revisarê mi agenda y te aviso. Y gracias, Kosmos, que me has quitado una gran

preocupaciôn. Te puedo asegurar que la convencerê para que me venda el diario.

---Espero entonces o su llamada o su mensaje.

---Quê bien!! 

---General, quê bien como afirmaciôn o como beneficio?

---Las dos cosas, Kosmos, ambas inclusive. Y ahora discûlpame, que tengo que ocu-

parme de las invitadas. Nos vemos pronto.

---Al avîo, general, al avîo!!



 



























 







 



 








 

       



  



 





Montag, 24. Februar 2025

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         Maravillôme que sobre el pucho a mi edicto de age, Forligen sacara la guitarra

del  estuche y pusiêrase a  buscar las notas pertinentes para musicalizar la afirmaciôn

[con la que tratô de hacerme entender algo de forma pincelada y por lo] que yo dîjele 

que podîa incorporarla a uno de sus textos: la facundia sin lîmites es perniciosa. En lo

que cumplîa con esta actividad, que claramente para êl es hacedera que no a realizar a

trancas y barrancas, la  resonancia dejada por las palabras de Aspasia, con las que me

dejô  saber que mis repeticiones eran como orgasmos verbales, fue la razôn (por anto-

nomasia) de  que profundizara  en este sîmil (o paralelismo) hasta el momento nunca/

jamâs amplificado/dicho/sacado a puesto/a colocaciôn. Curiosamente, que ehrlich ge-

sagt (sinceramente dicho) no esperâbalo, no habîalo tenido en cuenta, la bûsqueda de

las notas adecuadas/correspondientes influyô en mi pensar coralino, o a lo mejor, res

que  no descarto porque a la zaga del telôn disîmiles posibles pudieran suceder, el so-

nar  de ellas es como un  aliciente con cierta y determinada vigorosidad. Despuês de

unos  minutos de estar yo concentrado, Forligen dîceme que por las notas que pegan

la afirmaciôn que êl dijo encaja bien en el tema con el ônoma mariposa, pero que de-

bido a este ambiente festivo continuarîa trabajando en su casa, lo que traduce que no

podîa concentrarse lo suficiente por el bullicio que habîa. 

        Pensando yo que por este bullicio es que Aspasia dêjame saber que querîa decir-

me algo al oîdo, sin dilaciôn acerco mi oreja derecha a su boca. Lo primero que escu-

cho  es que pedîame  que la disculpara por no habêrmelo dicho antes aun teniendo la

oportunidad de informarme; lo segundo, lo que precisamente no habîame dicho, que

el dîa que rasurôse el pubis en esta parte se le posô una mariposa, motivo por el cual,

y aquî mismo, harîase el tatuaje de una mariposa. Con esta verba no encontrê una co-

nexiôn lôgica, a no ser que ella estê pasando por un proceso de cambio que no me ha

dicho, o pensando en alguna representaciôn de belleza y libertad que asimismo igno-

ro, quedândome descartada la cosa de que por una cuestiôn de asociar haya quedado

en su mente relacionada la mariposa con el renacimiento. Pero a fin de cuentas, a la

postre y al cabo si quiêreselo hacer que hâgaselo, tatuaje que frente a mis ojos serîa

como un blanco donde êstos encajarîanse beneficiosamente. Por parangôn a mi ma-

nera, no pudiera comparar esta parte con una flor donde pôsase una mariposa?

---Se puede saber, Aspasia, el porquê de tu individualismo?

---Esmeralda, no se trata de individualismo, sino que mâs bien de algo privado, de

mî para êl.

        Sorprendiôme que Aspasia dijêrale esto a Esmeralda, que no que cuando estu-

viesen solas explicarîale de quê trâtase, mas parêceme que la razôn es una sola: la

presencia de Forligen y de Caspar, con los que de facto no tiene una amistad corali-

na, y precisamente por esto no quiso que sintiêranse despreciados, de lo que impe-

pinablemente sale que utilizô la palabra privado como para alejar la posibilidad de

que aquêllos pensaran de que no eran los amigos mâs adecuados para escuchar nî-

tidamente  el porquê de su  individualismo. Con otra verba: al decir lo que dijo la

preferencia selectiva de una persona (en este caso Esmeralda), como la ideal para 

que  supiera de ciertas y determinadas  cosas, quedaba anulada y, entonces, ningu-

na  necesidad tendrîan  los mâsculos de sentirse excluidos, marginados o rechaza-

dos.

       Faltando un minuto para las doce de la nocturna se van de la fiesta Matilde y

Cristina, mas notândose que el nivel de alcohol estaba muchitanto crecidito, por-

que ambas al caminar carecîan de ponderamiento, carencia que fue el motivo por

el  cual Matilde Ronco Espinoza quitôse su lujoso calzado. Una hora despuês lle-

gan dos fêminas ni tan jôvenes ni tan senectas, mas las dos eyectando una aparien-

cia de clase, una pimpante proyecciôn que observada con ôculos criticones queda-

rîa  reducida a una de-mostraciôn banal (o de banalidad) de pudiente capital. Des-

puês  de la seña que hîzoles el general, y por cierto nada discreta porque cuasi to-

dos los presentes viêronla, dirigiêronse hacia la mesa, sentandôse una al lado del 

ge y la otra al lado de Dasid. A continuaciôn de que Dasid diêrale a cada una una 

copa llena con la dadorîa de Baco, Esmeralda nos dejô bien claro saber que ni te-

nîa idea de dônde conocîa su padre a estas dos mujeres, agregando que necesaria-

mente  tendrîa que  tener una  seria conversaciôn con êl por haberlas invitado sin 

decirle nada a ella. Acentuando la perogrullada de que el cumpleaños no era del 

general, Aspasia deja calaña de estar totalmente (cien por ciento) de acuerdo con 

la verba de Esmeralda, mas olvidando una cosa que posiblemete pudiera suceder: 

entre  dicho y hecho  hay un  gran trecho, que de hecho sabe que mâs de una vez 

Esmeralda ha dicho que harîa algo que despuês no hace. En lo atinente a estas ûl-

timas palabras, cômo no pensar en el inveterado dicho de perro que ladra no muer-

de?

---Saben una cosa? Sospecho de que aquî existe una planificaciôn. Por quê? Por-

que quê casualidad que primero se fue Juliana, y hace poco Matilde Ronco Espi-

noza, y poff, de sopetôn aparecen estas dos damas, y una para el general y la otra

para Dasid.

---Caspar, eso puede ser, no queda descartado, pero asimismo que el general haya

o llamado o mandado un mensaje a una de las dos para informarle que el terreno

estaba libre, huero de presencia de las novias oficiales.

---Tienes razôn, Kosmos, êsta es otra posibilidad.

---Esmeralda, tû que conoces a tu padre mejor que nosotros, quê dices?

---Quê te pudiera decir, Aspasia? Que mi progenitor es mâsculo y piensa con el....

---Quê si no que un mâsculo piense con êl? Voy a buscar un pedazo de torta para 

nosotros, regreso enseguida.

----Age, Esmeralda! Al avîo!

----Kosmos, y sus repeticiones.

----Êsa es la res!!















  







 




 


 


 












  


 

Donnerstag, 20. Februar 2025

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       Cincuenta y dos minutos despuês, y cumpliendo a cabalidad con el tiempo progra-

mado para que alguno de sus textos fueran escuchados, Forligen ûnese al grupo forma-

do por Caspar, Esmeralda, Aspasia y yo. Al canto de mojarse los labios con la dadorîa

de  Baco dêjanos saber  lo siguiente: que antes de  terminar de tocar su ûltima canciôn

fue testigo visual del juego de manos entre las dos fêminas (Cristina y Matilde) por de-

bajo de la mesa, lûdico que sôlo podîa verse desde la posiciôn donde êl estuvo tocando

su guitarra, o sea, a la zaga de êstas. 

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Menos mal que Juliana se fue.

---No entiendo, Kosmos.

---Forligen, cuando tû tocabas, y no sê si te fijaste, Matilde tuvo un encuentro verbal

con Cristina, razôn por la cual intervino el general. Al convencer a êstas que en vez de

enemistarse se amistaran contândose cosas de sus propias vidas ambas sentâronse para

entrar en conversa. No mucho despuês de comenzado el diâlogo entre ellas, Juliana se

levantô y se largô de la fiesta.

---Sî, kosmos, lo vi, mas pensê que ellas se conocîan, y solamente por el vino estaban

un poco alteradas, pero sigo sin entender el porquê de que dijiste que menos mal...

---Forligen, porque si solamente se fue de la fiesta por una posible interpretaciôn del

motivo por el cual el general intervino, quê hubiera pasado en el caso de que quedâra-

se y hubiese visto lo que tû dijiste del lûdico de manos? 

---Ya dije que solamente podîase ver desde la posiciôn en la que estaba.

---Tû estâs seguro que solamente desde êsta?

---Ok, Kosmos, ok, pero dime: de haberlo visto quê? 

---Forligen, que no se hubiese conformado en saber que el general evitô una pelea en-

tre dos fêminas con un porciento elevado de concupiscencia.

---Ahora sî que entendî.

         La pregunta que hîzome Aspasia referente a los gustos y preferencias de Dasid,

dos cosas determinantes o que influyen para seleccionar el tipo de fêmina que a êste

le conviene, no pude respondêrsela porque de êl sôlo tengo un conocimiento a partir

de lo que hemos conversado, y en ninguna de las conversaciones tenidas jamâs tocô-

se el tema en puesto, en colocaciôn. Caspar, a raîz de estas palabras, nos informa de

la  amistad que tuvo  el que fue portero del restaurante de las langostas con Dasid, y

por  el que  supo que êste alguna que otra vez venîa a cenar con mujeres o libertinas

o al servicio de Afrodita por unos cuantos pesos.

---Caspar, y por quê el susodicho portero te contô esto?

---Kosmos, te acuerdas de la vez que estuviste con Dasid en el restaurante, no?

---Câspita!! Y tû nos atendiste ese dîa.

---Exacto!! Bueno, al parecer el portero pensô que los atendî de la manera que lo hi-

ce por ser ustedes dos cercanos conocidos.

---Y sôlo por lo que acabas de decir te hablô de Dasid?

---No encuentro otra cosa por la cual lo haya dicho, porque a pesar de que ya hace

algûn tiempo que trabajo en ese restaurante nunca tuve ni tan siquiera un contacto

con êl como trabajadores del mismo lugar.

---Pero, Caspar, cuando salîas y entrabas en el restaurante lo saludabas, no?

---Claro, normal. Pero, Esmeralda, adônde quieres llegar con esta pregunta?

---Acabas de decir que nunca tuviste ni tan siquiera [...] Y acaso saludarlo no es ya

un contacto?

---Como que me aprietas demasiado, me pones en ridîculo.

---Caspar, êsta es una interpretaciôn tuya.

---Esmeralda, dejêmoslo donde estâ.

---Esmeralda, y quê te ha dicho tu padre sobre Dasid, o quê le has oîdo hablar de

êl?

---Aspasia, durante el tiempo que vivî con mi padre nunca me dijo nada ni le oî

hablar de su chofer.

---El general serîa una buena fuente para saber datos concretos de Dasid.

---Asî es, Forligen, pero cômo lo pudieras saber, preguntândole? Te dirîa que per-

derîas tu tiempo en eso.

---Esmeralda, puedo intertarlo.

---Forligen, es mi progenitor, por lo que sê quê te digo.

---A la postre y al cabo, de quê nos sirve a nosotros saber de los gustos y preferen-

cias de Dasid?

---Kosmos, muy buena pregunta.

---Êsa es la res, Esmeralda! Su vida privada no la cambiarîa el conocimiento que de

êl pudiêramos nosotros tener.

---Pero, Kosmos, tû te llevas bien con el chofer del general.

---Asî es, Aspasia, mas llêvome asî por ser êl oriundo del norte, [que] no porque ce-

ne con fêminas, de vez en cuando, de un tipo de jaez.

---Kosmos, me recordaste al niño con la vestidura druîdica.

---Forligen, amplifica el porquê del recuerdo, amplifîcalo.

---Por eso de ser êl, el chofer, oriundo del norte.

---Te vas a quedar con la boca abierta por lo que te voy a decir.

---Me la tapo para que no entren moscas. De quê se trata?

---De que el niño es mi vecino. Y mâs: su padre es el modisto que tuvo la difunta es-

posa del general, y su ônoma es Feliciano.

---Verdad que mi boca no pudiera quedar cerrada. Dime cômo lo supiste.

---Escucha, abre tus orejas musicales.

---Cômo, Kosmos? Que quedarê tambiên con la boca abierta por tratarse del modis-

to que tuvo mi fenecida madre.

---Esmeralda, escucha tû asimismo.

---Mis orejas no son musicales, pero los abro.

         Despuês de lo que contê, Esmeralda dîceme que tenîa interês en conocer a Fe-

liciano, mas pregûntame si yo podîa concomitarla a visitarlo, porque no atrevîase a

penetrar ella sola en su apartamento, respondiêndole yo que sî, empero sin dejar de

pensar  en el mal momento  por el que tendrîa que pasar Esmeralda de enterarse de

una cosa que ignora totalmente: del toque de las manos sueltas del modisto, de vez

en cuando, y en el preciso  momento que media alguna que otra parte del corpus de

la difunta  esposa del general. Si yo conociera a Feliciano, y como tal pudiera estar

seguro de su sensatez al hablar, de su prudencia (virtuosa) en el mismîsimo instante 

de entrar en verba, lôgicamente fuese al ñudo el susodicho empero, pero como suce-

de lo contrario no puedo pasar por alto, olvidar la posibilidad de que vâyase de len-

gua, de que cuente. 

---Entonces, kosmos, cuândo tienes tiempo?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Esmeralda, que lo que pre-

cisamente sôbrame es la imagen môvil de la eternidad.

---Se puede saber quê quieres decir con esto?

---Esmeralda, êsta es la definiciôn dada por Aristocles al tiempo.

---Y quiên es Aristocles?

---El înclito Platôn!!

---Kosmos, y cômo pueden ser dos personas a la vez?

---Repâmpanos Esmeralda!! No es que sean dos criaturas, sino que Platôn es un

apodo, y segûn he leîdo puesto por su profesor de gimnasia, y que significa lo si-

guiente: aquel que tiene ancha espalda.

---Y en fin, Kosmos, que lo que te sobra es tiempo, no?

---Êsa es la res!! Esmeralda, sôlo tienes que poner el dedido en el circulito que acti-

va la llamada, y como un cohetico voy hacia ti.

---Increîble cômo tû le sacas provecho hasta a la mînima cosa.

---Y acaso hasta la mînima cosa no tiene su provecho? Fîjate que si una.....

---Deja, Kosmos, deja, que solamente hace falta que te den cuerda para que comien-

ces a sonar a tu manera o estilo.

---Ni que yo fuese reloj! Mas Esmeralda, con un pajarito que saca la cabeza para que

êsta encuentre la luz o si êl?

---Tus ocurrencias me dan risa.

---Y la risa para mî es un dador fundamental.

---Y por quê fundamental?

---Esmeralda, te contradices, porque le estâs dado cuerda.

---Es sôlo una pregunta, Aspasia, no cuerda.

---Entonces, kosmos, responde a la pregunta.

---Aspasia, le respondo despuês, mâs tarde.

---Lo que es sinônimo de respuesta o atrasada o que no se quiere dar.

---Nôtase que mi novelôn has leîdo, que por La cazuela de Vitelio conoces mis re-

peticiones.

---Que son como orgasmos verbales.

---Orgasmos verbales? Câspita!! Como unas castañuelas las seguirê diciendo.

---La facundia sin lîmites es perniciosa!

---Forligen, esta afirmaciôn la pudieras incorporar a uno de tus textos.

---Kosmos, y quê placer sentirîa al hacerlo!

---Age, entonces, age! Êsa es la res!
































       












   






















 
















 










 









  

Montag, 17. Februar 2025

131

       No negaria que de la repeticiôn soy un erastes [por el erotas que siento por la ver-

ba que vuelta a decir me espeluzna o estremece], mas pensândolo a cabalidad vînome

suntuoso  que Aspasia dijêrame que ora no estaba para escuchar la significancia de la

numeral  cuatro para los  celtas, y vînome de esta manera, asî, como acâbolo de decir

por  dos cosas: la primera, por eludir una explicaciôn con resonancia en un lugar don-

de el jolgorio es lo preponderante; la segunda, por no explayarme en un momento en

el que la dadorîa de Baco despierta mi magîn, lo que traduce que hablarîa muchitanto

sobre algo poniêndole agregados o sustituyentes pincelados. Y sî, verdaderamente las

dilucidaciones con vibraciôn de sonido llovîan en una instituciôn (la kosmona) donde

una  fiesta imperaba, mas una totalmente diferente, con otro fin y otra meta, un subra-

yamiento clarante de que no contradîgome, de que no digo una cosa; seguido/a conti-

nuaciôn otra, lo que resumiendo es la cosa que llegarîa despuês, lo que a su vez serîa

llegar  mâs tarde. Y en fin, que de seguir por donde voy llegarîa ni yo mismo a saber

adônde, pûseme a observar cômo los presentes, y como pudieran hacerlo de acuerdo

a un porciento ritmâtico posible, movîan cualquier parte del cuerpo acicateada por la

musicalidad  de la guitarra de Forligen, musicalidad que irrefutablemente no es para

bailar mas que por lo menos deja un incentivo.

       Cristina, la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn, o hizo una escue-

la de baile o creciô en un barrio donde bailar era conditio sine qua non, y por quê dî-

golo? Por lo siguiente: por el movimiento de su cuerpo completo, no ya el de alguna

especîfica/concreta parte. Allende que uno cuasi perfecto con una pudiencia de sedu-

cciôn tremenda, de imantaciôn perniciosa, de atracciôn febril, motivo por el cual me

recordê de Corônide, la bailarina pelirroja de mi novelôn, aunque asimismo de Mêli,

la  etera de Masalia, empero con la diferencia de que êsta bailaba en funciôn de una 

ritualizaciôn. No era de extrañar que con este movimiento despertârase la curiosidad

de todos los [mâs convencidos de que lo que no entra por los ojos no entre por ningu-

na otra parte] mâsculos presentes, empero que la de Dasid notêla un poco mâs pene-

trante, lo que explica el porquê de que Matilde Ronco Espinoza pusiêrase celosa, es-

tado que trajo la consecuencia que halârale la oreja derecha. Pero a pesar de este ha-

lôn, Dasid  dejô calaña de estoicismo, y como tal en vez de reaccionar austeramente 

acentuô una sonrisa. Claramente que como Matilde nada sabe de estoicismo, y como

tal desconoce/ignora que esta no respuesta a un estîmulo trâtase de conformismo, lo

intrepretô/tomô como una mofa, mas en vez de intentar hacer otra cosa para inquie-

tar a su novio, hizo lo siguiente: agarrô a Cristina por su brazo derecho, y seguido a

sacudirla un poco, como un plumero lleno de polvo, dîjole estas palabras: es inacep-

table  que usted se mueva de esa manera, que no tenga en cuenta que aquî hay hom-

bres con una relaciôn, por lo que pîdole no de favor, sino por el derecho que por mi

estatus  tengo de reclamaciôn moral, que si desea moverse lo haga con mâs cuidado,

con menos erotismo. Cristina, entonces, mirôla de arriba a abajo, adoptô la posiciôn

en jarras y dîjole sin tapujo alguno: señora, si usted estâ celosa, o tiene psiquiâtrico

problema a mî no me interesa, asî que seguirê moviêndome como me dê la gana, y

suêlteme el brazo, si es que no quiere que la coja por el cuello con el otro brazo que

tengo libre de su mano.

       La intervenciôn del general pareciôme sensata, pero no para exigir la disciplina

adecuada en la fiesta de su hija, sino mâs bien para evitar que las dos fêminas entra-

ran en una lucha cuerpo a cuerpo, o en una colisiôn corporal que pudiera dañarlas a

ambas, teniendo las de perder Matilde por no caracterizarse por ser una buena lucha-

dora. A continuaciôn de persuadirlas con una verba pimpante, verba que no le es aje-

na por utilizarla diariamente en la academia militar, lo que traduce que domînala en

un porciento elevado, lo que flagrante que con otras palabras porque aquî no trâtase

de un lugar donde descolla un reglamento, pîdele a ambas que se conozcan, que se

cuenten un poco de sus vidas, que se amisten en vez de ser enemigas. No muchitan-

to despuês de estas palabras, y sentadas una al lado de la otra, comenzô una conver-

sa entre ellas, y por supuesto sin que les faltara la menester botellita de vino, la que

abriô Dasid con un entusiasmo tremendo.

      La razôn por la que Juliana hâyase ido de la fiesta la desconozco, y algo que pa-

sô cinco minutos despuês de empezar la conversa entre Matilde y Cristina. Segûn la

intuiciôn de Aspasia debiôse a un problemilla de incomprensiôn, que de facto Julia-

na no conoce lo suficientemente al general como para entender el porquê de su inter-

venciôn. Pero de yo irme un poco mâs lejos, no pudiera ser posible que en el futuro

entren en atingencia cupidosa Matilde y Cristina? No habrîa que olvidar que Matilde

Ronco Espinoza siente imantaciôn por los dos sexos, que pêgase a la piel tanto mas-

culina como femenina, que besa con ganas labios pintados y sin pintar, bisexualidad

que sale a relucir en el diario, razôn por la cual ella estâ sumamente interesada en ês-

te, que asimismo el general por la relaciôn secreta que tuvo por un tiempo su esposa

fenecida  con Matilde. Indiscutiblemente que yo no conozco lo suficiente a Cristina,

mas como las cosas del mor tienen un aferente variable y poderoso nunca sâbese con

seguridad  absoluta quiên puede  quedar atrapado en la red de las manos. Si el/la que 

dase postîn con tan sôlo quedar frente a una dadorîa erîzâse/tiembla, no de miedo si-

no mâs bien por saber lo que le espera, con esta red olvîdase de la revelancia que mu-

chitanto se da. 







 

 




 




  




 




 












   

Freitag, 14. Februar 2025

130

Justamente a las nueve de la nocturna, y por ser êsta la hora que naciô, 

Esmeralda soplô las treinta velitas, agarrô la paleta y picô un pedazo de torta, tres co-

sas que hizo escuchando el canto de felicidades. Una vez terminado êste hîzose el de-

bido brindis con unas copas regaladas por su progenitor, y nada mâs y nada menos de

tremenda calidad por ser el cristal de Murano, lo que traduce (indubitablemente) que

el precio que pagô Francis para comprarlas apellîdase alto. La sûmula de copas llega-

ba  a la misma sûmula de las  edades de la cumpleañera, por lo que no harîa falta ser 

adivino para saber que no fue una dâdiva exenta de un câlculo cuando fue pensada o

tenida en cuenta. Resultôme interesante observar una cosa que hasta el momento no

habîa visto: que Esmeralda hiciera el brindis cogiendo la copa con la mano izquierda,

motivo  por el cual pregûntele a Caspar el porquê de lo anterior, respondiêndome sin

dilaciôn que a ella los brindis con relevancia hâcelos con esta mano, respuesta como

tal que facilitôme gratuito un nuevo conocimiento, porque hasta el momento ni leî ni 

oî lo que acabê de escuchar.

      En lo atinente al libro que prestêle a Caspar ( Transmisiôn a distancia), êl dîceme

que hasta donde leyôlo parecîale bastante complejo por la cantidad de definiciones y

dilucidaciones têcnicas que contiene, por lo que yo tuve que subrayar que no es un li-

ber de cuento o de novela, o de otro gênero que no necesita una preparaciôn acadêmi-

ca, un conocimiento coralino de ciertas y determinadas cosas. Era de esperarse que o

temprano o tarde êl me lo dijera, y sî se lo prestê no fue con la intenciôn de que diê-

rase cuenta de que carece de un saber, sino mâs bien para que supiera de una materia

que no ensêñase en una escuela con un programa de educaciôn bâsico, que tampoco

que hâblase en la calle o sale a relucir en los salones de baile, bares nocturnos, calle-

jones o arrabales. Pensando que îbame a decir que por lo que parecîale devolverîamo

sobre el pucho, quedême sorprendido cuando dejôme saber que a pesar de lo que me

dijo lo seguirîa leyendo, empero con mâs parsimonia de la que hasta ahora fue posi-

ble.

---Caspar, ese libro tratê varias veces de leerlo y siempre me quedaba dormida, moti-

vo por el cual me olvidê de êl.

---Pues sabes quê, Aspasia, a mî me quita el sueño, me crea insomnio.

---O sea, totalmente lo contrario. Interesante!

---Interesante asimismo es lo que estoy viendo.

---Quê es lo que estâs viendo, kosmos?

---Mira hacia allâ.

---Te refieres a la mujer que esta echada hacia delante, con los brazos apoyados en

la mesa y conversando con Dasid?

---Êsa es la res, Aspasia.

---Y quiên es ella?

---Aspasia, puedo responder la pregunta?

---Caspar, y tû la conoces?

---Es Cristina, la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn.

---Caspar, te acordaste taxativamente de lo que te dije.

---Kosmos, cômo olvidarlo si se pega con facilidad?

---Y se puede saber de dônde ustedes dos la conocen?

---Yo no te respondî la pregunta que me hiciste.

---Ya sê que no, Kosmos, pero si no la conocieras cômo es que puedes decir eso de

que ella es la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn?

---Muy buena pregunta, Aspasia. Ella es la propietaria del negocio donde yo comprô

el vino.

---Ah! Y alguna vez que lo compraste hubo alguna ocasiôn propicia para que ella se

inclinara? Sî claro, que si no que reîrte.

---Pero al parecer Dasid la conoce.

---O la estâ conociendo, Caspar. Mas la pregunta es si es amiga de Esmeralda.

---Kosmos, no la oî decir que la habîa invitado.

---Entonces quê, invitôse sola?

---Caspar, no habrâs sido tû quien la invitô? A ver, dime: por quê te ofreciste volunta-

riamente para responder la pregunta que hîcele a Kosmos de que quiên era ella?

---Aspasia, cômo tû crees que siendo el cumpleaños de Esmeralda, no el mîo, la haya

invitado? Totalmente incorrecto, no?

---Seguro que no, Caspar, seguro? He leîdo lo suficiente como para saber que se pue-

den hacer preguntas convincentes con el fin de esconder/tapar/telonear una cosa con-

creta.

---Aspasia, piensa lo que quieras pensar, que êse no es mi problema, ok?

---Caspar, tu copa estâ vacîa, mas cômo es posible que la sostenga tu mano derecha y 

no sientas que no pesa?

---Voy a llenarla, Kosmos, voy a la mesa.

---Cautê con Cristina, cautê!!

---Kosmos, le dijiste lo de la copa vacîa para que no tuviera que responder a mi prôxi-

ma pregunta?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Ni que yo fuera adivino para

saber  que habîa una prôxima, allende de que hubiera podido suceder que aun diciên-

doselo êl no tuviese ganas de ingerir mâs vino.

---Como si no te conociera, Kosmos. Mira quiên llega ahora?

---Forligen!! A êl sî que seguro que invitôlo Esmeralda, y tiene la guitarra, lo que signi-

fica que cantarâ alguna de sus temas. 

         Cuarenta minutos despûes los presentes escuchaban la guitarra y la voz de Forli-

gen, el  que a pesar de no ser cantante tiene buena afinaciôn, empero que al ser un tro-

vador que encântale leer la facundia con la que cuenta es tan amplia que cuasi toditos

sus  textos estân atiborrados de palabras que nada tienen que ver con la comunicaciôn

comûn, con el  lenguaje cotidiano, lo que no quiere decir que êsta sea una basta razôn

como para negarle el aplauso. Yo que conôzcolo de años sê que êl dejarîa calaña de in-

diferencia, o sea, que darîale lo mismo si aplâudenlo o no. De facto una vez dîjome in-

teligiblemente que no consideraba [cien por ciento] que el aplauso fuera un sincero re-

conocimiento, un paradigma convincente de la sensibilidad del/la que escucha, empe-

ro  como es la forma habitual/universal de acarrear bullicio equilibrado es que mantie-

ne su vigencia, queriendo decir con bullicio ponderado que es tanto uno sin anomalîa

como sin carencia y exceso del aire comprimido entre las dos manos. 

---Sabes, kosmos, que aûn me sigo preguntando cômo es que fue posible que el gene-

ral invitara a su fiesta a Forligen.

---Aspasia, no dîjete que al general gûstanle los trovadores? Lo que eso sî, no sê si en-

tendiô las composiciones de Forligen.

---Si me lo dijiste no me acuerdo, pero no suena extraño que a un general le gusten?

Acaso los militares no estân en contra de todo lo que sea oponente a ciertas cosas?

---Aspasia, yo que detesto todo lo que huela a militar/militancia te puedo decir que

en el caso de êl, del general, la res es diferente, en sûmula disîmil a la suma que por

realidad conôcese: que un militar y un trovador no son compatibles.

---De hecho una sûmula corta, de dos componentes.

---No estâ mal lo que acaba de salir por tu boca, lo que ha amplificado tu lengua. Sî,

dos componentes que, amên, funcionan como extremo.

---Kosmos, te agradezco el reconocimiento, pero tû sabes que eso a mî no me perte-

nece.

---Câspita!! Ah no? Y quiên es el propietario?

---Quê? Me quieres coger para tus cosas? No me digas, verdad? Kosmos, eso lo leî

en tu novelôn.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Aspasia, me acuerdo de bas-

tante, mas que no de todo. Ya olvidôsete cuântas pâginas tiene mi novelôn?

---1174!!

---Le doy un viraje a esto.

---Cômo que un viraje?

---Escucha. 1+1+7+4=13. 1+3=4.

---Deja, Kosmos, deja, que ahora no estoy para que me digas cuâl es el significado

del nûmero cuatro para los celtas.
























 
























 



 



 







       

Montag, 10. Februar 2025

129

       Y en lo que Aspasia fue en busca de una copa de vino, de la dadorîa de Baco, co-

mo gûstame decir, Caspar pregûntame que sacô Aspasia de la conversa con Esmeral-

da. Ostensiblemente  que como no estaba para volver a repetir lo mismo que dejôme

saber  Aspasia solamente contêle lo mâs relevante, lo que mâs descolla de lo que pe-

netrô  por mis oîdos. Al canto de llegar al punto final de mi verba êl se lamenta debi-

do a la falta de confianza de Juliette, porque segûn su valoraciôn/consideraciôn, o de

lo que interpreta, de existir confianza entre dos personas que quiêrense solapar, telo-

near, esconder lo que deberîa saberse no es correcto, amên que dos criaturas que jun-

tas  no tienen una semana de relaciôn sino muchîsimo mâs tiempo conviviendo bajo

el  mismo techo y durmiendo en la misma cama. Como para subrayar, hacer notable

que  su sentir pena por algo no llega a ser tan insoportable como para sacarlo a relu-

cir, lo que traduce que como puede aguantarse lo mantendrîa en silencio, comunîca-

me que al respecto no dirîale a Juliette que tiênelo/padêcelo, empero que harîa todo 

lo posible para que ella contârale sobre su pasado, aun no sabiendo cômo reacciona-

rîa si diêrase cuenta de cuâl era el fin en sî, la res como tal, dirîa yo.

---Caspar, y si lo deseas, te puedo ayudar en formular preguntas que no parecen pre-

guntas.

---Kosmos, quiên si no tû para darme esta ayuda. La acepto. Cuânto pides por esta

ayuda?

---Pedir? Câspita!! Ni un centavo. Mi ayuda es gratuita. Lo que eso sî, tienes que de-

cirme cuândo puedes, para hacer un plan y un horario de trabajo.

---Como que me parece que formular preguntas que no parecen preguntas lleva su

tiempo para lograrlo.

---Êsa es la res, Caspar.

---Quê te parece el vino?

---Mirîfico, Caspar, mi-rî-fi-co!!

---Y dônde estâ Aspasia?

---Fue en busca del mirîfico vino.

         A continuaciôn de Caspar decirme que iba a ver por quê Esmeralda aûn esta-

ba en el cuarto, el general viene con Juliana, salûdame y presêntame a êsta, a la que

mirê con algo de fijeza, siendo el motivo por el cual pregûntame el general si la co-

nocîa de algûn lugar. Sin dilaciôn dîgole que como era la progenitora de Juliette ob-

servêla con persistencia con el objetivo de encontrar en su semblante la precisa ana-

logîa con la jeta de su hija, amplificaciôn que claramente despertô su curiosidad. A

raîz de hacerme la pertinente pregunta respôndole que cuasi que acababa de enterar-

me de lo del abandono cuando tenîa Juliette tres años, empero para eludir que hiciê-

rame la prôxima pregunta lôgica dîjele inteligiblemente que lo sabîa por una conver-

sa que tuvieron Esmeralda y Aspasia hacîa media hora aproximadamente. Digamos

que por el aprecio que êl tiêneme no verbalizô mâs nada que unas pocas letras pacî-

ficas: Kosmos, como sê quiên tû eres, que en ti puedo confiar, que lo sepas no preo-

cûpame, mas como Juliana era la primera vez que veîame, y a pesar de haber dicho

el general lo que dijo, en vez de decir algo bajô la cabeza, lo que yo interpretê como

calaña de verecundia. Y entonces llega Aspasia con la copa de vino, salûdala el ge-

neral, y a continuaciôn nos desea que la pasemos bien en la fiesta de cumpleaños de

su hija. Mas lo que sî sorprendiôme fue que Juliana levantara su testa, echârale una

miradita a Aspasia, y con cierta ternura acariciârale el rostro como si fuese su propia

hija, momento en que el general mîrame y dêjame saber lo siguiente: Kosmos, siem-

pre  no son las cosas que pasan las cosas que parecen; son como son mas interpreta-

das como lo quiere/puede el que las interpreta, verba que, como tal, dejôme resonan-

cia. 

        Un rato despûes, y en conversa con Dasid, infôrmole de que el modisto que tu-

vo la esposa difunta del general onômase Feliciano, el que allende de tener un hijo 

nombrado Arsel es mi vecino. Pudiera haberle dicho asimismo que Feliciano es el

progenitor de Irene, la que vino al mundo por la atingencia corta que tuvo êl con la

madre de êsta, la criada que laborô para la esposa susodicha, mas que êl ignora que

es el padre, empero para no complicar la cosa guardê mutismo.

---Kosmos, y cômo supiste su nombre?

---Sûpelo, Dasid, por mi vecino Metôn. Escuche usted. Metôn es un banquero pen-

sionado, y Feliciano fue un cliente de su banco.

---Las cosas de este mundo. Te dije, la ûltima vez que nos vimos, que la difunta es-

posa del general tuvo un modisto, y vaya, es tu vecino.

---Pero si le digo que supe que era mi vecino por un busto que tirô por la ventana a

las dos de la madrugada....

---Un busto?

---Êsa es la res, Dasid. Un busto de una fêmina, mas con el rostro deteriorado, pero

aquî radica lo incomprensible: antes de tirarlo quitôle el polvo.

---Totalmente sin sentido o loco. De quê sirve quitarle el polvo a algo que ya no se

quiere tener mâs?

---Otra cosa. Su hijo, Arsel, estaba arropado con una vestidura druîdica.

---Kosmos, esto es algo muy especial. Y cuântos años tiene el niño.

---No me lo dijo, mas no creo que pase de siete años.

---Entonces lo conoces?

---Solamente lo he visto dos veces: el dîa en que Forligen le prestô el trineo, que fue

cuando llevaba la susodicha vestidura, y hoy en la mañana en mi edificio. Dasid, ha-

ce un rato dîjome el general algo que dejôme resonancia.

---Sî, ya vi que hablabas con êl y con Juliana. Quê te dijo?

---Siempre no son las cosas que pasan las cosas que parecen; son como son mas in-

trepretadas como lo quiere/puede el que las interpreta.

---Y quê tienen estas palabras como para dejarte resonancia?

---Dasid, porque yo creo que aprovechando la ocasiôn el general referîase a las co-

sas escritas en el diario menos que a la cuestiôn que hablaba con êl.

---Kosmos, no es de extrañar que pienses demasiado. Te informo que esa Juliana es

la secretaria del general y la madre de Juliette.

---Êsta es la cuestiôn que hablaba con Francis.

---No me digas? Y cômo la supiste?

---La supe por una conversa que tuvo Esmeralda con Aspasia.

---No creo que Esmeralda lo supiera por Juliana.

---Êsa es la res, Dasid. 

---Pero sabes quê me resulta raro?

---Amplifique el quê, am-pli-fî-que-lo!

---Que el general no me haya dicho que esta cuestiôn la sabîa su hija. Y crêeme, el 

general, y no todo, pero muchîsimas cosas me dice.

---Dasid, y no serîa posible que no hâyale informado al respecto por el saber de êl 

de que estaba con una fêmina que abandonô a su hija cuando êsta tenîa tres años?

---Y quê tiene que ver esto?

---Piênselo, Dasid, que usted conoce bastante bien al general. Y cômo le va a usted

con Matilde Ronco Espinoza?

---No deja de hablar de ese maldito diario, el que no sale de su boca. En realidad no

acabo de entender el porquê de su continua preocupaciôn, aun sabiendo que la hija

de la criada no tiene la  intenciôn de venderlo a la prensa, lo que significa que lo que

hay escrito en êl nadie lo va a saber.

---Porque no siempre el saber algo es elixir contra algo. De facto saber algo es moti-

vo de pre-ocupaciôn.

---Y acaso tû, que sabes demasiado, no ya solamente algo, estâs preocupado?

---Excelente pregunta, Dasid, excelente! Respôndosela asî: pre-ocupado siempre es-

toy. Dasid, su queridîsima Matilde Ronco Espinoza parêceme que quiere tenerlo cer-

ca, porque mira hacia acâ con sobresaliente fijeza.

---Cerca la mujer del hombre y el hombre de la mujer! Me voy, y siempre un gusto 

hablar contigo.

---Igual le digo, Dasid, igual! Vaya usted por la cercanîa menester. 






















 













 

Arsel 


  




  






 







Freitag, 7. Februar 2025

128 (segunda parte)

      A las siete de la noche llegamos Aspasia y yo a la nueva vivienda de Caspar y Es-

meralda, y con el fin de celebrar el cumpleaños de êsta, la que en cuanto me vio dejô-

me saber que su progenitor llegarîa una hora despuês con Juliana, su secretaria y con 

la que recientemente comenzô una relaciôn seria, pero que aûn vivîan separados por-

que  ella estaba esperando el certificado de divorcio, lo que traduce que hasta que no

lo tuviese  no mudarîase para la casa de Francis. Esta noticia me dio jovialidad, pero

resultôme  extraño no ver presente a Juliette, la que como ya sâbese es la mejor ami-

ga de Esmeralda. Êsta fue la razôn de hacer esta pregunta sin dilaciôn alguna:

---Esmeralda, y eso que Juliette no estâ aquî, o es que viene mâs tarde?

---Kosmos, a pesar de la fuerte discusiôn que tuvimos la semana pasada la invitê, pe-

ro me dijo que no vendrîa porque aûn estaba muy molesta conmigo.

       A raîz de Aspasia escuchar lo anterior agarra por el brazo izquierdo a Esmeralda

y dîcele con esta inteligible verba: 

---Urgentemente tenemos que hablar. Vamos a tu cuarto?

---Sî, vamos, que te cuento quê fue lo que pasô.

       Entonces acêrcaseme Caspar para revelarme que ese mismo dîa de la discusiôn

por telêfono, y cuando llegô del trabajo, Esmeralda lo tratô no muy bien, y hasta dî-

jole que si la comida estaba frîa que la calentara êl mismo, que ella ya estaba cansa-

da  de hacer lo mismo todos los dîas, de tener que volver a calentar lo que ya habîa

cocinado con basto tiempo.

---Mas Caspar, sabes cuâl fue el motivo de la discusiôn?

---No, Kosmos, no lo sê. 

---Y no lo preguntaste?

---Claro que lo hice, pero Esmeralda me dijo que a mî no tenîa por quê importarme

lo que sucediera entre Juliette y ella, por lo que podrâs entender el porquê de no pre-

guntarle mâs.

---Te confieso que esta forma de eyectar Esmeralda su conducta, y por algo que re-

suena en su interior, la desconocîa totalmente, y eso que tû sabes que Esmeralda y yo

tuvimos....

----Sî, amigo mîo, pero ya eso es pasado, un ayer en el que aûn no estaba.

---Un ayer en el que aûn no estaba, encântame esta expresiôn.

---Que te encante me hace bien porque tû sî que sabes valorizar. Quê deseas tomar?

Vaya, quê pregunta mâs tonta. Una copita de vino rojo, no?

---Caspar, en verdad dos preguntas de ese jaez.

---Cierto! No sôlo una. Enseguida regreso con la copita.

        Media hora despuês revêlame Aspasia que cuando Juliette tenîa tres años su ma-

dre se fue de la casa, justificando su partida con un falso cuento de que por razones

laborales irîase al extranjero por un tiempo indefinido, pero antes de abandonar la vi-

vienda llamô a su hermana, le dijo la misma mentira y le pidiô de favor que ocupâra-

se de la pequeña Juliette. Tan raudo como pudo la hermana vino, pero al encontrarse

a  Juliette durmiendo en el sofâ la cargô y la llevô a su cuarto, siendo entonces cuan-

do ve encima de la cama un pedazo de papel con un nûmero de telêfono, y al lado de

êste el telêfono inalâmbrico. Seguido a poner horizontal el cuerpo de Juliette y de ta-

parlo  con una colcha bastante gruesa regresa al salôn con el telêfono y el pedazo de

papel. Con el  objetivo de saber  de quiên era el nûmero, porque resultâbale un poco

raro eso del extranjero por razones laborales, hace una llamada. Al formular la perti-

nente pregunta respôndenle que estaba llamando a una casa donde cuidaban a niños

sin  padres fuese ya por la razôn que fuera, claramiento que la dejô sin duda alguna

de que la ida de la madre de Juliette debîase a que nunca quiso tener retoños.

---Aspasia, y por quê este tema referente al pasado de Juliette?

---Kosmos, porque esa Juliana es la madre de Juliette.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Como que la res pônese bue-

na.   

---Esto me lo acaba de revelar Esmeralda, porque precisamente fue el motivo de la

discusiôn que tuvo con Juliette.

---Y por quê el motivo?

---Porque al enterarse Juliette de que el general estaba con su madre dîjole a Esme-

ralda que si su padre tenîa como novia a una madre que abandonô a su hija no era un

hombre del todo serio ni digno de respecto, y que como tal parecîa increîble que fue-

ra general, ademâs que al mando de una academia militar.

---Y cômo supo el general que Juliana era la madre de Juliette, el ûnico que pudo ha-

berle informado a Esmeralda sobre el asunto en cuestiôn?

---Segun las palabras de Esmeralda, porque Juliana se lo contô al general, y cuando

êste dîjole que su hija Esmeralda tenîa una buena amiga llamada Juliette, aquêlla pre-

guntôle si esta amiga era pelirroja y si tenîa un lunar en la parte derecha del semblan-

te, ademâs de que si la suma de sus años llegaba a veinticinco.

---Tengo una pregunta que quisiera que me la respondieras,

---Y por quê lo quieres?

---Aspasia, porque tû conoces mejor que yo a Juliette.

---Ah, eso. A ver, cuâl es la pregunta?

---Cômo es que siendo Juliette una buena amiga de Esmeralda no hâyala contado es-

ta parte de su vida? Si no hubiera sido por esta relaciôn de Francis con su progenito-

ra, Esmeralda hubiera sabido sobre el asunto?

---Es una o dos preguntas?

---Dos maneras de formular cuasi la misma pregunta.

---Pues sabes quê? No lo sê. En realidad es cierto que la conozco mejor que tû, pero

no lo suficiente como para responder lo que quisiste saber. Kosmos, mira para allâ,

observa quiênes llegaron.

---El general con Juliana y Dasid con Matilde Ronco Espinoza.

---Y cômo tû sabes que es Juliana?

---Aspasia, olvidôsete que cuando llegamos lo primero que dîjome Esmeralda fue que

su progenitor vendrîa con Juliana?

---Contra, verdad que sî. Sabes que me llamô la atenciôn?

---Amplifica quê, am-pli-fî-ca-lo!

---Que las cajas con botellas de vino todas tengan un sello con la imagen de una lan-

gosta.

---Y por quê llamôte la atenciôn?

---Porque, quê tienen que ver esas cajas con esa imagen?

---Aspasia, la respuesta es sencilla: porque provienen del restaurante donde trabaja

Caspar.

---Ya! 



















 




 




 






















       

Dienstag, 4. Februar 2025

127

      Al regresar a mi apartamento conversaba Aristarco con Aspasia sobre el llavero que

tiene Sista con la llave de su apartamento y del que cuelga un elefante azul. Mâs por la

cuestiôn de que Sista pudiera penetrar en cualquier momento que por la del elefante col-

gante es que daba calaña de una coralina preocupaciôn, aunque no estando del todo se-

guro  de la susodicha penetraciôn en su vivienda en el momento oportuno y cuando no 

estuvieran  las personas  adecuadas, o sea, su  padrastro y êl. Aspasia, que no conoce a 

Sista tan bien como yo, mas que como fêmina puede hablar de otra con menos equivo-

caciôn  que yo, dejôle saber a Aristarco que hay ciertas y determinadas cosas que care-

cen  de retroceso, a lo que agrega que en este caso es mâs imposible aûn el retornar de

su ex-novia por la razôn siguiente: por la del mor que siente Sista por una mujer. Deli-

cadîsimamente, y con el têlos de convencer a Aristarco de que la llave no penetraria de

nuevo en el orificio de la cerradura, dîjele que no hacîa mucho allende de tener un in-

tercambio verbal telefônico con Sista dejêle saber dônde actualmente estaba viviendo

Irene: en el apartamento de Lurpak.

---Kosmos, cômo que en este apartamento? Acaso no habîa desaparecido Irene?

---Aristarco, eso fue lo que hizo creer, y tiene su razôn.

---Y cômo sabes que la tiene?

---Porque tuve un intercambio verbal personal con Irene en este apartamento.

---Personal? Y cômo llegaste a este apartamento?

---Te explico despuês, mâs tarde.

---Aristarco, quieres un poco de cafê?

---Sî, Aspasia! Pero no mucho. Una taza pequeña.

---Te acabo de preguntar si quieres un poco, lo que traduce que no es mucho y, enton-

ces, esta cantidad darîa para llenar una taza grande?

---Quê, te contagiaste con Kosmos?

---Algo se me tiene que pegar, no?

       Y en lo que Aristarco tomâbase el cafê, Aspasia pregûntame cuâl era el significa-

do del elefante en onîricos, pregunta que hîzome porque ella sabe que yo tengo un li-

ber con la siguiente titularia: Enciclopedia de los sueños. Comencê diciêndole que la

mîmesis  del elefante en la dimensiôn de morfi no es otra cosa que la representaciôn

de una fuerza de potencia devastadora, mas que a su vez noble y paciente, que puede

ser  muy benêfica con la sola condiciôn de no provocar su ira. Por regla general (por

extensiôn de la norma) suela  aludir al propio carâcter del soñante cuando hâllase en

situaciones de acoso y menestera una previa autodisculpa para actuar no categôrica y

destructivamente  como preveê que harâ. Y para terminar añadî lo siguiente: cuando

el elefante relaciônase con otros, implica disculparlos y darles la razôn. 

---Interesante! Gracias, Kosmos. Y Aristarco, Quiên fue el de la idea de ponerle al 

llavero un elefante azul, tû o tu padrastro?

---Mi padrastro, Aspasia, pero segûn me dijo êl el mes pasado, aunque ahora no re-

cuerdo el porquê de salir a relucir en una cena el llavero, este elefante azul era un re-

galo de Dinora, la fanâtica de la aurora, y como recuerdo lo puso en el llavero, que

saben ya ustedes la relaciôn que tuvo en secreto mi padrastro con la querida del pa-

dre de Cratino.

---Dos Teôfilos enamorados de la misma mujer, allende que fanâtica de....

---Kosmos, vas a empezar con tus burlas o provocaciones?

---Aspasia, y acaso no es verdad lo que acabo de decir?

---No se trata de verdad o de mentira, sino mâs bien de la forma como lo dices y ca-

si dispuesto a reîrte. 

---En realidad ese llavero con la llave y el elefante azul estuvo mucho tiempo sin uso,

y no fue hasta que empecê la relaciôn con Sista que saliô de la gaveta donde estaba 

guardado.

---Y, Aristarco, quê dice tu padrastro ahora que el llavero aûn lo tiene Sista?

---Aspasia, al respecto no me ha dicho nada, por lo que creo que nada le importa.

           Y vaya res que suena mi telêfono, y no solamente dîceme Sista que estaba con

Irene sino asimismo que êsta ya estaba dispuesta a pasar por la estaciôn de policîa pa-

ra  recuperar el diario. Seguido a amplificar mi epîmone favorito: por el oro de las re-

tamas y la pûrpura de los brezos, Aristarco pîdeme que le dê el telêfono con el objeti-

vo, claro estâ, de preguntarle cuândo podîa encontrarse con ella para que diêrale el lla-

vero. Como la conversa entre ellos dos durô poco, lo que era de esperarse, quê si no?,

rapîdîsimo nos enteramos Aspasia y yo de la respuesta dada: el encuentro serîa en el

bar nocturno despuês de las once y media de la nocturna.

---Kosmos, sabes quê? Que no conozco mâs a Sista, es otra persona.

---Aristarco, a quê dêbese tu verba?

---A que Sista no puso ninguna resistencia, no cayô en....

---Disculpa que te impida seguir hablando, mas yo que conocî bastante bien a Sista 

te dirîa una cosa: verdaderamente ella es sumamente orgullosa, empero cuando desea

serlo  es versâtil, lo que traduce un viraje con facilidad de su comportamiento cuando

lo quiere. Y tû, Aspasia, por quê me miras asi?

---Kosmos, de verdad que crees en versatilidad? No serîa mejor por la cuestiôn de que

Sista no lo quiere mâs?

---Crêeme, Aspasia, yo sê lo digo, o dicho de otra manera: dîgolo porque lo sê.

---Sî, Kosmos, estâ bien, que de seguir echândole madera al fuego de tu hoguera ver-

bal como que terminarê abrasada por su flama.

---Aplausos, Aspasia, a-plau-sos!! Una pincelada suntuosa.

---Cambiando la cosa. Por quê me mentiste?

---Câspita!! Te mentî? A quê te refieres?

---A que me dijiste que no habîas botado los trozos/trocitos de cristal en la basura.

---Y dônde los va a botar, Aspasia?

---Aristarco, el en latôn para cristales.

---Ah, asî que tû estâs en eso de....

---Êse es mi problema, no el tuyo, asî que no te metas.

---Aspasia, no te lo dije porque sê que empiezas con tu teatro.

---Kosmos, si no quieres que escenifique, como actriz, vete a dar una vuelta con êl.

---Aristarco, nos largamos a dar una vuelta?

---De acuerdo. Vamos a darla.

---Êsa es la res! Age en plural!
















 








 













 





  

 








             


Sonntag, 2. Februar 2025

126

      Al abrir la puerta Metôn lo primero que dîceme es que no sabîa que yo conocîa a

 Arsel, por lo que êste clara que esta era la segunda vez que me veîa y de casualidad,

mas como Metôn sabe que la palabra casualidad no es una de mis preferidas mîrame

y hâceme un guiño con el ôculo derecho. A continuaciôn pregûntale a Arsel si no de-

seaba  tomarse un refresco u otra bebida refrescante, respondiêndole êste que en rea-

lidad  no hacîa tanto  calor como para beber una bebida asî, pero que le daba las gra-

cias, siendo entonces que dîgole a Metôn lo del papel que traîa consigo el chico y de

parte de su padre, y el que a raîz de esta verba saca Arsel del bolsillo izquierdo de su

pantalôn. Metôn sin dilaciôn pônese los espejuelos y êchale un vistazo al papel, pero

en lo que mirâbalo pasôse varias veces la mano izquierda por su testa calva. 

---Señor Metôn, por quê usted hace eso?

---Arsel, una vieja costumbre que tengo y que no puedo evitar siempre que leo datos

bancarios. Y dime: la explicaciôn que pide tu padre, Feliciano, debo escribirla ahora

mismo?

---Mi padre sôlo me pidiô de favor que le entregara el papel.

---Ah, entonces la explicaciôn no es urgente. Dile a tu padre que mañana o pasado

mañana le dejo el papel con la explicaciôn en su buzôn.

---Se lo digo señor Metôn, se lo digo.

---Y mira, Arsel, aquî tienes veinte pesos para que compres las chucherîas que mâs te

plazcan.

---Gracias señor Metôn, pero no le hice este favor a mi padre por dinero.

---Ya sê, Arsel, ya sê, mas aun asî toma los veinte pesos, agarra el billete.

---Estâ bien señor Metôn, estâ bien.

---Dale un saludo de mi parte a Feliciano, y no le digas que te di los veinte pesos, que

sê que a tu padre no le gusta.

---Pues no le digo nada, sôlo que usted le manda un saludo.

---Un chico bravo!! 

---Adiôs, Metôn y Kosmos.

       Y al canto de la ida de Arsel penetro en al apartamento de Metôn. Como êl considê-

rame su hijo no hizo falta su beneplâcito para que yo hiciera lo primero que antojârase-

me, empero como sabe que yo no vengo a su apartamento por gusto, lo que traduce que

mi presencia tiene un porquê, pârase frente a mî y pîdeme disculpa por los martillazos e

incesantes, por lo que entonces dîgole:

---Metôn, no hace falta que usted discûlpese, mas sî quisiera saber el porquê de los mar-

tillazos.

---Kosmos, ven conmigo a la cocina y tendrâs la respuesta.

       Viendo lo que vi como que muêrome de la risa, porque a quiên ocûrresele caerle a

martillazos a una caja fuerte.

---Metôn, y de verdad usted pretendîa abrir la caja fuerte con el martillo? Pero sî de al-

go hay que estar consciente: de que ese martillo es bastante bueno.

---En realidad, Kosmos, no pretendîa abrirla, sino mâs bien que por rabia es que le caî

a martillazos.

---Metôn, y la combinaciôn numêrica quê, se le olvidô?

---Al contrario, me la sê tan bien que pudiera repetirla de alante hacia atrâs y viceversa

sin equivocarme, pero sabes quê? No funciona, y por este motivo la rabia. Y escucha,

y muy bien, lo que te voy a decir: adentro estâ guardado la mayor parte de mi capital.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Entonces va a tener usted que

buscar un especialista.

---Ya sê, Kosmos, pero aun asî la rabia no se me quita.

---Côjalo con calma, Metôn, que a su edad no es conveniente ningûn tipo de rabia, co-

mo tampoco demasiada alegrîa, o êsta en exceso.

---Tienes razôn, Kosmos; la tienes al mâximo, al cien por ciento.

---Y dîgame, Metôn: dônde es que vive especîficamente, y en el edificio de al lado, el

onomado Feliciano.

---Kosmos, una de las ventanas de su apartamento estâ precisamente al lado de tu bal-

côn.

---Câspita! Quê? Que entonces ese Feliciano es el señor que anoche tirô un busto por

la ventana.

---Cômo? 

---Como acabo de decir, Metôn.

---Un busto? Y de quiên?

---Uno de mujer, mas como el semblante estaba un poco deteriorado no pude identifi-

carlo. Estuvo alguna vez usted en su apartamento?

---Jamâs estuve, asî que no sê nada de ese busto. Kosmos, y Feliciano no te vio?

---No lo creo, y por la oscuridad. Metôn, y en el caso de que hubiêrame visto, quê?

---Solamente que no lo hubiera tirado, porque como fue mi cliente en el banco algu-

nas cosas me contô, y entre êstas la de hacer algo cuando tiene testigos visuales no es

posible.

---Captado! Entonces êsa es la res. 

---Kosmos, Arsel dijo que era la segunda vez que te veîa....

---Quiere usted saber cuândo fue la primera?

---Asî es, Kosmos.

---No hace mucho, y despuês de la nevada. Nos encontramos con Forligen...

---Nos encontramos?

---Sî, porque estaba con Cratino.

---Ya, entiendo, Y?

---Forligen tîrâbase por una pendiente con un trineo que se encontrô, y despuês de

encontrarnos con êl aparecîo Arsel, que en aquel entonces desconocîa su ônoma. Al

ver el trineo Arsel se lo pidiô prestado a Forligen, y êste le dijo que despuês de utili-

zarlo que quedârase con êl. Mas sabe usted una cosa? Arsel estaba arropado con una

vestidura druidica. No parêsele raro que un niño llêvela puesta?

---Por lo que te dije de que Feliciano me contô algunas cosas sobre êl, estoy casi se-

guro que nada tiene que ver con Irlanda, pero como es modisto... Una revelaciôn sî

que me dejô un poco con la curiosidad de saber el porquê de habêrmela dicho.

---Explîcase usted, Metôn? Age!!

---Escucha, Kosmos. Me contô, Feliciano, de una relaciôn corta que tuvo con la cria-

da que trabajô algunos años para la difunta esposa del general, y con la que tuvo una

hija que êl desconoce.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Irene!!

---Irene? Y cômo tû sabes su nombre?

---El que va a tener que escuchar ora es usted, Metôn.

---Todo oîdo, Kosmos. Habla!!

         Cuando terminê de contarle a Metôn la primera cosa que dîjome fue la siguien-

te:

---Kosmos, me parece bastante fuera de sentido que Feliciano le haya quitado el pol-

vo al busto para despuês lanzarlo por la ventana. 

---Si usted supiera, Metôn, lo mismo tuve en cuenta mas de una forma ligera, quiero

decir, que no profundicê en esto con un pensamiento de jaez analîtico.

----Y sabes que otra cosa me llama la atenciôn?

----Amplifîquela, Metôn, amplifîquela!!

----Que por quê tirô el busto a esa hora y no antes o despuês?

----Puede ser por lo que usted dîjome Metôn: por no tener testigos visuales.

----Quê bien se nota que êl no te conoce, y como tal no sabe que estâs despierto du-

rante cuasi toda la madrugada. Realmente lo que me contaste del diario es sumamen-

te apasionante, en el sentido de la relaciôn de tres personas en un cîrculo amoroso y

no por el hecho de la revelaciôn de la criada de lo que sabîa. Aunque te pudiera decir

asimismo que esta forma pensada de venganza no creo que solamente sea debida a la

manera con que trataron a êsta la esposa difunta del general y êste, sino que tambiên

a un buscar ponderamiento por ciertas carencias que ocasionan malestar, carencias y

que tû y yo sabemos de cuâles se tratan.

---Metôn, mi aporte a este discurso desbârrase por esta canal: la criada por lo que sa-

bîa y por lo que pasôle con Feliciano empollaba en su interior un rescoldo con vigo-

rosidad, lo  que serîa con otra verba un  resentimiento con resonancia o con sombra.

---Quê no esperar de ti que un aporte poêtico, una verba, como dices tû, disfrazada,

pero  no estoy en desacuerdo, ya que es posible, por ciertas razones, que pase, suce-

da algo, tratândose, en el caso que nos ocupa, de un pasar/suceder con un fin revela-

tivo. Kosmos, tienes una idea de cômo pudiera terminar la cosa?

---Sinceramente, Metôn, por un lado Irene estâ renuente a la idea, o mejor dicho, a

la posibilidad de vender el diario; por el otro, tanto Matilde como el general harîan

todo lo posible por quedarse con êl, claramente que pagândolo, mas como puêdese

pagar algo que no se vende?

---Puedo comprender que Irene no quiera venderlo por lo que le dijo su madre, pe-

ro si estâ necesitada de peculio quê es mâs necesario?, que con los recuerdos nada

se puede comprar.

---Yo que hablê con Irene puedo decirle que tiene algo de sentimental, empero a su

vez tambiên algo de filôsofa, lo que de facto no encaja, no entra en cîrculo, porque

supônese que profundizar elimina, con el tiempo, ciertas tendencias a algo.

---Kosmos, sabes que de esa  chica necesitar un abogado, que hasta el momento y 

por lo que me has contado no le hace falta, pero....

---Ya sê Metôn, ya sê que trâtase del mismo abogado que ayudô a Yelas con la pro-

piedad de la vivienda, mas no creo que el asunto complîquese hasta el punto de te-

ner que contartarlo.

---Asî es. No es otro que êl. Y dime, Kosmos: sabes dônde puedo encontrar un es-

pecialista en cajas fuertes?

---Deplorablemente tengo que decirle que ni idea en dônde, mas puedo preguntarle

a mi tîo que conoce a muchitanta gente.

---Muy bien! Perfecto. 

---Tan raudo como sepa algo dîgoselo a usted.

---Gracias, Kosmos, gracias!! Y quê tal, cômo estâs de dinero, te hace falta un poco?

---Si usted supiera que de la ûltima sûmula que me dio aûn quêdame algo.

---Increîble!! Como que haces magia con el dinero, porque con la cara que estâ la vi-

da en esta ciudad la cantidad que te di no es nada. Bueno, en fin, no tengas pena en

pedirme la cantidad que sea, no demores en hacerlo y siempre cuenta conmigo, que

dinero tengo mâs que suficiente para lo que me queda de vida.

---Por el oro de la retamas y la pûrpura de los brezos! No piense usted en esto, viva

sin pensarlo.

---Kosmos, no es fâcil con setenta y cinco años no pensar en lo que pienso, pero lo

intentarê a ver cômo me sale. Disculpa que ahora tenga que salir, pero me es necesa-

ria otra compra.

---Otra, Metôn? 

---Sî, otra.

---Hâcele falta ayuda?

---No, Kosmos, no, porque esta vez no es mucho lo que tengo que comprar, pero gra-

cias.

---De verdad que no? No tenga verecundia en pedîrmela.

---No, Kosmos, no, de verecundia nada, absolutamente inexistente. Salûdame a Aspa-

sia y que tengas un buen dîa.

---Igualmente usted, Metôn.








































 





 




























 











 












199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...