Al abrir la puerta Metôn lo primero que dîceme es que no sabîa que yo conocîa a
Arsel, por lo que êste clara que esta era la segunda vez que me veîa y de casualidad,
mas como Metôn sabe que la palabra casualidad no es una de mis preferidas mîrame
y hâceme un guiño con el ôculo derecho. A continuaciôn pregûntale a Arsel si no de-
seaba tomarse un refresco u otra bebida refrescante, respondiêndole êste que en rea-
lidad no hacîa tanto calor como para beber una bebida asî, pero que le daba las gra-
cias, siendo entonces que dîgole a Metôn lo del papel que traîa consigo el chico y de
parte de su padre, y el que a raîz de esta verba saca Arsel del bolsillo izquierdo de su
pantalôn. Metôn sin dilaciôn pônese los espejuelos y êchale un vistazo al papel, pero
en lo que mirâbalo pasôse varias veces la mano izquierda por su testa calva.
---Señor Metôn, por quê usted hace eso?
---Arsel, una vieja costumbre que tengo y que no puedo evitar siempre que leo datos
bancarios. Y dime: la explicaciôn que pide tu padre, Feliciano, debo escribirla ahora
mismo?
---Mi padre sôlo me pidiô de favor que le entregara el papel.
---Ah, entonces la explicaciôn no es urgente. Dile a tu padre que mañana o pasado
mañana le dejo el papel con la explicaciôn en su buzôn.
---Se lo digo señor Metôn, se lo digo.
---Y mira, Arsel, aquî tienes veinte pesos para que compres las chucherîas que mâs te
plazcan.
---Gracias señor Metôn, pero no le hice este favor a mi padre por dinero.
---Ya sê, Arsel, ya sê, mas aun asî toma los veinte pesos, agarra el billete.
---Estâ bien señor Metôn, estâ bien.
---Dale un saludo de mi parte a Feliciano, y no le digas que te di los veinte pesos, que
sê que a tu padre no le gusta.
---Pues no le digo nada, sôlo que usted le manda un saludo.
---Un chico bravo!!
---Adiôs, Metôn y Kosmos.
Y al canto de la ida de Arsel penetro en al apartamento de Metôn. Como êl considê-
rame su hijo no hizo falta su beneplâcito para que yo hiciera lo primero que antojârase-
me, empero como sabe que yo no vengo a su apartamento por gusto, lo que traduce que
mi presencia tiene un porquê, pârase frente a mî y pîdeme disculpa por los martillazos e
incesantes, por lo que entonces dîgole:
---Metôn, no hace falta que usted discûlpese, mas sî quisiera saber el porquê de los mar-
tillazos.
---Kosmos, ven conmigo a la cocina y tendrâs la respuesta.
Viendo lo que vi como que muêrome de la risa, porque a quiên ocûrresele caerle a
martillazos a una caja fuerte.
---Metôn, y de verdad usted pretendîa abrir la caja fuerte con el martillo? Pero sî de al-
go hay que estar consciente: de que ese martillo es bastante bueno.
---En realidad, Kosmos, no pretendîa abrirla, sino mâs bien que por rabia es que le caî
a martillazos.
---Metôn, y la combinaciôn numêrica quê, se le olvidô?
---Al contrario, me la sê tan bien que pudiera repetirla de alante hacia atrâs y viceversa
sin equivocarme, pero sabes quê? No funciona, y por este motivo la rabia. Y escucha,
y muy bien, lo que te voy a decir: adentro estâ guardado la mayor parte de mi capital.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Entonces va a tener usted que
buscar un especialista.
---Ya sê, Kosmos, pero aun asî la rabia no se me quita.
---Côjalo con calma, Metôn, que a su edad no es conveniente ningûn tipo de rabia, co-
mo tampoco demasiada alegrîa, o êsta en exceso.
---Tienes razôn, Kosmos; la tienes al mâximo, al cien por ciento.
---Y dîgame, Metôn: dônde es que vive especîficamente, y en el edificio de al lado, el
onomado Feliciano.
---Kosmos, una de las ventanas de su apartamento estâ precisamente al lado de tu bal-
côn.
---Câspita! Quê? Que entonces ese Feliciano es el señor que anoche tirô un busto por
la ventana.
---Cômo?
---Como acabo de decir, Metôn.
---Un busto? Y de quiên?
---Uno de mujer, mas como el semblante estaba un poco deteriorado no pude identifi-
carlo. Estuvo alguna vez usted en su apartamento?
---Jamâs estuve, asî que no sê nada de ese busto. Kosmos, y Feliciano no te vio?
---No lo creo, y por la oscuridad. Metôn, y en el caso de que hubiêrame visto, quê?
---Solamente que no lo hubiera tirado, porque como fue mi cliente en el banco algu-
nas cosas me contô, y entre êstas la de hacer algo cuando tiene testigos visuales no es
posible.
---Captado! Entonces êsa es la res.
---Kosmos, Arsel dijo que era la segunda vez que te veîa....
---Quiere usted saber cuândo fue la primera?
---Asî es, Kosmos.
---No hace mucho, y despuês de la nevada. Nos encontramos con Forligen...
---Nos encontramos?
---Sî, porque estaba con Cratino.
---Ya, entiendo, Y?
---Forligen tîrâbase por una pendiente con un trineo que se encontrô, y despuês de
encontrarnos con êl aparecîo Arsel, que en aquel entonces desconocîa su ônoma. Al
ver el trineo Arsel se lo pidiô prestado a Forligen, y êste le dijo que despuês de utili-
zarlo que quedârase con êl. Mas sabe usted una cosa? Arsel estaba arropado con una
vestidura druidica. No parêsele raro que un niño llêvela puesta?
---Por lo que te dije de que Feliciano me contô algunas cosas sobre êl, estoy casi se-
guro que nada tiene que ver con Irlanda, pero como es modisto... Una revelaciôn sî
que me dejô un poco con la curiosidad de saber el porquê de habêrmela dicho.
---Explîcase usted, Metôn? Age!!
---Escucha, Kosmos. Me contô, Feliciano, de una relaciôn corta que tuvo con la cria-
da que trabajô algunos años para la difunta esposa del general, y con la que tuvo una
hija que êl desconoce.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Irene!!
---Irene? Y cômo tû sabes su nombre?
---El que va a tener que escuchar ora es usted, Metôn.
---Todo oîdo, Kosmos. Habla!!
Cuando terminê de contarle a Metôn la primera cosa que dîjome fue la siguien-
te:
---Kosmos, me parece bastante fuera de sentido que Feliciano le haya quitado el pol-
vo al busto para despuês lanzarlo por la ventana.
---Si usted supiera, Metôn, lo mismo tuve en cuenta mas de una forma ligera, quiero
decir, que no profundicê en esto con un pensamiento de jaez analîtico.
----Y sabes que otra cosa me llama la atenciôn?
----Amplifîquela, Metôn, amplifîquela!!
----Que por quê tirô el busto a esa hora y no antes o despuês?
----Puede ser por lo que usted dîjome Metôn: por no tener testigos visuales.
----Quê bien se nota que êl no te conoce, y como tal no sabe que estâs despierto du-
rante cuasi toda la madrugada. Realmente lo que me contaste del diario es sumamen-
te apasionante, en el sentido de la relaciôn de tres personas en un cîrculo amoroso y
no por el hecho de la revelaciôn de la criada de lo que sabîa. Aunque te pudiera decir
asimismo que esta forma pensada de venganza no creo que solamente sea debida a la
manera con que trataron a êsta la esposa difunta del general y êste, sino que tambiên
a un buscar ponderamiento por ciertas carencias que ocasionan malestar, carencias y
que tû y yo sabemos de cuâles se tratan.
---Metôn, mi aporte a este discurso desbârrase por esta canal: la criada por lo que sa-
bîa y por lo que pasôle con Feliciano empollaba en su interior un rescoldo con vigo-
rosidad, lo que serîa con otra verba un resentimiento con resonancia o con sombra.
---Quê no esperar de ti que un aporte poêtico, una verba, como dices tû, disfrazada,
pero no estoy en desacuerdo, ya que es posible, por ciertas razones, que pase, suce-
da algo, tratândose, en el caso que nos ocupa, de un pasar/suceder con un fin revela-
tivo. Kosmos, tienes una idea de cômo pudiera terminar la cosa?
---Sinceramente, Metôn, por un lado Irene estâ renuente a la idea, o mejor dicho, a
la posibilidad de vender el diario; por el otro, tanto Matilde como el general harîan
todo lo posible por quedarse con êl, claramente que pagândolo, mas como puêdese
pagar algo que no se vende?
---Puedo comprender que Irene no quiera venderlo por lo que le dijo su madre, pe-
ro si estâ necesitada de peculio quê es mâs necesario?, que con los recuerdos nada
se puede comprar.
---Yo que hablê con Irene puedo decirle que tiene algo de sentimental, empero a su
vez tambiên algo de filôsofa, lo que de facto no encaja, no entra en cîrculo, porque
supônese que profundizar elimina, con el tiempo, ciertas tendencias a algo.
---Kosmos, sabes que de esa chica necesitar un abogado, que hasta el momento y
por lo que me has contado no le hace falta, pero....
---Ya sê Metôn, ya sê que trâtase del mismo abogado que ayudô a Yelas con la pro-
piedad de la vivienda, mas no creo que el asunto complîquese hasta el punto de te-
ner que contartarlo.
---Asî es. No es otro que êl. Y dime, Kosmos: sabes dônde puedo encontrar un es-
pecialista en cajas fuertes?
---Deplorablemente tengo que decirle que ni idea en dônde, mas puedo preguntarle
a mi tîo que conoce a muchitanta gente.
---Muy bien! Perfecto.
---Tan raudo como sepa algo dîgoselo a usted.
---Gracias, Kosmos, gracias!! Y quê tal, cômo estâs de dinero, te hace falta un poco?
---Si usted supiera que de la ûltima sûmula que me dio aûn quêdame algo.
---Increîble!! Como que haces magia con el dinero, porque con la cara que estâ la vi-
da en esta ciudad la cantidad que te di no es nada. Bueno, en fin, no tengas pena en
pedirme la cantidad que sea, no demores en hacerlo y siempre cuenta conmigo, que
dinero tengo mâs que suficiente para lo que me queda de vida.
---Por el oro de la retamas y la pûrpura de los brezos! No piense usted en esto, viva
sin pensarlo.
---Kosmos, no es fâcil con setenta y cinco años no pensar en lo que pienso, pero lo
intentarê a ver cômo me sale. Disculpa que ahora tenga que salir, pero me es necesa-
ria otra compra.
---Otra, Metôn?
---Sî, otra.
---Hâcele falta ayuda?
---No, Kosmos, no, porque esta vez no es mucho lo que tengo que comprar, pero gra-
cias.
---De verdad que no? No tenga verecundia en pedîrmela.
---No, Kosmos, no, de verecundia nada, absolutamente inexistente. Salûdame a Aspa-
sia y que tengas un buen dîa.
---Igualmente usted, Metôn.
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen