Sonntag, 2. Februar 2025

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      Al abrir la puerta Metôn lo primero que dîceme es que no sabîa que yo conocîa a

 Arsel, por lo que êste clara que esta era la segunda vez que me veîa y de casualidad,

mas como Metôn sabe que la palabra casualidad no es una de mis preferidas mîrame

y hâceme un guiño con el ôculo derecho. A continuaciôn pregûntale a Arsel si no de-

seaba  tomarse un refresco u otra bebida refrescante, respondiêndole êste que en rea-

lidad  no hacîa tanto  calor como para beber una bebida asî, pero que le daba las gra-

cias, siendo entonces que dîgole a Metôn lo del papel que traîa consigo el chico y de

parte de su padre, y el que a raîz de esta verba saca Arsel del bolsillo izquierdo de su

pantalôn. Metôn sin dilaciôn pônese los espejuelos y êchale un vistazo al papel, pero

en lo que mirâbalo pasôse varias veces la mano izquierda por su testa calva. 

---Señor Metôn, por quê usted hace eso?

---Arsel, una vieja costumbre que tengo y que no puedo evitar siempre que leo datos

bancarios. Y dime: la explicaciôn que pide tu padre, Feliciano, debo escribirla ahora

mismo?

---Mi padre sôlo me pidiô de favor que le entregara el papel.

---Ah, entonces la explicaciôn no es urgente. Dile a tu padre que mañana o pasado

mañana le dejo el papel con la explicaciôn en su buzôn.

---Se lo digo señor Metôn, se lo digo.

---Y mira, Arsel, aquî tienes veinte pesos para que compres las chucherîas que mâs te

plazcan.

---Gracias señor Metôn, pero no le hice este favor a mi padre por dinero.

---Ya sê, Arsel, ya sê, mas aun asî toma los veinte pesos, agarra el billete.

---Estâ bien señor Metôn, estâ bien.

---Dale un saludo de mi parte a Feliciano, y no le digas que te di los veinte pesos, que

sê que a tu padre no le gusta.

---Pues no le digo nada, sôlo que usted le manda un saludo.

---Un chico bravo!! 

---Adiôs, Metôn y Kosmos.

       Y al canto de la ida de Arsel penetro en al apartamento de Metôn. Como êl considê-

rame su hijo no hizo falta su beneplâcito para que yo hiciera lo primero que antojârase-

me, empero como sabe que yo no vengo a su apartamento por gusto, lo que traduce que

mi presencia tiene un porquê, pârase frente a mî y pîdeme disculpa por los martillazos e

incesantes, por lo que entonces dîgole:

---Metôn, no hace falta que usted discûlpese, mas sî quisiera saber el porquê de los mar-

tillazos.

---Kosmos, ven conmigo a la cocina y tendrâs la respuesta.

       Viendo lo que vi como que muêrome de la risa, porque a quiên ocûrresele caerle a

martillazos a una caja fuerte.

---Metôn, y de verdad usted pretendîa abrir la caja fuerte con el martillo? Pero sî de al-

go hay que estar consciente: de que ese martillo es bastante bueno.

---En realidad, Kosmos, no pretendîa abrirla, sino mâs bien que por rabia es que le caî

a martillazos.

---Metôn, y la combinaciôn numêrica quê, se le olvidô?

---Al contrario, me la sê tan bien que pudiera repetirla de alante hacia atrâs y viceversa

sin equivocarme, pero sabes quê? No funciona, y por este motivo la rabia. Y escucha,

y muy bien, lo que te voy a decir: adentro estâ guardado la mayor parte de mi capital.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Entonces va a tener usted que

buscar un especialista.

---Ya sê, Kosmos, pero aun asî la rabia no se me quita.

---Côjalo con calma, Metôn, que a su edad no es conveniente ningûn tipo de rabia, co-

mo tampoco demasiada alegrîa, o êsta en exceso.

---Tienes razôn, Kosmos; la tienes al mâximo, al cien por ciento.

---Y dîgame, Metôn: dônde es que vive especîficamente, y en el edificio de al lado, el

onomado Feliciano.

---Kosmos, una de las ventanas de su apartamento estâ precisamente al lado de tu bal-

côn.

---Câspita! Quê? Que entonces ese Feliciano es el señor que anoche tirô un busto por

la ventana.

---Cômo? 

---Como acabo de decir, Metôn.

---Un busto? Y de quiên?

---Uno de mujer, mas como el semblante estaba un poco deteriorado no pude identifi-

carlo. Estuvo alguna vez usted en su apartamento?

---Jamâs estuve, asî que no sê nada de ese busto. Kosmos, y Feliciano no te vio?

---No lo creo, y por la oscuridad. Metôn, y en el caso de que hubiêrame visto, quê?

---Solamente que no lo hubiera tirado, porque como fue mi cliente en el banco algu-

nas cosas me contô, y entre êstas la de hacer algo cuando tiene testigos visuales no es

posible.

---Captado! Entonces êsa es la res. 

---Kosmos, Arsel dijo que era la segunda vez que te veîa....

---Quiere usted saber cuândo fue la primera?

---Asî es, Kosmos.

---No hace mucho, y despuês de la nevada. Nos encontramos con Forligen...

---Nos encontramos?

---Sî, porque estaba con Cratino.

---Ya, entiendo, Y?

---Forligen tîrâbase por una pendiente con un trineo que se encontrô, y despuês de

encontrarnos con êl aparecîo Arsel, que en aquel entonces desconocîa su ônoma. Al

ver el trineo Arsel se lo pidiô prestado a Forligen, y êste le dijo que despuês de utili-

zarlo que quedârase con êl. Mas sabe usted una cosa? Arsel estaba arropado con una

vestidura druidica. No parêsele raro que un niño llêvela puesta?

---Por lo que te dije de que Feliciano me contô algunas cosas sobre êl, estoy casi se-

guro que nada tiene que ver con Irlanda, pero como es modisto... Una revelaciôn sî

que me dejô un poco con la curiosidad de saber el porquê de habêrmela dicho.

---Explîcase usted, Metôn? Age!!

---Escucha, Kosmos. Me contô, Feliciano, de una relaciôn corta que tuvo con la cria-

da que trabajô algunos años para la difunta esposa del general, y con la que tuvo una

hija que êl desconoce.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Irene!!

---Irene? Y cômo tû sabes su nombre?

---El que va a tener que escuchar ora es usted, Metôn.

---Todo oîdo, Kosmos. Habla!!

         Cuando terminê de contarle a Metôn la primera cosa que dîjome fue la siguien-

te:

---Kosmos, me parece bastante fuera de sentido que Feliciano le haya quitado el pol-

vo al busto para despuês lanzarlo por la ventana. 

---Si usted supiera, Metôn, lo mismo tuve en cuenta mas de una forma ligera, quiero

decir, que no profundicê en esto con un pensamiento de jaez analîtico.

----Y sabes que otra cosa me llama la atenciôn?

----Amplifîquela, Metôn, amplifîquela!!

----Que por quê tirô el busto a esa hora y no antes o despuês?

----Puede ser por lo que usted dîjome Metôn: por no tener testigos visuales.

----Quê bien se nota que êl no te conoce, y como tal no sabe que estâs despierto du-

rante cuasi toda la madrugada. Realmente lo que me contaste del diario es sumamen-

te apasionante, en el sentido de la relaciôn de tres personas en un cîrculo amoroso y

no por el hecho de la revelaciôn de la criada de lo que sabîa. Aunque te pudiera decir

asimismo que esta forma pensada de venganza no creo que solamente sea debida a la

manera con que trataron a êsta la esposa difunta del general y êste, sino que tambiên

a un buscar ponderamiento por ciertas carencias que ocasionan malestar, carencias y

que tû y yo sabemos de cuâles se tratan.

---Metôn, mi aporte a este discurso desbârrase por esta canal: la criada por lo que sa-

bîa y por lo que pasôle con Feliciano empollaba en su interior un rescoldo con vigo-

rosidad, lo  que serîa con otra verba un  resentimiento con resonancia o con sombra.

---Quê no esperar de ti que un aporte poêtico, una verba, como dices tû, disfrazada,

pero  no estoy en desacuerdo, ya que es posible, por ciertas razones, que pase, suce-

da algo, tratândose, en el caso que nos ocupa, de un pasar/suceder con un fin revela-

tivo. Kosmos, tienes una idea de cômo pudiera terminar la cosa?

---Sinceramente, Metôn, por un lado Irene estâ renuente a la idea, o mejor dicho, a

la posibilidad de vender el diario; por el otro, tanto Matilde como el general harîan

todo lo posible por quedarse con êl, claramente que pagândolo, mas como puêdese

pagar algo que no se vende?

---Puedo comprender que Irene no quiera venderlo por lo que le dijo su madre, pe-

ro si estâ necesitada de peculio quê es mâs necesario?, que con los recuerdos nada

se puede comprar.

---Yo que hablê con Irene puedo decirle que tiene algo de sentimental, empero a su

vez tambiên algo de filôsofa, lo que de facto no encaja, no entra en cîrculo, porque

supônese que profundizar elimina, con el tiempo, ciertas tendencias a algo.

---Kosmos, sabes que de esa  chica necesitar un abogado, que hasta el momento y 

por lo que me has contado no le hace falta, pero....

---Ya sê Metôn, ya sê que trâtase del mismo abogado que ayudô a Yelas con la pro-

piedad de la vivienda, mas no creo que el asunto complîquese hasta el punto de te-

ner que contartarlo.

---Asî es. No es otro que êl. Y dime, Kosmos: sabes dônde puedo encontrar un es-

pecialista en cajas fuertes?

---Deplorablemente tengo que decirle que ni idea en dônde, mas puedo preguntarle

a mi tîo que conoce a muchitanta gente.

---Muy bien! Perfecto. 

---Tan raudo como sepa algo dîgoselo a usted.

---Gracias, Kosmos, gracias!! Y quê tal, cômo estâs de dinero, te hace falta un poco?

---Si usted supiera que de la ûltima sûmula que me dio aûn quêdame algo.

---Increîble!! Como que haces magia con el dinero, porque con la cara que estâ la vi-

da en esta ciudad la cantidad que te di no es nada. Bueno, en fin, no tengas pena en

pedirme la cantidad que sea, no demores en hacerlo y siempre cuenta conmigo, que

dinero tengo mâs que suficiente para lo que me queda de vida.

---Por el oro de la retamas y la pûrpura de los brezos! No piense usted en esto, viva

sin pensarlo.

---Kosmos, no es fâcil con setenta y cinco años no pensar en lo que pienso, pero lo

intentarê a ver cômo me sale. Disculpa que ahora tenga que salir, pero me es necesa-

ria otra compra.

---Otra, Metôn? 

---Sî, otra.

---Hâcele falta ayuda?

---No, Kosmos, no, porque esta vez no es mucho lo que tengo que comprar, pero gra-

cias.

---De verdad que no? No tenga verecundia en pedîrmela.

---No, Kosmos, no, de verecundia nada, absolutamente inexistente. Salûdame a Aspa-

sia y que tengas un buen dîa.

---Igualmente usted, Metôn.








































 





 




























 











 












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