Maravillôme que sobre el pucho a mi edicto de age, Forligen sacara la guitarra
del estuche y pusiêrase a buscar las notas pertinentes para musicalizar la afirmaciôn
[con la que tratô de hacerme entender algo de forma pincelada y por lo] que yo dîjele
que podîa incorporarla a uno de sus textos: la facundia sin lîmites es perniciosa. En lo
que cumplîa con esta actividad, que claramente para êl es hacedera que no a realizar a
trancas y barrancas, la resonancia dejada por las palabras de Aspasia, con las que me
dejô saber que mis repeticiones eran como orgasmos verbales, fue la razôn (por anto-
nomasia) de que profundizara en este sîmil (o paralelismo) hasta el momento nunca/
jamâs amplificado/dicho/sacado a puesto/a colocaciôn. Curiosamente, que ehrlich ge-
sagt (sinceramente dicho) no esperâbalo, no habîalo tenido en cuenta, la bûsqueda de
las notas adecuadas/correspondientes influyô en mi pensar coralino, o a lo mejor, res
que no descarto porque a la zaga del telôn disîmiles posibles pudieran suceder, el so-
nar de ellas es como un aliciente con cierta y determinada vigorosidad. Despuês de
unos minutos de estar yo concentrado, Forligen dîceme que por las notas que pegan
la afirmaciôn que êl dijo encaja bien en el tema con el ônoma mariposa, pero que de-
bido a este ambiente festivo continuarîa trabajando en su casa, lo que traduce que no
podîa concentrarse lo suficiente por el bullicio que habîa.
Pensando yo que por este bullicio es que Aspasia dêjame saber que querîa decir-
me algo al oîdo, sin dilaciôn acerco mi oreja derecha a su boca. Lo primero que escu-
cho es que pedîame que la disculpara por no habêrmelo dicho antes aun teniendo la
oportunidad de informarme; lo segundo, lo que precisamente no habîame dicho, que
el dîa que rasurôse el pubis en esta parte se le posô una mariposa, motivo por el cual,
y aquî mismo, harîase el tatuaje de una mariposa. Con esta verba no encontrê una co-
nexiôn lôgica, a no ser que ella estê pasando por un proceso de cambio que no me ha
dicho, o pensando en alguna representaciôn de belleza y libertad que asimismo igno-
ro, quedândome descartada la cosa de que por una cuestiôn de asociar haya quedado
en su mente relacionada la mariposa con el renacimiento. Pero a fin de cuentas, a la
postre y al cabo si quiêreselo hacer que hâgaselo, tatuaje que frente a mis ojos serîa
como un blanco donde êstos encajarîanse beneficiosamente. Por parangôn a mi ma-
nera, no pudiera comparar esta parte con una flor donde pôsase una mariposa?
---Se puede saber, Aspasia, el porquê de tu individualismo?
---Esmeralda, no se trata de individualismo, sino que mâs bien de algo privado, de
mî para êl.
Sorprendiôme que Aspasia dijêrale esto a Esmeralda, que no que cuando estu-
viesen solas explicarîale de quê trâtase, mas parêceme que la razôn es una sola: la
presencia de Forligen y de Caspar, con los que de facto no tiene una amistad corali-
na, y precisamente por esto no quiso que sintiêranse despreciados, de lo que impe-
pinablemente sale que utilizô la palabra privado como para alejar la posibilidad de
que aquêllos pensaran de que no eran los amigos mâs adecuados para escuchar nî-
tidamente el porquê de su individualismo. Con otra verba: al decir lo que dijo la
preferencia selectiva de una persona (en este caso Esmeralda), como la ideal para
que supiera de ciertas y determinadas cosas, quedaba anulada y, entonces, ningu-
na necesidad tendrîan los mâsculos de sentirse excluidos, marginados o rechaza-
dos.
Faltando un minuto para las doce de la nocturna se van de la fiesta Matilde y
Cristina, mas notândose que el nivel de alcohol estaba muchitanto crecidito, por-
que ambas al caminar carecîan de ponderamiento, carencia que fue el motivo por
el cual Matilde Ronco Espinoza quitôse su lujoso calzado. Una hora despuês lle-
gan dos fêminas ni tan jôvenes ni tan senectas, mas las dos eyectando una aparien-
cia de clase, una pimpante proyecciôn que observada con ôculos criticones queda-
rîa reducida a una de-mostraciôn banal (o de banalidad) de pudiente capital. Des-
puês de la seña que hîzoles el general, y por cierto nada discreta porque cuasi to-
dos los presentes viêronla, dirigiêronse hacia la mesa, sentandôse una al lado del
ge y la otra al lado de Dasid. A continuaciôn de que Dasid diêrale a cada una una
copa llena con la dadorîa de Baco, Esmeralda nos dejô bien claro saber que ni te-
nîa idea de dônde conocîa su padre a estas dos mujeres, agregando que necesaria-
mente tendrîa que tener una seria conversaciôn con êl por haberlas invitado sin
decirle nada a ella. Acentuando la perogrullada de que el cumpleaños no era del
general, Aspasia deja calaña de estar totalmente (cien por ciento) de acuerdo con
la verba de Esmeralda, mas olvidando una cosa que posiblemete pudiera suceder:
entre dicho y hecho hay un gran trecho, que de hecho sabe que mâs de una vez
Esmeralda ha dicho que harîa algo que despuês no hace. En lo atinente a estas ûl-
timas palabras, cômo no pensar en el inveterado dicho de perro que ladra no muer-
de?
---Saben una cosa? Sospecho de que aquî existe una planificaciôn. Por quê? Por-
que quê casualidad que primero se fue Juliana, y hace poco Matilde Ronco Espi-
noza, y poff, de sopetôn aparecen estas dos damas, y una para el general y la otra
para Dasid.
---Caspar, eso puede ser, no queda descartado, pero asimismo que el general haya
o llamado o mandado un mensaje a una de las dos para informarle que el terreno
estaba libre, huero de presencia de las novias oficiales.
---Tienes razôn, Kosmos, êsta es otra posibilidad.
---Esmeralda, tû que conoces a tu padre mejor que nosotros, quê dices?
---Quê te pudiera decir, Aspasia? Que mi progenitor es mâsculo y piensa con el....
---Quê si no que un mâsculo piense con êl? Voy a buscar un pedazo de torta para
nosotros, regreso enseguida.
----Age, Esmeralda! Al avîo!
----Kosmos, y sus repeticiones.
----Êsa es la res!!
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