Montag, 17. Februar 2025

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       No negaria que de la repeticiôn soy un erastes [por el erotas que siento por la ver-

ba que vuelta a decir me espeluzna o estremece], mas pensândolo a cabalidad vînome

suntuoso  que Aspasia dijêrame que ora no estaba para escuchar la significancia de la

numeral  cuatro para los  celtas, y vînome de esta manera, asî, como acâbolo de decir

por  dos cosas: la primera, por eludir una explicaciôn con resonancia en un lugar don-

de el jolgorio es lo preponderante; la segunda, por no explayarme en un momento en

el que la dadorîa de Baco despierta mi magîn, lo que traduce que hablarîa muchitanto

sobre algo poniêndole agregados o sustituyentes pincelados. Y sî, verdaderamente las

dilucidaciones con vibraciôn de sonido llovîan en una instituciôn (la kosmona) donde

una  fiesta imperaba, mas una totalmente diferente, con otro fin y otra meta, un subra-

yamiento clarante de que no contradîgome, de que no digo una cosa; seguido/a conti-

nuaciôn otra, lo que resumiendo es la cosa que llegarîa despuês, lo que a su vez serîa

llegar  mâs tarde. Y en fin, que de seguir por donde voy llegarîa ni yo mismo a saber

adônde, pûseme a observar cômo los presentes, y como pudieran hacerlo de acuerdo

a un porciento ritmâtico posible, movîan cualquier parte del cuerpo acicateada por la

musicalidad  de la guitarra de Forligen, musicalidad que irrefutablemente no es para

bailar mas que por lo menos deja un incentivo.

       Cristina, la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn, o hizo una escue-

la de baile o creciô en un barrio donde bailar era conditio sine qua non, y por quê dî-

golo? Por lo siguiente: por el movimiento de su cuerpo completo, no ya el de alguna

especîfica/concreta parte. Allende que uno cuasi perfecto con una pudiencia de sedu-

cciôn tremenda, de imantaciôn perniciosa, de atracciôn febril, motivo por el cual me

recordê de Corônide, la bailarina pelirroja de mi novelôn, aunque asimismo de Mêli,

la  etera de Masalia, empero con la diferencia de que êsta bailaba en funciôn de una 

ritualizaciôn. No era de extrañar que con este movimiento despertârase la curiosidad

de todos los [mâs convencidos de que lo que no entra por los ojos no entre por ningu-

na otra parte] mâsculos presentes, empero que la de Dasid notêla un poco mâs pene-

trante, lo que explica el porquê de que Matilde Ronco Espinoza pusiêrase celosa, es-

tado que trajo la consecuencia que halârale la oreja derecha. Pero a pesar de este ha-

lôn, Dasid  dejô calaña de estoicismo, y como tal en vez de reaccionar austeramente 

acentuô una sonrisa. Claramente que como Matilde nada sabe de estoicismo, y como

tal desconoce/ignora que esta no respuesta a un estîmulo trâtase de conformismo, lo

intrepretô/tomô como una mofa, mas en vez de intentar hacer otra cosa para inquie-

tar a su novio, hizo lo siguiente: agarrô a Cristina por su brazo derecho, y seguido a

sacudirla un poco, como un plumero lleno de polvo, dîjole estas palabras: es inacep-

table  que usted se mueva de esa manera, que no tenga en cuenta que aquî hay hom-

bres con una relaciôn, por lo que pîdole no de favor, sino por el derecho que por mi

estatus  tengo de reclamaciôn moral, que si desea moverse lo haga con mâs cuidado,

con menos erotismo. Cristina, entonces, mirôla de arriba a abajo, adoptô la posiciôn

en jarras y dîjole sin tapujo alguno: señora, si usted estâ celosa, o tiene psiquiâtrico

problema a mî no me interesa, asî que seguirê moviêndome como me dê la gana, y

suêlteme el brazo, si es que no quiere que la coja por el cuello con el otro brazo que

tengo libre de su mano.

       La intervenciôn del general pareciôme sensata, pero no para exigir la disciplina

adecuada en la fiesta de su hija, sino mâs bien para evitar que las dos fêminas entra-

ran en una lucha cuerpo a cuerpo, o en una colisiôn corporal que pudiera dañarlas a

ambas, teniendo las de perder Matilde por no caracterizarse por ser una buena lucha-

dora. A continuaciôn de persuadirlas con una verba pimpante, verba que no le es aje-

na por utilizarla diariamente en la academia militar, lo que traduce que domînala en

un porciento elevado, lo que flagrante que con otras palabras porque aquî no trâtase

de un lugar donde descolla un reglamento, pîdele a ambas que se conozcan, que se

cuenten un poco de sus vidas, que se amisten en vez de ser enemigas. No muchitan-

to despuês de estas palabras, y sentadas una al lado de la otra, comenzô una conver-

sa entre ellas, y por supuesto sin que les faltara la menester botellita de vino, la que

abriô Dasid con un entusiasmo tremendo.

      La razôn por la que Juliana hâyase ido de la fiesta la desconozco, y algo que pa-

sô cinco minutos despuês de empezar la conversa entre Matilde y Cristina. Segûn la

intuiciôn de Aspasia debiôse a un problemilla de incomprensiôn, que de facto Julia-

na no conoce lo suficientemente al general como para entender el porquê de su inter-

venciôn. Pero de yo irme un poco mâs lejos, no pudiera ser posible que en el futuro

entren en atingencia cupidosa Matilde y Cristina? No habrîa que olvidar que Matilde

Ronco Espinoza siente imantaciôn por los dos sexos, que pêgase a la piel tanto mas-

culina como femenina, que besa con ganas labios pintados y sin pintar, bisexualidad

que sale a relucir en el diario, razôn por la cual ella estâ sumamente interesada en ês-

te, que asimismo el general por la relaciôn secreta que tuvo por un tiempo su esposa

fenecida  con Matilde. Indiscutiblemente que yo no conozco lo suficiente a Cristina,

mas como las cosas del mor tienen un aferente variable y poderoso nunca sâbese con

seguridad  absoluta quiên puede  quedar atrapado en la red de las manos. Si el/la que 

dase postîn con tan sôlo quedar frente a una dadorîa erîzâse/tiembla, no de miedo si-

no mâs bien por saber lo que le espera, con esta red olvîdase de la revelancia que mu-

chitanto se da. 







 

 




 




  




 




 












   

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