Y en lo que Aspasia fue en busca de una copa de vino, de la dadorîa de Baco, co-
mo gûstame decir, Caspar pregûntame que sacô Aspasia de la conversa con Esmeral-
da. Ostensiblemente que como no estaba para volver a repetir lo mismo que dejôme
saber Aspasia solamente contêle lo mâs relevante, lo que mâs descolla de lo que pe-
netrô por mis oîdos. Al canto de llegar al punto final de mi verba êl se lamenta debi-
do a la falta de confianza de Juliette, porque segûn su valoraciôn/consideraciôn, o de
lo que interpreta, de existir confianza entre dos personas que quiêrense solapar, telo-
near, esconder lo que deberîa saberse no es correcto, amên que dos criaturas que jun-
tas no tienen una semana de relaciôn sino muchîsimo mâs tiempo conviviendo bajo
el mismo techo y durmiendo en la misma cama. Como para subrayar, hacer notable
que su sentir pena por algo no llega a ser tan insoportable como para sacarlo a relu-
cir, lo que traduce que como puede aguantarse lo mantendrîa en silencio, comunîca-
me que al respecto no dirîale a Juliette que tiênelo/padêcelo, empero que harîa todo
lo posible para que ella contârale sobre su pasado, aun no sabiendo cômo reacciona-
rîa si diêrase cuenta de cuâl era el fin en sî, la res como tal, dirîa yo.
---Caspar, y si lo deseas, te puedo ayudar en formular preguntas que no parecen pre-
guntas.
---Kosmos, quiên si no tû para darme esta ayuda. La acepto. Cuânto pides por esta
ayuda?
---Pedir? Câspita!! Ni un centavo. Mi ayuda es gratuita. Lo que eso sî, tienes que de-
cirme cuândo puedes, para hacer un plan y un horario de trabajo.
---Como que me parece que formular preguntas que no parecen preguntas lleva su
tiempo para lograrlo.
---Êsa es la res, Caspar.
---Quê te parece el vino?
---Mirîfico, Caspar, mi-rî-fi-co!!
---Y dônde estâ Aspasia?
---Fue en busca del mirîfico vino.
A continuaciôn de Caspar decirme que iba a ver por quê Esmeralda aûn esta-
ba en el cuarto, el general viene con Juliana, salûdame y presêntame a êsta, a la que
mirê con algo de fijeza, siendo el motivo por el cual pregûntame el general si la co-
nocîa de algûn lugar. Sin dilaciôn dîgole que como era la progenitora de Juliette ob-
servêla con persistencia con el objetivo de encontrar en su semblante la precisa ana-
logîa con la jeta de su hija, amplificaciôn que claramente despertô su curiosidad. A
raîz de hacerme la pertinente pregunta respôndole que cuasi que acababa de enterar-
me de lo del abandono cuando tenîa Juliette tres años, empero para eludir que hiciê-
rame la prôxima pregunta lôgica dîjele inteligiblemente que lo sabîa por una conver-
sa que tuvieron Esmeralda y Aspasia hacîa media hora aproximadamente. Digamos
que por el aprecio que êl tiêneme no verbalizô mâs nada que unas pocas letras pacî-
ficas: Kosmos, como sê quiên tû eres, que en ti puedo confiar, que lo sepas no preo-
cûpame, mas como Juliana era la primera vez que veîame, y a pesar de haber dicho
el general lo que dijo, en vez de decir algo bajô la cabeza, lo que yo interpretê como
calaña de verecundia. Y entonces llega Aspasia con la copa de vino, salûdala el ge-
neral, y a continuaciôn nos desea que la pasemos bien en la fiesta de cumpleaños de
su hija. Mas lo que sî sorprendiôme fue que Juliana levantara su testa, echârale una
miradita a Aspasia, y con cierta ternura acariciârale el rostro como si fuese su propia
hija, momento en que el general mîrame y dêjame saber lo siguiente: Kosmos, siem-
pre no son las cosas que pasan las cosas que parecen; son como son mas interpreta-
das como lo quiere/puede el que las interpreta, verba que, como tal, dejôme resonan-
cia.
Un rato despûes, y en conversa con Dasid, infôrmole de que el modisto que tu-
vo la esposa difunta del general onômase Feliciano, el que allende de tener un hijo
nombrado Arsel es mi vecino. Pudiera haberle dicho asimismo que Feliciano es el
progenitor de Irene, la que vino al mundo por la atingencia corta que tuvo êl con la
madre de êsta, la criada que laborô para la esposa susodicha, mas que êl ignora que
es el padre, empero para no complicar la cosa guardê mutismo.
---Kosmos, y cômo supiste su nombre?
---Sûpelo, Dasid, por mi vecino Metôn. Escuche usted. Metôn es un banquero pen-
sionado, y Feliciano fue un cliente de su banco.
---Las cosas de este mundo. Te dije, la ûltima vez que nos vimos, que la difunta es-
posa del general tuvo un modisto, y vaya, es tu vecino.
---Pero si le digo que supe que era mi vecino por un busto que tirô por la ventana a
las dos de la madrugada....
---Un busto?
---Êsa es la res, Dasid. Un busto de una fêmina, mas con el rostro deteriorado, pero
aquî radica lo incomprensible: antes de tirarlo quitôle el polvo.
---Totalmente sin sentido o loco. De quê sirve quitarle el polvo a algo que ya no se
quiere tener mâs?
---Otra cosa. Su hijo, Arsel, estaba arropado con una vestidura druîdica.
---Kosmos, esto es algo muy especial. Y cuântos años tiene el niño.
---No me lo dijo, mas no creo que pase de siete años.
---Entonces lo conoces?
---Solamente lo he visto dos veces: el dîa en que Forligen le prestô el trineo, que fue
cuando llevaba la susodicha vestidura, y hoy en la mañana en mi edificio. Dasid, ha-
ce un rato dîjome el general algo que dejôme resonancia.
---Sî, ya vi que hablabas con êl y con Juliana. Quê te dijo?
---Siempre no son las cosas que pasan las cosas que parecen; son como son mas in-
trepretadas como lo quiere/puede el que las interpreta.
---Y quê tienen estas palabras como para dejarte resonancia?
---Dasid, porque yo creo que aprovechando la ocasiôn el general referîase a las co-
sas escritas en el diario menos que a la cuestiôn que hablaba con êl.
---Kosmos, no es de extrañar que pienses demasiado. Te informo que esa Juliana es
la secretaria del general y la madre de Juliette.
---Êsta es la cuestiôn que hablaba con Francis.
---No me digas? Y cômo la supiste?
---La supe por una conversa que tuvo Esmeralda con Aspasia.
---No creo que Esmeralda lo supiera por Juliana.
---Êsa es la res, Dasid.
---Pero sabes quê me resulta raro?
---Amplifique el quê, am-pli-fî-que-lo!
---Que el general no me haya dicho que esta cuestiôn la sabîa su hija. Y crêeme, el
general, y no todo, pero muchîsimas cosas me dice.
---Dasid, y no serîa posible que no hâyale informado al respecto por el saber de êl
de que estaba con una fêmina que abandonô a su hija cuando êsta tenîa tres años?
---Y quê tiene que ver esto?
---Piênselo, Dasid, que usted conoce bastante bien al general. Y cômo le va a usted
con Matilde Ronco Espinoza?
---No deja de hablar de ese maldito diario, el que no sale de su boca. En realidad no
acabo de entender el porquê de su continua preocupaciôn, aun sabiendo que la hija
de la criada no tiene la intenciôn de venderlo a la prensa, lo que significa que lo que
hay escrito en êl nadie lo va a saber.
---Porque no siempre el saber algo es elixir contra algo. De facto saber algo es moti-
vo de pre-ocupaciôn.
---Y acaso tû, que sabes demasiado, no ya solamente algo, estâs preocupado?
---Excelente pregunta, Dasid, excelente! Respôndosela asî: pre-ocupado siempre es-
toy. Dasid, su queridîsima Matilde Ronco Espinoza parêceme que quiere tenerlo cer-
ca, porque mira hacia acâ con sobresaliente fijeza.
---Cerca la mujer del hombre y el hombre de la mujer! Me voy, y siempre un gusto
hablar contigo.
---Igual le digo, Dasid, igual! Vaya usted por la cercanîa menester.
Arsel
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