Cincuenta y dos minutos despuês, y cumpliendo a cabalidad con el tiempo progra-
mado para que alguno de sus textos fueran escuchados, Forligen ûnese al grupo forma-
do por Caspar, Esmeralda, Aspasia y yo. Al canto de mojarse los labios con la dadorîa
de Baco dêjanos saber lo siguiente: que antes de terminar de tocar su ûltima canciôn
fue testigo visual del juego de manos entre las dos fêminas (Cristina y Matilde) por de-
bajo de la mesa, lûdico que sôlo podîa verse desde la posiciôn donde êl estuvo tocando
su guitarra, o sea, a la zaga de êstas.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Menos mal que Juliana se fue.
---No entiendo, Kosmos.
---Forligen, cuando tû tocabas, y no sê si te fijaste, Matilde tuvo un encuentro verbal
con Cristina, razôn por la cual intervino el general. Al convencer a êstas que en vez de
enemistarse se amistaran contândose cosas de sus propias vidas ambas sentâronse para
entrar en conversa. No mucho despuês de comenzado el diâlogo entre ellas, Juliana se
levantô y se largô de la fiesta.
---Sî, kosmos, lo vi, mas pensê que ellas se conocîan, y solamente por el vino estaban
un poco alteradas, pero sigo sin entender el porquê de que dijiste que menos mal...
---Forligen, porque si solamente se fue de la fiesta por una posible interpretaciôn del
motivo por el cual el general intervino, quê hubiera pasado en el caso de que quedâra-
se y hubiese visto lo que tû dijiste del lûdico de manos?
---Ya dije que solamente podîase ver desde la posiciôn en la que estaba.
---Tû estâs seguro que solamente desde êsta?
---Ok, Kosmos, ok, pero dime: de haberlo visto quê?
---Forligen, que no se hubiese conformado en saber que el general evitô una pelea en-
tre dos fêminas con un porciento elevado de concupiscencia.
---Ahora sî que entendî.
La pregunta que hîzome Aspasia referente a los gustos y preferencias de Dasid,
dos cosas determinantes o que influyen para seleccionar el tipo de fêmina que a êste
le conviene, no pude respondêrsela porque de êl sôlo tengo un conocimiento a partir
de lo que hemos conversado, y en ninguna de las conversaciones tenidas jamâs tocô-
se el tema en puesto, en colocaciôn. Caspar, a raîz de estas palabras, nos informa de
la amistad que tuvo el que fue portero del restaurante de las langostas con Dasid, y
por el que supo que êste alguna que otra vez venîa a cenar con mujeres o libertinas
o al servicio de Afrodita por unos cuantos pesos.
---Caspar, y por quê el susodicho portero te contô esto?
---Kosmos, te acuerdas de la vez que estuviste con Dasid en el restaurante, no?
---Câspita!! Y tû nos atendiste ese dîa.
---Exacto!! Bueno, al parecer el portero pensô que los atendî de la manera que lo hi-
ce por ser ustedes dos cercanos conocidos.
---Y sôlo por lo que acabas de decir te hablô de Dasid?
---No encuentro otra cosa por la cual lo haya dicho, porque a pesar de que ya hace
algûn tiempo que trabajo en ese restaurante nunca tuve ni tan siquiera un contacto
con êl como trabajadores del mismo lugar.
---Pero, Caspar, cuando salîas y entrabas en el restaurante lo saludabas, no?
---Claro, normal. Pero, Esmeralda, adônde quieres llegar con esta pregunta?
---Acabas de decir que nunca tuviste ni tan siquiera [...] Y acaso saludarlo no es ya
un contacto?
---Como que me aprietas demasiado, me pones en ridîculo.
---Caspar, êsta es una interpretaciôn tuya.
---Esmeralda, dejêmoslo donde estâ.
---Esmeralda, y quê te ha dicho tu padre sobre Dasid, o quê le has oîdo hablar de
êl?
---Aspasia, durante el tiempo que vivî con mi padre nunca me dijo nada ni le oî
hablar de su chofer.
---El general serîa una buena fuente para saber datos concretos de Dasid.
---Asî es, Forligen, pero cômo lo pudieras saber, preguntândole? Te dirîa que per-
derîas tu tiempo en eso.
---Esmeralda, puedo intertarlo.
---Forligen, es mi progenitor, por lo que sê quê te digo.
---A la postre y al cabo, de quê nos sirve a nosotros saber de los gustos y preferen-
cias de Dasid?
---Kosmos, muy buena pregunta.
---Êsa es la res, Esmeralda! Su vida privada no la cambiarîa el conocimiento que de
êl pudiêramos nosotros tener.
---Pero, Kosmos, tû te llevas bien con el chofer del general.
---Asî es, Aspasia, mas llêvome asî por ser êl oriundo del norte, [que] no porque ce-
ne con fêminas, de vez en cuando, de un tipo de jaez.
---Kosmos, me recordaste al niño con la vestidura druîdica.
---Forligen, amplifica el porquê del recuerdo, amplifîcalo.
---Por eso de ser êl, el chofer, oriundo del norte.
---Te vas a quedar con la boca abierta por lo que te voy a decir.
---Me la tapo para que no entren moscas. De quê se trata?
---De que el niño es mi vecino. Y mâs: su padre es el modisto que tuvo la difunta es-
posa del general, y su ônoma es Feliciano.
---Verdad que mi boca no pudiera quedar cerrada. Dime cômo lo supiste.
---Escucha, abre tus orejas musicales.
---Cômo, Kosmos? Que quedarê tambiên con la boca abierta por tratarse del modis-
to que tuvo mi fenecida madre.
---Esmeralda, escucha tû asimismo.
---Mis orejas no son musicales, pero los abro.
Despuês de lo que contê, Esmeralda dîceme que tenîa interês en conocer a Fe-
liciano, mas pregûntame si yo podîa concomitarla a visitarlo, porque no atrevîase a
penetrar ella sola en su apartamento, respondiêndole yo que sî, empero sin dejar de
pensar en el mal momento por el que tendrîa que pasar Esmeralda de enterarse de
una cosa que ignora totalmente: del toque de las manos sueltas del modisto, de vez
en cuando, y en el preciso momento que media alguna que otra parte del corpus de
la difunta esposa del general. Si yo conociera a Feliciano, y como tal pudiera estar
seguro de su sensatez al hablar, de su prudencia (virtuosa) en el mismîsimo instante
de entrar en verba, lôgicamente fuese al ñudo el susodicho empero, pero como suce-
de lo contrario no puedo pasar por alto, olvidar la posibilidad de que vâyase de len-
gua, de que cuente.
---Entonces, kosmos, cuândo tienes tiempo?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Esmeralda, que lo que pre-
cisamente sôbrame es la imagen môvil de la eternidad.
---Se puede saber quê quieres decir con esto?
---Esmeralda, êsta es la definiciôn dada por Aristocles al tiempo.
---Y quiên es Aristocles?
---El înclito Platôn!!
---Kosmos, y cômo pueden ser dos personas a la vez?
---Repâmpanos Esmeralda!! No es que sean dos criaturas, sino que Platôn es un
apodo, y segûn he leîdo puesto por su profesor de gimnasia, y que significa lo si-
guiente: aquel que tiene ancha espalda.
---Y en fin, Kosmos, que lo que te sobra es tiempo, no?
---Êsa es la res!! Esmeralda, sôlo tienes que poner el dedido en el circulito que acti-
va la llamada, y como un cohetico voy hacia ti.
---Increîble cômo tû le sacas provecho hasta a la mînima cosa.
---Y acaso hasta la mînima cosa no tiene su provecho? Fîjate que si una.....
---Deja, Kosmos, deja, que solamente hace falta que te den cuerda para que comien-
ces a sonar a tu manera o estilo.
---Ni que yo fuese reloj! Mas Esmeralda, con un pajarito que saca la cabeza para que
êsta encuentre la luz o si êl?
---Tus ocurrencias me dan risa.
---Y la risa para mî es un dador fundamental.
---Y por quê fundamental?
---Esmeralda, te contradices, porque le estâs dado cuerda.
---Es sôlo una pregunta, Aspasia, no cuerda.
---Entonces, kosmos, responde a la pregunta.
---Aspasia, le respondo despuês, mâs tarde.
---Lo que es sinônimo de respuesta o atrasada o que no se quiere dar.
---Nôtase que mi novelôn has leîdo, que por La cazuela de Vitelio conoces mis re-
peticiones.
---Que son como orgasmos verbales.
---Orgasmos verbales? Câspita!! Como unas castañuelas las seguirê diciendo.
---La facundia sin lîmites es perniciosa!
---Forligen, esta afirmaciôn la pudieras incorporar a uno de tus textos.
---Kosmos, y quê placer sentirîa al hacerlo!
---Age, entonces, age! Êsa es la res!
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