En lo que Cratino hacîa la menester selecciôn de las botellas baratas
que comprarîa de vino, Aristarco pregûntame si yo era un escritor conoci-
do.
--Câspita!! Conocido yo? Aristarco, que ni tan siquiera me "conozco a mî
mismo".
Esta respuesta resultôle tan poco comûn que se me quedô mirando, y
con una pudiencia que mis ôculos no pudieron soportar, razôn por la cual
tuve que mirar hacia otra parte para darle a mis retinas el indefectible esti-
mulante.
---Cômo que no te conoces a ti mismo, eso es posible, Kosmos?
Esta pregunta es la prueba de que con Aristarco no podîase entrar en
lûdico, aunque asimismo es la revelancia de que no conocîa el imperativo
del templo de Delfos ( gnothi sauton), y mâs inveterado que el mismîsimo
templo. Aspasia, que no pudo guardar silencio, y vaya quiên a saber si por
cuestiones compulsivas o no, que si no porque no tuvo en cuenta la senten-
cia senecta est res magna tacere, dîcele a Aristarco:
---Lo dicho por Kosmos de que no se conoce a sî mismo es como una alu-
siôn al "conôcete a ti mismo", un imperativo.
---Aspasia, y por quê debo conocer tal imperativo; ademâs, lo que ya es el
colmo, conocerme padeciendo de tuberculosis?
---El colmo no es, pero si tû quieres valorarlo o considerarlo asî es cosa tu-
ya.
Yo pude comprender mejor lo dicho por Aristarco, por lo mismo que
en lo atinente a lo que estâ en fluencia verbal no dije ni tan siquiera una pa-
labra corta. Sigue la cosa con la salida de Cratino con seis botellas de vino
y con la mantenciôn del ponderamiento a raîz de un ligero resbalôn que dio
al pisar cropolitos de can.
---Quê susto nos diste, y hasta pensê que te irîas de espalda--dice Aspasia.
---No exageres, Aspasia, que no es para tanto.
---Ja!! Eso tû lo dices porque tan râpido ocurriô el inclinarte hacia detrâs
que no pudiste verlo.
---Bueno, en fin, que aquî estân las botellas.
---Pero tenemos un problema---dice Aristarco.
---Problema, cuâl?---pregunta Cratino.
---Cômo sacar el corcho de las botellas?
Al preguntarme Aspasia: Kosmos, no tendrâs dentro de tu bolsa un
abridor?, yo sobre el pucho metî la mano derecha en el bolso y respondî:
Aquî estâ el solvento contra el problema que no existe.
---Entonces, nos vamos al bosque de los liberales?---pregunta Aspasia.
---Y si nos sigue el lûpulo?---fisga Aristarco.
---Igual! Pero recuerden, como dijo Kosmos, no mirar hacia atrâs---dice
Cratino.
Impepinable que Cratino no podîa êl solo llevar las seis botellas de
vino, por lo que entonces nos repartimos la sûmula de la siguiente forma:
Aspasia cogiô una; Aristarco otra, y Cratino y yo dos, empero como Aris-
tarco preguntô si podîa abrir la botella que êl llevaba, que por el fuertîsi-
mo deseo que tenîa de ingerir la dadorîa de Baco no podîa esperar llegar
al bosque de los liberales, Cratino dîjome que le diera el abridor y segui-
damente dêjale saber a Aristarco:
----De tomarte la botella completa no nos digas despuês a nosotros que
te demos vino de la botella que nos pertenece, asî que ya estâs avisado.
----Cratino, de que sea el deseo fuertîsimo no quiere decir que me la to-
me toda, claro que no.
----Pero, ademâs, Cratino, el bosque no estâ tan lejos como para que le
dê tiempo a tomârsela completa, a no ser que por costumbre se la empi-
ne como si fuese un pomo de agua---dice Aspasia.
----Gracias por la defensa, Aspasia, pero esa costumbre no la tengo.
----Kosmos, y ese mâsculo que viene hacia nosotros con gabân y som-
brero no es tu tîo?---pregunta Cratino a su vez que señalando.
De yo quedar impresionado al ver a mi tîo no fue por verlo en la
calle tan tarde, sino que mâs bien por calentar su cuerpo con un gabân
y su testa con un sombrero, que ni lo uno ni lo otro jamâs habîa usado,
a no ser que sî cuando viajaba al extranjero, pero en tal caso nunca me
lo dijo. Y en lo atinente al decir dîceme ora:
----Ya sê que te resulta raro observarme con gabân y sombrero, pero te
confieso una cosa: yo no me conocî a mî mismo al verme en el espejo.
----Y de nuevo el conocerse a sî mismo?---pregunta Aristarco.
----Quê quiere decir tu amigo con eso de de nuevo conocerse a sî mis-
mo, Kosmos?
----Porque no hace mucho amplificôse sobre el gnothi sauton, el inve-
terado imperativo. Mi nuevo amigo se onoma Aristarco, el tîsico que
no hace mucho querîa tirarse de la linterna de la catedral barroca.
---Que no hace mucho quiere decir que cuando yo hablê contigo en la
catedral?
----Êsa es la res, êsa!!
----Pero muchacho, actualmente nadie sucumbre por tuberculosis, o por
lo menos es muy raro un caso asî con la medicaciôn que hay, pero tû de
la linterna querîas tirarte?
----Asî es, señor, asî como lo acaba de decir Kosmos.
----Señor, y usted tiene tanto frîo como para llevar gabân y sombrero.
----No, muchacha, no es por el frio sino mâs bien por un cambio de ima-
go. Mira, Kosmos, ya comprê las tagarnas.
----Fuera una patêtica noticia que no las compraras aun saliendo a tiempo
al quiosco que hoy cerraba mâs temprano.
----Quê decir de tu buena memoria? Y adônde ustedes van con esas bote-
llas de vino?
----Señor, al bosque de los liberales---responde Aspasia.
----No es de extrañar que los siga un lobo; yo lo veo y estâ detrâs de us-
tedes.
----Señor, Kosmos nos dijo que no mirâsemos hacia atrâs.
----Bien dicho, muchacha, bien dicho.
----Señor, no quiere venir usted con nosotros?---pregunta Cratino.
----Yo? Quê va!! Nada tengo que ver con ese bosque, ni tan siquiera lo he
soñado. Asî que regreso a mi casa a oir mûsica clâsica.
----Buena escucha, señor!!
----Gracias muchacha!!
Antes de que fuêrase mi tîo, yo le preguntê por quê no me dijo que
dîjole a Diopeites lo de mi novela.
----Kosmos, y tan relevante que te lo dijera? Mâs importante no es que te
dijera lo de la esquela de tu padre?
----Mondo lirondo que eso a mî no llêgame a fondo.
----Ah, una de tus pinceladas repetida en la novela. Estâ bien. Si es asî es
como es; o mejor dicho, como tû quieras que sea. En fin, retorno a la cua-
dratura de mi vivienda, y dale al zapatero Cliôn saludos de mi parte cuan-
do lo veas mañana.
----Serân dados sin dilaciôn o exigüidad de nemôsine alguna.
Quince minutos despuês impônese frente a nuestras retinas la maci-
za estructura del Karakorum. Cratino, y debido a una fuerte emociôn, seña-
la hacia arriba y sin dilaciôn afirma:
---Este edîculo donde yo vivo por parangôn no tiene comparaciôn con otro!
---Espero que jamâs, por equivocaciôn o por cuestiôn de secreta planifica-
ciôn, le disparen los cañones de la academia militar---dice Aspasia.
---Quê dices, Aspasia, eso no es posible.
---Ojalâ tû tengas razôn y sea imposible.
---Yo no pudiera vivir encima de un macizo montañoso, si ya de hecho no
me gustan las casas con dos pisos---dice Aristarco.
---Quê, pavor por la altura?---fisga Aristarco.
Sobre el pucho yo captê la intenciôn de Cratino: dejar que Aristarco
fuera êl mismo testigo de su contradicciôn.
---Asî es, Cratino, No es otra cosa que pavor.
---Y entonces, Aristarco, cômo es posible que hayas subido a la linterna, a
una altura que es tres veces mayor que la de una casa de dos pisos?
---Quê? Y tû crees que la muerte serîa segura si me tiro del segundo piso
de una casa?
---Êsa es como la pregunta tîpica de los que no quieren perder la razôn, de
los que a todo trance siempre quieren ganar.
----Y quê es eso que se ve, esos dos puntos blancos que brillan allâ arriba?
----De quê tû hablas, Aspasia?---pregunta Cratino.
----Mira, mira hacîa allî---responde Aspasia y señala.
----Ni tengo idea de lo que pueda ser eso.
----Pues yo si sê quê pudiera ser---dice Aristarco.
----Ah sî? Quê?
----Los ojos del lobo alcanzados por la luz de la luna.
----Quê tû crees, Kosmos?---pregunta Aspasia
----Que pueden ser tales ôculos, mas para mayor seguridad yo espero su
aullido, y mâs con este plenilunio.
----Y cuândo tû crees que se pueda escuchar?
----Sigamos caminando, que ya lo escucharemos.
Al bosque de los liberales llegamos despuês de caminar unos apro-
ximadamente doscientos metros. El plenilunio alumbraba al bosque como
si fuese una ingente linterna, iluminaciôn del astro que revelarîa la presen-
cia en una rama del estrîgido de Minerva, presencia que me resultaba sun-
tuosa por los beneficios que reporta, lo que no quiere decir que si no estu-
viese el bûho posado pudiese llegar a tener un estado taciturno, o si acaso
alguna transformaciôn de la conducta que trajera como consecuencia per-
niciosa el enervamiento de la facultad de pensar con soltura regalada. Se-
guido a decir Aristarco de que êrale menester sentarse unos minutos debi-
do a un mareo por haberse cuasi tomado la botella completa, Aspasia pre-
gunta si por las narices de nosotros no penetraba un olor desagradable, y
entonces pregûntole a Cratino:
---No serâ que en uno de tus dos zapatos hay restos de cropolitos de can?
A raîz de mi pregunta, Cratino quîtase el calzado, mira las suelas y
responde:
---La suela de goma del zapato izquierdo estâ embadurnada de mierda.
---Pues lîmpiala de una vez---dice Aspasia.
De tal guisa, porque limpidar la suela con el vino de una de las cin-
co botellas que aûn no estaban abiertas a ninguno de nosotros hubiêrase-
le ocurrido, Cratino descubre una planta con hojas suficientemente gran-
des como para utilizarlas en lo que tenîa que hacer, momento tempestivo
para yo dejar saber que el ônoma de la planta era humulus lupulos, aun-
que mâs conocida por lûpulo.
---Primera vez que escucho ese nombre, que veo la planta--dice Aspasia.
Yo dilucido de que trâtase de una planta trepadora, que sus flores
llâmanse conos y que en la mitologîa celta asôciase con el lobo, empero
agrego que no es habitual que crezca en un bosque.
---Y por quê no lo es, Kosmos?---fisga Aristarco.
---Porque en el bosque hay cuasi siempre sombra, y esta planta necesita
mucha luz.
----La planta no es fea, pero sabes, Kosmos, quê es lo que no me gusta?
Que asôciese con el lobo.
---Aspasia, ya dije que la asocia la mitologîa celta, asî que no te pongas
nerviosa ni tengas miedo, que no quiere decir que el lobo, por la planta,
venga.
Pero insôlitamente, y seguido a lo que dije, oyôse el aullido del lo-
bo.
---Quê, Kosmos, es el aullido una casualidad?---pregunta Aspasia.
---No tengo respuesta, Aspasia, que ni yo mismo puedo creerlo.
---Y de dônde viene el aullido?---pregunta Cratino.
---Igual, Cratino, que de todas maneras quê podemos hacer con saber de
dônde viene---dice Aspasia que agrega: lo que sî podemos hacer es estar
con los ojos bien abiertos, asi que me parece que no es conveniente el vi-
no.
----Me parece que exageras, Aspasia, porque hasta ahora lo ûnico que el
lobo ha hecho es seguirnos, no?
----Eso es cierto, Cratino, pero por si acaso no quisiera quedarme dormi-
da.
----Entonces sabes quê? Dame acâ tu botella que me la tomo todita.
----Mira, aquî estâ. Agârrala!!
----Y, Cratino, ya estâ limpia la suela?---pregunta Aristarco.
----Ya lo estâ. Y a tî, se te pasô el mareo?
----Ya no es tanto, asî que puedo seguir caminando.
----Seguir? Y por quê no nos quedamos aquî?---pregunta Aspasia.
----Para mî es igual.
----Yo digo lo mismo---dice Cratino.
----Y tû, Kosmos, quê dices?
----Donde quêdanse tres quêdanse cuatro.
----Muy bien!! Entonces nos quedamos aquî.