Donnerstag, 28. Dezember 2023

       Cuando salî del baño ocûrreseme decir: goce de la punta en flor, y a

continuaciôn  agreguê [sin que  ludicara una funciôn de rabo con la cual 

quedarîa  completo el corpus expresivo]: que de facto conquista con tan 

sôlo aparecer como efîmera imago. A pesar de ser un decir pincelado, la

reacciôn de Aspasia como que diome a entender que algo como mînimo

comprendiô, empero como estaban presentes mi tîo y Metôn ni hîzome

la  correspondiente  pregunta ni amplificô algûn comentario, como tam-

poco  quedôseme mirando con fijeza, por lo que yo pienso que êstos no

son  para ella de su agrado o no le brindan la suficiente confianza como

para decir algo que de acuerdo a la interpretaciôn que dêsele cause o un

desacuerdo o un entrar en liza sin vigor acadêmico. 

 --Kosmos, no te habrâ empezado a ser efecto la infusiôn con las raîces 

de pamporcino?----pregunta Cratino que agrega: y si te pregunto es por

eso del goce de la punta en flor.

---Cratino, mâs es una cuestiôn de naturaleza que de estimulaciôn o de

efecto de algo.

--Esta cuestiôn es una con gran reciedumbre; de ignorarla, de no hacer-

le caso, etc.., traerîa serîa consecuencia para la conducta.

---Cratino, pocas veces sucede, pero ahora estoy de acuerdo con lo que

has dicho---dice Aspasia.

        Flagrante que para Aspasia tal cuestiôn deja resonancia en su con-

ciencia, lo que traduce la posibilidad de que en su conducta haya movi-

miento, como si no bastara con la reacciôn que tuvo que en realidad ya

es  un traslado de un estado a otro que cumple con las exigencias de la

ôntica  naturaleza, imperativo  cupular que pasa la cuenta en el caso de

no ser atendido o de ser despreciado, empero como ella continuô con la 

lectura  de la cuarta parte de momento olvîdose de la cuestiôn pero am-

plificô lo siguiente:

---Me hubiera gustado tener un casco como el que le vendîô ese perso-

naje extraño a Dido, y del que habla el mago hiperôsmico al conversar

con el copero en la pâgina 910.

---Un casco? Cuâl, Kosmos?---pregunta Cratino.

---Uno parecido al capacete de Plutôn: el Orci galea.

---Y de cuâl personaje extraño se trata, kosmos?---fisga Metôn.

---De uno con cabellera larga, rizada y ondulada, o sea, el cincuinatus.

---Y Dido quiên es?

---En el novelôn mi madre y reina de Bedriaco.

---Kosmos, y por quê lo comprô Dido y no otro personaje?

---Cratino, dilucîdote. Mucho antes de ser reina Dido consultâbase con

Manes de Nicôpolis. Por ciertas cosas que ella escuchô de êste desper-

tôsele el interês por el tema de la invisibilidad o de lo invisible...

---Disculpa la interrupciôn, Kosmos, pero debo preguntarte algo: quê

tiene que ver un mago hiperôsmico con tal tema?

---De facto nada, Metôn, mas como acabo de decir, que por ciertas co-

sas oîdas es que Dido...

---Y cuâles son las ciertas cosas?

---Cratino, y quê importa cuâles son? Da igual.

---Kosmos, y el cincuinatus de dônde saliô?

---Aspasia, el cincuinatus era el vecino del mago hiperôsmico.

---Y quê pinta este magister equitum, el que colgarîa el casco en la pa-

red despuês de quitarle el polvo. El polvo?

--Aspasia, es que el casco lo encontrô el magister entre algunas antigua-

llas que tenîa Dido para botar.

--O sea, que el magister quiso quedarse con êl, no?

---Êsa es la res, Metôn, êsa! Dejo saber que al parecerse el casco al Orci

galea el hacerse uno invisible no podîa suceder.

---Cômo, Kosmos, cômo?

---Aspasia, que no cumplîa con tal funciôn si no era tocado por un ma-

go que no fuese hiperôsmico.

---Kosmos, y entonces fue tocado por la mano de tal mago?

---No, Metôn, porque el Orci galea terminô en las manos de quien ven-

diôlo.

---Y eso por quê, Kosmos?

---Aspasia, cuando leas la quinta parte vas a saber el porquê.

---Gentes, regreso a mi apartamento. Un placer por haberlos conocido y

por haber estado un tiempo entre ustedes. Y kosmos, gracias por abrirme

la puerta.

---Metôn, y si usted desêalo, vuelva a tocar el timbre, y si estoy âbrosela

de nuevo.

---Gracias otra vez, kosmos, gracias!!




 


 



 









 















     



       



Mittwoch, 20. Dezember 2023

        Deja resonancia en Aspasia la novela dentro de la novela, o sea, "El bu-

llicio en el silencio", allende de considerar interesante y atractivo al persona-

je Sabinski. La consideraciôn resûltame mirîfica, aunque asimismo conviêne-

me muchitanto aun siendo muy temprano para que ella descubra quiên es Sa-

binsqui. Indubitable, entonces, que el sucumbimiento del guacamayo polîcro-

mo, el suceso con el que comienza la cuarta parte, y debido a la considerable

sûmula  que ingiriô êste de arilos de tejo, nada importôle, aunque sî quiso sa-

ber quiên era Konfuza y el porquê de que este ônoma en vez de con C empe-

zara con K. Seguido a mi amplificaciôn de la identidad y la razôn del cambio

de letra, Aspasia  escribe en su muslo izquierdo la numeral 777, incluso igno-

rando que en su piel habîa escrito la numeral que definî "la de suprema luz",

ya  que al tener tres siete llegaba a ser de grado alto. Ostensible que no faltô

la tempestiva pregunta de por quê los tres siete, la que yo respondî sin demo-

ra alguna:

---Aspasia, porque es el viaje de Sabinsqui a la ciudad del ocio en el camaro-

te del navîo con la numeral siete, el sêptimo dîa y con la partida de la embar-

caciôn a las siete de la noche.

--Bien que lo pensaste, Kosmos, otro exquisito paradigma de tu vehemencia

por la matemâtica.

---Exactivizar, Aspasia, e-xac-ti-vi-zar.

---No entiendo, kosmos, quê quieres decir?

---De mi vehemencia por la matemâtica celta.

---Ah eso. Estâ bien, y para la prôxima tratarê de exactivizar.

            Al continuar con la lectura Aspasia y llegar a la pâgina 860, donde

sale a puesto, a colocaciôn el primer monôlogo de Sabinsqui, su boca aber-

turôse tanto que con una primera vista podîase tener no solamente una idea 

de lo que en ella caberîa sin problema alguno, de lo que entrarîa fâcilmente,

sino que asimismo tendrîase un entusiasmo por saber que su dentadura per-

fecta y poderosa triturarîa cualesquier sustentos en cuestiones de segundos,

y  no ya decir que por su limpieza y candidez descollantes darîale pâbulo a

un fantasioso a pensar en [....] Y en fin, câllome, lo que no quiere decir que

deje de haber bullicio en el silencio.

---Quê, Kosmos, te agrada mi boca?

---Aspasia, agrâdame tu asombro por el monôlogo de Sabinsqui.

---Kosmos, me voy o me quedo? Vuelvo a preguntar, y esta vez nada de pa-

pelitos--dice Cratino.

---Cratino, templanza con las preguntas, que todo tiene su tiempo.

---Templanza? Estâ bien. Templanza!!

             Un rato despuês pregûntame Cratino que si podîa calentar agua pa-

ra hacer una infusiôn de raîces de pamporcino, a lo que respondîle que nun-

ca  yo habîa tomado la susodicha infusiôn, y que como tal que la hiciera pa-

ra êl.

--Sî, Cratino, sî!! Yo tampoco la he tomado, mas me gusta probar cosas nue-

vas---dice Aspasia.

---Perfecto!! Entonces me pongo en funciôn de lo hacedero.

            En lo que estaba Cratino en la cocina, Aspasia quiere saber mâs so-

bre el conjuro que el alquimista Epîdea de Acopios dîjole a Kosmithôs que 

no deberîa repetirse en voz alta fuera de la zona propicia. 

---Aspasia, en lo atinente a carmina vel possunt deducere lunam, lo mâs re-

levante lo puedes leer, êsta ahî escrito en la pâgina 863.

---Kosmos, entonces es sôlo eso, de que no se debe de decir fuera de la zona

propicia debido a su caracterîstica de influjo sobre la naturaleza, y de engen-

drar cierta desviaciôn de las estrictas y rîgidas reglas de su ser y de su curso?

---Êsa es la res, Aspasia, êsa!! Mas dîgote que la palabra escrita no es engen-

drar sino acarrear, que hay una gran diferencia entre crear y ocasionar.

---Contra, Kosmos, que si de palabras se trata...

---Câspita Aspasia!!, que ya sê cômo continûa la verba.

--Aspasia, que Kosmos es el guardiân de la verba, por eso quien se meta con

ella se mete con êl---grita Cratino desde la cocina

---Pero Kosmos, quê bien que sale en tu defensa Cratino, no?

---No siempre Aspasia, mas de vez en cuando como que parêceme que forma

parte de prytanes.

---Parte de quiên, Kosmos?

---Prytanes es una; que diga, que ya sabes que exactivizar, fue una especie de

tribunal de derecho.

---No le doy al balôn con el pie.

---Encântanme los virajes, las transformaciones, algo que no es exactamente

creativo mas crea algo.

---Kosmos, y cômo te empezaste a sentir como futuro abuelo?

---Estâs en la pâgina 858, no?

---Asî es!! La esposa de Kosmithôs estâ embarazada, y la campesina tambiên.

---Aspasia, si como uno no me sentîa, cômo sentirme como abuelo futuro do-

ble?

---Doble porque tanto tu hijo como tu hija tendrîan hijos?

---Êsa es la res!!

---Entonces, Kosmos, no empezaste a sentir nada, no?

---Aspasia, en la 862 yo amplifico sobre el artesano, sobre el constructor y

responsable de la idea de la creaciôn, in casu la de la novela, de ahî que no

sea tanto sentir algo como disfrutar con lo que se crea.

---Bueno, entonces la cosa es el gozar.

---Allende que gozar por mentirme a mî mismo creando algo que para mî

es imposible.

---Quê, gozas siendo mentiroso?

          Y entonces llega Cratino con una cazuela mediana mâs caliente que

el mismîsimo Vesubio, pônela sobre la mesa pequeña de madera de la sala

y va en busca de dos tazas. 

--Cratino, trae tres tazas, que como Kosmos mira la cazuela me parece que

cambiô de idea---dice Aspasia cuasi gritando.

          Y no equivocôse Aspasia, mas previo a que decidiêrame a llevarme

la  taza a los labios tuve  que pensar varias veces la ûnica y posible conse-

cuencia que traerîa la infusiôn de raîces de Cyclamen balearicum, empero

sin revelar mi pensar ni aquêlla ni a Cratino.

---No te parece Aspasia que la infusiôn necesita mâs azûcar?

---Cratino, para mî estâ bien asî.

---Y tû, kosmos, quê amplificas sobre el edulcoramiento, es basto para tu

lengua o no?

---Por favor, camarero, una cucharadita mâs de azûcar.

---Camarero! Quê, risas?

---Aspasia, nada de risas que a mî no me da gracia---dice Cratino.

---Deberîas relajarte que te noto muy tenso.

---Kosmos, tû me ves tenso?

            Sin dudas ni sospechas, sin un coralino anâlisis para hallar la causa

de algo, la problemâtica entre Aspasia y Cratino tiene que ver mâs con una

cuestiôn de falta de control del impulso emotivo que con el hecho concreto

de  enfrentarse como el perro y el gato con el fin de demostrar quiên de los

dos puede mâs, quiên de ellos lleva ventaja sobre el otro al encontrar la ma-

nera  expresiva que parêceles la adecuada en el momento de la efîmera dis-

cusiôn. 

---Quê, Kosmos, la pregunta que te hice es tan difîcil?

---Disculpa la dilaciôn de la respuesta, Cratino, mas para los dos va dirigi-

do esto: ataraxia, ataraxia y siempre ataraxia!!

---Cômo, la que engendra verborrea circunspecta?

---No, Cratino, no!! In casu no es para que engendre tal verborrea sino el 

estado con el cual todo puede sonar afuera sin acarrear adentro desequili-

brio alguno.

---Entonces, y si entendî bien, no ve ves tenso sino desequilibrado?

---No entendiste mal, Cratino, no!

---Kosmos, y hablando de desequilibrio, quê me dices de Dido cuando vio

a su padre Bole sentado al lado de ella en los pulvinares?

---Aspasia, este desequilibrio no es el mismo; mâs tiene que ver con lo re-

velado por Kosmithôs que por una carencia de control. Estâs en la pâgina

868, no?

---Asî es, estoy en êsa.

---Kosmos, y quê fue lo revelado por Kosmithôs?

---Cratino, el conjuro, la invocaciôn mâgica.

---Entonces, Kosmos, Dido dijo en voz alta el conjuro en los pulvinares?

---Ya dejê saber, Aspasia, quê pasarîa de decirse fuera de la zona propi-

cia.

---Entonces fue la causa del desequilibrio?

---Êsa es la res, êsa!!

---Kosmos, y quê tipo de desequilibrio es êste?---fisga Cratino.

---Por extensiôn energêtico.

---Ah! Quiên quiere mâs infusiôn?

---Vuêlveme a llenar la taza, Cratino---pide Aspasia.

---Camarero, yo no quiero mâs infusiôn, que fue basto con una taza.

---Mejor, asî no tengo mâs trabajo--dice Cratino.


















 





 




 










         

 


















  









 


















Sonntag, 17. Dezember 2023

17

        Y suena el timbre de la puerta en el mismîsimo momento en que yo de-

cîale a Cratino que no es solamente una cosa la que el ojo puede ver, y que

como tal ni el tedio existirîa ni el deseo de terminar con la observaciôn.

---De acuerdo, Kosmos, pero vas tû o voy yo a abrir la puerta, que ya sabe-

mos quiên es?

         Sin dilaciôn respôndole que yo tomarîame el trabajo de arrumbar mis

pasos hacia la puerta y harîame responsable del acto de asir fuertemente la

manigueta para hundirla hacia abajo.

---Contra, Kosmos, y acaso se puede hundir hacia arriba?

          A la vez que abrîa la puerta le respondo a Cratino:

--La profundidad puede cambiar de posiciôn en dependencia del agente que

mira, o de la paralaje.

---Demasiado filosôfico para mî--dice Cratino.

---De cuâl agente tû hablas, Kosmos?---pregunta Aspasia.

---Del que no sale de su niebla para no cambiar un fenômeno!

---Cômo?

---Olvîdate de la dilucidaciôn y dime: por quê no pudiste tocar el chelo?

---Porque en la plaza habîa una manifestaciôn, 

---Quê? Y desde cuândo estâ permitido hacer manifestaciôn?

---Y a mî me preguntas eso, Cratino?

---Y por quê no?

---Porque lo mîo es la mûsica. Quê tengo que ver yo con protestas? Nada!

---Y quê leîase en los carteles, algûn hierôglifo?

---Kosmos, yo no sê lo que es eso, asî que no me repitas la palabrita.

---Despuês, mâs tarde escrîbote el significado en un papelito.

---Y hablando de papelitos, quê son esos dos que estân encima de la mesa?

---Cratino, te doy el beneplâcito para que respondas tû.

---Gracias, Kosmos, por êl! Aspasia, en el papelito de la derecha escribî ir-

me; en el de izquierda, quedarme.

---Harîa falta que te hiciera la pregunta?

---Al recibir Kosmos tu mensaje, yo le preguntê si deberîa irme o quedarme,

y êl me respondiô: como quieras! Entonces se me ocurriô lo de los papelitos,

y con el juego de los ojos vendados.

---El juego de los ojos vendados! Este juego me recuerda un novio que tuve.

---Y por quê te recuerdas de êl?

---Porque le encantaba este juego.

---Y por quê le encantaba, Aspasia?

---Porque con los ojos vendados disfrutaba mâs el toque de mis manos, 

---Repâmpanos!!, que la res es [la que tiene que ver algo con] la fantasîa, que

si no el imaginario, el que es dador de placer.

---Asî es, Kosmos, la cosa va por este camino, ademâs que tiene que ver mu-

cho.

---Pero Aspasia, si tû participabas en ese juego...

---Cratino, no quieras saber mâs de lo que ya contê.

---Y quê contaste, Aspasia? De contar nada, sôlo revelaste o dejaste saber al-

go: el disfrute mâs de êl con el toque de tus manos!

---Pues no quieras saber mâs de lo que dejê saber o revelê.

---Ahora sî que hablaste bien, que dijiste lo justo.

---Bueno, ya lo escuchaste.

---Mis orejas son grandes, como las del lobo.

---Y adônde se habrâ ido el lobo que nos siguiô?

---Una pregunta muy oportuna!

---Claro, Cratino, asî es: oportuna!!

---Quê tû crees, Kosmos?

---Cratino, queda seguro de una rerum: si es que quiere volver a aparecer apa-

recerâ.

---Kosmos, me puedo duchar?

---Aspasia, toda el agua tuya! 

---Mejor asî, me mojo mejor!!

---Môjate, Aspasia, mô-ja-te!!

          Media hora despuês sale del baño Aspasia, mas asimismo vuelve a so-

nar el timbre de la puerta.

---Kosmos, no serâ Aristarco?

---Cratino, y acaso sabe Aristarco dônde yo vivo?

---Yo se lo dije, y antes de abandonar la cabaña.

          Al abrir la puerta quedême sorprendido porque no era Aristarco sino

Helade y Efîaltes.

---Kosmos, en tu semblante hay un asombro, pero te dejo saber que segui-

mos a Aspasia hasta la mismîsima puerta de entrada de este edificio, donde

ademâs nos encontramos con un mâsculo que compra nuestros productos y

con quien nos pusimos a conversar. Sabes, y como nosotras estamos seguras

de que en el interior de tu habitâculo pueden suceder cosas relacionadas con

la fecundaciôn, te regalamos esta bolsa llena de los productos que vendemos.

      Con estas palabras de Helade mi asombro multiplicôse. Hasta cierto pun-

to  esta señora me recuerda a la difunta signora Simaeta, y el punto en lo ati-

nente  a saber ciertas  cosas especîficas que no son del conocimiento de todo 

el mundo, y por lo mismo que alêgrome, salto [...] suspiro. Ostensiblemente

esta  dâdiva merece dar las gracias dobles, mas cuando iba a darlas pônese a

la zaga de mî Aspasia y amplifica lo siguiente:

---Hay que reconocer que ustedes son muy buenas siguiendo, porque ni me

di cuenta que me seguîan.

---Muchacha, eso se aprende con los años, como si fuese un oficio----suelta

Efîaltes.

      A continuaciôn yo doy las gracias dobles, y seguido pregûntole a ellas si

tenîan tiempo para tomarse una taza de cafê.

--Te lo agradecemos, Kosmos, pero tenemos que seguir con la venta en otro

lugar, ya que en la catedral barroca no podemos por lo que estâ sucediendo

allî---dice Helade que pregûntale a Aspasia: quê te pareciô la protesta?

---"Humana, demasiado humana", pero le confieso a usted que lo mîo es la

mûsica, tocar el chelo, y el que no pude tocar hoy por eso de la protesta.

---Ya podrâs tocarlo mañana, que la protesta no es la fiesta de la Delia.

       Maravîllome, entonces, con este querer decir de Helade, y el que tradu-

ce una duraciôn: un mes, o sea, que Helade lo que justamente querîa decir es

que la protesta no duraba nada en parangôn con la susodicha fiesta.

---La fiesta de la Delia?

---Kosmos, te encargas tû de la explicaciôn?---pregunta Helade.

---Êsa es la res, Helade, yo se la doy.

---Bien!! Entonces nos vamos, que ya cumplimos con el cometido de seguir

a Aspasia para saber dônde tû vivîas, Kosmos, y para entregarte la bolsa, ade-

mâs que no nos podemos quedar por la razôn que dije.

      Al cerrar yo la puerta, y a raîz del tempestivo despido, dîceme Aspasia:

---Kosmos, que son mujeres raras, estân fuera de lo comûn [...] parecen bru-

jas.

---Aspasia, brujas en estos tiempos?---pregunta Cratino.

---Tû, que eres un gran lector, me haces esa pregunta?

---Por ser eso te la hago.

---Cratino, ya hiciste el cafê?

---Claro que sî!!, lo que ya no debe estar tan caliente, lo que no quiere decir

que no fuerte.

---Eso!! Una cosa nada tiene que ver con la otra. Me sirves una taza?

---Por supuesto, naturalmente. Cômo no si no me dijiste por favor?

---Y para quê decir: por favor, si por supuesto, naturalmente me la vas y a

servir, me la servirâs?

---Ya sê que no eres fâcil. Voy por la taza y regreso con ella lo mâs râpido

que pueda.

---Kosmos, cuando me traiga Cratino la taza, leerê la cuarta parte de tu no-

vela.

---Age, Aspasia, age!! Toda tuya la parte cuarta!


 












 



 






 





 




 























 





















 

Montag, 11. Dezember 2023

16

        Como no habîa dormido el tiempo menester, las horas que por ethôs o 

son cinco o son seis, adonde ûnico querîa ir, y despuês de salir de la zapate-

rîa de Cliôn, era a mi apartamento. Al llegar a êste tuve que soltar una corta

carcajada, y no debido a otra cosa que a la siguiente: la llave no estaba en el

bolsillo mediano de afuera de mi bolsa, razôn de pensar o que la habîa deja-

do  adentro o que la habîa perdido. De tal guisa, y a continuaciôn de mover

de  arriba a abajo  la manigueta de la puerta, Aspasia abre la puerta y raudo 

dîceme: 

---Kosmos, escuchê tu carcajada, la que es ûnica, inconfundible. Y mira, la

llave estâ aquî, y la dejaste puesta en la cerradura.

---Quê alivio!! Y desde cuândo tû estâs aquî?

---Cuando me levantê me dî cuenta de que no estabas en la cabaña, por lo

que pensê que estarîas aquî, y de paso cogerîa mi maletîn.

---Espera, espera, que tû sabîas que iba a la zapaterîa de Cliôn.

---Eso se me olvidô, Kosmos, de verdad, crêeme. 

---Y cuândo te levantaste?

---Ocho y pico. Te dejo saber que acabo de leer la tercera parte de tu nove-

la.

---Câspita!!, que ora yo no estoy ni para mi novela, que tengo un sueño tre-

mendo. Y Aristarco y Cratino quê?

---Los dejê durmiendo en la cabaña.

---Bueno, me voy a la cama, a ver si por lo menos duermo un par de horas.

---Y yo me voy a la catedral barroca, a tocar el chelo. Ah, y la suela ya es-

tâ pegada?

---Tengo que reconocer que la cola especial de Cliôn es buenîsima; pega

hasta piedras.

---Quê bien, no? 

---Êsa es la res, êsa!!

---Entonces te dejo para que descanses. Si acaso mâs tarde vengo.

---Por si acaso, y si acaso mâs tarde vienes, llama antes de venir, no vaya

a ser que no estê aquî, que yo improviso.

---De acuerdo, Kosmos, de acuerdo!

           Non plus ultra de una hora y media suena el timbre de la puerta, y

tan repetidamente que sacôme de la cama, no siendo otro el visitante que

Cratino.

---Kosmos, o te quedaste sordo o dormido.

---Lo segundo, Cratino, lo segundo.

---Espero que hayas ido a la zapaterîa.

---Suela ya pegada.

---Y dime, sabes algo de Aspasia, que no estaba en la cabaña cuando re-

gresê al mundo actual?

---De aquî se fue no hace mucho, y dîjome que cuando se fue de la caba-

ña Aristarco y tû dormîan. Y dime: quê te pareciô la idea de que Aspasia

durmiera en el centro y nosotros en derredor de ella?

---Una idea genial! De dônde la sacaste?

---De una pelîcula. Mas infôrmote que en êsta la fêmina estaba en el me-

dio; los mâsculos, que eran dos, posicionâbanse a ambos lados.

---O sea, uno a la derecha; otro, a la izquierda, y posiciôn que rompe con

una figura circular.

---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!!

---Quê es esto, Kosmos, una burla de las tuyas?

---Quê preguntas? No, ostensible que no lo es, sino que mâs bien un reco-

nocimiento.

---Como si no te conociera. Pero igual, la dejo pasar.

---Cratino, quê te parece si tomamos cafê?

---Ya estâ molido?

---No  hay que  moler cafê, que yo lo compro siempre molido. Y sigue ju-

gando, que bien que conozco el lûdico. Dîjome Aspasia que en el tiempo

que estuvo aquî leyô la tercera parte del novelôn.

---Y el tiempo cuânto fue?

---Haciendo un câlculo aproximado, y si ella ya estaba aquî cuando yo en 

la zapaterîa, unas tres horas.

---Y tû crees posible que en ese tiempo puêdase leer la tercera parte, una

de las mâs largas de la novela, segûn me dijiste?

---Cratino, por lo que he atisbado, Aspasia lee bastante râpido, y es super

que buena sacando conclusiones.

---Si tû lo dices. Entonces tomemos cafê.

---Allâ voy, por la cafetera!!

             Servido el cafê en tazas con marca alemana ( Winterling), las que

en  realidad son las  adecuadas para  el cafê con leche, Cratino recuêrdase

de la carta que recibiô Sunev escrita por Nausica, y aûn estando estâ en la

isla de Ahpros  (la însula de la espuma), la que sale a puesto, a colocaciôn

en el mismîsimo comienzo de la tercera parte de mi novelôn (Apragôpolis:

la ciudad del ocio. Y regreso a Bedriaco), y en la 424, la numeral de la pâ-

gina. Asimismo esta es la parte que tiene que ver con mi ûltimo viaje a la

ciudad del ocio, y cuando entêrome por Kîntlico de Kostâ no sôlo de que 

mi vaso de mirra êl vendiôselo al pintor Parresio en el estrecho de España,

sino asimismo de las dos K que tenîa grabadas en la parte inferior, las que

hasta  el momento yo no  habîa visto. En fin, y regresando a lo de la carta

escrita, Nausica la escribe con el fin concreto de entrar en contacto con su

amiga de la infancia (Sunev), allende que de paso para informarle sobre y

la vieja maleta que pertenecîa a Akalistôn, su padre, y en la que guardaba

êste no sôlo documentos oficiales sino que tambiên una sûmula considera-

ble de monedas. Empero si algo levântame la curiosidad es en lo atinente

al porquê de que Cratino recordârase de esta carta. Si hubiese, por lo me-

nos, un aliciente  tempestivo con el cual tuviese êl la necesidad de acudir 

a  su nemôsine, y para  sacar de êsta lo que tal vez por relevancia jugarîa

un  rol fundamental, quedarîa yo exento de querer saber algo, pero como

incentivo  no hay ninguno, porque  que yo sepa la cafeîna no es una sus-

tancia  que activa los recuerdos, a todo trance debo hacerle una pregunta

impostergable:

---Cratino, quê tiene que ver el cafê con el recordarte tû de esa carta?

---Kosmos, no me dijiste que Aspasia habîa leîdo la tercera parte?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Cômo olvidarlo,

Cratino, si cuasi que dîjetelo?

---Entonces tû no crees que por lo mismo..

---No Cratino, no!! No me salgas con eso, que aquî no hay ninguna re-

sonancia, sino que mâs bien otra res mâs coralina, otra mâs profunda.

Dime una cosa.

---Cuâl?

---En tu infancia tû perdiste algûn buen amigo, al que despuês con los 

años hubieras querido volver a ver?

---Kosmos, y cômo acordarme de eso? No, claro que no!!

---Cômo? Acabas de decir que cômo acordarte, mas sin embargo agregas:

no, claro que no? Claro que no no es ya acordarse de algo?

---Bueno, desde que te conozco siempre fuiste bastante severo con las tu-

yas perforativas preguntas.

---Êsa es la res, êsa!!

---Kosmos, creo que me has puesto a pensar. Y sabes lo que harê cuando

regrese a mi apartamento?

---Amplificalo, Cratino, amplifîcalo!!

---Mirar fotos de mi infancia que tengo guardadas en una caja de zapatos.

Al parecer las cajas de zapatos nos son prâcticas para utilizarlas...

---Ya sê, Cratino, ya sê que en ellas guardô yo las partes de mi novelôn.

---Kosmos, y esas âcraticas, las amigas de Nausica?

---Quê hay con ellas, Cratino? Quê hay con Lucila, Jancia y Crotonia, y

las que aparecen, por primera vez, en la pâgina 417?

---No, que me resultan super interesantes porque parecen salidas de una

mitologîa.
































    





























 



























Samstag, 9. Dezember 2023

(15)

         Como ya yo me habîa sentado en ella no hacîa mucho rato, Helade no

tuvo de ocuparse de quitarle el polvo a la ûnica banqueta que habîa en la za-

paterîa de Cliôn, empero yo no pude quedarme en mutismo y entonces dîje-

le:

---Gracias a mi tafanario el asiento sin resplado estâ libre de polvo.

---A tu tafanario, Kosmos? Estâ bien! Le agradezco a êl que la banqueta no

estê embadurnada de partîculas de tierra---dice Helade que pregûntale sûbi-

to a Efîaltes: puedes quedarte parada hasta que venga el zapatero Cliôn?

---Claro, Helade, no hay problema, no se preocupe.

          A raîz de estas palabras yo continûe con el trabajo de pegamento sen-

tado en el piso. Al soltar Helade la mochila que traîa con ella, y de tamaño

mediano, yo la mirê con cierta sorna. Al no estar del todo cerrada pude ob-

servar que sobresalian unas raîces de pamporcino, lo que diome pâbulo de

pensar o de que era un encargo del zapatero Cliôn o de que las venderîa en

la entrada de la catedral barroca. Ostensible que esperarîa el momento ade-

cuado de la revelaciôn por una de las tres bocas, que alguna de êstas dejara

saber concreta y especîficamente si era una peticiôn del zapatero o lo otro

que pensê. Mas si algo por inesperado pudiera ser basto como para placen-

teramente entrar en polêmica es lo que acopas dîceme Cliôn:

--Kosmos, que Agis nada tiene que ver contigo, que no es de ti la cuestiôn

de hacerte el ciego.

--Câpita Cliôn, que denuncia usted como Ascâlafo.

--No, Kosmos, no, te digo que no. Mira, aquî estâ el zapato con la suela pe-

gada y con mâs cola que la debida, mas aun asî no olvides lo que te dije.

---Sobre la senilidad del calzado?

---Eso, Kosmos, eso!!--afirma Cliôn que dîcele a Helade y a Efîaltes: bien-

venidas a mi zapaterîa y disculpen la demora.

---No hace nada, Cliôn, que no hemos esperado mucho--dice Helade.

---Y, me trajeron el pedido?

---Sî, Cliôn!! Mire, aquî estâ, dentro de la mochila--responde Helade seña-

lando.

---Perfecto!! Y cuânto a pagar?

---Lo mismo de siempre, ni mâs ni menos.

--Estupendo!!--afirma Cliôn que pregûntale a Kosmos: y pega bien el pega-

mento?

---Fîjese usted si es mirîfico que hasta pêganseme los dedos.

---No esperaba que fuese mirîfico con el tiempo que lleva en la tercera gave-

ta.

---No es un milagro sino que mâs bien un buen producto.

---Eso serâ! Y tenga usted, Helade, abra la mano donde caerân las monedas.

---Usted como siempre râpido pagando.

---Lo que engendra confianza, no?

---Asî es Cliôn, tiene usted razôn. Bueno, y ahora nos vamos, que nos lla-

ma la catedral barroca.

---Entiendo, Helade, entiendo. Que tengan buen dîa y buena venta.

---Gracias, Cliôn, gracias!! Y hasta el prôximo encargo.

---Adiôs Kosmos!! Y esperamos verte de nuevo en la catedral barroca.

           A continuaciôn haberle dicho a Efîaltes que a la catedral barroca yo

regresaba cuasi siempre, y de darle la mano para despedirme de ella, seguî

con mi trabajo de reconstrucciôn. Cliôn dejôme saber que esperara un rato

para ponerme el zapato, ya que al estar la suela acabada de pegar era mejor

dejar  secar la cola. Empero  si en lo atinente a lo anterior no dije mâs nada

sî  que  fueme menester saber de dônde conocîa el zapatero Cliôn a las dos

fêminas  que acabâronse de ir, lo que fue  concreta y especificamente la ra-

zôn de esta pregunta que hîcele, que no podîa faltar como tampoco eludir:

---Pudiêrase saber de dônde usted conoce a Helade y a Efîaltes?

---Son clientes, Kosmos, aunque hoy no hayan venido con ningûn zapato

roto.

---Câspita Cliôn!!, que con esta respuesta tengo otra pregunta.

---El esposo de Jantipa hoy tiene la mayêutica en su punto pinacular. Haz

la pregunta, Kosmos. A ver, cuâl es?

---Para quê usted quiere las raîces de pamporcino?

---Para venderlas, Kosmos. No te parece una dâdiva de Fortuna la posibi-

lidad de comprarlas baratas y de venderlas caras?

---Completamente de acuerdo, sin refutaciôn alguna, empero venderlas?

A quiên?

---Otra pregunta, Kosmos? 

---Si prefiere quedarse en mutismo yo ni pierdo ni gano porque nada que

ver tengo con el comercio a la zaga del telôn.

---Contigo no tengo problemas, ya que sabes guardar mutismo como una

tumba. Se las vendo a los mâsculos que tienen problemas de fecundidad

por tener êsta endeble.

---No tengo mâs preguntas, Cliôn, ninguna mâs.

---Estâ bien, Kosmos, pero dime: cuâl es el porquê del asombro que de

repente ha aparecido en tu semblante? 

---Lea usted mismo lo que estâ escrito en esta hoja de papel que acabo

de reconstruir.

          Sî; quedô extâtico, quedô como si las letras fuesen especiosidad

femenina, lo que no traduce que Cliôn supiese de quê tratâbase lo que

tenîa frente a sus ôculos.

---Kosmos, estas letras tienen como un poder de atracciôn tremendo.

Dônde tû encontraste esos papelitos que terminaste de pegar?

---Cliôn, los papelitos me los encontrê en el peldaño cuarenta y tres de

la escalera con forma de espiral de la catedral barroca, la que permite

el ascenso a la linterna de êsta.

---Y quê es esta frase, significa algo, Kosmos?

---No es una frase, sino una fôrmula inveterada. 

---Y por quê el asombro en tu semblante por esta fôrmula?

---Porque es la misma fôrmula que estaba escrita en el papel doblado

en cuatro que me encontrê enterrado en la maceta con flores en la tum-

ba de Simaeta en el cementerio del Cerâmico.

---Tu relaciôn con el segundo sistema queda clarîsima ya desde tu no-

vela, no?

---Contôle a usted mi tîo sobre esta atingencia?

---No con detalles, pero aun sin êstos puêdese saber de la susodicha

relaciôn. Sabes que me parece, Kosmos? Que se pone de manifiesto o

mantiene su vigencia lo que tû mismo escribiste mâs de una vez en tu

novela.

---Amplifique usted quê, Cliôn, amplifîquelo!!

---Que sôlo lo difîcil es estimulante!!

---Cliôn, confiêsole que esta frase tiene una sempiterna resonancia.

---Pues disfrûtala, gôzala [....] aprovêchala. Lamentablemente ahora no

puedo seguir hablando contigo, pero como un soldado del cuarto regi-

miento y en otro dîa con marcha pasa por aquî, o si lo prefieres por mi

casa, y volveremos a entrar en diâlogo. 

---Êsa es la res, Cliôn, êsa!! Cuando salga del cuartel, y con toque de

cornamusa, arrumbarê mis pasos o hacia aquî o hacia allâ.

---Buenîsimo, Kosmos, buenîsimo!! Y te prometo cambiar la puerta y

con el capital que con parsimonia hago con de la venta de las raîces de

pamporcino.

---Lo que debe agradecerle a los que tienen la fecundidad endeble, por-

que sin ellos, cômo podrîa hacer usted tal capital?

---Eso, Kosmos, eso mismo!!



 




 



















 


























 



      

























           

Mittwoch, 6. Dezember 2023

(14) Cap 3.

                  Siete horas despuês.


             No sê el porquê, y antes de ir a la zapaterîa de Cliôn, entrê en el ce-

menterio del Cerâmico donde estâ sepultada Simaeta, la maestra de una ma-

teria inveterada que, como ya dije, conocî en la catedral barroca cuando yo

tenîa seis años. Estando frente a su tumba, cômo olvidar sus palabras dejan-

tes hasta hoy de una tremenda resonancia: tu mirada eyecta una ingente fan-

tasîa, asî  que no la  desaproveches y desarrôllala. Seguido a leer el patêtico

epitafio me entrô un temblor tan pudiente en las piernas que tuve la necesi-

dad de agacharme. Resultôme insôlito este temblor, y no sôlo por jamâs ha-

berlo  tenido sino que asimismo por tenerlo en un lugar como êste, uno por

antonomasia libre de las reciedumbres humanas, de las que salen de forma

inconsciente elêctricas señales que pudieran ser la causa de la tenencia aco-

pas de una afectaciôn, algo que bien saben los estudiosos de la parapsicolo-

gîa. De tal guisa el temblor no me durô mucho, empero ya estando listo pa-

ra pararme y volver a verticalizar mi cuerpo, mis retinas descubren enterra-

do en la tierra de una maceta con flores una hoja de papel. Indubitablemen-

te  despertôse mi  curiosidad, pero antes de pasar a la acciôn mirê hacia to-

dos  lados para asegurarme de que no hubiese nadie cerca que estuviese al

tanto de lo que estaba por hacer, que la primerîsima cosa que dêbese reali-

zarse  para quedar  uno exento de alguna prueba del delito es, precisamen-

te, no  quedar como imago frente a un testigo visual. Entonces, y ya segu-

ro  de la ausencia de  criatura  alguna, desentierro la hoja de papel y la sa-

cudo. Al abrirla, porque estaba doblada en cuatro partes, tenîa escrito una

senecta fôrmula que yo pensê sacarla a puesto en mi novelôn, pero como

despuês cambiê una de las escenas donde encajarîa perfectamente--de ôr-

dago harîa estallar hasta a el mâs sosegado de los contertulios----- nunca

mâs la tuve en cuenta. Y he aquî la fôrmula senecta: 

He ayunado. He bebido la pociôn. He tomado de la caja. He probado.

Puse en la cesta y, de la cesta, en la caja.

         A raîz de la lectura no pude eludir decir una vez mâs uno de mis fa-

voritos epîmones: por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Y

a continuaciôn de esta figura retôrica volvî a doblar la hoja en cuatro par-

tes y a enterrarla. Salî, entonces, con parsimonia del cementerio. Al ya y

estar en la conductual que llevâbame directo a la zapateria de Cliôn---si

la suela del zapato derecho habîase despegado aûn mâs cuando me aga-

chê, no traduce que no pudiera caminar con soltura, aunque sî con algo

de cuidado, o sea, observando hacia abajo para detectar a tiempo el pe-

dazo de cristal de una botella rota---hîceme estas dos preguntas: la pri- 

mera: no serâ el porquê de yo haber entrado en el cementerio el de que 

por razones crîpticas deberîa encontrar la hoja de papel con la fôrmula 

escrita? La segunda: quiên habrâ escrito la fôrmula y enterrado la hoja

de papel? Mas como era muy temprano para darle trabajo a mi cerebro

de momento olvidême de estas dos preguntas, allende que era muchîsi-

mo mejor estar al tanto de mis pasos que otra cosa. Pasados aproxima-

damente quinces minutos lleguê a la zapaterîa de Cliôn. A pesar de es-

tar  sin cerrojo pasado la puerta abrirla sôlo fue posible con un tremen-

dîsimo empellôn, y tan fuerte que cuasi que me voy de cabeza.

--Kosmos, tû has sido el ûnico que sin mi ayuda pudiste abrir la puer-

ta---dice el zapatero Cliôn que agrega: pero sabes una cosa? Sôlo tie-

ne ese problema en este horario; despuês, algo que me parece rarîsimo,

se le quita.

---Tal vez sea por la humedad que tiene la madera.

---La humedad?

---Mire usted, Cliôn. Con la aurora la humedad es mâs fuerte que y en

otro momento del dîa, lo que perjudica aûn mâs a la madera vieja.

---No habîa pensado en eso, Kosmos. A lo mejor porque soy zapatero

y, como tal, sôlo pienso en zapatos?

---Yo no creo que sea por eso. Mas igual, Cliôn, que el solvento al pro-

blema de la trabazôn por humedad pudiera ser un cambio de puerta.

---Quê? Un cambio de puerta? Tû sabes, o tienes una idea, de cuânto

cuesta poner una puerta nueva? A cuânto asciende el precio de eso?

---Entonces, Cliôn, olvîdese del solvento, de que yo le hablê de êl.

---Y dime, Kosmos: cuâl es el zapato que tiene la suela despegada?

---Este, Cliôn, el que llevo en el pie derecho. Y observe usted que la

suela se ha despegado aûn mâs, y debido a que me acabo de agachar 

en el cementerio del Cerâmico.

---Cômo que agachado en el susodicho cementerio?

--La explicaciôn es corta y, por lo tanto, tiene mâs velocidad, y asî no

va a entenderla de una sola escucha.

---Te explicas, Kosmos?

---Escuche usted, Cliôn. Hay una ley fîsica que plantea que a menor

distancia mayor velocidad, mas como es menor distancia entonces no

es larga, no?

---Ya sabemos que "lo ûnico que perdura es el cambio", pero en ti el

cambio jamâs sucede, Contra, que siempre eres el mismo. A ver, dame

acâ el zapato.

---Se nota que estuviste en un cementerio.

---Por quê, porque hay resto de tierra oscura?

---Por eso mismo. Pero, Kosmos, este zapato es viejîsimo, se parece a

mi puerta. Tû no tienes otro par de zapatos?

---Que no puêdase pegar la suela por ser un senecto zapato?

---Yo no he dicho eso, mas sî te aconsejarîa que te compres unos nue-

vos, porque de pegarse se puede, pero por lo desgastada que estâ la sue-

la la cola no va a durar mucho.

---Lo tendrê en cuenta, Cliôn, êsa es la res. Ah, y antes que olvîdeseme,

mi tîo mândale saludos.

---Gracias!! Dale de mi parte saludos tambiên. Y cuândo lo viste?

---Ayer en la tarde, y en la catedral barroca.

---Tu tîo en la catedral barroca? Y eso?

---Yo asimismo tuve un asombro, mas me revelô que su presencia allî de-

bîase a una esquela de su hermano que tenîa que entregarle a Diopeites.

---Una esquela de Tircano Cilatino, de un muerto?

---Y despuês nada mâs y nada menos que de treinta y cinco años.

---Oir para no creer. Y quê decîa la esquela, kosmos?

---Era en lo atinente a su arrepentimiento por los abusos cometidos contra

la signora Lacrusea.

---Y de quê sirve ese arrepentimiento?

---De acuerdo con su pregunta, mas asî la cosa.

---Mira, kosmos, en esa banqueta puedes sentarte unos minutos, que yo

voy a pegar la suela del zapato, pero de ser alêrgico al polvo puedes depo-

sitar tu tafanario en el piso.

---Usted y sus ocurrencias. No, Cliôn, no soy alêrgico a nada.

---O sea, que te sientas en la banqueta?

---Siêntome en ella, Cliôn, en ella me siento.

            Ya sentado en la banqueta lo primero que hago es meterme las ma-

nos en los bolsillos, una senil costumbre que viêneme mejor que la de cru-

zar los brazos. Al sentir que el espacio del bolsillo izquierdo estaba cuasi

atiborrado raudo me acordê que en êste habîa metido la sûmula de papeli-

tos que encontrême en el peldaño cuarenta y tres de la escalera con forma 

de  espiral de la  catedral barroca. Seguido a sacarlos todos y ponerlos en

el  suelo preguntêle en voz alta a Cliôn si tenîa en alguna gaveta del mos-

trador algûn pegamento para papel. A raîz de escuchar que sî, y que esta-

ba  el pegamento en la tercera gaveta del lado derecho del mostrador, sin

dilaciôn  fui a cogerlo. Estaba consciente de que para alguien con poquî-

sima  paciencia este  trabajo de unir uno por uno los papelitos era mâs y

que un esfuerzo, mas no para mî porque precisamente caracterîzome por

ser (un) buen servidor de esta virtud. Entonces, y a continuaciôn de des-

tapar el tubito por el cual salîa un pegamento de color blanco y duro, me

pongo en funciôn de la reconstrucciôn de lo que pudiera tener el tamaño

de una hoja A 4, amên de decirme al avîo, al avîo, locuciôn tanto impera-

tica  como acicateante. Aproximadamente diez minutos despuês sâcame

de  mi concentraciôn los manotazos que recibîa la puerta, y no debido a

otra cosa que por su trabazôn. Y entonces pregûntame con voz de trueno

Cliôn: Kosmos, me puedes hacer el favor de abrir la puerta? Hecho el y

favor  soy testigo visual de la  presencia en la  zapaterîa de dos fêminas

que  no hacîa mucho conocî en la puerta de la catedral barroca: Efîaltes

y Helade. 

---Vaya, quê sorpresa!! Nos volvemos a ver, Kosmos. Quê, es impres-

cindible el nacimiento de mâsculos?---pregunta Helade.

---Câspita!! Cômo no pudiêrase prescindir de êl si usted sigue vendien-

do jugo de malva y raîces de pamporcino.

---Y yo jugo de ciruelas crataegonon y tortas de ajonjolî--agrega Efîal-

tes.

---Nôtase, Kosmos, que te gusta jugar, que te diviertes con el juego, y

ademâs que juegas con buena memoria--dice Helade.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Êsa es la res.

Helade, êsa!!

---Sabes quê pasa con esta puerta que cuesta trabajo abrirla?

---Al parecer es por la humedad.

---Y dônde estâ Cliôn?

---Pegândome la suela del zapato derecho.

---Y esos papelitos que hay en el suelo?

---Hago un trabajo de reconstrucciôn.

---Bueno, Kosmos, sigue con tu trabajo, que nosotras esperamos a que

termine Cliôn de pegarte la suela.


















  



   



   



 



   























 

















 

 



      



  


  


  


 

Samstag, 2. Dezember 2023

13

        Despuês de un rato de buscar a Aristarco, y por la parte este del bosque

de los liberales, allende que la parte mâs cercana al rîo, lo encontramos bai-

lando  desnudo y tomândose una de las dos botellas que quedaba de vino. A

continuaciôn de dejarlo de atisbar con fijeza, de terminar de observar cômo 

movîa todas las partes de su cuerpo, Aspasia dice lo siguiente:

----Aristarco pudiera formar parte del sêquito de Baco, y como tal partici-

par en la bacanal sin ningûn tipo de cortapisa.

----Ah, una desenfrenada fiesta---dice Cratino que agrega: pero lo increîble

es que no hace mucho querîa suidarse y ahora baila.  

----Me parece, Cratino, que bailar es como un buen solvento contra la idea

de quitarse la vida.

---Sî, Aspasia , tienes razôn, pero de quê vale el buen solvento si sôlo es po-

sible durante el tiempo que dura el efecto del vino?

---Cratino, y no pudiera Aristarco empezar a partir de hoy a tomar vino to-

dos los dîas hasta que la idea del suicidio desaparezca por completo?

---De poder pudiera, pero aun asî a lo mejor no le da por bailar...

---Y de darle por lo que sea no pudiera ser tambiên un remedio? Malo fue-

ra que no le diera por nada, que no hiciera algo, que estuviese ocioso.

        Aspasia estaba clara, mas yo pienso que allende de hacer algo asimis-

mo es necesaria y relevante una ayuda profesional, y entonces dîgole a ella:

----Espero que Aristarco tambiên dêjese atender por tu padre.

----Ya quedammos, Kosmos, en que me llamarîa.

----Espêrenme aquî, que voy a buscar la ropa de Aristarco---dice Cratino.

----Age, Aristarco, age!!

----Conozco ese age, kosmos. Voy por la ropa.

           Quince minutos despuês regresa Cratino y barrunta lo siguiente:

----La ropa de Aristarco la destrozô el lobo.

----Cômo que la destrozô el lobo?---pregunta Aspasia.

----Diez metros antes de llegar al lugar donde estaba la ropa fui testigo

visual de lo que acabo de noticiar.

----Y desde cuândo un lobo se interesa por la ropa de alguien?

----Serâ por el olor, creo.

----Quê cosa la de ese lobo, nos sigue y no nos ataca, mas sin embargo

destroza ropa.

----Cômo que el lobo destrozô mi ropa? Y ahora quê me pongo, que a

esta hora no hay ninguna tienda abierta?

----Ya encontraremos alguna soluciôn, Aristarco, no te preocupes--dice

Cratino.

          Aristarco recuêrdase de las palabras de Diopeites: si necesitas mi

ayuda aquî estoy para brindârtela, mas yo sûbito dêjele saber que jamâs

êste abrîa la puerta de la catedral barroca en plena madrugada. Seguido

Cratino acuêrdase de la cabaña abandonada que era propiedad de Aristo-

fôn, un suntuoso amigo de su padre y amante de la cacerîa con rifle, y el

que fue atacado por un jabalî salvaje, lo que fue la causa de su muerte.

---Y dônde estâ la cabaña, Cratino, muy lejos de aquî?

---Hay que caminar un poco, mâs o menos quince minutos, hacia el oes-

te.

---Pero, Cratino, tû sabes exactamente dônde estâ?---pregunta Aspasia.

---Claro que sî!!

---Entonces quê esperamos?---pregunta Aristarco.

---Esperar? Nada. Vamos!!

            Yendo hacia la cabaña, Cratino nos informa que en êsta su padre

y Aristofôn encontrâbanse cuasi todos los fines de semana con el objeti-

vo concreto de salir de cacerîa, y de vez en cuando traîan a sus queridas

con las que pasaban unas horas de placer inolvidables. Êstas, ademâs, se

ocupaban de cocinar y de mantener limpia la cabaña, a pesar de haberles

dicho  mâs de una vez Aristofôn que la limpieza no era necesaria por no 

ser êsta su vivienda oficial y, como tal, que estuviese sucia dâbale igual,

le importaba un pito que brillase el parkett. Pero esta indiferencia no po-

dîa padecerla Metrique, un destacadîsimo paradigma de fêmina neurôti-

ca, querida de  Aristofôn y nacida en Holanda, razôn por la cual mâs de

una  vez entrô en liza semântica con êl, amên de decirle en voz alta que

si ella tuviese que prescindir de los utensilios para limpiar el parkett co-

mo que sentirîa que algo faltâbale, lo que a su vez acarrearîale un cons-

picuo malestar que enervarîa su energîa fîsica.

---Pero, Cratino, nacida en Holanda con un nombre como êse?

---Y acaso, Aspasia, el nombre no se puede cambiar?

---Ah, entonces se lo cambiô, no?

---Asî es!! Pero no me preguntes cuâl es el original, porque no lo sê.

---Cratino, y cômo se llamaba la querida de tu padre?---fisga Aristarco.

---Dinora, la fanâtica de la aurora.

          Y entonces amplifico yo:

---Con la aurora canta el gallo y acicata el rocîo!

---Kosmos, el de las plumas pintadas que sale a relucir no sê cuântas ve-

ces en tu novela?

---Câspita!! Tal cual encima de la verja y con el pico abierto.

---Por este gallo es que es fanâtica de la aurora Dinora?

---Aspasia, eso es una intrepretaciôn tuya o una muy de ti ocurrencia.

---Cratino, y el nombre de tu padre?---pregunta Aristarco.

---Teôfilo, el de la razôn perdida, segûn decîanle.

---Y acaso existîa otro Teôfilo en el mismo barrio o en las cercanîas?

---En los arrabales. Teôfilo, el de la razôn ganada.

---Entonces pudiêrase decir que por el rocîo es que es Dinora...

---Aspasia, es igual por lo que sea fanâtica---dice Cratino que dice se-

ñalando: miren, ahî estâ la cabaña. 






















  










  



 



















 

        

Dienstag, 28. November 2023

El mundo despuês de los mundos (12)

          Exento tanto de duda como de sospecha [que todo tiene un motivo, un

porquê, una razôn o una causa], Aristarco no pudo eludir la atracciôn que no

apellîdase fatal del aroma del humulus lupulus, allende que el primero de no-

sotros que sintiô en su nariz la fragancia de la planta y de acercarse a êsta, lo

que es mâs revelante para ampular un ocasional anâlisis que la cuestiôn espe-

cîfica y en lo atinente a su neutralidad. En realidad serîa un anâlisis que ser-

virîame para mantener el bullir de un conocimiento complejo, de uno con su

incunabula en algûn periodo arcaico mas que en la actualidad expuesto cuasi

totalmente al desdên de los catedrâticos, porque al creer cosas que a ellos les

conviene lo que resûltales preponderante es otra cosa muy disîmil y al servi-

cio de una planificaciôn imperativa, 

---Kosmos, en quê tû estâs pensando?

         De yo responderle a Cratino el bullir de un conocimiento complejo de-

jarîa de ser solamente para mî, lo que justifica el hecho de mentirle con estas

palabras:

----Cratino, yo no estoy pensando, sino viendo cômo Aristarco acercâse a la

planta, disminuye la distancia que lo separa de ella.

----Verdad, kosmos, verdad? Estâ bien.

----Câspita Cratino!! Cômo tû crees que mentirîate a ti, mi senil compinche

del pre?

----Precisamente por eso me pudieras hacer creer que no me mientes.

----Cratino, yo sê que eres un gran lector.

----Kosmos, que el excurso, como estrategia, engendra un corte en el pensa-

miento del interlocutor.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Quê libro êstas le-

yendo?

----No en singular sino en plural: varios de Nietzsche!

----No digo yo cômo no vas a sacar a puesto un conocimiento mayor.

----Dejen el diâlogo y escuchen lo que estâ diciendo Aristarco--pide Aspa-

sia.

        Con la escucha pudimos oîr lo siguiente: esta planta me toca, me abra-

za, me aprieta como tentâculos de pulpo, motivo por el cual pudiêrase pen-

sar  que alguna  fantasîa estaba pasando por la testa de Aristarco, que si no

que el efecto de la dadorîa de Baco estaba en pleno desarrollo, dominando

al bebedor con mîmesis cupidosas.

---Y eso que ya estaba mejor del mareo---dice Cratino.

---El mareo es solamente el principio del efecto.

        Totalmente yo de acuerdo con lo que ha dicho Aspasia.

---El mareo es lo primero; despuês, la fiesta.

---Ah, Kosmos, fiesta es una palabrita muy de tu gusto---dice Aspasia.

---No existe otra mâs adecuada para justificar la jovialidad desmedida del

hombre.

---Por eso es que al hombre le gusta la fiesta?---pregunta Cratino.

---Cratino, yo preguntarîa otra cosa---dice Aspasia.

---Cuâl serîa la pregunta?

---Por eso es que el hombre tiene juego por estar en la fiesta?

---Pero, Aspasia, esta pregunta limita, porque un juego no es sôlo posible 

con fiesta.

            A continuaciôn de estas palabras somos testigos visuales de cômo

Aristarco quîtase la ropa y tîrase encima del lûpulo, motivo por el cual dî-

ceme Aspasia:

---Kosmos, o por fantasîa o por efecto de la dadorîa de Baco, pero lo cier-

to es que Aristarco goza en este momento que pudiera ser o sui generis o

irrepetible.

---Aspasia, ya escuchamos lo que êl dijo hace no mucho, no?

---Que la planta lo tocaba, lo abrazaba y apretaba como tentâculos de pul-

po.

---Êsa es la res, esa!!

---Insôlito lo que puede hacer o la fantasia o un efecto---dice Cratino.

---Tal vez es un juego que no es sôlo posible con fiesta.

---Aspasia, estâs repitiendo mis palabras, cômo no reconocerlas?

---Cratino, en este mundo no existen cosas insôlitas, si acaso no las cono-

cemos, nos quedan lejos de nuestro saber.

---Yo no estoy de acuerdo con que no existan, pero sabes quê? 

---Quê Cratino, quê?

---Que no estoy para discutir contigo, que lo tuyo es el chelo y no otra co-

sa.

       Yo entonces intervengo para que no formârase lo desagradable en una

nocturna tan agradable, con especioso plenilunio y hasta con aullido de lo-

bo.

---A ver, a ver, a ver, dêjense de morallas los dos, que si estamos aquî es

para no pasarla mal, para divertirnos o para llegar al culmen de algo.

----Kosmos, para llegar al culmen de algo? Quê tû quieres decir con eso?

Al culmen de quê?

---Aspasia, deja que la cosa penetre, hûndase en el orificio y llegue pro-

fundo. 

----Que entonces brincaremos como el salto de un sapo en una hoja de

malanga. Quê tû crees, Kosmos?

----Câspita Cratino!! Vaya pregunta: tremenda!!

----Y dônde estâ Aristarco, dônde?---pregunta Aspasia.

----No puede estar muy lejos porque estâ desnudo. Vamos a buscarlo. Y

kosmos, me prestas tu linterna?

----Quê, vas al frente del batallôn?

----Del batallôn? Verdad, Kosmos, verdad, si sôlo somos tres?

----Aspasia, se nota que no conoces a Kosmos---dice Cratino.

----Mira, no te voy a responder, asî que busquemos a Aristarco.


















































 











Samstag, 25. November 2023

El mundo despuês de los mundos (11)

      Una hora despuês, y seguido a vaciar la tercera botella, nos acostamos

los cuatro boca arriba, posiciôn horizontal ideal para contemplar las estre-

llas. El lobo no aullô mâs durante este tiempo, empero aun asî Aspasia de

vez en cuando recordâbanos que no deberîamos quedarnos dormidos, que

tuviêramos  bajo control el deseo de cerrar los ôculos, que a la postre y al

cabo las imagos eyectadas por Morfeo no duran mucho y, como tal, son y

de jaez efîmeras. Estas palabras diêronle pâbulo a Cratino para hacerle es-

ta pregunta:

---Aspasia, y que no duren mucho quiere decir que no puedan ser recorda-

dadas?

---Tu pregunta revela la importancia que le das al recuerdo, no? 

---Y recordar no es volver a vivir?

---Aristarco, y a sufrir tambiên, ademâs que por algo que ya no puede ser 

cambiado---dice Aspasia.

---Aspasia, no se trata de importancia sino de otra cosa.

---A ver, cuâl, Cratino, dime la cosa otra cuâl es.

---Es igual, no tiene importancia esa cosa.

---Ustedes no sienten un aroma agradable?---pregunta Aristarco.

---Kosmos, Aristarco estâ como el mago hiperôsmico de tu novela.

        Yo recuêrdole a Cratino que Manes de Nicôpolis padecîa de un tras-

torno caracterizado por la exagerada capacidad de percibir olores, una di-

ferencia  mayûscula con el aroma que siente Aristarco, y proveniente del

humulus lupulus, amên que cercano.

 ---Entonces, Kosmos, tû lo sientes tambiên?

----Êsa es la res, Aristarco, êsa!!

----Yo lo estoy empezando a sentir ahora.

----Cômo que ahora, Cratino, si tu limpiaste tu zapato con las hojas de la

planta?

----Aspasia, si lo siento ahora no es que no lo sentî antes?

----Pues saben quê? Parece que tengo la nariz tupida---dice Aspasia.

----Prueba tu nariz acercândote a la planta---dice Cratino.

----Acercarme a la planta? Quê va!! De aquî no me muevo.

----Lo dices por el lobo, Aspasia?

----Por eso, Aristarco, por êl mismo. Y si estâ escondido detrâs de la plan-

ta?

----Contra, Aspasia, sin tomar vino estâs paranoica.

----Piensa tû lo que quieras, pero de aquî no me voy.

----Kosmos, ese mago hiperôsmico no fue el primer propietario de la ta-

berna de la ciudad del ocio, si mal no recuerdo?

----Correcto, Cratino, mas cuando fue su propietario aûn desconocîa su

trastorno; lo descubre mâs tarde, descubrimiento que fue la razôn de que

êl vendiêrale la taberna al copero, el segundo propietario del local.

----De lo que leî de tu novela hay dos propietarios mâs: Anaxîmetro de

Apolonia y Sarambo.

----Sî!! Pero Sarambo no es exactamente un propietario, sino que mâs

bien alguien que alquilôle la taberna al copero.

----La ciudad del ocio! Verdad que hay una ciudad asî?

----Aristarco, Apragôpolis quiere decir la ciudad del ocio.

----Gracias, Cratino, por informarme.

----Me gusta eso de la ciudad del ocio---dice Aspasia.

----Lo semejante se atrae!!---afirma Cratino.

----Lo semejante? Cratino, que no soy ociosa, asî que semejanza ningu-

na, y deja el garbo que tû ni tan siquiera me conoces.

        Empero a pesar de haber dicho que las imagos de Morfeo no duran

mucho, lo que traduce que son efîmeras, Aspasia contôme un onîrico te-

nido con un mêdico que pinchôle las nalgas suavemente con la punta de 

una  aguja. Cuando yo le preguntê si reprimiôse alguna, igual por el mo-

tivo que fuese, el deseo de encontrar deleite con una aguja, ella contôme

que una vez su progenitor la sorprendiô en el baño con un utensilio hora-

dante, y que  a partir de ese dîa pagôle a un cerrajero para que pusiera en

la puerta de su consulta tres cerrojos, extrema seguridad que impidiôle el

acceso a la susodicha consulta, y como tal tuvo que olvidarse de las agu-

jas  que robâbase, y aunque en la farmacîa vendîanse agujas sôlo podîan

comprarse con receta mêdica. Seguido a su contar hîzome la pregunta si-

guiente:

---Tû crees, Kosmos, que yo estê mal de la cabeza, y que necesito una 

ayuda profesional, o sea, la de un psicôlogo?

---Yo no creo que trâtese ni de bien ni de mal, sino mâs bien de la frui-

ciôn que cada cual necesita a partir de las exigencias del sî mismo, que

si no de acuerdo con la propia naturaleza, la esencia que pide y manda.

---Me gusta hablar contigo porque sabes, dominas ciertas cosas que les

quedan muy ajenas a otras personas.

---Es cuestiôn de repasos, estudios, monografîas concretas sobre un te-

ma determinado.

---Kosmos, y en tu novela...

--- Me vas a preguntar si hay algûn personaje que encuentre placer de

la forma parecida a la tuya?

---Sî Kosmos, eso te iba a preguntar.

---No. En mi novela la satisfacciôn, el deseo y la fruiciôn de algunos

personajes son totalmente diferentes. Verbi gratia, Rubria tiene una es-

tatuilla de un fauno que mêtese entre las piernas.

---Eso de la estatuilla en cuâl parte de la novela esta?

---En la cuarta.

---Y esa estatuilla no funciona como un sîmbolo del amor?

---Êsa es la res, Aspasia, esa!!

---De cuâl sîmbolo del amor ustedes hablan?---pregunta Cratino.

---Cratino, êsta es una conversa entre Kosmos y yo, asî que no metas

o quieras saber lo que no te importa.

---Quê pesada que eres, pesadîsima!!

---Cratino, soy como soy, no puedo ser de otra manera.

              Al levantarse Aristarco del suelo tan raudamente, pensê yo que

le dirîa a Aspasia algo, que agregarîa otro adjetivo, uno mâs, mas a con-

tinuaciôn de estirarse el pantalôn, de quitarse las hierbas a êste pegadas    

dêjanos saber lo que iba a hacer: acercarse al lûpulo. Y entonces pregûn-

tame Aspasia:

---Kosmos, tû no crees que Aristarco sea neutral?

---Aspasia, yo esperarîa un poco mâs para decir de la parte que êsta, por-

que cuasi que acabo de conocerlo.

----Pura sensatez, que yo no puedo con ella.

----Sî!! Ya he notado que eres muy emotiva, que la emociôn te bambolea

como si fuese un pudiente soplo.

---O sea, Kosmos, que la emociôn no es compatible con la sensatez, no?

---Aplausos, Cratino, a--plau-sos!!

           Y dice Aristarco separado de nosotros dos metros:

---Si mis progenitores me hubiesen llamado Agatarco hubiese excitado 

la emociôn que hay en Aspasia.

----Tû entiendes eso , kosmos?

---Aspasia, es que precisamente Agatarco, con sus obras maestras, exci-

taba todas las emociones.

---Ah!!, exclamô todo el teatro---dice Cratino que pregûntame: Kosmos,

o todo el mundo es un escenario o el escenario en el que estamos no es

para todo el mundo?

----Te capto, Cratino, aunque deje la pregunta sin respuesta, y no vendo

mi theoricon.















 










  



 









 






 









































Sonntag, 19. November 2023

El mundo despuês de los mundos (10)

        En lo que Cratino hacîa la menester selecciôn de las botellas baratas

que comprarîa de vino, Aristarco pregûntame si yo era un escritor conoci-

do.

--Câspita!! Conocido yo? Aristarco, que ni tan siquiera me "conozco a mî

mismo".

        Esta respuesta resultôle tan poco comûn que se me quedô mirando, y

con una pudiencia que mis ôculos no pudieron soportar, razôn por la cual

tuve que mirar hacia otra parte para darle a mis retinas el indefectible esti-

mulante. 

---Cômo que no te conoces a ti mismo, eso es posible, Kosmos?

        Esta pregunta es la prueba de que con Aristarco no podîase entrar en

lûdico, aunque asimismo es la revelancia de que no conocîa el imperativo

del templo de Delfos ( gnothi sauton), y mâs inveterado que el mismîsimo

templo. Aspasia, que no pudo guardar silencio, y vaya quiên a saber si por

cuestiones compulsivas o no, que si no porque no tuvo en cuenta la senten-

cia senecta est res magna tacere, dîcele a Aristarco:

---Lo dicho por Kosmos de que no se conoce a sî mismo es como una alu-

siôn al "conôcete a ti mismo", un imperativo.

---Aspasia, y por quê debo conocer tal imperativo; ademâs, lo que ya es el

colmo, conocerme padeciendo de tuberculosis?

---El colmo no es, pero si tû quieres valorarlo o considerarlo asî es cosa tu-

ya.

         Yo pude comprender mejor lo dicho por Aristarco, por lo mismo que

en lo atinente a lo que estâ en fluencia verbal no dije ni tan siquiera una pa-

labra corta. Sigue la cosa con la salida de Cratino con seis botellas de vino

y con la mantenciôn del ponderamiento a raîz de un ligero resbalôn que dio

al pisar cropolitos de can.

---Quê susto nos diste, y hasta pensê que te irîas de espalda--dice Aspasia.

---No exageres, Aspasia, que no es para tanto.

---Ja!! Eso tû lo dices porque tan râpido ocurriô el inclinarte hacia detrâs

que no pudiste verlo.

---Bueno, en fin, que aquî estân las botellas.

---Pero tenemos un problema---dice Aristarco.

---Problema, cuâl?---pregunta Cratino.

---Cômo sacar el corcho de las botellas?

         Al preguntarme Aspasia: Kosmos, no tendrâs dentro de tu bolsa un

abridor?, yo sobre el pucho metî la mano derecha en el bolso y respondî:

Aquî estâ el solvento contra el problema que no existe.

---Entonces, nos vamos al bosque de los liberales?---pregunta Aspasia.

---Y si nos sigue el lûpulo?---fisga Aristarco.

---Igual! Pero recuerden, como dijo Kosmos, no mirar hacia atrâs---dice

Cratino.

        Impepinable que Cratino no podîa êl solo llevar las seis botellas de

vino, por lo que entonces nos repartimos la sûmula de la siguiente forma:

Aspasia cogiô una; Aristarco otra, y Cratino y yo dos, empero como Aris-

tarco  preguntô si podîa abrir la botella que êl llevaba, que por el fuertîsi-

mo deseo que tenîa de ingerir la dadorîa de Baco no podîa esperar llegar

al bosque de los liberales, Cratino dîjome que le diera el abridor y segui-

damente dêjale saber a Aristarco: 

----De tomarte la botella completa no nos digas despuês a nosotros que

te demos vino de la botella que nos pertenece, asî que ya estâs avisado.

----Cratino, de que sea el deseo fuertîsimo no quiere decir que me la to-

me toda, claro que no.

----Pero, ademâs, Cratino, el bosque no estâ tan lejos como para que le

dê tiempo a tomârsela completa, a no ser que por costumbre se la empi-

ne como si fuese un pomo de agua---dice Aspasia.

----Gracias por la defensa, Aspasia, pero esa costumbre no la tengo.

----Kosmos, y ese mâsculo que viene hacia nosotros con gabân y som-

brero no es tu tîo?---pregunta Cratino a su vez que señalando.

        De yo quedar impresionado al ver a mi tîo no fue por verlo en la

calle tan tarde, sino que mâs bien por calentar su cuerpo con un gabân

y su testa con un sombrero, que ni lo uno ni lo otro jamâs habîa usado,

 a no ser que sî cuando viajaba al extranjero, pero en tal caso nunca me

lo dijo. Y en lo atinente al decir dîceme ora:

----Ya sê que te resulta raro observarme con gabân y sombrero, pero te

confieso una cosa: yo no me conocî a mî mismo al verme en el espejo.

----Y de nuevo el conocerse a sî mismo?---pregunta Aristarco.

----Quê quiere decir tu amigo con eso de de nuevo conocerse a sî mis-

mo, Kosmos?

----Porque no hace mucho amplificôse sobre el gnothi sauton, el inve-

terado imperativo.  Mi nuevo amigo se onoma Aristarco, el tîsico que 

no hace mucho querîa tirarse de la linterna de la catedral barroca.

---Que no hace mucho quiere decir que cuando yo hablê contigo en la

catedral?

----Êsa es la res, êsa!!

----Pero muchacho, actualmente nadie sucumbre por tuberculosis, o por

lo menos es muy raro un caso asî con la medicaciôn que hay, pero tû de

la linterna querîas tirarte?

----Asî es, señor, asî como lo acaba de decir Kosmos.

----Señor, y usted tiene tanto frîo como para llevar gabân y sombrero.

----No, muchacha, no es por el frio sino mâs bien por un cambio de ima-

go. Mira, Kosmos, ya comprê las tagarnas.

----Fuera una patêtica noticia que no las compraras aun saliendo a tiempo

al quiosco que hoy cerraba mâs temprano.

----Quê decir de tu buena memoria? Y adônde ustedes van con esas bote-

llas de vino?

----Señor, al bosque de los liberales---responde Aspasia.

----No es de extrañar que los siga un lobo; yo lo veo y estâ detrâs de us-

tedes.

----Señor, Kosmos nos dijo que no mirâsemos hacia atrâs.

----Bien dicho, muchacha, bien dicho.

----Señor, no quiere venir usted con nosotros?---pregunta Cratino.

----Yo? Quê va!! Nada tengo que ver con ese bosque, ni tan siquiera lo he

soñado. Asî que regreso a mi casa a oir mûsica clâsica.

----Buena escucha, señor!!

----Gracias muchacha!!

          Antes de que fuêrase mi tîo, yo le preguntê por quê no me dijo que

dîjole a Diopeites lo de mi novela.

----Kosmos, y tan relevante que te lo dijera? Mâs importante no es que te

dijera lo de la esquela de tu padre?

----Mondo lirondo que eso a mî no llêgame a fondo.

----Ah, una de tus pinceladas repetida en la novela. Estâ bien. Si es asî es

como es; o mejor dicho, como tû quieras que sea. En fin, retorno a la cua-

dratura de mi vivienda, y dale al zapatero Cliôn saludos de mi parte cuan-

do lo veas mañana.

----Serân dados sin dilaciôn o exigüidad de nemôsine alguna.

           Quince minutos despuês impônese frente a nuestras retinas la maci-

za estructura del Karakorum. Cratino, y debido a una fuerte emociôn, seña-

la hacia arriba y sin dilaciôn afirma:

---Este edîculo donde yo vivo por parangôn no tiene comparaciôn con otro!

---Espero que jamâs, por equivocaciôn o por cuestiôn de secreta planifica-

ciôn, le disparen los cañones de la academia militar---dice Aspasia.

---Quê dices, Aspasia, eso no es posible.

---Ojalâ tû tengas razôn y sea imposible.

---Yo no pudiera vivir encima de un macizo montañoso, si ya de hecho no

me gustan las casas con dos pisos---dice Aristarco.

---Quê, pavor por la altura?---fisga Aristarco.

           Sobre el pucho yo captê la intenciôn de Cratino: dejar que Aristarco

fuera êl mismo testigo de su contradicciôn.

---Asî es, Cratino, No es otra cosa que pavor.

---Y entonces, Aristarco, cômo es posible que hayas subido a la linterna, a

una altura que es tres veces mayor que la de una casa de dos pisos?

---Quê? Y tû crees que la muerte serîa segura si me tiro del segundo piso

de una casa?

---Êsa es como la pregunta tîpica de los que no quieren perder la razôn, de

los que a todo trance siempre quieren ganar.

----Y quê es eso que se ve, esos dos puntos blancos que brillan allâ arriba?

----De quê tû hablas, Aspasia?---pregunta Cratino.

----Mira, mira hacîa allî---responde Aspasia y señala.

----Ni tengo idea de lo que pueda ser eso.

----Pues yo si sê quê pudiera ser---dice Aristarco.

----Ah sî? Quê?

----Los ojos del lobo alcanzados por la luz de la luna. 

----Quê tû crees, Kosmos?---pregunta Aspasia

----Que pueden ser tales ôculos, mas para mayor seguridad yo espero su

aullido, y mâs con este plenilunio.

----Y cuândo tû crees que se pueda escuchar?

----Sigamos caminando, que ya lo escucharemos.



           Al bosque de los liberales llegamos despuês de caminar unos apro-

ximadamente doscientos metros. El plenilunio alumbraba al bosque como

si fuese una ingente linterna, iluminaciôn del astro que revelarîa la presen-

cia en una rama del estrîgido de Minerva, presencia que me resultaba sun-

tuosa por los beneficios que reporta, lo que no quiere decir que si no estu-

viese el bûho posado pudiese llegar a tener un estado taciturno, o si acaso

alguna transformaciôn de la conducta que trajera como consecuencia per-

niciosa el enervamiento de la facultad de pensar con soltura regalada. Se-

guido a decir Aristarco de que êrale menester sentarse unos minutos debi-

do a un mareo por haberse cuasi tomado la botella completa, Aspasia pre-

gunta si por las narices de nosotros no penetraba un olor desagradable, y

entonces pregûntole a Cratino:

---No serâ que en uno de tus dos zapatos hay restos de cropolitos de can?

         A raîz de mi pregunta, Cratino quîtase el calzado, mira las suelas y

responde:

---La suela de goma del zapato izquierdo estâ embadurnada de mierda.

---Pues lîmpiala de una vez---dice Aspasia.

         De tal guisa, porque limpidar la suela con el vino de una de las cin-

co botellas que aûn no estaban abiertas a ninguno de nosotros hubiêrase-

le  ocurrido, Cratino descubre una planta con hojas suficientemente gran-

des como para utilizarlas en lo que tenîa que hacer, momento tempestivo

para  yo dejar saber que el ônoma de la planta era humulus lupulos, aun- 

que mâs conocida por lûpulo.

---Primera vez que escucho ese nombre, que veo la planta--dice Aspasia.

          Yo dilucido de que trâtase de una planta trepadora, que sus flores

llâmanse conos y que en la mitologîa celta asôciase con el lobo, empero

agrego que no es habitual que crezca en un bosque.

---Y por quê no lo es, Kosmos?---fisga Aristarco.

---Porque en el bosque hay cuasi siempre sombra, y esta planta necesita

mucha luz.

----La planta no es fea, pero sabes, Kosmos, quê es lo que no me gusta?

Que asôciese con el lobo.

---Aspasia, ya dije que la asocia la mitologîa celta, asî que no te pongas

nerviosa ni tengas miedo, que no quiere decir que el lobo, por la planta,

venga.

         Pero insôlitamente, y seguido a lo que dije, oyôse el aullido del lo-

bo.

---Quê, Kosmos, es el aullido una casualidad?---pregunta Aspasia.

---No tengo respuesta, Aspasia, que ni yo mismo puedo creerlo.

---Y de dônde viene el aullido?---pregunta Cratino.

---Igual, Cratino, que de todas maneras quê podemos hacer con saber de

dônde viene---dice Aspasia que agrega: lo que sî podemos hacer es estar

con los ojos bien abiertos, asi que me parece que no es conveniente el vi-

no.

----Me parece que exageras, Aspasia, porque hasta ahora lo ûnico que el

lobo ha hecho es seguirnos, no?

----Eso es cierto, Cratino, pero por si acaso no quisiera quedarme dormi-

da.

----Entonces sabes quê? Dame acâ tu botella que me la tomo todita.

----Mira, aquî estâ. Agârrala!!

----Y, Cratino, ya estâ limpia la suela?---pregunta Aristarco.

----Ya lo estâ. Y a tî, se te pasô el mareo?

----Ya no es tanto, asî que puedo seguir caminando.

----Seguir? Y por quê no nos quedamos aquî?---pregunta Aspasia.

----Para mî es igual.

----Yo digo lo mismo---dice Cratino.

----Y tû, Kosmos, quê dices?

----Donde quêdanse tres quêdanse cuatro.

----Muy bien!! Entonces nos quedamos aquî.



































































 


















 


 



      















 



















               










































 




  




 







  
























 






Dienstag, 14. November 2023

El mundo despuês de los mundos (9)

           A continuaciôn de posicionarme frente a Diopeites, Cratino reclâmale

a êste la devoluciôn de su calzado.

---Mira, aquî estân, y aprieta bien los cordones para que no vuelvan a salirse

de los pies.

        Presêntole a Diopeites no solamente a Cratino, sino asimismo a Aspasia

y a Aristarco, mas tambiên dîgole dônde conocî a cada cual, agregando la en-

fermedad que padecîa Aristarco.

----Lamento, Aristarco, lo de la tuberculosis, pero si en algo te puedo ayudar

aquî estoy---dice Diopeites.

----Gracias, Diopeites, gracias!!

----Diopeites, y usted no ha oîdo un chelo sonar?---pregunta Aspasia.

----Claro que sî!! Cômo no oîrlo si resuena en toda la catedral. 

----Y sabe usted quiên lo toca?

----Eso sî que no lo sê. Quiên?

----Yo, Diopeites, yo soy la que lo toca.

----Pues lo tocas muy bien. Das concierto como solista o tocas en alguna or-

questa?

----Aûn estudio, razôn por la cual cuando lo toco en la parte derecha de la

catedral pongo un sombrero para recibir propina.

----Y ese dinero es suficiente para pagar tu estudio?

----Una parte la pago yo; la otra, mis padres.

----Cômo han cambiado los tiempos!! Y tû, Aristarco, a quê te dedicas?

----Me dediquê a pensar cômo suicidarme, por lo mismo que subî a la lin-

terna.

----Cômo, quê tê has dicho?

----Asî fue, Diopeites, estuve a punto de lanzarme al vacîo, pero Aspasia 

me lo impidiô.

----Aspasia, y cômo supiste que Aristarco estaba en la linterna?

----Fue casualidad, Diopeites, porque si yo subî a la linterna fue para en-

treneterme, y algo que hice cuando Kosmos hablaba con su tîo y Cratino

contemplaba una columna como si fuera que sê yo quê.

----Por lo que entiendo que estabas aburrida, no?

----Asî mismo, Diopeites, asî mismo.

----Aristarco, y tû no tienes un tratamiento mêdico?

----Lo tuve, Diopeites, pero ya los medicamentos no funcionan.

----Ya le dije a Aristarco que si querîa hablaba con mi padre---dice Aspa-

sia.

----Y tu padre es mêdico, Aspasia?

----No!! Êl es psicôlogo.

----Y desde cuândo la tuberculosis se cura con la psicologîa?

----Claro que no se cura con ella, pero un buen estado mental es un buen

solvento contra cualesquier enfermedades, segûn/como dice mi padre.

----Y quê tû piensas hacer, Aristarco?

----Diopeites, ya le dije a Aspasia que la llamaba para decirle si me deci-

dî o no hacer una terapia, y mire, aquî tengo su nûmero apuntado.

----Que no se te olvide que si te puedo ayudar...

----Diopeites, soy un tîsico no alguien que perdiô la memoria.

----Bueno, ya sabes. Y en fin, que ya es hora de cerrar la catedral barroca,

asî que les deseo una buena noche.

         Mas como no podîa irme sin saber una cosa, y solamente por curio-

sidad, pregûntole a Diopeites que êl creî de la esquela escrita por mi pro-

genitor.

----Kosmos, lo de la esquela que me dio tu tîo es algo muy especial, algo

asî porque no es frecuente que suceda que un arrepentimiento sea revela-

do o dado a conocer por medio de la letra, y nada mâs y nada menos que

despuês de treinta y cinco años. No sê, Kosmos, quê decir al respecto.

---Pero lo de los treinta y cinco años es culpa de mi tîo no de su hermano.

---Aun asî, Kosmos, mi trabajo como sacerdote estâ centrado en una sola

cosa. Por cierto, y algo que me gustarîa me respondieras, tiene que ver al-

go el flamen de tu novela conmigo?

---Y cômo usted sabe que yo escribî una?

---Porque me lo dijo tu tîo en la conversa reciente.

---No dîjome mi tîo que dîjole a usted lo de la novela, sôlo lo de la esque-

la.

---Bueno, me respondes la pregunta?

---No Diopeites, nada que ver con usted. El flamen de la novela lo saquê

del libro de Suetonio "La vida de los doce cêsares". Mas dîgame usted y

ora, Diopeites: quê hîzole creer que tenîa que ver usted con el flamen de

La cazuela de Vitelio?

---Por lo que me dijo tu tîo de que te traîa a la plaza de la catedral desde

que eras un mancebo, y alguien que escribe, y por su fantasîa puede tener

un aliciente para darle vida a un personaje.

---Eso es cierto, Diopeites, mas vuêlvole a decir que nada tiene que ver y

con usted.

---Estâ bien, Kosmos, y gracias por la respuesta.

---De nada, Diopeites! Y que tenga una buena nocturna usted tambiên.

---Gracias de nuevo, Kosmos, gracias!!

          Non plus ultra de cinco minutos de salir de la catedral, y lo que fue

a su vez la razôn de yo quedarme perplejo, porque no esperaba de su par-

te que dejara saber a una desconocida algo de jaez sumamente întimo, le

revela Cratino a Helade que la sûmula de años que no tenîa novia llegaba

a siete, lo que es lo mismo a decir que su ûltima relaciôn cupidosa fue ha-

ce siete años, por lo que entonces Helade mira a Efialtes y sin dilaciôn dî-

cele:

---Esta criatura, cuando vuelva a tener una mujer, va a tener que comprar-

te las tortas de ajonjolî.

---No sê si para entonces estarê aûn vendiêndolas aquî, pero de estar se las

vendo.

         Con la intenciôn de que no dijera mâs nada sobre un tema que pudie-

ra al canto convertirse en polêmica, yo pellizquê a Cratino en su brazo de-

recho, y  seguido a su decir: contra Kosmos, que eso duele, le di un halôn

por el mismo brazo. 

----Kosmos, si no quieren hablar mâs con nosotras simplemente dîganlo.

         La intervenciôn de Aspasia fue el solvento contra la metâfora que yo

iba a soltar.

----Helade, no se trata de no querer hablar, sino de mâs bien que por la pla-

nificaciôn que tenemos para esta noche aûn nos quedan cosas por hacer.

----La planificaciôn que tienen para esta noche. Estâ bien, entiendo. Pues

que disfruten de las cosas que por planificaciôn aûn les quedan por hacer.

----Muchas gracias!!

         Indubitable que Helade no creyô lo dicho por Aspasia, mas yo tuve

que dejarle saber a êsta que una mentira como la acabada de decir era me-

ritoria de un tintineo de copas dando igual tanto el lugar como el vino que

fuese. 

---Kosmos, y si en vez de un tintineo de copas fuese uno de botellas y en

el bosque de los liberales?---pregunta Aspasia.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! De mi parte total-

mente de acuerdo.

---De la mîa tambiên---dice Cratino.

---Pero un tintineo de botellas no es igual que uno de copas, no?

---Claramente que hay una gran diferencia, Aristarco, pero no es mâs rele-

vante el vino que el sonido por el choque de un cristal con otro?

---Tienes razôn, no habîa pensado en eso---dice Aristarco que pregûntale a

Aspasia: y por quê en ese bosque y no en otro?

---Aristarco, y si estâs interesado en saberlo, cuando estês allî lo sabrâs.

---Y por quê deberîa estar interesado?

---Contra, Aristarco, si no quieres ir simplemente dilo---suelta Cratino.

---Muy bien dicho, Cratino---dice Aspasia.

---Estâ bien, no pregunto mâs y voy con ustedes.

---Perfecto!! Pero debo decir algo.

---Quê, Aspasia, quê?---pregunta Cratino.

---Que se me quedô el monedero dentro del maletîn que dejê en el aparta-

mento de Kosmos.

---Yo tengo suficiente peculio, 

---Yo tampoco tengo dinero encima, total para quê si me pensaba suicidar?

---Aristarco, no oîste lo que acabê de decir?

---Que tenîas suficiente peculio.

---Ah, entonces? Y dime, Kosmos, sabes de algûn lugar cercano donde se

puedan comprar botellas de vino baratas?

---Câspita Cratino!! Tienes realmente suficiente peculio?

---Suficiente para comprar mâs de una botella pero no cara.

---Pues vamos por aquî recto hasta el final, despuês a la derecha y despuês

a la izquierda.

         Por la hora que era y la temperatura que habîa solamente las vendedo-

ras  Helade y Efialtes, las que recogîan sus cosas para regresar a casa, eran

las  ûnicas criaturas humanas cercanas a la vista. La redondez con un ampo

conspicuo del plenilunio podîa contemplarse sin ôbice de ningûn tipo al es- 

tar  el firmamento del todo despejado, lo que es lo mismo a decir que al no

estar  solapado por grisallas la candidez de la hermana de Apolo podîa divi-

sarse exenta de algûn obstâculo. Entre la separaciôn de un adoquîn con otro

habîanse acumulado los restos de una materia de construcciôn que el viento

llevôse; proveniente de la reparaciôn de la fachada de un edificio no tan le-

jano nadie podîa verla con sus propios ôculos, empero que yo sî con la ayu-

da  de la luz de una  pequeña linterna que llevo siempre en mi bolso, la que

no saco de êste desde que la comprê. Seguido a Cratino hacerme la pregun-

ta: Kosmos, quê  tû estâs  mirando con esa linterna?, Aspasia tôcame por la 

espalda y dîceme: el lobo, kosmos, el lobo estâ echado en el mismo medio

de la plaza. Al canto no hice otra cosa que apagar la pequeña linterna, allen-

de que asimismo comunicarle a mis concomitantes de que trataran tanto de

eludir  un movimiento brusco como de comerse las uñas, que aunque el lo-

boo  estê  acostumbrado a la civilizaciôn no quiere decir que haya perdido

del todo su naturaleza de cânido salvaje.

---Y quê hacemos ahora, Kosmos?---pregunta Aspasia.

---Caminar normal y mantener la calma.

---Y si nos vuelve a seguir?

---Dejarlo que nos sigua y no mirar hacia atrâs.

---Kosmos, y tû alguna vez tuviste un animal como êse?----fisga Aristarco.

---Aristarco, êl quiso tener un can que nunca tuvo---responde Cratino que y

agrega: êsa es la razôn por la que en su novela La cazuela de Vitelio aparez-

ca un can llamado Incitato. 

           Yo pedî mutismo  cuando estâbamos cerca del lobo, mas no con pa-

labras sino poniêndome el dedo îndice frente a los labios. Como habîa leîdo

Aspasia a un psicoanalîtico de nombre y fama internacionales, y para el que

todo lo que estuviese erecto tenîa por simbologîa atingencia con el falo, que

mirara con fijeza el îndice parado ni causôme asombro ni diome pâbulo pa-

mâs  tarde preguntarle sobre el porquê de su mirada, que como yo repetî en

mi novelôn; lo que sâbese no se pregunta. Y en fin, que al pasar por el lado

izquierdo al lobo se nos quedô mirando sin dar calaña de protecciôn o de

defensa alguna, y  cuando llegamos al local para comprar las botellas de vi-

no nos dimos cuenta de que habîase detenido a unos aproximadamente tres 

metros de êste. Y entonces dice Cratino:

----Espêrenme aquî, que yo entro para hacer la compra. 



 



 



 


















 











 

 



 




 
















 










 



























 























   

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...