Montag, 27. Februar 2023

1106, 46.

          A raîz de comenzar a trabajar con la lista donde quedarîan la selecciôn

de las materias que darîanse en los cursos, Kosmos encuentra los ônomas de

cinco tribus con las que los bructeros formaron parte de una alianza: querus-

cos, marsos, catos, sicambrios y caucos. Tales nombres los habîa subrayado

allende  de ponerles entrecomillas, lo que traduce que algo de relevancia pa-

ra êl tenîan aun sin ser citas literarias. Argos, que estaba a su lado, razôn por

la cual podîa ver los nombres fâcilmente, transportôse al pasado y recordôse

de Arminio, el que no sôlo derrotô al general Publio Quintilio Varo sino que

tambiên aniquilô las tres legiones de êste en el combate del bosque Teotobur-

go. 

----Câspita, Argos!!, que parêceme muy notable su interês o curiosidad.

----Kosmos quê, y tu interês cuâl es por las cinco tribus germânicas?

----Yo soy de repasos o estudios continuos, de penetrar con la vista donde

quiera que haya materia coralina, dadora de lo difîcil que es acicateante.

----Ah, Argos, entonces no sôlo existe la tribu de los bructeros?----pregunta

Temîganes de Alejandrîa.

---Se ha hablado hasta el momento sôlo de ella, si acaso por ser la mâs cono-

cida o tal vez por ser la mâs popular aquî en Bedriaco.

----Y quê nos dice usted, Argos, en lo referente a cuâl es una y cuâl es otra,

o cômo se pueden identificar?---pregunta Asonis.

----Eso tiene que ver con el lugar donde estân ubicadas. Por ejemplo, y en y

los tiempos de Atabân, la de los bructeros entre el rîo Lippe y Ems, al sur del

bosque teutônico.

----No les parece que si abrimos esta perîstasis seguiremos postergando lo y

que de momento debemos hacer?---pregunta el didâscalos filosôfico.

----Totalmente de acuerdo con su pregunta, didâscalos---dice el tîo de Kos-

mos.

---Pues pongâmosnos en funciôn de la lista. Age en plural!!---afirma Kosmos.


       Mas como la presencia de Argos en la Kosmona era solamente por cues-

tionese de entretenimiento, para eludir el tedio que pudiera padecer mientras

cumplîa a cabalidad con la sanciôn, pônese a pensar en los tiempos en que êl

comenzô  con la carrera militar. Eran los tiempos en Bedriaco en que su ma-

jestad Vologeso ocupaba el curul, y como tal la disciplina era sumanente aus-

tera, aunque no menos severa la "multa de los mil", una penalizaciôn que po-

dîa pagarse por cuotas, mas que por tal posibilidad agregâbasele un porciento

de interês. La multa mantuvo su vigencia cuasi todo el periodo de reinado de

Vologeso sin cambio alguno, razôn por la cual muchitantos ciudadanos tuvie-

ron que irse a otras ciudades a trabajar, porque por la mînima cosa que hicie-

cen y fuese valorada por las autoridades pertinentes como salida de un com-

portamiento  acorde a  una moralidad general, la multa no dilacionaba en ser

puesta y a la que seguîa un formulario con mâs preguntas que un interrogato-

rio socrâtico, mêtodo mayêutico con sus trampas bien pensadas. Habrîa que

ver que uno de los ciudadanos que largôse de Bedriaco sin pensarlo demasia-

do fue un compinche de Argos, y el que no parô de cabalgar hasta llegar a la

ciudad de Ferencia, lo que traduce que la cantidad de Kilômetros es mâs que

considerable. Con el tiempo logrô ingresar en las huestes de Cotisôn Alanda

Coto, el rey de Ferencia, y como explorator. Un dîa, y en funciôn de cumplir

con lo que tenîa que hacer, percâtase del acampamiento de los bructeros cer-

ca del estuario del rîo Lippe. Êstos formaban un cîrculo y escuchaban hablar

a su jefe Atabân. Seguido al paso de diez minutos extrâñase al observar que

los bructeros dirimen la formaciôn y desaparecen ipso facto. Sobre el pucho

entonces Argos busca un lugar donde esconderse, y que a su vez lo protegie-

ra de una lluvia de flechas, mêtodo eficaz utilizado por los bructeros y antes

de salir a combatir frente a frente con el enemigo, o jeta con jeta con un ban-

do contrario. Al divisar un sitio que servirîale para su objetivo, amên que ro-

deado de rocas, arrumba sus pasos hacia êl muy que cuidadosamente, por-

que los ôculos de los bructeros eran como de âguilas. Pero deplorablemete 

sucede una cosa: estando ya muy cerca del susodicho sitio, una lluvia de fle-

chas cayôle encima.


  







  










 




 








Samstag, 25. Februar 2023

1105, 46. En el otro sistema.

           Mas si por un lado el trîo artîstico ( Parrasio, Parresio y el escultor kî-

fisodoto); por el otro, y de jaez militar, el formado por los tres que fueron je-

fes de la primera formaciôn de la tribu germânica: Atabân, Flacius Ilyricus y 

Pandolfo Colunnecio. Pero que conste que a pesar de la atingencia existente

entre êstos, allende que posible por ciertas y determinadas razones referidas

al poder---- el hecho de que Flacius Ilyricus sea hermano de Atabân no basta

para que hâgase transparente una relaciôn (o vînculo) familiar en el mundillo 

que depende de arcos y flechas para mantener su imperativo, por el que indu-

bitablemente una conexiôn de igual sangre pudiera quedar expuesta al apabu-

llamiento ocasional o premeditado de lo plûmbeo que caracteriza a la sûmula 

de mandatos----siempre aparecîa o la crîtica o el responso como mêtodo tâcti-

co para sacar a relucir retazos cumulados de apreciaciones desdeñadas, empe-

ro  que asimismo de querellas mûltiples por la forma o manera con la que ca-

da cual cumplîa con la funciôn de jefe y demostraba su experiencia en disîmi-

les  parasangas, el preferido ataque (si por la izquierda o por la derecha) y de

acuerdo al  desplazamiento de la tropa del enemigo visualizado desde la altu-

ra  de una atalaya que erigîase efîmeramente, o sea, que duraba levantada sô-

lo durante el tiempo de acampamiento de la tribu, y el que jamâs resultaba y

factible en noches de Luna llena, algo que traduce el factor seguridad, que si

no el tener en cuenta (a todo trance) êsta.

       De aûpa la reacciôn del sprintia al pasar muy cerca de los jefes militares,

porque podrîa ser mal aceptada por êstos, y a la que seguirîa un discurso con

la adecuada facundia que de sopetôn engendrase un atizamiento vigoroso sin

parangôn con el creado por un retôrico acadêmico o por un orador que ampli-

fica (a fanegadas) palabrotas convincentes en presencia de la masa, conjunto

o agrupamiento de antropos con diversidad que a ultranza dejan muestra capi-

tal de que lo ôntico sôlo funciona en las horas que por ethôs duerme el indivi-

duo, calaña que deberîa procesar una monografîa tan raudo como posible fue-

ra.

---Mire, sprintia, el hecho de que usted haya conocido, estado al servicio, du-

plicado sus ganancias con una actividad concreta, no quiere decir que domine

ciertas cosas que pertenecen a los militares, asî que deje de responder a un aci-

cate de forma tan...

----Usted me va a disculpar, Atabân, de que lo interrumpa, pero antes de que

usted siga le dirê una cosa: yo vi lo que vi, y no es que por ver domine nada,

sino que mâs bien estoy enterado, lo que quiere decir que sê.

----No confunda estar enterado con saber, que esto tiene sus matices, sus des-

lices y sus consecuencias grises. 

----Sprintia, pero en el caso de que estê enterado no debe saber mucho.

----Flacius, por quê usted cree eso?

----Porque con tan sôlo  haber estado al servicio de un emperador si acaso lo

que sabe es poco, ademâs que de interior, y no abra asî los ojos que de facto

no me asusta, me oye?

----Los abro asî cuando escucho la palabra interior, porque con ella se acti-

van recuerdos; y êstos, a su vez, tienen su efecto.

----Sprintia, y cuâl fue su relaciôn con Dido, ya que si de tal palabra se trata

con la reina es imposible sacarle provecho?---pregunta Pandolfo Colunnecio.

----Yo le salvê la vida en la roca Tarpeya al eludir que cayera al vacîo.

----Ah, y a cambio ella le dio una casa?

----No!!, porque en aquel entonces ella aûn no era reina. Quien me dio la ca-

sa, en el barrio de los Sigilarios, fue Vologeso por haberle salvado la vida y a

una ciudadana.

----Nunca supe que Vologeso era tan generoso, que mâs de un conflicto tuve

con êl---dice Atabân.

----Y por quê tû destacas tus hazañas, si yo contra Vologeso tambiên luchê?

----Flacius, pero no tanto como yo, no de la misma manera.

----Sprintia, y cômo si usted le salvô la vida a Dido fue blanco de las flechas

de los soldados de ella?---pregunta Pandolfo Colunnecio.

----En realidad la culpa fue mîa por estar armado y ebrio.

----La senecta encrucijada de Bedriaco---dice Euticô.

----Y por quê usted llega para interrumpir?---pregunta Flacius Ilyricus.

----En todo caso para aclarar.

----Quê?

----Que el sprintia no muriô en la que fue mi casa, sino en el lugar susodi-

cho.

----Eso tû lo sabes porque yo te lo dije---dice el sprintia.

----Sabe una cosa, y regresando a Dido?

----Cuâl, Pandolfo, cuâl?---pregunta Atabân.

----Que Dido cuando se arregla parece una pintura.

----Cômo, hablando asi de Dido cuando nos causô tantos problemas?

----Flacius, una cosa no quita la otra ni la empeora---dice Pandolfo que sûbi-

to llama a Parresio.

----Aquî estoy, Pandolfo. Quê desea?

----No cree usted que Dido bien arreglada merezca una pintura?

----Pandolfo, y quê tiene que ver un artista con...

----Flacius, que precisamente por artista tiene sensibilidad en la mirada.

----Yo le respondo, Pandolfo, que yo de facto pintê a Dido desnuda cuando

aûn no era reina y en la ciudad del ocio. No fue tan fâcil convercerla, pero

terminô por ceder, dirimir su resistencia al yo darle un vaso de mirra.

----Un vaso de mirra?

----Los vasos murranos por aquel entonces tenîan gran valor, y Dido estaba

necesitada de monedas.

----O sea, que le dio el vaso para que lo vendiera?

----Sî!!, pero no lo hizo, sino que se le dio a Kosmos.

----Y por quê se lo dio a Kosmos?

----Porque no mucho despuês de habêrselo regalado se convirtiô en reina.

----La copia de tal vaso fue la causa del empellôn que yo le di en la roca Tar-

peya---dice Euticô.

----Ese empellôn tuvo resonancia largo tiempo en Bedriaco---dice el sprintia.

----Hablando de Bedriaco, mi hijo debe estar llegando con la nueva formaciôn

de la tribu germânica---dice Pandolfo Colunnecio.

----Tu hijo? ---pregunta Flacius Ilyricus.

----En realidad no supe que lo tenîa, pero como aquî todo es posible me enterê

sin dificultad.

----Y cômo se llama?

----Dolfopân Colunnecio!!

----Y si va a Bedriaco es para hacer venganza, no?

----No estâ claro aûn.

----Bueno, si te enterâs de algo mâs nos informas?

----Eso harê, Flacius, eso harê. 

























































  



   




   

Donnerstag, 23. Februar 2023

1104, 45

         Por eso del haber estado a punto Amimone de ser violada por un sâti-

ro, amplificaciôn salida de la boca del didâscalos con la intenciôn de aludir

o de remitirse al mito de las danaides (las cincuenta hijas de rey Dânao), es 

que  el vate recuerda a una querida que tuvo, la que nada tenîa que ver con

êstas mas que sî con una premeditada violaciôn de un mûsico que tocaba el

crôtalo, allende que amante de zonas lacustres y de bosques, lo que traduce

que de los lugares mâs celebêrrimos para que el susodicho instrumento con-

serve su resonancia mîtica a partir de un basamento sumamente inveterado.

La querida onomâbase Liza, por lo que de extrañar no era que las discusio-

nes nunca faltaran como asimismo las peleas, de tal guisa que breves empe-

ro intensas, con vigor y reciedumbre insoportables; era de mediana estatura

y descollaba donde quiera que fuese por sus ingentes senos, siendo êstos el

tempestivo aliciente para que el vate embadurnara de tinta la punta senecta

de su pluma para escribir los siguientes versos:

 

las fijezas redondas parecen pelotas

con las que a todo trance quisiêrase ludicar,

igual si en el arriate donde florecen las rosas

que en el campo subrayado por un color

                                                 primaveral].


----Vate, hablando de tales componentes del cuerpo femenino, cômo olvi-

dar aquel verso mîo de la gota que colgaba de un pezôn que no querîa caer

para no romperse?

----Del pezôn cuelga una gota,/ la que no quiere caer para no romperse.

----Exacto, vate, tiene usted buena memoria---reconoce Kosmithôs.

----Câspita!!, que el liber de erôtica de Sunev dador fue de inspiraciôn, de

que activârase tu magîn---dice Kosmos.

----Quê decir de la memoria tuya? Pero saben una cosa?

----Amplifîcala, age---pide Kosmos.

----Que el libro susodicho me recuerda a la difunta Meli.

----Meli melosa, la que estuvo cerca y te resultô fogosa.

----Kosmos, le resultô o ya lo era sin dudas y sospechas?

----Didâscalos...

----Deja, Kosmos, que respondo yo---dice Kosmithôs que destaca: ese dîa

en que leîa el libro Meli llegô a casa de Sunev, la que subiô al cuarto y muy

cerca de mî observô las imâgenes, de ahî que tan pegada un calor como el

de ella sentîa por primera vez.

----Y quiên fue esa Meli?---indaga Argos.

----Una etera de Masalia que fue novia del cocinero de Irlanda.

----A ver, y por quê tû no lo dijiste a Argos: te respondo despuês, mâs tar-

de?

----Y por quê tû preguntas eso, Kosmithôs?

----Argos, porque cada vez que yo le pregunto algo a êl, me responde lo y

que usted acaba de oîr.

----Y risas de Kosmos.

----Y cuânto tiempo hace de esa cercanîa con Meli?---pregunta Argos.

----Hace ya bastante tiempo, cuando visitê por primera vez la ciudad del

ocio, donde nacî y estuve hasta los tres años.

----Argos, yo y Rubria ya llevâbamos diecisiete años viviendo en Apragô-

polis, y regresamos a Bedriaco al ser mi madre ya reina.

----Quê tiempos tales, yo era un jovenete al servicio de su majestad Volo-

geso, y, asî entonces, con poquitîsima experiencia.

----Me gusta el diminutivo jovenete---deja saber el vate.

----Algo que nada tiene que ver con los senos ingentes, porque de ser y

enormes ya tienen que ser senectos---dice Kosmos.

----Ya voy siendo testigo de que le sacas provecho a muchas cosas que se

dicen aquî---dice Argos.

----Lo que no es otra rerum que lascar en masa jamonera.

----Lascar en masa jamonera? Muy exclusivo!!

----Êsa es la res, Argos, êsa!!

----Y dônde estân Kôs y Ateriana?---pregunta Kosmithôs.

----Se largaron con Lah silenciosamente---responde el didâscalos filosôfico.

----Contertulios, cuândo empezamos con los cursos, que ya tenemos el fi-

nanciamiento?---pregunta Kosmos.

----Kosmos, el de alquimia ya es seguro, mas cuâles otros?--- pregunta Te-

mîganes de Alejandrîa.

----Podemos empezar a trabajar, mas primero hay que hacer una lista.

----De acuerdo, didâscalos, de acuerdo.

----Al avîo, contertulios, al avîo!!---afirma Kosmos.









































  

Dienstag, 21. Februar 2023

1103, 44.

         Por parangôn con la telebrâtula parece tu cuerpo estar protegido por 

una concha calcârea de valvas desiguales y articuladas mediante chanelas,

amplificaciôn  de Kosmos dirigida tempestivamente a Argos al percatarse

de que en derredor de êste formâbase una mîmesis de pechina con cal.

----Mîmesis? Yo no veo ninguna---dice Argos.

----Kosmos, que el laboro con la idea del ojo asomante te ha llevado a le-

janîas inextricables---señala el vate.

----Mondo lirondo!!, que si no hasta el mîsmisimo fondo de las dadorîas

complejas.

----Sacados los sobrantes al volver a mirar, mâs espacio para que desarrô-

llese con soltura el magîn, no? 

----Temîganes, habrîa que empezar a lascar para aportar lo quiditario que

engorda a la fiesta---responde Kosmos.

----Si me explican de quê ustedes estân hablando...

----Argos, no de sopetôn para eludirle un fastidio de testa. Poco a poco se

llena el tonel---anuncia Kosmos.

----Mire usted, Argos. Amimone estuvo a punto de ser violada por un sâ-

tiro. Comenzô a dar gritos que escuchô Poseidôn, el que sûbito tirô su tri-

dente que aquêl esquivô. El tridente se clavô en una roca y de êsta tres to-

rrentes de agua comenzaron a salir...

----Didâscalos, permîteme usted que rîame?, y disculpe que interrûmpalo.

----Kosmos, y por quê la risa?---indaga Argos.

----Porque como dije: poco a poco llênase el tonel, impepinable que alude

el didâscalos al tonel de las Danaides.

----Y quiên es Amimone?---pregunta Kosmithôs.

----Una de las Danaides---responde el didâscalos filosôfico.

----Pero, Kosmos, precisamente tal tonel nunca podîa llenarse.

----Câspita, Asonis!! Con el tiempo que usted lleva con nosotros es capaz

de hacer una pregunta de tal jaez?

----Ya me voy percatando de la implîcita marranada que hay en la dialogi-

zaciôn de ustedes---suelta Argos.

----Ataraxia que engendra verborrea circunspecta!!

----Yo dirîa que el azufre conspicuo para el trabajo con las transformacio-

nes.

---Bravo, alquimista, bravo!! Una pincelada con rumbo y direcciôn---dice

el vate.

----Ve usted, Argos, el resultado de estar cercano a nosotros?

----Y cuâl es êse, didâscalos?

----Que ya se ha dado cuenta de la implîcita marranada en el intercambio de

verba.

----Mas que con rumbo y direcciôn!!---afirma el vate.

----Que no naufraga o zozobra---agrega Kosmos.

----Ni fracasa ni se va a pique!!

----Dîganme una cosa: Ustedes conocen al arûspice?---pregunta Argos.

----El crîptico del barrio de las Caninas; el ciudadano oscuro--responde Kos-

mos.

----Y negra la lacerna que llevaba. Sin habêrmelo preguntado le dije que el

gato Lah estaba aquî, en la Kosmona.

---Usted respondiô a una pregunta que no captô el sentido correspondiente.

----Cômo, Kosmos, cômo?


      Y acopas llegan Kôs y Ateriana, y pregunta aquêl:


----Dônde estâ Lah, quê hace, con quê se entretiene?

----Y sus respectivas madres saben que ustedes estân aquî?---pregunta sû-

bito Kosmithôs.

----Sabîan que buscâbamos a Lah en palacio, pero no de que vinimos para

acâ---responde Kôs.

----Cômo, y por quê no?

----Porque al no encontrar a Lah en palacio salimos a buscarlo por los alre-

dedores de la corte, y entonces llegô al arûspice, y por êl me enterê de que

el gato estaba aquî.

----El arûspice en palacio?

----El magister hablô con êl y me dijo que me esperara diez minutos para

salir con la escolta, pero como pasô media hora y no regresaba de hablar

con Dido, nos fugamos de palacio con el caballo negro y sin escolta.

----No acabas (de)cir que hablaba con el arûspice?

----Sî!!, pero me dijo el magister que tenîa que hablar urgente con Dido y

despuês que se fue el arûspice.

----Y cômo ustedes salieron de palacio sin que la guardia bâtara los viera?

----Por un lugar que yo descubrî hace poco, por la parte de atrâs de palacio.

----No me digas? Tû sabîas eso?----pregûntale Kosmithôs a Kosmos.

----Desconocîalo totalmente.

----Las miradas jôvenes miran mejor!!---afirma el didâscalos filosôfico.

----Quê, didâscalos, y nosotros quê?

----Quê, kosmithôs, quê?

----Que tambiên tuvimos una mirada joven.

----Sabes quê hablaron entre ellos, Kôs?---fisga Kosmos.

----Eso no lo sê, porque yo me alejê...

----Te alejaste no, viniste adonde yo estaba---rectifica Ateriana.

----Que tû crees, Kosmos, de la conversa entre el arûspice y el magister?

----Didâscalos, de que si êste dîjole a Kôs que tenîa que hablar urgente y

con mi madre, la cosa o es compleja o refiêrese a una complicaciôn a par-

tir de un augurio.

----No tendrâ que ver tal augurio con la nueva formaciôn de la tribu germâ-

nica?---pregunta Vercingetôrix.

----Descartado no queda, pudiera remitir a ella. Êsa es la res!!

----Argos, sabe usted algo?----pregunta el didâscalos filosôfico.

----Quê pudiera ser por lo de tribu, sî.

----Ah, tû eres Argos?---pregunta Kôs.

----Sî, Kôs, yo soy Argos. Por quê preguntas?

----Porque el arûspice dijo que tû le dijiste que el gato estaba en la Kosmona.

----Es cierto, se lo dije.

----Y hablando del gato; acaba de llegar---dice Vercingetôrix.

----Pero, Kôs, el gato no te mira bien---dice el didâscalos filosôfico.

----Y cômo, si le cae a caracolazos---dice Kosmos y rîe.

----A ver, que lo cargo yo---dice Ateriana.

----Age, Ateriana, age!!---afirma Kosmos.








 



































 

















Sonntag, 19. Februar 2023

1102, 43.

         Despuês de media hora de buscar a Lah dentro de palacio sin encon-

trarlo, tanto  Ateriana como Kôs salen de la corte para ver si hallâbanlo en

los derredores de êsta. Concentrados en tal actividad divisan a un persona-

je con una lacerna oscura que tapaba toda su cabeza entrando por la puerta

de la sede mayestâtica sin ser detenido por la guardia bâtara, lo que indica

al parecer que no era desconocido. Pero si Ateriana queda un poco asusta-

da por la imago crîptica que miraban sus ôculos, Kôs da calaña de curiosi-

dad al enfocar sus retinas en la capucha, allende de ser una que veîa por y

primera vez. Decide ir entonces hacia el personaje que avanzaba con cier-

ta rapidez, como si cortara la distancia de la lînea recta con pasos acelera-

dos de titân.

----Y quê tû haces, adônde vas?---pregunta Ateriana.

----Al encuentro con el personaje. 

----Y el gato quê?

----No demoro, regreso enseguida. Espêrame aquî mismo, no te muevas.


      Mas si de algo no se habîa percatado Kôs era de una cosa: de que y el

magister equitum contemplaba desde un estratêgico punto lo que estaba de 

momento sucediendo, razôn por la cual arrumba sus pasos en direcciôn al

punto del ineludible encuentro. Y entonces pregunta Kôs:

----Magister, y de dônde usted saliô, que no lo habîa visto?

----Kôs, tal dônde no lo puedo revelar, pero confôrmate con saber que des-

de êl tengo el control absoluto, nada queda sin ver--responde el magister y

que sûbito pregûntale al arûspice: quê tal los presagios, buenos o malos?

----Presagios? Quiên es êl magister y por quê lleva capucha?

----Kôs, el manto con capucha no tiene relevancia.

----Muchcacho, yo soy el arûspice.

----El quê?

----Uno que sabe del futuro analizando las entrañas de los animales.

----Analizando las entrañas de los animales?

----Los ôrganos internos, Kôs, pero deja de preguntar que esta materia no

es para ti. Asi que regresa mejor a jugar con Ateriana---dice el magister.

----No jugâbamos, sino que buscamos a Lah: usted lo ha visto?

----Yo no tengo tiempo para saber de gatos, Kôs.

----Y quiên es êl, magister?---indaga el arûspice mirando a Kôs.

----Es el hijo de Sunev y Kosmithôs.

----Ah, no sabîa de su existencia. Kôs, el gato que buscas estâ en la Kosmo-

na.

----En la Kosmona? Y cômo usted sabe que es Lah, porque puede ser otro

gato?

----Kôs, puedes creerle sin duda alguna---dice el magister equitum.

----Entonces me voy con Ateriana a la Kosmona.

----Tû sabes que de palacio no pueden salir sin custodia, no?

----Sî que lo sê!! Y cuânto debo esperar para salir?

----En cuanto termine de hablar con el arûspice. 

----De acuerdo. Entonces espero.

----Adiôs, Kôs.

----Adiôs, arûspice!!

----Y quê hay, quê tiene que decir?

----Magister, que va a ver conflictos, sangre va a correr, por eso vine a ha-

blar con Dido.

----Me imagino que sea por la nueva formaciôn de la tribu germânica.

----De nuevo esa tribu?

----Asî es, arûspice, y el jefe es el hijo de Pandolfo Colunnecio. Êste mu-

riô aquî en la corte.

----Entonces es cuestiôn de venganza, magister?

----Puede que sî y puede que no, pero de todas maneras la defensa ya estâ

preparada. Desea usted hablar directamente con la reina?

----Ya no hace falta, magister, que si lo sabe usted...

----Lo sabe de inmediato Dido.

----Eso iba a decir.

----Le agradezco que haya venido, y mire, aquî tiene el pago correspondien-

te.

---Usted sabe que no lo hago por monedas, mas los sestercios nunca vienen

mal.

----Estâ hechos para que vengan bien. Y ahora disculpe que lo deje, mas de-

bo informar raudo a la reina. Hasta la prôxima.

----Hasta la prôxima, magister!!

----Magister, y lo de la salida quê?---pregunta Kosmithôs desde lejos.

----Dame diez minutos, que debo hablar urgente con Dido.


         Mas de diez minutos nada sino el justo paso de media hora, razôn por

la cual Kôs dîcele a Ateriana que no esperaba mâs, que iba en busca de la y

bestia negra y que salîa de palacio por un lugar que êl conocîa fuera del al-

cance de la vista de la guardia bâtara, como asimismo que si ella querîa en

la corte quedarse para eludir el tempestivo responso que lo hiciera, empero

que êl se largaba porque su paciencia habîa llegado al lîmite. 

----No no!! Voy contigo, que de todas maneras a mî siempre me estân rega-

ñando lo mismo por una cosa que por la otra, asî que si una vez mâs no ha-

ce mucha diferencia. Pero cômo tû sabes de ese lugar?

----Lo descubrî no hace mucho en la parte trasera de palacio.

----Y adônde se sale?

----Eso no lo sê, pero por lo menos salimos sin que nadie nos vea. Ademâs

que ya me aburre estar saliendo con escolta, que me controlen y me digan

lo que tengo que hacer.

----Sî!!, que a mî tambiên me aburre. Bueno, nos vamos?

----Ahora mismo. Vamos!!







 

















































   

Montag, 13. Februar 2023

1101, 42.

(en la ciudad del ocio)        



       El colosero, paladîn destacado de una materia universal, al servicio de

êsta  como un mameluco que en Egipto revela celosîa inmediata a raîz y de

la felonîa a Nefertiti, lo que por sustituciôn traduce traiciôn a una destaca-

da  beldad, entrô en liza verbal con  Prixeletes al saber de que  êste violaba

la fidelidad que deberîale ofrecer a Jancia al tener otra novia que vivîa cer-

ca de la zona de Omonia. Empero Prixeletes tenîa razôn al decir, que si de

fidelidad  se trata las piezas de un juego no encajan, porque de facto since-

ro y derecho  Jancia esperaba a que pasara la tribu germânica para seducir

a su jefe con el vestido rojo que tenîa puesto, quedando demostrado enton-

ces que el acto de felonîa cometîanlo los dos, ambos, la suma de dos y a la

vez.

----Ah, no sabîa que Jancia estaba en eso, nunca pensê que te pudiera trai-

cionar. Pero estâs seguro de que podrîa seducir al jefe de la tribu?

----Colosero, no me hagas esa pregunta, que tû sabes lo que sabes. No se-

râ que a ti te gusta Jancia?---pregunta Prixeletes mirando fijamente. 

---Quê dices, quê preguntas? Me cae bien pero no me gusta; no forma par-  

te de mi gusto estêtico.

----De tal gusto pudiera hablar yo por ser artista, pero tû?

----El gusto estêtico no sôlo pertenece a los artistas; no es sôlo monopolio

de êstos.

----Sabes una cosa, colosero? Lo que Jancia hace tiene algo de sentido.

----Y cômo no lo tendrîa estando lûcida?

----No me refiero a que haga algo por cordura.

----Y a quê entonces?

----A que como a ella le gustô Pandolfo Colunnecio [...] te acuerdas del

diamante que le dadivô la noche de la cena en palacio, no?

----Sî, cômo olvidarlo, y?

----Sôlo una muestra de correspondencia, de reciprocidad amorosa.

----Totalmente de acuerdo.

----Bien!! Prosigo y con una pregunta: no es Dolfopân el hijo de Pandolfo?

----Adônde quieres llegar.

----A quê saques una conclusiôn.

----Sî, la saco, pero antes debo de tomar algo, que tengo la garganta seca.

----En la cocina hay una vasija con alquermes que preparô no hace mucho

Jancia.

----Te traigo una copa?

----Trâime una, sî!!

 

        Y entonces, y al llegar a la cocina, percâtase el colosero de que lo que

quedaba en la vasija de alquermes no alcanzaba para llenar ni una copa, ra-

zôn por la que decide êl mismo preparar mâs de la bebida. En funciôn y de

de lo anterior lo primero que hace es buscar el quermes, la sustancia rojiza

que coloriza el licor, y que deberîa estar en el ûnico armario que habîa y en

la cocina. A continuaciôn de abrir las puertas del mueble observa que sôlo

en alguna de las tres latas que habîan dentro podrîa encontrar lo que busca-

ba, pero la pregunta serîa: cuâl de ellas? Serîa facilîsimo por el olor hallar

el quermes, mas como lo desconocîa oliscar no servîa de nada. Por el color

podrîa dar con êl, pero como al abrir las tres latas todas contenîan una sus-

tancia rojiza, cuâl de êstas era verdaderamente el quermes? En fin, que de

cada  lata sacô una cucharada y la echô en la vasija, y sobre el pucho el li-

cor colorizôse.

        De tal guisa que Jancia llega a la cocina, y en el preciso momento en

que el colosero llenaba las dos copas, es que elûdese la posible consecuen-

cia a raîz de haber bebido el licor, ya que al percatarse de la intensa colori-

zaciôn rojiza de êste sûbito dice:

---Inmediatamente bota ese alquermes que estâ recargado de las sustancias

rojizas, que de tomarlo tendrîanse alucinaciones toda una semana.

---No me digas, verdad?---pregunta el colosero.

---Cuântas cucharadas tû echaste, porque veo abierta las tres latas?

---Una de cada una.

----Cômo, tû sabes lo que hiciste?

----Bueno Jancia, como en ninguna de las tres latas hay escrito el nombre y

de la sustancia en polvo que contienen, cômo voy a saber cuâl es el quermes

si las tres sustancias son rojizas? 

----Colosero, la ûnica que entra en esta cocina soy yo, y como tal bien que

conozco la sustancia que hay en cada una de ellas.

----Y cuâles son tales sustancias?

----Mira, esta primera lata es un derivante de la amanita muscaria; esta segun-

da del peyote y esta tercera es el quermes.

----Vaya mezcla que hice!! Fatal no?

----Mejor dicho super alucinôgena.

----Pero sabes una cosa? Quê casualidad que hayas venido en el justo instante

en que llenaba las dos copas, una para mî y otra para Prixeletes.

----Es que me enterê de que la tribu germânica cambiô la ruta, y me aburrîa 

afuera.

----Entonces debo agradecerle a tal cambio de la tribu que no haya tenido alu-

cinaciones?

----Igual a quiên se lo agradezcas. En fin, que voy a decirle a Kîntlico que ya

puede salir del sôtano.

----Estâ bien, Jancia, ve a decîrselo.

----Y dônde estâ la copa con el alquermes, colosero?---pregunta Prixeletes.

----Tuve que botarlo por una mezcla extremadamente alucinôgena que hice.

----Cômo? Te explicas?

----Aquî estâ la explicaciôn. Escucha.













 



































Freitag, 10. Februar 2023

1100, 41.

(en la ciudad del ocio)       


       Seguido a que Dolfopân Colunnecio abandonara la taberna, Sarambo le

manda  a decir a Kîntlico de Kostâ lo siguiente: el jefe de la tribu germânica

te estâ buscando, asî que no salgas de la casa hasta que êl no se vaya de esta

ciudad. A raîz de escuchar lo anterior, y de pagarle unas drenarios al biberius

que ocupôse de transmitirle el recado, Kîntlico sûbito pregûntale a êste sî co-

nocîa un lugar seguro, empero Jancia, que oyô la pregunta, pregûntale sûbito

a Kîntlico:

---No acaba de oir usted que no salga de la casa?   

---Jancia, y acaso hay aquî un lugar donde pueda esconderme?

---Kîntlico, en el sôtano, donde cuesta un poco caminar por estar repleto de

tarecos y antiguallas que pertenecen a Sunev. 

---No sabîa que esta casa tenîa un sôtano, me entero ahora. 

---Usted no es alêrgico, no?

---No no, no lo soy. Por quê la pregunta?

---Por la cantidad de polvo que hay, aunque asimismo un poco de humedad.

---Ni con el polvo ni con la humedad tengo problemas. Y dônde estâ ese sô-

tano.

---Venga conmigo, que se lo muestro.

---De acuerdo, te sigo.

---Yo no tengo problemas, no?

---Cuâl es su nombre, señor?---pregunta el biberius.

---Tublides de Malamonta.

---No no, tal nombre no lo mencionô Dolfopân, que yo estaba un tanto cer-

ca de donde conversaron Sarambo y Dolfopân.

---De lo que sale que (entonces) yo sî puedo salir de la casa.

---Sî, Tublides, usted puede abrir la puerta y salir adonde le plazca. Y ahora

me retiro, que ya cumplî con dejar saber lo que me mandô a decir Sarambo.

---Gracias por el cumplimiento, gracias!!

---No desea usted tomarse algo que no tenga alcohol?---pregunta Jancia.

---No muchacha, no!!, pero gracias por la invitaciôn.

---De nada, de nada!!

---Adiôs!!, y que tengan bueno lo que resta del dîa.

---Igual para usted---dice Tublides de Malamonta.

---Tublides, sabe usted dônde estâ Jancia, que la he buscado por toda la ca-

sa y no la encuentro?---pregunta Prixeletes.

---Ya buscaste en el sôtano?

---No, ahî no.

---Pues si la busca ahî la encuentra, porque estâ con Kîntlico, el que debe y

esconderse.

---Esconderse, y por quê?

---Venga, siêntese que le explico.


       Simultâneamente, y en uno de los arrabales mâs perniciosos de Apragô-

polis por contar con una sûmula descollante de veteranos, la tribu germânica

entra en combate con un grupo de excombatientes armados hasta los dientes,

los que menos que luchar en busca de honor atacaban como una forma eficaz

de zanjar el aburrimiento. En media hora de enfrentamiento corrîô suficiente

sangre, y el grupo de excombatientes reducîase a diez de êstos, los que frente

a  los bructeros tuvieron necesariamente que levantar bandera blanca. Al ren-

dirse pasaron a la categorîa de reos, empero como solamente luchaban por y

cuestiones de tedio fueron despojados tanto de sus armas como de sus ropas,

de lo que sale que tuvieron que retornar a sus casas como vinieron al mundo.

A continuaciôn, y en lo que Dolfopân llevaba su caballo a beber un poco de

agua, lîquido que fluîa proveniente de una zona lacustre, un bructero se acer-

ca y dîcele a su jefe:

---Uno de los diez excombatientes desea hablar con usted lo mâs râpido po-

sible.

---Y de quê se trata?---pregunta Dolfopân bajândose del cuadrûpedo.

---Eso no lo sê, ya que sôlo me dijo que tratâbase de algo importante.

---Pues trâigamelo aquî inmediatamente.

---Con custodia o sin ella?

---Con ella.

---De acuerdo!!

 

        Cinco minutos despuês llega el excombatiente concomitado por cuatro

bructeros. Cubrîa su cuerpo con un gran manto prestado y tiritaba un poco,

pero menos que por la razôn de entrar en conversa con Dolfopân por la de y

tener frîo. Êste, y como jefe caracterizado por su ataraxia, mantuvo durante

unos minutos el estratêgico mutismo, aunque asimismo una mirada austera,

mêtodo visual que utilizaba en los momentos en que alguna presencia era y

desconocida, y el que facilitâbale un pausado examen de la criatura que sus

retinas veîan. El excombatiente entonces, y desesperado por saber el motivo

de ser mirado con una mirada severa, encuentra mejor buscarse alguna ame-

naza o advertencia de Dolfôpân que seguir soportando el mutismo y la drâs-

tica observaciôn, Y entonces, y atreviêndose a verbar, amplifica directamen-

te lo siguiente:

--A su padre, Pandolfo Colunnecio, lo matô la flecha del cazador de Bedria-

co, y la noche primera y ûltima de una cena en el palacio de Dido.

---Seguro cien por ciento lo que usted acaba (de)cir?----pregunta Dolfopân

acercândose al excombatiente.

---Un amigo mîo fue un integrante de la tribu germânica al mando de su pa-

dre; su propia boca me lo contô. Nunca se lo dijo su madre Florentina?

---Y cômo usted sabe que mi madre es ella?

---Aquî en la ciudad del ocio todo se sabe temprano o tarde, ya que los vien-

tos portan revelaciones.

---Usted estâ consciente de la consecuencia que va a tener lo que me acaba

de revelar?

---Quiên no pudiera saber que usted harâ venganza?

---Y por quê usted me ha contado eso, de quiên se quiere vengar?

---No se trata de venganza sino de recompensa, que mi pensiôn como excom-

batiente es muy mala.

---Si se trata de recompensa le digo una cosa: yo primero debo comprobar si

es del todo verdad lo que me dijo, y despuês el pago correspondiente.

---Verdad que usted y su tribu aparecerân por Bedriaco, que cuenta con una

sûmula de soldados bâtaros superior a la de los bructeros?

---Eso dêjemelo a mî, que no le incumbe a usted. 

---Y quê va a pasar conmigo?

---Que usted vendrâ conmigo a Bedriaco, que si es falso lo que me ha conta-

do puede estar seguro que perderâ su testa.

---Seguro estoy de que no la perderê, porque no es mentira.

---Eso ya lo veremos---dice Dolfopân y seguido le da el edicto a los bructeros

de que se lleven al excombatiente, que lo vistan y que prepârense para partir a

Bedriaco.










































 
































Mittwoch, 8. Februar 2023

1099, 40.

        Dos dîas despuês de estar arrestado dîcele Endimiôn al soldado bâta-

ro que trâjole la comida lo siguiente:

----Escucho en la noche las voces de Euticô, el secretario y el eunuco Po-

sides.

----Voces dice usted, verdad? No se habrâ usted vuelto loco? Mire, dêjese

de mentiras y alimêntese mejor, que ha comido muy poco.

----No es mentira, estoy hablando en serio.

----Muchos reos utilizan algûn mêtodo repasado o calculado para lograr y

sus fines, algo que sê muy bien por la experiencia que tengo.

----Y cuâl fin pudiera tener yo, a ver, dîgame?

----Mire, usted conoce a esas tres personas?

----No!!, no las conozco.

----Y cômo sabe usted que tales voces son las de ellos?

----Porque dijeron sus nombres.

----Cômo? Me quiere coger usted para sus cosas? Eso es imposible.

----Se nota que ignora completamente ciertos fenômenos extrasensoriales.

----Y si usted no los ignora, quê es lo que le asusta, asombra o impresiona,

porque si no para quê me dijo que escuchaba esas voces?

----Ni susto, ni asombro ni impresiôn, sino que se trata...

----Señor no va a lograr convencerme, no se va a salir con las suyas.

----Me informan quê estâ pasando aquî?---pregunta el magister equitum.

----Que dice Endimiôn que oye voces---responde el soldado bâtaro.

----Sî magister, sî, las escucho, y son tres: la del eunuco Posides, la del se-

cretario y la de Euticô.

----Fueron êstos sus amigos, sus compinches o tal vez vecinos?

----Nada de eso, magister, jamâs los vi.

----Magister, usted cree realmente lo que estâ escuchando?----indaga el sol-

dado bâtaro.

----Lo que puedo decir al respecto es lo siguiente: esas tres personas estuvie-

ron prisioneras aquî, pero hace ya unos cuantos años.

----Esto sî que no lo sabîa.

----Ni lo podrîa saber, porque en aquel entonces era usted un niño.

----Y no lo pudiera haber sabido por algûn soldado bâtaro mâs viejo que yo?

----No es imposible, pero no fue posible hasta hoy, no?

----Sî!!, me acabo de enterar.

----Y para que estê mâs informado, esas tres personas ya estân del otro lado.

----Quê, que las voces son de muertos? Mâs increîble todavîa.

----Usted se ha puesto mâs pâlido que los mismîsimos muertos---dicele Endi-

miôn al soldado bâtaro.

----A ver, soldado, acuêstese en el suelo y levante las piernas unos minutos,

que se sentirâ mejor---dice el magister equitum que pregûntale a Endimiôn: Y

quê dicen las voces?

----Magister, el lenguaje es incomprensible, no se entiende nada.

----Pero hablan todos a la vez o separado?

----Es todo un pastiche semântico ininteligible. Y magister, los susodichos mu-

rieron estando presos aquî?

----No no!! Sucumbieron despuês de haberlos sacados de aquî el centuriôn, y si

el eunuco y el secretario por haberlos sepultado una avalancha de nieve; Euticô

por una lluvia de flechas en la propia puerta de su casa.

----Y el centuriôn de dônde salio?

----Fue un amigo de años de Euticô; al principio de la amistad sôlo era una es-

pecie de comprador de estatuillas, mas con el tiempo hizo una preparaciôn mi-

litar.

----Y cômo fue posible que el centuriôn los sacara de este prisiôn?

----Cosas del pasado que no se volverân a repetir, porque la guardia de palacio

estâ menor organizada, ademâs de que son muchos mâs los soldados bâtaros y

que la componen, asî que pierda la esperanza de que alguien pueda rescatarlo.

----Magister, si yo ni tan siquiera he pensado en eso. Sabe usted en lo que sî y

pienso? En volver de nuevo a la cocina de la corte.

----Pues deje de pensarlo que no serâ posible, ademâs de que ya estâ de nuevo

el cocinero de Irlanda en la cocina.

----Magister, tiene usted una idea de lo que pasarâ conmigo?

----Ninguna!! Eso lo decide Dido---responde el magister que pregûntale al sol-

dado bârato: ya se siente mejor?

----Sî!!, ya me siento con color. Gracias por la ayuda, magister, gracias!!

----De nada!! Y ahora retîrese y regrese a su puesto de guardia.

----A su edicto, magister, a su edicto!!

----Magister, serîa posible que usted me trajera algûn tipo de juego para entre-

tenerme?---pregunta Endimiôn.

----Sôlo existe uno para los reos: el de los dados, mas primero debe autorizar-

lo Dido.

----Bueno, uno es mejor que ninguno.

----Le hablarê a Dido sobre las dos cosas.

----Dos cosas?

----Sî!! Sobre los de las voces y sobre lo del juego de dados.

----Quê bien, magister, gracias!!

----Y me retiro, que debo ocuparme de ciertas cosas. Hasta la prôxima.

----De acuerdo, magister, hasta la prôxima.


       Mas tarde, y en el triclînium, pônele Dido la ofrenda a los lares, y hoy

con mâs urgencia que nunca por lo que dejôle saber el magister sobre las y

voces escuchadas por Endimiôn en la ergâstula. Mas Kôs interêsase por sa-

ber el porquê de que el pastel tuviese un color amarillo, motivo por el cual

pregûntale a Dido:

----Por quê el pastel tiene ese color?

----Por el Crocus Sativus, impresindible para los protectores de la casa.

----Por el azafrân, Kôs, por êl.

----Y por quê un nombre tan raro?

----No es raro, sino de que proviene de Corycus, una antigua ciudad donde

se sembrô por primera vez, y la que le da su nombre.

----Y quiên ha visto al gato?---pregunta Kôs.

----Sî!!, verdad, que hace rato no lo veo---dice Ateriana.

----Hace par de dîas que no lo veo en los pulvinares, donde se acomoda y

duerme---dice Dido.

----Ateriana, lo buscamos por todo palacio?

----Sî!!, vamos a buscarlo.

















































 


Montag, 6. Februar 2023

1098, 39.

         Rato despuês, y justamente en el momento en que îbase a empezar a

hablar  sobre si darîase un curso de alquimia o no, Lah de un salto atrae la

atenciôn de los contertulios desconocedores de su presencia en la Kosmo-

na, excepto  la de Epîdeas de Acopio por ser oriundo de una no muy cono-

cida provincia de Egipto, mas que por formar parte del susodicho paîs asi-

mismo hallaba divinizado en la mîmesis de la deidad Basted, la protectora

de los hogares, al gato. Y entonces amplifica Kosmos:

---Deberîamos colgar dos mîmesis en cualesquiera de las paredes que mâs

estân (al)cance de nuestras vistas.

---Kosmos, una flagrante es la de Basted, mas la otra?

---Alquimista, la de la Luna, que el gato onômase Lah.

---Ah, dos representaciones de arriba en un solo animal de abajo. Dando

giros y sacando conclusiones...

----Al revês: una representaciôn abajo de dos...

----Van a empezar con el lûdico semântico?---pregunta Kosmithôs.

----Epîdeas, me gusta eso de dando giros y sacando conclusiones---deja y

saber el vate.

----Cômo extrañarme por su sensibilidad verbal?

----Bueno [...] sin êsa mejor serîa carpintero que vate, no?

----Atenciôn con el subestimar, que no siempre la cosa es como la pensa-

mos o como la vemos---destaca Kosmos.

----Impepinable!!, mas por costumbre hablamos de forma general menos

que...

----Ôntica, vate, ôntica---dice el didâscalos filosôfico.

----Y êsta sî que carece de financiamiento, a no ser que se dê fondo uno

mismo, que aporte para su individual (ismo)

----Y de quiên es este gato?---pregunta el alquimista.

----Del cazador, alquimista, del antiguo taumaturgo---responde Kosmithôs.

----No me asombra de que tenga un gato.

----Entonces es normal que tenga un gato un taumaturgo, alquimista?

----No concretamente porque sea normal o no, sino mâs bien por otra cosa..

----De jaez crîptica---agrega Kosmos.

----Êsta es la que es, Kosmos!!

----Êsa es la res, êsa!!

----Vaya enigmâticos que ustedes se han puesto!!---afirma Kosmithôs.

----El vînculo con la cosa nos pone como nos puso---acentûa Kosmos.


     Ipso facto interrûmpese la dialogizaciôn por el motivo de la llegada del

tîo de Kosmos y por barruntar lo siguiente:

----Endimiôn ha sido arrestado por haber amenazado con un cuchillo a la

novia del cocinero de Irlanda.

----Câspita!!, que Endimiôn despertôse!!---afirma Kosmos y rîe.

----Te capto, Kosmos, mas espera, que esto tiene circunspecticidad.

----Aplausos por la palabrita, didâscalos, aplauso!!

----Circo quê?---pregunta Kosmithôs.

----Nada de circo, asî que escucha mejor, bien---dice Kosmos.

----Me dejan preguntar?

----Age, didâscalos, age!!---afirma Kosmos.

----Y por quê Endimiôn hizo eso, cuâl es el motivo?

----Segûn Argos, quien se ocupô del arresto, Endimiôn tenîa pensando to-

mar como rehên a Arete, y con el objetivo de que mi esposa le volviera a

dar la plaza de cocinero en la corte, y la que hace dos dîas ya tiene el co-

cinero de Irlanda---responde el tîo de Kosmos.

----Y cuândo paso eso y dônde?

----Cuestiones de horas, mas el lugar del hecho lo desconozco,

----Pero no entiendo una cosa. Kosmos dijo no hace no mucho que habîa

estado en la cocina y que el cibiosactes le hablô de Endimiôn.

----No, cenutrio, no!! Me hablô de Viator, de êste. Asî que le digo lo mis-

mo que a Kosmithôs: escuche mejor, bien.

----Es que los nombres se parecen.

----Perrasiestes, no sê quê de parecido tienen---dice Asonis.

----Igual, ya me da lo mismo. Y en fin, que me callo.

----Y usted sabe cuâl es el anankê que le espera a Endimiôn por haber tal

cosa hecho?

----Est res magna tacere!!

----Kosmos, vas a dejar de interrumpir?---pregunta el didâscalos filosôfico.

----Y risas de Kosmos.

---En realidad, didâscalos, no hubieron daños corporales, por ejemplo, una

herida, una marca, una....

----Deje el detallismo, que yo sê lo que son daños corporales.

----No sê, didâscalos, exactamente, porque quien tiene dominio total y del

reglamento es Dido.

----Pero usted sabe algo de êl, porque acaba (de)cir que no hubieron daños

corporales, lo que pudiera ser una de sus reglas, no?

----No dije que lo desconocîa, didâscalos, que no tener dominio de algo no

significa desconocer algo.

----Kosmos, quê tû crees?---pregunta el didâscalos filosôfico.

----Puedo interrumpir, me da usted el beneplâcito?

----Y risas del didâscalos.

----Que yo ni siquiera puedo amplificar sobre la palabra conocer, que de y

facto no sê nada del reglamento, escapa de mi conocimiento.

----Argos dijo que estaba sancionado.

----Eso fue lo que dijo Argos, didâscalos, y?

----Kosmos, que si lo estâ cômo es que puede arrestar (a)lguien? No signi-

fica estar sancionado estar fuera de servicio?

----Êsa es la res!! Comienzo a pensar.

----A ver, didâscalos. Dentro del corpus militaris, o sea, del basamento dis-

ciplinario con el que cuentan los soldados bâtaros, un soldado sancionado

puede fuera de palacio detener (a)lguien mas desprovisto de armas--- dice

el tîo de kosmos.

----Sî!!, que ya nos dijo Argos que armas no tenîa ninguna.

----Nos dijo, Kosmos?

----No hace mucho que Argos estuvo aquî; regresa mañana para quedarse y

el tiempo que estâ sancionado con nosotros.

----Quê, un soldado bâtaro en la Kosmona?

----Es que no sabe quê hacer en tal tiempo, que me imagino que tenga tedio.

----Y usted alquimista, tambiên estâ con nos?---pregunta el tîo de Kosmos.

----Si aceptan lo de un curso de alquimia sî, si no regreso a mi laboratorio.

----Y hablando de cursos, que decidieron sobre el financiamiento?, que Di-

do me pregunto si sabîa algo.

----El financiamiento ya estâ aceptado por mayorîa de votos----responde y

Kosmos.

----Y este gato, ahora tenemos uno en la Kosmona?---fisga el tîo de Kosmos.

----Es Lah, el felino del cazador, y por el quedô interrumpida la conversa so-

bre si dar o no el curso de alquimia---responde Kosmos.

----Interrumpida?

----Justa y exactamente al comenzarla el salto del gato engendrô un excurso,

por lo que se empezô a hablar de otra cosa---clara el didâscalos filosôfico.

----Ahora sî que no falta nadie, asî que de una vez y por todas pregunto: sî o

no el curso de alquimia?


     Y entonces el gato comenzô a ronronear.

















 

























































   

Samstag, 4. Februar 2023

1097, 38.

      A regresar a la Kosmona los contertulios que faltaban, aunque Vercinge-

tôrix a retaguardia teniendo en cuenta la nota que êl mismo dejô escrita y en

la que dejaba saber que llegarîa a las cinco, Kosmithôs no solamente daba y

respuesta breve a la pregunta hecha por Kosmos de cômo habîase comporta-

do Kôs en su visita primera al templo de Jano Quirino, sino que tambiên cla-

raba, algo que eludirîa la asociaciôn entre una cosa y otra a partir de la atin-

gencia que ûnelas, de que en realidad no fue su primera visita sino su prime-

ra salida con el flamen a la casa teolôgica, que de facto fue êste quien lo sa-

cô de palacio.

----Câspita!!, que yo estaba presente en los pulvinares cuando llevôselo el

flamen a la casa susodicha---dice Kosmos que agrega: y a raîz de haberme

pedido a mî que lo sacara a dar una vuelta.

----Sî, ya estoy enterado de que le dijiste que: salir de nuevo si cuasi que y

acabo de llegar de una vuelta con Ateriana?

----Seguimos teniendo la prueba de que Kôs tiene la nemôsine parecida a

la de su abuelo---dice el didâscalos filosôfico.

----Y quê tiene que ver eso ahora, didâscalos?

----Kosmithôs, si estâs enterado por quiên?

----Por Kôs.

----Y si por tu hijo estâs enterado taxativamente, que diga, textualmente, o

sea, sin el cambio significativo de alguna palabra, no es calaña de buena y

memoria?

----Es asî, didâscalos.

----Y si asî es a quiên se parece?

----A mi padre.

----Y tu padre por quê se caracteriza?

----Por la buena memoria.

----Eureka!!, que se me acabaron las preguntas, de momento.

----Y risas de Kosmos y de los contertulios.

----La repeticiôn de lo repetible!!---afirma Temîganes de Alejandrîa.

----Mejor perder horadamente que ganar haciendo trampas.

----Kosmos, te explicas?

----Que por ser la repeticiôn una metodologîa de nosotros nos puede en-

volver en un mecanismo exuberante, y con el cual pudiêramos ser derro-

tados, lo que a su vez es un reconocimiento relevante.

----Verdaderamente lo que se te ocurre a tî no es tan fâcil refutarlo, quê y

decir desafiarlo con una argumentaciôn mejor.

----Dêjeme de la oscuridad sacarlo y decirle, que la palabrota desafîo por

acâ no es pelota que brinca o rebota.

----De la oscuridad?

---Contertulios, olvidêmosnos del apagôn que no somos elêctricos---suelta

el didâscalos filosôfico.

----Kosmithôs, y si Kôs le escondiô la colecciôn de poemas neronianos al

flamen, cômo es que su comportamiento haya sido bueno?---fisga Asonis.

----Y esto lo ve usted como un mal comportarse? Usted nunca le escondiô

un libro a su padre o a su abuelo?

----Imposible porque ni los conocî.

----Sabe usted, Asonis, que son mejores las travesuras tempranas que las y

tardîas?

----Verdad, Kosmos, verdad? Y por quê?

----Porque caracterîzanse por la seriedad no expuesta a la maquinaria de la

razôn.

----Entonces la jugarreta o la marranada caracterizan a las tardîas...

----Deje, no dîgalo, que va por buen camino educivo.

----Kosmithôs, y dônde Kôs escondiô la colecciôn?

----Dominicus Liber!! Êsa es la res, êsa!!---afirma Kosmos.

----Didâscalos, eso no se lo preguntê ni me lo dijo---responde Kosmithôs.


         Non plus ultra de siete minutos aparece en la Kosmona el alquimista,

presencia inesperada y razôn de que sûbito Kosmos amplificara lo siguien-

te:

----Los grandes nacen de noche!!

----Ya sê. Kosmos, ya sê, como asimismo de que el sentido aquî de grande

es por mi tamaño y no por majestuoso o glorioso---dice Epîdea de Acopios.

----Por el oro de las retamas y la purpura de los brezos!!, que me ha captado

usted tan raudo como un tiro de flecha.

----Alquimista, aûn conservo la premisa que copie de su laboratorio.

----A ver, Kosmithôs, quê dice la premisa?

----Quin non intelligi aut discat aut taceat.

----Ya escucho que te la aprendiste bien de memoria. Te felicito!!

----Gracias!! Y eso usted por acâ, alquimista, estâ de nuevo necesitado de 

alcohol?

-----No Kosmithôs, no vine por eso, sino porque me dijo Gaye Macinas 

que Argos habîale dicho que la instituciôn comienza a dar cursos gratis y, 

entre êstos, uno de alquimia.

-----De alquimia? De dônde sacô Argos eso?

----Kosmos, entonces es mentira?---pregunta el alquimista.

----No es mentira lo de los cursos, mas sî que haya alguno de alquimia.

----Y cuâl relaciôn existe entre Argos y Gaye Macinas---fisga Kosmithôs.

----Atingencia domiciliaria---responde el alquimista.

----Cômo, quê usted ha dicho?

----Argos vive en casa de Gaye Macinas, kosmithôs, êste (a)quêl un cuar-

to le alquila.

----De eso estoy enterado por lenguajeârmelo Argos---dice Kosmos.

----Entonces tû conoces a Argos, Kosmos?

----Y de tiempo!! Lo que hubo un cierto tiempo que no lo vi mâs.

----No sê quê dirân los contertulios, pero no me parece mal incluir en los

cursos uno de alquimia, una ciencia atractiva---dice el didâscalos filosôfi-

co.

----Eso podemos hablarlo, sin duda alguna---dice Vercingetôrix.

----Y revêleme una cosa, Epîdea: estarîa usted dispuesto a dar el curso de

alquimia?---indaga Kosmos.

----Con gusto, jovialidad y opulencia de la materia.

----Eureka!! Tâ pros tô têlos!!---afirma el didâscalos filosôfico.

----Respuesta pimpanate la que de su boca saliô---reconoce Kosmos.

----Pero saben, contertulios, y ahora que estamos todos juntos, que...

----Disculpe, didâscalos, por la interrupciôn, mas no estamos todos, falta

mi tîo.

----Ya sê, Kosmos, mas aun asî se puede empezar a dialogar sobre si acep-

tamos o no el financiamiento de Dido, que estâ presente la mayorîa.

----Y quiên se opondrîa a tal financiamiento?---pregunta Asonis.

----Es que usted ignora la condiciôn, Asonis.

----Y cuâl es êsa, didâscalos?

----Que los cursos no serîan gratis ni tampoco para los que sôlo saben y de

geometrîa, sino para todo el mundo que pudiera pagarlos.

----Y por esa condiciôn hay que comenzar a dialogar?

----Asonis, usted sabe que siempre hemos trabajado juntos, que hemos par-

ticipado todos, juntos en cualesquier cosas que se vayan o a hacer o que es-

tên haciêndose, no?

----Asî es, Kosmos, asî es.

----Y quê hago yo entonces, me voy o puedo quedarme?

----Claro que se puede quedar, alquimista, que ninguna dialogizaciôn en la

Kosmona es secreta---responde el didâscalos filosôfico.

----Empecemos entonces por lo del financiamiento y despuês seguimos con

lo de si un curso de alquimia o no--- dice Kosmos que amplifica: y si todos 

estân de acuerdo que levanten la mano.

----Ya podemos empezar, que todas las manos estân levantadas---dice el di-

dâscalos filosôfico.













































































Donnerstag, 2. Februar 2023

1096, 37.

        Diez minutos despuês de abandonar la Kosmona, amên que disfrutan-

do visualmente del paisaje montañoso que descolla en una parte de Bedria-

co por estar exenta tanto de ârboles como de fachadas antiguas, Argos vese

en la obligaciôn de dirimir su fruiciôn para ir a socorrer a una fêmina nece-

sitada de ayuda, y la que estaba agarrada por el cuello por un enmascarado

hombre que amenazâbala con un cuchillo. Como estaba desarmado, y debi-

do a la sanciôn puesta por el magister equitum, sobre el pucho mira al sue-

lo con el objetivo de encontrar algo que sirviêrale de defensa, ya que al no

saber concretamente lo que estaba pasando cualquier cosa pudiera pasar y

en una situaciôn como êsa, aunque por repeticiôn y en tales circunstancias

la que suele suceder es la intimidante del agresor al hacer creer que le qui-

tarîa la vida a la vîctima en el caso de que no soltârase la posible arma que

un otro agarra. Seguido al hallazgo de un tubo de tamaño medio y un poco

oxidado, y de ya con êste avanzar mucho mâs râpido sin vacilaciôn que si

no sin temor, escucha la voz del hombre enmascarado que dîcele:

----No se busque un problema de gratis, que esta fêmina ni es su amiga ni

su mujer, asî que deje caer al suelo el tubo que tiene en su mano.

----De acuerdo, pero tranquilo, que suelto el tubo inmediatamente. Pero y

dîgame quê es lo que pasa con ella, quê le ha hecho?

----Ella nada mas sî su novio, el que me ha quitado la posibilidad de regre-

sar de nuevo a la cocina de palacio.

----Eso es mentira, mi novio no le ha quitado nada, sino que mâs bien la y

decisiôn fue de la reina en aceptarlo mejôr a êl como cocinero de la corte,

darle el trabajo.

----Te callarâs la boca, que mira que tienes el cuchillo en la garganta.

----Y tû quiên eres, cuâl es tu nombre?---pregunta Argos.

----Me llamo Arete y soy la novia del cocinero de Irlanda. Y usted quiên es

que ha venido a ayudarme?

----Soy un soldado bâtaro y ni nombre es Argos.

----Un soldado bâtaro sin armas? Eso no lo creerîa nadie, asî que no sea y

mentiroso, y no intente moverse, que mire que el cuchillo puede decir y la

ûltima palabra.

----No pierda la calma, señor, que me quedo inmôvil. Y dîgame: es usted 

entonces cocinero?---indaga Argos.

----Asî es, soy el cocinero Endimiôn, el que estuvo antes de Viator en la y

cocina de palacio.

----Estuvo? Y por quê se fue?

----No es que me haya ido, sino que por quedarme dormido unos pocos mi-

nutos la reina me sacô de la cocina.

----Y cômo supo la reina que se quedô dormido?

----Porque se lo dijo el cibiosactes.

----Endimiôn, y si Dido lo sacô, cômo cree usted que tendrîa la posibilidad

de trabajar de nuevo en la cocina?

----Porque soy mejor cocinero que el de Irlanda, seguro que sî.

----Y usted conoce cômo cocina êl?

----Una buena pregunta Argos, buenîsima---reconoce Arete.

----Ya te dije que te callaras la boca, no lo voy y repetir.

----A ver, Endimiôn, si usted baja el cuchillo podemos hablar tranquilamen-

te, y deje libre a Arete que nada tiene que ver con la cocina--dice Argos.

----Pero es mi garantîa de que el cocinero de Irlanda renuncie o que Dido me

de el trabajo a mî.

----Endimiôn, ya usted puede quitarse la mâscara, que parece que hablo con

un actor trâgico, y no se preocupe, que no lo voy a detener. Es mâs, sabe us-

ted lo que yo puedo hacer para ayudarlo a que regrese a la cocina?

----Ayudarme usted a mî, verdad?

----Tan cierto como le acabo (de)cir.

----A ver, cômo?

----Eso dêjemelo a mî, se lo prometo. Asî que deje libre a Arete y suelte el y

cuchillo, y espere tranquilo en su casa, que siempre hay una soluciôn. 

----Difîcil creer lo que usted dice. Y por quê, si es un soldado bâtaro, no tie-

ne armas?

----Porque me sancionaron recientemente, por eso.

---Mejor hacemos una cosa. Yo suelto a Arete, mas usted viene ahora mismo

conmigo a palacio, que porque estê sancionado no quiere decir que no lo de-

jen entrar.

----De acuerdo!! Tômeme a mî como rehên, como su reo.


      Mas en lo que Endimiôn suelta a Arete y coge por el brazo a Argos, aquê-

lla se apodera el tubo que estaba en el suelo y le da un tubazo en la testa a En-

dimiôn.

----Bravo, Arete, bravo!!---afirma Argos.

----Y ahora quê hacemos?---pregunta Arete botando el tubo.

----Esperar que se despierte para meterlo directamente en la prisiôn.

----Sî, verdad, porque si no tendriamos que cargarlo.

----Exacto!!

----Y cuânto tiempo puede quedarse sin conciencia?

----No mucho, no mucho. En unos minutos regresa.


       En lo que pasaban tales minutos, Arete coge el cuchillo para dârselo

al cocinero de Irlanda una vez que estuviese en palacio. Teniêndolo en su

mano concentra su mirada en el metal brilloso al ser alcanzado por los ra-

yos apolîneos, momento entonces para recordar algo que pasôle hace bas-

tante tiempo en Masalia, mas que algo de facto nada grato. 

       Argos, que posicionâbase cerca del corpus inconsciente de Endimiôn

para en cuanto volviera a la realidad no tuviese ni la mînima posibilidad y

de escape, percâtase de cômo las retinas de Arete fijaban su redondez y en

el metal. Primero pensô que êsta, y para entretenerse, tomaba brevemente

la lâmina del metal como un espejo, mas cuando observô que de sus ojos

lâgrimas salîan no dilaciona en hacerle la siguiente pregunta:

----Y quê pasa Arete, cuâl es el motivo de la tristeza?

---Un recuerdo de lo que me sucediô hace ya tiempo en Masalia no mucho

despuês de perder mi virginidad---responde Arete y secândose los ojos con

un pañuelito de seda dadivado por el cocinero de Irlanda.

----Por aquel entonces tenîa veintidôs años. Era una muchacha querîdisima

en el barrio, y cuando me veîan pasar por êste muchos hombres me decîan

cosas bonitas, hasta que un dîa escuchê como una especie de advertencia y

de la boca de un masculino de cuasi dos metros de altura y musculoso...

---Una especie o una advertencia como tal?, porque no sabîa que las adver-

tencias tenîan especie.

----Con especie quise decir tipo.

----Igual, Arete. A ver, quê fue lo que oîste?

----Lo siguiente: si no quieres que te pase la punta de un cuchillo por tus y

senos no vuelvas a pasar por aquî con una blusa tan escotada.

----Pero tal tipo es un loco que si no un perverso.

----Mâs perverso que loco.

----Y ninguno de los otros hombres que te decîan lindas cosas saliô a defen-

derte, intervino o dijôle algo a ese perverso?

----Ninguno dijo ni pîo. Pero sabes quê hice? Lo denunciê a las autoridades

correspondientes.

----Bien que hiciste, porque ese tipo de lenguas deberîan ser cortadas.

----Asî es, pero la cosa no termina con la denuncia.

----Ah no? Y quê mâs pasô?

----Un dîa caminando por otro barrio siento alguien que me llama y me dice:

Arete, Arete, quisiera pedirte disculpas por lo que dije, ya que estaba un po-

co ebrio y se me fue la lengua.

----Claro estâ que se trataba del perverso. Y quê tû hiciste?

----Ni tan siquiera lo mirê y seguî caminando, mas unos cincuenta metros y

despuês, creo yo, el mismo tipo y por la espalda, me agarra fuerte por la cin-

tura, me pega una pared, me levanta los brazos y me vira de frente, y enton-

ces saca un cuchillo y me dice: si gritas te recogerân cadâver.

---Y nadie fue testigo de eso, pasô en ese momento?

----Nadie, Argos, nadie, por lo que no me quedô otra cosa por hacer que de-

jar que êl hiciera la cosa que querîa, o sea, materializar su perversiôn. Mira,

ves esta cortada que tengo? Y salî bien que sôlo tengo una marca en el seno

derecho, que pudiera haber sido peor.

----Me imagino el postrauma que tuviste. Lo siento por ti, Arete, lo siento.

----Asî fue, Argos, asî fue.

----Ah mira, ya se mueve Endimiôn, ya regresa---dice Argos que dêjale sa-

ber a êste: estâ usted detenido, asî que levântese y acompâñeme, que va di-

recto a la cârcel.

---Y eso que usted me dijo que no me harîa nada---dice Endimiôn pasândo-

se una mano por la testa.

----La mentira tiene que ser para lograr un objetivo, asî que olvîdese de lo

que le dije y camine para que vuelva a entrar en calor, que estâ usted mâs

frîo que un salmôn congelado.








 




















 


























































 

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...