A raîz de comenzar a trabajar con la lista donde quedarîan la selecciôn
de las materias que darîanse en los cursos, Kosmos encuentra los ônomas de
cinco tribus con las que los bructeros formaron parte de una alianza: querus-
cos, marsos, catos, sicambrios y caucos. Tales nombres los habîa subrayado
allende de ponerles entrecomillas, lo que traduce que algo de relevancia pa-
ra êl tenîan aun sin ser citas literarias. Argos, que estaba a su lado, razôn por
la cual podîa ver los nombres fâcilmente, transportôse al pasado y recordôse
de Arminio, el que no sôlo derrotô al general Publio Quintilio Varo sino que
tambiên aniquilô las tres legiones de êste en el combate del bosque Teotobur-
go.
----Câspita, Argos!!, que parêceme muy notable su interês o curiosidad.
----Kosmos quê, y tu interês cuâl es por las cinco tribus germânicas?
----Yo soy de repasos o estudios continuos, de penetrar con la vista donde
quiera que haya materia coralina, dadora de lo difîcil que es acicateante.
----Ah, Argos, entonces no sôlo existe la tribu de los bructeros?----pregunta
Temîganes de Alejandrîa.
---Se ha hablado hasta el momento sôlo de ella, si acaso por ser la mâs cono-
cida o tal vez por ser la mâs popular aquî en Bedriaco.
----Y quê nos dice usted, Argos, en lo referente a cuâl es una y cuâl es otra,
o cômo se pueden identificar?---pregunta Asonis.
----Eso tiene que ver con el lugar donde estân ubicadas. Por ejemplo, y en y
los tiempos de Atabân, la de los bructeros entre el rîo Lippe y Ems, al sur del
bosque teutônico.
----No les parece que si abrimos esta perîstasis seguiremos postergando lo y
que de momento debemos hacer?---pregunta el didâscalos filosôfico.
----Totalmente de acuerdo con su pregunta, didâscalos---dice el tîo de Kos-
mos.
---Pues pongâmosnos en funciôn de la lista. Age en plural!!---afirma Kosmos.
Mas como la presencia de Argos en la Kosmona era solamente por cues-
tionese de entretenimiento, para eludir el tedio que pudiera padecer mientras
cumplîa a cabalidad con la sanciôn, pônese a pensar en los tiempos en que êl
comenzô con la carrera militar. Eran los tiempos en Bedriaco en que su ma-
jestad Vologeso ocupaba el curul, y como tal la disciplina era sumanente aus-
tera, aunque no menos severa la "multa de los mil", una penalizaciôn que po-
dîa pagarse por cuotas, mas que por tal posibilidad agregâbasele un porciento
de interês. La multa mantuvo su vigencia cuasi todo el periodo de reinado de
Vologeso sin cambio alguno, razôn por la cual muchitantos ciudadanos tuvie-
ron que irse a otras ciudades a trabajar, porque por la mînima cosa que hicie-
cen y fuese valorada por las autoridades pertinentes como salida de un com-
portamiento acorde a una moralidad general, la multa no dilacionaba en ser
puesta y a la que seguîa un formulario con mâs preguntas que un interrogato-
rio socrâtico, mêtodo mayêutico con sus trampas bien pensadas. Habrîa que
ver que uno de los ciudadanos que largôse de Bedriaco sin pensarlo demasia-
do fue un compinche de Argos, y el que no parô de cabalgar hasta llegar a la
ciudad de Ferencia, lo que traduce que la cantidad de Kilômetros es mâs que
considerable. Con el tiempo logrô ingresar en las huestes de Cotisôn Alanda
Coto, el rey de Ferencia, y como explorator. Un dîa, y en funciôn de cumplir
con lo que tenîa que hacer, percâtase del acampamiento de los bructeros cer-
ca del estuario del rîo Lippe. Êstos formaban un cîrculo y escuchaban hablar
a su jefe Atabân. Seguido al paso de diez minutos extrâñase al observar que
los bructeros dirimen la formaciôn y desaparecen ipso facto. Sobre el pucho
entonces Argos busca un lugar donde esconderse, y que a su vez lo protegie-
ra de una lluvia de flechas, mêtodo eficaz utilizado por los bructeros y antes
de salir a combatir frente a frente con el enemigo, o jeta con jeta con un ban-
do contrario. Al divisar un sitio que servirîale para su objetivo, amên que ro-
deado de rocas, arrumba sus pasos hacia êl muy que cuidadosamente, por-
que los ôculos de los bructeros eran como de âguilas. Pero deplorablemete
sucede una cosa: estando ya muy cerca del susodicho sitio, una lluvia de fle-
chas cayôle encima.